viernes, 23 de febrero de 2018

Francisco Vázquez de Coronado. Descubridor del “Lejano Oeste”. Gobernador de Nueva Galicia (México)


A pesar de que su misión de encontrar oro no tuvo éxito, él fue uno de los primeros exploradores europeos en visitar lo que hoy es parte del suroeste de Estados Unidos. Descubrió y recorrió las grandes praderas norteamericanas, las Montañas Rocosas, el Gran Cañón y el río Colorado, el territorio de los indios pueblo y los territorios de Nuevo México, Texas, Arizona y Kansas.


Francisco Vázquez de Coronado y Luján nació en el seno de una familia hidalga, en 1510 (probablemente en Salamanca. Hijo segundo de Juan Vázquez de Coronado y Sosa de Ulloa y de  Isabel de Luján), se desconoce su vida hasta 1535, cuando pasó a América en compañía de su amigo don Antonio de Mendoza y Pacheco primer Virrey de México (1535-1550). Éste le nombró Gobernador de Nueva Galicia*, en 1537, una provincia recién conquistada, que correspondía a gran parte de lo que hoy es Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes, sustituyendo a Nuño Beltrán de Guzmán, acusado y condenado culpable de maltratos a los nativos. Se trasladó allí junto con su esposa doña Beatriz Estrada, con la que acababa de contraer matrimonio, oriunda de Ciudad Real e hija del tesorero Alonso Estrada e Hidalgo. Sofocó una revuelta indígena en Culiacán y evitó con ello la retirada de los españoles, contribuyendo además al esplendor de ciudades como Guadalajara.

El Reino de Nueva Galicia era uno de los dos únicos reinos autónomos del virreinato d eNueva España

En 1536 llegaron a San Miguel de Culiacán Alvar Núñez Cabeza de Vaca y sus tres compañeros (uno de ellos el negro Estebanico), supervivientes de la gran expedición de Pánfilo de Narváez, tras haber recorrido una parte del sur de lo que hoy son los Estados Unidos, con noticias de los numerosos pueblos indígenas existentes al norte de México. Así pues, cuando llegaron a México noticias sobre las fabulosas «siete ciudades de Cibolay Quivira», situadas al norte de Nuevo México, que, según la leyenda, acumulaban inmensas riquezas, Vázquez partió hacia allí al mando de una expedición ordenada por el virrey Mendoza. Hernán Cortés y Pedro de Alvarado se interesaron por Cíbola, ya que aseguraron que las ciudades estaban en sus jurisdicciones, pero el virrey estimó que era una empresa que le correspondía dirigir y mandó a su amigo Vázquez de Coronado que preparase una gran expedición colonizadora.

Vázquez de Coronado partió de Compostela el 23 de febrero de 1540 provisto de un gran dispositivo, ya que no iba a explorar, como siempre se ha dicho, sino a conquistar y colonizar Cíbola. Llevaba 12 cañones y abundante munición para la guerra, 150 soldados de caballería y 200 infantes, 800 indígenas y abundante ganado y semillas. Mendoza ordenó asimismo que dos buques, bajo las órdenes de Fernando de Alarcón y Marcos Ruíz, salieran al mismo tiempo del puerto de La Natividad para llevar provisiones a Jalisco y estar a disposición de Coronado. Fernando de Alarcón, tras navegar por la costa occidental mexicana llegó al golfo de California, donde encontró la desembocadura del río Colorado.

Tras dos meses y medio de viaje, Coronado llegó a Cibola y comprobó la falsedad de los prometedores relatos: las siete ciudades no eran sino un conjunto de poblados hechos de piedra y adobe y habitado por indios que no sabían lo que era el oro. El mito se desvaneció en el aire, pero los indios de Cíbola dijeron a Coronado que había otras siete ciudades llamadas Tusayán, en dirección noroeste. Vázquez de Coronado envió a dicho lugar al capitán Pedro de Tovar con 17 jinetes y algunos infantes. Tusayán fue otra desilusión pero allí, Tovar oyó decir a los indios que al oeste de su país había un gran río. Cuando regresó a Cíbola con la noticia, el Gobernador Vázquez de Coronado ordenó a García López de Cárdenas que tomara 12 hombres y fuese a descubrir el río. La patrulla cruzó el desierto durante 20 interminables días hasta que lo encontró. Su sorpresa fue verlo al fondo de un inmenso cañón. Estaba mil metros más abajo de donde se encontraban, en una garganta muy profunda. Se trataba del Cañón del Colorado, que divisaron desde arriba. Bautizaron el río como Tizón (Colorado) e intentaron descender al mismo, pero fue imposible a causa de lo escarpado de las paredes del Cañón. Tovar y sus hombres regresaron a Cíbola y contaron a sus compañeros su extraño hallazgo; aseguraron que las paredes del cañón en cuyo fondo estaba el río tenían hasta tres o cuatro leguas de altura, pero todos lo creyeron una exageración.

López de Cárdenas descubre el Cañón del Colorado(por Augusto Ferrer-Dalmau)
 Al llegar la primavera, Coronado decidió ir en busca de Quivira, el 23 de abril de 1541. Pasó por Cicuye y luego por un gran río (seguramente el Pecos), que denominó igual que la provincia indígena. Continuó con dirección noreste a través de las inmensas praderas existentes entre las Montañas Rocosas y el río Mississippi. 

 
Los españoles vieron entonces por primera vez los bisontes, que llamaron “vacas salvajes”; quedaron impresionados y enviaron algunas partidas para cazarlos.

Dibujo de un bisonte (1598). Acompaña a la “Relación de la jornada de las vacas de Cíbola” que hizo el sargento mayor Vicente de Zaldívar en la provincia de Nuevo México. Los españoles denominaron cíbolos a los bisontes, por habitar las llanuras de la región donde habían creído encontrar la ciudad de Cíbola.

