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martes, 1 de septiembre de 2026

Gastón de Iriarte. Importante militar y marino

Capitán Comandante de las Reales Compañías de Guardiamarinas. Participó en la defensa de Cartagena de Indias y en el bloqueo a Gibraltar. Caballero de la Orden Militar de Santiago.

Miguel José Gastón de Iriarte y Elizacoechea nació el 4 de febrero de 1716 en la casa familiar de Iriartea (Errazu), en el valle de Baztán de Navarra. Fueron sus padres Antonio Gastón de Iriarte Borda y Arrachea, de origen hidalgo, y de su esposa Estefanía de Elizacoechea. Casó con María Josefa Navarrete y Lanz, natural de Cartagena de Indias. Su hijo, Miguel María Gastón de Iriarte y Navarrete, fue un importante militar y marino.

Miguel María Gastón de Iriarte y Navarrete

Por su alto rango no le fue difícil conseguir la Carta-Orden de ingreso en la Real Compañía de Guardiamarinas del Departamento de Cádiz, única existente entonces, sentando plaza el día treinta de diciembre del año 1733. En el año 1736 se le ordenó embarcar para las prácticas finales en los buques de la Flota de Indias, que al mando del general Manuel López Pintado, ya marqués de Torre Blanca cruzó el océano haciendo el recorrido natural de esta Flota, arribando a La Guaira, Cartagena de Indias, Veracruz y la Habana, y de vuelta  a la Península, llegando a Cádiz el 28 de agosto de 1737.

Ya conseguido su título de guardiamarina se le ordenó embarcar en la escuadra al mando del general Rodrigo de Torres, y mientras se hacían los preparativos, por Real Decreto del día 7 de abril de 1740, se le comunicaba su nuevo grado de alférez de fragata. Pasó a formar parte de las fuerzas destinadas a la defensa de Cartagena de Indias, teniendo como jefe al teniente general Blas de Lezo, ya que la escuadra con la que había viajado al mando del general Rodrigo de Torres, zarpó de Cartagena el día ocho de febrero del año de 1741, con rumbo a reforzar la isla de Cuba y principalmente su capital el puerto y ciudad de la Habana.

A principios del año 1743, se le ordenó embarcar para regresar a la Península, arribando a la bahía de Cádiz, pero al desembarcar se le destinó al Departamento de Cartagena, pasando como oficial subordinado al navío Hércules, que formaba parte de la escuadra del mando del general don Juan José Navarro, con la que zarpó con rumbo a Génova. A partir de entonces seguiría una larga carrera, participando en el bloqueo a Gibraltar.

Plano de Cartagena y su Arsenal, 1799, de J. Ordovás

Desde el año 1779 que se le había nombrado Capitán Comandante de las Reales Compañías de Guardiamarinas, no había dejado el mando de ellas. Elevó al Rey ser exonerado del mando, lo que le fue concedido por RO del día 7 de agosto de 1786, pasando a disponible en el Departamento de Cádiz, donde permaneció hasta que por RO del 18 de diciembre de 1792, se le nombró capitán general del Departamento de Cartagena, donde falleció el 1 de enero de 1797.

Entre otras condecoraciones estaba en posesión de:

    Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III.

    Placa y la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo

    Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

 

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Rafael de Múzquiz Aldunate. Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Predicador del rey y confesor de la reina María Luisa, esposa de Carlos IV. Penitenciario mayor de la Real Capilla, consultor de la Suprema Inquisición, arzobispo titular de Seleucia.


Rafael de Múzquiz Aldunate nació en Viana (Navarra), el 20 de octubre de 1747. Fueron sus padres, Fermín de Múzquiz y Latorre y Martina de Aldunate y García, ambos naturales de la misma ciudad de Viana, se habían casado en 1743. Su hermano Luis Antonio de Múzquiz y Aldunate Latorre y Garcia (1760-1829) fue el I Conde de Torre-Múzquiz (1760-1829).

La Casa de los Múzquiz-Aldunate se encuentra cercana al Ayuntamiento. Es de la segunda mitad del s. XVIII y combina sillería y ladrillo en sus alzados. En la fachada se exhibe un vistoso escudo rococó timbrado por yelmo y campo cuartelado con las armas de los Aldunate y García de Villacián. En el interior guarda escalera de tres pisos, con media naranja con linterna octogonal elevada sobre anillo de tacos y pechinas rematando su caja. La fachada trasera  luce el escudo de los Múzquiz, en un blasón del finales del siglo XVII, con rica orla de guirnaldas y palmetas, leones portantes y timbrado en yelmo.



