martes, 19 de junio de 2018

Bernardo de Vargas Machuca. Soldado, escritor y naturalista

Escribió varios libros, el más popular fue "Milicia indiana y descripción de las Indias".

Nacido en Simancas (Valladolid) en 1557. Fue soldado, capitán, explorador, conquistador, escritor, y mucho mas, que llegó a América allá por el año de 1574; gobernador de Portobelo y de la isla Margarita. Murió en Madrid en 1622, cuando habia sido nombrado gobernador de la provincia de Antioquia, Cáceres y Zaragoza, en Nueva Granada, hoy Colombia.



A finales del siglo XVI, los indios araucanos, rebelados contra la dominación española, habían dado muerte al gobernador Óñez de Loyola, y amenazaban con recobrar su independencia. En la dificultad de incurrir en nuevos gastos para suministrar a Chile los socorros que este reino necesitaba, se pensó en enviar un nuevo Gobernador, creyendo que con sus propios recursos y los que le llegasen del Perú se podría reponer este país de sus quebrantos.

Aunque el gobierno de Chile era muy poco codiciable en esas circunstancias, no faltaron quienes lo pretendiesen y uno de éstos fue el capitán Bernardo  de Vargas Machuca, pobre hidalgo de Simancas, que podía hacer valer largos servicios militares; Vargas Machuca, aunque no conocía Chile y sus habitantes más que por la lectura del poema de Ercilla y su nombre sería desconocido si no se hubiera conquistado cierta notoriedad en la literatura histórico-geográfica de América.

Se consagró desde muy joven a la carrera militar, sirvió primero seis años en los ejércitos de Italia y pasó luego a las Indias, donde permaneció más de dos décadas, participando en numerosas acciones guerreras.

Su proposición, en agosto de 1599, de pacificar Chile fue desatendida por el Rey Felipe III y por el Consejo de Indias, que nombró en el cargo al capitán Alonso de Ribera, soldado valiente y entendido, que sólo conocía de nombre las colonias de América, pero que tenía una larga experiencia militar adquirida en 24 años de constante batallar en las guerras de Flandes. Así, Bernardo, en vez del alto puesto que solicitaba, obtuvo  algunos  años después otro más modesto, el de gobernador de la isla de la Margarita, que desempeñaba todavía en 1615.

De regreso a la metrópoli, publicó en Madrid su Milicia y Descripción de las Indias (1599), obra que comprende, en realidad, tres libros independientes. El primero es un tratado de arte militar adaptado a las circunstancia de América. Más que sus referencias técnicas a las armas y municiones, hay que destacar, desde un punto de vista, el capítulo "Prevención e medicinas y aplicación de ellas", interesante resumen de medicina militar. El segundo libro se titula "Descripción breve de todas las Indias Occidentales, con la Ydographía y Geographía de las costas del mar, Reynos y particulares Provincias". En un lenguaje sencillo, Vargas ofrece descripciones muchas veces precisas de los animales, plantas y minerales que había podido observar, así como numerosas noticias relativas a la geografía física americana. El tercer libro o "Compendio de la Sphera" es un breve esquema de las ideas cosmográficas tradicionales.
 
 

Vargas publicó, además, un tratado sobre la jineta, considerado como uno de los mejores textos sobre equitación aparecidos en la España de los siglos XVI y XVII. Impreso por vez primera en 1600, apareció una segunda edición ampliada en 1619. Aparte de exponer el arte de la jineta con sus ejercicios, se ocupa de las condiciones del caballo e incluye un resumen de albeitería.


Leyenda: 

BATALLA DE JEREZ, en donde peleó don Diego Pérez de Vargas, quién al perder la espada tomó un gruesa rama de olivo y machacó tantos moros que le apodaron MACHUCA.

viernes, 15 de junio de 2018

Juan de Lángara y Huarte. Octavo Capitán General de la Real Armada Española



Marino, militar, matemático y cartógrafo español que ejerció el cargo de Ministro de Marina y Director interino General de la Armada con el rey Carlos IV, cuando Luis de Córdova, que lo desempeñaba en propiedad, pasó a mandar la escuadra combinada franco-española.

Caballero de la Militar Orden de Calatrava. En la que obtuvo la encomienda de las casas de Talavera. Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III. Gentil-Hombre de Cámara de S. M. en ejercicio.


Juan de Lángara y Huarte
Juan Francisco de Lángara y Huarte, hijo del marino Juan de Lángara y Arizmendi, nació en La Coruña en septiembre de 1735 por estar su padre destinado en el Departamento de Ferrol, al mando de una compañía de los Batallones de Infantería de Marina. Sentó plaza de guardiamarina el uno de mayo de 1750, y habiendo efectuado con sumo aprovechamiento todos sus estudios elementales en la academia, fue propuesto por Jorge Juan, entonces capitán de la Compañía y director de estudios, para que ampliara sus estudios de matemáticas en Paris. Al regreso, embarcó en diferentes buques y navegó por las costas de España y África. Se casó en 1774 con María Lutgarda de Hevia y Navarro, marquesa del Real Transporte y de la Victoria, hija del Jefe de Escuadra Gutierre de Hevia, y nieta del I Capitán General de la Real Armada, don Juan José Navarro de Viana y Búfalo.
Juan de Lángara Arizmendi


Juan de Langara Arizmendi


Almirante de origen vasco nacido en Cádiz en 1700 y muerto en la misma ciudad en 1781. Tomó parte en el combate que la armada de Gaztañeta sostuvo contra el almirante Bing. Se halló presente en el levantamiento del sitio de Ceuta sosteniendo encuentros con los piratas berberiscos. Desempeñó varias comisiones que se le encomendaron. Ejerció el mando del arsenal de Cádiz interinamente y la dirección general de la armada (1780).