Vázquez de Coronado se guiaba con la brújula, como si fuera navegando y enviaba destacamentos en distintas direcciones con objeto de obtener noticias de Quivira. Una patrulla, mandada por Rodrigo Maldonado, encontró una banda de querechos que informaron del paso de cuatro españoles por aquellos lugares (Cabeza de Vaca y sus acompañantes). Otra encontró a los indios pintados de Texas, que estaban en guerra con los anteriores, quienes dijeron que Quivira estaba a unos 40 días de camino, en dirección norte. Vázquez de Coronado juzgó imprudente continuar hacia dicho objetivo con todo su ejército y le ordenó regresar a Tigüez, cerca del río Bravo, para seguir luego adelante sólo con 30 jinetes. Al cabo de un mes llegó a otro gran río, (quizá el actual Arkansas). Tras pasarlo, continuó avanzando con dirección noreste durante dos semanas. Allí apareció Quivira, pero lo que encontró lo desilusionó totalmente. No se sabe donde estuvo realmente Quivira, pero posiblemente fuera cerca del actual Wichitta, en el estado de Kansas, más allá del río Arkansas. Según el relato que envió al Emperador, había llegado hasta los 40º de latitud norte y estaba a 950 leguas de México. En Quivira oyó hablar de otro gran río cercano (el Missouri), pero consideró imprudente continuar en su búsqueda, ya que se aproximaba el invierno y era conveniente regresar a su campamento base, en Tigüez, antes de que los ríos crecieran demasiado y fuera imposible pasarlos, además de que se encontraba en una tierra muy fría y con nevadas. De haber seguido hacia el sureste es muy posible que se hubiera encontrado con la expedición de Hernando de Soto, que e encontraba por entonces en el río Misisipi.


Expedición de Coronado porel suroeste americano
Vázquez de Coronado invernó en Tigüez y al llegar la primavera de 1542 preparó otra expedición hacia el noreste, pero sufrió una caída del caballo en un torneo con Pedro Maldonado, se golpeó en la cabeza y estuvo maltrecho durante semanas. Los españoles hicieron consejo de guerra para tomar una determinación y decidieron finalmente abandonar las exploraciones y regresar a México. Así, los expedicionarios volvieron a México en 1542, donde el virrey Mendoza le recibió con mucha frialdad por haber desobedecido sus órdenes de colonizar al norte de México.

Coronado quedó desilusionado de que no se le reconocieran sus esfuerzos y se retiró a sus posesiones de Nueva Galicia, donde falleció en el otoño de 1554.

martes, 20 de febrero de 2018

Juan de Alcega. Matemático y sastre


Hombre culto y descendiente de una casa ilustre de Guipúzcoa. Matemático; autor del  tratado sobre la técnica del oficio de sastre, publicado en Madrid en 1580.


Del linaje de los Alcega formaron parte muchos miembros de gran renombre. Su solar originario estaba ubicado en Hernani, según las crónicas del historiador Lope Martínez de Isasti, pero la casa principal del linaje estuvo en Fuenterrabía (Guipúzcoa). Una dinastía de generales y almirantes de flotas navales y mercantes. El más característico fue Juan de Alcega, general en la flota de la Carrera de las Indias durante las primeras décadas del reinado de Felipe II.. Su padre llegó a ocupar el rango de general en la Armada de Isabel la Católica. Estuvo casado con Catalina Alquiza, y muerto hacia el año 1573. De este matrimonio nació Juan, que destacó en la segunda mitad del siglo XVI en el campo de las matemáticas y por escribir el “Libro de Geometría, Práctica y Traça”. También, fue general de Marina y caballero de la Orden de Santiago.

Armas del linaje Alceaga
En la España del siglo XVI, el interés por las matemáticas se desarrolló en dos ámbitos claramente distintos: primero, como disciplina teórica en el seno de la cultura académica (mundo al que no pertenecía Alcega); y segundo, como base de aplicaciones prácticas en diversos campos técnicos y artesanales. Un buen ejemplo de cómo se incorporaron los saberes matemáticos a esa práctica artesanal se encuentra en la que fue la gran contribución de Alcega a la ciencia, que fue calificada por críticos e historiadores como "la primera obra de sastrería impresa en España", sirviendo de modelo a otras posteriores.

Se trata del Libro de Geometría, Práctica y Traça, publicado en Madrid en 1580 (tuvo algunas dificultades para publicarlo debido a las resistencias del gremio medieval de sastres, que pensó que estaba revelando los secretos de su arte). Al igual que algunos de los sastres contemporáneos y posteriores como Martín de Andújar o el Sastre del Campillo, Alcega estaba fascinado por el arte de la geometría práctica y creía que sin ella no era posible lograr la perfección de la alta costura.






Para la elaboración de todo tipo de prendas, Alcega trazó detallados patrones, explicando incluso cómo debían disponerse las distintas piezas sobre el tejido, para su mejor aprovechamiento a la hora de cortarlas. Alcega dividió su obra en tres partes:
·        la primera incluye un interesante apéndice acerca del origen y principio de la vara de medir, trata cómo pueden reducirse paños y telas;

·        la segunda describe diversos tipos de vestidos y patrones (mantillos de seda, capas, mantos militares, sayas, vasquiñas, etc.);

·        la última explica cómo usar tablas para reducir anchos y largos de las telas que forman los vestidos descritos.

No parece que se trate de una publicación fortuita u ocasional, de hecho, adjunta la aprobación de dos maestros del oficio.

viernes, 16 de febrero de 2018

Antonio Cánovas del Castillo. Político conservador, y escritor


Presidente del Consejo de Ministros de España durante casi 25 años (siete veces), fue el mayor artífice del régimen de la Restauración. A pesar de ser considerado como uno de los más brillantes políticos conservadores de la historia contemporánea española, ha sido muy criticado por la oposición por crear una falsa apariencia de democracia mediante el "turno de partidos", por suspender la libertad de cátedra en o por su postura favorable al esclavismo.


Antonio Cánovas del Castillo nació en Málaga, el 8 de febrero de 1828, en el seno de una familia ilustre pero modesta. Su padre, Antonio Cánovas García era maestro en el Colegio de San Telmo para huérfanos del Ejército y de la Marina. Además fundó un colegio que también dirigía; su madre Juana del Castillo y Estébanez, prima del destacado escritor Serafín Estébanez Calderón, conocido bajo el apelativo de “el Solitario”. Era el mayor de seis hermanos y, en esa misma ciudad conocería a su futura esposa, Juana del Castillo Ibáñez, perteneciente a una buena familia aunque sin medios económicos. En 1887 contrajo nuevo matrimonio, con Joaquina de Osma y Zavala, hija de los marqueses de La Puente y Sotomayor 30 años más joven que él.

