sábado, 19 de junio de 2021

José María de Cossío. Autor del más célebre tratado técnico e histórico del mundo taurino. Académico de la Lengua

 

José María de Cossío y Martínez-Fortún, señor de la casona de Tudanca, vallisoletano de nacimiento, montañés de estirpe, de ejercicio y de adopción, hidalgo rural, escritor, académico, alcalde de Tudanca, presidente del Ateneo de Madrid, hombre de mundo, lleno de honores y de grandes cruces,

Escritor y polígrafo español miembro de la Real Academia Española y autor de un monumental tratado taurino “Los Toros”, publicado en cuatro tomos entre 1943 y 1961

José María nació en Valladolid, el 25 de marzo de 1892. Fue el menor de los cuatro hijos de Mariano de Cossío y Cuesta Polanco y de Carmen Martínez-Fortún y Martínez Talavera, familia montañesa hidalga con casasas solares en Cosío y en La Lastra, en Cantabria.

Su abuelo paterno  fue Francisco Cossío y Salinas, su hermano mayor Francisco (Sepúlveda, 1887-1975) sería director del Museo Nacional de Escultura y también de El Norte de Castilla (entre 1931 y 1943), y su otro hermano, Mariano (1890-1960), sería un gran pintor del Realismo. Su abuela paterna Dolores de la Cuesta y Polanco. En Valladolid habitaronn en la Casa (de los marqueses) Revilla, un palacio del XVI que durante más de un siglo poseyó la familia Cossío.

Hasta los años de la Guerra Civil era tradición de esta familia montañesa el cultivo de sus tierras de labranza y sus extensas praderías y la crianza de sus cabañas de raza tudanca.

Cursó en Valladolid la licenciatura de Derecho, donde se licenció en 1912, y se trasladó a Madrid a estudiar el doctorado. Más adelante estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca, donde fue alumno de Miguel de Unamuno. Ya desde sus años de juventud, José María de Cossío tuvo una clarísima vocación literaria que se proyectó hacia la poesía, al mismo tiempo que empezó a ocuparse de la biblioteca de la Casona en Tudanca –la Tablanca de Peñas arriba, de Pereda–y a publicar sus primeros trabajos. En 1920 editó su primera obra, un poemario titulado Epístolas para amigos. Se convirtió en figura habitual de las tertulias madrileñas y colaboró en publicaciones como El Sol, Revista de Occidente y ABC. El 6 de junio de 1948 ingresó en la Real Academia Española con el discurso «Lope de Vega, personaje de sus comedias» y ocupó el sillón G.
 
Experto y gran aficionado al mundo taurino, fue amigo de toreros como José Gómez, Joselito; Ignacio Sánchez Mejías; Rafael Ortega "El Gallo"; Pepe Luis Vázquez; Antonio Bienvenida, y Domingo Ortega. En 1934 inició la redacción de su monumental obra dedicada a la tauromaquia, Los toros, en cuatro volúmenes, publicados entre 1943 y 1961 y reeditados más tarde, en 1989, en once por Espasa-Calpe. Uno de sus colaboradores en su magna obra sobre la tauromaquia fue el poeta Miguel Hernández. Fue amigo también de poetas de la generación del 27 como Gerardo Diego, con quien mantuvo una extensa correspondencia.

Tuvo una especial vinculación con Cantabria, de donde su familia era oriunda. Escribió varios libros sobre autores montañeses, sobre todo José María de Pereda, de quien editó las Obras completas. Aficionado también al fútbol, ejerció la presidencia del Racing de Santander entre 1932 y 1936. En su trayectoria no debe dejar de consignarse su entusiasta colaboración con su gran amigo Pedro Salinas, en la creación de unos cursos que más tarde constituirán la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

De todos es conocida la prodigalidad de José María de Cossío para con sus amigos durante largos años. Los últimos años vivió en la casona familiar de Tudanca, donde compartió comidas y largas sobremesas con el matrimonio formado por la poetisa cántabra Matilde Camus y Justo Guisández.

