martes, 28 de julio de 2020

RAMHG. Volumen nº XXII de Anales



La Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía (RAMHG) publica el volumen XXII de Anales, entre otros, con un interesante artículo de David Huidobro Sanz sobre Pedro Sáinz de Baranda y Gorriti, un familiar, pero desconocido, alcalde de Madrid.



La RAMHG proporciona a sus miembros y a cualquier interesado distintos materiales escritos y audiovisuales, tanto elaborados en el seno de la institución, como fuera de ella con la autoría o participación de sus miembros, con la intención de que puedan resultar de interés durante estas singulares circunstancias.


Con esta finalidad en su web adelanta la publicación en línea del nuevo número de los Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, correspondiente al volumen nº XXII, de laño 2019, volumen cuya edición en formato papel no estará disponible hasta el próximo mes de septiembre.

La publicación, que cuenta con 473 páginas, se pondrá a la venta al precio de 25,00 €.

Uno de sus artículos es de la autoría de David Huidobro. Un estudio detallado de la figura de Pedro Saínz de Baranda y Gorriti, quién en las primeras décadas del siglo XIX estuvo, en distintos periodos, incluyendo la Guerra de la Independencia, al frente del ayuntamiento de la villa de Madrid. Igualmente, trata su genealogía, de probada hidalguía, con varios familiares vinculados al ejercicio del comercio, para entender cómo todo esto influyó en el personaje.

viernes, 24 de julio de 2020

Luis de Zúñiga y Requeséns. Embajador en Roma, capitán general de Milán, gobernador de los Países Bajos con Felipe II. Tutor de don Juan de Austria



Educado junto a Felipe II, fue el hombre de confianza del Rey que tuteló a don Juan de Austria en la batalla de Lepanto. 

Sustituyó al duque de Alba, como gobernador los Países Bajos, con el encargo de sustituir la postura intransigente adoptada por su predecesor en la represión de la insurrección protestante por una política de conciliación más acorde con las posibilidades reales de la Monarquía. Requeséns decretó una amnistía y abolió el Tribunal de la Sangre, pero no consiguió reunir los Estados Generales ni hacer desistir de su rebeldía a Guillermo de Orange.

Luís de Requeséns (Lepanto y Flandes)
El emperador Carlos V y Felipe II

Luis de Requeséns y Zúñiga, después de cambiar los apellidos*; nació en la casa de sus padres, el antiguo Palacio Real Menor de los Reyes de Aragón, llamado el Palacio de la Reina o El Palau, en la ciudad de Barcelona, en agosto de 1528. Era hijo de don Juan de Zúñiga-Avellaneda y Velasco, noble castellano pero de origen navarro, ayo del príncipe Felipe (el futuro Felipe II) y de doña Estefanía de Requesens; en consecuencia, Luis se introdujo en la corte de Carlos I como paje y amigo del futuro rey. Casado con Jerónima Esterlich y Gralla, hija don Francisco Gralla y Desplá y doña Guiomar de Estalrich, que por no tener hijo varón sus padres, había de heredar toda su herencia, que era mucha. De este matrimonio tuvo dos hijas y un hijo, que siguió sus pasos.

*En las capitulaciones matrimoniales de sus padres se especificaba que debía utilizar en primer lugar el apellido materno de doña Estefanía de Requesens, hija del conde de Palamós, señora de la villa de Molins de Rey, de la Villa y baronía de Martorell y de los lugares de San Esteban de Sasroviras, Castellbisbal y Castellví de Rosanes, en lugar del apellido de su padre, Juan de Zúñiga (1488-1546), segundo hijo del Conde de Miranda y de Catalina de Velasco y Mendoza, para respetar y perpetuar el apellido materno, que estaba emparentado con la noble Casa de Cardona.  

Escudo de Juan Zúñiga-Avellaneda (Valladolid)
El Emperador Carlos V le concedió la Encomienda Mayor de Castilla, ostentada por su padre hasta su muerte en 1546, y fue nombrado caballero de la Orden de Santiago, sucediendo a su padre, antes de cumplir los 20 años. A petición de Carlos V, esta orden militar armó, en 1522, cuatro galeras para combatir a los turcos en el Mediterráneo, con Requeséns como su capitán general.

Acompañó al Príncipe Felipe en su casamiento (1543) con Doña María de Portugal; y habiendo muerto ésta de sobreparto, el 12 de julio de 1545, asistió a Don Felipe en su retiro en el Monasterio del Abrojos. Fue consejero privado de Felipe II para asuntos relacionados con el territorio catalano-aragonés. En 1563 se ganó la confianza del monarca, que lo envió como embajador a Roma, donde logró contrarrestar la influencia francesa sobre la Santa Sede, haciendo elegir al dominico Antonio Michele Ghiselieri como Papa, con el nombre de Pío V, en 1566, que sería el impulsor de la Santa Liga contra el Turco.

