sábado, 22 de septiembre de 2018

450 Aniversario de los Caballeros del Sácer


Hoy, sábado 22 de septiembre de 2018, ha tenido lugar, en la catedral primada de Toledo, los actos de celebración del 450 aniversario de la existencia de la Archicofradía de la Orden de los Caballeros de la Cruz del Sacer.

A las 11 horas renovación de votos como caballeros y damas ante la Virgen de Guadalupe, en la Iglesia de Santo Tomé (Toledo).

A las 12 horas, entrada en procesión por la puerta del reloj de la catedral y eucaristía presidida por el cardenal Rouco Varela y el obispo emérito de Segovia Don Ángel Rubio Castro. Cruzamiento de nuevas Damas y Caballeros.

   

A las 13:40 horas, almuerzo de hermandad en el restaurante Venta de Aires, el único restaurante centenario de Castilla-La Mancha. 
En las fotos: D. Manuel García de Molina y García-Tellado, y D. Enrique Díaz-P de Ledesma de la Real Asociación de Caballeros y Damas de Santa Mª de Guadalupe, acompañados por su respectivas esposas, junto al Cardenal Antonio Mª Rouco Varela . D. Enrique, junto al Cardenal y al Maestre de la Corporación del Sácer, D. Germán Díaz.


La Archicofradía de la Orden del Sácer fue fundada en el siglo XVI (1568) en la Villa de Saceruela por el personaje ilustre don Alonso Rodríguez de Camargo, presbítero de la Orden de Calatrava, que unió dos cofradias existentes en la villa, una la de Santa Ana y la otra la de La Veracruz, al unirlas creo la Archicofradia de la Orden del Sacer, “con el fin primordial de mantener hospitales y asistir a peregrinos y necesitados del camino a Guadalupe.”

viernes, 21 de septiembre de 2018

Cruz al Mérito para el Colegio de Guardias Jóvenes “Duque de Ahumada” y a la Asociación Nuevo Futuro



La Real Asociación de Hidalgos de España ha concedido la Cruz al Mérito al Colegio de Guardias Jóvenes "Duque de Ahumada" en reconocimiento a su dedicación, durante ya más de 160 años, a la formación integral y adiestramiento de los hijos de guardias civiles, inculcándoles los elevados valores morales, patrióticos y de servicio permanente a los ciudadanos que caracterizan a la Guardia Civil, que es el orgullo de todos los españoles.



También, este mismo año, la ha concedido a la Asociación "Nuevo Futuro", cuya presidenta de Honor es la infanta Doña Pilar de Borbón, hermana de Juan Carlos I y tía del rey Felipe VI, en reconocimiento a su dedicación, durante 50 años, a la creación de hogares para niños y jóvenes, con el fin de que puedan disfrutar de una vida familiar, normalizada y estable, además de educarles en valores, propiciando su pleno desarrollo e integración social y laboral.



La Cruz al Mérito tiene por objeto premiar los méritos extraordinarios alcanzados por personas o instituciones en la promoción y desarrollo de actividades patrióticas, culturales o asistenciales, con un permanente espíritu de servicio a la Nación y a sus ciudadanos.

La concesión de este galardón, que no pueden ser concedidos a personas o instituciones que pertenezcan a la Real Asociación de Hidalgos de España, fue aprobada en última Asamblea General Ordinaria, y su entrega está prevista se realice en un acto a celebrar durante los próximos meses de octubre y noviembre.

martes, 18 de septiembre de 2018

Las Secretarías de Estado y del Despacho



Con el nombre de Secretarías de Estado y del Despacho se designó a los altos departamentos administrativos del siglo XVIII, herederos de las antiguos Consejos polisinodiales de los Austrias.

Con las reformas de Felipe V, el papel de los Consejos decae, a excepción del Consejo de Castilla, y es la Secretaría de Estado y del Despacho la institución que toma mayor preeminencia en la estructura gubernativa. Primero como Secretaría del Despacho Universal, desde 1705 desdoblada en dos y, desde 1714, en cinco.

Felipe V por retratado por Louis Michel van Loo
Las Secretarías de Estado y del Despacho nacen con la entronización de los Borbones en España, para sustituir el sistema administrativo de los Austrias, basado en los Consejos, como organismos colegiados de asesoramiento y gobierno, por otro más ágil encabezado por ministros o funcionarios, elegidos personalmente por el Rey, que los podía sustituir cuando lo considerase oportuno, y de reconocida experiencia en determinados ramos de la administración. Nace así la llamada "Vía Reservada"..Felipe V en 1714 establece cinco de estas Secretarías: Estado, Gracia y Justicia, Hacienda, Guerra, y Marina e Indias, que con diversas modificaciones en su clasificación y competencias se mantendrán a lo largo del siglo XVIII. 

Los Secretarios de Estado, entre las reformas borbónicas de Felipe V en 1714 y el final del reinado de Fernando VII, la Década Ominosa y del Antiguo Régimen en España en 1833, fueron el cargo institucional que ejercía las funciones directivas del poder ejecutivo por delegación directa y bajo la confianza del rey, quien no por ello dejaba de concentrar todos los poderes como rey absoluto. Su figura, dentro de una monarquía absoluta propia del Antiguo Régimen, era en cierta medida comparable a la que posteriormente representaría el Presidente del Consejo de Ministros (dentro de un régimen liberal en el que se introdujo la división de poderes y la limitación de los poderes regios propia de una monarquía constitucional); y, más adelante, el Presidente del Gobierno en la actual monarquía parlamentaria desde la Constitución de 1978.