La Casona de Tudanca es un edificio construido en 1752 por encargo de su propietario, el hidalgo don Pascual Fernández de Linares y Gómez de la Cotera, un indiano que tras hacer su fortuna en Perú retorna a su pueblo y trata, mediante su edificación, mostrar su riqueza.

Cuando don Pascual fallece y al no dejar descendencia la casona pasa a poder de la familia García de la Cuesta y Velarde, desde entonces a esta casa también se le conoce como Palacio de la Cuesta. Más adelante la casa perteneció a don José María de Cossío.

 En la fachada principal de la Casona de Tudanca

Escudo de armas de Pascual Fernández de Linares Gómez y Herrero, certificadas por el rey de armas Juan Alonso Guerra, siéndole expedida la Ejecutoria de Hidalguía para Indias en 1731 –las armas portan la inscripción ‘Guardo tan bien el castillo con este venablo armado que no fue ninguno osado a atreverse a combatillo’–

Escribió abundantemente sobre autores españoles del Siglo de Oro, como Alonso de Ercilla, Luis de Góngora y Baltasar Gracián, entre muchos otros. Es autor de una obra de referencia sobre la mitología en la poesía española, Fábulas mitológicas en España (1952). En 1962 fue nombrado presidente del Ateneo de Madrid. 

Escudo de Cossío en Santillana de Mar (Cantabria)

En mayo de 1975 cede la Casona de Tudanca con todo su contenido a la Diputación Provincial de Santander. Falleció en su ciudad natal el 24 de octubre de 1977.

martes, 15 de junio de 2021

Maestro Huidobro (1999). Memorias de un escribidor

 

Maestro Huidobro contiene múltiples apuntes acerca de la educación ideal, de la libertad y de la búsqueda incansable de un paraíso personal. Cuenta sus andanzas, sus verdades y sus ficciones. 


En Maestro Huidobro, (Anthropos, 1999) tres antiguos discípulos evocaban la figura de su viejo maestro rural. Jalonando diversas escenas de la vida de Isidro Huidobro -llamado Idro- desde su niñez, contemplábamos antes nosotros su aprendizaje en la escuela con don Austreberto; las enfermedades y travesuras de su infancia; sus inicios como estudiante, la huida del colegio, al que seguiría el paso por otros y, finalmente , sus estudios de Farmacia. 

La novela de Jiménez Lozano está impregnada de recuerdos librescos bien asimilados que el lector atento notará. Pero nada de esto debe oscurecer el hecho irrefutable y mucho más decisivo de que, a pesar de su brevedad, Maestro Huidobro encierra sugerentemente la historia de una colectividad -no en vano las noticias de los primeros Huidobro se remontan a la Edad Media-, esboza unos comportamientos y unas formas de vida pacíficas y tolerantes -atropelladas alguna vez por la vesania de unos cuantos- y contiene múltiples apuntes acerca de la educación ideal, de la libertad y de la búsqueda incansable de un paraíso personal que sólo parece existir plenamente en la imaginación pero que, en cualquier caso, no es posible lejos de las raíces íntimas del ser humano. 

 126 pp | ISBN: 9788476585756​

Además de otras virtudes, Maestro Huidobro posee una que sí conviene subrayar: se trata de una obra escrita en un jugoso castellano, lleno de voces rotundas y sonoras. Sorprende un solo y reiterado desfallecimiento, relativo a una moción genérica: “Llegó el hambre, y con él aquellas filas interminables de pobres [...] Había hambres y hambres, y no había ningún hambre igual a otro” (pág. 78). Vale la pena sumergirse en el hechizo de esta historia melancólica y teñida de noble poesía.

 José Jiménez Lozano  Fue colaborador en El Norte de Castilla de Valladolid desde 1958, redactor de 1962 a 1978, subdirector de 1978 a 1979 y director desde 1992 hasta su jubilación en 1995. Allí, conocería a Miguel Delibes, quien probablemente le hablaría de la familia Huidobro natural de Sedano (Burgos), razón de haber elegido a un personaje de este apellido para protagonista de su novela. 

