Una santa americana de ascendencia hidalga extremeña. Su festividad se celebra en España el 23 de agosto y para los países hispanoamericanos de los que es patrona, como en el Perú, el 30 de agosto.
Santa Rosa de Lima, cuyo nombre de bautismo fue Isabel Flores de Oliva, nació en Lima el 20 de abril de 1586 y murió de tuberculosis en la misma ciudad el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años. Fue la primera persona nacida en América que alcanzó la canonización por la Iglesia católica y se convirtió en una de las figuras religiosas más importantes del mundo hispánico. Fue beatificada en 1668 y canonizada por Clemente X el 12 de abril de 1671.
Su vida, sin embargo, puede contemplarse desde una perspectiva que suele quedar relegada en las biografías tradicionales: la de sus orígenes familiares. La investigación genealógica permite situar a su padre, Gaspar Flores, dentro de una familia de Baños de Montemayor, en Extremadura, que había acreditado judicialmente su condición de hidalga ante la Real Chancillería de Valladolid.
Si aceptamos como identidad cierta que el Luis Flores que pleiteó por su hidalguía en 1559 es el mismo Luis Flores que otorgó testamento en 1584, la ascendencia paterna de Santa Rosa puede reconstruirse hasta Gonzalo Flores e Isabel Téllez, cuya descendencia pertenecía al linaje de los Flores de Tórtoles.
Gonzalo Flores e Isabel Téllez → Pedro Flores y Guiomar de Tórtoles → Luis Flores de Tórtoles → Gaspar Flores → Isabel Flores de Oliva.
De este modo, la primera santa de América aparece también como descendiente de un linaje hidalgo extremeño acreditado judicialmente en Castilla.
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| Vista de Lima_siglo XVIII |
Una familia extremeña en el origen de Santa Rosa
El padre de Santa Rosa fue Gaspar Flores, nacido en Baños de Montemayor, en la actual provincia de Cáceres, y posteriormente emigrado a América. La tradición biográfica llegó a situar su nacimiento en Puerto Rico, probablemente debido a los años que pasó allí antes de trasladarse al Perú. Investigaciones posteriores, especialmente las realizadas a partir de documentación conservada en España, han defendido su nacimiento en Baños de Montemayor.
La pieza fundamental para reconstruir la ascendencia paterna es el pleito de hidalguía de Luis de Flores y sus hermanos Esteban y Martín de Tórtoles, conservado en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid con la signatura:
Sala de Hijosdalgo, Caja 177, expediente 11, año 1559.
En el testamento otorgado por Luis Flores en 1584, aparecen sus hijos, entre los cuales se encuentra Gaspar Flores, que ya había marchado a las Indias. La existencia de este testamento es conocida por las investigaciones sobre la familia de Santa Rosa y ha sido utilizada para demostrar la conexión de Gaspar con Baños de Montemayor. Una tradición documental posterior conservó precisamente este testamento como el del abuelo paterno de Santa Rosa.
Gaspar Flores no sería simplemente un soldado español de origen extremeño, sino hijo de un hidalgo cuya familia había obtenido reconocimiento judicial de su condición en la Chancillería de Valladolid. Las fuentes sobre su vida señalan su presencia en Puerto Rico y posteriormente en Panamá y el Perú. Llegó al virreinato peruano en el contexto de las campañas posteriores a las guerras civiles del Perú y desarrolló una carrera militar y de servicio en la administración virreinal. Fue arcabucero y estuvo relacionado con la guardia virreinal. (el mejor “Gentilhombre de la Compañía de Arcabuzes de la Guarda deste Reyno”, que sobresalió tanto por sus hechos de armas como por su cultura yfue intérprete general del quechua para la Real Audiencia). Su trayectoria muestra que no fue un simple aventurero anónimo: participó en acontecimientos importantes de la historia temprana del virreinato. Con el tiempo se estableció en Lima, donde contrajo matrimonio con la criolla María de Oliva y Herrera, natural de Huánuco.
El matrimonio tuvo una numerosa descendencia. Entre sus hijos se encontraba Isabel Flores de Oliva, nacida en Lima el 20 de abril de 1586 y bautizada el 25 de mayo de aquel año. Más tarde adoptaría el nombre religioso de Rosa de Santa María -según la tradición, recibió el nombre de Rosa debido a la belleza de su rostro-, aunque la posteridad la conocería universalmente como Santa Rosa de Lima.
Desde muy joven, Isabel mostró una extraordinaria inclinación hacia la oración y la penitencia. Admiraba especialmente a Santa Catalina de Siena, cuya vida espiritual ejerció una profunda influencia sobre ella. Durante su adolescencia comenzó a llevar una existencia marcada por la austeridad, la oración y el deseo de consagrarse completamente a Dios.
Su familia, sin embargo, tenía otras expectativas para ella. Como era habitual en la sociedad de su tiempo, se contemplaba la posibilidad de un matrimonio conveniente. Isabel rechazó esta perspectiva y decidió mantener su virginidad y dedicar su vida a Dios. En 1606, a los veinte años, ingresó en la Orden Tercera de Santo Domingo como laica dominica. No ingresó en un convento de clausura, sino que desarrolló su vocación religiosa dentro de la propia sociedad limeña y en su casa familiar.
Muchos milagros siguieron a su muerte. Su canonización en 1671 significó que la América hispánica podía presentar a la Iglesia universal una figura de santidad nacida en su propio territorio. Su culto se extendió por Perú, América, Filipinas y España. Su figura quedó asociada a Lima y al Perú, pero también a la identidad religiosa de todo el mundo americano.