En alguna ocasión, los Secretarios de Estado son mal llamados Primeros Ministros, Ministros de Estado, o Ministros Plenipotenciarios. En cualquier caso, su función es la misma y pueden considerarse continuación histórica de la labor de algunos cargos institucionales de las monarquías de los Trastámaras y Austrias desde el siglo XV: los secretarios y los validos.

Durante el reinado de Carlos III se introdujo la novedad del despacho colectivo (desde 1763), especie de consejo de secretarios que se reunía semanalmente para discutir todos los asuntos. Esta medida se reforzó con la creación, por el conde de Floridablanca, de la Junta Suprema de Estado (1787), reunión institucionalizada de todos los secretarios para deliberar sobre los asuntos que superaban el ámbito de cada secretaría. También, a él se debió la organización del sistema en siete secretarías: Estado, Guerra, Hacienda, Marina, Gracia y Justicia de España, Gracia y Justicia de Indias, y Guerra, Comercio y Navegación de Indias.

La organización del poder ejecutivo culminó en el siglo XIX cuando las secretarías de Estado dieron paso a los ministerios, reunidos en el Consejo de Ministros o gabinete, dirigido por un presidente del Consejo (o jefe de gobierno).

domingo, 16 de septiembre de 2018

Gonzalo Gómez de Espinosa. Navegante que acompañó a Magallanes y Elcano


Participó en la expedición de Magallanes y llegó a las Molucas al mando de la nao Trinidad. Mientras Elcano completaba la primera vuelta al mundo. Intentó llegar hasta América cruzando el Pacífico, pero fracasó en su intento después de un viaje desafortunado y fue apresado por los portugueses.


Gonzalo Gómez de Espinosa nació en Espinosa de los Monteros (Burgos) hacia 1479 y murió, probablemente, en Sevilla hacia 1530. Burgalés e hidalgo, según el cronista Fernández de Oviedo, debió de estar relacionado con el obispo de Burgos, que intervino seguramente en su nombramiento como alguacil mayor de la armada de Magallanes. Se le encargó reclutar tripulantes en Málaga y embarcó en la nao (nave de alto francobordo, que dominó los mares desde mediados del siglo XIV hasta las postrimerías del XVI) capitana Trinidad en 1519, al mando de Magallanes, en servicio de Carlos V.

Hernando de Magallanes
Ayudó decisivamente a Magallanes a reprimir el motín del puerto de San Julián, fraguado por Juan de Cartagena y Gaspar de Quesada. El capitán general envió a Gómez de Espinosa a la nao rebelde Victoria con seis hombres y armas ocultas, pretextando llevar su respuesta a Luis de Mendoza. Los enviados subieron a bordo de la nao y entregaron la carta de Magallanes a Mendoza, que éste no pudo terminar de leer ya que Gómez de Espinosa le asestó una puñalada en la garganta, mientras otro de sus acompañantes le daba una cuchillada mortal en la cabeza. Se produjo entonces un gran estupor y al momento aparecieron por la borda los hombres armados que Magallanes había enviado con Duarte de Barbosa. Se apoderan de la nave en unos minutos y levaron anclas para situarla junto a la Trinidad y la Santiago, lo que abortó el motín.

Gómez de Espinosa estuvo también junto a Magallanes en el combate de Mactán, pero logró salir con vida. Huyó de Cebú al mando de la Victoria, mientras Lope de Carvalho hacía lo propio con la Trinidad y Juan Sebastián Elcano con la Concepción. Tras la destitución del general Carvalho, asumió el mando de la Trinidad a la par que Elcano lo hizo de la Victoria; la Concepción fue quemada. Así llegaron a las Molucas, negociaron con los naturales de Tidore, cargaron sus naves con las especies y dispusieron el regreso a España. A poco de zarpar advirtieron que la Trinidad hacía mucha agua, por lo que Elcano y Gómez de Espinosa tomaron la decisión de que el primero siguiera a España con la Victoria, completando la vuelta al mundo, mientras que el segundo lo haría con dirección a América en la Trinidad después de ser arreglada convenientemente.


Tras tres meses de reparaciones, Gómez de Espinosa partió de Tidore el 6 de abril de 1522 con la Trinidad, al mando de cincuenta y cuatro hombres y con mil quinientos quintales de clavo a bordo. Navegó con rumbo hacia Panamá, calculando que llegarían navegando unas dos mil leguas, pero durante el viaje sufrieron numerosas vicisitudes, perdiendo una treintena de los hombres que iban a bordo –el escorbuto y la disentería hacían estragos– y pertrechos, sufriendo su nave numerosos daños. Así, tras separarse de Magallanes y Elcano, e intentar llegar a México sin éxito, decidieron tomar la penosa decisión de volver a las Molucas.

Gómez de Espinosa, inexperto como marino pero audaz, descubre las islas Palaos y las llama San Antonio y San Juan; poco después las Marianas (de los Ladrones) y, para más abundamiento, Gonzalo de Vigo, uno de los embarcados en aquel viaje tan lleno de contratiempos, logra desplazarse de isla en isla hasta alcanzar Guam, que incorpora a la Corona española.


Para entonces los portugueses, que han conquistado Tidore (en las Malucas) allá por mayo, han apresado a la exigua tropa que Gómez de Espinosa había dejado en aquellas latitudes de manera más testimonial que otra cosa. Cuando, exhausto, toca tierra tras varios meses de deambular sin rumbo cierto en su intento de llegar a México, él y los otros 16 supervivientes son llevados presos al fuerte de Ternate, levantado desde el 24 junio por el capitán Antonio de Brito, que se apodera de todos sus instrumentos y mapas y los obliga a trabajar en la construcción del mismo en condiciones inhumanas.

