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sábado, 24 de junio de 2023

Agustín de Zárate y Polanco. Contador y cronista indiano



Escribano del Real Consejo de Indias y Contador General. Autor de “Historia del descubrimiento y conquista del Perú”. Escritor metódico y buen estilista; su obra, aunque poco original, gozó de alto prestigio.

La historia de Zárate es uno de los primeros textos que describen el imperio Inca; una fuente imprescindible para la etnografía andina. Junto con Historia general de las Indias (Amberes, 1554) de López de Gómara, es una de las principales fuentes para los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega.

 
Agustín de Zárate nació alrededor de 1514 en Valladolid, hijo de Lope Diaz de Zârate (fallecido en 1538 a los 64 años) y dona Isabel de Polanco, burgalesa, sobre la que existían sospechas de poseer sangre judía, hija de Hernando de Polanco y de su mujer Mencia Maranôn. Su padre, proveniente de un linaje hidalgo de origen alavés, era un funcionario cortesano que ejercía como escribano de cámara en el Consejo de la Inquisición y, también, en el Real Consejo de Castilla, entonces máximo órgano administrativo y judicial de la monarquía española. Siendo Agustín su único hijo varón, su padre determinó renunciar en favor de éste el más importante de sus oficios escribaniles cuando éste alcanzare la edad correspondiente, y así, en 1532 tomó posesión se su cargo en del Real Consejo de Castilla.

En noviembre de 1543 partió al Perú en calidad de contador de mercedes de dicha región y Tierra Firme, con el encargo de poner en orden las cajas de la Real hacienda de aquella provincia*, yendo allí en la escuadra, compuesta por 52 navíos, que condujo al primer virrey del Perú: Blasco Núñez Vela, llegando a Lima, tras una larga estancia en Panamá, en junio de 1544.

 *La enorme cantidad de metales preciosos que se recaudó en Hispanoamérica durante las primeras décadas del siglo XVI, así como el precario control sobre los intereses económicos de la Corona en esa etapa inicial de la colonización del Nuevo Mundo, motivaron el envío de funcionarios con amplios poderes, encargados de poner orden en el manejo fiscal de las colonias ultramarinas. Para realizar este propósito se tomó ocasión de la puesta en vigor de las célebres Leyes Nuevas de 1542-1543, conjunto de ordenanzas destinadas a imponer un régimen más eficaz en la gobernación de las Indias y más favorable a la conservación de los pobladores aborígenes. Junto con la designación de nuevas autoridades gubernativas, se resolvió entonces despachar unos jueces de cuentas o contadores generales a los dos virreinatos de Nueva España y el Perú. El vallisoletano Agustín de Zárate, oficial con buena experiencia en asuntos cortesanos, fue el encargado de examinar la administración de la Real Hacienda en el rico virreinato de América del Sur. Ref. Hampe Martínez Teodoro. Agustín de Zárate, contador y cronista indiano.

Secretario de la Audiencia, se vio envuelto en las luchas civiles que asolaban el país. Ante la rebelión de Gonzalo Pizarro, Agustín de Zárate se puso de parte del virrey Blasco Núñez Vela, pero a su regreso a España, en 1545, fue acusado falsamente, según se pudo demostrar en los juicios que se llevaron a cabo en los años siguientes, se le confiscaron sus bienes, sufrió prisión por tres meses y quedó recluido en su domicilio una larga temporada; mientras estuvo encerrado en la cárcel de Valladolid y recluido, compuso la mayor parte de “Historia del descubrimiento y conquista del Perú”, que comprende desde la conquista del territorio hasta su pacificación por Pedro de La Gasca.


La vinculación de Zárate con los metales preciosos oriundos del Nuevo Mundo prosiguió en los anos sucesivos
. Una real cédula dictada el 20 de diciembre de 1553 le dio comisión para tomar en la Casa de la Contratación, de Sevilla, las cuentas relativas a la provisión de armadas de Indias. Pocas semanas después, el 16 de enero de 1554, una instrucción del príncipe regente Felipe II le destiné otro cometido mas importante: debía recoger todo el oro y plata que hubiese venido en la ultima flota de las Indias, junto con la suma recaudada por concepto de una cuota extraordinaria que se mandó abonar a los mercaderes y otra gente particular.

El emperador Carlos V premió sus servicios con un nuevo cargo. Así, el 30 de setiembre de 1554 una real cédula ordenó a Zárate que, continuando su tarea de recaudación fiscal, llevase a Flandes una parte de los metales preciosos de procedencia indiana para que con ellos se fabricara moneda en la ceca de Amberes

La Historia del descubrimiento y conquista del Perú se imprimió en Amberes en la primavera de 1555 por orden de Felipe II, príncipe aún, que leyó el original en su viaje a Inglaterra para celebrar su matrimonio con Maria Tudor, yendo nuestro personaje en la comitiva regia y llevando consigo el manuscrito de la crónica que había redactado, a lo largo de sus años de penuria y reclusión, pero que el autor la mantenía inédita por el riesgo que entrañaba publicarla cuando aún vivían los actores de los sucesos.

Agustín de Zárate tenía necesidad de hacer olvidar su intervención en la rebelión de Gonzalo Pizarro, de eliminar todo indicio acerca de sus complicaciones pasadas, a fin de poder escalar posiciones en la jerarquía burocrática. Consecuentemente, después de la publicación de 1555 introdujo sucesivas correcciones en su crónica.

En 1555 recibe un nuevo destino dentro de la administración fiscal y se establece en Guadalcanal (Sevilla) para asegurar el orden en el beneficio del mineral y la recaudación de los derechos estatales de las importantes minas de plata que se acababan de descubrir en esa localidad, donde probablemente falleció, hacia 1577.

Escritor metódico y buen estilista, su obra, poco original, gozó de alto prestigio y fue traducida al holandés, italiano, inglés (1581), francés y alemán. Zárate muestra un notable dominio del oficio literario; escribe con método y claridad, con galanura de lenguaje y estilo. Vedia, uno de los editores de la obra, afirmó que es ésta "uno de los monumentos históricos más bellos (quizá el primero) de nuestra lengua".

