domingo, 18 de agosto de 2019

Pizarro y Cortés. Dos colosos que transformaron el mundo. Parte II



Hernán Cortés, el fin de una leyenda, de Ed. Palacio de Barrantes; Badajoz, 2010, 589 págs, 

Se presenta al conquistador no como un héroe civilizador sino como un hombre de su tiempo. Una persona con sus grandezas y sus miserias que supo salir airoso en el medio hostil en el que se desenvolvió.

El mismo enfoque tiene la biografía de “Cortés de Ed. Palacio de Barrantes; Badajoz 2010” del mismo autor, y que lleva por subtítulo la significativa frase “El fin de una leyenda”. Puesto que considero que pocas biografías pueden considerarse tan paralelas como las de Cortés y Pizarro, recomiendo que se lean casi simultáneamente. Aunque aporta una serie de documentos originales, desgraciadamente, no se conservan en la preciosa población de Medellín, cuna de Cortés, prácticamente ningún documento de los siglos XV y XVI, destruidos durante la Guerra Civil (1936-1939) como ocurrió en todas las poblaciones de la zona dominada por el Frente Popular.


En su obra sobre Hernán Cortés, al que alude y compara frecuentemente en la biografía de Pizarro, desmonta la versión de la quema de las naves que parece demostrado que no fue tal, sino que desmanteló casi todas que ya estaban en mal estado, pero el que inutilizara las naves de una u otra forma, resulta irrelevante ante el hecho de que sus tropas estaban inquietas e inseguras y con dudas de regresar a Cuba y ante la hábil y audaz maniobra de la destrucción de las naves, conjuró ese peligro. Lo mismo ocurre con la hazaña de transportar unas naves desde Veracruz hasta México, reduciendo algunos autores su importancia ante los antecedentes atribuidos a normandos, bizantinos o turcos, olvidando que todos ellos lo hicieron navegando ríos arriba, bastante caudalosos, de curso tranquilo y en distancias cortas, mientras que Cortés recorrió unos 1.200 km. y salvando un desnivel de más de 2.200 m.; semejante hazaña no tuvo parangón ni antes ni después, salvo quizás con canoas en alguna película de Hollywood.

En ese mismo afán de ser imparcial atribuye a Cortés nula capacidad militar citando a uno de los capitanes en la batalla de Argel en 1541: “Este animal cree que tiene que vérselas con sus indiecitos porque allí bastaban diez hombres a caballo para aniquilar a veinticinco mil.” Semejante comentario es una burla chulesca propia de la ignorancia y desconocimiento de lo que eran las culturas aztecas o incas. Hay que tener en cuenta que las culturas incas y aztecas estaban en una etapa de un neolítico avanzado semejante a la del Egipto del Imperio Antiguo, casi 4.000 años antes de la conquista de Perú o México. Ello implicaba una organización social compleja con una casta guerrera jerarquizada y experimentada. Baste la comparación de los enfrentamientos del ejército americano con los indios de Norteamérica en un nivel de desarrollo y organización muy inferior al de incas o aztecas, a pesar de que el contacto con los españoles les había hecho avanzar siglos con el caballo y las armas blancas. Sin ir más lejos, en el enfrentamiento del general Custer en Little Bighorn en 1876, 647 hombres de caballería con modernos rifles Springfield 1873 de retrocarga que disparaban 10 disparos /minuto y con revólveres Colt, fueron derrotados por unos 2.500 indios, armados de lanzas y flechas. Teniendo además en cuenta que la fuerza que participó en la batalla formaba parte del pequeño ejército en campaña de unos 3.000 hombres que disponían incluso de ametralladoras.

No deja de ser sorprendente en un historiador acudir a Bartolomé de las Casas de manera tan reiterada para descalificar a Cortés, cuando la propia vida de Las Casas, con un enorme poder siendo atendido en sus denuncias de los abusos y crímenes directamente por los tres reyes más poderosos del mundo como eran los de España y por el regente Cisneros, demuestra el equilibrio entre las actuaciones de los conquistadores y sus críticos en la Iglesia.

Por ejemplo, uno de los episodios con los que el biógrafo Esteban Mira, se muestra más crítico con Cortés, es el de la matanza de Cholula en México, que califica de genocidio y a la que atribuye el objetivo de aterrorizar. Pues bien, ni es genocidio ni fue injustificado: no fue genocidio tal como viene definido en Derecho Internacional, “como la matanza o lesión grave perpetrado con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”, como ocurrió con los judíos en la Segunda Guerra Mundial, o con los católicos en la Guerra Civil española, o más recientemente en Ruanda, pero no serían genocidio, las persecuciones por ser nazi, comunista, falangista, carlista o socialista o cualquier grupo político. Por eso el genocidio no se dio jamás en los territorios españoles, pero si fue frecuente en los territorios conquistados por holandeses o británicos.


 En cuanto a la justificación o explicación de la matanza de Cholula, se deduce del propio relato, dado que se preparaba una encerrona a los españoles, de lo que reciben información que se confirma con la evacuación de mujeres y niños. Es más, de no actuar tomando la iniciativa con decisión como se hizo, o de forma parecida, hubiera sido una irresponsabilidad, una traición y una canallada, pues hubiera significado el exterminio de los españoles.

 Otro rasgo que demuestra indirectamente como funcionaba la justicia es que, como señala el autor, Cortés tuvo que mantener un centenar de pleitos contra litigantes de toda condición, cosa que hoy resulta inconcebible en personajes de semejante categoría nominal, como puede ser un presidente de gobierno.

Respecto a la ambición de Cortés, no resulta incompatible con su generosidad y su religiosidad ampliamente probada como reconoce en su obra el propio autor a pesar de la visión crítica del personaje. Resulta significativa la anécdota, recogida por el autor de la biografía de Cortés, de que condenó a la horca a un soldado que había robado dos gallinas a un indio, y que fue salvado in extremis por la intercesión de Alvarado.

