domingo, 1 de octubre de 2023

Galería de las Colecciones Reales (Madrid)

 

El proyecto de crear un museo de este tipo surgió en la década de los años treinta del siglo XX. Poco después se fundaba Patrimonio Nacional, en 1940, para gestionar los bienes que pasaban de la Corona al Estado, y el museo era una buena forma de ofrecer ese caudal a la ciudadanía. La Guerra Civil, sin embargo, truncó el proyecto y durante muchos años quedó en suspenso, hasta que a finales del siglo XX se retomó y comenzó su largo proceso de creación, comenzando en 2006.

La visita a la Galería de las Colecciones Reales es un recorrido por cinco siglos de arte y cultura en un edificio excepcional. Un patrimonio de todos que se abre al público para mostrar una selección de una selección de 100 piezas de las Colecciones Reales, entre las más de 650 que se exponen en La Galería: pinturas, esculturas, armaduras, tapices, artes decorativas o carrozas, firmadas por maestros de la talla de El Greco, Caravaggio, Velázquez, Goya, Tiepolo, Bernini o Canops entre otros.


El edifico que alberga la colección −proyectado por Emilio Tuñon Álvarez y Luis Moreno Mansilla−, con más de 40.000 metros cuadrados, ha recibido diez premios de arquitectura. Su sobriedad y aparente sencillez contrasta, complementa y enfatiza su extraordinario contenido.

Esta Galería es, además, una ventana abierta hacia todos los Reales Sitios y Reales Patronatos que gestiona Patrimonio Nacional (El Escorial, Aranjuez, La Granja, Yuste, Descalzas Reales, etc.).

José M. Huidobro, visita 9/2023

La distribución por plantas es muy sencilla, lo que facilita su recorrido. Aunque existe un acceso por la Cuesta de la Vega, la entrada principal está en la plaza de la Almudena, entre la Catedral y el Palacio Real, donde está el Mirador de la Cornisa, con amplias vistas hacia el oeste. El recorrido descendente a través de amplias rampas cuenta con diversos audiovisuales, que ayudan a contextualizar las colecciones que se van a visitar.

Planta -1 Dedicada a los Austrias

La Roldana, San Miguel Arcángel venciendo al demonio

El itinerario comienza con los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, y discurre por los reinados de la Casa de Austria, desde Carlos V hasta Carlos II, a finales del siglo XVII. Un periodo de más de dos siglos en el que destacan tanto la labor coleccionista de los monarcas como las notables empresas culturales que promovieron, como la construcción del Monasterio de El Escorial o la fundación de diversos patronatos femeninos, gracias a la iniciativa de las mujeres de la familia real. Además, esta planta ofrece una referencia tanto al origen de la Monarquía hispánica, representado por la corona y cruz votivas visigodas, como al de Madrid, mostrando los restos de la muralla del siglo IX.

Planta -2 Dedicada a los Borbones

Sala de los Borbones, manto de la Órden de Carlos III

Abarca un periodo de más de tres siglos, desde comienzos del siglo XVIII hasta nuestros días. En el recorrido, a través de los sucesivos reinados, se muestran los intereses y gustos personales de los monarcas y sus familias, tanto en la formación de las colecciones reales como en la construcción y decoración de los nuevos edificios palaciegos, especialmente el Palacio Real Nuevo y el Palacio de La Granja. El final del recorrido explica cómo estos bienes, que pertenecieron a la Corona y que actualmente son de titularidad estatal, son gestionados por Patrimonio Nacional, organismo responsable de su conservación y difusión. Aborda otros temas, como la música, las manufacturas, la fotografía y las reales fábricas.