Los primeros cuatro libros de esta crónica narran el periodo que va desde los preparativos de Francisco Pizarro para el descubrimiento de la región hasta la llegada de Zárate. Los tres últimos contienen lo sucedido en el Perú de 1544 a 1550 y están escritos (sobre todo el quinto, de cuyos sucesos el autor fue testigo) con mayor realismo e intensidad dramática.

Fuente y para saber más: Agustín de Zárate, contador y cronista indiano (Estudio biográfico) M.Teodoro Hampe Martínez (Universidad Católica del Perú), 1991.

viernes, 24 de julio de 2020

Luis de Zúñiga y Requeséns. Embajador en Roma, capitán general de Milán, gobernador de los Países Bajos con Felipe II. Tutor de don Juan de Austria



Educado junto a Felipe II, fue el hombre de confianza del Rey que tuteló a don Juan de Austria en la batalla de Lepanto. 

Sustituyó al duque de Alba, como gobernador los Países Bajos, con el encargo de sustituir la postura intransigente adoptada por su predecesor en la represión de la insurrección protestante por una política de conciliación más acorde con las posibilidades reales de la Monarquía. Requeséns decretó una amnistía y abolió el Tribunal de la Sangre, pero no consiguió reunir los Estados Generales ni hacer desistir de su rebeldía a Guillermo de Orange.

Luís de Requeséns (Lepanto y Flandes)
El emperador Carlos V y Felipe II

Luis de Requeséns y Zúñiga, después de cambiar los apellidos*; nació en la casa de sus padres, el antiguo Palacio Real Menor de los Reyes de Aragón, llamado el Palacio de la Reina o El Palau, en la ciudad de Barcelona, en agosto de 1528. Era hijo de don Juan de Zúñiga-Avellaneda y Velasco, noble castellano pero de origen navarro, ayo del príncipe Felipe (el futuro Felipe II) y de doña Estefanía de Requesens; en consecuencia, Luis se introdujo en la corte de Carlos I como paje y amigo del futuro rey. Casado con Jerónima Esterlich y Gralla, hija don Francisco Gralla y Desplá y doña Guiomar de Estalrich, que por no tener hijo varón sus padres, había de heredar toda su herencia, que era mucha. De este matrimonio tuvo dos hijas y un hijo, que siguió sus pasos.

*En las capitulaciones matrimoniales de sus padres se especificaba que debía utilizar en primer lugar el apellido materno de doña Estefanía de Requesens, hija del conde de Palamós, señora de la villa de Molins de Rey, de la Villa y baronía de Martorell y de los lugares de San Esteban de Sasroviras, Castellbisbal y Castellví de Rosanes, en lugar del apellido de su padre, Juan de Zúñiga (1488-1546), segundo hijo del Conde de Miranda y de Catalina de Velasco y Mendoza, para respetar y perpetuar el apellido materno, que estaba emparentado con la noble Casa de Cardona.  

Escudo de Juan Zúñiga-Avellaneda (Valladolid)
El Emperador Carlos V le concedió la Encomienda Mayor de Castilla, ostentada por su padre hasta su muerte en 1546, y fue nombrado caballero de la Orden de Santiago, sucediendo a su padre, antes de cumplir los 20 años. A petición de Carlos V, esta orden militar armó, en 1522, cuatro galeras para combatir a los turcos en el Mediterráneo, con Requeséns como su capitán general.

Acompañó al Príncipe Felipe en su casamiento (1543) con Doña María de Portugal; y habiendo muerto ésta de sobreparto, el 12 de julio de 1545, asistió a Don Felipe en su retiro en el Monasterio del Abrojos. Fue consejero privado de Felipe II para asuntos relacionados con el territorio catalano-aragonés. En 1563 se ganó la confianza del monarca, que lo envió como embajador a Roma, donde logró contrarrestar la influencia francesa sobre la Santa Sede, haciendo elegir al dominico Antonio Michele Ghiselieri como Papa, con el nombre de Pío V, en 1566, que sería el impulsor de la Santa Liga contra el Turco.

Grabado. Roma en el siglo XVI
Unos años más tarde ocupó el cargo de teniente general en el ejército de don Juan de Austria, participando en las luchas contra los piratas berberiscos (1568) para impedir los saqueos que los hermanos Barbarroja realizaban hasta entonces impunemente a las costas del Levante español e islas de Baleares, y contra la sublevación de los moriscos del reino de Granada (1569-70), utilizando parte de los Tercios de Italia; en octubre de 1571 le acompañó en la batalla de Lepanto, encargado por Felipe II de vigilar a su joven hermanastro, que estaba al mando de la escuadra (por la influencia de Requesens quedaron en Barcelona el Santo Cristo de Lepanto, venerado durante siglos en la catedral, y los estandartes que fueron depositados en la capilla del palacio de su familia.). A su regreso victorioso fue nombrado gobernador general de Milán, donde tuvo unos duros enfrentamientos con el cardenal Carlos Borromeo, que le costaron una excomunión temporal.

Para muchos historiadores, Luis de Requesens estuvo detrás de las decisiones estratégicas que marcaron el éxito del bando cristiano en la batalla de Lepanto. Entre ellas, la orden de repartir a la infantería hispánica entre los barcos venecianos que iban vacíos de soldados armados o de conceder el protagonismo a los arcabuceros, los cuales se mostraron determinantes durante la contienda. Según las instrucciones del Rey, el noble catalán debía ejercer de segundo jefe de la Armada y como tutor de Juan de Austria «por su prudencia, buen juicio, virtudes diplomáticas, experiencia marinera en este mar y una respetada condición nobiliar». Además, era una de las tres personas, junto a don Álvaro de Bazán y don Juan Andrea Doria, que tenían que prestar su consentimiento a la posible decisión de presentar el combate.

Luís de Requesens
Fue gobernador de los Países Bajos entre 1573 y 1576, en sustitución del duque de Alba, durante la revuelta holandesa conocida como la Guerra de los Ocho Años. Llegó a Bruselas en noviembre de 1573 con la intención de iniciar una política de conciliación con los insurrectos holandeses. Sus primeras medidas consistieron en una amnistía general y en la abolición de los impuestos sobre las ventas.