Espinosa encontró en la prisión de Ternate a los otros prisioneros españoles que habían quedado en las Molucas. Brito cometió la villanía de obligarles a trabajar como forzados, y durante cuatro meses, en las obras de construcción de la fortaleza de Ternate, empleándolos luego en otras labores aun más duras. Tras cinco meses de prisión, los españoles fueron llevados a Banda, donde permanecieron encarcelados otros cuatro meses. Desde allí fueron trasladados a Java y luego a Malaca, siendo entregados al gobernador Jorge de Alburquerque. Finalmente fueron conducidos a Cochín, donde los ocho supervivientes permanecieron algún tiempo. Tres de ellos, Gonzalo Gómez de Espinosa, Ginés de Mafra y el maestre Ance, terminaron sus desventuras en la cárcel del Limonero en Lisboa, en la que murió el último de ellos. El rey Carlos I logró rescatar los otros dos, que volvieron finalmente a España.

Gonzalo Gómez de Espinosa y Ginés de Mafra prestaron declaración de los sucesos en Valladolid el mes de agosto de 1527. Fernández de Oviedo afirma que habló con Gómez de Espinosa en 1528, cuando Carlos I “le hizo mercedes y le concedió un privilegio de muy nobles armas, que yo he visto originalmente”. El rey otorgó efectivamente a Espinosa una pensión de 300 ducados y al año siguiente (1529) le nombró visitador y capitán de las naos de las Indias. Residía entonces en Sevilla, donde le había conocido el cronista Fernández de Oviedo.

Para saber más: Gonzalo Gómez de Espinosa en la expedición de Magallanes : [discurso leído en el acto de su solemne recepción... (1958) - Miguel Ojeda, Gonzalo 

El triste fin de todos los navegantes de la Trinidad fue en realidad consecuencia de no haber podido encontrar la ruta para volver desde Filipinas hasta América, cosa que hallaría medio siglo después Andrés de Urdaneta (la corriente de Kuro-Shivo).



Nota. Juan Sebastián Elcano llegará a Sanlúcar un 6 de septiembre de 1522, completando la primeravuelta al mundo. Aun a pesar del desastre (cuatro naves y 234 hombres perdidos), las 25 toneladas de especias de clavo y canela estibadas permiten pagar toda la expedición con beneficios más que tangibles. Los intangibles, la gloria y la fama imperecedera que en puridad debería de compartir el mentor de aquella odisea, Fernando de Magallanes, muerto en combate en Las Molucas, quedarán impresas en los anales de la historia. 

Entre los 18 supervivientes que regresan (cuatro vascos, cuatro griegos, dos andaluces, dos portugueses, dos italianos, un cántabro, un gallego, un extremeño y un alemán) estaría el gran cronista italiano Antonio Pigafetta, que dejará constancia de aquel colosal esfuerzo por darle a la tierra algo más de sentido que su mera redondez; la grandeza del hombre ante adversidades incalculables superaría todo lo imaginable. Elcano fallecería en agosto de 1526 durante la expedición de García Jofré de Lozoya a las Islas Molucas.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Diego de Ordás. Navegante y Conquistador. Descubridor del Orinoco



Militar, navegante, adelantado y explorador, Formó parte de las primeras exploraciones a Colombia y Panamá. Se unió a Hernán Cortés en la expedición que preparó para la Conquista de México.

Fue el primer europeo en ascender a la cima del volcán Popocatépetl.y remontar el rio Orinoco en la actual Venezuela. Además, conquistó la región comprendida entre el Marañón y Maracapana.

Diego de Ordás (u Ordáz), nació hacia el año 1480 en Castroverde de Campos, actual provincia de Zamora,  siendo hijo de Lope de Ordaz y de Inés Girón, todos hidalgos de solar conocido.  Diego casó con Inés del Barrio.

En 1509 sirvió de acompañante a Alonso de Ojeda en su viaje hacia Cartagena de Indias. Un año después, sin embargo, sirvió con el navegante y cartógrafo Juan de la Cosa y en 1515 arribó a Cuba donde sirvió a las órdenes de Diego Velázquez de Cuellar y formó parte de las primeras exploraciones a Colombia y Panamá, al mando de una carabela. Uno de los pocos oficiales no extremeño, se unió a Hernán Cortés en la expedición que este armó para la Conquista de México. El 25 de marzo de 1519, en la batalla de Centla, cerca del río Grijalva, en Tabasco, contra los guerreros mayas tuvo una importante participación y fue uno de quienes fueron reconocidos por la victoria obtenida.

Fue el primer europeo en ascender a la cima del volcán Popocatépetl en compañía de dos compañeros de armas y diez indígenas, causando una gran impresión entre los nativos que acompañaban la expedición de Cortés.

Cráter del volcán Popocatépetl
 Hernán Cortés mandó a Ordás a la cima del volcán con el objetivo principal de recoger azufre para fabricar pólvora, lo cual hizo en medio de la admiración de los indígenas que, atemorizados por el ruido y las llamas que salían del cráter, se negaron a continuar subiendo. Ordás se convirtió de esta manera en el primer español en ascender al volcán, hecho que le ganó el respeto del Rey de España quien, en pago a los servicios prestados, ya de vuelta en la Península, le concedió una capitulación para emprender la conquista de nuevos territorios. Por tal hazaña y méritos militares, el emperador Carlos V le otorgó mediante decreto expedido el 22 de octubre de 1525,3 el derecho de poseer un escudo de armas con un rey coronado sobre campo de gules, en representación del rey vencido por él Cuazacuolo, y una vista del volcán de donde salen grandes llamas, en campo de sinople. Así lo cuenta Bernal Díaz del Castillo:

El volcán que está junto a Guaxocingo echaba en aquella sazón mucho fuego, de lo cual nuestro capitán Cortés y todos nosotros nos admiramos de ello y un capitán de los nuestros que se decía Diego de Ordás tomóle codicia de ir a ver qué cosa era (...) y después de bien visto muy gozoso el Ordás volvió con sus compañeros (...) y cuando fue Diego de Ordás a Castilla lo demandó por armas (quiso incluir el volcán en su escudo de armas) a su majestad, e así las tiene ahora un su sobrino que vive en la Puebla

 
Participó en la conquista de la Gran Tenochtitlan con el grado de capitán. En la noche de la derrota española, llamada la Noche Triste, fue herido por los guerreros aztecas. Después de la victoria española exploró las tierras de Oaxaca y Veracruz, y navegó por el río Coatzacoalcos.