Grabado. Roma en el siglo XVI
Unos años más tarde ocupó el cargo de teniente general en el ejército de don Juan de Austria, participando en las luchas contra los piratas berberiscos (1568) para impedir los saqueos que los hermanos Barbarroja realizaban hasta entonces impunemente a las costas del Levante español e islas de Baleares, y contra la sublevación de los moriscos del reino de Granada (1569-70), utilizando parte de los Tercios de Italia; en octubre de 1571 le acompañó en la batalla de Lepanto, encargado por Felipe II de vigilar a su joven hermanastro, que estaba al mando de la escuadra (por la influencia de Requesens quedaron en Barcelona el Santo Cristo de Lepanto, venerado durante siglos en la catedral, y los estandartes que fueron depositados en la capilla del palacio de su familia.). A su regreso victorioso fue nombrado gobernador general de Milán, donde tuvo unos duros enfrentamientos con el cardenal Carlos Borromeo, que le costaron una excomunión temporal.

Para muchos historiadores, Luis de Requesens estuvo detrás de las decisiones estratégicas que marcaron el éxito del bando cristiano en la batalla de Lepanto. Entre ellas, la orden de repartir a la infantería hispánica entre los barcos venecianos que iban vacíos de soldados armados o de conceder el protagonismo a los arcabuceros, los cuales se mostraron determinantes durante la contienda. Según las instrucciones del Rey, el noble catalán debía ejercer de segundo jefe de la Armada y como tutor de Juan de Austria «por su prudencia, buen juicio, virtudes diplomáticas, experiencia marinera en este mar y una respetada condición nobiliar». Además, era una de las tres personas, junto a don Álvaro de Bazán y don Juan Andrea Doria, que tenían que prestar su consentimiento a la posible decisión de presentar el combate.

Luís de Requesens
Fue gobernador de los Países Bajos entre 1573 y 1576, en sustitución del duque de Alba, durante la revuelta holandesa conocida como la Guerra de los Ocho Años. Llegó a Bruselas en noviembre de 1573 con la intención de iniciar una política de conciliación con los insurrectos holandeses. Sus primeras medidas consistieron en una amnistía general y en la abolición de los impuestos sobre las ventas.

También intentó convocar los Estados Generales para negociar con los rebeldes. Pero Felipe II se negó a cambiar lo esencial de la política española en los Países Bajos, por lo que las negociaciones fracasaron; tampoco los holandeses tenían intención de llegar a un acuerdo, pues lo que perseguían no era otra cosa que la independencia. A Requesens no le quedó entonces más remedio que recurrir al ejército, como había hecho su antecesor, pero fracasó en los sitios de Leiden y Middelburg y vio cómo los tercios se amotinaban por no recibir su paga al estar quebrada la Hacienda  Castellana, y arrasaban Amberes (1576).

En 1574 los tercios españoles se enfrentaron a los insurrectos en la batalla de Mook, en el valle del Mosa, bajo el mando directo del abulense Sancho Dávila en la que los holandeses sufrieron una cruenta derrota. Fue aniquilada la mayor parte de su ejército: más de 5.000 soldados de infantería y unos 1.500 de caballería perecieron en el campo de batalla o ahogados en las aguas del Mosa. Los españoles lograron tomar un total de treinta y siete banderas. Entre los muertos que no pudieron ser reconocidos se contaban Luis de Nassau y su hermano Enrique (a su vez hermanos de Guillermo de Orange), así como el conde Cristóbal del Palatinado, que acudió en ayuda de los rebeldes. Por parte española las bajas fueron mínimas: al parecer sólo murieron unas pocas decenas de hombres y poco más de un centenar resultó herido.

Batalla de Mook (1574)
La Pacificación de Gante firmada entre católicos y calvinistas anunciaba una posible solución; pero la repentina muerte de Requeséns en Bruselas, en marzo de 1576, le impidió culminar la empresa, sustituyéndole como gobernador casi dos años más tarde el hermanastro de Felipe II, Juan de Austria. Su cuerpo fue trasladado a su ciudad natal, siendo enterrado en el panteón familiar de la capilla anexa al Palau.

Para saber más:

sábado, 18 de julio de 2020

Gonzalo Fernández de Oviedo. Historiador; Cronista oficial de Indias



Militar, escritor prolífico, cronista y colonizador. Capitán de los ejércitos del emperador Carlos V, alcaide de la Fortaleza de Santo Domingo y La Española. Asistió a sucesos y conoció figuras que transformarían la historia de España. En 1497 marchó a Italia, donde desempeñó diversos oficios, a través de los cuales conoció a artistas como Leonardo y Miguel Ángel.

Nombrado por el emperador Carlos V primer cronista de las Indias recién descubiertas. Escribió una de las Historias de Indias más importantes, y sus perspectivas de historiador fueron frecuentemente opuestas a las de fray Bartolomé de las Casas.