También intentó convocar los Estados Generales para negociar con los rebeldes. Pero Felipe II se negó a cambiar lo esencial de la política española en los Países Bajos, por lo que las negociaciones fracasaron; tampoco los holandeses tenían intención de llegar a un acuerdo, pues lo que perseguían no era otra cosa que la independencia. A Requesens no le quedó entonces más remedio que recurrir al ejército, como había hecho su antecesor, pero fracasó en los sitios de Leiden y Middelburg y vio cómo los tercios se amotinaban por no recibir su paga al estar quebrada la Hacienda  Castellana, y arrasaban Amberes (1576).

En 1574 los tercios españoles se enfrentaron a los insurrectos en la batalla de Mook, en el valle del Mosa, bajo el mando directo del abulense Sancho Dávila en la que los holandeses sufrieron una cruenta derrota. Fue aniquilada la mayor parte de su ejército: más de 5.000 soldados de infantería y unos 1.500 de caballería perecieron en el campo de batalla o ahogados en las aguas del Mosa. Los españoles lograron tomar un total de treinta y siete banderas. Entre los muertos que no pudieron ser reconocidos se contaban Luis de Nassau y su hermano Enrique (a su vez hermanos de Guillermo de Orange), así como el conde Cristóbal del Palatinado, que acudió en ayuda de los rebeldes. Por parte española las bajas fueron mínimas: al parecer sólo murieron unas pocas decenas de hombres y poco más de un centenar resultó herido.

Batalla de Mook (1574)
La Pacificación de Gante firmada entre católicos y calvinistas anunciaba una posible solución; pero la repentina muerte de Requeséns en Bruselas, en marzo de 1576, le impidió culminar la empresa, sustituyéndole como gobernador casi dos años más tarde el hermanastro de Felipe II, Juan de Austria. Su cuerpo fue trasladado a su ciudad natal, siendo enterrado en el panteón familiar de la capilla anexa al Palau.

Para saber más:

domingo, 26 de enero de 2020

Juan de Lira y Huidobro. Administrador y burócrata en Flandes


La figura de Juan de Lira y Huidobro ha pasado prácticamente desapercibida para la mayor parte de la historiografía sobre la Administración de la España de la primera mitad del siglo XVII.

Juan de Lira nació en Madrid, en 1587. Contrajo matrimonio con Felipa del Castillo Sigoney, también natural de Madrid. Falleció en el año de 1652.

Lier (Bélgica)
De familia aristocrática (van Leerhsen) originaria de la villa de Lier (ciudad y municipio de la provincia de Amberes en Bélgica), en el Brabante español (un antiguo ducado situado entre los Países Bajos y Bélgica), el padre de Juan, Pedro de Lira dio inicio a una larga dinastía de burócratas y servidores de la Corona española por medio de sus oficios en Palacio, desde la Guardia de Archeros hasta la tenencia de Tenientazgo Mayor de Acemileros o caballerizo de Felipe III, acabando sus nietos como importantes diplomáticos.

Pedro de Lira, natural de los Estados de Flandes, comenzó a servir en la acemilería de la Corte, como teniente de acemilero mayor, merced a su amistad con el titular de este empleo, Francisco Ruiz de Huidobro, con el que emparentó al contraer matrimonio con Catalina de Huidobro.

«ACEMILEROS» MONTAÑESES Y FLAMENCOS -O CÓMO IR DE VALDIVIELSO A FLANDES PASANDO POR LAS CUADRAS REALES- [1ª PARTE] Irene Garmilla


Francisco Ruiz de Huidobro, en 1561 ya era teniente de acemilero mayor, o sea jefe titular de la acemilería del rey Felipe II, curiosamente el año en que este monarca trasladó la corte de Valladolid a Madrid, por lo que puede suponerse que Francisco residió y ejerció su cargo en ambas capitales. Dicho oficio cortesano implicaba la responsabilidad de tener a punto los animales de carga para que los suministros de todo tipo llegaran a tiempo al Palacio Real. El cargo de acemilero mayor debía ser para un «buen caballero», y, desde luego, nobleza no le faltaba a un hidalgo de las Merindades. Todas las condiciones se daban para que Francisco progresara en la Corte. Además, con su «buen salario» llegaría a tener suficientes dineros para fundar en su pueblo, Arroyo de Valdivielso (Burgos),  un vínculo y un mayorazgo del que saldrían, entre otras cosas, los fondos necesarios para mantener la obra pía que él creó hacia 1560 con el fin de socorrer con pan y limosnas a los pobres naturales del lugar. Por otra parte, según estipuló el fundador, y así se dice en los papeles notariales, los ejecutores testamentarios perpetuos serían el concejo y vecinos de dicho lugar.

Su hijo, Juan de Lira, vinculado por nexos familiares con hidalgos de la montaña (linaje de los Huidobro), ascendió rápidamente desde el cargo de acemilero mayor de Felipe III y Felipe IV hasta su entrada en el Consejo de Hacienda, considerado “experto de la Contaduría Mayor de Cuentas” con el cargo de consejero de dicho Consejo.

Su conocimiento de la hacienda y la logística flamenca le condujo al puesto de pagador general de los ejércitos de Flandes durante los cruciales años de 1634 y 1641, la etapa del gobierno del cardenal infante, Fernando de Austria. Sin embargo, su labor se vio empañada por problemas en las cuentas y los repartimientos y tuvo que acudir a Madrid a presentarse a rendir cuentas, que no se resolverían hasta después de su muerte, en 1660.

Pese a los problemas suscitados por la acusación de fraude, Juan de Lira pudo mantener una holgada posición social y política, ya que consiguió sendos hábitos de la Orden de Santiago para sí (1637) y para su hijo primogénito, Francisco de Lira (1644), quien había sido paje del cardenal infante en Flandes y será introductor de embajadores de Felipe IV y Carlos II hasta 1668, dignidad que le sería concedida tras su muerte a su hermano, el capitán de caballos corazas en Extremadura durante la guerra con Portugal y como soldado en Flandes y Portugal,.Manuel Francisco de Lira y Castillo (1631-1693), futuro embajador español en La Haya, secretario de Estado para Italia y secretario de Despacho Universal en 1685, y recibió la merced de un hábito de Santiago en 1677.

Tras la muerte de Francisco de Lira, en 1668, el Consejo de Estado consultó la nueva provisión del empleo de conductor de embajadores, recayendo el nombramiento en su hermano menor, Manuel Francisco.