Más tarde, y mandando ya un buque, hizo tres viajes a las Filipinas, desde 1766 a 1771; mandó en estas travesías el navío mercante “El Buen Consejo” y las fragatas de guerra   “Venus”  y  “Rosalía”,  poniendo en uso en estas navegaciones, los adelantos del arte del pilotaje.

Mandando en 1773 la fragata  “Venus”, en viaje a Manila junto con Mazarredo, en una noche de Luna, se le ocurrió a éste la posibilidad de determinar la longitud por la distancia de ese astro a una estrella.

Por aquél entonces había una gran pugna científica entre algunas naciones; Reino Unido, sobre todo y Francia realizaban experiencias en la mar. Lángara recibió la orden de efectuarlas con la fragata  “Rosalía”, en el año 1774. Esta expedición científica tenía por objeto poner en práctica en la mar, todas las observaciones, métodos y adelantos de la física, de la astronomía y del arte de navegar. Acababan de alcanzar esas ciencias un grado de perfeccionamiento del que desconfiaban los marinos exclusivamente prácticos. Durante seis meses navegó Lángara por el Atlántico, corrigiendo errores de las cartas náuticas. Llevaba ilustres auxiliares; Mazarredo, Apodaca, Varela y Alvear.

En 1776, mandando el navío  “Poderoso”, buque insignia del marques de Casa-Tilly y en su expedición contra las colonias portuguesas del Brasil, con el ejército del general Cevallos, tomó parte en la conquista de la isla de Santa Catalina.

En 1779, declarada la guerra al Reino Unido, se mantuvo cruzando por las inmediaciones de las islas Terceras, mandando una división compuesta por los navíos  “Poderoso”  y  “Leandro”  y dos fragatas. Sufrió duros temporales, uno de ellos le puso en trance de perecer, ya que naufragó el navío  “Poderoso”, salvándose por fortuna toda su dotación en las fragatas, gracias al acierto de las órdenes dadas por Lángara. Pasó su insignia al  “Leandro”; con su división apresó a la fragata corsaria británica  “Wincheon” sobre la isla de Santa María; pero poco después fue capturada la  “Morisca”, española, por la  “Pearl”, británica.

Fue ascendido a jefe de escuadra el once de diciembre de 1779.

Juan Francisco de Lángara y Huarte (Museo Naval)
El 14 de enero de 1780, mandando una escuadra compuesta por once navíos y dos fragatas, sostuvo un combate contra fuerzas británicas, mandadas por el almirante Rodney, que llevaba veintiún navíos y diez fragatas. Arbolaba Lángara su insignia en el navío  “Fénix”  y con él sostuvo el choque contra varios navíos enemigos a la vez, cayendo entre muertos y heridos más de la tercera parte de la dotación del navío capitana. El mismo Lángara recibió tres heridas graves.  Se perdieron cinco navíos; hubo cuatro apresados: “Diligente”, “Monarca”, “San Justo” y “San Julián” y uno volado, el “Santo Domingo”. El combate comenzó a las dieciséis horas, un día tempestuoso y duró ocho horas. Al ver la desigualdad del número, los españoles trataron de eludirlo, pero Rodney les forzó a él maniobrando hábilmente.

Es curioso lo acaecido en navío  “San Julián”, que una vez tomado y marinado por los británicos se vio empeñado contra la costa y aquéllos, tuvieron que recurrir a pedir el auxilio de sus prisioneros, españoles, que no se lo dieron sino a condición de que los británicos se constituyeran en prisioneros a su vez, dándose el caso peregrino de que un buque entrase en Cádiz llevando cautivos a sus mismos vencedores. No obstante lo adverso del combate, fue tal el comportamiento de Lángara que, al poco tiempo de su ascenso anterior, se le promovió al grado de teniente general, con fecha tres de febrero de 1781.

En 1783 se le dio el mando de la escuadra que había de unirse a la francesa para la conquista de Jamaica, mas habiéndose firmado la paz, quedó sin efecto el plan de la expedición. En esta paz se reconoció la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. En marzo de 1793 se declaró la guerra a la república francesa y se dio a Lángara el mando de la escuadra del Océano, fuerte de dieciocho navíos; arbolaba su insignia en el  “Reina Luisa”. Con ella operó en el Mediterráneo y en combinación con la británica de Hood, tomó posesión del puerto de Tolón con su arsenal y fortaleza, a la sazón defendidos por el capitán de artillería, que más tarde había de ser primer cónsul y después Emperador de los franceses.

Navío Reina Luisa, capturando a la fragata francesa Ifigeni
Una vez efectuada la evacuación de Tolón, al conquistar el ejército francés las posiciones dominantes que hacían imposible la permanencia de la escuadra aliada, cooperó con su escuadra a la defensa de Rosas y apresó a la fragata “Ifigenia”.

