jueves, 4 de agosto de 2022

Jaime Travesedo, Conde de Paredes de Nava y de Consuegra, GdE, Presidente del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid

 

El Excmo. Sr. D. Jaime Travesedo y Julíá, Conde de Paredes de Nava y de Consuegra, Grande de España, Diputado de la Junta de Gobierno del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, ha tomado posesión el 2 de agosto como presidente de la Corporación, siendo su 16º Presidente desde su fundación en 1782 por el rey Carlos III.


Fuente de la noticia: RCNM

El anterior presidente, Excmo. Sr. D. Juan Pelegrí y Girón, Vizconde las Torres de Luzón, consideró conveniente una renovación en la Presidencia tras doce años de fecundo ejercicio de dicho cargo. Por ello  de acuerdo con lo dispuesto en los Estatutos del Real Cuerpo se envió a la Casa de S.M. EL REY, como es tradicional,  la propuesta  de una terna, acordada por el Presidente y los miembros de la Junta de Gobierno, que encabezaba el Excmo. Sr. Conde de Paredes de Nava, tras la Asamblea General  de la Corporación celebrada el 7 de julio a la que se informó de la mencionada terna que fue recibida  con complacencia por todos los Caballeros y Damas presentes y representados.

Recibida la anuencia de S.M. EL REY Felipe VI, Jefe Supremo del Real Cuerpo, el Excmo. Sr. D. Jaime Travesedo y Julia, Conde de Paredes de Nava y de Consuegra, Grande de España, ha efectuado la jura de su cargo y la toma de posesión del mismo en la sede de la Corporación con fecha 2 de agosto de 2022.


El Conde de Paredes de Nava pertenece a una familia vinculada desde antiguo al Real Cuerpo. Nació en Madrid hace 45 años, está casado y tiene tres hijos, siendo licenciado en Medicina y Cirugía, Controlador Aéreo, Alférez de Navío (RV) de la Armada, E-MBA por el IESE y también Máster en Genealogía, Heráldica y Derecho Premial por la UNED.

Desde este blog le damos la enhorabuena por tan merecido cargo y le deseamos los mayores éxitos en su gestión.

lunes, 1 de agosto de 2022

¡OLE! por la Orden Constantiniana

 

Tres miembros de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge conducen 3.500 kilómetros durante más de 30 horas de viaje para hacer entrega de una ambulancia medicalizada (la tercera) en Yasinya, un pueblo de 8.000 habitantes en los Cárpatos ucranianos.

Por el contrario de lo que algunos puedan pensar, la nobleza y las diversas Órdenes e instituciones nobiliarias realizan hoy en día una importante labor solidaria y asistencial, como es, por ejemplo, la que a continuación se expone, una más de tantas.


El viaje a Ucrania, iniciado el 20 de julio y ya finalizado, es una misión civil y privada, pero uno de los ocupantes luce apellido Real. Es don Pedro de Borbón Dos Sicilias, duque de Calabria, primo del Rey Felipe VI y Gran Maestre de la Orden Constantiniana de San Jorge. La Fundación de esta institución ha gestionado la donación de la ambulancia que el duque quiere entregar en persona. Le acompañan Álvaro Zuleta de Reales Ansaldo, presidente de la Orden en España y duque de Linares, y Alejandro Ferrer-Dalmau, caballero de la SMOCSJ así como de la Maestranza de Caballería de San Fernando, sobrino del famoso pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau.


En España, la Orden ayuda a seminarios y desfavorecidos junto a Cáritas y la Iglesia Necesitada. Fuera, de Siria a Mali, pasando por Líbano, Rumanía y Ucrania, apoya a comunidades cristianas perseguidas y sustenta misiones humanitarias. La Real Asociación de Hidalgos de España tiene suscritos varios convenios de colaboración con ella y aporta fondos para algunos de estos fines.

Vista de Yasinya (Ucrania)

«A través de varios cooperantes conocimos la situación en Yasinya», recuerda Álvaro Zuleta. Gracias a ellos, el alcalde de esta localidad escribió a la Orden: «Una ambulancia, por favor». Se buscó, se compró y se dotó con financiación de los Caballeros y Damas de la Delegación de la Orden en España y en el Reino Unido. En total, más de 40.000 euros.

Para saber más: ABC. Misión secreta: así han llevado don Pedro de Borbón y la Orden Constantiniana una ambulancia a Ucrania

sábado, 30 de julio de 2022

La huella española en el actual territorio de Estados Unidos

 

Más de tres siglos de historia española en el actual territorio de Estados Unidos han dejado una huella relevante en sus emblemas cívicos. Trascurridos doscientos años desde que cesara la soberanía de España, todavía en nuestros días numerosas banderas, escudos y sellos empleados por sus distintas unidades político-administrativas, para identificarse ante sus ciudadanos y otras administraciones, presentan elementos que hacen referencia a su pasada vinculación con España.