En el Libro de las Behetrias de Castilla (1350-1366), mandado hacer por Pedro I de Castilla y que se custodia en la Real Chancillería de Valladolid, aparece sobre Huydobro (pág. 186): Este lugar es solariego de Alfonso Fernandez hijo de Juan Alfonso de Huydobro. Derechos del rey. Pagan al rey servicios y monedas y no pagan martiniega [tributo que se daba en el día de San Martín] ni fonsadera [tributo para atender la guerra]. Derechos del señor. Dan cada uno cada año por infurción a su señor fanega [porción de granos] y media de pan, la fanega de cebada y a media de trigo.
 
Becerro de las Merindades de Castilla es el título original del manuscrito al que el editor Fabián Hernández reemplazó por Becerro de las Behetrías

sábado, 12 de junio de 2021

Jacinta Martínez de Sicilia y Santa Cruz. Esposa del general Baldomero Espartero

 

Duquesa de la Victoria (I) y condesa de Luchana (I), princesa de Vergara. Dama de Honor de la reina Isabel II y de la reina María de las Mercedes.  Dama de la Real Orden de la Reina María Luisa. Esposa de Espartero.

 Dª Jacinta Martínez de Sicilia y Santa Cruz, por José Madrazo, 1840.

María Jacinta Guadalupe Martínezde Sicilia y Santa Cruz nació el 16 de agosto de1811 en el seno de dos de las familias más adineradas del Logroño de principios del siglo XIX. Su padre, Ezequiel Martínez de Sicilia, era hidalgo descendiente del Solar de Valdeosera, heredero de un mayorazgo y descendiente de los Eloy de la Porta, que habían desempeñado el cargo de regidores perpetuos de la ciudad. Su madre, Anacleta Santa Cruz, hija de Domingo Santa Cruz, importante hacendado y banquero y una de las fortunas más destacadas de la región.

La muerte prematura de sus progenitores hizo que se quedara a cargo de su abuela materna, Guadalupe Ruiz de la Cámara, y de su tía Josefa Martínez de Sicilia, que fueron quienes se ocuparon de su educación. Su infancia y adolescencia transcurrió por las calles del Casco Antiguo logroñés; en una casa de la calle Rúavieja, conocida actualmente como "La Reja Dorada".

En septiembre de 1827, Jacinta contrajo matrimonio con el entonces brigadier del Ejército Baldomero Espartero, 18 años mayor que ella, en la Colegiata de Santa María la Redonda. Tras una larga luna de miel de cuatro meses en París, fijaron su residencia de nuevo en Logroño, en la casa-palacio que hoy alberga el Museo de La Rioja. En la bodega de esta casa y en otras también propiedad de Jacinta, a partir de 1852, Luciano Francisco Ramón de Murrieta, marqués de Murrieta, íntimo amigo de Espartero, a petición de éste, empezó a elaborar un vino excelente, iniciándose así uno de los más famosos vinos de La Rioja.

Baldomero Espartero

El ascenso político de Espartero fue meteórico, llegó a presidir el Consejo de ministros de España y, aunque Jacnta nunca ocupó ningún cargo y la historia siempre la ha ubicado a la sombra de su marido, su influencia fue fundamental, como demuestran las cartas que Espartero le enviaba durante la Primera Guerra Carlista, en las que le informado de todos los detalles bélicos y le pedía consejos. Fue en esa época en la que Jacinta obtuvo el título de Duquesa de la Victoria cuando el General fue nombrado Duque tras las negociaciones con el general carlista Maroto que llevaron a la firma del Convenio de Vergara que puso fin a la guerra en agosto de 1839.

Armas Grandes de Espartero

Su papel fue clave en la corte de la reina Isabel II, fundamental en la caída de la Regencia de María Cristina y en el establecimiento de la Regencia de Espartero entre los años 1841 y 1843. Fue en ese periodo en el que se trasladó a la corte. En 1843, tras el pronunciamiento militar liderado por los generales moderados Narváez y Serrano, se vio obligada a exiliarse a Londres con su marido. No regresaron a España hasta seis años después, en 1849.

