sábado, 24 de junio de 2017

Domingo de Zavala. La Guerra y la Hacienda


Domingo de Zavala estuvo presente en la batalla de Lepanto, fue Secretario de Estado y Guerra en Flandes, Contador Mayor de Hacienda por nombramiento de Felipe II, y Consejero de Hacienda de Felipe III, todo lo cual le permitió fundar el mayorazgo de su apellido (1612) y construir el palacio Zavala, situado en Ordizia.

Navegando por Internet, en busca de información sobre temática relacionada con la hidalguía, tuve la fortuna de encontrarme con el libro: Domingo de Zavala. La guerra y la Hacienda (1535-1614), de descarga gratuita, cuyo autor es Arturo Cajal Valero, que narra la vida de un personaje interesante y el entorno en el que se desenvolvió, y que recomiendo.

De la página web Fundación del Archivo de la Casa de Zavala, he recopilado gran parte de la siguiente información, que reproduzco en el blog.

Palacio de Zavala, en Ordizia
Los Zavala, originarios de Ordizia* (s. XVI, antiguamente también llamada Villafranca de Oria, Villafranca de Ordicia o Villafranca) y afincados posteriormente en Tolosa (ss. XVIII-XIX), atraviesan y jalonan la historia de Guipúzcoa desde su fundador Domingo de Zavala hasta el primer tercio del siglo XX.
 

Sus armas: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de azur, un monte o peñasco de plata, sumado de un águila de oro, en actitud de emprender el vuelo, 2º y 3º, en campo de oro, una encina de sinople, frutada de oro, y un jabalí de sable atravesado por delante del tronco.

Medallón. Perfil de Domingo de Zavala

Domingo (/Martínez de Arramendía y Mendiola) de Zavala nación en Villafranca (actual Ordizia), en noviembre de 1535 y murió en la misma ciudad el 25 de noviembre de 1614. Hijo de Domingo Martínez de Armendía (barbero de profesión, lo que demuestra que los hidalgos si ejercian ciertos oficios) y  de Mary Juan de Mendiola, su esposa, fue un hidalgo de orígenes modestos y sus ascendientes “vecinos concejantes” de Villafranca, que tuvo que salir muy joven -a la edad de 12 años- de su pueblo natal para ganarse la vida como escribano y contable, llegando a alcanzar los más altos puestos en la administración Real al ganarse la confianza del Comendador Mayor de Castilla Don Luis de Requesens. Casó con Magdalena de Arrúe y Acelaín en 1576, con la que tuvo un único hijo, llamado Martín, que llegó a ser, en 1600, Caballero de Santiago.

Domingo estuvo presente en la batalla de Lepanto, fue Secretario de Estado y Guerra en Flandes, Contador Mayor de Hacienda por nombramiento de Felipe II, y Consejero de Hacienda del Rey Felipe III, todo lo cual le permitió fundar el mayorazgo de su apellido (1612) y construir el palacio Zavala sito en Ordizia (acabado en 1582) a su vuelta de Flandes. En adelante la familia Zavala se ocuparía del gobierno de las fábricas de armas “de Cantabria” –de Placencia y Tolosa- por designación de la Corona (s. XVII), y ocuparía su lugar en la Diputación General de Guipúzcoa (s. XVIII).


Participó en la batalla de Lepanto en el séquito de Luis de Requesens como empleado de la administración militar (contable), y en virtud de la confianza personal de su señor, mandó la galera Granada situada en el lugar neurálgico del combate, desplegando un extraordinario heroísmo y capturando tres buques turcos. Ni antes ni después de Lepanto desempeñó Zavala mando naval ni función marinera ninguna, sino una larga y brillante carrera burocrática en los ámbitos de guerra (Secretario de Estado y Guerra en el Gobierno general de Flandes) y contabilidad (Contador Mayor de Hacienda), que le llevaría finalmente a formar parte del Consejo supremo de Hacienda.


Manuel José de Zavala y Acedo, III Conde de Villafuertes (1772-1842), constituye la personalidad más significada del linaje, y asimismo, la que más abundante documentación ha legado al archivo, en especial por lo que hace a su intensa vida política. Entre otros hechos, fue el primer Jefe Político (gobernador civil) de Guipúzcoa, encargado de aplicar la “Constitución de Cádiz” en la Provincia (1813-1814, 1820-1823), y objeto de la persecución absolutista por sus servicios al régimen liberal. En el tiempo de la primera guerra carlista, fue uno de los creadores del liberalismo fuerista, defensor de la continuidad de los Fueros vascos bajo el Estado constitucional, y en esta misma línea fue miembro de la “Junta de Bayona” encargada de apoyar a la Bandera “Paz y Fueros” del escribano Muñagorri. Así como sería igualmente, al término de la guerra (1839), el primer Corregidor Político de Guipúzcoa, el delegado del Gobierno que inauguró una larga época de coexistencia de Fueros y Constitución.

La conflictiva evolución de la política y de la sociedad a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, desde el final del Antiguo Régimen hasta la reconciliación posterior a la guerra civil, pasando en el intermedio por las guerrillas realistas del Trienio, los orígenes del alzamiento carlista, o el cisma entre los liberales moderados y progresistas, tiene su reflejo en las cartas y documentos del Conde, contemplada toda ella desde su posición liberal, conservadora y fuerista.

Sus hijos Ladislao (Diputado General de Guipúzcoa) y Ramón de Zavala Salazar evolucionarían posteriormente desde el liberalismo hasta el carlismo, en cuyas filas políticas militaron durante la última guerra carlista y en adelante. Del último mencionado, Ramón (1817-1898), se conserva documentación relativa a esta guerra, y a sus posteriores actuaciones políticas como miembro del partido integrista y Presidente de la Diputación Provincial ya en la época de la Restauración.

Por sucesivos enlaces matrimoniales los Zavala emparentaron con otros linajes guipuzcoanos, como Aramburu (Tolosa), Olaso (Vergara), Monzón, Eznarrízaga-Zuaznabar, Alcíbar-Jáuregui, etc.

Por la misma vía matrimonial, entraron en el archivo los considerables fondos documentales de la familia asturiana Fernández de Heredia, relativos tanto a la administración económica de sus bienes (las Casas de Heredia, Dóriga y Faes), como a la actividad política de Antonio Fernández de Heredia y Valdés, Vizconde del Cerro (1816-1880; Diputado a Cortes, Gobernador de diversas provincias, Introductor de Embajadores, Maestro de Ceremonias de la Casa Real de Amadeo I), y a otros diversos avatares del Principado de Asturias.

