lunes, 18 de marzo de 2019

Félix Nieto de Silva y Saá. Militar, I Marqués de Tenebrón


Gobernador sucesivamente de Alcántara, Cádiz, Canarias, Sevilla y Orán, autor de una famosa Autobiografía, en la que trasluce una semblanza de la historia de la Monarquía Hispánica durante la segunda mitad del siglo XVII.

El Marquesado de Tenebrón es un título nobiliario creado el 17 de mayo de 1690 por el rey Carlos II, que hace referencia a la localidad salmantina de Tenebrón.




Félix de los Reyes Nieto de Silva y Saa nació en Ciudad Rodrigo (Salamanca) en 1635 y fue el tercer hijo de Félix Nieto de Silva y Carvajal, señor de Alba de Yeltes y Caballero de l Orden de Santiago, en la que ingresó en 1617, casado en segundas nupcias con Isabel Herrera de Saá y Coloma, procede de una familia hidalga asentada en la comarca de Ciudad Rodrigo (Salamanca), que fue encumbrándose a la nobleza media medrando a costa de la jurisdicción real –proceso, por otra parte general, que alcanzó su gran intensidad en el siglo XVII aprovechando la mayor debilidad de la Monarquía–. Por tanto, un hidalgo “segundón” que optó por la carrera de las armas, iniciando un cursus honorum a través de empleos militares, hábitos, rentables matrimonios y desempeño de cargos y oficios –de los denominados de capa y espada– que le reportarían con el tiempo un progresivo ascenso social no exento de fracasos y decepciones, como de un sentimiento de agravio que le acompañaría hasta el final de sus aventuras.

En época temprana tomó las armas al servicio del rey, entre los 16 y 18 años, seguramente primero como soldado en Zamora, luego rápidamente promocionado a capitán de caballería, empleo en el que sirvió durante casi 17 años. Estuvo en casi todos los frentes de la guerra con Portugal –Verín, Ciudad Rodrigo y Badajoz, nunca en la frontera onubense–; aun, si bien, con la excepción del sitio portugués a Badajoz (junio 1658-octubre 1658), en ninguna decisiva batalla se vio involucrado, pues en la importante derrota de las Líneas de Elvas, aunque participó en el sitio español (noviembre 1658-14 de enero de 1659), se encontraba en Ciudad Rodrigo cumpliendo órdenes el fatídico día. Lo mismo le ocurrió con otra sonada derrota española, Castelo Rodrigo (7 de julio de 1664), quiso la casualidad que entonces se encontrara en Salamanca de permiso. Las definitivas de Ameixal (Estremoz, 1663) o Montes Claros (Villaviciosa, 1665) no son siquiera nombradas. No quiere decir ello que su valor y comportamiento frente al enemigo quede en entredicho, más al contrario se preocupa de que resuene sin tacha en todo su discurso. Ni de la crueldad de la guerra, ni antes de las “trastadas” de su infancia y juventud, guarda malos recuerdos. De todo lo sucedido sale con bien y lo refiere a la especial protección que le dedica la Virgen de la Peña de Francia, a quien evoca hasta la extenuación en cada episodio, en cada capítulo.

En 1671, casado de su primera mujer Jerónima de Cisneros y Moctezuma –de linaje imperial azteca–, con hábito de Alcántara y maestre de campo, obtiene su primer cargo en la administración del rey, la gobernación de un territorio de órdenes, el partido de Alcántara. Tras cuatro años, en el cargo, sería nombrado gobernador de Cádiz –despachado en enero de 1676– plaza militar acorde a un maestre de campo y un buen tanto para el ascenso en el estatus social cortesano. Hay que advertir que este empleo pudo muy bien venirse al traste por el nombramiento previo de gobernador de Canarias –de muy poco gusto para él, parece ser por lo alejado y pobre del lugar– aunque en el último momento el gobierno del puerto de Indias vino a compensarle, y aún más de la muerte de su segunda mujer –lo era desde el enero anterior– Beatriz Carvajal y Pizarro, condesa de Torrejón.

Cádiz fue el refrendo a su ingenio en el buen gobierno –ya apuntado en la gobernación de Alcántara– y a la inmensa capacidad de gestión que nos regala orgullosamente. Tanto en su lucha frente al contrabando en el comercio trasatlántico como ante el hambre y la escasez –endogámica en Andalucía en esta época de crisis– ejemplifica en su persona las virtudes que deben caracterizar al administrador público al servicio de su rey. Si tuvo tiempo para saborear las mieles de un nuevo matrimonio –el tercero, con Elvira de Loaisa y Chumacedo, condesa de Guaro e hija de Juan Chumacero, presidente de Castilla y conde de Arco–, también lo tuvo para sufrir la persecución política ejercida desde el poder durante el corto “reinado” de D. Juan José de Austria, el eterno pretendiente a las más altas instancias sembró de intriga cortesana su ascenso como de sospecha permanente su gobierno.

Ciudad Rodrigo

Habiendo sido nombrado Gentilhombre de Cámara y Consejero de Guerra, en el verano de 1680 recibió el destino de la gobernación de Canarias.

Un año antes de llegar a la gobernación de las islas, en Villanueva de Mesía (Granada), la peste había provocado un aborto a su mujer y la pérdida de su hija mayor María. Otra, Juana, fallecería en Granada el mismo día que llegaba su padre a Tenerife –con tormenta de por medio–, y al año siguiente (1681) moría una más, Isabel. Situaciones por lo demás corrientes en la época, pero una vez más apela con fervor providencialista a su Virgen de la Peña de Francia; aunque quizá más tuviera que ver en el quebranto económico que le supuso el puesto, los efectos económicos de la política monetaria y deflacionista decretada por la Monarquía.

En fin, poco lustre le proporcionó a D. Félix aquel empleo tan “fuera de mi genio” –aunque los paisanos le merecieron mejor opinión– por lo que la incorporación a intendencia de Sevilla –cinco años después de haber ido a Canarias con la promesa de sólo uno y medio– fue un regalo al que su afán de servicio al rey le “obligaba”. Poco tiempo le duró “la buena fortuna con que allí goberné”, en julio de 1687 fue a terminar sus días como gobernador y capitán general de las plazas de Orán y Mazalquivir, reinos de Tremecén y Túnez en el norte de África. Título precedido de los cotidianos enfrentamientos cortesanos que caracterizaron la crisis de una monarquía deprimida y dominada por la intensa intriga política. La fatalidad de su antecesor Diego de Bracamonte.muerto en batalla o, como dice él, “quiso nuestra Señora librarme de ese conflicto, y que […] se me diese á mí el puesto”, le llevó al presidio africano, donde tuvo la oportunidad de sentir en propias carnes el abandono de una monarquía que tocaba a su fin.