Para saber más:

viernes, 14 de junio de 2019

Francisco de Medina Carranza. Maestre de Campo


Militar, conde de Hust, señor del Sacro Romano Imperio, General de los Reales Ejércitos del rey don Felipe III. Caballero de Santiago.

Francisco de Medina Carranza nació en Lucena (Córdoba), hidalgo de sangre, hijo de Antonio de Medina Carranza y de doña Leonor Guerrero.


Su linaje parece que es montañés, procediendo los Carranza del lugar de Villamezán, a media legua de la villa de Medina de Pomar, ambos en la actual provincia de Burgos. En aquella localidad existía desde antiguo la Casa Solar de Carranza, de la que fue señor a comienzos del siglo XVI García Sánchez de Carranza. Como era costumbre en la época, los hijos segundones quedaban desposeídos del grueso de la herencia, transmitiéndose el solar y los bienes vinculados al primogénito, lo que explica el desplazamiento de los menos favorecidos hacia otras tierras (el Sur, o emigrar a América), creando nuevas líneas del linaje, que fue el caso de Francisco Sánchez de Carranza, hermano menor del citado señor, quien se avecindó primero en Medina de Pomar, y por esta procedencia fue conocido también con el apellido de Medina, naciendo así el compuesto Medina-Carranza. Éste casó en Lucena con Juana Ruiz Hurtado, miembro de una familia local de pecheros que tenía como mayor gloria el descender del regidor Martín Hurtado, que pasó a las crónicas por ser quien capturase en 1483 al sultán granadino Boabdil –el rey Chico– en la batalla de Lucena. Su hijo, Antonio de Medina Carranza, casó con doña Leonor Guerrero, acaso su parienta, como hija de Gonzalo Pérez Hurtado y de Isabel de Mesa, todos lucentinos. De ellos nació nuestro personaje, don Francisco de Medina Carranza, que casaría con Magdalena Basta, natural de Bruselas y de noble linaje flamenco (II condesa de Hust). El hijo de este matrimonio, Ambrosio Jorge de Medina y Basta, casó con su parienta doña Ana Francisca de Robles y Guzmán, hija de doña Francisca Mancisidor y de don Alejandro de Robles y Liedekerque, conde de Annapes.

Francisco luchó cuarenta años seguidos, tanto en Italia como en Flandes, en el Palatinado y en Francia, pasando desde la categoría de soldado a la elevadísima de maestre de campo general, alcanzando sucesivamente todas las intermedias. Sus méritos le convirtieron también en gobernador de varias plazas fuertes de la región del Rhin, entre ellas la de Rimberque. También, participó en el Sitio de Breda.


Hombre de confianza de la Corte, fue enviado como embajador extraordinario a Dinamarca en 1617, visitando de forma parecida la Corte Imperial en 1619. Gracias a sus proezas consiguió no sólo los cargos militares y los gobiernos de plazas ya comentados, sino que, al menos de forma honorífica, formó parte del Consejo de Guerra, así como fue nombrado caballero de la orden de Santiago.

En 1630 el militar flamenco conseguía convertirse en señor de la villa de La Zubia, una importante población de la Vega de Granada, muy cercana a la capital, de la que hasta ese momento había dependido. Ya anciano se aprestó a combatir en Portugal contra la posible acción enemiga en la costa. Marchando a obedecer la orden regia, y habiendo llegado ya a Lisboa, murió el 8 de octubre de 1630.

martes, 12 de marzo de 2019

Juan Idiaquez Eguia. Militar. Capitán General de los Reales Ejércitos



Militar, MdC. Alcanzó el título de Duque de Granada de Ega con la GdeE

Nació en Azcoitia en el año 1665 en el seno de uno de los linajes más ilustres de la Provincia de Guipúzcoa. Su padre fue Francisco de Idiáquez, natural de la villa de Motrico, de la orden de Santiago y señor de las casas de Idiáquez, en Azcoitia y de las de Yarza y Alcega, y su madre fue Luisa María de Eguía, señora de las casas de Iraeta y Eguía, natural del lugar de Ayzarna, también en Guipúzcoa.

Desde joven fue orientado a la carrera militar, entrando en servicio en 1681, a la edad de 16 años. Su destino fue los tercios de Flandes, con los que participó en importantes batallas. En 1691, cuando ya había alcanzado el grado de capitán de infantería, estuvo sitiado en Mons por el ejército francés que dirigió el mismo Luis XIV.

En 1693, ya como capitán de caballos, participó en la batalla de Landen, en la que cayó prisionero. Unos años después, ya ascendido al puesto de maestre de campo de un tercio viejo y brigadier de los ejércitos de Felipe V, fue nombrado para ofrecer con su brigada servicio al duque de Borgoña, hermano del rey, que dirigía las tropas francesas entre la Mosa y la Mosella. Fue reconocido por su acción en la batalla. Años después, el gobernador de Flandes, su pariente el marqués de Gastañaga, le destinó a la Corte de Madrid para diversas cuestiones, comenzando una notable carrera al servicio de Felipe V y convirtiéndose en uno de los hombres más poderosos en el primer tercio del siglo XVIII.

En 1704 fue elegido sargento mayor de las guardias de Corps, el más prestigioso cuerpo del ejército y que fue creado de nueva planta por el nuevo monarca. Este cargo fue de especial importancia y de gran influencia porque, entre otras cuestiones, fue el oficial en cargo de las tres compañías que componían estas guardias, nombraba o consultaba al rey los empleos administrativos y técnicos del Estado Mayor de la guardia y porque disfrutó de gran cercanía y confianza con el rey.

En su ascenso dentro del escalafón militar del nuevo ejército borbónico llegó al grado de teniente general (1706) y, posteriormente, al de capitán general de los reales ejércitos. Su poder e influencia creció sobremanera cuando se introdujo en el servicio de las casas reales y fue elegido para el gobierno y la educación de la casa y persona del infante Don Fernando. En 1721, fue nombrado como gobernador del nuevo cuarto separado en palacio del infante don Fernando, con retención de su empleo de sargento mayor de Guardias de Corps. En 1724, tras el fallecimiento de su hermano Luis I, fue designado ayo del nuevo Príncipe de Asturias, y un año después, en 1725, alcanzó el grado de sumiller de Corps del futuro Fernando VI.

