El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó, el pasado miércoles 4 de febrero, declarar el cocido madrileño como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial. La medida busca “preservar su legado como una de las principales expresiones de la identidad regional” y difundir “sus características tradicionales y su relevancia social”.
Este plato, con más de 150 años de trayectoria, ha pasado “de ser menospreciado por determinadas élites” a convertirse en un referente gastronómico.
Aunque los orígenes del cocido son inciertos, desde el siglo XVI y, especialmente en el siglo XVII, se cita el plato «olla podrida», que para muchos gastrónomos e historiadores de la cocina es predecesor del cocido. Aparece en los libros de cocina del momento y en la literatura del Siglo de Oro. Al estar compuesto de gran cantidad de alimentos, no estaba al alcance de toda la población y era el plato por excelencia de las mesas nobles.
Durante el siglo XVIII, la olla podrida fue reservándose cada vez más para las mesas populares, con una receta adaptada según los ingredientes disponibles. La base de la alimentación castellana para las clases populares consistía entonces en el pan, alimento principal, las legumbres secas, (sobre todo, el tradicional garbanzo), el aceite y el tocino, y sólo excepcionalmente se consumía carne.
Paralelamente, el plato seguía estando presente en la corte de los Borbones, siendo la comida de los domingos del rey Felipe V.
El cocido será en el primer tercio del siglo XX objeto preferente de sátiras que cuentan mucho sobre las realidades alimenticias y culinarias madrileñas.


.svg.png)
No hay comentarios :
Publicar un comentario