Entrevista realizada a David Huidobro Sanz en el programa de David Zurdo en RNE5 "El pasado ya no es lo que era". Para oir el podcast:

https://www.rtve.es/play/audios/el-pasado-ya-no-es-lo-que-era/pasado-ya-no-era-estados-unidos-espanoles/6653712/

La presencia española en el actual territorio de Estados Unidos se remonta al 2 de abril de 1513, cuando Juan Ponce de León, primer gobernador de Puerto Rico, toma posesión de la Florida, la cual había sido descubierta pocos días antes, el 27 de marzo, domingo de la festividad de Pascua Florida, motivo por el cual se le dio aquella denominación. Si consideramos a Puerto Rico, que tiene estatus de estado libre asociado, estando sujeto a la autoridad y poderes del Congreso de los Estados Unidos, esta se remontaría al año 1493, fecha del descubrimiento de la isla por el almirante Cristóbal Colón.


Los dominios españoles abarcaban de este a oeste y de sur a norte del país, llegándose a organizar distintas expediciones a Alaska durante el siglo XVIII, con la intención de colonizar la misma. La soberanía española se extendió por más de 300 años, hasta el 27 de marzo de 1821, en el que se consuma la independencia de México, gran parte de cuyo antiguo territorio forma parte de los actuales Estados Unidos. En concreto, por el Tratado de Guadalupe Hidalgo del año 1848, que puso fin a la guerra entre aquellas dos naciones de Norteamérica, México tuvo que ceder más de la mitad de su extensión a su vecino del norte: la totalidad de lo que hoy en día son los estados de California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México, gran parte de Colorado, y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma.

Bernardo de Gálvez por Augusto Ferrer Dalmau

Asimismo, aunque muchas veces se ignora, mencionándose únicamente la contribución de Francia, España prestó una ayuda decisiva para que las «Trece Colonias» lograran su independencia del Imperio Británico, asistencia que inicialmente fue económica y material para, tras la declaración oficial de guerra de 1779, ser también militar, destacando el papel del hidalgo malagueño Bernardo de Gálvez en las batallas del Fuerte Charlotte (Alabama), que permitió tomar la ciudad de Mobila, y Pensacola (Florida).

jueves, 28 de julio de 2022

Manuela Sáenz. Compañera de Simón Bolivar. “Libertadora del Libertador”

 

Jugó un destacado papel en la lucha independentista. Fue amante de Simón Bolivar y su papel en la gesta emancipadora de América del Sur ahora es admirado y estudiado.

Manuela (o Manuelita, como fue conocida) Sáenz de Vergara y Aizpúru, nació en Quito (Ecuador) cuando pertenecía al virreinato de Nueva Granada, el 27 de diciembre de 1797. 

Pintura de Manuela Sáenz, del pintor Antonio Salas,
exhibida en un museo en Quito, Ecuador

Fue hija natural reconocida del hidalgo Simón Tadeo Sáenz de Vergara y de la Yedra, funcionario de la Real Audiencia de Quito, nacido en Villasur de Herreros, provincia de Burgos en 1751, cuya mujer, Juana María del Campo Larrahondo y Valencia, e hijos vivían en Popayán (Colombia), y de la criolla quiteña, de linaje esclarecido y acomodado, María Joaquina de Aizpúru y Sierra Pambley, quien murió al poco de nacer su hija, de fiebre puerperal.

Retrato, en la Ciudad de Santa Fe de Bogotá,
Colombia en 1830

Manuela Sáenz fue educada desde su más tierna infancia primero por su padre quien le descubrió talentos y dones especiales, y por las monjas del Real Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción, y luego en el Monasterio de Santa Catalina de Siena en Ciudad de Quito, de la Orden de Santo Domingo, acompañada por dos criadas negras Natán y Jonatás que su padre le obsequió como esclavas. Cuando era adolescente vivió Catahuango, la hacienda de sus padres. Joven hermosa e inteligente, fue lectora de los clásicos griegos y autores franceses; aprendió francés y más tarde inglés.

Manuela y su madre se identificaron con la gesta emancipadora; no así su padre quien permaneció fiel a la Corona española, por lo que fue hecho preso al estallar dicho movimiento, aunque posteriormente recuperó su libertad al ser sofocado en 1810. A ella no le pasó desapercibida cierta segregación de parte de la nobleza española, pero su rechazo al régimen autoritario colonial se agudizó a raíz del “Grito de la Independencia”, del 10 de agosto de 1809, a consecuencia de lo cual, los cabecillas fueron encarcelados y ejecutados, al igual que más de 300 personas, entre los cuales se encontraban parientes y amigos de Manuela.

El 10 de agosto de 1809, cerca de su casa, un grupo de patriotas criollos rechazó al presidente de la Real Audiencia de Quito, Manuel Ruiz Urriés de Castilla, lo obligó a abandonar el palacio de Gobierno y proclamó la libertad de la ciudad. Un año después, los realistas volvieron al poder y los independentistas fueron encarcelados y algunos ejecutados.