Un año antes de su muerte, acaecida en Orán, el 11 de febrero de 1691, en mayo de 1690 Carlos II premió sus servicios con el marquesado de Tenebrón.

martes, 12 de marzo de 2019

Juan Idiaquez Eguia. Militar. Capitán General de los Reales Ejércitos



Militar, MdC. Alcanzó el título de Duque de Granada de Ega con la GdeE

Nació en Azcoitia en el año 1665 en el seno de uno de los linajes más ilustres de la Provincia de Guipúzcoa. Su padre fue Francisco de Idiáquez, natural de la villa de Motrico, de la orden de Santiago y señor de las casas de Idiáquez, en Azcoitia y de las de Yarza y Alcega, y su madre fue Luisa María de Eguía, señora de las casas de Iraeta y Eguía, natural del lugar de Ayzarna, también en Guipúzcoa.

Desde joven fue orientado a la carrera militar, entrando en servicio en 1681, a la edad de 16 años. Su destino fue los tercios de Flandes, con los que participó en importantes batallas. En 1691, cuando ya había alcanzado el grado de capitán de infantería, estuvo sitiado en Mons por el ejército francés que dirigió el mismo Luis XIV.

En 1693, ya como capitán de caballos, participó en la batalla de Landen, en la que cayó prisionero. Unos años después, ya ascendido al puesto de maestre de campo de un tercio viejo y brigadier de los ejércitos de Felipe V, fue nombrado para ofrecer con su brigada servicio al duque de Borgoña, hermano del rey, que dirigía las tropas francesas entre la Mosa y la Mosella. Fue reconocido por su acción en la batalla. Años después, el gobernador de Flandes, su pariente el marqués de Gastañaga, le destinó a la Corte de Madrid para diversas cuestiones, comenzando una notable carrera al servicio de Felipe V y convirtiéndose en uno de los hombres más poderosos en el primer tercio del siglo XVIII.

En 1704 fue elegido sargento mayor de las guardias de Corps, el más prestigioso cuerpo del ejército y que fue creado de nueva planta por el nuevo monarca. Este cargo fue de especial importancia y de gran influencia porque, entre otras cuestiones, fue el oficial en cargo de las tres compañías que componían estas guardias, nombraba o consultaba al rey los empleos administrativos y técnicos del Estado Mayor de la guardia y porque disfrutó de gran cercanía y confianza con el rey.

En su ascenso dentro del escalafón militar del nuevo ejército borbónico llegó al grado de teniente general (1706) y, posteriormente, al de capitán general de los reales ejércitos. Su poder e influencia creció sobremanera cuando se introdujo en el servicio de las casas reales y fue elegido para el gobierno y la educación de la casa y persona del infante Don Fernando. En 1721, fue nombrado como gobernador del nuevo cuarto separado en palacio del infante don Fernando, con retención de su empleo de sargento mayor de Guardias de Corps. En 1724, tras el fallecimiento de su hermano Luis I, fue designado ayo del nuevo Príncipe de Asturias, y un año después, en 1725, alcanzó el grado de sumiller de Corps del futuro Fernando VI.

Asimismo, su elevación en la escala de honores de la Monarquía vino paralela a su influencia en la Corte. En 1708 vistió el hábito de la orden de Santiago, que vino acompañado con la encomienda de Yeste y Taibilla. A través de su matrimonio con su sobrina Maríana Velasco e Ibáñez de Segovia, disfrutó de los títulos de conde de Salazar y de conde de Castilnovo y, debido a los servicios a la Corona, se le otorgó (29-marzo-1729), el título de Duque de Granada de Ega con la GdeE de primera clase.

Falleció sin descendencia el 9 de septiembre de 1736. En su testamento, eligió como su principal heredero a su sobrino Antonio Francisco Idiáquez y Garnica, quien le sucedió en el ducado, y también fue conde de Javier, y marqués de Cortes.

Texto extraido de: www.basques.linhd.es

viernes, 8 de marzo de 2019

Concepción Arenal. Abogada y escritora. La madre del feminismo español


Escritora y activista social. Sorteando las dificultades que en su época se oponían al acceso de las mujeres a la universidad, estudió en Madrid derecho, sociología, historia, filosofía e idiomas (teniendo incluso que acudir a clase disfrazada de hombre).



Concepción Arenal Ponte nacíó el 31 de enero de 1820 en El Ferrol, en el seno de una familia hidalga acomodada con ideales liberales. Su padre fue Ángel Arenal Cuesta, un sargento mayor, que ingresó varias veces en prisión por posicionarse en contra del absolutismo de Fernando VII y fue en una de esas ocasiones en las que cayó enfermo y falleció; su madre, Concepción  Ponte, era gallega. La prematura muerte de su padre cuando contaba tan solo nueve años la marcaría para siempre

D. Ángel del Arenal comenzaría los estudios de leyes en la Universidad de Valencia, pero por el estallido de la guerra de la Independencia los abandona para integrarse en la carrera militar y en 1812 era ya sargento mayor. No dudó en alistarse contra los ejércitos napoleónicos, participando en el bloqueo de Bayona de 1814.

En 1847 Concepción casó con Fernando García Carrasco, abogado y escritor, y ambos esposos colaboraron en La Iberia. Su primer libro fue la novela Historia de un corazón, y en 1851 publicó Fábulas en verso. Enviudó en 1855 y se retiró a Potes (Santander) con sus hijos, y más tarde a Galicia. Próxima al ideario de Karl Krause y de sus seguidores en España, como el influyente Francisco Giner de los Ríos, pronto fueron conocidas sus críticas a la injusticia social de su tiempo (particularmente contra la marginación de la mujer, la condición obrera y el sistema penitenciario), fundamento de un reformismo social de raíz católica.