Por mi parte, cuanto más conozco la historia sin adornos de los conquistadores, y de manera especial Cortés y Pizarro, más admiración me producen, sin que ello sea incompatible con errores y actuaciones vituperables. Para tratar de atenuar actuaciones brutales, algunos historiadores acuden a valorarlos o juzgarlos en función del entorno y las circunstancias, pero creo que eso debe considerarse de forma secundaria, pues las normas morales son de carácter universal en el espacio y en el tiempo.

Repasando la historia, resulta chocante que los dos los personajes, Cortés y Pizarro, que más influyeron en la modificación del mundo en el aspecto material y cultural, contribuyendo a la aparición de una nueva raza, la raza cósmica de Vasconcelos, se han visto reducidos en los manuales de historia al breve relato de la conquista. Incluso en el aspecto moral y religioso, su contribución a la difusión del catolicismo ha sido decisiva. Conviene no olvidar que, bajo la influencia de la Revolución Francesa y el modelo de colonización anglosajona, al conseguir la independencia la América Hispana, por imitación y pérdida de los valores morales, frecuentemente se dedicaron al exterminio de los indígenas en sus respectivos territorios o a su marginación y explotación. Probablemente eso explica que los indígenas se inclinaran por defender la continuidad de las leyes españolas que no hacían distinción por raza y favorecían el mestizaje y la propiedad comunitaria.

sábado, 3 de agosto de 2019

Pizarro y Cortés. Dos colosos que transformaron el mundo. Parte I



Los hidalgos Francisco Pizarro y Hernán Cortés cambiaron el curso de la Historia.

Por su interés, reproduzco en este blog, la reseña realizada por Antonio de Mendoza Casas, publicada en la revista Verbo, nov-dic de 2018, del libro sobre una nueva biografía de Pizarro, publicada por editorial Planeta en 2018, cuyo autor es Esteban Mira Caballos, un historiador especialista en las relaciones entre España y América en el siglo XVI, a través de los conquistadores.

Francisco Pizarro, Edit. Planeta, Barcelona, 2018, 407 págs.


Esta biografía resulta nueva por el enfoque y por la aportación de nuevos datos fruto de la investigación del personaje durante una década. La obra se ha visto enriquecida con el relato de la infancia y juventud de Pizarro que, sin ser la de una persona acomodada y cultivada, se aleja bastante de la simplificación de un pastor de cerdos ibéricos de montanera, calificativo utilizado por los enemigos de Pizarro con ánimo insultante. Al mismo tiempo el relato gana en viveza con la descripción del entorno, junto a las circunstancias de los hechos y la cuantificación del botín obtenido en la conquista y su paralelismo con la de Cortés en México. Está avalada por una verdadera avalancha de notas fruto de una amplia investigación que, sin interrumpir el relato, aportan la verificación de su origen. A esto se une la aportación de una densa bibliografía. Ya en la introducción, nos anticipa el enfoque que trata de alejarse de la hagiografía o de la demonización del personaje.

En el enfoque histórico, después de exponer las dos posturas dispares de la historiografía, por una parte, la de resaltar la importancia del individuo, contra el enfoque marxista que lo atribuye todo a los modos de producción que determinan las relacione sociales y económicas y que en buena parte es compartido por sociólogos que minimizan las acciones individuales. Nuestro autor, aun tratando de ser equidistante, se muestra más bien partidario del enfoque que atribuye a los medios de producción y al ambiente social y cultural, el condicionamiento de las actuaciones personales. Esta obra me parece importante precisamente por qué, a pesar del enfoque, al estar escrita, a mi juicio, con rigor y honradez intelectual, en buena parte desmiente esa perspectiva a través de los hechos relatados.

La lectura de la obra sobre Pizarro (1496-1541) – y también la de Cortés (1485-1547) del mismo autor – me ha impulsado a repasar la historia universal, e incluso los héroes de la mitología o de la literatura épica como Aquiles o Ulises, y no pude encontrar ninguno que se pudiera comparar a estos colosos, que además de sus hazañas bélicas en las que conquistaron mundos de una extensión semejante a la de Alejandro, transformaron e integraron esos mundos desde el punto de vista cultural, técnico y económico, haciéndolo avanzar dos milenios, y ello en un plazo increíblemente corto.

Resulta curioso que se reproche, a los conquistadores en general y a Cortés y Pizarro en particular, que su comportamiento no fuera ejemplar, particularmente en el aspecto sexual con múltiples relaciones, pero conviene tener en cuenta, qué si bien esa conducta es reprobable desde el punto de vista de la moral católica, en España lo que de verdad se consideraba socialmente reprobable era no reconocer a los hijos ilegítimos, que seguramente superaban el 10% de los nacidos. En cuanto al saqueo en la guerra, fue norma en todos los tiempos, incluidos los bíblicos, pero no solo en el pasado, sino en la actualidad de hoy mismo de Vietnam, Irak, Libia, Afganistán, Panamá, Guatemala, Nicaragua, Yugoslavia o Siria, si bien actualmente empapados de hipocresía. El pedirle a estos héroes que además fueran santos, me parece demasiado, pero aún en ese campo, fueron hombres íntegros, leales y de fe inquebrantable y capaces de reconocer sus errores y arrepentirse de ellos. Y se permitieron darle a los vencidos un tratamiento digno de hombres elevándolos a su propia dignidad sin discriminación, cosa que me gustaría ver en la actualidad, al menos una muestra.



Sin quitarle importancia al ambiente social, cultural y religioso, creo que debe ponerse el acento en la calidad humana de cada persona. A lo largo de la historia, se puede comprobar hasta que punto es importante la actuación de las personas contracorriente de su sociedad. A mi juicio, es imposible comprender el ascenso de los emperadores hispanos en Roma, sin el antecedente de un Séneca como gobernante de Roma durante 8 años (54-62 de J. C.), treinta y seis años antes del ascenso de Trajano (año 98) y precisamente por resultar contradictorio con el ambiente político en que está inmerso. Igual que resulta incomprensible el imperio sin Julio Cesar, precisamente por lo extraño que resulta en el ambiente de dominio de una clase senatorial republicana. Lo mismo cabría decir del paso del reinado de Enrique IV de Castilla al de Isabel la Católica o el paso e influencia de Matteo Ricci China sin la cartografía Hispana y su formación cultural y científica como jesuita en Roma y Coímbra en tiempos de Felipe II difundida en China o la música del jesuita Diego de Pantoja introducida en China en 1601, o la geometría en Japón gracias a los matemáticos españoles jesuitas. Hay que tener en cuenta además que incluso los cartógrafos como Mercator y Ortelius, los médicos como Vesalio, los navegantes como Américo Vespucio o los Caboto, los misioneros como Matteo Ricci, los astrónomos como Copérnico, matemáticos como Pedro Nunes o Clavius, sin ser españoles en sentido estricto pertenecían al mundo hispánico o a su esfera de influencia. De hecho, los navegantes holandeses del siglo XVII, son tributarios de la cartografía hispana a la que tuvieron acceso como flamencos y que se habían confeccionado gracias al cúmulo de aportaciones de los exploradores españoles, y que alcanzaron tal perfección en el posicionamiento de los lugares descubiertos, que serían válidos actualmente.