En 1795, sin cesar como comandante principal de batallones de marina, fue nombrado capitán general del departamento de Cádiz. En 1796 fue designado secretario de estado y del despacho universal de marina y dos años más tarde, sin cesar en tan alto cargo, ascendió a capitán general de la Real Armada y se le nombró director general de la misma. En 1799 obtuvo plaza efectiva en el Consejo de Estado. Falleció en Madrid el dieciocho de enero de 1806.

martes, 12 de junio de 2018

Juan Nuñez de la Peña. Estudioso e historiador de Canarias


Cronista de los reinos de Castilla y León, familiar del Santo Oficio, historiador de Canarias.
 

Juan Nuñez de la Peña nació en la Ciudad de la Laguna de Tenerife y fue bautizado en la parroquia de los Remedios en 31 de mayo de 1641. Fueron sus padres el Capitán Juan Nuñez de la Peña, natural de Tenerife, y su mujer Maria de Sales, natural de Córdoba.

Estudió latín y humanidades en el colegio de San Agustín de La Laguna y después siguió el estado eclesiástico y recibió las órdenes menores en 1659. Siendo joven se interesa por la heráldica y la genealogía. Viaja a la península, asentándose en Toledo, donde trabaja durante algún tiempo como notario.

Regresaría a Canarías en el séquito del obispo Bartolomé Jiménez. A su regreso, comienza a recopilar datos y documentos que le servirán para escribir el libro por el que pasaría a la posteridad, "Conquista y antigüedades de la isla de la Gran Canaria y su descripción, con muchas advertencias de sus privilegios, conquistadores, pobladores y otras particularidades en la muy poderosa isla de Tenerife, dirigido a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Candelaria". Esta obra se publica en 1676, siendo reeditada tres años después con correcciones de su autor. La copiosa biblioteca del convento de San Agustín, donde se había educado, fue la base de su investigación.

Fruto de las investigaciones que abordó para la composición de su obra, se dedicaría a la investigación de documentos municipales, notariales y eclesiásticos, especialmente los que llegaban al ayuntamiento de Tenerife. Así, confeccionaría un libro con las ordenanzas municipales, con lo que consiguió salvar unos documentos muy importantes para conocer e interpretar la vida en Canarias en su tiempo. También investigó la genealogía de casi todos los apellidos del archipiélago. Por sus trabajos en el ayuntamiento de Tenerife, en julio de 1701 fue recompensado por la Corona con una pensión de 200 pesos y con el título de cronista general de los reinos de Castilla y León.

Falleció en La Laguna el 3 de enero de 1721. Una lápida le homenajea y recuerda su memoria en la iglesia de San Agustín.

El blasón de Peña

Tiempos de abolengos y de blasones los de Núñez de la Peña, es evidente que nuestro historiador, hidalgo de sangre, se ufanaba  del suyo, que por línea  paterna habla tomado parte en la conquista y algunos de esos mismos ascendientes prestado servicios estimables al país.

En campo de gules, un muro de plata sobre peñas, y  en jefe, tres estrellas de oro, puestas en faja (Fdez. de Bethencourt, tomo 69 del Blasón de Canarias, pág. 83).

La Gaveta de Aguere: JUAN NUÑEZ DE LA PEÑA 

viernes, 8 de junio de 2018

Cena benéfica de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén - 2018


Celebración de la tradicional cena benéfica de la Lugartenencia de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén en España Occidental, Capítulo Noble de Castilla y León




Ayer, 7 de junio de 2018, a las 21:00 horas, en el magnífico entorno del hotel Westin Palace de Madrid, y en un ambiente cordial y festivo, se reunieron numerosas personalidades de la vida espiritual, económica y social española, en una cena de gala, benéfica, con el fin de recaudar fondos para la construcción de una escuela en Naour, municipio situado en Jordania y perteneciente al Patriarcado Latino de Jerusalén, que acoge también a niños provenientes de Irak y Siria. Entre otros representantes de órdenes militares y nobiliarias, acudió el Ilmo. Sr. Don Manuel Pardo de Vera y Díaz, presidente de la Real Asociación de Hidalgos de España.

Algunos de los asistentes
El Lugarteniente, Excmo. Sr. D. José Carlos Sanjuán Monforte, dirigió unas palabras de agradecimiento a todos los caballeros, damas, familiares y amigos de la OCSSJ en España Occidental que hicieron posible, una vez más, que la convocatoria resultara un rotundo éxito.


Antes de la cena, hubo un cocktail y se exhibió un breve documental sobre las actuaciones en Tierra Santa de la Orden Gran Magistero OESSH y de la Lugartenencia de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén en España Occidental y, tras ella, se celebraron las ya también tradicionales tómbola y subasta de obsequios donados por diferentes colaboradores y marcas comerciales de prestigio.


martes, 5 de junio de 2018

Antonio Valdés y Fernández-Bazán Ministro de Marina y Cap. Gral. de la Armada. "La bandera de España"


Propuso y logró el cambio de la bandera de la Armada (1785), que con los años llegaría a ser la nacional española actual.
           