En 1862 publicó su Manual del visitador del preso y, en 1864, fue nombrada visitadora general de prisiones de mujeres. Colaboró con Fernando de Castro en el Ateneo Artístico y Literario de Señoras, precedente de posteriores iniciativas en pro de la educación de la mujer como medio para alcanzar la igualdad de derechos. Desarrolló una intensa actividad filantrópica: fue fundadora del Patronato de los Diez, de la Constructora Benéfica y del periódico La Voz de la Caridad (1870), secretaria de la Cruz Roja de Madrid, directora de un hospital de campaña en la 3ª Guerra Carlista.

Al mismo tiempo elaboró una amplia obra escrita, en la que reflexionaba sobre propuestas como la legitimidad de la guerra justa en defensa de los derechos humanos (Ensayo sobre derechos de gentes), la orientación del sistema penal hacia la reeducación de los delincuentes (El visitador del preso) o la intervención del Estado en favor de los desvalidos (La beneficencia, la filantropía y la caridad). Como penalista propuso una función educativa del sistema penitenciario que reformase al delincuente en lugar de castigarlo.

De sus obras sobre la condición femenina sobresalen La mujer de su casa y La mujer del porvenir. En La mujer de su casa (1895), estudió los problemas a que debía enfrentarse la mujer española de su tiempo para ocupar digna y eficazmente el puesto en que la sociedad humana la necesita. En La mujer del porvenir (1868), señaló la contradicciones en la consideración de la mujer, combatió los prejuicios sobre la supuesta inferioridad de la mujer y exploró las consecuencias de su acceso a la educación y al trabajo.

martes, 5 de marzo de 2019

La concesión de títulos nobiliarios


Una de las prerrogativas reales es la facultad de conceder títulos nobiliarios para premiar actos y servicios extraordinarios. La concesión es un acto graciable del soberano, y por tanto la vida del titulo dependerá de las condiciones impuestas por éste en su creación.

 
Hasta los Trastámara los títulos nobiliarios no eran hereditarios. Existían los Ricos-hombres, que solían ser denominados para determinados cargos de administración de gobierno y justicia, y manejo del ejército en determinados territorios (marcas, condados, adelantamientos...). Así durante la alta Edad Media un conde era el tenente de un territorio que lo gobernaba con ese título, de forma temporal y como mucho de manera vitalicia. En el siglo XIII prácticamente habían dejado de existir.

Con el advenimiento de la dinastía Trastámara se comienza a conceder títulos nobiliarios con carácter hereditario: el primer conde fue el de Niebla en 1371 y el primer duque, Bertrán Dugesclin, también en 1371 ambos concedidos por Enrique II.

En cuanto a la forma, en un principio se otorgaron a hidalgos mediante privilegio real; posteriormente se irá regulando la concesión de títulos. Por ejemplo, Felipe IV dispone en 1664 que no se pueda obtener el título de Conde ni el de Marqués sin haber sido antes Vizconde. Carlos III, en 1775, dispone que no se concedan títulos a quienes no hubieran servido con sus personas al Rey o al público, aunque durante mucho tiempo también se practicó su venta (venalidad de títulos) para conseguir fondos para la Hacienda pública.

Cómo se conceden los títulos nobiliarios en España

A principios del siglo XX se estableció cómo se han de conceder, y su regulación y control es competencia del Ministerio de Justicia.

·      Real Decreto sobre concesión y rehabilitación de Títulos y Grandezas de España (27 de Mayo de 1912).



·     Real Decreto de 8 de julio de 1922 relativo a la rehabilitación de Grandezas de España y Títulos del Reino.



·        Ley de 4 de mayo de 1948 por la que se restablece la legalidad vigente al 14 de abril de 1931 en las Grandezas y Títulos del Reino. Respecto a dicha regulación, cabe considerar el Decreto de 4 de junio de 1948, por el que se desarrolla la Ley de 4 de mayo de 1948 sobre Grandezas y Títulos nobiliarios.

 ·     Real Decreto 222/1988, de 11 de marzo, por el que se modifican los Reales Decretos de 27 de mayo de 1912 y 8 de julio de 1922 en materia de Rehabilitación de Títulos Nobiliarios.



·        Ley 33/2006, de 30 de octubre, sobre la igualdad del hombre y la mujer en el orden sucesorio de los títulos nobiliarios.

En la actualidad, los títulos nobiliarios son otorgados por el Rey, que también sanciona cada una de las sucesiones en los mismos. Entre las funciones del titular de la Corona que enumera el artículo 62 de la Constitución Española está "conceder honores y distinciones con arreglo a las leyes". La forma de tramitarlo consiste en un Real Decreto, firmado por el ministro de Justicia, que se publica en el BOE.


Las principales dignidades nobiliarias se gradúan de la siguiente manera: grandezas, ducados, marquesados, condados, vizcondados, baronías, señoríos y dignidades nobiliarias (por ejemplo almirante y adelantado mayor de las Indias, almirante de Aragón o mariscal de Alcalá del Valle).

sábado, 2 de marzo de 2019

Juan Valera y Alcalá Galiano. Novelista, político y diplomático


Su obra literaria toca prácticamente todos los géneros, aunque con predominio de la novela a la que siguen los restantes géneros prosísticos: el ensayo, en especial de tema literario, y la epístola.

Valera fue, sin duda, la figura más europea de nuestro siglo XIX, el autor que mejor conoció, tanto política como artísticamente, al resto de los países de nuestro entorno, gracias a sus viajes por Europa y América como diplomático.

Juan Valera nació en la ciudad de Cabra (Córdoba) el 18 de octubre de 1824, de familia noble y acomodada; pertenecía ala hidalga* casa de Valera de Doña Mencía, en Córdoba, familia de marinos. Hijo de José Valera y Viaña, oficial de la Marina ya retirado, y de Dolores Alcalá-Galiano y Pareja, marquesa de la Paniega, ambos naturales de Doña Mencia. Tuvo dos hermanas, Sofía y Ramona, además de un hermanastro, José, habido en un primer matrimonio de la marquesa con Santiago Freuller, general suizo al servicio de España.