El poder de decisión de doña Jacinta volvió a ser fundamental para frenar la intentona carlista de San Carlos de la Rápita en 1860, lideró una misión secreta, sin levantar las sospechas de los carlistas, para informar al presidente O'Donell de las maniobras que tramaba el general Jaime Ortega de levantarse en armas contra la reina Isabel II.

En sus últimos años, Jacinta Martínez de Sicilia y Baldomero Espartero, ya retirados en Logroño, llegaron a rechazar la corona de España. Falleció en Logroño, sin dejar descendencia, el 3 de junio de 1878. Sus restos reposan, junto a los del General Espartero, en la Catedral de la Redonda de Logroño, en un mausoleo realizado por Juan Samsó en 1888.

miércoles, 9 de junio de 2021

El Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid nombra nuevo fiscal

 

Alfonso de Contreras y Vilches, investido caballero del RCNM en 2012,  nuevo Diputado Fiscal

Tras el reciente fallecimiento del Diputado Fiscal de la Corporación, el Conde de Fuenteblanca, y la puesta a disposición de la Presidencia del Cargo de Diputado Vicefiscal por Borja Moyano y Vital, que fue nombrado Diputado de Honor por el Presidente de acuerdo con el artículo 18-IV de los Estatutos, han sido designados, con la conformidad de S.M. EL REY y en la forma señalada en el artículo 19 de dichos Estatutos, nuevo Diputado Fiscal Alfonso de Contreras y Vilches, Doctor en Derecho, prestigioso jurista y Caballero del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid desde 2012 y Diputado Vicefiscal Manuel Ladrón de Guevara e Isasa, Ingeniero de Caminos y Doctor en Historia del Derecho, actualmente Diputado de Honor y antiguo Vicefiscal de la Corporación, así como tesorero de la Real Asociación de Hidalgos de España.


Nota
: Según los Estatutos sancionados por la Junta General de 19 de abril de 1786 y por el Real y Supremo Consejo de Su Majestad el 27 de mayo de 1791, podían pertenecer al “Estado de Caballeros Hijosdalgo de Madrid” (más tarde, Real Cuerpo Colegiado de Hijosdalgo de la Nobleza de Madrid y que, en junio de 1968, pasó a tener su denominación actual RCNM) los nobles, caballeros e hidalgos previamente recibidos como tales por el Ayuntamiento, tras las pruebas de la calidad de su linaje paterno que, entre otros fines, desearan colegiarse en aquél para desempeñar los principales cargos del Concejo madrileño.  Primitivamente se ingresaba con el solo documento justificativo, expedido por el Ayuntamiento de Madrid, de estar empadronado como noble.


Sello del Cuerpo colegiado de caballeros hijosdalgo de la villa de Madrid (1840), Archivo de la Real Chancillería de Granada


Madrid, por su condición de “patria común”, se mantuvo como una behetría sin distinción de nobles y plebeyos durante la mayor parte de la Edad Moderna. Esta falta de alicientes motivó que una gran parte de los nobles allí residentes, incluidos los miembros de la alta nobleza, no señalase su calidad. Esta situación de indistinción continuó hasta 1783,cuando el Consejo de Castilla concedió licencia al Estado de Caballeros Hijosdalgo o Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid para celebrar sus juntas, convirtiéndose así en un referente para todos aquellos que deseasen codearse con la élite social capitalina.

domingo, 6 de junio de 2021

Pedro de Alvarado. Conquistador de Guatemala, Honduras y El Salvador


Adelantado y conquistador español que participó en la conquista de Cuba, en la exploración por Juan de Grijalva del golfo de México y de las costas de Yucatán, y en la conquista del Imperio azteca dirigida por su paisano Hernán Cortés. 

Muy tenerario, puede considerársele como conquistador en Cuba y en México, así como de gran parte de América Central —Guatemala, Honduras y El Salvador— y pudo haberlo sido también del Perú, pero se le adelantó Francisco Pizarro.