De familia noble (Rafaela Ventura Fernández Bazán Ocio y Salamanca, su madre, era hija de uno de los más ricos hacendados de Fuenmayor*), nació en Burgos en 1744 y fallecido en Madrid en 1816. Su padre fue Fernando Valdés Quirós, hidalgo asturiano, nacido en el Palacio Valdés-Bazán, situado en San Román de Candamo, que fue ministro de Hacienda.

*Descendiente de Fuenmayor (La Rioja), siempre se consideró hijo de Fuenmayor, aunque naciera en Burgos Su nombramiento de ministro se celebró con misas y corridas de toros en el pueblo que le nombró hijo predilecto y le recibía en sus visitas con grandes festejos.

Palacio de Valdés Bazán
Palacio barroco de los Fernández-Bazán, siglo XVIII (Fuenmayor)

Escudo en la fallada del palacio
Antonio sentó plaza de guardia marina en Cádiz, el 26 de octubre de 1757; continuó sus estudios, ascendiendo a alférez de fragata el 29 de junio de 1761. Ingresó en la Orden de San Juan (Malta).

Embarcado en el navío “Conquistador”, perteneciente a la escuadra bajo el mando del marqués del Real Transporte, se hallaba en el puerto de La Habana (Cuba) en ocasión del ataque británico de 1762. Desembarcó para la defensa y fue destinado a guarnecer el Castillo del Morro, a las órdenes de Velasco. Mientras se rendía la fortaleza después de morir su gobernador, Valdés pudo retirarse, en un bote, con algunos soldados de marina y artilleros al Castillo de la Punta. Continuó en la defensa de éste hasta que capituló la plaza; fue hecho prisionero por los ingleses y al recobrar la libertad se le destina a Algeciras (Cádiz) en dónde lucha contra los piratas berberiscos.

Continuó desempeñando mandos de navíos, de divisiones y escuadra; siendo ascendido, a los 37 años, a brigadier en fecha 5 de mayo de 1781. Su fama hizo que se le nombrase director de la fábrica de artillería del arsenal de la Cavada, consiguiendo elevarla de su deplorable estado. Se conservaron sus instrucciones para el gobierno y régimen de esta fábrica y de la de Liérganes, esto ocurría en el año de 1783. Cumplió su cometido con tal acierto que al terminar, había sido ascendido a jefe de escuadra, siendo nombrado inspector general de Marina.

Al año siguiente muere el ministro de marina, marqués González de Castejón, secretario de estado y del despacho universal de marina, y es designado para sustituirle con sólo 38 años (marzo de 1793).

Satisfecho Carlos III de su trabajo e inteligencia, le nombra Secretario de Estado (lo que hoy sería ministro de asuntos exteriores) y del Despacho Universal de Indias, por fallecimiento de don Juan Gálvez que lo desempeñaba, cargos que desempeña hasta 1790 y 1795 respectivamente, primero con Carlos III y luego con Carlos IV.

En 1792, terminadas las obras del arsenal de Cartagena, Valdés fue promovido al empleo de capitán general de la Real Armada y al terminarse la guerra con Francia, por la Paz de Basilea el veintidós de julio de 1795, le confirió el rey el Toisón de Oro, la máxima distinción de la monarquía borbónica. Heredero de la obra de Patiño y Ensenada, realizó una extraordinaria labor organizativa —publicó las Ordenanzas de la Armada de 1793— y de fomento de la construcción naval, siendo particularmente destacable el apoyo a los viajes científicos —el de Malaspina entre ellos— y al desarrollo de la hidrografía.

En 1785 presentó al rey varios modelos para la bandera de los buques y Carlos III escogió la roja y gualda, que más recordaba las glorias españolas, desechando "todo perecedero signo de linaje"; se amplió el arsenal de La Carraca y se acometió la construcción de dique; aprobó el proyecto de la nueva población de San Carlos; llevó a efecto el libre comercio con América, con la institución de consulados en las principales capitales, y se creó la Compañía de Filipinas.

estatua de Fernández-Bazán (Fuenmayor)
La invasión napoleónica le sorprende estando ya retirado en Burgos, pero pronto particiò en varias Juntas de Defensa para combatirlos y, finalmente, se traslada a Andalucía, hasta que vuelve a Madrid. Acabada la guerra de Independencia, Fernando VII le recibe en Madrid en 1813 y le repone en su cargo del Consejo Supremo del Almirantazgo y presidente de la Orden de San Juan (de la que era bailio), lo que supone también el de decano del Consejo de Estado y decano del Almirantazgo, muriendo a los 72 años en el ejercicio de tan altas funciones. Recibió también la Gran Cruz de San Hermenegildo.

Antonio Valdés, "inventor" de la bandera española.

Cabe añadir que podemos considerar a Antonio Valdés como el "inventor" de la bandera española actual, ya que durante su mandato, se cambió en los barcos el distintivo blanco propio de los Borbones, que era del mismo color que el usado por los barcos franceses, que tenían la misma la dinastía reinante, e ingleses, cuya bandera es blanca con una cruz roja:

"Para evitar los inconvenientes y prejuicios que han hecho ver la experiencia puede ocasionar la bandera nacional de que usa mi Armada naval y demás embarcaciones españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con las de otras naciones he resuelto que en adelante usen mis buques de guerra de bandera dividida a lo largo de tres listas, de las que la alta y la baxa sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total y la de en medio amarilla, colocándose en esta el escudo de mis reales armas reducido a los cuarteles de Castilla y León con la Corona Real encima; y el gallardete con las mismas tres listas y el escudo a lo largo sobre cuadrado amarillo en la parte superior. Y que las demás embarcaciones usen, sin escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarillo y del ancho de la tercera parte de la bandera y cada una de las restantes partes dividida en dos listas iguales, encarnada y amarilla alternativamente...