Ex libris, con su escudo de armas
 La muerte del padre, acaecida en 1843, supuso un fuerte golpe a la economía familiar ya de por sí no muy boyante. La madre tuvo que vender algunos terrenos y Antonio consiguió el puesto de ayudante en el Colegio de San Telmo mientras seguía estudiando. Dos años después fundó la revista 'La Joven Málaga'

Licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid en 1853, sus inquietudes se dirigieron inicialmente hacia la literatura y la historia. Escribió notables trabajos sobre los Austrias y la decadencia española, que le valieron el ingreso en la Academia de la Historia (1860). También fue miembro de la Real Academia Española (1867), la de Ciencias Morales y Políticas (1871) y la de Bellas Artes de San Fernando (1887).

Sus inquietudes intelectuales se canalizaron, además, a través del Ateneo de Madrid, que presidió en 1870-74, 1882-84 y 1888-89. A la política llegó a través del periodismo, trabajando desde 1849 en el diario de Joaquín Francisco Pacheco, líder del grupo «puritano» que representaba el ala más conciliadora del Partido Moderado. Esa vocación centrista quedó confirmada al integrarse en la Unión Liberal, partido creado por O'Donnell para interponerse entre moderados y progresistas.

Su primera responsabilidad política fue la redacción del Manifiesto de Manzanares, que hizo públicas las posiciones de los militares participantes en la llamada “Revolución de 1854” (O'Donnell, Serrano y Dulce). Fue ocupando puestos políticos de importancia, como los de diputado en las Cortes constituyentes de 1854-56, gobernador civil de Cádiz, director general de Administración Local, subsecretario de Gobernación, ministro del mismo ramo (1864) y de Ultramar (1865-66).

Su actitud ante la insurrección de los sargentos del Cuartel de San Gil (1866) le costó el destierro a Palencia, permaneciendo apartado de todo protagonismo político hasta que estalló la Revolución de 1868, que destronó a Isabel II.

Durante el Sexenio Revolucionario de 1868-74, Cánovas asumió el liderazgo de una minoría conservadora en las Cortes, señalándose en los debates contra el sufragio universal y la libertad de cultos. Atacó tanto al régimen democrático de Amadeo de Saboya como a la Primera República que le sucedió, aprovechando para restaurar la monarquía de los Borbones, pero no en la persona de la ex reina Isabel
cuyo descrédito había provocado la revolución, sino en la de su hijo Alfonso, a quien haría reponer como rey con el nombre de Alfonso XII.


Una vez que abdicó la reina madre en el exilio (1870), Cánovas consiguió plenos poderes para dirigir la causa monárquica (1873), mientras orientaba la educación del príncipe en Inglaterra y le hacía proclamar el llamado Manifiesto de Sandhurst, en el que trazaba las líneas directrices de una futura monarquía parlamentaria, liberal y moderada. Fue fortaleciendo la causa alfonsina en medios políticos y acrecentando la viabilidad de la restauración, peroel general Martínez Campos se le adelantó, proclamando al rey mediante un pronunciamiento militar en Sagunto (1874). Sin embargo, por primera vez en la historia de los pronunciamientos españoles, los militares no ocuparon el poder, y pusieron en él a Cánovas, como líder de los partidarios de la Monarquía: el último día de 1874, Cánovas formó un gobierno que ejercería la regencia hasta la llegada de Alfonso XII.

Dueño de un poder incontestado, Cánovas realizó en los dos años siguientes una obra ingente, que puso las bases del régimen de la Restauración, el cual habría de perdurar hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera (1923). Preparó e hizo aprobar la Constitución de 1876, estableciendo una monarquía liberal inspirada en las prácticas parlamentarias europeas. La clave era acabar con la violencia política y los pronunciamientos militares que habían marcado el reinado de Isabel II, asentando la primacía del poder civil. Pero para ello había que garantizar la alternancia pacífica en el poder; Cánovas diseñó un modelo bipartidista al estilo británico, formando él mismo un gran Partido Conservador a partir de la extinta Unión Liberal, y encontró en Sagasti la figura que asumiría el liderazgo del Partido Liberal, con el cual se turnarían los conservadores en el poder.

Tras gobernar casi sin interrupciones hasta 1881, Cánovas dejó el poder a Sagasta, recuperándolo en 1884. Al morir Alfonso XII en 1885 y para consolidar la regencia de María Cristina, selló con Sagasta el llamado “Pacto de El Pardo”, por el cual ambos partidos se sucederían sin enfrentarse en la gobernación del país. La peculiaridad del régimen canovista era que las elecciones constituían una farsa manejada por las redes oligárquicas del caciquismo, mientras que el Parlamento y el gobierno se formaban de espaldas a la opinión pública, en función de pactos entre los líderes de los dos partidos dinásticos y con una intervención decisiva de la Corona.

Cánovas volvió a presidir el Consejo de Ministros en 1890-92 y en 1895-97. En su haber como gobernante hay que anotar la pacificación del país, poniendo fin a la sublevación cantonal (1874), la Tercera Guerra Carlista (1875) y la Guerra de los Diez Años en Cuba (1878). Pero se mostró impotente ante los nuevos conflictos que suscitaban el nacionalismo catalán, el movimiento obrero, el anarquismo, las disidencias internas de su partido (Francisco Silvela) y la reaparición del movimiento independentista en Cuba (1895). Murió asesinado por un anarquista italiano durante su estancia veraniega en un balneario, el 8 de agosto de 1897.



Cánovas y su mujer estaban en el balneario de Santa Águeda en Guipuzcoa donde iba todos los años desde hacía casi treinta. Allí fue asesinado por el anarquista italiano Michele Angiolillo, que se justificó alegando que vengaba la muerte de anarquistas torturados en el castillo de Montjuich en un proceso relacionado con la represión de las prácticas terroristas en Barcelona durante los últimos años del siglo.