Pedro de Alvarado y Contreras nació en Badajoz en 1485. Sus padres fueron don Gómez de Alvarado, de rancio abolengo montañés (Santanderino / Merindad de Trasmiera) e hijo de un comendador de la Orden de Santiago en Hornachos, y de doña Leonor de Contreras, de noble familia extremeña. Contrajo matrimonio con Francisca de la Cueva, sobrina del duque de Alburquerque, y cuando ésta murió, se casó bajo dispensa papal,con la hermana, doña Beatriz de la Cueva. Era hidalgo pero de escaso patrimonio, así que marchó a Sevilla y desde muy joven se empleó en actividades de riesgo con las que se ganaba la vida. Con el tiempo, llegaría a ser nombrado Caballero de Santiago.

Pedro de Alvarado, luciendo la cruz de Santiago
En 1510, a la edad de 25 años llegó a La Española, junto a sus hermanos y varios de sus numerosos primos, acompañando al virrey Diego Colón. Desde 1513, a las órdenes de su tío Diego Velázquez, participó en la conquista de Cuba, jugando un papel destacado  por su entrega, pero será cuando Cortés lo reclute cuando el aventurero mostrará lo mejor y lo peor de su carácter. Hernán Cortés y Pedro Alvarado compartían un origen y se entendían pero eran esencialmente dos personas opuestas.

En 1518, acompañó a Juan de Grijalva en la exploración de las costas de Yucatán y el Golfo de México, en la que se produjo el descubrimiento de Cozumel. En 1519, se convirtió en lugarteniente de Hernán Cortés en la Conquista de México y juntos llegaron a Tenochtitlán en noviembre del mismo año. En 1520, cuando Cortés regresó a la costa para enfrentarse a Pánfilo de Narváez, que tenía órdenes de deponerle del mando y apresarlo, Pedro de Alvarado cometió abusos y crímenes contra los aztecas (al sospechar una traición, su desconfianza le llevó a protagonizar los sangrientos sucesos, en los que se ensañó con los aztecas llegando a pasar a cuchillo a más de un millar), lo que provocó un gran levantamiento indígena y la matanza de españoles en la retirada de la Noche Triste (30 de junio de 1520). Acompañó a Cortés en la reconquista de Tenochtitlán, obtenida en agosto de 1521, por la que recibió las más grandes encomiendas de México. Visto su ardor en el combate*, Cortés le dio permiso para conquistar Guatemala, hacia donde partió con un gran ejército de infantes y jinetes, secundados por un millar de indios calúas.  

Pedro de Alvarado en batalla contra los indígenas guatemaltecos

En poco más de seis meses derrotó a las tres grandes estirpes de Centroamérica, dejando a su paso sangre y discordia. Posteriormente, tras la conquista de Guatemala y El Salvador,  acompañó a Hernán Cortés en la conquista de Honduras, incluyendo una parte del territorio de la actual Nicaragua. El 25 de julio de 1524 fundó Santiago de los Caballeros, luego llamada Antigua Guatemala.

Escudo de la ciudad de Santiago de los Caballeros


*Su actuación resultaría muy destacada en todas las batallas que hubieron de sostener los españoles contra los indígenas. Tabasco, Centla y Ulúa, fueron lugares donde comenzó a admirarse el valor de Alvarado. Cuando se firmó la paz con los tlaxcaltecas, se casó con una princesa, hija del cacique Xiconténcatl, bautizada como Luisa Xiconténcatl, con quien tuvo dos hijos, Pedro y Leonor, quien años más tarde se casó con Pedro Portocarrero, y tras enviudar, con el duque Francisco de la Cueva.. Debido al color rubio de sus cabellos, los indios comenzaron a llamarle Tonatiuh, el Sol.

En 1527, con fama bien ganada, regresó a España y, protegido por Francisco de los Cobos, el emperador Carlos V lo nombró gobernador, capitán general y adelantado de Guatemala más de lo que conseguiría nunca Cortés de Nueva España–, adonde regresó acompañado de su reciente esposa Francisca, que no pudo soportar la dureza del viaje y falleció al poco de poner pie en Veracruz. Fue encarcelado por Nuño de Guzmán, presidente de la Audiencia de México, y luego liberado ante el anuncio de la vuelta de Cortés y ganar los pleitos interpuestos.