No era buen jinete, tartamudeaba al hablar, aunque era bueno en el arte epistolar. Fue enviado por Cortés a España, en 1520, para presentar en la corte española la narración de la conquista del Imperio azteca y tratar de obtener para Cortés el nombramiento de Gobernador y Capitán General de la Nueva España.

Regresó a México (Nueva España) alrededor de 1525. En agosto de 1529 se le concedió la propiedad del Peñón de los Baños, tierras ubicadas dentro de los límites de la ciudad de México.

Regresó a España, siendo el único conquistador de la Nueva España que asistió a la segunda boda de Hernán Cortés, celebrada en Béjar en 1529. Solicitó el derecho de explorar las tierras del mítico El Dorado, que se creía se encontraba tierra adentro de lo que hoy es Venezuela; obtuvo el permiso y se embarcó rumbo a América. El rey Carlos I premió a Ordás con el título de Regidor de la Villa de Segura, de la Frontera y le  nombró Caballero de Santiago, por sus grandes servicios prestados a la Corona.

Así, Ordás reclutó unos quinientos hombres en Sevilla, con los que zarpó de Sanlúcar el 20 de octubre de 1530; una vez llegado a América, con intenciones de hallar El Dorado, arribó con sus hombres hasta la zona comprendida entre el Caribe y el Amazonas y luego remontó el río Orinoco hasta su confluencia con su afluente, el Meta, actualmente en la frontera de Venezuela y Colombia. Se atribuye a Diego de Ordaz la fundación en 1532 de ciudad de Santo Tome de Guayana, cerca de la desembocadura del río Caroní con el Orinoco, próxima a donde se encuentra hoy la actual ciudad de Puerto Ordaz.

Delta del Orinoco
En 1531 llega al poblado indígena de Uyapari (actual Barrancas) para explorar el río Orinoco y apoderarse de todas las tierras situadas a orillas del mismo, y es su ambición de poder y desenfrenada búsqueda de oro la que ocasiona la desaparición de este poblado, aproximadamente en 1532, donde muchos indígenas murieron peleando contra los españoles y otros, aprovechando la oscuridad y el conocimiento del terreno, huyeron por temor de ser asesinados.

Finalmente abandonó la búsqueda de El Dorado y murió en alta mar en 1532, en un viaje de regreso a España, al decir de algunos, envenenado por su propia tripulación.

En año 1952, Venezuela fundó una ciudad planificada a orillas del Orinoco llamada Puerto Ordaz en honor a Diego de Ordás, siendo hoy en día una de las principales ciudades del país.



Diego de Ordaz fue uno de los personajes principales de el Jicoténcal, novela histórica publicada en Filadelfia en 1826 y atribuido al escritor español Félix Mejía .

viernes, 7 de septiembre de 2018

Alonso H(F)ernández Portocarrero. Conquistador del imperio Azteca; Cortés le entregó a “la Malinche” como regalo



Capitaneó uno de los once navíos que componían la expedición de Hernán Cortés a tierras mexicanas, la cual zarpó del puerto cubano de Trinidad el 18 de febrero de 1519. Participó en la exploración y conquista de México en compañía de Hernán Cortés, y recibió a “la Malinche” (doña Marina) como regalo.

Nacido en la localidad extremeña de Medellín, en la primera mitad del siglo XVI, era hijo del comendador Portocarrero y Doña Mencia de Céspedes, pariente del conde de Medellín. Obtuvo licencia para pasar a Indias el 19 de febrero de 1516 y estaba en Cuba en 1518, pasando como capitán* a la conquista de Méjico con Hernán Cortés en 1519. Al parecer este hidalgo no era una persona rica, pues Bernal Díaz del Castillo describió que Hernán Cortés tuvo que comprarle una yegua rucia (color pardo) en las inmediaciones del puerto de la Trinidad antes de zarpar de la isla de Cuba, y dio por ellla .unas lazadas de oro que traía en la ropa de terciopelo.

Cortés nombró como apitanes a Alonso de Ávila, Alonso Hernández Portocarrero, Diego de Ordás, Francisco de Montejo, Francisco de Morla, Francisco de Salceda, Juan de Escalante, Juan Velázquez de León, Cristóbal de Olid y un tal Escobar

Tras un breve enfrentamiento, el 15 de marzo, con los señores mayas de la región de Tabasco (en la península de Yucatán), éstos regalaron a Hernán Cortés veinte jóvenes indígenas, entre las que se hallaba la célebre Malinche (doña Marina)*, entregada a Hernández, que enseguida llamó la atención de los españoles por su belleza y apariencia noble, y que acompañó a Cortés a lo largo de la conquista del Imperio azteca, desempeñando la labor de intérprete con las poblaciones indias, ya que ella hablaba el idioma maya y el idioma náhuatl.

Hernán Cortés y la Malinche (doña Marina)
Junto con el también hidalgo Francisco de Montejo formó parte destacada del cabildo creado en la nueva ciudad denominada Villa Rica de la Vera Cruz.