El ducado de Cánovas del Castillo es un título nobiliario con GdE que concedió la regente María Cristina, el 22 de julio de 1901, a su viuda Joaquina de Osma y Zavala

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martes, 13 de febrero de 2018

Juan Gregorio Bazán. Conquistador, gobernador de Tucumán (Argentina)


Hidalgo castellano y uno de los conquistadores y primeros colonizadores del actual Noroeste argentino a mediados del siglo XVI. Combatió a Gonzalo Pizarro en la batalla de Jaquijaguana, en la guerra civil del Perú ente Pizarristas y Almagristas. Fue gobernador del Tucumán (actualmente en Argentina) entre 1554 y 1556.

Mapa de la Provincia del Río de la Plata hecho por los jesuitas, circa 1600
Juan Gregorio Bazán nació en Talavera de la Reina (Toledo), alrededor de 1510. Hijo de Gregorio Madrigal y de Bazán*, fue hidalgo y sobrino del conquistador Francisco de Aguirre. Contrajo matrimonio en su ciudad natal, en 1535, con Catalina de Plasencia, de noble estirpe, hermana de Pedro Gonzalez de Plasencia, Mayorazgo lugareño. Con ella tuvo a María, que luego se casó con el capitán Diego Gómez de Pedraza. Bazán era primo hermano de Francisco de Aguirre.

Armas de la Casa de Bazán
*Su familia era de Talavera de la Reina: "Ciudad de caballeros, cofradías -de las que sólo se era cofrade siendo hidalgo-, apellidos ilustres y mayorazgos ricos. Uno de éstos fue el de los Gregorio. Nuestro protagonista pertenecía a ese linaje; su madre se apellidaba Bazán. Fue el fundador de esa estirpe en América; sus servicios y los de sus descendientes, en política, milicia y religión, hicieron de ella una de las más ilustres familias del interior" (Elena Brizuela y Doria, "La estirpe del conquistador Juan Gregorio Bazán entronca con el Vínculo de Sañogasta (La Rioja)", Tucumán, 2005). Así, en la pequeña ciudad, iban naciendo las primeras familias argentinas, y algunas de ellas con gran futuro histórico.

Llegó a América en torno a 1540, Reinando Carlos I, más precisamente a Panamá, bien equipado con armas y criados. Pasó luego al Perú, donde formando parte del ejército de Pedro de La Gasca y bajo las órdenes del capitán Pablo de Meneses, combatió a Gonzalo Pizarro en la batalla de Jaquijaguana, durante la guerra civil entre los partidarios de Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Allí alcanzó el grado de capitán.

Entró al Tucumán en 1551 junto a Juan de Santa Cruz y Miguel de Ardiles, llegando a la ciudad de El Barco II fundada por Juan Núñez de Prado en los Valles Calchaquíes. En 1553 acompañó a Francisco de Aguirre en la fundación de la ciudad de Santiago del Estero. En marzo de 1554, cuando Aguirre debió marcharse a Chile, lo designó teniente de gobernador y justicia mayor de ella. A principios de 1556, Bazán entregó el mando a Rodrigo de Aguirre, sobrino de Aguirre.

Plaza Independecia y La Catedral de San Miguel de Tucumán

Se dedicó a fomentar el precario crecimiento de esa ciudad, que se convertiría luego en el primer asentamiento permanente argentino. En 1560 asistió al gobernador Juan Pérez de Zurita en la fundación de Cañete. Luego participó en la fundación de San Miguel de Tucumán en 1565, ciudad en la que fue teniente de gobernador. También lo fue en Talavera en ese mismo año, ciudad que organizó y fortificó. Dicho asentamiento servía de posta en el camino entre Santiago del Estero y Charcas. Como para ello era necesario un amplio abastecimiento de mano de obra indígena, en 1568 Bazán hizo de esto su principal prioridad y recorrió toda la zona circundante explorando nuevos territorios hacia el río Bermejo, procurando obtener los aborígenes requeridos, ya fuera por la diplomacia, los incentivos o la fuerza.

A finales de 1569 Bazán salió de Talavera y viajó al Perú a buscar a su esposa, su hija María Gregoria Bazán, su yerno Diego Gómez de Pedraza, y su nieta Francisca Bazán, que habían venido de España acompañando al virrey Francisco de Toledo. Fueron sorprendidos por los indios y murió valientemente defendiendo a su familia, acribillado a flechazos junto a su yerno Diego Gómez de Pedraza en el valle del río Ciancas (cerca de Jujuy) en el mes de agosto de 1570. Su mujer e hijos se salvaron huyendo a pie recorriendo más de cien kilómetros acompañados de su esclavo negro "Francisco Congo". Le cupo al gobernador Nicolás Carrizo la tarea de ir a buscar el cuerpo de su antiguo compañero de conquistas y llevarlo a Santiago del Estero, en cuya Iglesia mayor se celebraron solemnes exequias.

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viernes, 9 de febrero de 2018

Andrés Díaz Venero de Leyva. Presidente de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá


Doctor en Leyes por Valladolid y primer presidente togado del Nuevo Reino de Granada, institución con la cual se independizó del Perú, se le ordenó suprimir el servicio personal indígena y establecer el sistema de amonedación.

Andrés Díaz Venero de Leyva (o Leiva) era hijo de Pedro Sanz Venero de Leyva, que tuvo casa en Celadilla-Sotobrín, en la Merindad de Rio Ubierna (Burgos), y de doña María Sanz de Orna y Sandoval, de la casa de Orna, en el lugar de Pontones (Cantabria). Se ignora su fecha de nacimiento, que pudo ser en torno a 1515, ni tampoco donde nació, que pudo ser bien en Celadilla, donde estaban afincados sus padres, o en Leyva (La Rioja) donde estaba la casa solariega de su linaje (emparentado con los marqueses de Leyva, los condes de Baños y los príncipes de Asculi en Italia). Sus abuelos Pedro Sanz Venero de Leyva y Mencía Sanz de Venero vivieron en el viejo solar de Leyva. Su familia fue oriunda de Castillo, en las cercanías de Laredo (Cantabria), en la Merindad de Trasmiera.

