domingo, 30 de septiembre de 2018

IX Premio Otto de Habsburgo a Dom Duarte Pio, Jefe Casa Real de Portugal



El duque de Braganza, Dom Duarte Pío, jefe de la Casa Real de Portugal, recibió el sábado 29 de septiembre el Premio Internacional Otto de Habsburgo que otorga la corporación nobiliaria Famiglie Storiche d’Italia (Familias Históricas de Italia). El acto tuvo lugar en Vila Nova de GAIA (Oporto)

Se trata de la novena edición de este premio, constituido en honor del hijo del último emperador de Austria, Carlos Otto de Habsburgo, que fue durante décadas el jefe de la casa de Habsburgo, hasta su fallecimiento en 2011.


Acudireron, entre otros, SAI&R la archiduquesa Mónica de Habsburgo, duquesa de Santangelo y miembro de Famiglie Storiche d’Italia; SAI&R el archiduque José Carlos de Habsburgo, presidente de la corporación Familias Históricas de Europa, el príncipe Maurizio Gonzaga del Vodice; y otros miembros de la nobleza y de casas reales no reinantes.







 

Como representantes de la Real Asociación de Hidalgos de España, asistieron su presidente D. Manuel Pardo de Vera y Díaz, y otros miembros de su Junta Directiva: D. Manuel Ladrón de Guevara e Isasa, D. Miguel Ángel Hermida Jiménez y D. José Manuel Huidobro Moya. 





La Real Asociación de Hidalgos de España mantiene una estrecha relación con la institución Familias Históricas de Italia, presidida por el Dr. Diego de Vargas-Machuca, primero por su origen de un tronco común, la Asociación de Hidalgos a Fuero de España, y después por la estrecha colaboración que mantenemos en la organización de coloquios y otros eventos culturales.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Jura de bandera de asociados de la RAHE en la Guardia Real (El Pardo-Madrid)


Varios miembros de la Real Asociación de Hidalgos de España solemnizan su compromiso con la Defensa nacional

Hoy viernes, 28 de septiembre, a las 11:30 horas, ha tenido lugar en el acuartelamiento “El Rey” de la Guardia Real, en el Pardo (Madrid), un acto de juramento o promesa ante la Bandera de España en el que más de 500 ciudadanos solemnizaron su compromiso con la Defensa de España, besando la enseña nacional que custodia dicha unidad. Entre ellos se encontraban varias decenas de asociados a la Real Asociación de Hidalgos de España, con arreglo a los requisitos establecidos en la Orden Ministerial 1445 del año 2004.




La ceremonia estuvo presidida por el Jefe de la Casa de S.M. el Rey, D. Jaime Alfonsín Alfonso entre otras autoridades civiles y militares.  Tomó el juramento el coronel jefe de la Guardia Real, D. Eduardo Diz Monje.

Las Autoridades asistentes
Durante la ceremonia de tocaron los acordes del himno nacional, con las correspondientes salvas de artillería efectuadas por la Batería Real y, a continuación, se pasó revista a las unidades de los Grupos de Honores y Escoltas que se encontraban formadas en la plaza.

Para finalizar, bajo los sones de “La muerte no es el final” los guiones y banderines de la Guardia Real, a pie y a caballo, rindieron homenaje a los que dieron su vida por España y se entonó el himno de la Guardia Real.

Para concluir la parada militar, las unidades a pie y a caballo, a las que se les unió una representación del tesoro automovilístico de la Guardia Real, desfilaron ante las tribunas bajo la atenta mirada de las autoridades civiles y militares y el numeroso público asistente. Se concluyó con un vino de honor en los jardines y los jurandos recogieron sus diplomas.

Carlos Pérez de Bulnes y Joaquín Ruiz de Villa (RAHE)
La Guardia Real es la unidad dependiente del Cuarto Militar de la Casa del Rey cuya misión es servir de apoyo al Monarca en el ejercicio de sus funciones 
como jefe de Estado.

Por Orden de 31 de diciembre de 1975 del Ministerio del Ejército, se crea el “Regimiento de la Guardia Real” a base del antiguo Regimiento de la Guardia de S.E. el Generalísimo, cuyo personal será acoplado, en lo posible, en el nuevo Regimiento de la Guardia Real. La misma Orden dispone, en su artículo tercero, que el Teniente General Jefe del Cuarto Militar ejercerá la inspección del citado regimiento y todos los servicios. Sus facultades y atribuciones son análogas a los capitanes generales, excepto en lo relativo a Justicia.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Luis Félix de Mirabal y Espínola. Político. I Marqués de Mirabal y señor de Boadilla del Monte.


Jurista y Presidente del Consejo de Castilla (1716-1724). Dirigió la política española durante el efímero reinado de Luis I. Embajador en Flandes. Felipe V le concedió como premio a sus méritos el Título del Marquesado de Mirabal.

Luis Félix de Mirabal y Espínola nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) alrededor de 1657, Fue el cuarto hijo varón de una familia de regidores locales, siendo su padre Don Juan Francisco de Miraval y Pavón de Lobaton, nombrado Caballero de la Orden de Alcántara el 24 de julio de 1665; su madre, Doña Maria Luisa Spinola y Morales; su hermano primogénito Juan Francisco de Miraval y Spinola, primer Conde de Villafuerte Bermeja, por Carlos II, y Caballero de la Orden de Calatrava desde 1663, casó con Constanza de Orihuela.