Asimismo, su elevación en la escala de honores de la Monarquía vino paralela a su influencia en la Corte. En 1708 vistió el hábito de la orden de Santiago, que vino acompañado con la encomienda de Yeste y Taibilla. A través de su matrimonio con su sobrina Maríana Velasco e Ibáñez de Segovia, disfrutó de los títulos de conde de Salazar y de conde de Castilnovo y, debido a los servicios a la Corona, se le otorgó (29-marzo-1729), el título de Duque de Granada de Ega con la GdeE de primera clase.

Falleció sin descendencia el 9 de septiembre de 1736. En su testamento, eligió como su principal heredero a su sobrino Antonio Francisco Idiáquez y Garnica, quien le sucedió en el ducado, y también fue conde de Javier, y marqués de Cortes.

Texto extraido de: www.basques.linhd.es

lunes, 7 de enero de 2019

Alonso de Ribera. Gobernador de Chile, participó en la guerra del Arauco



Militar de extensa trayectoria. El Rey Felipe III lo nombró Gobernador y Capitán General de Chile, cargo que ejerció en dos periodos distintos. Entre sus logros se cuentan haber organizado y profesionalizado el ejercito, además de fijar una frontera estratégica para avanzar en la guerra de Arauco.

Alonso de Ribera y Zambrano nació en Úbeda (Jaén) en 1560, y murió en Concepción (Chile) el 9 de marzo de 1617, en ejercicio de sus funciones. Fue hijo natural del hidalgo notorio y capitán Jorge de Ribera Zambrano y Dávalos –quien pretendía ser descendiente de los Reyes de Aragón– y de Ana Gómez de Montecinos y Gómez de Pareja,  padres también de los capitanes Jorge y Juan de Ribera. Contrajo matrimonio con Inés de Córdoba y Aguilera.

Alonso de Ribera probó su nobleza en la Orden de Santiago en 1615.

Después de estudiar Matemática, Ribera se unió como soldado al ejército español de Flandes, donde inició una larga y exitosa carrera militar. Desde 1583 participó en importantes contiendas en Francia junto a Alejandro Farnesio, duque de Parma. Además, integró la Armada Invencible de 1588 y las huestes del cardenal archiduque Alberto, gobernador de los Países Bajos.

La extensa trayectoria militar de Ribera le valió el reconocimiento del Rey Felipe III, quien en 1599 lo nombró Gobernador y Capitán General de Chile, motivado por la derrota española de Curalaba (1598) ante los mapuche, en la cual los indígenas insurrectos asesinaron al gobernador anterior y arrasaron las ciudades españolas situadas al sur del río Bío Bío, para tratar de dar un giro radical a la situación de la guerra, cargo que ejerció primero entre 1601 y 1605 y, luego, entre 1612 y 1617.

El nuevo Gobernador salió de Sevilla, en abril de 1600, con sólo 300 hombres. A su llegada a América se entrevistó con el ex Gobernador Alonso de Sotomayor, quien le informó sobre las características de la Guerra del Arauco (contra los mapuche). Luego, se dirigió al Perú y, finalmente, llegó a Concepción en febrero de 1601.

Tras llegar a Chile, Ribera evaluó la situación del ejército, que él mismo describió: “Estaba esta gente tan mal disciplinada y simple en las cosas de la milicia que nunca tal pudiera imaginar ni me sería posible dallo a entender”.

El ejército español distaba de ser profesional y fue descrito por el gobernador Alonso de Ribera en términos lamentables, dada su precariedad material y moral. Estaba compuesto por los encomenderos de Santiago y Concepción quienes debieron costear sus propias armas y pertrechos junto a un gran número de indios de encomienda. Estas tropas realizaron incursiones cada verano para realizar las llamadas campeadas, la destrucción de las sementeras indígenas y toma de prisioneros de guerra como esclavos, lo cual explica, en gran parte, el odio que los araucanos sentían hacia el invasor español.

Las medidas que tomó para remediar esta situación fueron varias: reorganizó a las tropas de infantería; impuso la disciplina militar; puso orden en los campamentos; se preocupó tanto del vestuario, de la alimentación y del pago de los soldados, como también del armamento, los animales y todo lo necesario para la guerra.

La muerte de Caupolicán
Estos esfuerzos fueron complementados con la creación, en 1604, de un ejército permanente de 1.500 hombres, bien pagados con los fondos que llegaron del Perú. Todo esto fue complementado con la adopción de una serie de medidas para asegurar el abastecimiento de las tropas dentro del mismo Reino.

Con una visión de estratega, Ribera planteó la necesidad de concentrar las fuerzas españolas en una línea fronteriza conformada por varios fuertes que, a medida que se fuera consolidando el dominio hispano, avanzaría hacia el Sur. En las campañas realizadas durante su primer gobierno, logró introducirse en territorio mapuche y construyó 19 fuertes, algunos de ellos con carácter provisional.

Batalla entre mapuches y españoles
Alonso Ribera es el responsable de la primera organización de la propiedad colonial en Santiago y sus alrededores. En agosto de 1603 designó a Ginés de Lillo para realizar una visita general de todas las tierras, lo que implicó la medición de las propiedades particulares concedidas por los gobernadores y el Cabildo, y la fijación de los límites de estas, siempre en permanente litigio.

El Gobernador también se preocupó de la situación de los indígenas sometidos a régimen de encomienda, tratando de eliminar los abusos de que eran objeto por parte de los españoles. Por ejemplo, prohibió que los naturales cargasen en sillas de mano a las mujeres que iban a misa o de visita.

En 1603 estableció una nueva tasa reglamentando la labor indígena en las encomiendas, que restablecía el trabajo personal de los indígenas, pero con un sistema especial llamado demora: un tercio de los naturales de las minas trabajaban 8 meses, quedándole dos años y cuatro meses para dedicarse a sus actividades, antes de que les tocara retornar a las labores mineras.