En el corto período de un siglo, el mundo se modificó radicalmente, no solamente en América avanzando dos milenios en todos los campos, desde el técnico al cultural y económico, incorporando el conocimiento de la medicina, la agricultura y ganadería, la minería y metalurgia, el conocimiento abstracto filosófico y matemático, la astronomía, el transporte, la navegación y la astronomía y por supuesto en la religión, sino también en toda Europa en la alimentación, agricultura y ciencia, en el Extremo Oriente y por primera vez en todo en Globo como unidad. Ni antes ni posteriormente hubo nada comparable, ni tan siquiera con la investigación espacial actual.

Me llamó la atención el detalle con que está recogido y contabilizado en la obra, todo lo logrado en piedras y metales preciosos en la conquista de Perú que, aun siendo importante, la realidad lo reduce a términos mucho más modestos. Siendo una gran fortuna repartida entre todos los conquistadores, está muy lejos de lo que dice una leyenda que trató de ennegrecerse. Al cambio actual, lo contabilizado sería aproximadamente el equivalente a unos 150 millones de Euros, menos el quinto de la Corona. Si se considerase que los conquistadores se quedaron con una parte importante para evitar el impuesto de la corona, no es verosímil que alcanzara el botín más el rescate de Atahualpa, tres veces más, lo que quiere decir que en ningún caso alcanzaría los 450 millones de Euros al cambio actual.

Para calcular la equivalencia del valor actual de lo logrado en la conquista del Perú, he tomado la equivalencia del oro al precio actual, comparándolo también con los precios de mitad del siglo XVI y los salarios de un obrero. En tiempos de Felipe II (1556–1598), 1 escudo = 3,4 g de oro = 350 maravedís. El precio del oro en 2018, es de unos 35 €/g, con lo que 1 maravedí sería el equivalente aproximado a 0,34 Euros. Con lo que el sueldo de un obrero especializado sería al cambio actual de unos 58 €/día = 1.450 €/mes y el de un peón aproximadamente la mitad, lo que quiere decir que los sueldos del salario mínimo o de un obrero son actualmente los mismos que en 1.500, o muy parecidos, pues el sueldo de un obrero especializado (carpintero o albañil) = 170 maravedís/día y el sueldo de un peón= 70-85 maravedís/día. Los precios de los artículos de primera necesidad eran ligeramente superiores a los actuales, pero de mejor calidad, por ejemplo 1 libra de carne = 34 maravedís (actual unos 25 €/kg); 1 arroba (16,1 litros) de vino 170 maravedís (=actual 3,5 €/l.) (precio medio aproximado actual 1 l. = 2€–5€) y 1 arroba de aceite (12,6 l) 408 maravedís (actual 11 €/l); (precio medio actual aceite oliva calidad = 6€–8€/l).

Para hacerse una idea de la magnitud de la totalidad del botín conseguido durante los años que duró la conquista del Perú, baste decir que están contabilizados, en oro y piedras preciosas y una pequeña cantidad en plata, he sumado un total de 520.610.277 maravedíes, y cuya equivalencia en oro es de 5.057.357g. ó 5.057,36 Kg. Para hacerse una idea de la magnitud, basta compararlo con el despojo de las reservas de oro (sin considerar una enorme cantidad de plata) en 1936, enviado a la URSS, fue oficialmente de 510.079,53 Kg. de oro, es decir más de 100 veces más.


 El afán de los conquistadores de adquirir fama y riquezas, y las hazañas realizadas para lograrlo, empalidece ante la labor de esos conquistadores transformados en empresarios en la paz, tal como relata el propio autor, creando y organizando ciudades, introduciendo y criando ganado, e introduciendo cultivos como la caña de azúcar que transformaron América y creando astilleros. Creándose la imprenta en 1540, mucho antes que en la mayor parte de Europa y siglos antes que en la América anglosajona o francesa, o la universidad en 1551 o los colegios de indígenas en 1536. Ese increíble afán en crear empresas, molinos, escuelas e imprentas y fábricas de papel, común a todos los conquistadores y desconocida en el resto del mundo anglosajón, francés u holandés, incluso en el siglo XIX, desmiente el exclusivo afán de enriquecimiento de los conquistadores y que se ha convertido en tópico. Solamente el establecimiento en América de algo tan complejo como los astilleros, que fueron durante tres siglos los mejores del mundo, resulta asombroso.

sábado, 27 de julio de 2019

Luis Figueroa y Casaus. Militar, rico empresario y político



Guardia de Corps en Madrid durante la invasión napoleónica, apoyó al régimen francés y huyó a Francia tras su caída, estableciéndose en Marsella como empresario, donde se convirtió en el hombre más importante de la ciudad. 

Su hijo Ignacio continuó con los negocios familiares y llegó a formar parte de al aristocracia. Padres de Álvaro Figueroa y Torres, I conde de Romanones.

Luis (María José Marcelo Eduardo) Figueroa Casaus nació el 11 de mayo 1781 en la localidad de Llerena (Badajoz), bautizado en su parroquia de Santiago dos días más tarde, en el seno de una modesta familia hidalga. Era hijo de Don Lorenzo de Figueroa y Messía de Monroy, nacido en Llerena 31 de marzo de 1733, Abogado de los Reales Consejos, Capitán de Milicias Provinciales y Regidor Perpetuo de su Casa. Falleció en Llerena el 26 de Febrero de 1789. Estaba casado, 5 julio de 1807, con su prima segunda Teodomira Ignacia de Casaus Castilla y Caraballo del Pozo, nacida en Lora del Río (Sevilla).