Mirabal, como un buen número de segundones de familias hidalgas se vio en la necesidad de entrar en la Universidad y de seguir la carrera judicial, como el principal medio para entrar en la alta administración.

Mirabal fue Colegial Mayor de Cuenca en Salamanca, en donde cursó estudios de jurisprudencia. La gran mayoría de los colegiales comenzaban su carrera administrativa ejerciendo un cargo en un tribunal, pero algunos, como Mirabal, preferían quedarse de catedráticos antes que aceptar un puesto que no les pareciese digno de sus cualidades. Los cargos más apetecibles eran los de Oidor (juez togado de primera instancia) en las Chancillerías de Valladolid o Granada.

En 1697, Mirabal entra en la administración ejerciendo el cargo de fiscal de la Chancillería de Valladolid, con 350.000 maravedís de sueldo. Probablemente entonces contará 26 años o 27 años, lo que situaría su nacimiento en 1670.

En 1699, caso con Maria Magdalena Dávila, señora de los mayorazgos de su casa (hija de Jerónimo Manuel Dávila, regidor de Ávila y Patrono de la capilla mayor de la parroquia de San Juan, y de su tercera mujer, Francisca de Moncada y Guzman. Del matrimonio nació Mariana Melchora de Miraval y Davila Guzmán. Luis de Mirabal casó en segundas nupcias con Isabel María Queipo de Llano, Señora de la villa de Boadilla del Monte, hija de Fernando Queipo de Llano, III Conde de Toreno y Alférez Mayor de Asturias, y de Emilia de Dóriga Malleza. Del matrimonio nació Josefa Micaela.

En 1700 es nombrado Oidor (juez) de la misma Chancillería. En 1705, tras la muerte de Carlos II sin descendencia y en plena Guerra de Sucesión, Mirabal es ascendido a alcalde de la Casa y Corte de Madrid, con plenas atribuciones sobre la policía de la Corte y con el deber de acompañar al rey, o al Consejo de Castilla, en sus salidas.

En 1707, Felipe V le nombro fiscal consejero de Castilla, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1729. En 1714, Mirabal fue enviado como Embajador de España en Flandes. Desempeño su cargo de Embajador con tales muestras de sagacidad y celo que sus servicios fueron premiados por Felipe V, nombrándole en febrero de 1716 presidente y gobernador del Consejo de Castilla, en substitución del obispo de Osma, Felipe Antonio Gil de Taboada, su antecesor en el cargo.

En noviembre de 1716, Miraval media, de acuerdo con el Capitán General de Cataluña, en favor de la substitución de los castellanos de la Audiencia de Barcelona, por catalanes, para que apliquen las leyes propias del principado y propone como regente de la Audiencia al catalán Francisco Ametller. Felipe V acepta pero con la condición de nombrar un regente castellano. El 5 de agosto de 1719, media en una huelga de trabajadores holandeses en la Real Fábrica de Paños de Guadalajara, proyecto estatal para lograr paños finos de la mejor calidad y contrarrestar el comercio extranjero de estos géneros en España. El 30 de octubre de 1722, Felipe V premia a Mirabal con el título de Marqués de Mirabal.

El 10 de enero de 1724, abdica Felipe V en favor de su hijo Luis I. El primer acto del nuevo Rey, por consejo de Mirabal, había consistido en restablecer la antigua etiqueta, suprimida por su padre, acuerdo que fue aplaudido por toda la Grandeza, y en vista del cual el partido español, comenzó de nuevo a combatir con violencia a los franceses y, sobre todo, a los italianos (Isabel de Farnesio).

El jefe del partido español era el Presidente del gabinete, Marques de Mirabal, y su más decidido adepto el Padre Ramos, procurador general de los jesuitas en Castilla la Vieja y confesor de Mirabal. En el partido francés estaban los confesores de los reyes, el secretario de estado Orendayn, los hermanos Patiño, Castelar, etc. Siendo el ideal de dicho partido, la unión perfecta y absoluta entre España y Francia. En el partido Italiano estaban el Marques de Monteleón, etc.

El partido español volvió a atacar al anterior soberano, teniendo en cuenta las sumas que este se apropió al abdicar, los gastos que había costado su retiro y el mal estado de la Hacienda española. Luis I dejo entera libertad a sus consejeros para que le indicaran lo que ellos consideraran conveniente. Luis Mirabal desarrolló una gestión eminentemente beneficiosa para el país a pesar de los obstáculos que continuamente debía de vencer (de los que no era ajeno el mismo Felipe V).

Luís I, Rey de España
El 19 de agosto Luis I enfermó, muriendo el 31 de agosto de 1724, a los 17 años de edad, a consecuencia de la viruela. Algunas voces sugirieron el envenenamiento como posible causa de la muerte, aprovechando los primeros momentos de la enfermedad, aunque la autopsia practicada no lo evidenció.