Rafael estudió Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, donde se doctoró en Artes, consiguiendo posteriormente una Cátedra de Súmula y Lógica. Nombrado en 1767 capellán de honor de la Capilla Real de Palacio, unos años después, en 1773, figura en una memoria de pretendientes de la Cámara de Castilla para una canonjía de la Catedral de Astorga, y el 25 de septiembre de 1778 fue nombrado maestro de la Real Capilla, aunque dimitió.

El año 1783 obtuvo una licencia inquisitorial para adquirir, tener y leer libros prohibidos, y en mayo de 1784 fue nombrado predicador del Rey.

Tomó postura clara contra los jansenistas españoles; Godoy logró desterrarlo a Roma bajo pretexto de acompañar al Papa. A su regreso, fue nombrado obispo residencial de Ávila; Gran Cruz de la Orden de Carlos III y arzobispo de Santiago en 1803.

Prueba de ingreso en la Orden de Carlos III

Durante la invasión francesa, tuvo que huir a Portugal disfrazado de labriego. Vuelto a su sede en 1809, presidió la Junta Superior Gallega, pero se negó a publicar el decreto de abolición de la Inquisición; ello le valió el secuestro de sus bienes y su extrañamiento voluntario.

De nuevo en su sede en 1814, intentó moderar las tensiones políticas de la postguerra. La guerra napoleónica y los turbulentos años siguientes frustraron su gran ilusión de levantar un seminario metropolitano para la formación del clero gallego. Regaló valiosos objetos litúrgicos a la parroquia de Viana.

 

Blasón arzobispal, en Santiago de Compostela

Falleció en Santiago de Compostela, el 12 de mayo de 1821.

Tuvo un papel esencial en la puesta en marcha de la expedición de Balmis

El 22 de octubre de 1803 Francisco Xavier Balmis, director de la expedición financiada por el rey Carlos IV, que se disponía a llevar la vacuna antivariólica, por primera vez y de forma gratuita a los territorios españoles de América y Filipinas, escribió al referido prelado, D. Rafael de Muzquiz, solicitando su valiosa influencia ante el Administrador del Hospital Real de Santiago, D. Bernardo Velarde, quien era, además, canónigo dignidad de cardenal en la catedral de Santiago. Necesitaban niños de la potente “Inclusa” que tenía dicho hospital para completar, con otros aportados por similares instituciones de Madrid y La Coruña, los que servirían para llevar, brazo a brazo, la “linfa vacunal” hasta aquellos territorios.

domingo, 14 de enero de 2024

María Tadea Verdejo Durán. Poetisa, narradora y ensayista

 

Pertenece a la Primera Generación de escritoras del siglo XIX. Autora de La estrella de la niñez: compendio moral escrito para la educación de las niñas. Fundadora y directora del semanario La Mujer, defensora del derecho de la mujer al trabajo y su capacidad para gobernar.

María nació en Cascante (Navarra) el 28 de octubre de 1830, siendo hija del hidalgo montalbeño Nicolás Verdejo González (Brigadier de Ingenieros) y de Águeda Durán Casalbón, hija del general Durán, héroe de la Guerra de la Independencia.


Aunque era la tercera de seis hermanos, su padre se preocupó por que recibiera una esmerada educación, muy superior a la que solían recibir las mujeres de su época. Cursa sus estudios primarios en el Colegio N.S. de la Pureza de Mallorca. En Cascante se entrega a la creación artística (pintura y música), para posteriormente dedicarse a la creación literaria. En Zaragoza publica sus obras en verso tituladas Oda a S.  M. la reina doña Isabel II (1852) y Ecos del corazón (Zaragoza: Imprenta A. Gallifa, 1853); también escribe el drama histórico Catalina Cornaro, pero las revueltas de febrero de 1852 impidieron la puesta en escena de dicha obra. Pesar que se acrecentó aún más al cabo de un mes por el repentino fallecimiento de su padre, que años antes había sufrido una parálisis.

En 1854 se traslada a Madrid con su madre y dos hermanas. Pero a los 6 días muere su madre y tiene que volver a Zaragoza, no sin antes haber dado a la imprenta un Compendio moral escrito para la educación de las niñas, obra que, bajo el título La estrella de la niñez, se publica en Madrid en 1854. Firmaba todas sus obras con el pseudónimo de Corina.