*Real Declaratoria de Nobleza y restitución de hidalguía de don Juan Valera Roldán, dada en Barcelona por el Rey Felipe V el 18 de noviembre de 1701, y que fue testimoniada en autos promovidos por don Juan Miguel Valera Alcalá-Galiano en 1768, para hacer valer las prerrogativas y derechos que aparejaban tal declaración.


Realizó sus primeros estudios (Filosofía) en el Seminario Conciliar de Málaga, ciudad en la que publicó sus primeros versos en el periódico El Guadalhorce, entre los años de 1837 y 1840, es decir, durante la efervescencia del primer romanticismo tras la muerte de Fernando VII. Marcha después a Granada, al colegio del Sacro Monte, donde pasa de la influencia de los románticos franceses, especialmente Lamartine, a imitación del cual compuso sonetos, a la de los clásicos grecolatinos.

En 1842 se traslada a Madrid, donde tuvieron lugar sus primeros amores: al presentar a Gertrudis Gómez de Avellaneda ante el Ateneo, quedó enamorado de ella. Pese a la fama de conquistador de Valera, será el corazón de "la divina Tula" uno de los que no logre rendir. Regresa a Granada por no haber aprobado en Madrid, donde obtiene la licenciatura en Derecho en 1844. Con motivo de licenciarse, su padre le regaló la edición de unos Ensayos poéticos.

En 1846 vuelve a Madrid y al año siguiente, en 1847, inicia su carrera como diplomático en la Legación española en Nápoles como agregado sin sueldo a la embajada que dirige el duque de Rivas, que lo ha recomendado. Con su carrera diplomática comienza la amorosa con un par de aventuras en Nápoles. La fama de don Juan, que lo acompañaba desde sus tiempos de Granada, no lo abandonará ya nunca: todavía a los sesenta y dos años, en 1886, siendo embajador en Washington, sufrirá el suicidio de una joven despechada (la hija del secretario de estado estadounidense, Katherine C. Bayard) en la antesala de la embajada.

En 1849 regresa a Madrid, donde no se encontrará a gusto. Al año siguiente parte como legado a Lisboa y de aquí, en 1851, pasa a Río de Janeiro, donde permanecerá hasta 1853, fecha en la que regresa a Madrid. Colabora en la prensa tanto con artículos de carácter político como con otros de tipo literario. En 1855 es destinado a Dresde y, en 1857, viaja a San Petersburgo (Rusia) como secretario del duque de Osuna, embajador de Isabel II ante el zar. Las cartas de Valera, sus Cartas desde Rusia, describen la vida de lujo desmedido del duque, que lo conduciría no mucho después a una de las ruinas más escandalosas de la historia española.

Al año siguiente, ya en España, es elegido diputado por Archidona (Málaga) y funda el periódico El Contemporáneo y la revista satírica El Cócora. En 1861 ingresa en la Real Academia. Son años de labor literaria en los que traduce del alemán los tres volúmenes de von Schack Poesía y arte de los árabes de España y Sicilia, publicados entre 1867 y 1871.



En el año 1867 se casa en París con Dolores Delavat, hija de otro diplomático español, que era veinte años más joven que él, lo que causaría problemas a la pareja. La difícil situación se reflejará en la reincidencia de Valera en el tema del matrimonio desigual en edad a lo largo de su novelística. En 1872, es nombrado director general de Instrucción Pública, pero los sucesos políticos de ese año le hacen perder el cargo y lo apartan de nuevo de la vida política. Ello lo conducirá hacia la narrativa. Son los años de Pepita Jiménez (1874), quizá su obra más famosa; Las ilusiones del Doctor Faustino (1875); El Comendador Mendoza (1877); Pasarse de listo (1878) y Doña Luz (1879) Entre 1881 y 1883 vuelve a la diplomacia. En estos años pasa por Francfort, Lisboa, Washington, Bruselas y Viena.

Su obra novelística renace en 1895 con Juanita, la larga a la que seguirán Genio y figura (1897) y Morsamor (1989). En 1896, se retiró del servicio diplomático. Sus últimos años, enfermo y casi ciego, los pasa en su casa de Madrid, donde reunirá una tertulia nocturna, a la que acudían entre otros Menéndez Pelayo y Pérez de Ayala, que cobrará fama. Muere en Madrid en abril de 1905



Entre los títulos y órdenes que obtuvo a lo largo de su vida, destacan los siguientes:


Reino de España

Caballero Gran Cruz de la Orden de Carlos III.

Comendador de la Orden Española y Americana de Isabel la Católica.

Grefier de la Orden del Toisón de Oro.



Extranjeras

Caballero de la Orden de San Jenaro. (Reino de las Dos Sicilias)

Caballero de la Orden de San Fernando y el Mérito. (Reino de las Dos Sicilias)

Caballero Gran Cruz de la Orden de Pio IX con brillantes (Estados Pontificios)

Caballero Gran Cruz de la Orden de Nuestra Señora de la Concepción de Villaviciosa. (Reino de Portugal)

Caballero de la Suprema Orden de Cristo. (Reino de Portugal)

Caballero Gran Cruz de la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro. (Reino de Italia)

Caballero Gran Cruz de la Orden de la Corona de Italia. (Reino de Italia)

Caballero Gran Cruz de la Orden de San Esteban de Hungría. (Imperio Austriaco)

Comendador de la Orden de Leopoldo (Reino de Bélgica).

Caballero de segunda clase de la Orden de Santa Ana. (Imperio Ruso)

Comendador de la Orden de la Rosa. (Imperio del Brasil)

Oficial de la Orden de la Legión de Honor. (Francia)

lunes, 25 de febrero de 2019

La Sala de Hijosdalgo de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid


La Sala de Hijosdalgo de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid era el tribunal de justicia para todos los asuntos, civiles o criminales, en los que al menos un litigante era de condición hidalga, y para todas las causas de hidalguía, siendo éstas últimas las mayoritarias. También juzgaba los asuntos de alcabalas. 

Con Carlos III, en 1771* se determina que las salas de Hijosdalgo de las chancillerías de Valladolid y Granada se erigieran en segundas de lo criminal, aunque manteniendo sus propias funciones, ya que los asuntos de hidalguía habían disminuido en gran cantidad.