Pleito por hidalguía (1583) ante la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada, Carta de Hidalguía despachada por la citada audiencia en favor de don Lorenzo Majarrés-Figueroa y Delgado, ascendiente de los Figueroa de Llerena.


En su juventud Luis Figueroa se traslada a Sevilla para estudiar leyes, pero pronto abandona esta idea y decide seguir los pasos de otro extremeño, Manuel Godoy e ingresa como cadete en las Reales Guardias de Corps.

Al igual que Godoy consigue convertirse en el primer ministro de Carlos IV, Figueroa asciende gracias a la pertenencia a una unidad militar próxima a la familia real. Tras tres años de aprendizaje, obtiene el grado de alférez de Dragones de la Reina y se instala en la Corte, hacia 1807. Ese mismo año contrae matrimonio en Madrid con Doña María Luisa de Mendieta Ramírez de Arellano, a la edad de 26 años. El matrimonio tendrá un único hijo, llamado Ignacio Figueroa Mendieta, que nace en Llerena el 22 de abril de 1808.

A partir del estallido de la Guerra de la Independencia, Luis Figueroa, de talante liberal y afrancesado se posiciona al lado del rey José Bonaparte y en 1814 acompaña al hermano de Napoleón al exilio de Francia una vez que las tropas españolas logran las últimas victorias.

De firmes convicciones, Figueroa seguirá al emperador hasta el final. Enrolado como comandante en el ejército de Napoleón participa en la batalla de Waterloo, donde el ejército imperial sufre su última y definitiva derrota en junio de 1815.

Luis Figueroa decide entonces establecerse en Francia y aprovechando sus contactos familiares decide establecerse en Marsella, donde vivía un pariente suyo. En ese momento este enclave costero pasa por las precariedades de posguerra al tiempo que un lugar peligroso para los antiguos bonapartistas, vigilados muy de cerca por la policía. Figueroa estuvo a punto de ser expulsado en 1823, sin embargo la orden no llegó nunca a ejecutarse.

Su determinación en el terreno militar contagia su actividad empresarial y comercial. En poco tiempo da una serie de pasos decisivos para consolidarse como uno de los grandes comerciantes de Marsella y para anticiparse al control del comercio del plomo mediterráneo. Falleción en 1853, dejando a su único hijo, (José) Ignacio (1808-1899), un patrimonio valorado en cerca de 4 millones de francos, que continuó con éxito el negocio familiar, siendo un burgués de una inmensa fortuna, y se dedicó a la política, siendo diputado y senador vtalicio.

Iganciao de Figueroa


Ignacio, desde muy joven se interesó por los asuntos empresariales familiares, haciéndose cargo de aquellos ubicados en Adra (Almería, desde donde la familiar logró controlar el monopolio de la extracción y metalurgia del plomo en Andalucía Oriental.

En Adra, su atractivo personal y el gustos y refinamiento del que hacía gala el joven millonario, cautivó a Ana María Martínez, hija del administrador de la casa Figueroa en esta localidad almeriense, entablando una relación de la que nacieron dos hijos (1840 y 1842), que José Ignacio se resistió a reconocer durante más de 40 años, quedando obligado a aceptar su paternidad tras una sentencia del Tribunal Supremo en 1886.

Sus padres no aceptaban esta relación, aconsejándole su traslado a Madrid, donde el joven millonario se estableció en 1845, donde adquirió una rápida ascensión social, gracias a la amistad de la familia con la Reina Madre María Cristina de Borbón, la madre de Isabel II, que por entonces sufría un acomodado exilio en territorio francés.

En Madrid conoció a Ana (Josefa) de Torres, Córdoba, Sotomayor y Romo de Tovar y Bedoya, veinticuatro años más joven que él pues había nacido el 28 de julio de 1832, vizcondesa de Irueste y, a la vez, hija única y huérfana de José de Torres, marqués de Villamejor, que había fallecido en la indigencia. La viuda de este último fue incapaz de afrontar los gastos que conllevaba el mantenimiento de los títulos honoríficos familiares (marquesado de Villamejor, vizcondado de Irueste y señorío de Romanones y Tovar), viéndose forzada a suspender su tenuta por falta de pago a la hacienda real.


La boda de Ignacio con Ana de Torres se celebró en Madrid, el 20 de marzo de 1852, entrando así en el selecto y reducido círculo de los títulos nobiliarios, pues, como medida más inmediata, pagó los derechos reales pendientes de liquidar, rehabilitando y recuperando para sí mismo el título de marqués de Villamejor, además del vizcondado y los señoríos citados, títulos que más adelante ostentarían sus  importantes e influyentes descendientes, elevando el vizcondado y los señoríos al rango de condados (Irueste, Romanones y Tovar). Fueron padres de Álvaro Figueroa y Torres, I conde de Romanones.


El matrimonio trasladó su residencia a París y, al año siguiente, a Marsella, donde se hizo cargo directamente de los negocios familiares. En 1860, cuando Marsella dejó de ser puerto estratégico para el control del comercio del plomo europeo, don José Ignacio tomó la decisión de regresar a España, fijando su residencia en Madrid.

Ya en la capital del reino, trasladó sus negocios a la zona de Linares y La Carolina, donde el marqués se convertiría en uno de los principales empresarios de la minería y la metalurgia del plomo en el continente, participando en importantes operaciones financieras, además de interesarse por el negocio inmobiliario. En efecto, sólo en Madrid adquirió más de 200 fincas urbanas, entre las que destacaba el palacete familiar que se hizo construir en la más selecta zona de la capital, al comienzo del Paseo de la Castellana, cerca de la Plaza de Colón. Más adelante, su propiedad fue transferida al infante don Carlos de Borbón, adquiriéndola después el Estado para dedicarlo a sede de la presidencia del Consejo de Ministros entre 1914 y 1977, y, más adelante, como sede del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.