 
Estudió en la universidad de Valladolid y antes de ir a América fue convictor mayor y catedrático de Vísperas y Cánones del Colegio de Santa Cruz (fundado por el cardenal Mendoza para la formación de las élites destinadas al más alto funcionariado del Reino) en Valladolid (1548, contando Andrés 33 años); posteriormente estuvo de fiscal y oidor del Consejo y Contaduría de Castilla (1554).

Las pugnas entre los Oidores y los Visitadores hicieron que el gobierno de la Real Audiencia no diera los resultados esperados por la corona. Por esta razón, el rey Felipe II creo en el nuevo territorio un gobierno investido de autoridad administrativa y política: la Presidencia del Nuevo Reino de Granada.

El primer presidente de la Real Audiencia de Nueva Granada llegó a Santafé en febrero de 1564 y gobernó durante una década. El 28 de octubre de ese mismo año, abolió "los servicios personales" de los indios en las labores domésticas, el pastoreo y el aprovisionamiento de forrajes. Limitó la labor de exploración y conquista de nuevas tierras con el argumento de fortalecer con la presencia de la Corona las tierras ya conquistadas.

Estableció el modo de trabajo de la Audiencia. Mejoró la administración mediante el establecimiento de penas pecuniarias para la Cámara y el traslado de la Caja Real a un edificio apropiado, independiente del que vivía el tesorero. Finalmente trató de ordenar el régimen minero con la prohibición de comerciar con oro en polvo, lo que se prestaba a toda clase de fraudes. Dio ordenanzas para el trabajo minero en Santa Ana y Mariquita y envió inspectores para las minas de esmeraldas de Muzo.

Bajo su administración se inició la construcción de la catedral de Santafé en 1572 y se concedió a esa capital el título de ciudad "muy noble y muy leal". Comisionados por él, Juan de Otálora y Francisco Villalobos, fundaron la ciudad de Villa de Leyva (su Plaza Mayor es la mayor de Colombia) el 29 de abril de 1572, respondiendo las inquietudes de nuevos colonos españoles.

Panorámica de la Plaza Mayor de Leyva


Escudo de Villa de Leyva. De sinople un castillo ajedrezado de oro y gules ardiendo y acostado de dos amonitas; dicho castillo sobre ondas de agua de plata y azur. Bordura de gules con trece estrellas de oro de seis puntas. Timbre: corona mural de oro forrada de gules.

Estuvo casado con María de Hondegardo y Zárate (descendiente de una de las familias más importantes de Valladolid, hermana del licenciado Juan Polo de Hondegardo y sobrina del contador Agustín de Zárate), de cuya unión tuvo nueve hijos. Su esposa y él fueron objeto de graves acusaciones de soborno, en especial por acciones sospechosas de su esposa para favorecer a conocidos y amigos. Finalizado su mandato, superó el "Juicio de Residencia" en el que se vieron todas estas acusaciones y volvió a España a fines de 1574 como miembro del Consejo de Indias y murió en Valladolid en julio de 1578; fue enterrado en una capilla que había erigido en el monasterio de San Francisco de dicha ciudad.

Escultura funeraria de la familia Venero de Leyva (Valladolid)
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La Audiencia y Cancillería Real de Santafé o Santa Fe, fue el más alto tribunal de la Corona española sobre el territorio del Nuevo Reino de Granada. Tuvo sede en Santafé. Hasta la constitución definitiva del Virreinato de Nueva Granada (1739), su territorio jurisdiccional pertenecía administrativamente al Virreinato del Perú.Fue creada en 1549. En su origen, se encargó a esta Real Audiencia administrar y pacificar el territorio; sin embargo, entre 1564 hasta 1717, poseyó un presidente al que se le otorgaron funciones gubernativas.

martes, 6 de febrero de 2018

La Real Asociación de Hidalgos de España concede a Augusto Ferrer-Dalmau la Cruz al Mérito


El pintor Augusto Ferrer-Damau ha sido galardonado con la Cruz al Mérito, distinción que concede la Real Asociación de Hidalgos de España en reconocimiento a los méritos extraordinarios alcanzados por esta persona por su trayectoria en la difusión de la historia y cultura española y su compromiso por rescatar la memoria de los acontecimientos extraordinarios y heroicos protagonizados por España, que hacen de nuestro país una nación clave en la Historia Universal.

D. Manuel Pardo de Vera, D. Augusto Ferrer-Dalmau y D. Fernando González de Canales



Miembros de la Junta Directiva RAHE conAugusto Ferrer-Dalmau

El acto se ha desarrollado en la sede social de la Real Asociación de Hidalgos de España, con la entrega de la medalla y diploma por su Presidente, Manuel Pardo de Vera y Díaz, acompañado por una representación de su Junta Directiva.

El pintor Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, nacido en Barcelona en 1964, está considerado el mejor pintor de temática militar del mundo, con gran naturalismo y atención al detalle. A lo largo de su trayectoria profesional, muy comprometida con la Historia, ha realizado exitosas exposiciones en Madrid, Londres, Paris, Nueva York, etc. Aparte de colecciones particulares, su obra puede contemplarse, entre otros, en museos como el Museo Histórico Militar, el Museo de la Guardia Real o los Museos de los regimientos Farnesio, Lusitania, Numancia, Montesa, Alcántara y Asturias.


La Cruz al Mérito concedida reconoce “los méritos extraordinarios alcanzados por personas o instituciones en la promoción y desarrollo de actividades patrióticas, culturales o asistenciales relacionadas con los fines de la Real Asociación de Hidalgos de España, con un permanente espíritu de servicio a la Nación y a sus ciudadanos, dando ejemplo de los valores propios de la hidalguía y del humanismo cristiano”.

viernes, 2 de febrero de 2018

Juan Martinez de Recalde. Célebre marino vizcaíno, héroe de la Gran Armada



Uno de los grandes marinos del siglo XVI que quedó un tanto tapado a la alargada sombra de Don Alvaro de Bazán.

Héroe de la Gran Armada, también se distinguió en la construcción naval. Dio escolta a las flotas de Indias y consiguió recuperar, con buzos, un cargamento de oro hundido en el archipiélago de Madeira.