Fundo el Puerto de Iztapa en el Pacífico Sur de Guatemala donde construyo una flota. En 1534, encabezó una expedición para conquistar el Perú, donde se sabía había los fabulosos tesoros del imperio Inca. Tras una larga y fatigosa expedición por la selva ecuatoriana llegó a las proximidades de Quito, sólo para enterarse de que Francisco Pizarro se le había adelantado. Perdida la gloria de la conquista vio al menos la oportunidad del negocio y vendió el servicio de sus tropas, caballos y barcos a Diego de Almagro (y Belalcazar), que ya se encontraba en esa parte del territorio, previo pago de cien mil pesos de oro, según cita Francisco López de Gómara, en su Historia General de las Indias, regresando a su jurisdicción en Guatemala.

Pedro de Alvarado pensó en organizar una nueva expedición, ésta vez a las islas Molucas. Mientras le llegaba el permiso real, sufrió “juicio de residencia” (Guatemala / 1536-1538) que terminó en forma favorable a sus intereses, y recibió una petición de socorro por parte de Andrés de Cereceda, gobernador interino de Honduras, por lo que Pedro abandonó de inmediato sus proyectos y partió en ayuda de su amigo a Honduras, donde fundaría las villas de San Pedro de Sula y Gracias a Dios.

Grabado que representa a Pedro de Alvarado
Hacia 1537 volvió a España y se le confirmó la gobernación de Guatemala por siete años, otorgándosele, también, una capitulación para que explorara las costas occidentales de México e ir a las islas del Poniente (las Molucas), en una gran expedición a su costa y para la que se asoció con el virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco; también se le reconoció el gobierno de Honduras, con facultad de permutarlo con Francisco de Montejo por el de Chiapas. En España contrajo nuevo matrimonio, el 9 de agosto de 1538, con doña Beatriz de la Cueva, su cuñada, llamada la “Sin Ventura”, pues enviudó al año de casada y falleció tan solo un año después, regresando a América en 1539.

en 1540, con tres navíos, 300 soldados y numeroso séquito, llegó a Puerto de Caballos (Honduras) en abril de 1539. El virrey Mendoza, por su parte, organizó varias expediciones sin contar con su socio Alvarado, hasta que un acuerdo entre ambos llevó a la organización de una expedición por el Pacífico en busca de nuevos territorios.

Pero mientras se preparaba la expedición, en 1541, tras recibir noticia del virrey, acudió en su auxilio para sofocar una revuelta de indígenas en Nueva Galicia y lideró la represión contra los rebeldes caxcanes y chichimecas. El gobernador Cristobal de Oñate le había solicitado ayuda y durante un combate en Mixtón (en Nochistlán, cerca de Guadalajara, hoy estado de Jalisco), Pedro de Alvarado fue arrollado por un caballo en estampida y tras agonizar algunos días falleció, tras el desafortunado accidente y haber testado, en la Villa de Guadalajara (Nueva España) el 4 de julio de 1541.


Bernal Díaz del Castillo lo describe así: Alvarado tenía buen cuerpo y era muy activo, de buenos modos y trato y siempre estaba sonriendo. Era gran jinete, gustaba de vestir bien; usaba una cadena pequeña con una joya y usaba un anillo con un buen diamante. Pero hablaba demasiado y era muy tramposo en los juegos.


miércoles, 2 de junio de 2021

Fernando de Leyba y Córdoba. Héroe ceutí, Gobernador de la Luisiana y defensor de San Luis

 

Derrotó a los británicos en San Luis (Misuri), una victoria fundamental para la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. 

Gracias a su defensa de San Luis (de Ilinueses) el río Misisipi, vía de aprovisionamiento de las colonias americanas, se mantuvo seguro, al igual que los flancos españoles y norteamericanos, lo que sería en conjunto fundamental para el devenir de la independencia de los Estados Unidos Americanos.


Fernando de Leyba nació en Ceuta (caballa, no catalán como algunos autores pensaban), el 24 de julio de 1734. Fueron sus padres Jerónimo de Leyba y Córdova, natural de Antequera (Málaga), capitán de infantería, y Josefa Vizcaigaña, natural de Ceuta, hija de notario.