Palacio de Villamejor, en el Paseo de la Castellana de Madrid. Proyectado en 1887 por José Purkiss Zubiría y Pascual Herráiz Siloy y construido de 1887 a 1890..


Para saber más: Las dinastías españolas de fundidores de plomo de Marsella: don Luis Figueroa y Casaus (1781-1853)

miércoles, 24 de julio de 2019

Cruzamiento e investidura de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Toledo.2019



La próximo vela de armas, cruzamiento e investidura de la Orden del SANTO SEPULCRO DE JERUSALÉN, Lugartenencia de España Occidental, Capítulo Noble de Castilla y León, tendrá lugar en Toledo, los próximos días 25 y 26 de octubre de 2019.



  
PROGRAMA DE ACTOS

VIERNES 25 DE OCTUBRE

VELA DE ARMAS Y VIGILIA DE ORACIÓN 

En la Iglesia Parroquial de San Andrés (Plaza de San Andrés, 2-Toledo), se celebrarán los actos de la Vela de Armas y Vigilia de Oración de los nuevos Caballeros y Damas, presididos por S.E.R. el Cardenal Gran Prior de la Lugartenencia
17:00    FORMACIÓN DEL CAPÍTULO

17:30    VELA DE ARMAS Y VIGILIA DE ORACIÓN

19:30    REUNIÓN DEL CAPÍTULO GENERAL

Bajo la presidencia de S.E. el Lugarteniente, se celebrará el Capítulo General en el Seminario Mayor San Ildefonso (Plaza de San Andrés, 3 Toledo), donde el Consejo de la Lugartenencia expondrá un informe detallado de las diversas actividades realizadas durante el presente año.

Durante la reunión del Capítulo, tendrá lugar la presentación de los nuevos Caballeros y Damas. A este acto asistirán únicamente los miembros de la Orden y los Neófitos.

Finalizada la reunión del Capítulo, los Neófitos ofrecerán en los salones del Arzobispado (calle Arco de Palacio, 3 Toledo) una copa de vino español, a la que podrán asistir los invitados y familiares.




SÁBADO 26 DE OCTUBRE

SOLEMNE ACTO DE CRUZAMIENTO E INVESTIDURA 

Se celebrará en la Santa Iglesia Catedral Primada de Nuestra Señora de la Asunción. Oficiará la ceremonia el Gran Prior de la Lugartenencia, Su Eminencia Reverendísima. Fray Carlos Cardenal Amigo Vallejo.

10:30    FORMACIÓN DEL CAPÍTULO

11:00    CEREMONIA DE CRUZAMIENTO

Bajo la presidencia del Gran Prior de la Orden, Su Eminencia Reverendísima Fray Carlos Cardenal Amigo y Vallejo, esta Lugartenencia se reunirá en coro y durante la ceremonia se impondrá la muceta de la Orden a los Caballeros Eclesiásticos; seguidamente, se procederá a armar Caballeros e investir con el hábito de la Orden a los señores y se impondrá el lazo y la capa de Dama de la Orden a las señoras que ingresan este año.

  
La catedral de Santa María, llamada también Catedral Primada de España, es un templo católico de arquitectura gótica en Toledo, considerado como el opus magnum de este estilo en España. Su construcción comenzó en 1226, por orden del Arzobispo Ximénez de Rada, bajo el reinado de Fernando III el Santo y las últimas aportaciones góticas se dieron en siglo XV cuando en 1493 se cerraron las bóvedas de los pies de la nave central, en tiempos de los Reyes Católicos. Destaca la Sacristía Mayor, presidida por El Expolio de El Greco, el Tesoro Relicario con la Custodia de Arfe, la Sala Capitular, el Coro y la Capilla Mayor.

14:00    ALMUERZO DE GALA
Hotel Beatriz Toledo Auditorium (Calle Concilios de Toledo, s/n).

sábado, 20 de julio de 2019

Martín Ruiz de Avendaño. Lanzarote y la “Leyenda de Ico”



La leyenda cuenta que el vizcaíno Martín Ruíz de Avendaño llegó a Lanzarote en 1377, y tuvo una hija, Ico, con la reina Fayna, esposa del rey Majo Zonzamas.

Martín Ruiz de Av(b)endaño y Tovar nació en Urquizu (Vizcaya) hacia 1345, en el seno de una familia hidalga, siendo hijo de Juan de San Juan de Avendaño y Guevara, I Señor de Villarreal en Álava y Avendaño y de Mayor González de Tovar. Murió según algunos historiadores en la batalla de Antequera (1410) y según otros en torno a 1413. Fernán Sánchez de Tovar, su abuelo, capitaneó en 1359 una galera de la flota dirigida contra Pedro I de Aragón en el Mediterráneo y su tío abuelo homónimo, fue almirante de Castilla entre 1373 y 1384.



La historiografía sostiene que Martín Ruiz de Avendaño pudo haber llegado en uno de sus viajes a la isla de Lanzarote a finales del siglo XIV. En 1397, aparece Martín Ruiz de Avendaño al servicio de don Diego Hurtado de Mendoza, almirante de Castilla. Unos años después, en 1405, le designaron capitán de una flota de barcos dispuesta a socorrer a los reyes franceses y a los transportistas y mercaderes que realizaban sus operaciones comerciales a través del Golfo de Vizcaya de las acometidas de los corsarios ingleses. Está documentada su estancia en Harfleur junto a don Pero Niño. Poco antes de su muerte disputó a Fernán Pérez de Ayala sus derechos sucesorios a la casa solariega de Orozco por descender de Sancho García de Zurbano. Se llegó a un acuerdo entre ambos Parientes Mayores. Orozco y Llodio quedaron para la Casa de Ayala, mientras que Arrigorriaga y Marquina de Zuya fueron incorporados por la Casa de Urquizu. Martín Ruiz de Abendaño casó con María López de Gamboa, heredera del solar de Olaso, y tuvieron por hijos a Juan de Avendaño (c.1375), casado con Teresa Manrique de Lara, hija del Adelantado Mayor de Castilla Gómez Manrique, que heredó el solar de Urquizu, y a Ferrando de Avendaño y Gamboa (c.1400) que heredó el solar de Olaso (Elgóibar).