 
Luis María de Zavala y Fernández de Heredia (San Sebastián, 1936) es el responsable del Archivo de la Casa de Zavala.

Licenciado en filosofía y teología. Empresario. Caballero de la orden de Santiago (1986), Dignidad Trece (1991), Cruz de Honor de la Orden de San Raimundo de Peñafort (1991). Consejero del Real Consejo de las Órdenes Militares (1994-2012). Presidente del Real Consejo de las Órdenes Militares (2012).

Desempeñó el cargo de Director General de Asuntos Religiosos (1989-1991). Presidente del Instituto Ibero (1991-1995). Correspondiente de la Real Academia de Historia (1993). Amigo de número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (1994).

martes, 20 de junio de 2017

Tricentenario de Carlos III. "Carlos de Borbón. De Barcelona a Nápoles"


Con motivo del tricentenario del nacimiento del príncipe Carlos, el primer hijo de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel Farnesio, en Madrid el 20 de enero de 1716, que antes de ser Rey de España y de las Indias (17591788) a la muerte sin descendencia de su medio hermano Fernando VI, lo fue de Nápoles, varias instituciones políticas y culturales rememoran su figura y reinado, de casi treinta años, considerado como uno de los más fecundos de la historia española. 


La última exposición en anunciarse es la que tendrá lugar en Barcelona: "Carlos de Borbón. De Barcelona a Nápoles", sobre la etapa mediterránea de un rey Ilustrado, que fue el primer Gran Maestre de la Orden Constantiniana perteneciente a la Casa de Borbón.

Infante Carlos de Borbón Farnesio, retratado como Duque de Parma
El próximo 29 de junio, S.A.R. Don Pedro de Borbón-Dos Sicilias, Duque de Calabria, inaugurará la exposición "Carlos de Borbón. De Barcelona a Nápoles", co-organizada por la S.M.O. Constantiniana de San Jorge, cuyo gran maestre es el Duque de Calabria (primo segundo del rey Felipe VI), y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

El enfoque de esta muestra es recorrer la etapa mediterránea de Carlos III: desde que salió de España para ocupar el trono de Nápoles y Sicilia, hasta que regresó el 17 de octubre de 1759 para asumir la corona de España a la muerte de Fernando VI.  Si en su marcha a Italia el entonces infante don Carlos pasó por Barcelona antes de pasar a Francia, en su vuelta a España fue al puerto de Barcelona al que llegó su barco procedente del reino de las Dos Sicilias. Por ello, y por decisión del Duque de Calabria, esta exposición se celebra en la Ciudad Condal.

Estarán patentes importantes piezas, en particular del museo del Prado, Patrimonio Nacional, Biblioteca Nacional de España, así como de colecciones privadas, entre ellas la de la propia familia real de Borbón-Dos Sicilias.

Palacio del Lloctinent, construido en 1549
Lugar y fecha: La exposición podrá ser vista en el Palacio del Lloctinent (Archivo de la Corona de Aragón) en Barcelona, del 29 de junio al 17 de octubre de 2017.


A lo largo del año 2016 y hasta mediados de 2017, han tenido lugar exposiciones, conferencias y conciertos sobre la vida y legado del rey, considerado “el mejor alcalde de Madrid”. Entre todas las exposiciones cabe destacar la primera: “Virtuti et Merito”. La Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, fundada por el mismo Rey que le dio su nombre, el día 19 de septiembre del año de 1771, en el Museo Casa de la Moneda de Madrid (FNMT), del 20/09/2016 al 11 /12/2016, en la cual se pudo contemplar el manto ceremonial de Carlos III, que viajó a España por primera vez, multitud de condecoraciones e insignias, cuadros, libros, etc.

Por otra parte, La Real Academia de la Historia, con el apoyo de la Fundación Rafael del Pino, organizaron un ciclo de 14 conferencias: “El año de Carlos III en la Real Academia de la Historia”, que se desarrolló, con gran éxito, entre mayo y noviembre de 2016.

Otras cinco citas imprescindibles del tricentenario, que ya han tenido lugar, son:

Carlos III: proyección exterior y científica de un reinado ilustrado
Acción Cultural Española presenta una muestra con 100 piezas de instituciones españolas y extranjeras que explican los principales hitos de la política exterior del monarca, así como el papel desempeñado por la Corona en la promoción del conocimiento, expuestas en el Museo Arqueológico Nacional (MAN).

Carlos III y la difusión de la Antigüedad
La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha programado una muestra que se celebrará simultáneamente en tres ciudades relacionadas con la actividad arqueológica del monarca: Nápoles, Madrid y México DF. La exposición pretende mostrar el papel que tuvo el monarca en la difusión del patrimonio de Pompeya y Herculano, que el monarca fue pionero en mandar sacar a la luz. Lugar: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Carlos III. Majestad y Ornato en los escenarios del Rey Ilustrado
Carlos III fue el primer monarca en habitar el Palacio Real de Madrid. Al igual que hizo con los Reales Sitios de Aranjuez, El Pardo o La Granja de San Ildefonso, dotó al palacio de una decoración nueva. La exposición de Patrimonio Nacional pretende revisar el estilo implantado por el monarca, con un nuevo arte cortesano creado bajo su directo mecenazgo. Palacio Real de Madrid.

Una corte para el Rey. Carlos III y los Sitios Reales
La exposición cuenta con diseños, maquetas y planos para conocer el antes y el después del reinado de Carlos III y admirar así la dimensión de su obra en la Villa y los Sitios Reales. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

Carlos III y el Madrid de las Luces. Exposición centrada en la renovación operada en todos los aspectos de la vida madrileña durante su reinado. La muestra, que consta de 200 piezas, repasa las reformas de la administración municipal y analiza las importantes transformaciones urbanísticas y arquitectónicas realizadas por el monarca con el fin de dignificar la villa y corte. Museo de Historia de Madrid.

viernes, 16 de junio de 2017

Diego de Álava y Viamont. Jurista, matemático e ingeniero militar (artillero)


Diego de Álava desarrolló, independientemente de Niccolò Tartaglia (1500-1557) y corrigiendo muchos de los errores de éste, una teoría balística, herramienta sin la cual es difícil entender la precisión matemática y el carácter científico de la artillería de los siglos XVII y XVIII, ni el desarrollo de las campañas militares.