En un principio, la Sala de Hijosdalgo estaba formada por dos alcaldes y por los notarios de los reinos de Castilla, Toledo y León, que tenían la competencia sobre los asuntos de alcabalas. Los alcaldes, junto con los notarios correspondientes, juzgaban todos los pleitos y asuntos de hidalguía o referentes a hidalgos. Cuando en 1572 desaparecen los notarios, los asuntos de alcabalas pasan a resolverse en la Sala de Hijosdalgo, que aumenta en un alcalde y, en 1619, se crea la cuarta alcaldía de la Sala de Hijosdalgo. Aunque normalmente solía haber más alcaldes, éstas eran plazas supernumerarias que se creaban para cubrir ausencias, bajas por enfermedad o vacantes.

Además de los alcaldes y del presidente de la Chancillería, la sala de Hijosdalgo contaba con distintos cargos judiciales y oficiales dedicados a su funcionamiento, algunos de los cuales eran comunes al resto de salas de la Chancillería. Así, en el momento de existencia de mayor número de personal, ésta se componía de uno de los dos fiscales de la Chancillería, con su agente fiscal, que ejercía sus funciones también en la salas de lo Civil, dos escribanías de las diecinueve existentes; uno de los diecisiete relatores de la Chancillería; diez diligencieros; y uno de los once porteros de la Chancillería, que compartía con la sala de Vizcaya.

 Comunes al resto de salas de la Chancillería eran el repartidor y tasador de pleitos; el receptor de penas de cámara; treinta procuradores; veinte agentes; seis contadores; un alguacil mayor; seis alguaciles; y un pagador. La sala de Hijosdalgo de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid tenía competencia sobre todos los asuntos relacionados con los hidalgos dentro del ámbito de actuación de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid. Procesaba tres asuntos de diferente índole:

1.- El pleito propiamente dicho de hidalguía, que podía concluir con la carta ejecutoria.

2.- El expediente provisional, por el que la sala expedía una real provisión de dar estado conocido.

3.- Las probanzas ad perpetuam rei memoriam.

Las sentencias de los pleitos de hidalguía o relativos a hidalgos, pronunciadas por los alcaldes de hijosdalgo, se podían apelar ante una de las cuatro salas de lo civil, dictando los oidores sentencia de vista. De ésta se podía apelar a la misma sala, dictando entonces el presidente y oidores sentencia de revista, con la que el pleito quedaba fenecido. El escribano seguía siendo el correspondiente a la Sala de Hijosdalgo. Los notarios entendían en primera instancia y en apelación en los pleitos de alcabalas. En primera instancia atendían los pleitos de los vecinos del lugar de residencia de la chancillería y cinco leguas a la redonda, y se podía apelar a las salas de lo Civil y ante los contadores mayores. En apelación, los pleitos que se hubieran juzgado en primera instancia por las justicias locales del reino. Si la sentencia era confirmatoria de la anterior, no se podía suplicar más. Si era contradictoria, se podía suplicar ante los oidores.



*En 1767 la Corona inició un expediente sobre la conveniencia de transformar en criminales las salas de Hijosdalgo de ambas Chancillerías, la de Valladolid y la de Grandad. Como resultado del mismo, el 13 de enero de 1771 Carlos III ordenó que las salas de hijosdalgo de las dos Chancillerías se erigieran en criminales, por lo que a partir de este momento los alcaldes de hijosdalgos de la Chancillería de Valladolid resolverán, además de las causas de hidalguía, los pleitos criminales del tribunal.


Para poder optar a ser escribano de Hijosdalgo, la edad mínima que se debía tener era de 25 años y ser de condición hidalga. De forma rotatoria se constituían en escribanos semaneros de la sala de la que dependían, desempeñando funciones administrativas de la sala y de canalización de documentos a las escribanías correspondientes. Los notarios de los reinos contaban cada uno con su correspondiente escribanía, y eran nombrados por el notario correspondiente. Cuando en 1572 desaparecen las escribanías, sus escribanos quedaron adscritos a los alcaldes de Hijosdalgo en lo relativo a los asuntos de alcabalas, que desde entonces pasaron a ser juzgados por los alcaldes. Finalmente los escribanos de alcabalas desaparecerían, pasando sus negocios a ser llevados por las dos escribanías de Hijosdalgo.

Para saber más:

- VARONA GARCÍA, María Antonia. La Chancillería de Valladolid en el reinado de los Reyes Católicos. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1981.

- MARTÍN POSTIGO, María de la Soterraña, y DOMÍNGUEZ RODRÍGUEZ, Cilia. La sala de Hijoadalgo de la Real Chancillería de Valladolid. Valladolid: Ámbito, 1990.

viernes, 22 de febrero de 2019

Pedro de Mendoza. Primer Adelantado del Río de La Plata. Fundador de Buenos Aires


A pesar de que las expediciones enviadas al Río de la Plata habían tenido resultados poco felices, estas tierras seguían tentando el interés de los conquistadores por su condición de entrada hacia la Sierra de la Plata. En 1534, el rey de España, preocupado por las incursiones de los portugueses, nombró primer adelantado del Río de la Plata a don Pedro de Mendoza, a quien ordenó que, además de conquistar y tomar posesión de las tierras que hallase, fundara tres fortalezas. 

Pedro de Mendoza y Luján era un hidalgo nacido en Guadix (Granada) hacia 1499. Su padre, Fernando de Mendoza Luna y Sandoval de la Vega pertenecía a la aristocracia castellana dedicada al comercio, y su madre llamada Constanza de Luján, una hija del comendador de la Orden de Santiago y regidor de Madrid, Diego Luján de Villanuño y de su esposa, Catalina de Lodeña y Solís. Por tanto, Pedro pertenecía al linaje de los Mendoza, titulares del Ducado del Infantado. Como paje de cámara de Carlos I llevó una vida cortesana y también guerrera (combatió contra los franceses en Italia). Fue nombrado Caballero de Alcántara en 1524 y, años más tarde, de Santiago. 
 