La actitud desenfadada del Gobernador, acostumbrado a la rica vida cortesana de Flandes, escandalizó a una sociedad colonial retraída y austera como la chilena. Ribera introdujo algunas prácticas sociales desconocidas para la época: los grandes banquetes, las fiestas, los juegos de naipes y otros prohibidos por el Rey, los trajes suntuosos, etc. Estas costumbres, sumadas al hecho de que Ribera se había casado con una criolla sin el permiso previo del Rey –requisito indispensable para los gobernadores y jueces–, motivaron severas acusaciones en contra suya que le costaron el desprestigio y el fin de su primer mandato en 1605.


Ribera fue sometido, como correspondía, a un juicio de residencia; en el que se examinaban todas las quejas que quisiera hacer cualquier persona respecto de alguna autoridad. El de Ribera incluyó varias denuncias: se le acusó de tratar con rudeza a los soldados, abrir la correspondencia ajena, favorecer a los parientes de su mujer, realizar juegos de azar, perseguir a dos clérigos y ser hombre de poca devoción. Tras dejar la gobernación, se trasladó a Córdoba con su familia, donde permaneció hasta 1612, cuando nuevamente asumió la gobernación de Chile.

El segundo mandato de Alonso de Ribera se puede resumir en dos hechos fundamentales: el establecimiento del sistema de guerra defensiva, planificado por el padre Luis de Valdivia -principal impulsor de su nueva designación- y la llegada de corsarios holandeses, descubridores del Cabo de Hornos.

El sacerdote planteaba dejar estática la Frontera que separaría la zona española y la zona indígena, permitiendo sólo a los misioneros incursionar hacia el Sur. A pesar de que no estaba totalmente de acuerdo, Ribera cumplió e hizo cumplir sin críticas las órdenes reales que establecían la guerra defensiva en Chile. El fracaso del sistema, convenció al Gobernador de la inutilidad de este tipo de guerra. La autoridad y el sacerdote rompieron las relaciones cordiales que hasta entonces habían sostenido.

Dentro de las últimas tareas realizadas por Ribera estuvo la defensa de las costas chilenas del ataque de los corsarios holandeses (1613). Fue en esta misma época que una expedición holandesa descubrió, el 29 de enero de 1616, el Cabo de Hornos.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Diego Gómez de Salinas. El último Gobernador español de Gibraltar


Ocupaba el cargo de Gobernador cuando el Peñón de Gibraltar fue tomado por una flota anglo-holandesa, comandada por el Almirante Rooke, en agosto de 1704.

Diego Gómez de Salinas y Rodríguez de Villarroel nació en agosto de 1649 en la madrileña Puerta de Moros, en camino que llevaba a la imperial Toledo. Era hijo de Don Pedro Gómez de Salinas, natural de Pamplona, y de Agustina Rodríguez de Villarroel, de Madrid y fue bautizado en la iglesia de San Andrés, según reza su partida de bautismo.

El último de Gibraltar, por Augusto Ferrer-Damau
Salinas era de familia de hidalgos, por una parte su abuelo paterno era Juan Gómez de Quintana, natural de Estremaña, merindad de la Cuesta de Urria, en el valle de Tobalina, en las montañas de Burgos y su abuela era Doña Catalina de Salinas, de Obanos, Navarra. Por la parte materna su abuelo era Pedro Rodríguez de Villarroel, natural de Valladolid, regidor de la capital desde 1635; su abuela materna, Doña María de Orozco,era natural de Valladolid; de los diez hijos que tuvieron, Agustina, nacida en 1624, fue la madre de Diego de Salinas.

Comenzó en la milicia como paje del Condestable de Castilla, Iñigo Fernández de Velasco, sirviendo en el gobierno de Galicia. Salinas partió con el séquito del Condestable en 1667 como soldado de a caballo y pronto fue ascendido a alférez de caballos corazas; después capitán de infantería, en la compañía del Tercio Fernando Valladares.

En 1668 se encamina a Flandes, ya al mando de su propia compañía, y destacó en el sitio de Vorden, (Holanda), que llevaba a cabo el príncipe de Orange; como premio se le otorgó la patente de capitán de caballos corazas en 1670. En 1672 comenzó la Guerra de Holanda y allí, con su compañía, socorrió a las tropas auxiliares que fueron a Holanda, permaneciendo en los Países Bajos hasta 1673.

Tras Flandes, vuelve a España y pasa al Ejército de Cataluña, como agregado a las compañías de caballos de las Tropas de Toledo, al no poder volver a su compañía que estaba en Holanda. En la campaña catalana destacó valientemente en varias acciones contra los franceses en la defensa de la ciudad de Puigcerdá en 1675, donde fue herido en la cabeza. Después se halló con su batallón, uno de los cuatro con que don Vicente Muñoz atacó a los franceses, en las acciones de San Pedro Pescador y del barranco de Espolla.

En el año 1865 solicita ingresar en la orden de Santiago y tras probarse que el pretendiente era un hijodalgo limpio por todos sus costados y que nunca se había manchado las manos con un oficio vil o mecánico, el 25 de julio, y por decreto se le hizo merced del hábito de Santiago, según Real Consejo de las Ordenes le despachó título en 10 de Noviembre.

En 1685, sirve en la ciudad de Pamplona, con el grado de maestre, en la guerra con Francia; bajo las órdenes del virrey de Navarra, marqués de Valero, y participa en la acción de los montes de Alduide, donde con mil hombres de la guarnición del castillo de Pamplona entró en Francia, puso en fuga a los franceses y demolió unas 300 casas que los franceses habían edificado en aquellos montes.

Allí permanece con su compañía hasta que, en marzo de 1697, el tercio se traslada a Cataluña para rechazar la invasión francesa de la Guerra de los Nueve Años. En Barcelona, bajo las órdenes del virrey don Francisco de Velasco que está defendiendo la capital del ejército del Duque de Vendôme; pasa al grado de general de batalla, participando en numerosas acciones de guerra para frenar a las tropas francesas por Cataluña:

Primitivo escudo de Gibraltar
En 1701 el rey Felipe V le concede el gobierno de Gibraltar y sustituye a don José de Garro, que pasa a su tierra natal guipuzcoana. Así, en 1702, llega con el cargo de gobernador militar y, más tarde, se le agregará el corregimiento y pasará a ser también gobernador de lo político, cargo que desempeñó hasta la pérdida. En este año el Rey declara el inicio de las hostilidades en la Guerra de Sucesión española contra los anglo-holandeses, partidarios del sucesor a la Corona de España, el archiduque Carlos de Austria.

