viernes, 26 de junio de 2020

El Catastro de Ensenada y la “Única Contribución”



El Catastro de Ensenada fue el paso previo a una reforma fiscal, que no se llevó a efecto, cuyo propósito era simplificar las vigentes y complicadas rentas provinciales y sustituirlas por una Única Contribución "a proporción de lo que cada uno tiene, con equidad y justicia".


Para conocer la renta real de las personas, lugares, provincias del Reino, era necesario hacer previamente una "averiguación" universal de todos los bienes de los vasallos, sin excepciones, también de los eclesiásticos y de los nobles. El Catastro, se realiza a partir de las declaraciones individuales, que se hacían cabeza a cabeza, tanto unidades familiares, como institucionales. En esto consiste el Catastro: declaraciones de bienes de los titulares, comprobación de la veracidad por la Administración con ayuda de los peritos y técnicos, constitución de los libros donde se registraba todo, cálculo del valor fiscal de esos bienes, establecimiento de los estadillos de resumen de cada pueblo (separando los legos y eclesiásticos) y a su vez de cada provincia. Todo ello para calcular la renta local, la provincial y la del Reino.

Estado de la Villa de Cercedilla (Madrid)
La Instrucción formada por 41 artículos o capítulos, explica con todo detalle la forma de proceder, lo que había que averiguar, como fijar las utilidades y las rentas y los libros oficiales en que todo debía quedar recogido y formalizado. Se completaba con una serie de formularios y anexos, con modelos y ejemplos prácticos.


Para desarrollar el proyecto se crea un organismo administrativo superior, la Real Junta de la Única Contribución, que dependía directamente del Rey Fernando VI. Formada por miembros de los Consejos e Intendentes, para tranquilizar al Clero ante la averiguación de sus bienes se coloca al frente al Inquisidor General. Su secretario Bartolomé Sánchez de Valencia, que había dirigido la operación piloto en Guadalajara, es el alma de todo el proceso. También es fundamental el marqués de Puertonuevo, que actuó de analista, consultor y asesor.

Las averiguaciones en los pueblos se encomiendan a los Intendentes Provinciales; posteriormente intervendrán en el proceso las Contadurías Provinciales. Todo el proceso sería a cuenta del Erario Real.

Los datos recogidos se consideran bastante fiables, gracias a cautelas como la comprobación de los datos por peritos, en ocasiones de los pueblos vecinos; la lectura pública de los libros de lo real; o la presencia del párroco del lugar, que aporta los certificados de pagos de diezmos.

En 1756 los trabajos estaban casi concluidos, aunque algunas operaciones como la de Murcia habían tenido que repetirse completas, y las averiguaciones de la Villa y Corte se alargaron sin remedio, quedando sin terminar por los intentos de ocultamiento y oposición de los sectores privilegiados. La caída de Ensenada en julio de 1754 no había significado la paralización del proyecto. En 1757 se obtuvo incluso el Breve del Papa Benedicto XIV que autorizaba la aplicación de la Única Contribución a los bienes de los eclesiásticos. Y cuando nada parecía impedir ya la puesta en marcha del nuevo sistema fiscal, la muerte de Bartolomé Sánchez de Valencia en este mismo año, sumada a la inacción de la Administración por la postración del Rey Fernando VI, su grave melancolía, desde la muerte de la reina Bárbara de Braganza, hacen que se pase el momento. Se volverá a estudiar la reforma en 1760 y en 1770, ya en el reinado de Carlos III, y se abandona definitivamente en 1779, treinta años después del inicio de la averiguación.

Zenón de Somodevilla. Marqués de Ensenada
Las operaciones catastrales costaron a la Hacienda Real, según Canga Argüelles, cinco años de esfuerzos y 40 millones de reales. Para Concepción Camarero, "el número de jueces subdelegados que dirigieron dichas averiguaciones en cada una de las 14.672 entidades de población se acercó al millar; en sus audiencias trabajaron más de seis mil hombres, los peritos de los pueblos ... pasaron de los noventa mil; en los documentos elaborados quedaron registrados más de siete millones de personas y varios cientos de millones de piezas de tierra, que se pasearon y reconocieron una a una y muchas se midieron; se contaron las colmenas, cada una de las cabezas de ganado; se obtuvieron las tazmías de cinco años; los cabildos, monasterios y nobles tuvieron que desempolvar legajos de sus archivos para hacer copiar y autentificar los documentos en los que figuraban sus ancestrales privilegios; no quedó casa, ni corral, ni tienda sin medir, ni cuba de vino sin cubicar; en muchos pueblos hasta se contaron los árboles".