Su padre, en el afán de asegurar el futuro de Manuela, concertó su matrimonio con un comerciante y armador naval inglés, residente en Lima, Jaime Thorne, mucho mayor que ella, a quien además le entregó 8.000 pesos como dote. El matrimonio se efectuó en Lima en 1817. Allí, en contactos con patriotas y gracias a su medio hermano José M. Sáenz, que llegó en el batallón realista Numancia, logró que su hermano con todo el batallón se pasara a las filas rebeldes.

Guayaquil, puerto principal de la Real Audiencia, proclamó su libertad el 9 de octubre de 1821. Manuela, quien regresó desde Lima a colaborar con los patriotas, avanzó hacia Quito, donde se dio la batalla de Pichincha, que liberó al Ecuador (24 de mayo de 1822).

Después de separarse de su esposo por haberla engañado, regresó a su ciudad natal. Allí estableció una amistad con el general Antonio José de Sucre, venezolano. Junto a él participó en los preparativos de la batalla de Pichincha, que se libró el 24 de mayo de 1822 en las faldas del volcán Pichincha de Quito. Esa lucha selló la libertad de Ecuador.

Simón Bolívar, después de liberar a Venezuela y Colombia, llegó, triunfante, a Quito el 16 de junio de 1822. Manuela le lanzó una corona de rosas y laureles, atada con cintas tricolores, que éste agradeció emocionado. A la noche, en el Baile de la Victoria, Bolívar y Manuela se enamoraron apasionadamente, hasta la muerte. Manuela, se convirtió en la compañera de luchas, secretaria, consejera política y amante.



Simón Bolívar tuvo importante participación en las batallas de Junín y de Ayacucho, del 6 de agosto y 9 de diciembre de 1824, epopeyas realizadas bajo la dirección militar del general Antonio José de Sucre, quien tras las batallas fue designado por el Congreso en Lima como Gran Mariscal de Ayacucho.

Ser mujer no impidió que empuñara la espada. Recibió el grado de Teniente de Húsares del Ejército Libertador por su participación en la Batalla de Pichincha y ascendió al cargo de coronela tras combatir en la Batalla de Ayacucho bajo las órdenes del mariscal A.José de Sucre.

Cuando el general San Martín, después de liberar Argentina y Chile, llegó a Lima, la condecoró por su labor destacada en la lucha por la independencia con la Orden del Sol, consistente en una banda blanca y encarnada con una pequeña borla de oro y una medalla cuya inscripción decía "Al patriotismo de las más sensibles".

En Lima, junto a la guayaquileña Rosita Campuzano, arriesgó su vida para filtrar información sobre los avances del independentista argentino José de San Martín del sur hacia Perú y de Bolívar desde el norte. Por estas acciones ambas fueron galardonadas con la Orden del Sol del Perú y se les dio el grado de Caballeresas del Sol.

La Orden del Sol del Perú fue creada por José de San Martín, por decreto firmado el 8 de octubre de 1821, con el propósito de honrar y distinguir a “los guerreros libertadores, ciudadanos virtuosos y hombres beneméritos”.

Durante su relación sentimental con Simón Bolívar, viudo de la noble María Teresa del Toro y Alayza, con quien estuvo casado entre 1802 y 1803, Sáenz se estableció en Bogotá, donde desde muy temprano sospechó de la traición que planeaba el general Francisco de Paula Santander. Su instinto no estuvo equivocado. El 10 de agosto de 1828 en el teatro Coliseo doce conjurados intentaron asesinar a Bolívar durante un baile de disfraces, pero Manuela los despistó y alertó al Libertador para que escapara. Un mes más tarde, en el palacio de San Carlos de la misma ciudad, en la noche del 25 de septiembre, el comandante Granujo y el coronel Guerra -custodio de Bolívar-, junto con veinticinco soldados deciden capturarlo vivo o muerto; nuevamente es ella quien descubre el intento y lo obliga a escapar por una ventana. Estos actos le mereció el título de “Libertadora del Libertador”.


Tras la muerte de Bolívar, ocurrida el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta, y la desintegración de la Gran Colombia, Manuela siguió defendiendo el proceso y, ante el temor del gobierno de que Manuela encabezase la oposición, el 1 de enero 1834 fue expulsada del país por decreto del general Santander. Más tarde, y tras pasar algún tiempo en Jamaica, ya en tierra ecuatoriana, también fue expulsada por orden del presidente Dr. Vicente Rocafuerte de Ecuador.

Retrato de Manuelita,  Museo de Sucre, en Quito

 El 11 de agosto de 1847 se enteró de la muerte de su marido, James Thorne, asesinado el 19 de junio de ese año. En su testamento, Thorne devolvía a Manuela los 8.000 pesos de la dote más intereses; sin embargo, ese dinero nunca llegó a sus manos.

Manuela Sáenz, murió pobre, inválida y desterrada, víctima de la epidemia de difteria, en la provincia de San Francisco de la Buena Esperanza de Paita (ciudad fundada por Francisco Pizarro en 1532), al norte del Perú, el día 23 de noviembre de 1856. Tras su muerte, para evitar el contagio de la peste, todas sus posesiones fueron incineradas, incluyendo una parte importante de las cartas a Simón Bolívar y documentos de la Gran Colombia que aún mantenía bajo su custodia.