El 26 de julio de 1519, comisionado por Cortés, quizá para “quitárselo de en medio” y “quedarse” con doña Marina, zarpó en una embarcación junto con el mismo Francisco de Montejo y el piloto mayor Antón de Alaminos con el Quinto del Rey y la primera carta de relación o carta del cabildo dirigida a Carlos I de España. El objetivo del viaje era también para que le defendiera en la Corte contra los ataques de Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba y enemigo de Cortés, debido a las pugnas entre ambos por conseguir el título de Adelantado para el territorio de la Nueva España. Llegaron a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) tres meses más tarde, pero el Obispo de Burgos Juan Rodríguez Fonseca, que favorecía abiertamente a Velázquez, mandó encarcelar a Alonso, que falleció poco después en prisión.

Nota: La siguiente Información está extraída de National Geographic


Malinalli, llamada la Malinche o Doña Marina; nació en Coatzacoalcos, actual Veracruz, c. 1500 - Ciudad de México, c. 1527) Indígena mesoamericana. Intérprete y compañera de Hernán Cortés, que desempeñó un importante papel en el proceso de conquista de México.


En marzo de 1519, Hernán Cortés estaba dando los primeros pasos en la campaña de conquista de México. Se encontraba en la costa de Tabasco, poblada por los mayas. Tras librar una batalla en Centla, los caciques locales acudieron una mañana al campamento español para agasajar a Cortés con numerosos regalos de oro, mantas y alimentos. Le llevaban también veinte doncellas, entre las que se encontraba una llamada Malinalli Tenépatl, llamada Malinche o Malintzin, doña Marina para los españoles, que sería una colaboradora decisiva en sus operaciones contra los aztecas.

La entrega de estas jóvenes hay que entenderla dentro de las costumbres de los aztecas. Éstos solían viajar acompañados por mujeres que les cocinaran, y al ver que los españoles carecían de ellas decidieron ofrecerles algunas jóvenes destinadas también al servicio doméstico, aunque era fácil que se convirtieran asimismo en concubinas. Antes de aceptarlas, Cortés ordenó que fueran bautizadas, tras lo cual, Cortés repartió a las «primeras cristianas» entre sus capitanes. A doña Marina la entregó a un pariente lejano suyo, Alonso Hernández Portocarrero.

Desde Potonchán, Cortés se embarcó hacia San Juan de Ulúa, adonde llegó tras cinco días de navegación. Era un Viernes Santo, y mientras organizaban el campamento llegaron los embajadores de Moctezuma para averiguar qué querían aquellos viajeros. Cortés llamó a Jerónimo de Aguilar, un español que sabía maya por haber pasado varios años en el Yucatán, tras salvarse de un naufragio. Pero Aguilar no entendía el idioma de los mexicanos, el náhuatl. Fue en ese momento cuando se descubrió que Marina hablaba esa lengua, que era la de sus padres, además del maya, idioma de sus amos en Potonchán, por lo que hizo de intérprete. Cortés hablaba a Aguilar y Aguilar a la india y la india a los indios. Este sistema de traducción fue decisivo para el avance conquistador de Cortés, no sólo porque le permitió comunicarse con los indígenas, sino también porque así conoció la situación interna de cada grupo y pudo ganarse su lealtad frente al enemigo común, Moctezuma.
 
A partir de entonces la situación de Marina cambió radicalmente. En San Juan de Ulúa, al enterarse de los conocimientos de la cautiva, Cortés «le dijo que fuese fiel intérprete, que él le haría grandes mercedes y la casaría y le daría libertad». No sabemos si Marina, a sus 19 años, era tan «hermosa como una diosa», como afirmó más tarde un cronista, ya que los retratos de la época son simples esbozos. En todo caso, Cortés no tardó en hacerla su amante («se echó carnalmente con Marina», dice una crónica). Quizá para facilitar las cosas, Cortés dispuso que Portocarrero, a quien había entregado a Marina, volviera a España para llevar una carta al rey.

El papel de la amante de Cortés como intérprete fue a menudo decisivo. En Cholula salvó a los españoles de una muerte segura al revelarles un complot de los indios, que una mujer del lugar le había confesado. En Tenochtitlán hizo posibles las conversaciones entre Moctezuma y Cortés, en las que Marina debía traducir los complicados discursos del español sobre los fundamentos del cristianismo y el vasallaje que los indios debían a Carlos V.


Durante la Noche Triste (la huida in extremis de los españoles ante el acoso azteca), doña Marina iba en la retaguardia; una vez se hubo salvado, una de las primeras preocupaciones de Cortés fue conocer el estado de los intérpretes, «y holgó de que no se hubiesen perdido Jerónimo de Aguilar ni Marina». Igualmente, en la campaña final sobre Tenochtitlán, la labor de Marina resultó decisiva para recabar el apoyo masivo de los indígenas enemigos de los aztecas y, luego, para transmitir sin ambages las más duras exigencias de los españoles contra los vencidos: «Tenéis que presentar doscientas piezas de oro de este tamaño», les dijo a los habitantes de Tenochtitlán mientras dibujaba un gran círculo con sus manos.


 Tras la conquista de la capital azteca, Cortés se instaló en Coyoacán, una localidad cercana. Marina siguió junto a él y en 1522 tuvieron un hijo al que llamaron Martín, en honor al padre del conquistador. Pero entretanto había llegado a México, desde Cuba, la esposa de Cortés, Catalina Suárez,y éste decidió buscarle un nuevo acomodo a su concubina. Organizó su boda con otro conquistador, un hidalgo llamado Juan Jaramillo, que era procurador en el ayuntamiento de Ciudad de México, del que llegaría a ser alcalde dos años después; Doña Marina era rica, pues Cortés le había dado una buena dote de pueblos cuando la casó.