La obra de de las Casas no es más que una breve denuncia mientras que la de Oviedo supone un enorme compendio de historia natural americana. Se comprueba que la repercusión de la obra de de las Casas ha sido magnificada por los oponentes a la corona española (como parte de la Leyenda Negra), mientras que la de Oviedo es ignorada en cualquier libro educativo, incluso en España.

 
La biografía de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés se encuentra dispersa en su obra Quincuagenas y sus Batallas y Quincuagenas, así como en su Historia de las Indias. Era hijo de Miguel de Sobrepeña y de Juana de Oviedo y nació en Madrid en agosto de 1478, aunque era de origen asturiano. “Sus progenitores eran naturales del Principado de Asturias de Oviedo, procreados en un pequeño pueblo que se dice Borondés, de la feligresía de San Miguel de Báscones y Concejo de Grado, notables hijosdalgos y de nobles solares"

Educado en la casa de un discípulo apasionado por las humanidades de Pietro Martine d'Anghiera, Alonso de Aragón, segundo duque de Villahermosa, estuvo  hasta los trece años a su servicio. Fue luego mozo de cámara del hijo de los Reyes Católicos don Juan, para quien escribió El libro de la Cámara real del Príncipe don Juan. Presenció la rendición de Granada en 1492 y el regreso de Cristóbal Colón, en Barcelona, tras su primer viaje, y conoció a los hijos del descubridor, que eran pajes del príncipe. Muerto el príncipe don Juan (1497), Gonzalo marchó a Italia, en donde conoció a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, que acababa de conquistar Tarento y había hecho prisionero al Duque de Calabria. En Roma, sirvió al cardenal Juan de Borja y luego, en Nápoles, al rey Fadrique y a la reina Juana, viuda de Fernando II de aquel reino.

En 1498 estuvo en Milán al servicio de Ludovico Sforza “el Moro”, y conoció a Leonardo da Vinci. En la Mantua del pintor Andrea Mantegna entró a servir a Juan de Borja y Castro o Borgia, a quien acompañó por diversas ciudades de Italia.

Volvió a España, en 1502, con el Duque de Calabria y, en 1506, se casó con Margarita de Vergara, que murió pronto, y fue nombrado notario público y secretario del Consejo de la Santa Inquisición; en 1506 se casó nuevamente, en esta ocasión con Catalina Rivafecha, y trabajó hasta 1511 como notario público de Madrid.
 
En 1512 ejerció de secretario del Gran Capitán por poco tiempo, ya que en 1513 parte a las Indias, en la expedición de Pedrarias Dávila al Darién, gobernador de Castilla del Oro como "veedor de la fundición del oro" y escribano real. Al regreso de América marchó a Flandes y posteriormente se dirigió al reino de Nápoles. En 1520, nombrado gobernador del Darién, marchó de nuevo a América; en 1523 regresó a España con Diego Colón. Fernández de Oviedo estuvo además en Santo Domingo en 1532 y 1536. Nombrado en 1549 regidor perpetuo tras haber sido alcalde, permaneció allí hasta el mes de junio de 1556, y por su sentido de la justicia fue apreciado por los indígenas.


 De nuevo en España, hizo imprimir el vigésimo libro de su Historia, primero de la segunda parte, y no mucho después murió en Valladolid,* en 1557, , que tenía intención de completar ulteriormente con una cuarta parte enriquecida con la documentación de hechos a los cuales atribuía valor de experiencia directa y personal. Esta magna obra se editó completa entre 1851 y 1855 en cuatro volúmenes al cuidado de José Amador de los Ríos y encargados por la Academia de la Historia.


Fue el primer historiador que de forma sistemática informó y publicó libros no solo sobre los hechos de los españoles en América, desde el primer viaje de Colón en 1492, hasta la sublevación de los Pizarro en Perú, en 1549, sino también el primero que comenzó la descripción física, botánica, zoológica y etnográfica del continente.

Su pertenencia a la Casa Real o su condición de hidalgo le valieron a la hora de presentar su obra como investida de una autoridad superior a la de otras personas que también escribían sobre el Nuevo Mundo.

Su obra más famosa fue Historia general y natural de las Indias, Islas y Tierra-firme del mar Océano, en la que describe el descubrimiento y la colonización de las Indias americanas desde la óptica de un minucioso observador de la naturaleza y las costumbres del Nuevo Mundo. En sus memorandos se reveló como un firme defensor de los conquistadores y un encarnizado enemigo de los indígenas. También fue autor, entre otras, de la novela de caballerías Don Claribalte (1519), y de las Quincuagenas de la nobleza de España (1555), que constituyeron un fiel informe sobre la nobleza.