Dejando de lado lo que hubiera podido ser y no fue, al no implantarse la reforma fiscal, tampoco entró en vigor un sistema de registro de bienes, lo que entendemos ahora por catastro, en el que se hubieran ido reflejando los cambios por venta, herencia y otros, en las propiedades registradas. Sin embargo, el importantísimo volumen de documentos, a pesar de las pérdidas explicadas anteriormente, permite la más completa radiografía de la Corona de Castilla a finales del Antiguo Régimen.

Información extraída de PARES

sábado, 20 de junio de 2020

Convenio entre la Orden de Santiago y la Real Asociación de Hidalgos



Un documental repasará la los ocho siglos de historia de los Caballeros de Santiago, la función de los caballeros en el Camino de Santiago y, sobre todo, el papel fundamental de la Orden en la Reconquista,... con el papel de doña Leonor como futura Gran Maestre de la Orden.

Castillo de Loarre (Huesca)

El convenio resalta que la Real Asociación de Hidalgos de España y la Orden de Santiago comparten los valores propios de la hidalguía y su persistencia en la actualidad, por lo que es voluntad de ambas corporaciones nobiliarias establecer un marco de colaboración en los ámbitos de sus respectivas competencias y fines.


Así, se establece la colaboración para la producción, por la Orden Militar de Santiago, de una película/documental, de una duración aproximada de 70 minutos, sobre su historia, desde su fundación hasta la actualidad. En la financiación de esta película participará, de forma destacada, la Real Asociación de Hidalgos de España, junto con otras instituciones.

Firmaron el documento Don Alfonso de Zulueta y Sanchiz, conde de Santa Ana de las Torres, en representación de la Orden, y Don Manuel Pardo de Vera y Díaz en representación de la Real Asociación. Asistieron a la firma Don José Ramón de Hoces y Elduayen, duque de Hornachuelos, y Don Fernando González de Canales y Ruiz, Secretario General de la RAHE.


Los Caballeros de Santiago. Una historia de honor y valentía de más de ochocientos años, es el nuevo trabajo de la escritora y directora Ana López Martín, autora de la novela histórica “El Crucigrama de Jacob”. En esta ocasión, López Martín llevará a la pantalla la historia de la orden militar y religiosa, que nació con el objetivo de proteger a los peregrinos del Camino de Santiago y expulsar a los musulmanes de la Península.

Fernando II, el rey de León, encomendó a mediados del siglo XII la protección de la ciudad de Cáceres a los Caballeros de Santiago para que no cayera en manos de los musulmanes, aunque sus esfuerzos fueron al final infructuosos. Un episodio histórico que se recrea en el castillo románico de Loarre, convertido de nuevo en plato de cine. 

El castillo de Loarre data de la primera mitad del siglo XI (cuando en 1020 el rey Sancho Garcés III de Navarra, ordena su construcción. Tuvo una enorme importancia estratégica en aquellos tiempos en los que dominar una posición podría significar dominar un reino. La fortaleza formaba parte de la línea defensiva de castillos cristianos frente a la amenaza musulmana, junto a las de Luna, Sibirana, Biel, Santa María de Liso, Agüero, Marcuello y Santolaria. 

Con un equipo técnico integrado por un grupo de veinte personas, la película será rodada en Aragón, Asturias, Madrid y Cuenca y se plantea estrenarla en el mes de octubre, en Madrid y Asturias.

viernes, 19 de junio de 2020

Pedro Fernández de Lugo. II adelantado de Canarias y conquistador y gobernador de Santa Marta (Colombia)


Participó en las conquistas de las islas Canarias de La Palma y Tenerife, así como en expediciones a las costas de Berbería y al Nuevo Mundo. Tuvo los títulos de segundo Adelantado de Canarias y primero de Santa Marta, así como los cargos de gobernador, justicia mayor y capitán general de Santa Marta.

Nacido en Sevilla hacia 1475, era hijo primogénito —o segundo según otros— del también conquistador, hidalgo y primer Adelantado de Canarias Alonso Fernández de Lugo, y de su primera esposa Violante de Valdés y de Gallinato. Tuvo de hermanos a Fernando y a Beatriz, y de medio hermanas a Luisa y Constanza de Lugo, hijas de la tercera esposa de su padre Juana de Massiéres.