El cronista López de Gómara asegura que Jaramillo se casó bebido y que la boda fue mal vista por los hombres de Cortés, porque Marina era india, madre soltera y había estado con dos españoles. Pero con este enlace, Hernán Cortés cumplía la promesa de libertad que había hecho a Marina al inicio de la conquista, pagaba sus servicios otorgándole las encomiendas de Huilotlán y Tetiquipac –que por herencia le correspondían– y le proporcionaba una excelente posición social.

En 1523, durante un viaje por México y Honduras para reprimir la revuelta organizada por su capitán Cristóbal de Olid, Cortés pasó por Coatzacoalcos, la localidad natal de Marina. El conquistador convocó a los caciques para explicarles, a través de Marina, a quién debían su fidelidad. Entre ellos estaban los familiares de la intérprete, su madre y su hermano, bautizados como Marta y Lázaro. Recordando que la habían vendido como esclava, «tuvieron miedo de ella, porque creyeron que los enviaba a llamar para matarlos». Sin embargo, doña Marina les consoló, les perdonó y «les dio muchas joyas de oro y ropa».

Malinche, fue «la llave que abrió México». Al término de la expedición hondureña, los caminos del conquistador y de la joven intérprete se separaron. Durante el regreso a México, Marina dio a luz a una niña a la que llamaron María. Se instaló junto a su esposo en Ciudad de México, pero no pudo conservar a su hijo Martín, que quedó al cuidado de Juan Altamirano, primo de Cortés. Desde este momento prácticamente se pierde su pista y no se sabe la fecha de su muerte (aunque debió de ser antes de 1529), ni la causa. Su legado, sin embargo, sería duradero. Gracias a su conocimiento de las lenguas indígenas, de la geografía y de la situación política del país, doña Marina logró que la conquista de México fuera menos cruenta y más rápida y exitosa de lo que hubiera sido sin ella. 

sábado, 1 de septiembre de 2018

El Correo Mayor de Indias y de las islas y tierra-firme del Mar Océano (1514-1768)


X Correo Mayor de las Indias, I duque de San Carlos y grande de España de primera clase, fue el único criollo americano en recibir la grandeza de España


El correo marítimo entre la Península y las Indias en los primeros años de la conquista y colonización de América supuso un quebradero de cabeza para la monarquía castellana. Las noticias llegaban solo cuando alguna expedición llegaba a las primeras ciudades construidas por los conquistadores españoles, y podían pasar meses y meses para llegar a recibir noticias nuevas.

El correo marítimo no solo era un medio de comunicación sino también de gobierno y control de la corona castellana en las Indias. De la Península a las Indias, el correo estaba regulado y funcionaba bien, pero en dirección inversa era caótico ya que su recogida y posterior distribución dependía del barco que viajaba a Sevilla o a Cádiz. Bajo esta condición numerosos envíos se perdían o no eran entregados correctamente, afectando a los asuntos y negocios de los interesados. Así se detalla en la Real Cédula de 14 de mayo de 1514:

“[…] pero por lo que viene de las dichas Indias y tierra firme, como se encomienda a personas que no tienen cargo ni cuidado dello, ni son obligados a dar cuenta ni razón alguna, ha auido y ay muy malos recaudos en las cosas y despachos que de las dichas Indias y tierra firme vienen a muchas personas a quien toca, han recibido y reciben mucho daño, y como es tan grande las distancias de alla aca no se puede después remediar, porque passa mucho tiempo, y antes que se sepa es perdido el negocio […]”

En tal situación, el rey regente Fernando el Católico, por incapacidad de su hija Juana, decidió zanjar este asunto y para solucionarlo y tratar de mejorar el correo creó mediante la ya citada Real Cédula el cargo de Correo Mayor de Indias. Nombró para dicho cargo, de forma perpetua, a Don Lorenzo de Galíndez de Carvajal y sus sucesores, con sede Lima. A partir de este momento todo el correo entre la Península e Indias sería regulado por esta familia, tratando de controlarlo y velar por su eficacia.

Lorenzo Galindez de Carvajal nació en Plasencia el 23 de diciembre de 1472. "Hizo sus estudios en la Universidad de Salamanca, y fue su principal materia la Jurisprudencia; graduóse de licenciado y pasó a ser catedrático de Prima de leyes en dicha Universidad". En el año de 1949 fue nombrado por los Reyes Católicos oidor de la Cancillería de Valladolid, y posteriormente fue elevado al consejo debido a sus aciertos
 
Desde los tiempos de Carlos V, los mayorazgos de la familia Carvajal y Vargas, estancieros en Itata y vecinos de Concepción (Chile), eran Correos Mayores de Indias. El privilegio real, concedido por Fernando el Católico a Lorenzo Galíndez de Carvajal, se mantuvo en su familia por 255 años y nueve generaciones. Buscando estatizar el servicio, que no estaba bien atendido, Carlos III convino con Fermín Francisco Carvajal y Vargas, quien ostentaba el Mayorazgo hacia 1760, la desvinculación del cargo hereditario, a cambio del ducado de San Carlos y otras prebendas.

Para mejorar el servicio de correo, aparte de la creación del Correo Mayor, también se aprobaron legislaciones incluidas dentro del Reglamento General de Indias que trataban de adaptar su funcionamiento a las circunstancias del momento. El monopolio de este servicio en manos de una sola persona trajo problemas de corrupción y malos usos, al igual que ocurría cuando dicho correo se centralizaba en algún cargo político como podía ser un virrey, un gobernador o un corregidor, por ello Carlos I, el 11 de enero de 1541, liberaliza el correo por completo, mediante una orden dada en Talavera:

“Que los que llevaren de estos reynos cartas o despachos dirigidos a residentes en las Indias, los den o remitan libremente a quien los hubiese de recibir, y no tengan obligación a manifestarlos ante ningún gobernador, ni Justicia…”

Aún así, a pesar de las regulaciones, desregulaciones, control y legislación no había mucha confianza en este servicio y se acostumbraba, para los asuntos importantes, enviar varias copias de la misma carta y por distintas rutas. Su transporte era realizado por los llamados buques de aviso, pequeños y ligeros, y que normalmente no tenían permiso para llevar ni pasajeros ni carga para no obstaculizar ni retrasar los envíos.