Permaneció veintidós años en la América recién descubierta, diez veces atravesó el mar. Tras ocupar diversos cargos fue nombrado Cronista de Indias en 1532, lo que le permitió acumular una gran información de primera mano. Es conocida su polémica con Las Casas, que le acusará de “infamador, temerario, falso, embaydor, inhumano, hipócrita, ladrón, malvado, blasfemo y mentiroso”.


El gran valor de su obra es la imagen global, de conjunto y no fragmentaria, que nos ofrece de la naturaleza americana. Escritor y escribano nato, dotado del don de la observación, siempre escribió sobre lo que había visto. Carecía de formación académica, quizá afortunadamente. Naturalista vocacional y por instinto, sus descripciones son directas, espontáneas y detalladas. Fue así historiador, naturalista y etnólogo. Su obra dio a conocer a los asombrados europeos una naturaleza desconocida. Estudia admirablemente por primera vez muchas especies, que describe rigurosamente cuando aún no existían métodos científicos de descripción. Su “Historia general y natural de las Indias” no se editó completa hasta mediados del siglo XIX y constituye una amplia enciclopedia indiana 


Fernández de Oviedo: selección de obras

martes, 14 de julio de 2020

Andrés Pérez de Herrasti y Pulgar. General; héroe de Ciudad Rodrigo



La Guerra de la Independencia marcó el destino de Herrasti, le convirtió en un personaje para la historia (hoy, algo olvidado) y le ofreció la oportunidad de demostrar su pundonor de militar hasta el límite de sus fuerzas y de su deber.

Retrato de Pérez de Herrasti en el Ayuntamiento de C.R.
Andrés Víctor José Miguel Pérez de Herrasti Viedma Aróstegui y Pérez del Pulgar Fernández de Córdoba, nació en Granada el 6 de marzo de 1750 y era hijo de don Juan Francisco (poseedor del mayorazgo de Padul/Granada) y de doña Ángela María, casados en 1747, descendiente de dos de las más ilustres y principales familias de la aristocracia andaluza.  Por vía paterna, entre sus más remotos antepasados se encontraba Domingo Pérez de Herrasti –perteneciente a la antiquísima casa de Herrasti en Azcoitia (Guipúzcoa)– que fue uno de los caballeros que acompañaron a los Reyes Católicos en la conquista de Granada, obteniendo como premio un señorío en esas tierras: el del pueblo y campos de Baralaira, que recibirían el nuevo nombre de Señorío de Domingo Pérez y que se convertirían en su nuevo hogar. Por vía materna, descendía también de otro capitán de los Reyes Católicos, el afamado Hernán Pérez del Pulgar, conocido como “el de las Grandes Hazañas”.

Armas grandes de Pérez de Herrasti
Andrés ingresó en el ejército en el año de 1762, a la temprana edad de doce años, como cadete del Regimiento Provincial de Granada. Dos años después entró como cadete en el Regimiento de Reales Guardias Españolas, unidad en el seno de la cual pasaría por todos los empleos y grados que consignamos a continuación: Alférez (1776), Alférez de Granaderos (1777), 2º Teniente de Fusileros (1779), 2º Teniente de Granaderos (1783), 1er Teniente de Fusileros (1785), 1er Teniente de Granaderos (1791), Coronel (1791), Capitán (1793), Brigadier (1795) y Mariscal de Campo (1809). En su hoja de servicios aparece un escueto informe sobre su persona: «Valor, acreditado; aplicación, bastante; capacidad, bastante; conducta, buena; estado, casado. Este oficial está en estado de continuar, es casado, bizarro y a propósito para el mando». Siempre en tan alta estima, Herrasti sirvió en el ejército español durante 52 años, hasta su muerte, que le sobrevino en 1818, ostentando el grado de Teniente General y el empleo de Gobernador Civil y Militar de Barcelona, honores concedidos en el año 1814, tras su vuelta del cautiverio en Francia.

Herrasti participó, además, en las principales campañas y en algunas de las más memorables acciones llevadas a cabo durante los años anteriores a la Guerra de la Independencia. En el año 1775 participó en la expedición que Carlos III envió a Argel en contra de las tropas del emperador de Marruecos y de los piratas que operaban desde ese puerto, operación que terminó en un desastre para los españoles, con más de 1.500 muertos y unos 3.000 heridos, entre ellos él mismo, en el bloqueo y sitio de Gibraltar desde el primero de septiembre de 1779 hasta que se concluyó sin éxito; en el sitio de Orán desde el 28 de mayo de 1791 hasta su evacuación y abandono; en la guerra contra Francia, entrando en el Rosellón con las primeras tropas en abril de 1793 y cayendo prisionero en mayo del año siguiente, durante la precipitada retirada española ante el ataque del general Dugommier; en la Guerra de las Naranjas contra Portugal, tomando parte muy primordial en la ocupación del lugar de Jarde, en la toma de la plaza de Villaviciosa y en otras muchas acciones.