Su producción literaria mereció los elogios de eminentes autores como Emilia Pardo Bazán; siendo su poesía un exponente de exaltación romántica y alta tensión pasional. Fundó la revista feminista La Mujer y se le considera la protofeminista española.

En 1854, víctima de un ataque fulminante de cólera, murió en Zaragoza, cuando apenas contaba 24 años de edad. Tras su muerte se publicó la obra Biografía de la distinguida poetisa María Tadea Verdejo Durán (Zaragoza: Antonio Gallifa, 1855).

Fuente: https://web.archive.org/web/20190325184508/http://www.ayuntamontalbo.es/maria-tadea-verdejo-duran.html

Para saber más: https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Tadea_Verdejo_y_Dur%C3%A1n

miércoles, 20 de septiembre de 2023

María Antonia de Salcedo y Chávarri. Cortesana, I Marquesa de Montehermoso

 

Primera Marquesa de Montehermoso y aya de infantes reales de España. Perteneció a una familia de recio abolengo, poseedora de los mayorazgos de su madre María Eustaquia de Chávarri y Viguria.


En el centro, con Felipe V y la Princesa de los Ursinos
 
María Antonia de Salcedo y Chávarri es bautizada el 9 de marzo de 1664 en Pamplona (Navarra), hija de una familia de abolengo formada por Antonio Ildefonso Salcedo y Arbizu, hidalgo de origen soriano y caballero de Alcántara, y María Eustaquia de Chávarri y Viguria, heredera de los mayorazgos de Chávarri con su palacio en Estella y Viguria con varios palacios (Oyanederra, Viguria, Aguinaga, Erroz) y con asiento y voto en las Cortes de Navarra.

Palacio de Viguria, en estado ruinoso

Gil de Echávarri y Viguria (hijo de Juan de Echávarri y Albornoz y de  Laurencia de Viguria), que en 1640 figura como «clérigo de corona de hedad de ocho años (...). Hospitalero Dignidad de la Catedral de la ciudad de Pamplona», y poseedor «de un beneficio simple de la parroquial de San Andrés en la Catedral de la ciudad y Diócesis de Sevilla», hereda el patrimonio de sus padres, que cede a su hermana María Eustaquia, la cual contrae matrimonio (1663) con Antonio de Salcedo, Caballero de la Orden de Alcántara, natural de Pobeda en el Reino de Castilla.

Al año siguiente, María Eustaquia fallece a consecuencia del parto, dejando una hija de diez días. Manda ser enterrada en el convento de San Agustín de Estella, y su marido abandona Viguria y fija su residencia en Pamplona. La hija, María Antonia de Salcedo y Echávarri, antes de cumplir los veinte años contrae matrimonio el 25 de octubre de 1682 con Vicente José de Aguirre y Zárate, del ilustre linaje alavés de los Aguirre, estableciéndose en Vitoria.

De este matrimonio nacieron tres hijos: Pedro Ignacio (1684), que murió niño, Francisco Antonio (1685) y Manuel Antonio (1686). Su marido, en nombre de su esposa, fue merino mayor y justicia de Estella, y regidor de Vitoria en 1686, pero no acabó de heredar los mayorazgos paternos de Aguirre, Álava e Isunza, porque murió joven, a los veinticinco años, hacia 1690. Su padre Felipe Ortuño de Aguirre falleció en 1696.

A la muerte de Carlos II, último Rey de los Austrias, fue elegido para sucederle el Borbón Felipe V, duque de Anjou, nieto de Luis XIV, que estaba casado con María Luisa de Saboya. Tras entrar por Irún, en el camino hacia la Corte, donde juraría como rey en 1701, la viuda de los Aguirre les alojó en su palacio los días 1 y 2 de febrero. Las reclamaciones del Reino por parte del archiduque Carlos de Austria, apoyado en el interior por el antiguo Reino de Aragón y con Corte en Barcelona, dieron lugar a la Guerra de Sucesión que se inició en 1704, y tuvo una geografía bélica variable.

En 1706 las tropas anglo-portuguesas tomaron Madrid, que no fue liberada hasta el año siguiente. En agradecimiento al antiguo servicio, en 1707, María Antonia Salcedo fue nombrada aya del recién nacido Luis, hijo primogénito de los Reyes. Desde este momento, pasó a residir en el viejo Alcázar Real y con ella su hijo Francisco Antonio, que había casado en Vitoria en 1703 con María Lorenza de Ayanz Arbizu, y a veces sus nietos. De nuevo, en 1710, los austracistas amenazaban la capital, por lo que María Luisa de Saboya y el infante Luis residieron tres meses, desde el 1 de octubre hasta el 20 de diciembre, en el palacio de los Aguirre en Vitoria, residencia ocasional de la realeza a su paso por una ciudad que era parada obligatoria en el camino hacia Francia. En 1713 nació el príncipe Felipe. La contienda acabó en 1714.