Conflicto dinástico y prueba del humo

Las referencias a este personaje, con respecto a la conquista de Lanzarote, se basan en un relato aportado por el franciscano Juan de Abréu Galindo en su obra Historia de la conquista de las siete islas de Gran Canaria, incluido en la conocida como «leyenda de Ico», En el relato se narra la llegada del marino vizcaíno Martín Ruiz de Avendaño a la isla de Lanzarote hacia 1377 tras ser arrastrada su nave por un temporal. Los aborígenes los reciben de buen grado, auxiliándolos con víveres. El rey Zonzamas invita al capitán europeo a quedarse en su casa —«palacio de Zonzamas»— y a compartir el lecho con su mujer, la reina Fayna, según su costumbre de hospitalidad. De esta relación nacería la princesa Ico, que en palabras de Abréu Galindo era «muy hermosa y blanca, siendo todas las demás isleñas morenas ella sola había salido muy blanca», cuya ascendencia extranjera daría lugar a una lucha dinástica por la jefatura de la isla.
 
A la muerte de Zonzamas le sucedió en el trono su hijo Tinguanfaya. A finales del siglo XIV invadió la isla una armada de conquistadores vizcaínos y sevillanos, que infringieron una severa derrota a los indígenas, llevándose a Castilla como prisioneros al rey Tinguanfaya y a la reina, además de unas cien personas que iban a ser vendidas como esclavos, lo que dio paso al trono al otro hijo del rey, Guanareme.

Ico, princesa Maja, se casó con Guanarame, y de esta unión nació Guadarfía. Pasados unos años, la muerte de Guanarame provocó un conflicto dinástico, pues los nobles aborígenes no aceptaban a Ico como una de los suyos al ser hija de Avendaño. Tras deliberar, someten a Ico a la conocida como «prueba del humo» que consistió en encerrarla junto a tres criadas y darles humo. Según sus creencias si Ico era noble sobreviviría. Esta, gracias al consejo de una anciana que le dice que utilice una esponja húmeda para poder respirar entre el humo, logra superar la prueba, pudiendo acceder a la jefatura de la isla Guadarfía, que sería el último rey o jefe aborigen de la isla de Lanzarote.


EL LINAJE AVENDAÑO.
Causas y consecuencias de su ascenso social en la Baja Edad Media- Anuario de Estudios Medievales, de Ernesto García Fernández, ‎2007, pp. 527-561.

jueves, 18 de julio de 2019

Alonso del Castillo Maldonado. Explorador de Texas y Nuevo México



Posiblemente una de las más grandes epopeyas nacionales, caída como tantas en el olvido. Los cuatro protagonistas de ésta épica historia, entre los que se encontraba Alonso, tuvieron que sobrevivir al naufragio de su barco frente a las costas de Texas, mientras participaban en una fracasada expedición a Florida promovida por el Gobernador Pánfilo de Narváez en el año de 1527.
 
Recorrido de los cuatro naufragos
Alonso Castillo Maldonado, natural de Salamanca, era el hijo de un médico y de Aldonza Maldonado, ambos miembros de la nobleza española. Como hidalgo bien educado pero empobrecido, Castillo buscó la fama y la fortuna en el Nuevo Mundo. Se ofreció como voluntario en 1527 como capitán en la “fracasada” expedición de Pánfilo de Narváez a La Florida.

La flota se hizo a la mar en Sanlúcar de Barrameda el 17 de junio de 1527. Constaba de cinco navíos y seiscientos hombres comandados por Narváez. Después de varias semanas de navegación hicieron escala en la isla de La Española, en donde se aprovisionaron y permanecieron un tiempo. Después de que la expedición abandonó su intento de pasar de la zona de la actual Tampa, Florida, a Tampico, México, por tierra, decidieron hacer el recorrido por mar. Al partir y entrar en aguas del Golfo de México, un navío fue puesto bajo el mando conjunto de los capitanes Del Castillo y Andrés Dorantes de Carranza (paisano suyo). Al poco tiempo, a principios de noviembre, la ligera y frágil embarcación conducida por Dorantes, con unos cuarenta hombres, fue atrapada por las tormentas y naufragó cerca de la isla ubicada frente a Galveston, Texas, en la primavera de 1529. Entre los supervivientes del naufragio estaban Andrés Dorantes, su esclavo Estebanico, Álvar Núñez Cabeza de Vaca y el propio Alonso del Castillo Maldonado. Estebanico, conocido también como Esteban, "el negro" o "el moro", nació alrededor del año 1500 en Azamor, Marruecos.

En la primavera de 1529 un grupo de doce hombres, dirigido por Dorantes y del Castillo, partió hacia el sur a lo largo de la costa; y los supervivientes finalmente llegaron a la bahía de Matagorda, en Texas.

Los cuatro españoles anduvieron por tierras hostiles durante casi siete años hasta llegar a territorios españoles. Durante esos fatigables años se ganaron la amistad de algunas tribus indígenas ya que ejercían de curanderos, incluso ganaron fama por la zona al extraer Cabeza de Vaca, sin ningún tipo de ayuda sanitaria, la punta de una flecha que un indígena tenía clavada cerca del corazón. A Castillo se le atribuye la introducción de curación por la fe entre los indios de la costa. Su ritual consistía en oraciones y palabras de aliento a los indígenas afectados, que muchas veces le daban resultado y fama.

También tuvieron que padecer esclavitud al pasar por tierras dónde no eran bien recibidos como la tribu de los Mariames o los Coahuiltecans. Después de siete años de existencia precaria entre los indios hostiles, del Castillo, Dorantes, Cabeza de Vaca y Estebanico se escaparon, en 1534, hacia el interior, dirigiéndose hacia el oeste. Ellos fueron los primeros europeos en atravesar Texas, viajando perdidos y pasando cerca de lo que hoy es San Antonio, New Braunfels, Austin, Big Spring, y Pecos.