El acta de abdicación de Felipe V, que preveía que en caso de muerte de Luis I, la corona recaería en su hermano el infante Fernando (VI), había sido registrada solemnemente por el Consejo de Castilla. Tras la muerte de Luis I, Felipe V quiso volver a ocupar el trono y pidió opinión al Consejo de Castilla. La actitud de Mirabal fue muy ambigua en esta circunstancia, y el Consejo se decidió a emitir una opinión favorable al deseo del rey a duras penas y después de muchas prórrogas.

Nada más volver al poder, Felipe V se apresuró, en octubre de 1724, a destituir a Mirabal, a quien consideraba responsable de la actitud vacilante del Consejo de Castilla, nombrándole el 5 de noviembre del mismo año, Consejero de Estado. Otros sufrieron peor suerte.

Mirabal, cuando salió, de la corte se retiró a la vida privada, en su señorío de Boadilla del Monte (Madrid), donde murió el 24 de enero de 1729. Fundó la Guía Oficial de España, que comenzó a imprimir y repartir entre sus amigos como una curiosidad.

Texto extraido en parte de: http://www.boadilla.com/pages/mirabal.htm

sábado, 22 de septiembre de 2018

450 Aniversario de los Caballeros del Sácer


Hoy, sábado 22 de septiembre de 2018, ha tenido lugar, en la catedral primada de Toledo, los actos de celebración del 450 aniversario de la existencia de la Archicofradía de la Orden de los Caballeros de la Cruz del Sacer.

A las 11 horas renovación de votos como caballeros y damas ante la Virgen de Guadalupe, en la Iglesia de Santo Tomé (Toledo).

A las 12 horas, entrada en procesión por la puerta del reloj de la catedral y eucaristía presidida por el cardenal Rouco Varela y el obispo emérito de Segovia Don Ángel Rubio Castro. Cruzamiento de nuevas Damas y Caballeros.

   

A las 13:40 horas, almuerzo de hermandad en el restaurante Venta de Aires, el único restaurante centenario de Castilla-La Mancha. 
En las fotos: D. Manuel García de Molina y García-Tellado, y D. Enrique Díaz-P de Ledesma de la Real Asociación de Caballeros y Damas de Santa Mª de Guadalupe, acompañados por su respectivas esposas, junto al Cardenal Antonio Mª Rouco Varela . D. Enrique, junto al Cardenal y al Maestre de la Corporación del Sácer, D. Germán Díaz.


La Archicofradía de la Orden del Sácer fue fundada en el siglo XVI (1568) en la Villa de Saceruela por el personaje ilustre don Alonso Rodríguez de Camargo, presbítero de la Orden de Calatrava, que unió dos cofradias existentes en la villa, una la de Santa Ana y la otra la de La Veracruz, al unirlas creo la Archicofradia de la Orden del Sacer, “con el fin primordial de mantener hospitales y asistir a peregrinos y necesitados del camino a Guadalupe.”

viernes, 21 de septiembre de 2018

Cruz al Mérito para el Colegio de Guardias Jóvenes “Duque de Ahumada” y a la Asociación Nuevo Futuro



La Real Asociación de Hidalgos de España ha concedido la Cruz al Mérito al Colegio de Guardias Jóvenes "Duque de Ahumada" en reconocimiento a su dedicación, durante ya más de 160 años, a la formación integral y adiestramiento de los hijos de guardias civiles, inculcándoles los elevados valores morales, patrióticos y de servicio permanente a los ciudadanos que caracterizan a la Guardia Civil, que es el orgullo de todos los españoles.



 
Don Manuel Pardo de Vera, presidente de la RAHE
Miembros Junta directiva de la RAHE con Guardias Civiles en uniforme de gala
También, este mismo año, la ha concedido a la Asociación "Nuevo Futuro", cuya presidenta de Honor es la infanta Doña Pilar de Borbón, hermana de Juan Carlos I y tía del rey Felipe VI, en reconocimiento a su dedicación, durante 50 años, a la creación de hogares para niños y jóvenes, con el fin de que puedan disfrutar de una vida familiar, normalizada y estable, además de educarles en valores, propiciando su pleno desarrollo e integración social y laboral.



La Cruz al Mérito tiene por objeto premiar los méritos extraordinarios alcanzados por personas o instituciones en la promoción y desarrollo de actividades patrióticas, culturales o asistenciales, con un permanente espíritu de servicio a la Nación y a sus ciudadanos.



La concesión de este galardón, que no pueden ser concedidos a personas o instituciones que pertenezcan a la Real Asociación de Hidalgos de España, fue aprobada en última Asamblea General Ordinaria, y su entrega está prevista se realice en un acto a celebrar durante los próximos meses de octubre y noviembre.

martes, 18 de septiembre de 2018

Las Secretarías de Estado y del Despacho



Con el nombre de Secretarías de Estado y del Despacho se designó a los altos departamentos administrativos del siglo XVIII, herederos de las antiguos Consejos polisinodiales de los Austrias.

Con las reformas de Felipe V, el papel de los Consejos decae, a excepción del Consejo de Castilla, y es la Secretaría de Estado y del Despacho la institución que toma mayor preeminencia en la estructura gubernativa. Primero como Secretaría del Despacho Universal, desde 1705 desdoblada en dos y, desde 1714, en cinco.