María Antonia de Salcedo había sido premiada el 15 de agosto de 1708 con un título de Navarra, el marquesado de Montehermoso (y como tal, y «Señora de onor de la Reina Nuestra Señora y guarda mayor del Palacio de Su Majestad», se autotitula en 1736 María Antonia de Salcedo y Echávarri), que a partir de entonces dio nombre al palacio de los Aguirre, a pesar de que no fue efectivo hasta 1714. Ejerció su empleo de aya hasta 1715 que pasó al cardenal Júdice, mientras ella era nombrada mayordomo y señora de honor de su segunda esposa la reina Isabel de Farnesio, aunque también siguió estando muy unida al príncipe Luis.

Víctima de numerosas depresiones, en 1724 el Rey abdicó en su hijo Luis I, que había casado dos años antes con Luisa Isabel de Orleans. Murió inesperadamente en agosto del mismo año en brazos de María Antonia, a que llamaba "madre". Felipe V volvió a ocupar de nuevo el Trono y desde 1716 a 1723 María Antonia fue aya del príncipe Carlos, futuro Rey de Nápoles y de España con el nombre de Carlos III. Su educación pasó luego a cargo de su hijo Francisco Antonio de Aguirre y Salcedo, que fue mayordomo de Semana de la Reina y del Consejo Real en Indias.

Hizo testamento en Madrid, el 29 de mayo de 1737, dejando a su hijo Francisco Antonio los mayorazgos paternos y el II marquesado de Montehermoso, a los que uniría “una cruz de oro con cinco diamantes grandes, un libro en que S. M. aprendió a leer y una caja de oro guarnecida de diamantes que también fue de S. M.”. Murió el 15 de julio de 1737 y fue enterrada en el Convento de las Descalzas Reales.

Palacio de Montehermoso (Vitoria)

El palacio de Aguirre, hoy Centro Cultural Montehermoso, fue mandado levantar por el matrimonio formado por el licenciado Hortuño Ibañez de Aguirre y María de Esquivel y Arratia en 1520. Durante el período comprendido entre los siglos XVI a XVIII conoció una de sus etapas más brillantes debido tanto a sus moradores como a sus ilustres visitantes.
Una de sus más destacadas moradoras fue María Antonia de Salcedo y Chávarri, I marquesa de Montehermoso, quien se había casado con su propietario, Vicente José Francisco de Aguirre y Zárate, en 1682. Desde entonces esta aristócrata, originaria de Pamplona, residía en este palacio de los Aguirre. Quedó viuda pronto, en 1690, cuando contaba 26 años.

 
Poco más de un siglo después, otra marquesa (consorte) de Montehermoso, María Pilar Acedo y Sarria, esposa desde 1800 de Don Ortuño de Aguirre y del Corral e hija de José de Acedo y Atodo, III Condesa de Echauz y por parte de su madre,Luisa de Sarria y Villafañe, IV Condesa del Vado, atrajo a José Bonaparte en sus salones y alcobas. Durante la Guerra de la Independencia fue la residencia oficial de José I quien, en octubre de 1808, la había comprado a los Marqueses de Montehermoso por dos millones de reales. José I se alojó aquí en varias ocasiones: entre septiembre y diciembre de 1808, por el repliegue del ejército imperial, en mayo y julio de 1811 por un compromiso familiar en París (el bautizo del único hijo y heredero de Napoleón) y en junio de 1813 por la retirada final de España.

Tras la restauración borbónica, en 1816, el Ayuntamiento de Vitoria confiscó el Palacio y la finca de Montehermoso en virtud de una real orden que establecía que tales propiedades eran, en lo sucesivo, patrimonio de la Corona. Posteriormente, durante la Tercera Guerra Carlista, fue cuartel de artillería antes de ser adquirido por la Diócesis de Vitoria en 1887 a su último propietario, el Marqués del Amparo. Al convertirlo en su sede, el Obispado encargó al arquitecto Fausto Íñiguez de Betolaza la reforma de la fachada, que adquirió su actual aspecto neogótico. En 1994 lo adquirió el Ayuntamiento vitoriano, rehabilitándolo como centro cultural.