Diego de Álav(b)a y Viamont, al que algunos autores citan como Diego de Álava y Beaumont) nació en Vitoria, e 1557. Miembro de una familia noble (hidalga) y distinguida, hijo de Francisco de Álava, capitán general de artillería, miembro del Consejo de Guerra, embajador de Felipe II en Francia y comendador de la Orden de Calatrava. Diego contaba con buenas razones para dedicarse a las armas y, acaso, a las leyes y cánones, en las que fue matriculado en las universidades de Alcalá (en el colegio de Ambrosio de Morales) y en la de Salamanca. Las encontró valiosas y necesarias (llegaría, de hecho, a ser un distinguido abogado, ejerciendo la profesión de leyes en su ciudad natal y gozó de los privilegios de gentil hombre de la Casa del Rey Felipe II), resultándole, además, de gran interés las clases de matemáticas dadas por Jerónimo Muñoz, reputado catedrático valenciano. De su inclinación por las ciencias recuerda haberse debido más al empeño de su padre que al suyo.

En una España donde no se escribían tratados de artillería, donde una carrera en la prestigiosa Salamanca estaba dirigida a formar juristas y eclesiásticos, recibiendo el estudiante unos pocos conocimientos científicos de algún catedrático comprometido, el caso de Diego de Álava es, al igual que su obra, es un tanto singular. Fue allí, mientras aprendía cómo aplicar el álgebra a la geometría, en donde Álava se percató del olvido de la balística en España. En 1590, tras tres años de pleitos y demora, publicó en Madrid, editada por Pedro Madrigal, la obra con la que alcanzaría gloria y fama: “El perfecto capitán instruido en la disciplina militar, y nueva ciencia de la artillería”, si no el primero, sí uno de los primeros de su género publicados en España.


La obra consta de seis libros: los dos primeros tratan de la organización táctica; el tercero de fundición, fabricación de la pólvora y las municiones; el cuarto, del modo de aplicar el uso de los instrumentos a la trigonometría (incluyendo una tabla de senos rectos de Regio Montano); y los dos últimos los que más valor tienen, tratan de la balística o "nueva ciencia de la artillería". Tanto el trabajo sobre balística, como el de algunas partes de El perfecto capitán se basan en consideraciones matemáticas; y es que Diego de Álava no tenía experiencia con armas, al no haber servido en el ejército, lo cual le hizo ser blanco de criticas (a pesar de que se guió, en parte, de las repetidas experiencias realizadas por su maestro Muñoz, con varias piezas de artillería).

Según el Diccionario militar de José Almirante, 1869, en su obra citada explica Diego un plan o proyecto suyo de ejército de reserva llamado batallón, de 8.000 soldados, repartidos en 32 compañías de a 250 hombres, mandadas por un capitán, alférez, sargento, furriel y 10 conservadores de disciplina para tener a su cargo la de cada una de las 10 escuadrillas de a 25 hombres. Esta obra sería reimpresa en 1612.

El siglo XVI mostró que la matemática aplicada a la artillería podía ser mucho más precisa de la que había esbozado, en forma sencilla, Galileo. La obra La Nova Scientia (1537) de Niccolò Tartaglia probó que el camino para perfeccionar el uso de la artillería, desde el punto de vista de la lógica matemática (no sólo de la experiencia), era estudiar la naturaleza y propiedades de la curva que describen los proyectiles; y también reveló el modo de determinar sus alcances en el tiro, sosteniendo eso sí, sin demostrarlo que el incremento en el alcance  –hasta alcanzar una elevación de 45 grados, que es para la máxima distancia– es el mismo para cada grado de elevación. Tartaglia se jactó de ser el primero en usar la escuadra para dar elevaciones a las piezas, aunque ya se usaba años antes (por cierto, antiguamente se apuntaban las piezas a tiento, y se medía a ojo la distancia adonde quería dirigirse el tiro). 

El rasgo específico de la doctrina de Tartaglia que más chocó a Álava era el que en ella los alcances aumentasen en proporción de los puntos de la escuadra y que, en consecuencia, en los tiros horizontales la curva fuese un cuadrante; pensaba, al contrario de aquél, que en tales tiros el proyectil se movía oblicuamente de forma gradual, aumentado cada vez más rápido la curvatura de la trayectoria hasta acabar en una línea vertical. Todo indica que Álava no conocía “Quesiti et Inventione Diverse” (1546), donde el sabio italiano corrigió este principio de su doctrina. Lejos de limitarse a expresar una corrección de carácter meramente matemático, Diego de Álava desarrolló sus ideas mediante tablas que mostraban el modo de determinar posibles alcances. La manifestación más conocida de su aportación son las tablas generales que adjuntó en su último libro, que se basan en su teoría de que los alcances son proporcionales a los senos rectos de los ángulos de elevación.

Es curioso que entre sus aciertos figurase la demostración de que el mayor alcance corresponde a un ángulo de 45º (en este punto coincidía con Tartaglia), o el hecho de que "la bala tiene más fuerza a algunos pasos de la boca que al salir de ésta", aunque no daba razones que apoyaran esto (prueba de su sagacidad es que sólo siglos después el velocímetro de Sebert pudo demostrar que la bala de un cañón presenta una aceleración en un punto situado a unos 20 m. de su boca).

No se conoce el lugar y la fecha de su muerte, que debió ser, probablemente,  alrededor de 1597,  pero si  se sabe, que en 1594 donó al Monasterio de San Benito el Real de Valladolid una reliquia de este santo. En señal de agradecimiento, los monjes le ofrecieron para su entierro el altar de San Juan, lugar en el que reposa su cuerpo.

martes, 13 de junio de 2017

Pánfilo de Narváez. Adelantado y conquistador de Cuba y México. Nombrado Gobernador de la Florida


La figura de Pánfilo de Narváez va íntimamente unida a la del Conquistador y Gobernador de Cuba, Diego Velázquez, ambos oriundos de Cuellar y emparentados. En 1509 se encuentran en la Española, y Diego Colón, nuevo gobernador y capitán general en las Indias, encarga a Velázquez la ocupación y colonización de Cuba.