Juan Martinez de Recalde Larrinaga nació en Bilbao, en torno a 1526, aunque era de ascendencia guipuzcoana, hijo de Juan Martínez de Recalde, que trabajaba como “proveedor real de navíos”, al servicio de Carlos V, sirviéndole como persona de su confianza en Bilbao; en 1553, cuando cayó enfermo, su hijo le reemplazó. Su madre fue Sancha de Larrinaga, y contrajo nupcias con doña Isabel de Idíaquez e Idíaquez, sobrina de don Juan de Idíaquez, secretario de Felipe II, y que fueron celebradas el día 8 de enero de 1585

Genealogía de los Juan Martínez de Recalde, de Bilbao
Recalde, que figuraba en las actas del Concejo como hidalgo en la villa de Bilbao, empezó muy joven dentro de la Escuadra de Vizcaya encargada de la defensa del Cantábrico y que dio grandes glorias y servicios. Entre sus trabajos estuvo la supervisión de la construcción de los barcos en los astilleros cantábricos entre los que hubo ocho galeones reales que mandó hacer en Bilbao "...por la experiencia que tengo de mi tierra, y por lo que he visto de armadas y fabricas que en ella se han hecho". Escribió, hacia 1584, una "Relación de las medidas que han de tener los mástiles y vergas para los galeones de su mando"

Prueba de la hidalguía de Recalde
Su valía le hizo pasar a la escolta de la Flota de las Indias con la que realizo tres viajes y gano gran fama al salvar un galeón cargado de oro en al Isla de Madeira. Volviendo a mostrar su buen hacer se le dio por Orden Real el mando supremo de la Flota de Laredo compuesta por 45 buques de guerra y transportes. Entre sus acciones en ese tiempo estuvo la escolta a Juan de la Cerda, hijo del Duque de Medinaceli, a los Países Bajos como nuevo gobernador para relevar al Duque de Alba. También llevó a cabo el transporte de un Tercio completo para reforzar la región, junto con el envío de dinero para las pagas de los soldados en 1572.

No tardaría Álvaro de Bazán en llamarlo para la Batalla de las Terceiras (Portugal), para reducirlas bajo la autoridad de Felipe II (1582), donde se unirían los mejores marinos de su época como Pedro de Valdés, Miguel de Oquendo, Alonso Martínez de Leyva, Martin de Bertendona, etc. Tras esta magnifica acción de la flota española, Terminada la contienda con Portugal, el monarca se fijó en él para ponerle al mando de ocho naos y cuatro pataches, en la que se embarcaron 1.500 católicos, que deberían reconocer Irlanda y apoyar a los católicos de la isla. La invasión a Inglaterra era ya un secreto a voces y Recalde sería uno de sus protagonistas más importantes.

Recalde en una carta de baraja
Tras caer el mando de la operación de la “Grande y Felicísima Armada” sobre el Duque de Medina-Sidonia, tras el fallecimiento de Álvaro de Bazán en 1588, fue Recalde el elegido como almirante de la flota. La verdad es que poco pudo hacer ya que casi todas sus peticiones y decisiones se vieron tumbadas por Medina-Sidonia y el bilbaino se vio abocado a los combates mas complicados sin apenas apoyo. A principio de la invasión, en julio de 1588, estando en la retaguardia de la flota se vio obligado a combatir contra varios barcos ingleses al quedar aislado del resto. Su pericia le hizo salir vivo del desigual combate, llegando a estar su barco solo frente a siete navíos ingleses, pero con una gran pérdida de hombres y la inutilidad de los barcos de su flota. Tras estos combates quedaría el San Juan inservible y Recalde pasaría al galeón Santiago. También quedarla el Nuestra Señora del Rosario de Valdés ingobernable y a la deriva siendo tomado por Francis Drake horas después sin poder ofrecer defensa, siendo el mayor botín ingles de esa jornada y la mancha de Valdés de por vida. El asturiano al no poder gobernar el barco no podía luchar pero no tiró por la borda el dinero de las pagas, cañones, pólvora, etc. lo que dio a Drake un magnifico botin.

Derrota de la "Armada Invencible"
Pese a todo, Recalde se mantuvo firme durante todo el peregrinaje por las costas inglesas y escocesas. Hizo parada en Irlanda para reponer agua, a duras penas ya que fueron atacados por los ingleses, y de ahí partió a La Coruña con graves heridas y enfermo de fiebres. Fondeó lo que quedaba de su flota el 8 de octubre y murió al poco (el 23 de octubre de 1588) enfermo y desconsolado, en el convento de San Francisco, dejando constancia "por ver cuan de entre las manos se nos ha ido una victoria tan gloriosa". Destacar que fue a petición de Recalde que se moviesen a La Coruña 400 soldados veteranos que serian un enorme refuerzo para defender la ciudad de la contra-armada inglesa en la primavera siguiente.

La fama de Recalde excede a la de un simple y aguerrido marino, pues consta que fue un gran técnico en materia de construcción naval, habiendo él personalmente supervisado la construcción de varios navíos en los astilleros de Vizcaya, Guipúzcoa y Cuatro Villas de la Mar. A este respecto se le debe un Informe sobre la fábrica de naos en las costas de Vizcaya, Guipúzcoa y Cuatro Villas el año de 1581, que obra en la Colección Fernández de Navarrete, tomo XXIII, número 76. Además, una Relación de las medidas que han de tener los mástiles y vergas para los galeones de la armada de su mando, que data de 1584 y se halla en la Colección Sans, de Simancas, artículo 4.°, números 748 y 749. Recalde fue caballero de la Orden de Santiago en 1582.

martes, 30 de enero de 2018

Moneda conmemorativa de 30 euros, de plata y con escudo a color, para celebrar el 50 cumpleaños del Rey


La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre-Real Casa de la Moneda ha emitido una moneda, acuñada en plata de ley (925 milésimas, 18 g de peso 33 mm de diámetro), de 30 euros con la efigie del Rey Felipe VI en el anverso y el escudo de armas con sus colores heráldicos en el reverso, para conmemorar los 50 años de nacimiento del monarca.


 
La serie conmemorativa consta de 300.000 piezas (aunque está aprobado que pueda llegar hasta un millón) y la moneda se puede adquirir a su valor facial en las entidades bancarias, a partir de hoy  30 de enero, fecha del cumpleaños del Rey.