Planta -3 Exposiciones temporales

Berlina Dorada, hacia 1730-1760

Se concibe como un espacio dinámico con dos puntos principales de interés: la sala de exposiciones temporales −actualmente de carruajes reales y algunos vehículos, que permanecerá abierta hasta junio del año 2024− y “El Cubo”, espacio audiovisual 360º, donde el visitante podrá disfrutar de los jardines e interiores palaciegos de los Reales Sitios de El Escorial, Aranjuez, La Granja y El Pardo.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Lope de Barrientos. Político e Inquisidor. Confesor real de Juan II de Castilla



Fray Lope de Barrientos, dominico, fue obispo de Segovia (1438-1441), Ávila (1441-1445) y Cuenca (1445-1469). Miembro del Consejo Real y Canciller Mayor del Reino con Juan II, preceptor de Enrique IV durante su minoría de edad y responsable de la educación de la infanta Isabel, la futura Isabel I de Castilla., además de Inquisidor y escritor. Fundador del convento de la Peña de Francia. Destacó como un defensor incondicional de la institución monárquica.

Lope de Barrientos nació en Medina del Campo (Valladolid) en el año 1382, hijo segundo del caballero Pedro Gutiérrez de Barrientos, que murió en la batalla de Antequera, estando al servicio del regente de Castilla, el infante Fernando, que llegaría a ser, en septiembre de 1412, rey de Aragón.

De su ciudad natal, donde estudió como fraile dominico (O.P.), se traslada, a Salamanca para realizar los estudios de Artes y Teología, donde conocería a Tomás de Torquemada, con el que entabló amistad. Regresa por un corto periodo a Medina y, en 1406, vuelve a Salamanca donde diez años más tarde ejercerá de catedrático de Teología de Prima. De sus años salmantinos data asimismo la primera de sus fundaciones: el Santuario de la Peña de Francia, en La Alberca (Salamanca), y un convento de dominicos.

En noviembre de 1429 el rey Juan II le encomienda la educación del príncipe heredero D. Enrique (futuro Enrique IV), un hecho que marcará su devenir, convirtiéndolo en un hombre de estado y, unos años más tarde, en 1434, es designado confesor de Juan II. Nombrado canciller por el rey, su actividad diplomática fue muy intensa, interviniendo como mediador y defendiendo siempre los intereses del monarca.

Poco más tarde, en 1438 es nombrado obispo de Segovia, de Ávila en 1441 y, tras rechazar el arzobispado de Santiago de Compostela, de Cuenca en 1445. En estos años se ve involucrado en las luchas intestinas por el poder en Castilla., en las que el intrigante Juan Pacheco, futuro marqués de Villena, jugó un destacado papel por su influencia sobre el príncipe Enrique. Tras la batalla de Olmedo (1445) contra los infantes de Aragón, en la que, tras el triunfo de las tropas castellanas, saldrían reforzados los dos privados de padre (Juan II) e hijo (Enrique), Álvaro de Luna y Juan Pacheco respectivamente; fray Lope, decepcionado por esta nueva situación, abandona la Corte y marcha a Cuenca para dedicarse a su obispado.

Desaparecido el Condestable Álvaro de Luna, en 1453, el monarca le confía a Barrientos el gobierno del reino junto con Gonzalo de Illescas y, a su muerte el año siguiente, deja en su testamento a ambos como ejecutores del mismo y, así, los dos consejeros se convierten en tutores de los infantes, los futuros Alfonso XII e Isabel I.

La influencia de hombre de estado de fray Lope de Barrientos siguió creciendo, llegando a convertirse en la primera figura política de su tiempo y ser nombrado Canciller Mayor de Castilla. Además, en 1454, consiguió que el rey Enrique IV convirtiese a su familia en el séptimo linaje medinense (Durante los siglos XV y XVI, Medina del Campo era una ciudad de vital importancia para la economía castellana gracias a sus Ferias, y pertenecer a uno de los siete linajes implicaba participar en el gobierno de la villa, tanto desde el punto de vista civil como religioso).