Por tanto, era descendiente de los Leyba y Córdova de Antequera cuyas raíces y larga tradición militar se remontan a la reconquista de aquella ciudad. En el siglo XV, sus antepasados ​​se asentaron en Andalucía sobre la tierra concedida por el Rey de Castilla en recompensa por sus servicios en la conquista a los moros del Reino de Granada. Con el tiempo, los caballeros y nobles del línaje de Leyba y Córdova se convirtieron en ciudadanos prominentes en Antequera, una pequeña ciudad en la provincia de Málaga donde poseía varias casas y granjas.

Durante siglos y por su condición de hijosdalgo notorios, los Leyba y Córdova sirvieron a sus monarcas en el campo de batalla, siendo una carrera militar en el Ejército de Carlos III el destino de muchos descendientes de esta familia.

Leyba ingresa en el ejército como cadete en el regimiento de infantería España, año de 1752, a los 18 años de edad, permaneciendo de cadete hasta 1756 que asciende a subteniente de compañía, con este grado hasta marzo de 1763, que pasa a ocupar el puesto de subteniente de bandera y en ese mismo año fue ascendido a teniente de fusileros. Durante su época militar y hasta su destino a América del Norte estuvo destinado dos años en la guarnición de la plaza de Oran, de aquí pasaría a Cuba, en 1762 se encontró en la defensa de La Habana del ataque inglés, cayendo como prisionero de guerra, a su regreso a España una vez en libertad fue ascendido al grado de teniente.

Contrajo matrimonio con María Concepción de Zasar, en el año de 1767 y de este matrimonio nacerían dos hijas María Josefa y Margarita (Rita).



En 1768 es ascendido al grado de capitán, siendo destinado al mando una compañía del regimiento de La Luisiana, con su base en Nueva Orleans. Leyba llegó a la provincia de la Luisiana en agosto de 1769 con la Expedición O’Reilly que el Rey ordenó para retomar posesión de la colonia después de la expulsión del Gobernador Antonio de Ulloa el año anterior.

Fernando de Leyba había obtenido el grado de capitán cuando fue nombrado gobernador de la Alta Luisiana el 14 de julio de 1778. El 21 de junio de 1779 España entra en guerra con Gran Bretaña, y Bernardo de Gálvez el 7 de septiembre tomó el fuerte de Bute en Manchac y el 21 del mismo mes el fuerte de Baton Rouge. Gálvez encomendó a Leyba que le guardase las espaldas, para que cerrase el Misisipi a una infiltración británica en San Luis (una villa fundada por los franceses en 1764) de Misuri. Esta era una posición muy avanzada, y a más de 1.000 km de Nueva Orleans, Leyba solo recibió para esta peligrosa misión 29 soldados del Fijo de Luisiana.

En la primavera de 1780 una expedición inglesa venía desde el Canadá, compuesta por 300 casacas rojas al mando de Emanuel Hesse, bastantes milicianos canadienses y centenares de indios, entre ellos 200 Sioux. Aproximadamente unos 1.200 enemigos. Leyba pudo reunir unos 300 hombres para la defensa: pero solo sus 29 soldados del fijo de Luisiana, sobre 200 milicianos locales y varios americanos, que habían llegado a San Luis desde Santa Genoveva.

A finales de mayo, el 26, se inicia el ataque a San Luis, está sería la primera ocasión histórica que españoles y norteamericanos combatieran hombro con hombro. En esta ocasión no se encontraba George Rogers Clark, oficial norteamericano, amigo de Leyba, que hostigaba a los ingleses en la frontera oeste, con los defensores ya que se hallaba hospitalizado. Por otra parte, Gálvez que participaba contra los puestos adelantados británicos en el valle del Misisipi inferior y a lo largo de la costa del golfo, envió un mensaje que San Luis tendría que defenderse sin refuerzos.