Después de que en mayo la Casa Real diera su aprobación, la FNMT-RCM inició el proceso de fabricación, que dura unos seis meses. Para ello se tuvo que llevar a cabo una renovación tecnológica ya que es la primera vez que una moneda de estas características, de gran tirada, incluye un grabado cromático.


El proceso de fabricación de este tipo de monedas se inicia con el diseño del grabado, que en este caso es el escudo de Armas del Rey, que es el que irá en colores, y el retrato, en la otra cara.

Una vez aprobado el diseño, una plancha lo graba en cada una de las caras de las monedas, a una velocidad de 300 monedas por minuto. Terminado este proceso, las monedas pasan a una impresora ultravioleta que pone el color a los grabados.

Además, la FNMT-RCM emitirá a mediados de febrero una moneda de 2 euros, también para conmemorar el 50 aniversario del nacimiento del Rey Felipe VI.

La moneda, acuñada en cobre, níquel y latón, tendrá un diámetro de 25,75 mm y un peso de 8,5 g, y se emitirá una tirada de 400.000 piezas. Asimismo, en el anverso de la moneda se reproducirá el escudo de Armas del Rey, mientras que el reverso será el común utilizado en todas las monedas de 2 euros.

La FNMT_RCM prevé emitir después del verano otra colección de piezas de oro y plata que recojan diversos momentos de la vida del monarca.

domingo, 28 de enero de 2018

Ceremonia de investidura del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid. Enero 2018

El Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid es una corporación nobiliaria española, fundada por Carlos III en 1782, e históricamente bajo la protección y tutela de la Corona. En la actualidad. en términos generales, para ingresar, el postulante debe presentar expediente donde justifique la nobleza de sus dos primeros apellidos, paterno y materno (los grandes de España ingresan directamente y los títulos del Reino sólo deben probar la nobleza por línea agnada).

Caballeros y Damas del RCNM
El Real Monasterio de la Encarnación acogió, el pasado sábado 27 de enero, a las 18 horas, con ocasión de la festividad de San Ildefonso, arzobispo de Toledo, patrono del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, la ceremonia de ingreso de nuevos Caballeros y Damas en el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, que prestaron juramento ante el presidente de la institución, D. Juan Pelegrí y Girón, Vizconde de las Torres de Luzón.


A la ceremonia, que concluyó con un solemne acto religioso oficiado por Monseñor Joaquín Martín Abad, asistió el Duque de Medina Sidonia en representación de Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y estuvieron representadas las siguientes Instituciones y Corporaciones: Orden de Caballería del Santo Sepulcro, Orden de Malta, Orden Constantiniana de San Jorge, Real y Militar Orden de San Hermenegildo, cuatro de las cinco Reales Maestranzas, Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, Real Hermandad del Santo Cáliz, Estamento Militar del Principado de Gerona y la Guardia Real.

Asistentes a la Real Gran Peña


Después del solemne acto religioso que se celebró tras la investidura, los asistentes se trasladaron a la Real Gran Peña, donde asistieron a un cóctel al que siguió una cena. Al finalizar, el presidente del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, pronunció un breve discurso en el que recordó el compromiso del Real Cuerpo con la defensa de la Monarquía y de la religión católica y terminó con un brindis por S.M. el Rey y por España.

RC NM









Nota: Según los Estatutos sancionados por la Junta General de 19 de abril de 1786 y por el Real y Supremo Consejo de Su Majestad el 27 de mayo de 1791, podían pertenecer al “Estado de Caballeros Hijosdalgo de Madrid” (más tarde, Real Cuerpo Colegiado de Hijosdalgo de la Nobleza de Madrid y que, en junio de 1968, pasó a tener su denominación actual RC NM) los nobles, caballeros e hidalgos previamente recibidos como tales por el Ayuntamiento, tras las pruebas de la calidad de su linaje paterno que, entre otros fines, desearan colegiarse en aquél para desempeñar los principales cargos del Concejo madrileño.  Primitivamente se ingresaba con el solo documento justificativo, expedido por el Ayuntamiento de Madrid, de estar empadronado como noble.

Sello del Cuerpo colegiado de caballeros hijosdalgo de la villa de Madrid (1840), Archivo de la Real Chancillería de Granada

Madrid, por su condición de “patria común”, se mantuvo como una behetría sin distinción de nobles y plebeyos durante la mayor parte de la Edad Moderna. Esta falta de alicientes motivó que una gran parte de los nobles allí residentes, incluidos los miembros de la alta nobleza, no señalase su calidad. Esta situación de indistinción continuó hasta 1783, cuando el Consejo de Castilla concedió licencia al Estado de Caballeros Hijosdalgo o Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid para celebrar sus juntas, convirtiéndose así en un referente para todos aquellos que deseasen codearse con la élite social capitalina.

viernes, 26 de enero de 2018

Juan Pacheco. I marqués de Villena


Acumuló los títulos de marqués de Villena, que le fue otorgado por Juan II por su apoyo en la primera Batalla de Olmedo en 1445 y la derrota de los Infantes de Aragón, conde de Xiquena, duque de Escalona, III señor de Belmonte, XXXIX gran maestre de la Orden de Santiago y Mayordomo mayor de Enrique IV, del que había sido doncel durante su infancia.

Durante el reinado de Enrique IV (1454-1474), el marqués de Villena se convirtió en el gobernante efectivo del reino, en calidad de privado del rey. Fue, por este motivo, uno de los más importantes políticos del turbulento siglo XV castellano, contribuyendo ampliamente, tanto con sus aciertos como con sus errores, al devenir histórico de la península durante la Baja Edad Media.

Juan Pacheco, nacido en el álcazar viejo de Belmonte, en la provincia de Cuenca, en 1419, era hijo de Alonso Téllez-Girón; señor de Frechilla y de María Pacheco*, su prima, II señora de Belmonte, biznieta del noble portugués: Juan Hernández Pacheco exiliado en Castilla tras la batalla de Aljubarrota. Sus abuelos paternos Martín Vázquez de Acuña (I Conde de Valencia de Don Juan, título nobiliario de la Corona de Castilla, concedido en 1398) y Teresa Téllez Girón. Fue sobrino del arzobispo de Toledo Alonso Carrillo, del linaje de los Acuña.