Felipe V por retratado por Louis Michel van Loo
Las Secretarías de Estado y del Despacho nacen con la entronización de los Borbones en España, para sustituir el sistema administrativo de los Austrias, basado en los Consejos, como organismos colegiados de asesoramiento y gobierno, por otro más ágil encabezado por ministros o funcionarios, elegidos personalmente por el Rey, que los podía sustituir cuando lo considerase oportuno, y de reconocida experiencia en determinados ramos de la administración. Nace así la llamada "Vía Reservada"..Felipe V en 1714 establece cinco de estas Secretarías: Estado, Gracia y Justicia, Hacienda, Guerra, y Marina e Indias, que con diversas modificaciones en su clasificación y competencias se mantendrán a lo largo del siglo XVIII. 

Los Secretarios de Estado, entre las reformas borbónicas de Felipe V en 1714 y el final del reinado de Fernando VII, la Década Ominosa y del Antiguo Régimen en España en 1833, fueron el cargo institucional que ejercía las funciones directivas del poder ejecutivo por delegación directa y bajo la confianza del rey, quien no por ello dejaba de concentrar todos los poderes como rey absoluto. Su figura, dentro de una monarquía absoluta propia del Antiguo Régimen, era en cierta medida comparable a la que posteriormente representaría el Presidente del Consejo de Ministros (dentro de un régimen liberal en el que se introdujo la división de poderes y la limitación de los poderes regios propia de una monarquía constitucional); y, más adelante, el Presidente del Gobierno en la actual monarquía parlamentaria desde la Constitución de 1978.

En alguna ocasión, los Secretarios de Estado son mal llamados Primeros Ministros, Ministros de Estado, o Ministros Plenipotenciarios. En cualquier caso, su función es la misma y pueden considerarse continuación histórica de la labor de algunos cargos institucionales de las monarquías de los Trastámaras y Austrias desde el siglo XV: los secretarios y los validos.

Durante el reinado de Carlos III se introdujo la novedad del despacho colectivo (desde 1763), especie de consejo de secretarios que se reunía semanalmente para discutir todos los asuntos. Esta medida se reforzó con la creación, por el conde de Floridablanca, de la Junta Suprema de Estado (1787), reunión institucionalizada de todos los secretarios para deliberar sobre los asuntos que superaban el ámbito de cada secretaría. También, a él se debió la organización del sistema en siete secretarías: Estado, Guerra, Hacienda, Marina, Gracia y Justicia de España, Gracia y Justicia de Indias, y Guerra, Comercio y Navegación de Indias.

La organización del poder ejecutivo culminó en el siglo XIX cuando las secretarías de Estado dieron paso a los ministerios, reunidos en el Consejo de Ministros o gabinete, dirigido por un presidente del Consejo (o jefe de gobierno).

domingo, 16 de septiembre de 2018

Gonzalo Gómez de Espinosa. Navegante que acompañó a Magallanes y Elcano


Participó en la expedición de Magallanes y llegó a las Molucas al mando de la nao Trinidad. Mientras Elcano completaba la primera vuelta al mundo. Intentó llegar hasta América cruzando el Pacífico, pero fracasó en su intento después de un viaje desafortunado y fue apresado por los portugueses.


Gonzalo Gómez de Espinosa nació en Espinosa de los Monteros (Burgos) hacia 1479 y murió, probablemente, en Sevilla hacia 1530. Burgalés e hidalgo, según el cronista Fernández de Oviedo, debió de estar relacionado con el obispo de Burgos, que intervino seguramente en su nombramiento como alguacil mayor de la armada de Magallanes. Se le encargó reclutar tripulantes en Málaga y embarcó en la nao (nave de alto francobordo, que dominó los mares desde mediados del siglo XIV hasta las postrimerías del XVI) capitana Trinidad en 1519, al mando de Magallanes, en servicio de Carlos V.

Hernando de Magallanes
Ayudó decisivamente a Magallanes a reprimir el motín del puerto de San Julián, fraguado por Juan de Cartagena y Gaspar de Quesada. El capitán general envió a Gómez de Espinosa a la nao rebelde Victoria con seis hombres y armas ocultas, pretextando llevar su respuesta a Luis de Mendoza. Los enviados subieron a bordo de la nao y entregaron la carta de Magallanes a Mendoza, que éste no pudo terminar de leer ya que Gómez de Espinosa le asestó una puñalada en la garganta, mientras otro de sus acompañantes le daba una cuchillada mortal en la cabeza. Se produjo entonces un gran estupor y al momento aparecieron por la borda los hombres armados que Magallanes había enviado con Duarte de Barbosa. Se apoderan de la nave en unos minutos y levaron anclas para situarla junto a la Trinidad y la Santiago, lo que abortó el motín.

Gómez de Espinosa estuvo también junto a Magallanes en el combate de Mactán, pero logró salir con vida. Huyó de Cebú al mando de la Victoria, mientras Lope de Carvalho hacía lo propio con la Trinidad y Juan Sebastián Elcano con la Concepción. Tras la destitución del general Carvalho, asumió el mando de la Trinidad a la par que Elcano lo hizo de la Victoria; la Concepción fue quemada. Así llegaron a las Molucas, negociaron con los naturales de Tidore, cargaron sus naves con las especies y dispusieron el regreso a España. A poco de zarpar advirtieron que la Trinidad hacía mucha agua, por lo que Elcano y Gómez de Espinosa tomaron la decisión de que el primero siguiera a España con la Victoria, completando la vuelta al mundo, mientras que el segundo lo haría con dirección a América en la Trinidad después de ser arreglada convenientemente.