Pero fue la Guerra de la Independencia la que marcó el triste destino de Herrasti, le convirtió en un personaje para la historia y le ofreció la oportunidad de demostrar su pundonor de militar hasta el límite de sus fuerzas y de su deber. El 17 de marzo de 1808, el por entonces brigadier Pérez de Herrasti, en ese momento destinado al frente del 1er Batallón del Regimiento de Reales Guardias Españolas –que se encontraba acantonado en Vicálvaro– recibió la orden del coronel del Regimiento, el duque del Infantado –un fiel fernandino y, por lo tanto, enemigo acérrimo de Godoy– de asaltar el palacio del valido en Aranjuez y proceder a su captura. Este episodio provocó la abdicación del rey Carlos IV y el acceso al trono de Fernando, con Napoleón interviniendo como árbitro del litigio entre el monarca y el heredero, que, atrayendo a padre e hijo a territorio francés –con la excusa de celebrar una reunión para solventar el problema de la legalidad de la abdicación– secuestró a la familia real española y desplegó sus tropas por España con el objetivo de lograr un cambio de dinastía –de los Borbones a los Bonaparte–, algo que hacía tiempo que ansiaba el Emperador. Herrasti, sin saberlo, se había convertido, con su intervención en Aranjuez, en uno de los personajes que pusieron en marcha el mecanismo de la guerra que asolaría España durante casi seis años. Poco tiempo después habría de pagar, con la humillación y el cautiverio, su participación en esa lamentable lucha por el poder que terminaría convirtiendo a España en un campo de batalla sobre el que Francia y Gran Bretaña dirimirían quién iba a ser la primera potencia mundial del siglo XIX. Mientras tanto, el pueblo español luchaba por un rey, Fernando VII, que, a su vuelta en 1814, terminó demostrando que más habría valido aceptar de buen grado el cambio dinástico impuesto por Napoleón.

El día 2 de mayo de 1808, el brigadier Pérez de Herrasti puso a su batallón y demás tropas de la comarca, así como a varios pueblos, sobre las armas para socorrer Madrid, sublevado contra los imperiales. El auxilio no se hizo efectivo, ya que desde instancias superiores se recibió la orden de no intervenir en los sucesos de la capital. Desesperado por luchar contra el invasor, Herrasti marchó, con su batallón de Reales Guardias Españolas y el Ejército del Centro al mando del general Castaños, a La Rioja, hallándose en todas las diferentes posiciones que allí se tomaron: socorro de Lodosa, expedición de Autol y apostadero de Ausajo, hasta la batalla de Tudela, librada el 23 de noviembre de 1808, debacle española tras la cual el Ejército del Centro inició una penosa retirada hacia el sur, en busca de nuevas órdenes por parte de la Junta Central –en ese momento también en plena huída y por lo tanto difícil de localizar–. Durante esa retirada, Herrasti tendría ocasión de destacarse en la acción de Tarancón (Cuenca) del 25 de diciembre, en la que rechazó, por dos veces, con trescientos hombres de su batallón, a una fuerza de caballería compuesta por ochocientos Dragones de la Brigada del general Perreimond. El valor y la tenacidad demostrados en este combate le valieron el ascenso a mariscal de campo y el empleo como Comandante General del Cantón de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real). Tras unos pocos meses, ya iniciado el año de 1809, fue llamado a Sevilla –la nueva sede de la Junta Central Gubernativa del Reino– que le destinó, el 15 de marzo de 1809, al Ejército de la Izquierda, que en ese momento se encontraba al mando del teniente general Marqués de la Romana.

El lugar donde debía incorporarse a su nuevo empleo era Gijón, ciudad a la que, al estar el centro y el norte peninsular ocupados por los franceses, solamente podía llegar por mar. El día 19 salió del puerto de Cádiz acompañado por su nuevo edecán, el por entonces teniente Joaquín de Zayas. La travesía transcurrió tranquila hasta que, habiendo ya llegado a aguas del Cabo de Peña el día 20 de mayo, y a menos de una jornada del puerto de Gijón, se cruzaron con un bergantín cuyo capitán les advirtió de que la ciudad asturiana había caído en poder de los franceses. El día 17 de junio de 1809, un desesperado y agotado Herrasti estaba de vuelta en Cádiz, tras treinta días de penosa navegación bajo terribles borrascas, y sin haber podido incorporarse a su destino. Ansioso por entrar en combate, Herrasti solicitó un nuevo destino en el Ejército de Aragón, comandado por el general Blake y, si esto no era posible, al de Extremadura, con el general Gregorio García de la Cuesta al frente. Ninguno de los dos destinos le fue otorgado. Fue enviado de nuevo al Ejército de la Izquierda, ahora al mando del Duque del Parque, con el que combatió en la batalla de Tamames (Salamanca), librada el 18 de octubre de 1809, y que se saldó con una victoria de los españoles. Apenas un par de días después, Herrasti recibió el empleo que le enfrentaría a dos de los más afamados mariscales del Imperio, Masséna y Ney, y que le consagraría como héroe olvidado de la Guerra de la Independencia: gobernador militar de la cercana plaza de Ciudad Rodrigo, convertida en uno de los focos de resistencia más importantes al constituirse como sede de la Junta Superior de Castilla la Vieja, de la cual Herrasti sería presidente.