Gibraltar, como plaza vital, entra pronto en la estrategia de los partidarios del archiduque Carlos, que tiene pensando desembarcar en Andalucía y ocupar una ciudad costera como cabeza de puente para una invasión de la región. La primera intentona austracista en Cádiz, en 1702, alerta al gobernador de Gibraltar que pide ayuda y refuerzos a Madrid ante el mal estado de las defensas de la plaza y la falta de guarnición. Mientras tanto, la flota costea, alarmando a las poblaciones del litoral que temían un desembarco como el llevado a cabo en Cádiz. Pocos días antes, Salinas escribía al gobernador de Málaga quejándose de la poca guarnición y menos prevención en que se hallaba la ciudad.

El 1 de agosto, la flota anglo-holandesa llega a la bahía, con alarma de la población, y los ingleses desembarcan en playas cercanas: la caballería de la plaza, unos treinta o cuarenta hombres de la milicia, intenta estorbar la maniobra pero la artillería de la flota los puso en fuga, con bajas españolas. Los marines marchan hacia el istmo, donde ocupan tres molinos de viento y las huertas colindantes; allí instan al gobernador a que se rinda, a lo que este se niega.


La flota comienza su ataque sobre la ciudad y después de un fuerte bombardeo, que desata incendios por toda la ciudad, y la toma del castillo del muelle nuevo, piden la rendición en el plazo de una hora. Salinas contesta que en ese plazo era imposible, ya que debe reunirse con el resto de los oficiales distribuidos por los puestos de defensa de la plaza. Salinas reúne el Cabildo de la ciudad con los oficiales y determinan capitular ante la grave situación en la que se encontraba la plaza, lo que sucede el 4 de agosto, tras pactar unas capitulaciones que creen honrosas. Después de la capitulación, Salinas; hizo un relato de la caída de la ciudad al marqués de Villadarias, capitán general de Andalucía.

La causa de la rendición hay que buscarla, probablemente, más que en la falta de pertrechos o de tropas, en la actuación de la población civil durante el sitio. Las fuentes inglesas más cercanas en el tiempo coinciden en señalar que la captura de las mujeres, niños y demás gente inútil fue fundamental para que Salinas se rindiese tan pronto y sin haber presentado una fuerte resistencia, ya que los ingleses amenazaron con matarlos si no se producía la rendición de manera inmediata.

Algunos de sus contemporáneos criticaron al gobernador, recordando el episodio de la capitulación de Barcelona en 1697. Sin embargo, Felipe V no lo tuvo en cuenta, y Salinas fue nombrado Gobernador de Villaescusa de Haro (Cuenca), en 1706, donde permaneció hasta cerca de su muerte, cuando regresó a Madrid, falleciendo el 27 de noviembre de 1720, dejando todos sus bienes a su hermana Francisca.

Nota: La información de esta entrada está basada en el artículo “Raíces familiares de Diego Gómez de Salinas y Rodríguez de Villarroel, último gobernador español de Gibraltar”, cuyo autor es David Huidobro Sanz, publicado en Hidalguía, Nº. 374, 2017, págs. 173-184.

martes, 26 de junio de 2018

Lope de Figueroa. Militar destacado en Flandes, Granada y Lepanto. MdC de los Tercios


Notable militar, caballero de la Orden de Santiago, comendador de la encomienda de los bastimentos del Campo de Montiel, capitán, maestre de campo general y capitán general de la costa del Reino de Granada.

Lope de Figueroa nació en Guadix (Granada), alrededor del año 1541, procedente de una familia noble. Su padre era el capitán don Francisco Pérez de Barradas y Atoguia, alcalde la Peza que, en tiempos de los Reyes Católicos, fue un destacado oficial de la corte. Como hijo segundo, a Lope de Figueroa –apellido que tomó de su madre: doña Leonor de Figueroa y Zapata Ponce de León, bisnieta del primer conde de Feria–, tenía dos opciones: elegir la carrera eclesiástica o la militar, decantándose por esta última y a los 18 años se fugó a Milán, donde acudió al virrey Fernández de Córdoba (nieto del célebre Gran Capitán) y le pidió ingresar como soldado en el Tercio de Lombardía, permaneciendo casi treinta años de su vida al servicio de los famosos tercios.

Detalle del monumento situado en Madrid
Ya como capitán intervino en la conquista de la isla de los Gelves, en el golfo de Túnez (1559-60), donde fue hecho prisionero*. Tras unos pocos años de cautiverio en Constantinopla, junto a su primo Rodrigo de Zapata, también capitán, fue rescatado por su padre pagando la fuerte suma de 4.000 mil ducados.


*Su primera gran confrontación con los turcos empezó mal. En 1560, Felipe II había ordenado al duque de Medinaceli acometer la conquista de Trípoli, nido de corsarios berberiscos. Después de un fracaso naval a las puertas de Trípoli, auspiciado por la timidez de Andrea Doria, Medinaceli arremetió la conquista de la isla de Gelves, al sudeste de Túnez, donde ordenó levantar un fuerte. Advertida la flota otomana, ésta se presentó en un plazo de 20 días, sorprendiendo a los españoles aún en los preparativos. Figueroa, ascendido a capitán por petición del virrey de Milán, participó del desastre de Gelves (con 10.000 muertos entre las filas cristianas) y fue llevado cautivo a Estambul junto a 5.000 prisioneros cristianos.

El mismo año de su liberación tuvo tiempo de socorrer Orán, la principal ciudad española en África, que permanecía asediada por piratas argelinos. Al año siguiente colaboró en la toma del islote de Vélez de la Gomera liderada por García de Toledo. Así, participó como capitán del Tercio de Sicilia en la toma del Peñón de Vélez de la Gomera (1564) y aquel mismo año, al mando de 300 arcabuceros, intervino en la conquista del castillo de Istria en la localidad corsa de Sollacaro, y al año siguiente en el socorro de Malta**, distinguiéndose en el ataque a la torre de Falca.

**Después de ser expulsada de Rodas, el rey Carlos I había cedido a la belicosa Orden de los Hospitalarios la isla de Malta para que hostigara a la flota turca. En 1565, Solimán el Magnífico desplegó 175 galeras, 200 naos y 40.000 soldados con la intención de reducir a cenizas la base cristiana, fracasando en el intento.