Tras tres meses de reparaciones, Gómez de Espinosa partió de Tidore el 6 de abril de 1522 con la Trinidad, al mando de cincuenta y cuatro hombres y con mil quinientos quintales de clavo a bordo. Navegó con rumbo hacia Panamá, calculando que llegarían navegando unas dos mil leguas, pero durante el viaje sufrieron numerosas vicisitudes, perdiendo una treintena de los hombres que iban a bordo –el escorbuto y la disentería hacían estragos– y pertrechos, sufriendo su nave numerosos daños. Así, tras separarse de Magallanes y Elcano, e intentar llegar a México sin éxito, decidieron tomar la penosa decisión de volver a las Molucas.

Gómez de Espinosa, inexperto como marino pero audaz, descubre las islas Palaos y las llama San Antonio y San Juan; poco después las Marianas (de los Ladrones) y, para más abundamiento, Gonzalo de Vigo, uno de los embarcados en aquel viaje tan lleno de contratiempos, logra desplazarse de isla en isla hasta alcanzar Guam, que incorpora a la Corona española.


Para entonces los portugueses, que han conquistado Tidore (en las Malucas) allá por mayo, han apresado a la exigua tropa que Gómez de Espinosa había dejado en aquellas latitudes de manera más testimonial que otra cosa. Cuando, exhausto, toca tierra tras varios meses de deambular sin rumbo cierto en su intento de llegar a México, él y los otros 16 supervivientes son llevados presos al fuerte de Ternate, levantado desde el 24 junio por el capitán Antonio de Brito, que se apodera de todos sus instrumentos y mapas y los obliga a trabajar en la construcción del mismo en condiciones inhumanas.

Espinosa encontró en la prisión de Ternate a los otros prisioneros españoles que habían quedado en las Molucas. Brito cometió la villanía de obligarles a trabajar como forzados, y durante cuatro meses, en las obras de construcción de la fortaleza de Ternate, empleándolos luego en otras labores aun más duras. Tras cinco meses de prisión, los españoles fueron llevados a Banda, donde permanecieron encarcelados otros cuatro meses. Desde allí fueron trasladados a Java y luego a Malaca, siendo entregados al gobernador Jorge de Alburquerque. Finalmente fueron conducidos a Cochín, donde los ocho supervivientes permanecieron algún tiempo. Tres de ellos, Gonzalo Gómez de Espinosa, Ginés de Mafra y el maestre Ance, terminaron sus desventuras en la cárcel del Limonero en Lisboa, en la que murió el último de ellos. El rey Carlos I logró rescatar los otros dos, que volvieron finalmente a España.

Gonzalo Gómez de Espinosa y Ginés de Mafra prestaron declaración de los sucesos en Valladolid el mes de agosto de 1527. Fernández de Oviedo afirma que habló con Gómez de Espinosa en 1528, cuando Carlos I “le hizo mercedes y le concedió un privilegio de muy nobles armas, que yo he visto originalmente”. El rey otorgó efectivamente a Espinosa una pensión de 300 ducados y al año siguiente (1529) le nombró visitador y capitán de las naos de las Indias. Residía entonces en Sevilla, donde le había conocido el cronista Fernández de Oviedo.

Para saber más: Gonzalo Gómez de Espinosa en la expedición de Magallanes : [discurso leído en el acto de su solemne recepción... (1958) - Miguel Ojeda, Gonzalo 

El triste fin de todos los navegantes de la Trinidad fue en realidad consecuencia de no haber podido encontrar la ruta para volver desde Filipinas hasta América, cosa que hallaría medio siglo después Andrés de Urdaneta (la corriente de Kuro-Shivo).



Nota. Juan Sebastián Elcano llegará a Sanlúcar un 6 de septiembre de 1522, completando la primeravuelta al mundo. Aun a pesar del desastre (cuatro naves y 234 hombres perdidos), las 25 toneladas de especias de clavo y canela estibadas permiten pagar toda la expedición con beneficios más que tangibles. Los intangibles, la gloria y la fama imperecedera que en puridad debería de compartir el mentor de aquella odisea, Fernando de Magallanes, muerto en combate en Las Molucas, quedarán impresas en los anales de la historia. 

Entre los 18 supervivientes que regresan (cuatro vascos, cuatro griegos, dos andaluces, dos portugueses, dos italianos, un cántabro, un gallego, un extremeño y un alemán) estaría el gran cronista italiano Antonio Pigafetta, que dejará constancia de aquel colosal esfuerzo por darle a la tierra algo más de sentido que su mera redondez; la grandeza del hombre ante adversidades incalculables superaría todo lo imaginable. Elcano fallecería en agosto de 1526 durante la expedición de García Jofré de Lozoya a las Islas Molucas.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Diego de Ordás. Navegante y Conquistador. Descubridor del Orinoco



Militar, navegante, adelantado y explorador, Formó parte de las primeras exploraciones a Colombia y Panamá. Se unió a Hernán Cortés en la expedición que preparó para la Conquista de México.