Sello conmemorativo de la Real Ordenanza de 1777
Durante los siglos XVI y XVII el servicio de correos tuvo un funcionamiento aceptable, a pesar de la lentitud lógica de la época, y no fue hasta el siglo XVIII en que Carlos III creó la Real Ordenanza del Correo Marítimo el 26 de enero 1777, un verdadero cuerpo de ley que reunió las distintas leyes, ordenanzas y normativas creadas a lo largo del tiempo. En estas circunstancias se produjo la renuncia de Fermín Francisco de Carvajal Vargas, que fue el último Correo Mayor.

 

El tema fue llevado al cine en 1942, por Egdar Neville: La esposa del Virrey del Perú se embarca en España para reunirse con su marido, pero durante la travesía se enamora del capitán del navío... Un velero holandés encuentra, empotrados en un iceberg, los restos de un Correo de Indias español. En el registro efectuado por los holandeses en el barco, hallan dos cadáveres abrazados y un diario de a bordo, que contará la historia de amor entre ellos.

Y, también, a los cuentos 


Esta Real Ordenanza confiere la máxima autoridad de los Correos Marítimos y  Terrestres al Superintendente General de Correos y Postas con el rango de Primer Secretario de Estado. En esta ordenanza se regulaba y organizaba todo el funcionamiento del correo marítimo así como de los buques que lo transportaban, el nombramiento de cargos y cualquier aspecto del mismo. Los buques de aviso ahora partirían mensualmente desde el puerto de La Coruña con destino a La Habana y Nueva España, y cada dos meses partían en dirección a Buenos Aires y Lima.

Para saber más

Fermín Francisco de Carvajal-Vargas y Alarcón, de origen noble, nació en Quilpolemu (Chile) el 27 de diciembre de 1722, siendo el tercer hijo varón de Fermín Francisco de Carvajal Vargas y Alarcón, regidor del cabildo de Concepción, y de Luisa de Alarcón Roa. Falleció en Madrid, el 22 de enero de 1797.


Casó en la catedral de Lima, el 11 de junio de 1741, con su prima Joaquina Ana Magdalena Brun y Carvajal, natural de esa ciudad, hija del doctor don Tomás Brun y Normante, marqués de Castelfuerte, que ejercía el cargo de alcalde de corte de la audiencia real de Lima, y de doña Catalina Isidora de Carvajal y Hurtado de Quesada, marquesa de Monterrico, cuarta condesa del Puerto y tercera condesa de Castillejo.

Elegido alcalde ordinario de Lima (1750), hizo la campaña librada contra los indios sublevados en las serranías de Huarochirí, como capitán de caballería y a las órdenes de Melchor Malo de Molina y Espínola.

Viajó a la Península, donde fue confirmado en el cargo de Correo Mayor de Indias (2 de julio de 1755), ascendido a coronel e investido con el hábito de caballero de la Orden de Santiago (1757). De regreso a Lima en 1759, ejerció el patronato de la provincia franciscana, fue nombrado familiar y secretario del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición (1760 y 1784), y disfrutó de las rentas de su encomienda.

Nuevamente, viajó a España (1768) y renunció al cargo de Correo Mayor y sus beneficios; pero, a manera de compensación, obtuvo de Carlos III el reconocimiento de una renta anual de 14.000 pesos. Pactó con la Corona la entrega de dicho título, a cambio de hacer uso de él honoríficamente, de varias rentas en concepto de indemnización, del grado de teniente general de los Ejércitos y del título de duque de San Carlos con grandeza de España de primera clase (por Reales Cédulas de 2 de abril de 1784 y 21 de abril de 1792, respectivamente).

martes, 28 de agosto de 2018

Los orígenes de la gimnasia en España. El conde de Villalobos

Ahora que se acaban las vacaciones, y después de algunos excesos, muchos se plantean volver a hacer deporte, ... a reanudar las sesiones del gimnasio.

Algunos se preguntarán ¿que tiene que ver la gimnasia con la nobleza?...pues, en el caso de España, bastante, ya que fue Francisco de Asís Aguilera y Becerril, XIII conde de Villalobos, su principal impulsor en nuestro país, a mediados del XIX. Fue profesor de gimnasia del Príncipe de Asturias, que reinaría como Alfonso XII.


Una figura ignorada y poco valorada de la Educación. Física española, a la que debemos citar con todo merecimiento, es el Conde de Villalobos, nacido en Madrid el 27 de enero de 1817, siendo el primogénito de una familia noble de antiguo linaje. Fueron sus padres don José Aguilera Contreras (1787-1872), XVI Marqués de Cerralbo, X Conde de Alcudia, Grande de España, Marqués de Flores-Dávila, de Almarza y de Campo Fuerte, Conde de Casasola del Campo, del Sacro Romano Imperio, etc. y doña Francisca Becerril Hinojosa (1781-1849); casados el 8 de febrero 1842, en San Sebastián, con María Luisa Gamboa López de León (1819-1894). Uno de sus hijos, Enrique (1845-1922), fundaría el Museo Cerralbo y heredaría el título de su abuelo.