A la empresa le acompañará Pánfilo de Narváez, Hernán Cortés y fray Bartolomé de las Casas que, en su famosísima “Destrucción de las Indias”, narrará apocalípticamente la conquista cubana, tratando a Velázquez y a Narváez despiadadamente, y acusándoles de terribles matanzas entre los aborígenes.

Tras tomar parte en la conquista de Cuba (1512) a las órdenes de Velázquez, fue enviado a México para someter a Cortés, que le atacó en Cempoala, lo hizo prisionero (1520) y lo mantuvo encarcelado tres años. En 1526 organizó una expedición a Florida, muriendo en un naufragio frente a las costas de Texas.


Pánfilo de Narváez, de origen hidalgo, nació, probablemente, en Navalmanzano (Cuellar/Segovia) en torno a  1470, aunque algún autor afirma que fue en Valladolid, y falleció en La Florida en 1528. Era alto, de cabello rubio bermejo, de voz profunda y fuerte, honrado, valiente, de buena conversación, pero vanidoso y necio. Se casó en Cuba con una viuda rica, María de Valenzuela, y pronto consiguió varias encomiendas. Ella y su marido, además participaban de la explotación minera, de manera que fueron un matrimonio bien acomodado. 

Doña María velaba por los intereses económicos de su marido durante sus ausencias. Cuando supo que estaba prisionero en México, al ser enviado por Velázquez en una expedición de castigo contra Cortés, escribió al conquistador extremeño pidiéndole la libertad de su marido, que por unas razones u otras, Hernán Cortés le concedió.

Pasó a La Española en 1498, fue alguacil en Jamaica, donde sirvió a las órdenes de Juan de Esquivel y, posteriormente, de Diego Velázquez en la isla Fernandina (Cuba) en 1508. Participó con el grado de capitán en la expedición de Velázquez (1512), para explorar y conquistar las tierras interiores –centro y oeste– de Cuba, llegando hasta las provincias de Cueyba y Camagüey y fundando varias poblaciones. Gracias a estos éxitos, el Rey Católico confirma en su gobierno a Diego Velázquez y le premia con el título de Adelantado. Gracias a dicho título, Velázquez podrá planear el descubrimiento y conquista de México,

Velázquez envía a Pánfilo a España y lo encontramos en la Corte, apoyando las pretensiones de su amigo, no otras que realizar la conquista del Imperio Azteca bajo su jurisdicción y control, saltándose los derechos de Diego Colón. Mientras Pánfilo se mueve por la Corte, defendiendo los pretendidos derechos del Adelantado, éste está sugestionado por las cualidades de Hernán Cortés, que mostró su gran talento militar en la conquista de Cuba; y comenzó a exponer sus aptitudes colonizadoras y administrativas, hasta el punto que Velázquez le nombró secretario suyo y tesorero del Rey en la isla. La ausencia de Pánfilo en España, indudablemente favoreció el ascenso fulgurante de Cortés, que logrará tras muchas peripecias ser nombrado jefe de la expedición que terminará por conquistar el fabuloso Imperio de Tenochtitlán.

Pero, en 1518, Hernán Cortés se embarcó rumbó a México, desobedeciendo los mandatos del gobernador Velázquez y rompiendo sus vínculos con él, y éste, enojado, envió a Narváez en su seguimiento con instrucciones de capturarlo vivo o muerto. Así, en 1520 demás Velázquez se dedicó a reclutar hombres para realizar una expedición punitiva contra Cortés, de la que Pánfilo de Narváez estaría al mando y le concedió una escuadra con 19 naves, unos 1.300 hombres y 50 caballos, con los que se dirigió a México para capturarlo.

Lienzo de Tlaxcala. Cortés captura a Narváez.
Pánfilo de Narváez trató de negociar su rendición, pero Cortés, más hábil, logró dividir los intereses de los que habían de ser sus captores y provocar la deserción de buena parte de la tropa de Narváez, en principio muy superior en número a la de Cortés, que prolongó deliberadamente las negociaciones con Narváez mientras conseguía minar la adhesión interna de la tropa hacia su caudillo. Debilitado, fue atacado en Campoala la noche del 24 de mayo de 1520 por Cortés, quien provocó numerosas bajas entre su ejército. Narváez fue herido por una lanza (perdió un ojo) y encerrado en la fortaleza de la Villa Rica de la Veracruz, para posteriormente ser trasladado a la ciudad de Coyoacán.

A pesar de que Narváez reconoció su derrota y la soberanía de Cortés sobre los territorios mexicanos, éste no se atrevió a ponerlo en libertad hasta 1523, ya que lo consideraba un enemigo peligroso. Narváez se trasladó entonces a España, donde se convirtió en uno de los principales líderes del grupo de opinión cortesano enemigo de Cortés, grupo que comenzaba entonces a conseguir la caída en desgracia del conquistador de México.

En 1526  obtuvo una capitulación por el rey Carlos I de España para conquistar La Florida, con el título de Adelantado, además del título de Gobernador de todas las tierras que descubriese desde el río de las Palmas hasta los confines de la citada península de La Florida. Narváez partió, en junio de 1527, del puerto de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) al mando de una flota de cinco buques y unos seiscientos hombres y se encaminó a Santo Domingo y de allí a Cuba.

Tras sufrir la deserción de algunos de sus hombres y una fuerte tormenta que hundió dos navíos, invernó en la misma Trinidad hasta febrero de 1528, de donde partió finalmente con cinco navíos, unos cuatrocientos soldados y ochenta caballos. No obstante, una nueva tempestad lo hizo naufragar frente a las costas de Florida (Bahía de Tampa) el 12 de abril de 1528.


Tras reorganizar su tropa, Pánfilo de Narváez se adentró en el interior del país, atraído por los rumores de la existencia de un poblado o lugar rico en oro. Contra el parecer de su oficial Alvar Núñez Cabeza de Vaca, dividió su tropa al mandar a sus navíos hacia el oeste en busca de un puerto en el río Grande, que creían erróneamente cercano. La expedición tierra adentro fracasó, al constatarse la falsedad de la riqueza del país, encontrar la hostilidad de los indígenas y sufrir la escasez de víveres.