Fue el primer europeo en ascender a la cima del volcán Popocatépetl.y remontar el rio Orinoco en la actual Venezuela. Además, conquistó la región comprendida entre el Marañón y Maracapana.

Diego de Ordás (u Ordáz), nació hacia el año 1480 en Castroverde de Campos, actual provincia de Zamora,  siendo hijo de Lope de Ordaz y de Inés Girón, todos hidalgos de solar conocido.  Diego casó con Inés del Barrio.

En 1509 sirvió de acompañante a Alonso de Ojeda en su viaje hacia Cartagena de Indias. Un año después, sin embargo, sirvió con el navegante y cartógrafo Juan de la Cosa y en 1515 arribó a Cuba donde sirvió a las órdenes de Diego Velázquez de Cuellar y formó parte de las primeras exploraciones a Colombia y Panamá, al mando de una carabela. Uno de los pocos oficiales no extremeño, se unió a Hernán Cortés en la expedición que este armó para la Conquista de México. El 25 de marzo de 1519, en la batalla de Centla, cerca del río Grijalva, en Tabasco, contra los guerreros mayas tuvo una importante participación y fue uno de quienes fueron reconocidos por la victoria obtenida.

Fue el primer europeo en ascender a la cima del volcán Popocatépetl en compañía de dos compañeros de armas y diez indígenas, causando una gran impresión entre los nativos que acompañaban la expedición de Cortés.

Cráter del volcán Popocatépetl
 Hernán Cortés mandó a Ordás a la cima del volcán con el objetivo principal de recoger azufre para fabricar pólvora, lo cual hizo en medio de la admiración de los indígenas que, atemorizados por el ruido y las llamas que salían del cráter, se negaron a continuar subiendo. Ordás se convirtió de esta manera en el primer español en ascender al volcán, hecho que le ganó el respeto del Rey de España quien, en pago a los servicios prestados, ya de vuelta en la Península, le concedió una capitulación para emprender la conquista de nuevos territorios. Por tal hazaña y méritos militares, el emperador Carlos V le otorgó mediante decreto expedido el 22 de octubre de 1525,3 el derecho de poseer un escudo de armas con un rey coronado sobre campo de gules, en representación del rey vencido por él Cuazacoulo, y una vista del volcán de donde salen grandes llamas, en campo de sinople. Así lo cuenta Bernal Díaz del Castillo:

El volcán que está junto a Guaxocingo echaba en aquella sazón mucho fuego, de lo cual nuestro capitán Cortés y todos nosotros nos admiramos de ello y un capitán de los nuestros que se decía Diego de Ordás tomóle codicia de ir a ver qué cosa era (...) y después de bien visto muy gozoso el Ordás volvió con sus compañeros (...) y cuando fue Diego de Ordás a Castilla lo demandó por armas (quiso incluir el volcán en su escudo de armas) a su majestad, e así las tiene ahora un su sobrino que vive en la Puebla

 
Participó en la conquista de la Gran Tenochtitlan con el grado de capitán. En la noche de la derrota española, llamada la Noche Triste, fue herido por los guerreros aztecas. Después de la victoria española exploró las tierras de Oaxaca y Veracruz, y navegó por el río Coatzacoalcos.

No era buen jinete, tartamudeaba al hablar, aunque era bueno en el arte epistolar. Fue enviado por Cortés a España, en 1520, para presentar en la corte española la narración de la conquista del Imperio azteca y tratar de obtener para Cortés el nombramiento de Gobernador y Capitán General de la Nueva España.

Regresó a México (Nueva España) alrededor de 1525. En agosto de 1529 se le concedió la propiedad del Peñón de los Baños, tierras ubicadas dentro de los límites de la ciudad de México.

Regresó a España, siendo el único conquistador de la Nueva España que asistió a la segunda boda de Hernán Cortés, celebrada en Béjar en 1529. Solicitó el derecho de explorar las tierras del mítico El Dorado, que se creía se encontraba tierra adentro de lo que hoy es Venezuela; obtuvo el permiso y se embarcó rumbo a América. El rey Carlos I premió a Ordás con el título de Regidor de la Villa de Segura, de la Frontera y le  nombró Caballero de Santiago, por sus grandes servicios prestados a la Corona.

Así, Ordás reclutó unos quinientos hombres en Sevilla, con los que zarpó de Sanlúcar el 20 de octubre de 1530; una vez llegado a América, con intenciones de hallar El Dorado, arribó con sus hombres hasta la zona comprendida entre el Caribe y el Amazonas y luego remontó el río Orinoco hasta su confluencia con su afluente, el Meta, actualmente en la frontera de Venezuela y Colombia. Se atribuye a Diego de Ordaz la fundación en 1532 de ciudad de Santo Tome de Guayana, cerca de la desembocadura del río Caroní con el Orinoco, próxima a donde se encuentra hoy la actual ciudad de Puerto Ordaz.

Delta del Orinoco
En 1531 llega al poblado indígena de Uyapari (actual Barrancas) para explorar el río Orinoco y apoderarse de todas las tierras situadas a orillas del mismo, y es su ambición de poder y desenfrenada búsqueda de oro la que ocasiona la desaparición de este poblado, aproximadamente en 1532, donde muchos indígenas murieron peleando contra los españoles y otros, aprovechando la oscuridad y el conocimiento del terreno, huyeron por temor de ser asesinados.