Señalado de mano de S.M.
En Aranjuez a veinte y ocho de Mayo de mil setecientos ochenta y cinco. El Almirante Don Antonio Valdés"

Los doce bocetros presentados a Carlos III
Para diseñar esta nueva bandera, que fuera visible en la lejanía, el ministro consultó a varios expertos y organizó una especie de concurso, en el que resultó elegido un diseño basado en el de la antigua bandera del reino de Aragón. Modificando esta bandera se crea una nueva compuesta de tres listas (la central, amarilla, de doble ancho y dos rojas) para los buques de guerra y otra de cinco franjas (la de en medio amarilla y más ancha que las demás) para las demás embarcaciones (marina mercante), siendo aprobadas en el Real Decreto de 28 de mayo de 1785.


Con el paso del tiempo la primera de ellas se convertiría en la Bandera de España aunque no fuese oficial hasta 1843, con Isabel II (Real Decreto del Gobierno provisional de 13 de octubre de 1843*), y que ha permanecido más o menos constante con el paréntesis del periodo de la segunda república, cuando se cambió el color de la franja inferior por el morado (considerado erróneamente) del antiguo reino de Castilla para que la bandera no representara sólo a uno de los dos principales reinos que se integraron para formar España.

El decreto expone la necesidad de suprimir las diferencias entre la bandera nacional y las particulares de los cuerpos del Ejército, y añade que "las banderas y estandartes de todos los cuerpos e institutos que componen el Ejército, la Armada y la Milicia Nacional, usarán iguales en colores a la bandera de guerra española, y colocados éstos por el mismo orden que lo están en ella".
De este modo, la bandera rojigualda pasaba de ser exclusiva de la Marina de Guerra a ser común para todas las fuerzas armadas, a la vez que recibía el reconocimiento oficial de bandera nacional.

La Constitución Española de 1978, estableció, en su Artículo 4º. 1: "La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas", mientras que la aprobación, el 5 de octubre de 1981, del nuevo modelo de escudo supuso la culminación del proceso que ha dado forma a la enseña que actualmente representa a la nación española.

viernes, 1 de junio de 2018

Francisco Hernández de Córdoba. Dirigió la primera expedición de descubrimiento a México (Yucatán, 1517)


Uno de los encomenderos más ricos asentados en la isla de Cuba. Fue nombrado por el Gobernador de la isla, Diego Velázquez de Cuéllar, jefe de la expedición que debía explorar los mares al occidente de Cuba y sus posibles islas o costas continentales.

Francisco Hernández de Córdoba*, de origen hidalgo, nació en Cabra (Córdoba), hacia 1475. Fue un conquistador que ha pasado a la historia por la accidentada expedición que dirigió entre febrero y mayo de 1517, durante la cual se descubrió la Península de Yucatán.
Se sabe que residía en Cuba en 1517, por lo que seguramente habría participado en su conquista, y que era un hacendado rico que tenía un poblado de indios (encomendero de Sancti Espíritus), así como amistades con suficiente capacidad económica como para ayudarle a financiar la expedición, aprobada por Diego Velázquez de Cuellar, que le daría a la vez la inmortalidad y la muerte.

 El 8 de febrero de 1517 salieron del puerto de Ajaruco, en La Habana, dos navíos y un bergantín, tripulados por más de 100 personas. El capitán de la expedición era Francisco Hernández de Córdoba, y el piloto Antón de Alaminos, de Palos. Camacho de Triana y Joan Álvarez, de Huelva, eran los pilotos de los otros dos navíos. Veintiún días después la flota fue sorprendida por una tormenta que la llevó a tierra, a la costa de lo que hoy es la península de Yucatán. En ella observaron cómo se acercaban los pobladores del lugar, con cara alegre y muestras de paz, con lo que tuvieron por primera vez constancia de la presencia en América de culturas avanzadas (los mayas), con casas de cal y canto y organización social de complejidad más próxima a la del Viejo Mundo, y se tuvo también esperanza de existencia de oro.

