Tuvo un papel muy importante en la implantación de la Casa de Borbón en
España. Alcanzó el obispado de Cartagena-Murcia en 1705. Después, Clemente XI
lo elevó a Cardenal. Fue, además de un destacado religioso, guerrero, además de
político durante el reinado de Felipe V.
Luis Antonio Belluga y Moncada, nació
en Motril (Granada) el 30 de noviembre
de 1662, en el seno de una familia hidalga de ascendencia aragonesa; hijo de Luis de Belluga y Moncada Ramirez y María Francisca del Castillo López de Haro.
Huérfano desde la más tierna
infancia, Luis Belluga quedó al cargo de su tío Luis Belluga y Mortara, cura beneficiario de
la parroquia de Motril y los Religiosos Mínimos de San Francisco de Paula lo
educaron. Pronto mostró gran vocación sacerdotal y, cuando tenía catorce años,
lo ordenaron sacerdote. Realizó estudios en Granada, en el Colegio Mayor de
Santiago. Más tarde, pasó al Colegio de Santa Mª de Jesús en Sevilla, donde se licenció y doctoró
en Teología en 1686.
En el Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla se conserva su expediente de limpieza de sangre, la toma de posesión de la beca, en 28 de enero de 1686, y una amplia noticia sobre él en la Memoria de los S.S. Colegiales que ha havido en esta Santa Casa y Colegio Mayor de Santa María de Jesús Universidad de Sevilla... desde el año de 1517 hasta 1782.
Tras doctorarse, lo nombraron
canónigo lector de la Catedral de Zamora (1687). Después ganó la canonjía de
Córdoba, conociendo la Congregación de Sacerdotes y Oratorio de San Felipe Neri
y siguiendo su regla a partir de entonces. Allí estuvo hasta febrero de 1705,
cuando pasa a ocupar la diócesis de Cartagena. Por entonces, ya era ferviente partidario
de la causa borbónica.
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Estatua del cardenal Belluga en Murcia
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Siguiendo la estela de otros prelados-políticos como Richelieu o
Mazarino, desde su responsabilidad episcopal jugó un papel decisivo en
la Guerra de Sucesión que batía a España entre dos candidatos al trono
del finado Carlos II: Felipe de Anjou y Carlos de Habsburgo.
Comienza en Murcia-Cartagena su
época más activa como obispo y se convierte en un personaje destacado en el
campo político, siendo nombrado virrey y capitán general del reino de Murcia y Valencia, tomando partido por el bando borbónico en la Guerra de Sucesión; comandó
tropas en algunos enfrentamientos de la guerra, como en la llamada Batalla del Huerto de las Bombas, el 4 de septiembre de 1706, con resultado favorable
para Belluga y los felipistas, obligando a los partidarios derrotados del
archiduque a huir a Orihuela. Después, contraatacó en la batalla del Albujón,
tras lo que recuperó Cartagena.
Una vez sometido el sur del reino
de Valencia, Belluga trató de apoderarse del norte del mismo, aún ocupado por
las tropas del archiduque. De este modo, se llegó a la famosa batalla de
Almansa, en 1707. Entonces, los borbónicos, bajo el mando del duque de Berwick,
vencieron de manera decisiva a los partidarios del Archiduque Carlos de Austria,
y tomaron rápidamente el reino valenciano.
El Cardenal Belluga es recordado
en la comarca de la Vega Baja del Segura por la fundación de diversos lugares de colonización. Puso en cultivo nuevas tierras, necesarias para la mejora de la
economía. Destacó el pueblo de Nuestra Señora de los Dolores, que acabó
llamándose Dolores y otras poblaciones cercanas. Además, creó el Seminario de
Teólogos y construyó hospicios, hospitales y desarrolló otros proyectos y obras pías.
Por la negativa del rey Felipe V
para cambiar la capital del reino propuesta por Belluga, abandonó el
virreinato. Esta oposición hizo que la relación con el rey se fuese
deteriorando.
Poco después, en 1719, fue
nombrado cardenal por el papa Clemente XI. Participó en el cónclave de 1721 que
eligió papa a Inocencio XIII y, también participó en el cónclave de 1724 que
eligió papa a Benedicto XIII y a partir de entonces se quedó a vivir en Roma,
resignando a la sede de Murcia. También participó en los cónclaves de 1730 que
eligió papa a Clemente XII y de 1740 que eligió papa a Benedicto XIV. Así, en
1723, Luis Belluga renunció a la mitra de Cartagena y se trasladó a Roma, donde
falleció el 22 de febrero de 1743, habiendo desarrollado una intensa labor en
la Curia vaticana, en las congregaciones en las que participó.
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