Finalmente abandonó la búsqueda de El Dorado y murió en alta mar en 1532, en un viaje de regreso a España, al decir de algunos, envenenado por su propia tripulación.

En año 1952, Venezuela fundó una ciudad planificada a orillas del Orinoco llamada Puerto Ordaz en honor a Diego de Ordás, siendo hoy en día una de las principales ciudades del país.



Diego de Ordaz fue uno de los personajes principales de el Jicoténcal, novela histórica publicada en Filadelfia en 1826 y atribuido al escritor español Félix Mejía .

viernes, 7 de septiembre de 2018

Alonso H(F)ernández Portocarrero. Conquistador del imperio Azteca; Cortés le entregó a “la Malinche” como regalo



Capitaneó uno de los once navíos que componían la expedición de Hernán Cortés a tierras mexicanas, la cual zarpó del puerto cubano de Trinidad el 18 de febrero de 1519. Participó en la exploración y conquista de México en compañía de Hernán Cortés, y recibió a “la Malinche” (doña Marina) como regalo.

Nacido en la localidad extremeña de Medellín, en la primera mitad del siglo XVI, era hijo del comendador Portocarrero y Doña Mencia de Céspedes, pariente del conde de Medellín. Obtuvo licencia para pasar a Indias el 19 de febrero de 1516 y estaba en Cuba en 1518, pasando como capitán* a la conquista de Méjico con Hernán Cortés en 1519. Al parecer este hidalgo no era una persona rica, pues Bernal Díaz del Castillo describió que Hernán Cortés tuvo que comprarle una yegua rucia (color pardo) en las inmediaciones del puerto de la Trinidad antes de zarpar de la isla de Cuba, y dio por ellla .unas lazadas de oro que traía en la ropa de terciopelo.

Cortés nombró como apitanes a Alonso de Ávila, Alonso Hernández Portocarrero, Diego de Ordás, Francisco de Montejo, Francisco de Morla, Francisco de Salceda, Juan de Escalante, Juan Velázquez de León, Cristóbal de Olid y un tal Escobar

Tras un breve enfrentamiento, el 15 de marzo, con los señores mayas de la región de Tabasco (en la península de Yucatán), éstos regalaron a Hernán Cortés veinte jóvenes indígenas, entre las que se hallaba la célebre Malinche (doña Marina)*, entregada a Hernández, que enseguida llamó la atención de los españoles por su belleza y apariencia noble, y que acompañó a Cortés a lo largo de la conquista del Imperio azteca, desempeñando la labor de intérprete con las poblaciones indias, ya que ella hablaba el idioma maya y el idioma náhuatl.

Hernán Cortés y la Malinche (doña Marina)
Junto con el también hidalgo Francisco de Montejo formó parte destacada del cabildo creado en la nueva ciudad denominada Villa Rica de la Vera Cruz.

El 26 de julio de 1519, comisionado por Cortés, quizá para “quitárselo de en medio” y “quedarse” con doña Marina, zarpó en una embarcación junto con el mismo Francisco de Montejo y el piloto mayor Antón de Alaminos con el Quinto del Rey y la primera carta de relación o carta del cabildo dirigida a Carlos I de España. El objetivo del viaje era también para que le defendiera en la Corte contra los ataques de Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba y enemigo de Cortés, debido a las pugnas entre ambos por conseguir el título de Adelantado para el territorio de la Nueva España. Llegaron a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) tres meses más tarde, pero el Obispo de Burgos Juan Rodríguez Fonseca, que favorecía abiertamente a Velázquez, mandó encarcelar a Alonso, que falleció poco después en prisión.

Nota: La siguiente Información está extraída de National Geographic


Malinalli, llamada la Malinche o Doña Marina; nació en Coatzacoalcos, actual Veracruz, c. 1500 - Ciudad de México, c. 1527) Indígena mesoamericana. Intérprete y compañera de Hernán Cortés, que desempeñó un importante papel en el proceso de conquista de México.


En marzo de 1519, Hernán Cortés estaba dando los primeros pasos en la campaña de conquista de México. Se encontraba en la costa de Tabasco, poblada por los mayas. Tras librar una batalla en Centla, los caciques locales acudieron una mañana al campamento español para agasajar a Cortés con numerosos regalos de oro, mantas y alimentos. Le llevaban también veinte doncellas, entre las que se encontraba una llamada Malinalli Tenépatl, llamada Malinche o Malintzin, doña Marina para los españoles, que sería una colaboradora decisiva en sus operaciones contra los aztecas.

La entrega de estas jóvenes hay que entenderla dentro de las costumbres de los aztecas. Éstos solían viajar acompañados por mujeres que les cocinaran, y al ver que los españoles carecían de ellas decidieron ofrecerles algunas jóvenes destinadas también al servicio doméstico, aunque era fácil que se convirtieran asimismo en concubinas. Antes de aceptarlas, Cortés ordenó que fueran bautizadas, tras lo cual, Cortés repartió a las «primeras cristianas» entre sus capitanes. A doña Marina la entregó a un pariente lejano suyo, Alonso Hernández Portocarrero.