Monumento a Pedro de Mendoza en Buenos Aires

Por capitulaciones de 1534, el rey Carlos I le puso al frente de una expedición destinada a penetrar en el interior de Sudamérica desde sus costas orientales, adelantándose a los portugueses en la carrera por alcanzar las fabulosas riquezas de las que hablaban las leyendas indígenas (referentes, sin duda, al imperio incaico). El mismo Mendoza financió la expedición, obteniendo a cambio amplios poderes de conquista y colonización como adelantado, gobernador y capitán general de un extenso territorio. Realizados los preparativos del viaje, partió el adelantado en agosto de 1535, con trece navíos y unas mil ochocientas almas, incluyendo a varios mayorazgos y a Rodrigo de Cepeda, hermano de Santa Teresa de Ávila. Llegado al Río de la Plata a comienzos del año siguiente, levantó en su margen derecha un fuerte al que llamó* Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aire (3 de febrero de 1536).

 *Pedro de Mendoza  llamó al sitio así para cumplir una promesa a la Patrona de los Navegantes de la que era miembro. En efecto, “Buen Ayre” era la castellanización del nombre de la Virgen de Bonaria, es decir, de la Virgen de la Candelaria a quien los padres mercedarios habían levantado un santuario para los navegantes en Cagliari, Cerdeña, y que era venerada también por los navegantes de Cádiz, España. Este asentamiento, aún sin dejar signos visibles, marcó el camino para la posterior fundación de Juan de Garay en el año 1580.

Buenos Aires (hacia 1536)
Al poco tiempo, los habitantes de aquella modestísima población empezaron a padecer el azote del hambre y los ataques de los indígenas, quienes, tras un comienzo amistoso, se habían vuelto hostiles y se negaban a proporcionarles ayuda y alimentos. Mendoza envió entonces a su hermano Diego hacia la región del Delta al frente de un grupo de trescientos soldados y veinte jinetes en busca de víveres, pero los aborígenes los atacaron. En el combate, que se denomina de Corpus Christi por la celebración religiosa de ese día, 15 de junio de 1536, los indios vencieron y exterminaron a dos tercios de las tropas españolas, incluido el capitán Diego.

En diciembre de 1536 miles de indios querandíes consiguieron por primera vez vulnerar las defensas de la ciudad de Buenos Aires, penetrar en ella e incendiarla, provocando casi su destrucción total. 

El cronista Ulrico Schmidl, testigo de aquellos momentos, nos brinda un relato del incendio: "Mientras parte de los indios marchaban al asalto, otros tiraban sobre las casas con flechas encendidas, para que no tuviéramos el tiempo de atender a ambos y salvar nuestras casas, las, flechas que disparaban estaban hechas de cañas y ellos las encendían en la punta. También hacían flechas de otro palo que, si se los enciende, arde y no se apaga y donde cae, allí comienza a arder: (...) En este ataque quemaron también cuatro buques grandes, que se hallaban a una media legua de nuestra ciudad de Buenos Aires."
Pedro de Mendoza, junto con algunos españoles, consiguió escapar a la matanza, y más tarde se encaminaron al norte para refugiarse en el fuerte de Sancti Spíritus, que había sido establecido sobre el río Carcarañá diez años antes por Sebastián Gaboto. Desde allí, y cumpliendo órdenes del adelantado, su segundo, el capitán Juan de Ayolas había partido con trescientos expedicionarios remontando el río Paraná, pero su misión resultó un fracaso y tuvo que regresar al fuerte.

El capitán Juan de Ayolas
Rio arriba -por el Paraná primero y luego por el Paraguay-, Ayolas había llegado entretanto a un lugar que llamó La Candelaria. Dejó allí parte de sus hombres, al mando de Domingo Martínez de Irala, y partió hacia la ambicionada Sierra de la Plata, en busca de riquezas, pero cuando ya regresaba con un espléndido botín, cayó en una emboscada de los indios y fue muerto con todos sus compañeros. Irala emprendió entonces el retorno aguas abajo y se detuvo al llegar al fuerte de la Asunción que Juan de Salazar -otro de los acompañantes de Mendoza- había levantado el 15 de agosto de 1537 en la margen izquierda del río Paraguay. Instalado en Asunción, Irala tomó el mando en reemplazo del infortunado Ayolas.


Mientras Ayolas remontaba el Paraná y el Paraguay, el adelantado Mendoza, que se sentía muy enfermo (parece ser que tenía sífilis) y, en vista de que sus dolencias empeoraban, resolvió volver a España, tras designar a Ayolas su sucesor en la conquista. Mendoza murió durante la travesía del Atlántico, en junio de 1537 y su cuerpo fue arrojado al mar.


Buenos Aires volvió a ser reconstruida con posterioridad, tras de zarpar Mendoza hacia España pero, finalmente, ante el asedio constante de los nativos, fue despoblada e incendiada por sus 350 habitantes a finales de junio de 1541*, decidiendo marcharse hacia el norte, a la ciudad de Asunción (en Paraguay) capital del Río de la Plata durante los primeros ochenta años, pues Martínez de Irala había decidido concentrar en dicha población a todos los españoles. El primer intento de conquista y colonización en la región del Río de la Plata había fracasado.

En 1538 llegó a Buenos Aires Alonso Cabrera, portando una real cédula del Emperador, cuyo contenido rezaba que "si al tiempo que allá llegareis fuese muerta la persona que dejó por su Teniente Don Pedro de Mendoza ... y éste al tiempo de su fallecimiento o antes no hubiese nombrado Gobernador, y los conquistadores y pobladores no lo hubiesen elegido: vos mandamos que en tal caso hagáis juntar los dichos pobladores... para que... elijan en nuestro nombre por Gobernador y Capitán General... a la persona que según Dios y sus creencias parezca más suficiente para el dicho cargo; y la persona que así eligiesen todos en conformidad o la mayor parte de ellos, use y tenga el dicho cargo... Lo cual vos mandamos así se haga con toda paz y sin bullicio ni escándalo.” 

*Pedro de Mendoza había dejado como teniente de gobernador a Juan de Ayolas; y éste –que para entonces ya había sido muerto por los indios- lo hizo en Domingo Martínez de Irala que, de esta manera, acabó por ejercer el gobierno del Río de la Plata y trasladándose a la Asunción ordenó la despoblación de Buenos Aires en 1541. Para entonces, de las 1800 almas llegadas en la armada de Mendoza, “en toda la conquista no había más que trescientos cincuenta hombres…”

Cuarenta y cuatro años después de la primera fundación, en 1580, volvería a alzarse otra Buenos Aires a orillas del estuario. La empresa estuvo a cargo de Juan de Garay, Garay residía en Asunción y había fundado en 1573 la ciudad de Santa Fe.