Expedición de Jernández de Córdoba a Yucatán (1517)
"En ocho días del mes de febrero de año de 1517 salimos del puerto de Axaruco, y en doce días doblamos la punta de Santo Antón, que por otro nombre en la isla de Cuba se llama Tierra de los Cuanahataveyes, que son unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol, sin saber bajos ni corrientes ni qué vientos suelen señorear en aquella altura, con gran riesgo de nuestras personas. Y siguiendo nuestra navegación, pasados veinte e un días que habíamos salido del puerto, vimos tierra, de que nos alegramos mucho y dimos muchas gracias a Dios por ello. La cual tierra jamás se había descubierto ni se había tenido noticia de ella hasta entonces".
 Halló muchos poblados habitados y entabló en ellos contactos puntuales, pero generalmente hostiles, al punto que resultó para los españoles muy difícil el acopio de agua, por los ataques de que eran objeto. En uno de ellos, en el lugar que llamaron Champotón, el ataque fue mucho más fiero de lo normal y causó muchos muertos a los expedicionarios, siendo casi todos heridos por arma arrojadiza: flechas y azagayas, incluido Hernández de Córdoba, que sufrió 12 flechazos. Ante la imposibilidad de seguir el viaje con las tres cuartas partes de sus hombres, el capitán ordenó regresar inmediatamente a Cuba, pero el piloto Alaminos aseguró que el viaje directo era muy malo a causa de los vientos contrarios, y sugirió la conveniencia de hacerlo por la vía La Florida, donde había estado con Ponce de León unos años antes. Desde Florida podría regresarse fácilmente a La Habana. Fernández de Córdoba aceptó la propuesta del piloto y la expedición llegó a la Florida en solo cuatro días. Allí hicieron aguada y fueron atacados nuevamente por los indios, pero sin que se produjeran grandes pérdidas. Viajaron luego hasta el puerto de las Carenas, donde hoy está la Habana, aunque en pésimas condiciones, ya que una de las naves hacía agua tras tocar fondo en las isletas de los Mártires.



Pero Hernández no vivió la continuidad de su obra: murió en su hacienda aquel mismo año de 1517, apenas dos semanas después de regresar de su desgraciada expedición, como resultado de las heridas y la sed sufridas durante el viaje, y decepcionado al saber que Diego Velázquez había preferido a Juan de Grijalva como capitán de la siguiente expedición a Yucatán.

Los expedicionarios contaron a Velázquez maravillas sobre la tierra descubierta (isla según Alaminos), donde existían unas casas de piedra y unos indios vestidos, todo diferente de lo que habían visto en las islas. Velázquez pidió permiso a los comisarios padres jerónimos y también al propio rey para que se le permitiera enviar nuevos viajes descubridores. Velázquez, que presumió la presencia de oro en poblaciones como las descubiertas y organizó otras dos expediciones, al mando primero de Juan de Grijalva, en 1518, y luego de Hernán Cortés, en 1519, que finalmente terminó de explorar e invadir Mesoamérica durante la Conquista de México.

Expedición de Grijalva (1518)
Bernal Díaz del Castillo es el cronista que más detalles aporta sobre el viaje de Hernández de Córdoba, y también el único que fue testigo presencial de todo el proceso. Además, Bernal declara en su crónica haber sido él mismo promotor del proyecto, junto con otro centenar de españoles que decían necesitar ”ocupar sus personas”, porque hacía tres años que habían llegado a Cuba, desde la Castilla del Oro (Panamá) de Pedrarias Dávila, y se quejaban de que ”no habían hecho cosa alguna que de contar fuera”. De la narración de los acontecimientos que hace Bernal Díaz del Castillo parece deducirse que el origen del proyecto era obtener indios como esclavos para ampliar o renovar la mano de obra de las explotaciones agrícolas o mineras de Cuba, y para que los españoles residentes en la isla que no tenían indios ni por tanto explotación propia, como le ocurría al mismo Bernal, pudiesen establecerse como hacendados.

Bernal cuenta primero que tanto él como otros ciento diez españoles, que vivían en Castilla del Oro, decidieron pedir permiso a Pedro Arias Dávila para trasladarse a Cuba, que Pedrarias concedió de buen grado, porque en Tierra Firme ”no había nada que conquistar, que todo estaba en paz, que el Vasco Núñez de Balboa, su yerno del Pedrarias, lo había conquistado". 

Esos españoles de Castilla del Oro se presentaron en Cuba a Diego Velázquez, el gobernador (y familiar de Bernal Díaz del Castillo), quien les prometió ”que nos daría indios, en vacando”. Inmediatamente después de esta alusión a la promesa de indios, Bernal dice que ”Y como se habían pasado ya tres años [...] y no habíamos hecho cosa alguna que de contar fuera”, los ciento diez españoles procedentes del Daríén ”y los que en la isla de Cuba no tenían indios” decidieron concertarse con ”un hidalgo que se decía Francisco Hernández de Córdoba [...] y era hombre rico y tenía pueblo de indios en aquella isla [Cuba]”, para que aceptara ser su capitán para "ir a nuestra ventura a descubrir nuevas tierras y en ellas emplear nuestras personas”.

Así, puede decirse que Hernández de Córdoba descubrió Yucatán por accidente, al verse desviada su expedición por una tormenta, inicialmente destinada a un viaje más corto para secuestrar indios para las haciendas de Cuba. O puede suponerse que tras unos malos propósitos de Diego Velázquez, rápidamente reprimidos y afeados por los demás españoles, que además se conformaban con seguir sin indios en Cuba, el viaje se planeó exclusivamente como de descubrimiento y conquista, y por eso se llevaba Veedor, y tan buen piloto. Por supuesto, puede también creerse, con Las Casas, que el proyecto pretendía conseguir los dos objetivos.

*Francisco Hernández de Córdoba (No era hidalgo)

(Granada, España, 1475 - León, Nicaragua, 1526). La ambición de poder llevó a la muerte a Francisco Hernández de Córdoba, que fue ejecutado en la ciudad nicaragüense de León, fundada por él mismo. A las órdenes de Pedrarias Dávila realizó en 1523 una expedición de conquista hacia las tierras centroamericanas, en lo que posteriormente sería Nicaragua. La penetración en el territorio, iniciada con anterioridad por Gil González Dávila, fue penosa, y los españoles tuvieron que vencer la resistencia de los pueblos indígenas.