Desde Potonchán, Cortés se embarcó hacia San Juan de Ulúa, adonde llegó tras cinco días de navegación. Era un Viernes Santo, y mientras organizaban el campamento llegaron los embajadores de Moctezuma para averiguar qué querían aquellos viajeros. Cortés llamó a Jerónimo de Aguilar, un español que sabía maya por haber pasado varios años en el Yucatán, tras salvarse de un naufragio. Pero Aguilar no entendía el idioma de los mexicanos, el náhuatl. Fue en ese momento cuando se descubrió que Marina hablaba esa lengua, que era la de sus padres, además del maya, idioma de sus amos en Potonchán, por lo que hizo de intérprete. Cortés hablaba a Aguilar y Aguilar a la india y la india a los indios. Este sistema de traducción fue decisivo para el avance conquistador de Cortés, no sólo porque le permitió comunicarse con los indígenas, sino también porque así conoció la situación interna de cada grupo y pudo ganarse su lealtad frente al enemigo común, Moctezuma.
 
A partir de entonces la situación de Marina cambió radicalmente. En San Juan de Ulúa, al enterarse de los conocimientos de la cautiva, Cortés «le dijo que fuese fiel intérprete, que él le haría grandes mercedes y la casaría y le daría libertad». No sabemos si Marina, a sus 19 años, era tan «hermosa como una diosa», como afirmó más tarde un cronista, ya que los retratos de la época son simples esbozos. En todo caso, Cortés no tardó en hacerla su amante («se echó carnalmente con Marina», dice una crónica). Quizá para facilitar las cosas, Cortés dispuso que Portocarrero, a quien había entregado a Marina, volviera a España para llevar una carta al rey.

El papel de la amante de Cortés como intérprete fue a menudo decisivo. En Cholula salvó a los españoles de una muerte segura al revelarles un complot de los indios, que una mujer del lugar le había confesado. En Tenochtitlán hizo posibles las conversaciones entre Moctezuma y Cortés, en las que Marina debía traducir los complicados discursos del español sobre los fundamentos del cristianismo y el vasallaje que los indios debían a Carlos V.


Durante la Noche Triste (la huida in extremis de los españoles ante el acoso azteca), doña Marina iba en la retaguardia; una vez se hubo salvado, una de las primeras preocupaciones de Cortés fue conocer el estado de los intérpretes, «y holgó de que no se hubiesen perdido Jerónimo de Aguilar ni Marina». Igualmente, en la campaña final sobre Tenochtitlán, la labor de Marina resultó decisiva para recabar el apoyo masivo de los indígenas enemigos de los aztecas y, luego, para transmitir sin ambages las más duras exigencias de los españoles contra los vencidos: «Tenéis que presentar doscientas piezas de oro de este tamaño», les dijo a los habitantes de Tenochtitlán mientras dibujaba un gran círculo con sus manos.


 Tras la conquista de la capital azteca, Cortés se instaló en Coyoacán, una localidad cercana. Marina siguió junto a él y en 1522 tuvieron un hijo al que llamaron Martín, en honor al padre del conquistador. Pero entretanto había llegado a México, desde Cuba, la esposa de Cortés, Catalina Suárez,y éste decidió buscarle un nuevo acomodo a su concubina. Organizó su boda con otro conquistador, un hidalgo llamado Juan Jaramillo, que era procurador en el ayuntamiento de Ciudad de México, del que llegaría a ser alcalde dos años después; Doña Marina era rica, pues Cortés le había dado una buena dote de pueblos cuando la casó.

El cronista López de Gómara asegura que Jaramillo se casó bebido y que la boda fue mal vista por los hombres de Cortés, porque Marina era india, madre soltera y había estado con dos españoles. Pero con este enlace, Hernán Cortés cumplía la promesa de libertad que había hecho a Marina al inicio de la conquista, pagaba sus servicios otorgándole las encomiendas de Huilotlán y Tetiquipac –que por herencia le correspondían– y le proporcionaba una excelente posición social.

En 1523, durante un viaje por México y Honduras para reprimir la revuelta organizada por su capitán Cristóbal de Olid, Cortés pasó por Coatzacoalcos, la localidad natal de Marina. El conquistador convocó a los caciques para explicarles, a través de Marina, a quién debían su fidelidad. Entre ellos estaban los familiares de la intérprete, su madre y su hermano, bautizados como Marta y Lázaro. Recordando que la habían vendido como esclava, «tuvieron miedo de ella, porque creyeron que los enviaba a llamar para matarlos». Sin embargo, doña Marina les consoló, les perdonó y «les dio muchas joyas de oro y ropa».

Malinche, fue «la llave que abrió México». Al término de la expedición hondureña, los caminos del conquistador y de la joven intérprete se separaron. Durante el regreso a México, Marina dio a luz a una niña a la que llamaron María. Se instaló junto a su esposo en Ciudad de México, pero no pudo conservar a su hijo Martín, que quedó al cuidado de Juan Altamirano, primo de Cortés. Desde este momento prácticamente se pierde su pista y no se sabe la fecha de su muerte (aunque debió de ser antes de 1529), ni la causa. Su legado, sin embargo, sería duradero. Gracias a su conocimiento de las lenguas indígenas, de la geografía y de la situación política del país, doña Marina logró que la conquista de México fuera menos cruenta y más rápida y exitosa de lo que hubiera sido sin ella.