Narváez decidió entonces reencontrarse con su flota; al no encontrarla en el lugar que creían, construyeron unas balsas y se hicieron a la mar, navegando cerca de la línea de la costa. En las proximidades del delta del río Mississipi, en noviembre de 1528 una nueva tempestad hundió las balsas y arrojó a la costa de Texas a los pocos supervivientes, entre los que no se encontraba Narváez, que pereció junto a la mayoría de los expedicionarios, salvándose Cabeza de Vaca y unos cien más..

viernes, 9 de junio de 2017

Alonso Pita da Veiga. Capturó al Rey Francisco I, en la batalla de Pavía


Sirvió a los Reyes Católicos y al emperador Carlos V en las guerras de Italia y Francia. Destacó por su valor, sobre todo, en las batallas de Bicencio, Bicoca y Gatinara.

Lucho en la batalla de Pavía como capitán de caballería del Tercio Andrade. En esta batalla, el 24 de febrero de 1525, fue una de las tres personas que intervino en la captura del Rey Francisco I de Francia, recibiendo del emperador, por esta acción, escudo de armas y una pensión vitaliicia.

Alonso Pita da Veiga nació en El Ferrol (La Coruña) en 1480), hijo segundo del regidor perpetuo de la villa, Pedro Morado Pita, y de María Fernández da Veiga, del linaje de los Pardo de Lago de Moeche. Su hermano Juan heredó de su padre.

Como caballero, ligó su suerte a la casa condal de los Andrade de Puentedeume. Con Fernando de Andrade (conde de Villalba) formó parte del Tercio (5.000 hombres), que el señorío aportó para las campañas imperiales de Italia. En recompensa, según el historiador Llorca Freire, Alonso sería señor de Vilacornelle.

*En la batalla de Pavía Alonso rescató el Estandarte Real del Infante Don Fernando, Rey de Hungría, en poder de los franceses que se habían apoderado de él, tras abatir al Alférez Real enemigo que lo llevaba, razón por la que figurará en su nuevo escudo.

Pasó a la historia por haber sido uno de los tres que tomaron prisionero al rey Francisco I de Francia durante la batalla de Pavía, en Italia. En esta acción de armas, los tercios españoles al servicio del emperador Carlos V derrotaron a las fuerzas francesas mucho más numerosas. El caballero Alonso Pita da Veiga, formaba parte del Tercio de Andrade y tuvo un papel destacado en la batalla, ya que precipitó su desenlace, así como el final de la campaña, al capturar al monarca francés. En la noche del 24 de febrero de 1525, bajo una intensa nevada, 500 hombres de las huestes imperiales tomaron el campamento enemigo, que dormía, y causaron miles de bajas.

Batalla de Pavía (Italia)
 La defensa de Pavía realizada por el capitán Antonio de Leiva le valió el gobierno del Milanesado y el título de Príncipe de Ascoli.

En el tercio que capturó al rey francés iba el gallego Alonso Pita da Veiga que, junto con el vasco Juan de Urbieta y el andaluz Diego Dávila, fueron quienes realmente lo apresaron. Rodeados por tropas imperiales, el rey de Francia y su escolta, que combatía a pie, intentaron abrirse paso rompiendo el cerco. De pronto, Francisco I cayó del caballo y al erguirse, se encontró con tres soldados españoles que lo hacían preso. No sabían a quién acababan de apresar, pero por las vestimentas supusieron que se trataría de un gran señor. Pita da Veiga le quitó "la manopla izquierda de su arnés y una banda de brocado que traía sobre las armas, con cuatro cruces de tela de plata y un crucifijo de la Veracruz". Informaron a sus superiores. Aquel preso resultó ser el rey de Francia.


De regreso a Galicia, contrajo matrimonio con María García de Villouzás, natural de Pontedeume, hija de Juan Piñeiro e Narahio Oanes, Señor de la Torre de Franza “El Crespo” (hermano del Comendador de Porto Marín y Trebejo, del mismo nombre, y comendador de la Orden de Malta en Galicia), y de Sancha García de Villouzás y Núñez Pardo (hija de María García y Vasco Gil de Santa Marta).

Enterado el emperador de su heroicidad, le concedió en 1529 el privilegio de armas a perpetuidad para él y sus descendientes. Alonso falleció en torno a 1552-1554.

Privilegio, en los términos que lo otorgó el Emperador a los cuatro años después de la batalla, el cual se conserva en el Archivo General de Simancas, legajo 388, rotulado de "Mercedes y Privilegios": En dicho privilegio no precisa conceder hidalguía, porque los Pita da Veiga ya eran hijosdalgos de sangre, y las nuevas armas no venían sino a sustituir o agregarse a las primeras.

"Don Carlos por la divina clemencia siempre augusto, Rey de Alemania; doña Juana su madre, y el mismo Don Carlos por la gracia de Dios, Reyes de Castilla, etc. Acatando los buenos y leales servicios que Vos, Alonso Pita da Veiga, gallego, nuestro vasallo, nos habeis hecho en todas las guerras que se han ofrecido, ansi en España como en Italia, donde os habeis hallado, especialmente en la batalla de Bicencio, que D. Ramón de Cardona vizrey y capitán general que fue del Católico Rey nuestro abuelo y Señor, que haya santa gloria, en el Nuestro reino de Nápoles dio contra Bartolo de Albiano, capitán general de venecianos, donde os hallastes y señalastes muy bien, y lo mismo en la batalla que Próspero Colonna, que fue Nuestro capitán general de Italia, hubo en la Vicoca, con Mr. de Escur, capitán general del Rey de Francia y de su ejército; y ansí mismo en la que D. Carlos, duque de Borbón, Nuestro capitán general que fue de Italia, y D. Carlos de Lanoy, Nuestro vizrey de Nápoles y D Francisco Hernando Dávalos de Aquicio, Marqués de Pescara, Nuestro capitán general de infantería, dieron en Gatinara al ejército de franceses, de que era capitán general el Almirante de Francia, donde os hallastes y señalastes, como hombre de buen ánimo y esfuerzo, de todo lo cual soy informado y certificado por cartas de los dichos Nuestros capitanes generales de Italia, y de otras personas que de allá han venido: y demás dello nos consta