La primera fundación que llevó a cabo Hernández de Córdoba fue la ciudad de Bruselas, en el golfo de Nicoya. Posteriormente, estableció Granada y León y las dotó de fortificaciones para la defensa militar, en caso de ataques por parte de los indios, y de edificios civiles y religiosos. La colonización de Hernández de Córdoba prosiguió hacia el territorio hondureño, donde la expedición encontró a Gil González. Ambos conquistadores se unieron en el objetivo de hallar una vía de acceso hacia el mar del Sur (el Pacífico), descubierto poco tiempo antes. 

Envalentonado por sus acciones de conquista, Hernández de Córdoba pretendió desvincularse de la autoridad de Pedrarias Dávila y erigirse en gobernador de las tierras que había descubierto, para lo que contaba con el apoyo de Hernán Cortés. Pero tras perder el apoyo de parte de sus hombres y de Cortés, se vio obligado a rendirse. Pedrarias lo mandó decapitar en la ciudad de León en 1526.

martes, 29 de mayo de 2018

Pascual Ruiz Huidobro. Marino. Gobernador de Montevideo


Marino de larga carrera en el Virreinato del Río de la Plata, que luchó contra las invasiones inglesas como gobernador de Montevideo.

Hijo del hidalgo Manuel Ruiz Huidobro y de Gertrudis de Ravaschiero Fiesco y Pareja, nació enOrense, en 1752. Estuvo casado con María Josefa Morales.

Al igual que su padre, siguió la carrera naval y se graduó de guardia marina en 1769. En 1773 ostentaba el grado de alférez de fragata.

En 1777 arribó al recientemente creado virreinato del Río de la Plata como integrante de la expedición de Pedro de Cevallos. En 1780 era teniente de navío. En 1789 fue promovido a capitán de fragata, en 1791 a capitán de navío y, en 1802, a brigadier de Marina.

Entre 1803 y 1804 fue gobernador militar y político de Montevideo y jefe del Apostadero de Marina. Participó de las jornadas de las invasiones Inglesas a la ciudad de Buenos Aires, interviniendo heroicamente en la organización de la defensa y el rechazo del invasor. 
Al saber que se estaban por producir las invasiones inglesas, el virrey mandó la mayor parte de sus tropas a Montevideo, ya que pensaba que ése sería el objetivo central de la invasión, pero los ingleses tomaron Buenos Aires casi sin resistencia. Ruíz de Huidobro organizó una expedición para reconquistarla, pero cuando estaba listo para partir llegó el capitán Santiago de Liniers, con información sobre la resistencia que se estaba organizando, al que le entregó el mando de las tropas. Con ellos y con los voluntarios de Buenos Aires, Liniers consiguió liberar la ciudad.

Asalto de las tropas inglessas a Montevideo
 Al año siguiente se produjo la segunda invasión inglesa, comenzando por Maldonado y después atacando Montevideo. Ruiz de Huidobro cometió un error estratégico muy grave al no encerrarse en la ciudad amurallada, sino que salió a hacerles frente en la zona de las quintas que rodeaba la ciudad, perdiendo la batalla. Unos días más tarde, la ciudad caía en manos inglesas durante un ataque nocturno que no había previsto.

Pascual fue tomado prisionero y trasladado a bordo del Lancaster hacia Inglaterra, en donde permaneció detenido hasta 1808. De regreso en España, la Junta de Galicia lo nombró diputado, lo promovió con el grado de teniente general y le otorgó su antiguo cargo en Montevideo. Sin embargo, renunció a todos estos nombramientos para instalarse en Buenos Aires como inspector del Ejército del virreinato.

Cabildo Abierto de Buenos Aires (1810)
Participó de la jornada cívica del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 en la que se pronunció a favor del alejamiento del virrey y de otorgarle la autoridad al Cabildo en representación del pueblo. Durante ese histórico día fue el primer español que votó a favor de la causa patriótica y de la creación de una Junta de Gobierno local. El general Ruiz Huidobro planteó que el virrey Cisneros debía renunciar de inmediato. 

Falleció cuando se encontraba en Mendoza (Argentina), el 22 de marzo de.1813, antes de emprender viaje a Chile, puesto que el Segundo Triunvirato le había designado como enviado extraordinario ante el Gobierno chileno.

jueves, 24 de mayo de 2018

Salvador Dalí. I marqués de Dalí de Púbol


Pintor, escultor, grabador, escenógrafo y escritor español del siglo XX. Se le considera uno de los máximos representantes del surrealismo.

Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech, nacido en Figueras (Gerona), el 11 de mayo de 1904 y fallecido en la misma localidad el 23 de enero de 1989, hijo del matrimonio compuesto por el notario Salvador Dalí Cusí y Felipa Domènech Ferrés. Fue un noble hidalgo, algo que muy pocos saben, al igual que lo fueron otros pintores famosos, como Pablo Picasso, Francisco de Goya, Diego Velázquez, Juan Carreño y Diego de Urbina.