 

Leyba había proyectado cuatro torres, pero solo había podido construir una, que estaba guarnecida por 300 hombres entre regulares, milicias y paisanos. Mujeres y niños fueron llevados a la propia casa del gobernador, defendida por el teniente Silvio Francisco Cartabona al mando de 20 hombres. Leyba se situó en la torre de San Carlos con el resto de la guarnición y personalmente dirigió el cañón. Nunca los indios imaginaron encontrar a la población con tantos preparativos para la defensa. El sonido de los cañones y el fuego de la fusilería mantuvieron a raya a los atacantes. Parte de los indios, al comprobar la resistencia, se retiraron de la lucha, pero los Sioux mantuvieron el ataque sin ningún resultado.


Por parte enemiga solo los casacas rojas persistieron en el ataque disciplinadamente, pero siendo abandonados por indios y milicianos, se encontraban en paridad numérica y fueron rechazados. Aunque se temía un segundo ataque los británicos estos optaron por retirarse definitivamente ya que no podían contar con unos aliados que se hallaban fuera de control. Una vez salvada San Luis, 100 españoles y 200 norteamericanos salieron en persecución de los frustrados invasores, pero no encontraron ningún rastro. Los españoles y milicianos locales tuvieron 21 muertos y 71 heridos. Los ingleses, muchísimos más, pero se desconoce la cifra.


Con fecha del 8 de junio, Leyba un detallado informe de la batalla a Gálvez, excusando la tardanza en escribir debido a su enfermedad, que hacía tiempo le estaba afectando.

Fernando de Leyba fallecía el 28 de junio de 1780, al poco de terminada la batalla, siendo enterrado el mismo día, frente al altar de la Iglesia Parroquial de la ciudad que había defendido de manera tan brillante. A su muerte las dos hijas y la hermana de Fernando de Leyba ingresaron en un convento de Ursulinas.

May 28 1780-june 17 1946 NEAR THIS SPOT EL DESTACAMENTO DE FORT SAN LUIS ERIGIDO EN 1780 FUE ATACADO EN MAYO DE 1780 POR LOS BRITÁNICOS E INDIOS Y DEFENDIDO EXITOSAMENTE POR EL ESPAÑOL DE LA GUARNICIÓN FERNANDO DE LEYBA. ESTA VICTORIA EVITÓ QUE GRAN BRETAÑA TUVIERA EL CONTROL DEL MISSISSIPPI, EN LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA REVOLUCIÓN AMERICANA. ESTA PLACA SE COLOCÓ AQUÍ POR LA SOCIEDAD GENERAL DE LOS HIJOS DE LA REVOLUCIÓN.

El 3 de febrero del año siguiente, sin saber todavía que el capitán Fernando Leyba había fallecido, el rey de España Carlos III le concedía el grado de teniente coronel, en agradecimiento por su vigorosa defensa en el intento de toma por sorpresa de San Luis. También al teniente Cartabona se le ascendía al grado de capitán.


Para saber más: SAN LUIS, 1780:LA BATALLA DE FUERTE SAN CARLOS, de Germán SEGURA GARCÍA, en Revista de Historia Militar, IHCM, Nº 110, 2011.

En 1763, la monarquía española recibía de Francia parte del territorio de la Luisiana, una región de límites mal definidos que se extendía al oeste del Misisipi y que tenía su capital en Nueva Orleans, emplazada en la ribera este. Para España, el valor estratégico de la Luisiana se puso de manifiesto durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1775-1783), cuando el Misisipi se convirtió en una de las principales vías de abaste-cimiento de las Trece Colonias sublevadas contra Gran Bretaña. Por ello, los británicos, entre sus objetivos estratégicos, barajaron la posibilidad de atacar a los españoles en la cuenca del Misisipi y neutralizar definitivamente esta vía de penetración fluvial por donde se canalizaba buena parte de los socorros en material y dinero para los insurrectos norteamericanos. Derrotados los británicos por Bernardo de Gálvez en el curso bajo del Misisipi, el ataque de San Luis de 1780 constituye el intento más serio de hacerse con la cuenca alta del río y amenazar con separar los dominios españoles de las colonias americanas. Pero el capitán Fernando de Leyba, teniente gobernador de la Alta Luisiana, al mando de la guarnición española y las milicias hizo frente a la amenaza y rechazó un ataque anglo-indio en el único combate que tuvo lugar al oeste del Misisipi durante toda la guerra.