Pero Barrientos fracasó frente a la falta de carácter de Enrique IV, y por más que le presionó para que castigase a quienes esparcían el rumor de la infidelidad de la reina con uno de sus hombres de confianza, Beltrán de la Cueva, Enrique IV no reaccionó. Esto colmó la paciencia del Obispo Barrientos, que decidió abandonar la política y centrarse en la gestión de su diócesis de Cuenca hasta el día de su muerte, ocurrida el 30 de mayo de 1469, un año después de que Isabel fuera proclamada en Guisando heredera de los reinos de Castilla y León. 

Murió rico, repartiendo sus cuantiosos bienes entre iglesias conventos y fundaciones vinculados a él; además de perpetuar su linaje fundando tres mayorazgos, para su hijo bastardo Pedro del Águila, que fue reconocido a su muerte y tomó desde entonces el apellido Barrientos, a quien casó con María de Mendoza, emparentada con Enrique IV, y dos de sus sobrinos.

Pese a su azarosa vida política, tuvo aún tiempo para fundar diversas casas conventuales –el Hospital de San Sebastián de Cuenca y el de Nuestra Señora de la Piedad de Medina del Campo, donde, por un tiempo, reposaron sus restos– y escribir numerosos libros.

También escribió tratados sobre materias próximas a la filosofía natural, como De caso y fortuna, De los sueños y De las adivinanzas, así como Contra algunos cizañadores de la nación convertidos del pueblo de Israel, polémica contra los conversos. La crítica ha destacado el detallismo y documentación de su narración histórica, por contraste con la Crónica del Halconero.

Y, como Inquisidor, a pesar de su loable defensa de los conversos, Barrientos y, en general, los dominicos, eran partidarios de prohibir el judaísmo en Castilla. Su idea era que los judíos debían convertirse o emigrar, y eso defendieron hasta que Fray Tomás de Torquemada convenció a Isabel la Católica en 1492 para que los expulsase.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Acto de ingreso en la Maestranza de Caballería de San Fernando (21/10)

 

 Sábado 21 de octubre en el convento de Santo Domingo

El próximo sábado 21 de octubre (D.m.), a las 10:30 horas, la Maestranza de Caballería de San Fernando celebrará, en la Iglesia del Convento de Santo Domingo de Madrid (c/ Claudio Coello, 112), el acto de ingreso de los nuevos Maestrantes, seguido de la Santa Misa y solemne funeral anual por el alma, eterno descanso y en memoria de los Caballeros Laureados, Miembros de las Unidades Laureadas de las Fuerzas Armadas pertenecientes a la Heroica Real y Militar Orden de San Fernando, así como por las Damas y Caballeros Maestrantes fallecidos desde el último Capítulo.

Iglesia de Santo Domingo (Bº de Salamanca/Madrid)

A continuación, en la Residencia Militar El Alcázar (C/ Diego de León. 4, Madrid), tendrá lugar la copa y comida que la Maestranza ofrece en honor de los nuevos Maestrantes y de las Autoridades Civiles y Militares, Reales Órdenes Militares, Órdenes de Caballería, Corporaciones de la Nobleza Española y otras instituciones y personalidades que nos acompañarán en ese día.

Maestranza de Caballería de San Fernando


La Real y Militar Orden de San Fernando fue creada por la Junta Suprema Central en plena Guerra de 1808, el 31 de agosto de 1811. Posteriormente, el nuevo rey Fernando VII  refrendó el Decreto el 28 de noviembre de 1814. La Maestranza de Caballería de San Fernando, fue fundada el 24 de abril de 1999 en la Sala de Laureados de la Real y Militar Orden de San Fernando del Museo del Ejército, con el fin de agrupar a los descendientes de los caballeros de dicha orden.
 
Más información:  secretario.mcsf@gmail.com

miércoles, 20 de septiembre de 2023

María Antonia de Salcedo y Chávarri. Cortesana, I Marquesa de Montehermoso

 

Primera Marquesa de Montehermoso y aya de infantes reales de España. Perteneció a una familia de recio abolengo, poseedora de los mayorazgos de su madre María Eustaquia de Chávarri y Viguria.