Y es claro y notorio que en la batalla sobre Pavía, que los dichos Duque de Borbón y D. Carlos de Lanoy y Marqués de Pescara, hubieron con el Rey de Francia, donde le desbarataron y prendieron, vos, continuando vuestra lealtad y esfuerzo, y el deseo que teneis de Nos servir, peleastes como valiente hombre, y cobrastes de poder de franceses el estandarte del Serenísimo Infante D. Fernando, que agora es Rey de Ungría, Nuestro muy caro y muy amado hijo y hermano, en el cual iba la insignia del Nuestro ducado de Borgoña, y lo tomaron los dichos franceses, habiendo muerto al alférez que lo traía, en prueba de la cual hazaña, os ficimos merced de seiscientos ducados de oro; y en la misma batalla ficistes tanto que allegastes a la misma persona de dicho Rey, y fuistes en prenderle, juntamente con las otras personas que le prendieron, y vos le quitastes la manopla izquierda de su arnés y una banda de brocado que traía sobre las armas, con cuatro cruces de tela de plata y un crucifijo de la Veracruz, de lo cual el mismo Rey de Francia hizo fe y testimonio por una cédula firmada de su propia mano, y Nos vos hicimos merced por ello de treinta mil maravedies cada año para toda vuestra vida, allende de vuestro salario ordinario de hombre de armas; en memoria de lo cual

Y porque los Emperadores, y Reyes, y Príncipes, acostumbre honrar y hacer mercedes a los que bien les sirven, para que en sus linajes y sucesión quede de ellos perpétua memoria, y otros a ejemplo dellos se esfuercen y animen a bien servir.


"Por la presente de Nuestro propio motu y ciencia cierta y poderío Real absoluto, de que en esta parte queremos usar y usamos como Reyes y Señores naturales, es Nuestra merced y voluntad de os hacer merced, y conceder y dar por armas un escudo cuarteado, el campo del cuarto de encima colorado de color sangre, y en él una manopla en señal de la que tomastes al dicho Rey de Francia, y una corona real de oro un poco más arriba de la dicha manopla; y del cuarto de abajo el campo azul con tres flores de lises de oro, que son las verdaderas armas de los Reyes de Francia; y el cuarto derecho tenga el campo colorado como el cuarto de arriba, y en él la banda subdicha con sus cruces; y el campo del cuarto siniestro asimismo colorado, y en él el dicho estandarte del Serenísimo Rey de Ungría con las armas de Nuestro ducado de Borgoña, y timbrado dicho escudo según y como y de la manera que va puesto y pintado aquí

"Las cuales dichas armas vos damos y concedemos para Vos, y para vuestros hijos y descendientes nacidos y por nacer, y sus descendientes de ellos perpetuamente para siempre jamás, para que las podais y puedan traer y poner por vuestras armas y suyas en vuestros reposteros y suyos, y en las otras partes en donde las quisiereis y quisieren traer y poner libremente; sin que por ello y por ninguna causa ni razón que sea o ser pueda, vos sea ni pueda ser puesto embargo ni impedimento alguno a vos ni a los dichos vuestros hijos descendientes, , y a los suyos perpetuamente para siempre jamás; y por esta Nuestra carta o por su traslado signado de escribano público, mandámos al Ilustrísimo Príncipe D. Felipe, Nuestro muy caro y amado hijo y nieto,a los Infantes, perlados, duques, marqueses, condes, ricoshomes, maestre de la órdenes, priores, comendadores, subcomendadores, alcaides de los castillos, y casas fuertes y llanas, y a los del Nuestro consejo, presidente, oidores de las nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra casa y corte y chancillerías, y a todos los consejos, y a sus tenientes, gobernadores, merinos prebostes, y otras cualquier nuestras justícias y jueces destos reinos y señoríos, y a cada uno y cualquier dellos en sus lugares e jurisdicciones, que vos dejen y consientan a vos, y a los dichos vuestros hijos nacidos y por nascer, y a sus descendientes para siempre jamás, traer y tener y poner por vuestras armas las subsodichas, según como dicho es; y que en ello ni en parte dello embargo ni contrario alguno vos no pongan ni consientan poner; y vos guarden y cumplan esta dicha Nuestra carta y la merced en ella contenida; y contra ella ni contra cosa alguna ni parte de ella no vallan ni pasen, ni consientan ir ni pasar en tiempo alguno ni por alguna manera, sopena de la Nuestra merced y de diez mil maravedíes para Nuestra cámaraa cada uno que lo contrario hiciere; e demás mandamos al home que les esta Nuestra carta mostrare, que les emplace que parezcan ante Nos en la Nuestra corte del día para que los emplazaren fasta quince días primeros siguientes, so la dicha pena; so la que mandamos a cualquier escribano público, que para esto fuere llamado, que dé ende al que se la mostrare testimonio signado, con su signo, porque Nos sepamos como Nuestro mandado se cumple.
  
Dado en Barcelona a 24 de Julio, año del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1529 años-Yo el Rey-Yo Pedro de Casasola, secretario de sus Cesáreas y Católicas Majestades, la fice escribir por su mandato-Idiaquez."

martes, 6 de junio de 2017

Álvaro de Mendaña y Neira. Adelantado de las islas Salomón; descubridor y navegante de los Mares del Sur


El Adelantado Álvaro de Mendaña era un leonés muy capacitado, excelente cartógrafo y hombre de mar que navegó por los Mares del Sur en busca de hacer más grande, si cabe, el Imperio Español.

Álvaro de Mendaña y Neira, nacido en torno a 1542, fue considerado gallego por la historiografía oficial y oficiosa durante unos cien años, pero desde 1992, se sabe que su lugar de nacimiento fue en la localidad leonesa y berciana de Congosto, un pequeño pueblo del Occidente de León, que a finales del siglo XVI alcanza una población de 97 vecinos y de los que el 80 por ciento eran nobles.
Los primeros Mendaña, que se establecen en León, en el siglo xiv, proceden de la Tierra de Zamora; convirtiéndose, a mediados de dicha centuria, en un importante linaje, alcanzando a ser señores de varios lugares. Con el matrimonio de Lope de Mendaña con María Álvarez Osorio, del linaje de los señores de Villalobos, afianzarán su presencia en las tierras maragatas.
En el Libro de Asientos de Pasajeros, en 1563, de la casa de Contratación de Indias, se inscribe como: "Alvaro de Rodríguez de Mendaña, Mozo soltero como de 21 años de edad, natural del lugar de Congosto. Hijo lexitimo de Fernán Rodríguez de Mendaña y de Ysavel de Neyra, Vecinos de dicho Congosto. Nieto paterno de Juan Rodríguez y de María Escobar, vecinos de los barrios, y materno del B(achiller) Ruy García de Castro, y de María de Neyra, vecinos de Villanueva de Valdueza, todos Hijosdalgo notorios de solar conocido.