 Pasó su infancia en la ciudad de Sevilla, hasta que en 1484 se trasladó junto a su madre y su hermano a la isla de Gran Canaria, que acababa de ser incorporada a la Corona de Castilla y en cuya conquista había participado su padre. Una vez en la isla se instaló junto a su familia en la heredad que Alonso de Lugo había adquirido en repartimiento en el fértil valle de Agaete.

Se casó hacia 1502 con Inés de Herrera y Ayala, hija de los señores de La Gomera y El Hierro Hernán Peraza (muerto  por sus subditos en 1488) y la famosa Beatriz de Bobadilla (con la que se casó su padre), teniendo de hijos a Alonso Luis Fernández de Lugo, tercer Adelantado de Canarias, y a Beatriz de Ayala, que casó con el VII señor de Fuentes Álvaro de Fuentes y Guzmán. Pedro falleció el 15 de octubre de 1536 en Santa Marta (Colombia).

A su llegada a Gran Canaria, en la penúltima década del siglo XV, niño aún, no habían acabado las emboscadas e incursiones de los últimos grupos de indígenas refugiados en las montañas de la Isla. Pocos años después, en 1493, muerta ya la madre, don Alonso Fernández de Lugo emprende la conquista de La Palma, y Pedro se une a su padre como soldado en la conquista de la isla, y en 1494 le acompaña también durante su desastrosa primera entrada a Tenerife como peón de la compañía de Juan II (o Ibone) de Armas. Durante este primer intento conquistador, los castellanos son completamente derrotados por los guanches en la célebre matanza de Acentejo. Retirados a Gran Canaria, Pedro es entregado junto a su hermano Fernando como garantía por su padre a la señora de Lanzarote y Fuerteventura Inés Peraza de las Casas, viuda de Diego García de Herrera, para recabar así su colaboración económica para sufragar un segundo desembarco.

Terminada definitivamente la conquista de Tenerife en 1496, Pedro recibió extensas tierras en las islas de La Palma y Tenerife en repartimiento, y en 1497 la reina Isabel la Católica le nombró paje suyo como una de las tantas recompensas dadas por los reyes a su padre Alonso de Lugo.

En 1509 Pedro recibe de su padre, con el que había tenido ciertas desavenencias, el cargo de capitán general de las costas de África, que le había sido concedido al primer Adelantado por los Reyes Católicos en 1499, así como la tenencia «de todas las torres y lugares que se hicieren o ganaren», con lo que protagonizará varias expediciones marítimas contras naves berberiscas y francesas enemigas de la Corona de Castilla, y se dedicará activamente a organizar entradas a Berbería en busca de esclavos y botín, como ya venía haciendo junto a su padre desde 1497.



En 1515, don Alonso Fernández de Lugo fundó mayorazgo a favor de su hijo don Pedro; en 1519 solicitó la sucesión a su favor del título de Adelantado y el gobierno de Tenerife y La Palma, y en 1523, su padre, que había conseguido de la Corona la sucesión a favor de Pedro del título de Adelantado unos años antes, le cedió el gobierno de la isla de La Palma. A la muerte de Alonso de Lugo en 1525, Pedro fue nombrado gobernador y justicia mayor también de Tenerife.
Pedro intentó suprimir el oficio de Síndico personero de Tenerife, que era elegido por los vecinos, lo que no consiguió el segundo Adelantado. Los gobernadores que le sucedieron y los propios regidores continúan pidiéndolo insistentemente a los reyes, hasta que, en 1710, lo lograron.
Su gobierno estuvo lleno de controversias, sufriendo hasta tres juicios de residencia por parte de la Corona. Sostuvo pleitos por motivos económicos con su madrastra Juana de Massiéres, su medio hermana Luisa de Lugo y el marido de esta Juan Pérez de Cabrera, gobernador y capitán general de Honduras; fue el responsable de la ejecución del caballero sevillano Pedro Hernández de Alfaro, marido de la viuda de su tío Francisco de Lugo Leonor Pereira de Lugo.