El Marquesado de Dalí de Púbol, más conocido como Marquesado de Púbol, es un título nobiliario español creado por el rey Juan Carlos I de España el 24 de julio de 1982 a favor de don Salvador Dalí i Domènech, insigne pintor español, máximo representante del surrealismo. La denominación del título hace referencia al apellido familiar y al Castillo de Púbol en Púbol (Gerona), lugar de residencia del pintor.




 

Noble español portando la flor de lis (1981)

SALVADOR DALI

Lunes, veintitrés de enero,
campanas dicen al viento
que en la ciudad de Figueras
Salvador Dalí ha muerto.

"Velázquez del siglo veinte"
te llaman sabios expertos
y te apodan como a Lope
"el monstruo de los ingenios".

García Lorca, el poeta,
se enamora de tus lienzos,
y Buñuel, el cineasta,
traduce en filmes tus versos.

Reyes y Jefes te acojen
en sus palacios señeros;
curas, prelados y Papas
ven en tus cuadros el cielo.

Miles de hombres insignes
enaltecen tu talento
viendo en tí otro Quijote
en busca de nuevos sueños.

Gala es tu numen y musa,
tu timonel y tu espejo,
la esbelta Venus de Milo,
la diva de tu universo.

Perpiñán y su estación,
Cadaqués y su albo puerto,
al paso de tu estadía,
cobran un renombre eterno.

¿Quién encontrará palabras
para explicar los secretos
de tus Cristos y Madonas,
de tus paisajes risueños ?

¿Quién osará penetrar
en tus místicos misterios,
en tus barrocas quimeras
y en tus cándidos ensueños?

Lunes, veintitrés de enero,
campanas dicen al viento
que en la ciudad de Figueras
Salvador Dalí ha muerto.

Descansa en paz, noble hidalgo,
en tu teatro museo.
Tu obra será para el mundo
un perfume sempiterno.

martes, 22 de mayo de 2018

Diego de Abreu. Teniente de gobernador general de Asunción


Acompañó en la expedición del adelantado Pedro de Mendoza a Sudamérica y fue vecino fundador de la primera Buenos Aires el 2 de febrero de 1536.

Diego de Abreu había nacido en la ciudad de Sevilla, capital del reino homónimo que formaba parte de la Corona castellana, y que a partir de la autoproclamación de Carlos I como rey en 1516, pasaría a ser de la Corona de España. Era hijo de los hidalgos Cerezo de Abreu y de Beatriz Barba. Falleció en Asunción del Paraguay.


Morrión temprano, de cuerpo cónico y sin cresta, 1550
 Diego de Abreu fue un hidalgo, militar que llegó al rango de capitán y conquistador que acompañó a Pedro de Mendoza en la primera fundación de Buenos Aires en 1536 y que, por deposición del lugarteniente Francisco de Mendoza que había sido nombrado por el gobernador interino Domingo Martínez de Irala, fuera popularmente votado como teniente de gobernador general de Asunción, al tiempo que obligaban a asumir en la gobernación al capitán Gonzalo de Mendoza.

Una vez fallecido el adelantado, surgirían durante casi tres años unas disputas entre los dos aspirantes a la gobernación, uno nombrado por el lugateniente Juan de Ayolas: el capitán Domingo Martínez de Irala nombrado teniente de gobernador de La Candelaria, y el otro por el adelantado Pedro de Mendoza: el capitán Francisco Ruiz Galán quien fuera el teniente de gobernador de Buen Ayre, Corpus Christi y Buena Esperanza.

Por real cédula con la primera connotación democrática en esas tierras, portada por el veedor Alonso de Cabrera, éste terminaría asignando en mayo de 1539 a Irala como gobernador del Río de la Plata y del Paraguay. En el mismo año, dio la orden al capitán Diego de Abreu para traer gente de la primera Buenos Aires hacia la ciudad de Asunción y al lograr dicho objetivo, varias familias soltaron en las pampas yeguas y caballos que se transformarían en cimarrones, y con dicho contingente al cual se les dio casas y tierras para cultivar, se incrementó la población asuncena en unos seiscientos españoles.

Francisco de Mendoza
Cuando en 1547 Martínez de Irala, prosiguió en su empeño de llegar a Sierra de La Plata, Francisco de Mendoza fue encargado por Irala del gobierno de la ciudad de Asunción. Meses después, trató de que se le concediese en propiedad el cargo de gobernador de Asunción, que ocupaba hasta ese momento de forma interina. Pero no solo no obtuvo el cargo, sino que este le fue concedido a Diego de Abreu, lo que provocó que Francisco de Mendoza se levantase contra éste e intentase apoderarse del cargo por la fuerza de sus armas, pero fue derrotado por Diego de Abreu, el cual le encarceló y le condenó a ser decapitado. Dicha sentencia se cumplió en el mismo año de 1547.

Abreu era opuesto a las políticas conquistadoras de Martínez de Irala y tuvo actitudes crueles ante los indígenas. Al regresar Irala a la ciudad de Asunción en 1549, tomó conocimiento que se habían producido grandes disturbios y los rebeldes lo habían depuesto de su cargo el año anterior, sumado a que también habían decapitado a su lugarteniente, pero por mayoría popular, Irala fue repuesto en el cargo de gobernador interino el 13 de marzo del mismo año e hizo ajusticiar a Abreu, dejando en su puesto al gobernador interino Gonzalo de Mendoza en marzo de 1549.