Asalto a Ciudad Rodrigo por las tropàs imperiales
El 10 de julio de 1810, tras un asedio de dos meses y medio, Herrasti supo rendir la plaza de la que era gobernador en el momento preciso, sin faltar en absoluto a su deber como soldado, para así evitar una matanza por parte de los imperiales como represalia. Dos días después de la capitulación, Herrasti marchaba a un penoso cautiverio en Francia junto a toda su guarnición (unos 4.000 soldados).

Medalla de los defensores de C.R.
Ciudad Rodrigo, fortaleza enclavada entre los dos reinos ibéricos, sufrió dos asedios durante la Guerra de la Independencia. El primero tuvo lugar entre los meses de abril yjulio de 1810, y fue llevado a cabo por las tropas del VI Cuerpo al mando del mariscal Michel Ney. La tenaz resistencia de la guarnición española no fue en vano; los franceses perdieron un tiempo precioso en las labores de asedio, lo que permitió a Lord Wellington y a su ejército –compuesto de británicos y portugueses culminar su estrategia de defensa de Portugal y rechazar una invasión que, si se hubiera llevado a cabo con éxito, habría convertido a la península Ibérica en un nuevo trofeo para Napoleón. Al final, la plaza tuvo que capitular..



El asalto y recuperaciónde Ciudad Rodrigo le valió a Wellington el título de Duque de Ciudad Rodrigo, concedido por las Cortes españolas en decreto del 30 de enero de 1812.




Como los demás deportados españoles, Herrasti recuperó su libertad en 1814, tras la abdicación de Napoleón. Un decreto del Gobierno Provisional de Luis XVIII dispuso que «para poner fin al flagelo de la guerra y reparar en lo posible sus terribles resultados, todos los prisioneros de guerra serán puestos a disposición de sus potencias respectivas». Tras su puesta en libertad, Herrasti tuvo que enfrentarse en Madrid al Consejo de Guerra de Purificación, que no encontró en él el más mínimo atisbo de traición a los Borbones y que determinó su limpieza y le recomendó para ser empleado por el rey «en el destino y clase que tenga S.M. a bien». El rey le ascendería a teniente general el 28 de julio del año 1814 con la antigüedad del día de la rendición de la plaza de Ciudad Rodrigo; es decir, el 10 de julio de 1810. Ese mismo año le llegaría la concesión de la condecoración de la Orden de Lis por parte del restaurado rey francés Luis XVIII «para acreditar su adhesión a la causa de los Borbones» y en 1816 el nombramiento de caballero de la Gran Cruz de San Hermenegildo.

 
 
En el mismo año de su ascenso a teniente general, Fernando VII, le envió a Barcelona como gobernador militar y político, ciudad a la que se trasladó con la que era su esposa desde diciembre del año 1792 –la también noble María Antonia de Luca y Tinermans (viuda de don Francisco Puig Traveset)– y allí moriría el día 24 de enero de 1818, tras una vida dedicada a la milicia y tras emplear sus últimos años en emprender mejoras urbanísticas en la ciudad de Barcelona, tales como la construcción del primer cementerio extramuros.

* Información extractada de: El General Pérez de Herrasti - Héroe de Ciudad Rodrigo

Autor: Julio de Ramón Laca; 1967

miércoles, 8 de julio de 2020

Luisa de Medrano. Humanista. La primera catedrática del mundo



Erudita, fue una poetisa y pensadora que creció al amparo de la reina Isabel la Católica. Contemporánea de Beatriz Galindo “La Latina”.

Cuatrocientos años antes de que María Curie ocupase la primera cátedra femenina de La Sorbona, una mujer española, Lucía de Medrano, ejercía como catedrática de Latín en la prestigiosa Universidad de Salamanca.

Luisa de Medrano Bravo de Lagunas Cienfuegos, fue conocida erróneamente como Lucía. Nació en Atienza, provincia de Soria en aquél tiempo y actualmente, desde 1833, Guadalajara, el 9 de agosto de 1484. Sus padres, Diego López de Medrano y Magdalena Bravo de Lagunas, de origen hidalgo, tuvieron nueve hijos, uno de los cuales, Luis de Medrano, fue también catedrático y rector de la Universidad de Salamanca.