La Leyenda del Rey Blanco

La leyenda del Rey Blanco motivó a los conquistadores españoles para asentarse en la cuenca del Rio de la Plata, alentando la colonización y conquista de los territorios de la actual Argentina y Perú por parte de la Corona de España.

lunes, 18 de febrero de 2019

XV Seminario de Nobiliaria, Heráldica y Genealogía. Organiza UNED y RAHE



Bajo el título “Rito, Ceremonia y Protocolo, espacios de sociabilidad, legitimación y trascendencia”, la Universidad Nacional de Educación a Distancia y la Real Asociación de Hidalgos de España celebrarán, los próximos día 6 y 7 de marzo de 2019, el XV Seminario anual de Nobiliaria, Heráldica y Genealogía.

El seminario se organiza bajo la dirección de los doctores don Feliciano Barrios, y don Javier Alvarado, de la UNED, y se celebrará en la sede de la Real Asociación de Hidalgos (c./ Jenner, 6  28010 Madrid).



MIÉRCOLES 6 DE MARZO:

09.30 horas: “A modo de presentación del Curso: Poder, Derecho y Ceremonial”, por Feliciano Barrios, Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones, secretario de la Real Academia de la Historia y director del Master de Nobiliaria, Heráldica y Genealogía de la UNED.

10.30 horas: “Los retratos jerarquizados en los sellos”, por Faustino Menéndez Pidal, académico de número de la Real Academia de la Historia y profesor del Master de Nobiliaria, Heráldica y Genealogía de la UNED.

11.30 horas: pausa-café.

12.00 horas: “Ceremonias de presentación e identificación de recién nacidos en la corte española”, por Antonio Manuel Moral Roncal, profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá de Henares.

13.00 horas: “El Derecho ante la fe: la ¿neutralidad? religiosa en el ámbito laboral”, por Almudena Rodríguez Moya, profesora titular de Derecho Eclesiástico del Estado de la UNED.

14.00 horas: Refrigerio cortesía de la Real Asociación de Hidalgos de España.

15.30 horas: “La recepción de embajadores de la Orden de Malta ante la Corte de España”, por Carlos Pérez Fernández-Turegano, profesor titular acreditado de Historia del Derecho Español en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.

16.30 horas: “Ceremonial y protocolo en la Universidad del siglo XXI”, por Jorge Montes Salguero, profesor titular de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

17.30 horas: pausa-café.

18.00 horas: “Preseas y uniformes: usos y costumbres en las corporaciones nobiliarias españolas”, por Carlos Nieto Sánchez, profesor asociado de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid.

19.00 horas: “Rituales de degradación y expulsión en el ámbito de la milicia”, por Juan Carlos Domínguez Nafría, catedrático de Historia del Derecho de la Universidad San Pablo CEU y académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.


JUEVES 7 DE MARZO:

10.00 horas: “El ceremonial masónico; ¿cómo era una Tenida en el siglo XVIII?”, por Javier Alvarado Planas, Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones y director del Master de Nobiliaria, Heráldica y Genealogía UNED.

11.00 horas: "Las Cofradías y Hermandades de Nobles en Castilla en la Edad Moderna", por Manuel Ladrón de Guevara e Isasa, tesorero de la Real Asociación de Hidalgos de España y profesor de la Escuela de Genealogía, Heráldica y Nobiliaria de la Real Asociación de Hidalgos de España.

12.00 horas. pausa-café.

12.30 horas: “El corazón de palacio: el ceremonial de la capilla real del portugués Manuel Ribeiro”, por don Félix Labrador Arroyo, profesor titular de Historia Moderna de la Universidad Rey Juan Carlos.

13.30 horas: “Nápoles y la Santa Sede: imágenes de una infeudación (siglos XIII-XVIII)”, por José Mª de Francisco Olmos, profesor titular de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Complutense y director académico de la Escuela de Genealogía, Heráldica y Nobiliaria de la Fundación Cultural Hidalgos de España.

14.30 horas: Refrigerio cortesía de la Real Asociación de Hidalgos de España.

16.00 horas: “Ritos, actos y ceremonias de ingreso en las primeras Maestranzas de caballería”, por Beatriz Badorrey, profesora titular de Historia del Derecho y de las Instituciones UNED.

17.00 horas: “Feudalidad en los condados catalanes: realidad y protocolos de fidelidad y de desnaturalización, a través de ejemplos del linaje de los Vizcondes de Gerona-Cabrera”, por Ernesto Fernández-Xesta, director de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.

18.00 horas: pausa-café.

18.30 horas: “Paradojas de la modernidad: decadencia de los ritos y formalidades sociales e hiperregula-ción burocrática y normativa”, por Fernando García-Mercadal, académico de número de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y general auditor del Cuerpo Jurídico Militar.

19.30 horas: “Los tratamientos honoríficos en el ámbito de la nobleza española (siglos XIII- XX)”, por Jaime de Salazar y Acha, académico de número de la Real Academia de la Historia y profesor del Master de Nobiliaria, Heráldica y Genealogía de la UNED.

jueves, 14 de febrero de 2019

V Jornadas de formación de la Orden Constantiniana de San Jorge



La Real Comisión para España de la Orden Constantiniana organiza, con la colaboración de la Delegación de Aragón-Navarra-La Rioja, las V Jornadas nacionales de formación dirigidas a Caballeros, Damas y Eclesiásticos de esta Orden; así como también a amigos, postulantes o aquellos que ingresarán en un futuro próximo.


El objetivo de las jornadas es doble: dar a conocer mejor la Orden, su Historia y retos de futuro a que se enfrenta; y crear un marco de fraternal convivencia en el que todos los que forman parte de la Real Comisión para España, cuyo presidente es el Excmo. Sr. Duque de Linares (G. de E.), y su VP el Excmo. Sr. D. Francesc-Xavier Montesa i Manzano, puedan conocerse mejor, realizar sugerencias y cambiar impresiones.