En el centro, con Felipe V y la Princesa de los Ursinos
 
María Antonia de Salcedo y Chávarri es bautizada el 9 de marzo de 1664 en Pamplona (Navarra), hija de una familia de abolengo formada por Antonio Ildefonso Salcedo y Arbizu, hidalgo de origen soriano y caballero de Alcántara, y María Eustaquia de Chávarri y Viguria, heredera de los mayorazgos de Chávarri con su palacio en Estella y Viguria con varios palacios (Oyanederra, Viguria, Aguinaga, Erroz) y con asiento y voto en las Cortes de Navarra.

Palacio de Viguria, en estado ruinoso

Gil de Echávarri y Viguria (hijo de Juan de Echávarri y Albornoz y de  Laurencia de Viguria), que en 1640 figura como «clérigo de corona de hedad de ocho años (...). Hospitalero Dignidad de la Catedral de la ciudad de Pamplona», y poseedor «de un beneficio simple de la parroquial de San Andrés en la Catedral de la ciudad y Diócesis de Sevilla», hereda el patrimonio de sus padres, que cede a su hermana María Eustaquia, la cual contrae matrimonio (1663) con Antonio de Salcedo, Caballero de la Orden de Alcántara, natural de Pobeda en el Reino de Castilla.

Al año siguiente, María Eustaquia fallece a consecuencia del parto, dejando una hija de diez días. Manda ser enterrada en el convento de San Agustín de Estella, y su marido abandona Viguria y fija su residencia en Pamplona. La hija, María Antonia de Salcedo y Echávarri, antes de cumplir los veinte años contrae matrimonio el 25 de octubre de 1682 con Vicente José de Aguirre y Zárate, del ilustre linaje alavés de los Aguirre, estableciéndose en Vitoria.

De este matrimonio nacieron tres hijos: Pedro Ignacio (1684), que murió niño, Francisco Antonio (1685) y Manuel Antonio (1686). Su marido, en nombre de su esposa, fue merino mayor y justicia de Estella, y regidor de Vitoria en 1686, pero no acabó de heredar los mayorazgos paternos de Aguirre, Álava e Isunza, porque murió joven, a los veinticinco años, hacia 1690. Su padre Felipe Ortuño de Aguirre falleció en 1696.

A la muerte de Carlos II, último Rey de los Austrias, fue elegido para sucederle el Borbón Felipe V, duque de Anjou, nieto de Luis XIV, que estaba casado con María Luisa de Saboya. Tras entrar por Irún, en el camino hacia la Corte, donde juraría como rey en 1701, la viuda de los Aguirre les alojó en su palacio los días 1 y 2 de febrero. Las reclamaciones del Reino por parte del archiduque Carlos de Austria, apoyado en el interior por el antiguo Reino de Aragón y con Corte en Barcelona, dieron lugar a la Guerra de Sucesión que se inició en 1704, y tuvo una geografía bélica variable.

En 1706 las tropas anglo-portuguesas tomaron Madrid, que no fue liberada hasta el año siguiente. En agradecimiento al antiguo servicio, en 1707, María Antonia Salcedo fue nombrada aya del recién nacido Luis, hijo primogénito de los Reyes. Desde este momento, pasó a residir en el viejo Alcázar Real y con ella su hijo Francisco Antonio, que había casado en Vitoria en 1703 con María Lorenza de Ayanz Arbizu, y a veces sus nietos. De nuevo, en 1710, los austracistas amenazaban la capital, por lo que María Luisa de Saboya y el infante Luis residieron tres meses, desde el 1 de octubre hasta el 20 de diciembre, en el palacio de los Aguirre en Vitoria, residencia ocasional de la realeza a su paso por una ciudad que era parada obligatoria en el camino hacia Francia. En 1713 nació el príncipe Felipe. La contienda acabó en 1714.