La heroica defensa orquestada por el gran maestre de la orden, Jean Parrisot de La Valette, retrasó la conquista lo suficiente como para que el virrey de Sicilia, García de Toledo, pudiera preparar una fuerza de socorro. Así, los tres meses y con la isla a punto de claudicar, una escuadra de galeras a cargo del almirante Álvaro de Bazán rompió el bloqueo marítimo y consiguió desembarcar a 10.000 españoles, dirigidos por Álvaro de Sande. Los castellanos cayeron sobre las filas musulmanas antes de que estas pudieran percatarse de su superioridad numérica, y los hicieron huir.

Las tropas españolas, con Lope de Figueroa a la cabeza de una compañía del tercio de Sicilia, emprendieron camino a Flandes en 1568, donde el Duque de Alba planeaba utilizarlas contra los rebeldes. Ya en Flandes, al mando de una compañía de arcabuceros en la vanguardia del Tercio de Sicilia, Figueroa intervino destacadamente en las batallas de Jemingen, Maatrich, Mons y en la de Jodoigne, servicios que le valieron la felicitación del rey Felipe II y una pensión vitalicia de 400 ducados anuales. Con el favor real, Lope de Figueroa pidió un nuevo destino, para sofocar el levantamiento de los moriscos en Granada***. Don Juan de Austria, junto a Luis de Requesens, fue puesto al mando de tropas llegadas de Italia. Lope de Figueroa, «atendiendo a la experiencia que tiene de las cosas de la guerra», solicitó el mando de uno de esos tercios.

Desde 1567, Felipe II se había propuesto eliminar los resquicios musulmanes de «la diócesis menos cristiana de toda la cristiandad». Carlos I había otorgado una prórroga de 40 años a los moriscos de Granada para abandonar sus prácticas islámicas. Pero cerca de vencer el plazo, seguía predominando la costumbre árabe en ciertas regiones granadinas, y la connivencia con los turcos abría la posibilidad de un ataque en suelo patrio.

Siendo maestre de campo (MdC) de su tercio, llamado “de Figueroa” o también “de Granada”, combatió para sofocar el levantamiento de La Alpujarra (1568-1570) llevando a cabo destacadas acciones en Galera, Purchena, Huécija, Tíjola, Andarax y Serón, donde recibió un balazo en una pierna que lo dejó medio cojo.También Don Juan de Austria fue herido en esta refriega, y solo gracias al sacrificio de Luis de Quijada —su antiguo ayo— pudo salvar la vida. Pese a las complicaciones, en marzo el Tercio de Figueroa tomó Tíjola, y para agosto la guerra terminaba. A la espera de un nuevo destino, Figueroa fue nombrado jefe de los presidios de la Costa de Granada con la misión de capturar y evitar la huida de los moriscos hacia África.

De La Alpujarra pasó a Italia en 1571, siendo decisiva su participación desde la galera real, junto a Miguel de Moncada y Bernardino de Cárdenas, en la batalla naval de Lepanto (Don Juan de Austria fue puesto a la cabeza de la Santa Liga (formada por España, Venecia y el Papa), que se proponía hacer frente a la flota otomana), inclinando la victoria del lado de la Liga Santa.



Don Juan de Austria, el nuevo gobernador de Flandes, ordenó el regreso de los tercios españoles y Figueroa partió de Milán el 22 de febrero de 1578, llegando cerca de Namur el 13 de abril, Figueroa pasó los siguientes tres años combatiendo a los holandeses, bajo el mando de Alejandro Farnesio, ante la muerte el 1 de octubre de 1578 del hijo de Carlos I. en 1582, su actuación en la batalla de la isla Terceira (archipiélago de las Azores) a las órdenes de Álvaro de Bazán, desde la galera San Mateo, fue decisiva.

Escudo del Marquesado de Cortes de Graena, otorgado en 1683 a Antonio Lope Pérez de Barradas, heredero de los servicios prestados a la corona por Lope de Figueroa.


La familia Pérez de Barradas es un linaje andaluz de origen portugués que se estableció en Guadix después de la reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos en 1489. En 1683, don Antonio Lope Pérez de Barradas y Aguayo Portacorrero obtuvo el Marquesado de Cortes de Graena. Mas adelante, este marquesado se uniría al de Quintana de las Torres y al de Peñaflor, estableciéndose en Écija (Sevilla). Don Lope de Figueroa dejó de heredero de sus bienes a su hermano Don Fernando Pérez de Barradas y Figueroa, heredero del mayorazgo. Tuvo una hija, doña Jerónima, que fue monja.


Murió el 28 de agosto de 1585 en Monzón de Aragón, cuando formaba parte del séquito real alojado allí para celebrar las Cortes del Reino de Aragón, a causa de un brote de peste que apareció en la villa y causó más de 1.500 víctimas. Según había dispuesto, sus restos se depositaron en el Monasterio de San Francisco y unos meses después son llevados a Guadix y depositados en la iglesia de San Francisco.

Los títulos que poseía Figueroa y que había conseguido en sus múltiples campañas fueron: “Comendador de la Encomienda de Bastimentos del Campo de Montiel, Capitán General de la Costa del Reino de Granada, Maestre de Campo General de la Isla Tercera, Islas Azores, Caballero de Avito de Santiago” (Testamento de 1585). Hay que añadir el de Maestre de Campo del Tercio de Figueroa, actual RIMZ. “CÓRDOBA” Nº 10.

Su figura llegó a ser tan importante en el siglo XVI y el siguiente, que fue uno de los personajes predilectos para las obras de teatro de los escritores más famosos del Siglo de Oro español
Figueroa fue recordado por la inmortal Lepanto y por la célebre obra de teatro “El Alcalde de Zalamea”, donde su autor Calderón de la Barca –que también combatió en los tercios– le pone como el clásico capitán de humor amargo. Desde 1572 y hasta 1575, Miguel de Cervantes sirvió como soldado aventajado en el tercio de Figueroa, que tras Lepanto tomó el nombre de Tercio de la Sacra Liga, al integrarse al mismo la compañía del capitán Manuel Ponce de León en la que estaba enrolado.