Después de un largo recorrido se desviaron hacia el sur y entraron en lo que llegó a ser Nuevo México, volvieron al norte y dejaron Texas en El Paso a finales de 1535. Caminando hacia el sur a través de Sonora y Sinaloa, Castillo y sus compañeros se reunieron con sus compatriotas españoles al norte de San Miguel de Culiacán en 1536, gracias a encontrarse con otra tribu india que les ayudaron y les guiaron hacia territorios españoles atravesando el Río Grande de México. Desde allí viajaron a la Ciudad de México, adonde llegaron en julio, para una audiencia con el virrey Antonio de Mendoza. Sobre esta aventura Cabeza de Vaca escribió el libro "Naufragios".

Es curioso que el virrey Mendoza no acudiera a él para organizar las expediciones de Marcos de Niza y de Francisco Vázquez de Coronado a las Siete Ciudades en el sur de los Estados Unidos. Posiblemente se encontraba fuera de México en aquella época.

Castillo decidió continuar su carrera en el Nuevo Mundo. Después de una breve visita en España en 1541, trabajó como funcionario del tesoro en Guatemala (1545), y como un encomendero que más tarde disfrutó de una cuarta parte de los ingresos de Tehuacán en la Nueva España. Alonso del Castillo contrajo matrimonio en México y fue beneficiario de la encomienda de su mujer en Tehuacán, Puebla. Castillo apareció como testigo en un juicio en 1547, y se cree que murió a finales de los años 1540.

viernes, 12 de julio de 2019

Jaime Ortega y Olleta .Militar y político. General golpista contra Isabel II



Principal protagonista del fallido levantamiento carlista de 1860

Jaime Rudesindo de Ortega y Olleta nació en Tauste un 28 de febrero de 1817, del matrimonio formado por Ramón Ortega (Gallur / Zaragoza) y Francisca Olleta (natural de Tauste / Zaragoza), en el seno de una familia infanzona por ambas ramas, y que tenía propiedades en ambas poblaciones, muy cercanas una a otra (a unos 8 km). A finales de 1838, en la ciudad de Zaragoza, contrajo matrimonio con Francisca Ballesteros.


En 1833, con 16 años, Jaime Ortega inició su carrera militar, interviniendo ya en acciones bélicas entre 1835 y 1840. En esos años de la Guerra Carlista (1833-1840) pudo conseguir méritos y prestigio con el que ascender en el ejército, así como participar de la política local, primero, junto a su padre, (fue alcalde de Tauste durante la década de 1830) y de la política nacional en los años de la posguerra. Participó, bajo las órdenes del general Evaristo San Miguel, en la toma de Cantavieja el 31 de octubre de 1836, en la memorable jornada del Cinco de Marzo de Zaragoza y en la desastrosa campaña de Morella de 1838.

En 1841, una vez finalizada la guerra, con el retorno de los carlistas, se reprodujo el conflicto político en Tauste. En las elecciones municipales de ese año, ganó la facción contraria a Ortega, ante lo cual denunciaron que los vencedores eran carlistas, y consiguiendo que la Diputación Provincial anulase las elecciones. Sin embargo, es en esos años de posguerra, cuando parece que Jaime Ortega, que había salido electo diputado del Congreso en febrero de 1843, se aleja de los círculos progresistas y acerca a los moderados que conspiraban para derribar al Regente Espartero y la Constitución de 1837. Cuando la rebelión se inició en mayo, Ortega lanzó una hoja volante el 24 de mayo, un manifiesto arengando a los aragoneses para que se levantaran contra la “pandilla anglo-ayacucha”, es decir, Espartero y su gobierno.

Junto a un centenar sublevados, intentaron tomar la ciudad de Zaragoza el 9 de junio de 1843. Consiguieron controlar el palacio arzobispal y el ayuntamiento durante unas horas, hasta que la Milicia Nacional zaragozana se reorganizó en el Paseo de Santa Engracia (hoy Pº Independencia) y les atacó, haciéndoles huir. Algunos compañeros de Ortega fueron fusilados, pero él consiguió huir en una barca por el Ebro.

Tras ello, se aprestó a formar una columna armada y consiguió reunir 2.000 hombres lo que le valió el ascenso a coronel, con los que el 21 de julio de 1843 asaltó Zaragoza, atacando por Torrero y la Puerta de Santa Engracia. En la ciudad se tocó generala y se reunieron la mayor parte de sus 5.000 milicianos nacionales. Entre las 3 y las 5 de la tarde se produjo un intenso fuego de fusilería en las riberas del río Huerva, que acabó con 30 muertos y heridos entre los defensores y un número mayor de bajas entre los asaltantes.

Jaime Ortega se retiró a La Almunia, donde formó una Junta de Gobierno antiesparterista. Allí esperó el desarrollo de los acontecimientos. Espartero fue derrotado y obligado a exiliarse a fines de julio de 1843. A principios de agosto, gracias al general progresista demócrata Narciso Ametller, consiguió que Zaragoza le abriera sus puertas, entrando triunfalmente en la ciudad.

Tras estos hechos, accedió al Congreso como diputado por los distritos electorales zaragozanos de Calatayud y Ejea de los Caballeros y por el turolense de Alcañiz. Así mismo, obtuvo puestos de responsabilidad en la administración militar; ascendió a Mariscal de Campo en 1847, y obtuvo la capitanía general de Baleares en 1859.

Al parecer, por evolución personal se había aproximado al carlismo en 1857. La amistad con la infanta Luisa Carlota de Borbón, que había vivido los acontecimientos previos a la muerte de Fernando VII, despertaron su animadversión hacia los liberales. El fusilamiento de la madre del general Cabrera terminó de introducirle en los ambientes de conspiración carlista contra Isabel II.

Por disponer de tropas a su mando en Baleares, la Comisión Regia, ente carlista presidido por el conde de Cleonard y en el que se encontraba el general Elío (asesor del pretendiente Carlos Luis de Borbón), le eligió para iniciar un pronunciamiento: el general Ortega debía lanzar un manifiesto, dirigirse a Madrid y tomar el poder.