Álvaro fue protagonista de dos importantes expediciones transpacíficas desde el virreinato del Perú: en la primera descubrió las islas Salomón (1568), en virtud de este descubrimiento obtuvo el título de Adelantado de la Mar del Sur, y en la segunda halló el archipiélago de las Marquesas y las islas de Santa Cruz, donde falleció (1595). Su viuda, Isabel de Barreto tomó entonces el título de Adelantada de la Mar del Sur y se dirigió hacia las Marianas y Filipinas, gracias a la habilidad del gran piloto Fernández de Quirós.


 Fue sobrino de don Lope García de Castro, con quien pasó a Indias cuando éste fue nombrado Presidente de la Audiencia de Lima (Perú) en 1567, un mandato puente entre los virreyes conde de Nieva y Toledo. García de Castro debía llevar instrucciones de enviar una expedición descubridora al océano Pacifico, pues fue una de las primeras cosas que hizo. La puso al mando de su sobrino Mendaña y salió de El Callao el 10 de noviembre del mismo año (1567) con dos naves a bordo de las cuales iban 150 hombres.

Su objetivo era encontrar unas islas a las que, según las leyendas incas, había llegado anteriormente el inca Túpac Inca Yupanqui o bien hallar la tierra austral (Australia) que, según Sarmiento de Gamboa, debía existir en pleno océano Pacífico. Sarmiento iba en el viaje y mandaba la capitana, mientras que como Piloto Mayor iba Hernán Gallego. La expedición navegó con dirección oeste durante mas de dos meses, al cabo de los cuales (15 de enero de 1568) divisó una isla que se bautizó con el nombre de Jesús. Unas semanas después, el 9 de febrero de 1568, encontró otra isla que se denominó Santa Isabel y pertenecía al archipiélago de las Salomón. Gallego construyó un bergantín para explorar las islas próximas, mientras el resto de los expedicionarios trataron de encontrar un buen asentamiento para colonizar y evangelizar a los naturales. No lo lograron, sin embargo, por lo que el único fruto que lograron fue descubrir otras islas del mismo archipiélago, como Ramos, San Cristóbal y Guadalcanal.

El 11 de agosto de 1568, tras seis meses de permanencia en las Salomón, emprendieron el viaje de regreso. Estuvo lleno de dificultades, pues no encontraban vientos favorables, tuvieron una tormenta que separo los dos barcos y además llevaban las naves muy averiadas. Pese a todo alcanzaron la costa mexicana, en una bahía que llamaron Santo Tomás (21 de diciembre), y que posteriormente cambiaría tal nombre por el de Sebastián Vizcaíno. Desde allí singlaron al sur, pasaron por Colima, Acapulco y Realejo (Nicaragua) y llegaron al Callao el 11 de septiembre de 1569 después de haber recorrido más de 27.000 kilómetros. Ya no era Gobernador del Perú García de Castro, sino el Virrey Toledo, que consideró un fracaso la expedición.

Mendaña viajó a España para dar cuenta de sus descubrimientos y Felipe II le nombró Adelantado del Mar Océano y Gobernador y Capitán General de las islas descubiertas, y le autorizó para emprender la colonización (27 de abril de 1574). Volvió al Perú para organizar su segunda expedición, pero encontró muchas dificultades. Al cabo de casi veinte años (ocupaba ya el virreinato el Marqués de Cañete) pudo salir de Paita dispuesto a colonizar las Salomón. Era el 16 de abril de 1595 y llevaba cuatro buques (San Gerónimo, Santa Isabel, Santa Catalina y San Felipe) y casi 400 personas, contando mujeres, niños, criados y esclavos (280 de las cuales eran soldados).




Retrato de  El virrey García Hurtado de Mendoza, IV marqués de Cañete, que ya había sido gobernador de Chile y al que Felipe II eligió para gobernar el más importante territorio de España en América (virreinato del Perú) por su amplia experiencia. 

Su llegada fue decisiva para impulsar el proyecto de Mendaña, ayudado por las dotes de persuasión de Isabel Barreto . 

Ella no sería la única mujer en la expedición, pues un grupo de mujeres iría a bordo de las cuatro naves, ya que entre los objetivos de Mendaña se encontraba la colonización de las Salomón de las que él iba a ser su gobernador.




Llevaba como Piloto mayor al gran marino Pedro Fernández de Quirós, que escribiría la relación de este viaje. A bordo de las naves iban muchas mujeres (ya que iba a establecer poblaciones españolas), entre ellas doña Isabel de Barreto, con la que había contraído matrimonio nueve años antes. Entre los soldados abundaban los revoltosos que habían participado en las guerras del Perú y Charcas y que se unieron a la expedición en busca de nuevas oportunidades. La expedición cruzó el Pacífico y en junio de 1595 llegó a un nuevo archipiélago que Mendaña bautizó como las Marquesas de Mendoza, en honor al nuevo Virrey del Perú. Desde allí puso proas a las islas Salomón, cuando se encaminaba a ellas, encontró las islas de San Bernardino y la Solitaria. Finalmente en septiembre arribaron a las islas de Santa Cruz (unos 500 km. al este de las Salomón). Allí, ante la falta de las riquezas soñadas, aumentó la indisciplina de los soldados, dirigidos por el maese de campo Pedro Marino Manrique, a quien Mendaña mandó matar. Surgió entonces una imprevista epidemia que acabó con muchos de los expedicionarios, entre ellos el propio Adelantado, que murió el 18 de octubre de 1595 después de haber nombrado General de la expedición a su cuñado Lorenzo Barreto y heredera de todos sus bienes y del titulo de Gobernador a su mujer. Lorenzo murió a poco y doña Isabel reclamó su título de Adelantada de la Mar del Sur, que le fue reconocido y que la convirtió en la única mujer que ha tenido tal nombramiento. Afortunadamente el mando efectivo lo llevó Quirós, que emprendió el viaje de regreso. Condujo las naves que quedaban hacia Filipinas, pasó por las islas Marianas y llegó a Manila el 11 de febrero de 1596 y de allí regresaron a México.

Para saber más

viernes, 2 de junio de 2017

Bernardo Juan y Canicia. Padre del insigne marino y científico Jorge Juan


Cuando en 1673 nació en Alicante Bernardo Juan y Canicia, pocos podían presagiar que cien años después su hijo, el marino, Jorge (Gaspar) Juan y Santacilia, fallecería considerado como una de las figuras españolas más representativas del panorama científico español de la Ilustración.