María Antonia de Salcedo había sido premiada el 15 de agosto de 1708 con un título de Navarra, el marquesado de Montehermoso (y como tal, y «Señora de onor de la Reina Nuestra Señora y guarda mayor del Palacio de Su Majestad», se autotitula en 1736 María Antonia de Salcedo y Echávarri), que a partir de entonces dio nombre al palacio de los Aguirre, a pesar de que no fue efectivo hasta 1714. Ejerció su empleo de aya hasta 1715 que pasó al cardenal Júdice, mientras ella era nombrada mayordomo y señora de honor de su segunda esposa la reina Isabel de Farnesio, aunque también siguió estando muy unida al príncipe Luis.

Víctima de numerosas depresiones, en 1724 el Rey abdicó en su hijo Luis I, que había casado dos años antes con Luisa Isabel de Orleans. Murió inesperadamente en agosto del mismo año en brazos de María Antonia, a que llamaba "madre". Felipe V volvió a ocupar de nuevo el Trono y desde 1716 a 1723 María Antonia fue aya del príncipe Carlos, futuro Rey de Nápoles y de España con el nombre de Carlos III. Su educación pasó luego a cargo de su hijo Francisco Antonio de Aguirre y Salcedo, que fue mayordomo de Semana de la Reina y del Consejo Real en Indias.

Hizo testamento en Madrid, el 29 de mayo de 1737, dejando a su hijo Francisco Antonio los mayorazgos paternos y el II marquesado de Montehermoso, a los que uniría “una cruz de oro con cinco diamantes grandes, un libro en que S. M. aprendió a leer y una caja de oro guarnecida de diamantes que también fue de S. M.”. Murió el 15 de julio de 1737 y fue enterrada en el Convento de las Descalzas Reales.

Palacio de Montehermoso (Vitoria)

El palacio de Aguirre, hoy Centro Cultural Montehermoso, fue mandado levantar por el matrimonio formado por el licenciado Hortuño Ibañez de Aguirre y María de Esquivel y Arratia en 1520. Durante el período comprendido entre los siglos XVI a XVIII conoció una de sus etapas más brillantes debido tanto a sus moradores como a sus ilustres visitantes.
Una de sus más destacadas moradoras fue María Antonia de Salcedo y Chávarri, I marquesa de Montehermoso, quien se había casado con su propietario, Vicente José Francisco de Aguirre y Zárate, en 1682. Desde entonces esta aristócrata, originaria de Pamplona, residía en este palacio de los Aguirre. Quedó viuda pronto, en 1690, cuando contaba 26 años.

 
Poco más de un siglo después, otra marquesa (consorte) de Montehermoso, María Pilar Acedo y Sarria, esposa desde 1800 de Don Ortuño de Aguirre y del Corral e hija de José de Acedo y Atodo, III Condesa de Echauz y por parte de su madre,Luisa de Sarria y Villafañe, IV Condesa del Vado, atrajo a José Bonaparte en sus salones y alcobas. Durante la Guerra de la Independencia fue la residencia oficial de José I quien, en octubre de 1808, la había comprado a los Marqueses de Montehermoso por dos millones de reales. José I se alojó aquí en varias ocasiones: entre septiembre y diciembre de 1808, por el repliegue del ejército imperial, en mayo y julio de 1811 por un compromiso familiar en París (el bautizo del único hijo y heredero de Napoleón) y en junio de 1813 por la retirada final de España.

Tras la restauración borbónica, en 1816, el Ayuntamiento de Vitoria confiscó el Palacio y la finca de Montehermoso en virtud de una real orden que establecía que tales propiedades eran, en lo sucesivo, patrimonio de la Corona. Posteriormente, durante la Tercera Guerra Carlista, fue cuartel de artillería antes de ser adquirido por la Diócesis de Vitoria en 1887 a su último propietario, el Marqués del Amparo. Al convertirlo en su sede, el Obispado encargó al arquitecto Fausto Íñiguez de Betolaza la reforma de la fachada, que adquirió su actual aspecto neogótico. En 1994 lo adquirió el Ayuntamiento vitoriano, rehabilitándolo como centro cultural.