El primer escenario desde donde partir hacia el poder era Valencia, pero finalmente se cambió por Tortosa. Todo empezó a ir mal el 29 de marzo de 1860, pues hubo quien se echó atrás, y cuando el 3 de abril de 1860 el general Ortega llegó a San Carlos de la Rápita con unas fuerzas a las que había engañado diciendo que iban a defender a Isabel II de un complot carlista, se produjo el desastre. En el momento en que los oficiales a su cargo y los soldados conocieron sus verdaderas intenciones se volvieron contra él y lo tomaron preso.
 
Conde de Montemolín (pretendiente Carlos VI)
Nota: El 1 de abril de 1860, don Jaime Ortega, en compañía del pretendiente Carlos VI y el infante don Fernando, embarcó en Palma con 4.000 hombres y arribaron al puerto de los Alfaques, en San Carlos de la Rápita. Sin embargo, el día 3 había fracasado ya el pronunciamiento. Presos el conde de Montemolín y el infante, fueron expulsados de España, tras obligarles a firmar una vergonzosa renuncia a sus derechos, y el general Ortega, que se había retirado a Aragón en busca de ayuda, fue hecho prisionero en Calanda. Trasladado a Tortosa, fue condenado a muerte por un consejo de guerra ilegal según el Código de Justicia Militar, ya que estaba compuesto por militares de inferior graduación al juzgado, argumento que esgrimió, infructuosamente, el abogado defensor, José Antonio de Wenetz.

Condenado a muerte por alta traición en un Consejo de Guerra, el 18 de abril de 1860, en Tortosa, el general Ortega fue pasado por las armas.

domingo, 7 de julio de 2019

Antonio de Nebrija. Autor de la primera gramática española



Uno de los grandes humanistas del Renacimiento. Fue filólogo, historiador, pedagogo, gramático, astrónomo y poeta. Autor de la primera gramática.

Elio Antonio de Cala y Jarana nació el 28 de junio de 1444 en Lebrija (Sevilla), hijo de Juan Martínez de Cala e Hinojosa y Catalina de Xarana. Empezó  sus estudios a los 15 años en la Universidad de Salamanca, donde se graduó cuatro años más tarde en Retórica y Gramática.



Tras recibir su diploma, viajó a Italia y se inscribió en la Universidad de Bolonia, donde fue colegial, alegando que le interesaban, sobre todo, el buen decir y un perfecto aprendizaje de griego y latín, lenguas que él creía que en Salamanca no eran tratadas como merecían.

En 1470, Nebrija volvió a España como portador el humanismo renacentista, «para desbaratar la barbarie por todas partes de España tan ancha y luengamente derramada». Fue por entonces que adoptó el nombre con el cual lo conocemos. Añadió Elio como homenaje al conquistador romano que conquistó la Bética, que era el nombre latino de Sevilla y "de Nebrija", por ser Nebrissa el nombre en latín de su Lebrija natal. Poco más tarde el rey Fernando lo nombra cronista real, y Elio Antonio hubo de trasladarse a la corte.




Ocupa un lugar destacado en la historia de la lengua española por ser el autor de la primera gramática castellana (la Gramática castellana), en 1492, de un diccionario latín-español ese mismo año y de otro español-latín hacia 1494, con relativa anticipación dentro del ámbito de las llamadas lenguas vulgares.
 

Ya en 1508 está pensando abandonar la corte para dedicarse, en lugar tranquilo, a depurar y completar su obra científica. Parece que, por esos mismos años, fue invitado por el cardenal Cisneros a colaborar en el ambicioso plan de la Biblia políglota complutense bien remunerado, y gozando del respeto de los estudiantes, pasó los diez años últimos de su vida. Murió en julio de 1522, a los 78 años de edad.

Referencia. Partida de bautismo y ejecutoria de hidalguía

miércoles, 3 de julio de 2019

Capítulo de la Soberana Orden de Malta. Junio 2019

El Capítulo de San Juan de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de Malta se celebró el pasado sábado, día 22 de junio, en la Iglesia de la Vera Cruz de Zamarramala (Segovia).

La solemne ceremonia fue presidida por el Excmo. Sr. Don Ramón Álvarez de Toledo y Álvarez Builla, conde de Santa Olalla, Presidente de la Asamblea Española de la Soberana Orden de Malta.


Los actos de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, comenzaron con una procesión cívica desde el convento de los Padres Carmelitas -donde reposan los restos mortales de San Juan de la Cruz- hasta la iglesia de la Veracruz.


La Santa Misa fue oficiada por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. César Augusto Franco Martínez, Obispo de Segovia, y concelebrada por varios sacerdotes.


En esta celebración religiosa ingresó en la Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta el propio Obispo de Segovia, así como los siguientes caballeros: como Baylío Gran Cruz de Honor y Devoción, S.A.R. Don Pedro de Borbón Dos Sicilias y de Orleans, Duque de Calabria; como Caballeros de Honor y Devoción, el Ilmo. Sr. Don José Ignacio Benjumea y Díez, el Ilmo. Sr. Don Pablo de Palacio y Oriol y el Ilmo. Sr. Don Francisco de Borja Cavero y de Pedro; como Caballero de Gracia y Devoción, el Ilmo. Sr. Don Juan de la Guardia y García-Lomas, barón de Finestrat, y como Caballero de Gracia Magistral, el Ilmo. Sr. Don Eduardo Zúñiga y Pérez del Molino.


Asistieron invitados a tan solemne ceremonia representantes de las Reales Órdenes Militares de San Fernando y San Hermenegildo, de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid y de la Real Asociación de Hidalgos de España, representada esta última por su presidente, Don Manuel Pardo de Vera y Díaz.

Terminados los actos religiosos, los miembros de la Asamblea Española de la Soberana Orden de Malta, acompañados por sus familiares e invitados, compartieron un almuerzo en el Parador de Segovia

La iglesia de la Vera Cruz de Segovia, ubicada en la carretera que lleva desde Segovia a Zamarramala, es probablemente el ejemplo mejor conservado en Europa de una tipología templaria de edificio constituido por un edículo central en torno al cual gira una nave circular


Atribuida tradicionalmente la construcción de la segoviana iglesia de la Vera Cruz a los templarios, las investigaciones modernas prefieren otorgar la autoría a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, funcionando como una encomienda dependiente de la Colegiata de Toro (Zamora).

Orden de Malta