Esta quinta edición de las Jornadas Nacionales se celebrará los próximos días 23 y 24 de marzo en Zaragoza, y contará con la asistencia del Gran Maestre de la Sacra Milicia, S.A.R. Don Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Orléans, Duque de Calabria.


Durante las mismas se realizará una ofrenda a Nuestra Señora del Pilar, seguida de un homenaje al I Duque de Montemar en su sepulcro de la basílica.

Las Jornadas continuarán con una eucaristía en la Iglesia de San Fernando, seguida de un vino español en la residencia de oficiales del CRM (Centro Regional de Mando). Asimismo se pronunciarán varias conferencias y una visita comentada a la Seo de San Salvador y al Museo de Tapices.

Seo de San Salvador_Zaragoza
El precio de la Matrícula de las Jornadas se ha establecido en 100 euros.

 
Contacto: Alberto García Mir

viernes, 8 de febrero de 2019

San José de Calasanz. Sacerdote, pedagogo y santo



Fundó la primera escuela cristiana popular de Europa. Fundador de los Padres Escolapios. Patrono universal de las escuelas populares católicas.

Persona abierta a la realidad circundante, recibió el impacto de las ideas y problemas que le rodeaban, y con su compromiso personal contribuyó al progreso de las ideas y a la solución de los problemas.

San José de Calasanz, llamado también de la Madre de Dios, nació en Peralta de la Sal (Huesca) en 1557. Era el menor de cinco hermanos, hijo de Pedro de Calasanz y de Mur, infanzón, herrero y alcalde del pueblo, y de María Gastón y de Sala.

 
Con 12 años dejó su pueblo y se fue a estudiar a Estadilla, situado a unos 20 km, como internado en el colegio de los padres Trinitarios, pasando a estudiar más tarde filosofía y leyes en Lérida, recibiendo el doctorado en leyes. Posteriormente, completó con honores cursos de teología en Valencia y Alcalá de Henares (Madrid).

A los 14 años, surgió en él la vocación sacerdotal. En un primer momento no contaba con la aprobación paterna, pues su padre pensaba que José debía encargarse de la administración de las propiedades de la familia, pero acabó ordenado sacerdote en 1583, iniciando su ministerio sacerdotal en la diócesis de Albarracín (Teruel), donde el obispo Juan de la Figuera lo envío, estando dos años.

El obispo de Urgel, Andrés Capilla, lo nombró su teólogo, confesor y vicario general. Aconsejado por el obispo, Calasanz se va a Roma en 1592. En principio estuvo de preceptor de nobles, pero en sus visitas al Transtévere puso ver grupos de niños abandonados, sin instrucción de ninguna clase, lo que conmovió su espíritu y vio que su vocación debía dedicarse a la enseñanza de los desamparados, y a ello consagró su larga vida.

José entró en Roma en la cofradía de la Doctrina Cristiana que se dedicaba a enseñar religión a los niños, que recogían de las calles para llevarlos a las clases. En él surge la idea de crear una escuela gratuita abierta a todos los niños; sin embargo, casi todos la rechazan excepto unos sacerdotes que le ofrecieron una vieja sacristía en un barrio pobre de Roma, y así, en la iglesia de Santa Dorotea se creó, en 1597, la primera escuela estable (y gratuita) de Calasanz, con la ayuda de otros profesores, a los cuales contagió su entusiasmo. El Papa Clemente VIII dio una contribución anual y muchos otros aportaron fondos para esta gran obra. En corto tiempo, José tenía mil niños bajo su cuidado y, desde ese momento, dedicará toda su vida a una misma idea: abrir las puertas de las escuelas a todos y, muy especialmente, a los más necesitados.

Antes de cumplir los 6 años de su estancia en Roma, el río Tíber se desborda, provocando una gran inundación catastrófica. Como resultado de ésta, hubo más de dos mil muertos y centenares de familias pobres quedaron sin techo y sin alimentos. Calasanz, con gran integridad, trabajó en la operación de ayuda a los afectados.



José de Calasanz fue uno de los precursores de la pedagogía moderna, aunque no compuso una obra estrictamente monográfica sobre ese tema, sino que esparció su teoría sobre la educación en diversas cartas, reglamentos y escritos de carácter práctico. Creó, organizó y sistematizó la enseñanza escolar graduada por niveles y ciclos en la enseñanza primaria y una cierta formación profesional. Los alumnos hacían lecturas individuales con el maestro y se corregían entre ellos. Las clases duraban dos horas y media por la mañana y otro tanto por la tarde. Los alumnos aprendían a leer indistintamente en latín y en lengua vernácula y cada cuatro meses se hacía un examen general en todas las escuelas. Terminadas las clases, los maestros acompañaban a sus alumnos hasta sus casas.

Calasanz mantuvo el latín, pero fue un gran defensor de la lengua vernácula, y en ella estaban escritos los libros escolares, incluso los destinados a la enseñanza del latín.

En 1602 alquiló una casa en Sant´Andrea della Valle y comenzó la vida comunitaria con sus asistentes. A sus institutos educativos los llamó "Escuelas Pías" y los padres que acompañaban al padre Calasanz se llamaron Escolapios. Después de unos años ya había escuelas en muchos lugares de Italia y en algunos otros países europeos.

La obra calasancia, que tituló Escuelas Pías de la Madre de Dios, pronto se extendió por todo el mundo difundiendo la divisa calasancia de: Piedad y Letras. Puso su obra bajo la advocación de María a la que tuvo una entrañable devoción, y su anagrama figura en el escudo de la orden.


José de Calasanz fue llevado a los tribunales por una denuncia falsa de un compañero de la Congregación y le quitaran el cargo de Superior General, y la Santa Sede determinó acabar con la congregación que había fundado. Después, cuando se descubrió la falsedad de la denuncia le fueron restituidos sus cargos y la Comunidad volvió a ser aprobada


Murió el 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años. Fue beatificado un siglo más tarde, el 7 de agosto de 1748, y canonizado por Clemente XIII, el 16 de julio del 1767. Al tercer centenario de su muerte y segundo de su Beatificación en 1948, Pío XII declaró a Calasanz Celestial Patrono ante Dios de todas las escuelas populares cristianas del mundo. En homenaje nacional el relicario conteniendo su lengua y corazón fue trasladado a España desde Roma. Su fiesta se celebra el 25 de agosto.