Don Bernardo Juan, hijo de Cipriano Juan Pascual del Pobil y de Francisca Canicia. Su padre, quien andando el tiempo habría de ser abuelo paterno de Jorge Juan, fue el continuador de la rama principal de la familia, heredó la mayor parte de la hacienda familiar y obtuvo privilegio de nobleza en 1675. Su acomodada posición le permitió dividir su hacienda en dos diferentes vínculos que legó, según testamento otorgado varios años antes de su muerte, a los dos hijos mayores, asignando el principal a Bernardo y el otro, de menor entidad económica, a favor de Antonio. De modo que tras el fallecimiento de Cipriano, acaecido en diciembre de 1693, Bernardo Juan Canicia heredó un importante patrimonio en el que se incluía la rica heredad del Hondón de Novelda (Alicante), con más de 500 tahullas de tierra, así como la casa solariega de la familia situada en la plaza del Mar en Alicante, en cuyo entresuelo, según expresa disposición testamentaria del difunto Cipriano, tenía Bernardo la obligación de seguir acogiendo de por vida a sus otros dos hermanos, Antonio y Cipriano, así como a su tío Antonio, el deán. Este último moriría en 1696, dejando en manos de su sobrino Bernardo la posesión del vínculo de Fontcalent, una extensa propiedad situada en la partida alicantina del mismo nombre.


El linaje paterno de Bernardo, procedente al parecer de caballeros venidos con el rey Jaime I a la conquista de Valencia, se enorgullecía de mantener estrechos lazos de parentesco con los condes de Peñalba –los “Juan de Torres”– y de contar con ilustres antepasados como el humanista valenciano Honorato Juan, discípulo de Juan Luís Vives en Lovaina y preceptor de Felipe II y de su hijo Carlos. Siendo varias las ramas del apellido Juan que se establecieron en distintos puntos del reino, la familia del afamado marino era conocida en Alicante como la de los “Juan de Vergara”, denominación compuesta con la que durante siglos se distinguió a sus descendientes y cuyo origen se sitúa en Novelda en las postrimerías del siglo XVI, cuando el caballero ilicitano Antonio Juan, fiscal de Orihuela, oidor en el Real Consejo de Mallorca y comisionado para la averiguación de los bienes de moriscos, contrajo matrimonio con Isabel Vergara, hija del gobernador de Novelda.


Bernardo tomó el hábito de la Orden de Malta en 1686, siendo después Gran Cruz y Bailío de Caspe, Comendador de Torrente y Mirambel, defendiendo como capitán de artillería el castillo de Santa Bárbara de Alicante cuando fue sitiado por la escuadra angloholandesa durante la guerra de Sucesión. 
 
Castillo de Santa Bárbara (Alicante/siglo XVIII)
Bernardo casó en dos ocasiones, la primera con Doña Isabel Pascual del Pobil y Gisbert, hermana del Barón de Finestrat y, la segunda, con Doña Violante de Santacilia y Soler de Cornellá, XVIII Señora de Asprillas y viuda de Don Pedro de Ibarra y Paravicino, cuya boda se celebró en Elche, ciudad natal de la novia el 3 de mayo de 1711. Violante era la segunda de las cuatro hijas de Jorge Santacilia Agulló, señor de Asprillas, y de María Soler de Cornellá y Malla, miembros ambos de la más antigua nobleza ilicitana. De sus dos matrimonios tuvo ocho hijos, cinco del primero y tres en el segundo, naciendo de este último, con Violante, el célebre marino.

Linaje Juan
Linaje Santasilia
Jorge Juan fue el mayor de los tres hijos que tendría el caballero Bernardo Juan Canicia, miembro de la pequeña nobleza (hidalgos) alicantina, con Violante de Santacilia, descendiente, asimismo, de algunos de los más nobles y antiguos linajes ilicitanos. La familia tenía su residencia habitual en la casa solariega que los Juan poseían en la plaza del Mar de Alicante, junto al pórtico de Ansaldo, pero el alumbramiento se produjo en la hacienda paterna del Hondón, finca situada en término de Novelda, donde el matrimonio se encontraba aquel 5 de enero de 1713 por una serie de circunstancias.

Alicante, durante la Guerra de Sucesión (17011713), fue muchas veces escenario de duras confrontaciones bélicas, algunas tan próximas y feroces como aquellas en las que los contrincantes se repartieron el Castillo de Santa Bárbara, un fuerte casi inexpugnable en la cumbre del monte Benacantil, para unos, y la ciudad que se encontraba a sus pies, para los otros. Se comprende, por lo tanto, que Bernardo Juan Canicia, que vivía junto al Ayuntamiento, entre dos fuegos, cuando se entablaba el combate, aprovechara para irse grandes temporadas con su familia a cuidar su finca del Hondón en Novelda, convertida prácticamente en su segunda vivienda pero, sobre todo, en el refugio de los suyos. Por eso, no fue tan casual que Jorge Juan Santacilia naciera en Novelda, ciudad en la que muchos otros antepasados suyos vieron sus primeras luces, y no en Alicante. El mismo año que nació Jorge Juan Santacilia, el de la firma del Tratado de Utrech, la Reina María Luisa Gabriela de Saboya, que moriría un año después, dio a luz al Infante don Fernando, el que sería el futuro Rey Fernando VI.

Casa natal de Jorge Juan en el Hondón / Novelda (Alicante)
Bernardo Juan falleció en Alicante, el 16 de noviembre de 1715, cuando apenas se habían cumplido los cuatro años de matrimonio y se encontraba la esposa nuevamente embarazada del que sería su último hijo (al que pusieron por nombre Bernardo), cuatro días después de otorgar un apresurado testamento ante el escribano Francisco Hernández.

Su hijo póstumo Bernardo murió en julio de 1797 y en su testamento, otorgado dos años antes ante el escribano ilicitano Simón Oliver, nombraba como su heredero universal a su sobrino y cuñado Francisco de Paula Juan Ximénez de Urrea, a quien imponía la obligación de solicitar licencia real para formar vínculo con los bienes que le legaba, entre los que se incluía el señorío de Asprillas. Menos de cinco años después, en abril de 1802, moría también sin descendencia su sobrino y heredero extinguiéndose así, en los albores del siglo XIX, el linaje de los “Juan de Vergara”.