*En las capitulaciones matrimoniales se firmó que el primogénito de este enlace llevase como primer apellido el "Pacheco", y no el "Téllez Girón". El linaje Pacheco es originario de Santarem, en Portugal.

Armas del linaje primitivo
ARMAS. Las primitivas del linaje proceden de Portugal: de oro, con dos calderas de sable puestas en palo, cargada cada una de tres fajas endentadas, o gironadas, de oro y gules y gringoladas de sinople. En España pintaron el campo de plata, con las dos calderas endentadas, o gironadas, de oro y gules en dos órdenes y gringoladas de sinople.  Girones y cuñas por el entronque de los Pachecos con los linajes de Girón y de Acuña.

Armas del I Marqués de Villena. Escudo cuartelado: 1 y 4: en campo de plata, dos calderas endentadas en faja de oro y gules, una sobre otra, con tres serpientes de oro saliendo de cada lado de las asas (Pacheco); 2 y 3: en campo de sable una banda de oro, cargado en el centro de un escudete de gules sobrecargado de una cruz floreteada de plata, y en las costadas de nueve cuñas de azur, cinco en el diestro y cuatro en el siniestro; bordura de plata con cinco escudetes de azur cargado cada uno de cinco besantes de plata puestos en aspa [quinas de Portugal] (Acuña de Valencia).

Escudo en la puerta del castillo de Belmonte

El padre de Juan formaba parte del séquito de don Álvaro de Luna, el todopoderoso condestable de Castilla, desde aproximadamente el año 1422. Es bastante posible que la intercesión de don Álvaro fuera favorable a que el joven Juan entrase junto a su hermano, Pedro Girón, hacia 1436, a servir como doncel en la casa del entonces príncipe heredero don Enrique, futuro Enrique IV y, finalmente, ya por mandato regio, encargarse de su guarda y custodia, facilitando al joven e inteligente Pacheco una decisiva cercanía con el heredero, convirtiéndose en indispensable para él.

Así, a lo largo de su vida, un periodo de luchas y convulsiones internas en la península, desarrolló una frenética actividad, con un gran poder de influencia en la toma de las decisiones políticas de Enrique IV, al que utilizó ya desde que era príncipe, apoyando unas veces a su padre, Juan II de Castilla y a su privado, el condestable Pedro de Luna, o pasándose a la liga nobiliaria contra del poder real, según le convenía a sus propios intereses, sirviéndole para irse apoderando de dominios, señoríos y rentas cedidas una y otra vez por la Corona o don Álvaro como pagos a sus falsas promesas. Con la subida al trono del débil Enrique IV, su poder ya fue incontestable, pues el nuevo rey, sobre el que ejercía una poderosa influencia fraguada desde la infancia, siempre le perdonó sus continuas traiciones y agasajó con nuevos títulos y rentas.

Otra de sus causas más famosas estuvo en relación la sucesión de la princesa Juana, hija de Enrique IV y apodada “la Beltraneja” porque en la corte se lanzó el rumor de que no era hija del rey sino de su privado Beltrán de la Cueva.

Aunque en principio formó parte del bando opuesto a su sucesión, tras la designación de la princesa Isabel, hermana de padre del rey, hija de Juan II, como heredera a la corona en los Pactos de Guisando, y su matrimonio con el príncipe  Fernando de Aragón desoyendo la prohibición de su hermanastro y rey, optó por apoyar a la antes denostada Juana en contra del grupo nobiliario liderado por la familia Mendoza, que hasta ese momento habían defendido a la hija de Enrique IV pero que ahora se posicionaban a favor de Isabel quizá influenciados por el nombramiento de cardenal de Pedro González de Mendoza y las promesas del cardenal Borgia, futuro papa Alejandro VI, a su paso por la península en cuanto a las grandes mercedes que recibiría por esta postura.

Enrique IV
Pero don Juan murió en Santa Cruz, cerca de Trujillo, el 1 de octubre de 1474, villa que le había sido cedida y a la que se dirigía para tomar posesión, poco antes que el propio Enrique IV (Madrid, diciembre-1474), sin llegar a ver cómo tras la guerra de sucesión que se desencadenó entre partidarios de una y otra princesa, sería Isabel la que finalmente se alzaría con el trono de Castilla, comenzando a reinar como Isabel I. Se le enterró en el monasterio de Guadalupe, cercano a su fallecimiento, hasta que pocos años más tarde su cadáver fue trasladado hasta el monasterio segoviano de El Parral, lugar en el que había construido el panteón familiar.

El poderoso marqués casó tres veces, aunque el primer matrimonio, cuando tenía 17 años, con doña Angelina de Luna (Toledo, 1435), prima del condestable don Álvaro de Luna, una maniobra de éste quizá ya adivinando sus extraordinarias dotes políticas y para tener controlado a un joven que ya mostraba el gran poder de influencia sobre el príncipe pero que le salió mal, el propio Pacheco logró que se declarara nulo en febrero de 1442, alegando que se había realizado bajo coacción y no haberse consumado. A continuación contrajo matrimonio con doña María Portocarrero Enríquez (1442), con la que tuvo una abultada descendencia y enviudó. Finalmente, con doña María de Velasco (Peñafiel, 1472), con quien tuvo una hija. Además, también tuvo varios hijos fuera del matrimonio.

Pacheco dividió sus posesiones entre sus tres hijos varones mayores, habidos con el matrimonio con María Portocarrero, instituyendo tres mayorazgos: Diego López Pacheco heredó el primero, y los títulos de marqués de Villena y duque de Escalona; Pedro Portocarrero el segundo; y Alonso Téllez Girón el tercero, perpetuando así las tres ramas de su linaje: Pacheco, Portocarrero y Girón.

Castillo de Belmonte
Las obras más importantes que gozaron de su patrocinio, ambas concluidas por don Diego, II marqués de Villena, fueron el castillo de Belmonte, tras nombrar a su villa de nacimiento capital de su marquesado hasta que finalmente le fue concedida la de Villena, que en un principio no iba asociada al título, y la capilla mayor de la iglesia del monasterio de Santa María del Parral en Segovia, lugar de enterramiento de su linaje según había dejado establecido en su último testamento, otorgado 1472.