Probable retrato póstumo de Luisa de Medrano
como Sibila Samia del conjunto "Profetas y Sibilas" de Juan Soreda
Padre y abuelo murieron luchando en las guerras de Granada, en Gibralfaro (Málaga), en 1487. Agradecida la reina, se hizo cargo de su viuda y de la educación de sus hijos. Los primogénitos -conocidos como Bravo de Laguna- fueron heredando el cargo de alcaides de Atienza, mientras que su hija Catalina, tras servir en la corte, será una importante mecenas en Atienza, financiando la capilla del convento de San Francisco, como panteón familiar.

Castillo de Atienza

Escudo de Armas de los Medrano
Luisa fue contemporánea de Beatriz Galindo, La Latina, y de otras mujeres cultas, como: Beatriz de Bobadilla, Beatriz de Silva, María Pacheco, Mencía de Mendoza, Leonor del Río, Juana I de Castilla o Catalina de Aragón.

Dedicó su vida al estudio y gozó de fama de erudita. En el curso 1508-1509, llegó a impartir clases en la Universidad de Salamanca, en sustitución de Antonio de Nebrija.


Luisa de Medrano
Fue probablemente la primera mujer profesora de universidad del mundo. Pedro de Torres, catedrático y luego rector de la Universidad, al ver a esta mujer de tan sólo 24 años ejerciendo la docencia elogió su fama, elocuencia y juventud. Lucio Marineo Sículo, catedrático de origen italiano que asistió a su disertación y quedó impresionado por su elocuencia, dejó escrita en 1514 su admiración por la sabiduría de esta mujer (precisamente, fue él quien contribuyó a la equivocación en el nombre de Luisa): "Tu que en las letras y elocuencia has levantado bien alta la cabeza por encima de los hombres, que eres en España la única niña y tierna joven que trabajas con diligencia y aplicación no la lana sino el libro; no el huso sino la pluma; no la aguja sino el estilo." Falleció, probablemente, en 1527

Su obra poética y filosófica se ha perdido en su totalidad.
Para saber más

sábado, 4 de julio de 2020

Joaquín Vizcaíno y Martínez. Corregidor de Madrid, Marqués de Pontejos



Militar, político y filántropo, de ideas ilustradas y liberales. Corregidor de Madrid desde el 22 de septiembre de 1834 hasta el 16 de agosto de 1836, reinando Isabel II. Realizó muchas mejoras y Fundó la Caja de Ahorros y Monte de Piedad.

De familia hidalga natural de Vicálvaro (Madrid), nació en La Coruña el 21 de agosto de 1790, donde su padre estaba destinado. Hijo de Vicente Vizcaíno Pérez, fiscal de la Real Audiencia de Galicia, y María Antonia Martínez Moles Valdemoros.


En 1816 entró en la Orden de Santiago. Al año siguiente se casó con Mariana de Pontejos y Sandoval (1762-1834), IV Marquesa de Casa Pontejos, accediendo así al marquesado. Mariana era casi 20 años mayor que él y había enviudado dos veces.

Participó en la Guerra de Independencia y obtuvo el puesto de Capitán de Dragones (soldados de infantería y caballería de los siglos XVI a XIX). Se afilió a la Milicia Nacional de Caballería durante el Trienio Liberal y tuvo que irse de España en 1823, mientras duró la época absolutista, lo que le permitió conocer otras ciudades europeas y estudiar su urbanismo. Vivió en París y en Londres.

Este hecho, unido a su amistad con Mesonero Romanos, le preparó para su cargo como corregidor, convirtiéndole en uno de los mejores y más eficaces alcaldes de Madrid. De 1834 a 1836 fue alcalde de Madrid y revolucionó totalmente la ciudad, dejándola organizada. Por esto, se le considera uno de los mejores corregidores de la villa, junto con Carlos III.

Plaza de Pontejos (Madrid)

Mientras fue alcalde encargó al arquitecto municipal Custodio Moreno el levantamiento de un minucioso plano topográfico de la Villa. Mandó numerar las calles partiendo de la Puerta del Sol, colocando los números pares a un lado y los impares a otro. Rotuló las calles, poniendo un cartel con su nombre a la entrada y salida de la misma. Para mayor seguridad una vez que se iba el sol, mandó instalar alumbrado público por toda la ciudad. La fraccionó en 5 distritos y 50 barrios. Empedró las calles y mandó elevar las aceras, así se conseguía evitar el barrizal cuando llovía y la polvareda en verano. Aunque se ganara críticas al principio, estableció los primeros baños públicos.

Así mismo, ordenó plantar gran cantidad de árboles. Creó un reglamento para la policía urbana y los serenos, otro para los mataderos y los mercados e inauguró el Mercado de los Mostenses, así como el Paseo de las Delicias de Isabel II, y estableció el primer gasómetro para iluminar la calle del Príncipe y la Carrera de San Jerónimo. Mejoró las cárceles y los hospitales. Para todo ello contó con la ayuda de Mesonero Romanos, que le inspiró en muchas de las cosas que hizo. Todo esto se hacía con el fin de sanear Madrid.

