La Real Academia de la Historia presenta un nuevo espacio temático, “Los Reyes de España y sus genealogías”.
Ya disponibles la Casa de Austria y la Casa de Borbón, este espacio irá incorporando en fases sucesivas los enlaces a más de 700 biografías, relativas a Condes y Reyes de Aragón, Reyes de Pamplona; Condes y Reyes de Castilla, Reyes de León; Reyes de Navarra; Reyes de Asturias y León y Condes de Barcelona.
Tras haber detectado la ausencia de un recurso digital estable que ofrezca el árbol genealógico completo de nuestras dinastías reinantes, este gran espacio temático nace con la vocación de convertirse en una herramienta de referencia para dar respuesta al gran interés que sigue encerrando una exposición detallada de las dinastías que sucesivamente reinaron en nuestro país.
Pero adelantándose a este proyecto, tenemos la obra en dos volúmenes de la historiadora Myriam Sagarribay: "De los Borgoñones a los Borbones. Una historia incompleta", Ed. Egeria 2021 y 2026.
La historia de España, además, encierra una circunstancia concreta que la hace única en el contexto europeo. Y ésta consiste en la relación familiar que implica a todas sus diferentes dinastías. En efecto, nuestro actual rey, Don Felipe, desciende por línea biológica ininterrumpida del duque Pedro de Cantabria, personaje a caballo entre los siglos VII y VIII, a quien las antiguas crónicas hacen descendiente de los reyes godos. Desde el ascenso al trono asturiano de Vermudo I, nieto de este personaje, en el año 788, hasta el de Felipe VI, su cuadragésimo nieto, transcurren más de mil doscientos años en los que esta misma familia ha reinado ininterrumpidamente, primeramente, sólo en Asturias y más tarde en León y Castilla, hasta completar la reconquista en 1492.
Lo que hace además inigualable este caso en el mundo dinástico europeo es que, de los cuarenta y dos personajes de esta cadena biológica, entre Vermudo I y Felipe VI, todos han sido reyes menos dos: el Delfín Luis, padre de Felipe V, y el abuelo de nuestro actual monarca, Don Juan de Borbón.
En la Monarquía española, al contrario de lo habitual en todas las demás de Europa, no han existido rupturas dinásticas, pues, aunque han podido ocurrir usurpaciones de derechos o saltos generacionales –recuérdese al Infante de la Cerda, en el siglo XIII; el fratricidio de Montiel en el XIV; o, recientemente, el caso del Conde de Barcelona–, siempre se ha recurrido para su sustitución a miembros de la misma dinastía, pues, los dos únicos proyectos rupturistas, José Bonaparte y Amadeo de Saboya, no tuvieron éxito.