Grabado de A. Gracia de Francisco Aguilera, conde de Villalobos practicando ejercicios de equilibrio. Fuente: Ayuntamiento de Madrid. (Dcha.) Un retrato suyo


Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), XVII marqués de Cerralbo, aristócrata, miembro activo del partido carlista, coleccionista y arqueólogo, a su muerte legó al Estado Español su palacio y colecciones, hoy Museo Cerralbo.

Casa-Museo del Marqués de Cerrralbo
Heredero del marquesado de Cerralbo y formado en las prestigiosas Escuelas Pias, desde niño mostró unas excelentes cualidades físicas e intelectuales, gozando de gran popularidad entre sus compañeros de clase. De joven se sentía atraído por los ejercicios corporales, participando en exhibiciones con compañías de volatineros, titiriteros y equilibristas, realizando números como el “clown veleta”, a semejanza del afamado equilibrista francés Jean Baptiste Auriol (1806-1881) que había establecido un circo en Barcelona, y otros retos donde poder demostrar sus cualidades físicas. También quiso ser torero pero su padre se negó en rotundo a ello, ya que no encajaba en una familia de la aristocracia.


A mediados del siglo XIX se destacó en Madrid la figura emblemática de Francisco Aguilera, un tenaz y reivindicativo gimnasta que dedicó toda una vida al estudio de la gimnástica. A partir de las realizaciones prácticas como profesor de gimnástica y del impulso propagandístico de varias publicaciones, el Conde de Villalobos inició un proceso para que esta rama de la ciencia tuviera en España el trato público y gubernamental que se le estaba concediendo en los países más avanzados de Europa.

Visitó al coronel Francisco Amorós y Ondeano (el primero que conformó una metodología sistematizada para la educación física, pero aún anclada en el espectáculo) en París quedando deslumbrado por sus ideas y sus demostraciones. A su vuelta crea, en 1841, mediante suscripción privada, el Jimnasio de Madrid: Instituto de Gimnástica, Equitación y Esgrima, cuyo reglamento de aprueba el 4 de marzo de 1842, del que fue su director, pero que estuvo abierto por muy poco tiempo, hasta finales de ese mismo año. En medio de una fructífera actividad práctica, pensó en la necesidad de la implicación estatal en el área de la gimnástica, en cuyo sentido cursó una petición al gobierno de Narváez para crear un Gimnasio Normal, en la que plantea la unión de práctica y ciencia para una mejor formación de los profesores. Esta petición, realizada en 1844, fue desatendida haciéndose eco de ella algo más tarde Busqué y Torró.

Mueble para ejercitarse
Construyó aparatos gimnásticos que más tarde complementaría Vignolles y Aparici y publicó, en el año 1842, “Ojeada sobre la Jimnasia, utilidades y ventajas que emanan de esta ciencia”. Su proyecto estrella fue el Gimnasio Municipal, que concibió entre 1858 y 1859, siendo concejal del Ayuntamiento de Madrid, y que no llegó a ser realidad, quizá por falta de presupuesto.


Ideó sistemas como el “interval training”, que combina lo intensivo con lo suave en el entrenamiento. Este método fue desarrollado y puesto en práctica, 90 años más tarde, por el corredor Emil Zatopek, que creía que como el corazón era un músculo podía ser entrenado como cualquier otro. Decidió que la mejor manera de entrenarlo era mediante series de repeticiones de esfuerzo y descanso en las que el ritmo cardíaco aumentara y después se le dejara recuperar.


Concibió la gimnasia como servicio público y como obligación del Estado hacia los ciudadanos. Democratizó los gimnasios y luchó –con escaso éxito– para que fueran lugares abiertos al pueblo y, por primera vez, colaborativos, es decir sostenidos por las cuotas de sus socios. Convirtió los gimnasios en lugares higiénicos. Planteó la formación académica de profesores. Propuso becar alumnos y abrir las puertas de los centros a las mujeres, que en aquellas fechas, excepto las de clases acomodadas, no tenían apenas acceso a las enseñanzas impartidas en centros escolares regulares.

Aguilera cambió el término “gimnástica” apropiado del francés para adoptar un españolizado “gimnasia” (que él, por cierto, escribiría a lo Juan Ramón Jiménez con jota, jimnasia) y construye toda una terminología específica en torno a esta nuevo saber con maravillosos términos como gimnasiarca o pedótribas.


La reina Isabel II encargó al conde la educación física de sus vástagos, el príncipe de Asturias Alfonso, que aún no tenía seis años, y su augusta hermana Isabel de once años, quien diseñaría, en 1863, tres gimnasios en el entorno de los Reales Sitios de Aranjuez, La Granja de San Idelfonso y en el madrileño Casón del Buen Retiro), encargándose incluso del vestuario de los príncipes para hacer ejercicio físico, pero estos mostraron muy poco interés por esta disciplina, y estuvieron solo durante dos años.



Retrato de Francisco de Aguilera y Becerril. Aparece de media figura con casaca de uniforme, con galones y botones de oro y chaleco y corbata blanca. El lienzo está firmado por José María Estrada, pintor nacido en 1817 en Valencia y fallecido en 1867 en Madrid. Estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Falleció prematuramente en Madrid, el 1 de julio de 1867, a consecuencia de los esfuerzos y energías consumidas en el estudio. Se le considera como un precursor de la ideas del diputado Manuel Becerra, que le cita en su famoso discurso del Congreso en apoyo a la proposición de Ley (31 de octubre de 1881) por la que se creó la Escuela Central de Gimnástica (Ley de 8 de marzo de 1883).

Sobre este tema, un trabajo amplio y muy interesante es el publicado por David Huidobro Sanz en la revista Hidalguía (Nº 377, 2018, pp.143-179): Nobleza y deporte. Deporte y nobleza, que expone cómo la nobleza ha estado tradicionalmente relacionada con la gestión y la práctica deportiva.