En 1838, dejó la política y comenzó a preocuparse por los más necesitados, iniciando su labor de beneficiencia. Fundó la Escuela de Párvulos y el Asilo de San Bernardino, con el que quería acabar con la mendicidad urbana. Colaboró en la fundación del Ateneo. En lo que puso más empeño y más quería, fue la creación de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, en 1838, por el que consiguió grandes apoyos. Su fin era benéfico y lo dirigía una junta encabezada por el Marqués.

Caja de Ahorros y Monte de Piedad (Madrid)

Las cajas llegaron a España en la primera mitad del siglo XIX, por Real Decreto de María Cristina de Borbón, unidas a los Montes de Piedad para conseguir una doble función benéfica y financiera.

Senador por la provincia de La Coruña 1837-1838, 1838-1839, 1839, 1840. Joaquín Vizcaíno falleció el 30 de septiembre de 1840, con 50 años. Madrid le recuerda con una calle y una plaza cerca de la Puerta del Sol,. Además tiene un paseo en el Retiro y un busto en la fuente de la Plaza de Pontejos.

miércoles, 1 de julio de 2020

Santiago Méndez de Vigo. Ministro de la Guerra, Capitán General de Puerto Rico



Desempeñó cargos de importancia durante el Trienio Liberal. Capitán General de Puerto Rico y Ministro de Guerra en 1836. Senador vitalicio en 1845.

Santiago Méndez de Vigo y García Sampedro nació en el seno de una vieja familia hidalga ovetense, en Oviedo el 25 de julio de 1790. Su padre Manuel Gregorio Méndez de Vigo y Fernández Cueto fue Catedrático de Prima de Cánones en la Universidad de Oviedo. Casado con Vicenta García Sampedro y Menéndez del Busto, tuvieron diez hijos. Estuvo casado con Ana Isabel Osorio y Zayas (1791-1870), hija de Manuel Miguel Osorio y Spinola, VII Duque de Sesto y María de las Mercedes de Zayas y Benavides, IV Marquesa de Cullera, con la que tuvo tres hijos: Jacobo, que fue VII Conde de Santa Cruz de los Manueles, Mercedes y Felipe.

Al igual que él, sus tres hermanos (Pedro, Froilán y Juan) serían distinguidos militares. El primero y el segundo alcanzarían el grado de Mariscal de Campo, y el tercero el de Coronel del Cuerpo de Artillería, dando lugar a un ilustre linaje de militares asturianos que tomaron parte activa en la guerra de la Independencias y en las contiendas civiles posteriores, llegando hasta las postrimerías del siglo XIX.

Era estudiante de derecho canónico en la Universidad de Oviedo cuando estalló la Guerra de la Independencia en 1808. Dejó la universidad y como capitán del regimiento de infantería  de Covadonga, que fue el primero que organizó la Junta soberana del Principado, participó en la sangrienta batalla de Ríoseco y en otras durante la Guerra de la Independencia contra los franceses.


Durante el trienio liberal (1820-1823), sirvió en el ejército constitucional. Después de quedar abolido en 1824 el sistema constitucional, pasó a la situación de licencia indefinida y fijó su residencia en Sevilla, donde permaneció hasta que en 1832 se le amnistió y destinó al Regimiento de África.

En 1834, tras la muerte de Fernando VII, alcanzó el empleo de coronel y el mando del Regimiento de Córdoba. Posteriormente se le promovió a brigadier y comandante general de la Guardia Real por la regente María Cristina. Al año siguiente se le destinó al Ejército de Aragón. Durante la primera guerra carlista, el 2 de septiembre estuvo presente en la acción de Los Arcos, en la que ganó el ascenso a mariscal de campo. Fue nombrado ministro de la Guerra en 1836, cargo que ejerció brevemente, entre el 8 de junio y el 4 de julio de ese año.


Fue capitán general de Castilla la Vieja (1837), de Extremadura (1838) y de Granada (1840). En 1840 fue diputado a Cortes por Oviedo y Cáceres; apenas pudo asistir al Congreso al ser nombrado capitán general de Puerto Rico (1840-1846), donde llevó a cabo multitud de obras públicas que transformaron la isla por completo. En 1843 fue ascendido a teniente general y se le admitió la dimisión de su cargo, regresando a la Península.

En 1845 fue designado senador vitalicio, cargo que ocupó hasta su fallecimiento. En 1847 se hizo cargo de la Capitanía general de Galicia, y tomo parte en el mes de junio en la expedición a Portugal. En ese mismo año le fue encomendada la Capitanía general de Castilla la Nueva. En 1851 volvió a ocupar el cargo anterior y entre 1852 y 1854 fue consejero de Ultramar. Falleció en Madrid, el 9 de enero de 1860, estando en posesión de las grandes cruces de San Fernando, San Hermenegildo, Carlos Ill, Isabel la Católica y otras.