Hacia 1530 Pedro, que pasaba apuros económicos, pide al rey Carlos V le autorice para explorar y conquistar el territorio del Río de la Plata, atraído por las historias de riquezas que circulaban en esa época difundidas por los hombres de las expediciones de Sebastián Caboto y Diego García de Moguer. Las negociaciones entre Lugo y la Corona se dilataron, y finalmente se le concedió esta merced a Pedro de Mendoza en 1534. Lugo solicita entonces la conquista y gobernación de la provincia de Santa Marta y la autorización para explorar el río Magdalena, atraído esta vez por las noticias que le había contado un soldado del conquistador Rodrigo de Bastidas que se hallaba entonces en Tenerife. La Corona le concede lo solicitado, firmándose la capitulación el 22 de enero de 1535.


Entre los 1.200 hombres que llevaba estaban su propio hijo Alonso Luis de Lugo, con cargo de capitán, así como otros parientes y personajes destacados de la isla de Tenerife. También iba, como lugarteniente o teniente de gobernador, Gonzalo Jiménez de Quesada. Uno de los capitanes más destacados en la expedición fue Lázaro Fonte, hijo del mercader catalán Rafael Font, que fue primero regidor de Cádiz y luego de Tenerife.

Establecido en su cargo, Pedro envía dos expediciones. Una dirigida por su lugarteniente Jiménez de Quesada para que remontara el río Magdalena y que daría lugar a la fundación de Santa Fe de Bogotá, y otra capitaneada por su hijo al frente de cuatrocientos hombres para que se internara en Sierra Nevada, de donde regresó Alonso Luis con un gran botín en joyas y oro que tomaron de los indígenas. Alonso Luis se adueña del tesoro y huye a Tenerife, abandonando a su padre que inicia un proceso contra él, aunque muere al cabo de pocos meses. Fallece en Santa Marta, en 1536.

Nota: La figura del gobernador Pedro Fernández de Lugo, segundo Adelantado de las Islas Canarias, ha quedado eclipsada en la historiografía canaria e indiana por la de su padre, Alonso Fernández de Lugo, conquistador y gobernador de La Palma y Tenerife, cuya longevidad obligó a su hijo primogénito a mantener un papel relativamente secundario en la repoblación de estas dos Islas.

martes, 16 de junio de 2020

Tomás de Morla y Pacheco. Director general de Artillería en 1808



Ingeniero militar que hizo notables aportaciones al desarrollo y difusión de las técnicas metalúrgicas y de las estrategias militares de su época.

Como militar participó en numerosas batallas en Gibraltar, los Pirineos, Portugal, Cádiz y Madrid. Llegó a ocupar altos cargos en la estructura militar y jugó un papel determinante, y también controvertido, durante la Guerra de la Independencia.


Tomás (Bruno Vicente Pío) de Morla nació el 9 de julio de 1747 en el seno de una familia hidalga jerezana (Cádiz), como fruto del segundo matrimonio de su padre, Tomás de Morla, con María Pacheco. Tenía tres hermanos del primer matrimonio de su padre y otros cuatro del segundo.
Con 18 años ingresó en la Academia de Artillería de Segovia, donde formó parte de la primera promoción. Al finalizar sus estudios permaneció allí como profesor de la asignatura de Táctica.
Real Colegio de Artillería de Segovia
Escribió el Tratado de Artillería para el uso de Caballeros Cadetes del Real Cuerpo de Artillería, una extensa obra donde se recogen los conocimientos que se tenían en su tiempo sobre metales, aleaciones, hornos de fundición y fabricación de cañones. Esta obra fue traducida a varios idiomas y utilizada como texto para estudiantes europeos. Morla fue un prolífico autor que escribió sobre temas tan diversos como estrategias militares, fabricación de pólvora o formas de acabar con las epidemias.

Fue comisionado para realizar un viaje con el objetivo de informar sobre los últimos avances técnicos que se estaban produciendo en Europa. Durante cuatro años visitó las instalaciones industriales de los países más avanzados, y recogió la información en una obra llamada “Apuntes autógrafos”.

Falleció en Madrid, el 6 de diciembre de 1811.

Para saber más:
DURÁN MONTERO, Inés. El artillero Tomás de Morla, I Congreso Internacional de Patrimonio Industrial y de la Obra Pública: Nuevas estrategias en la gestión del Patrimonio Industrial, 2016.

sábado, 13 de junio de 2020

Juan Jufré de Loayza. Primer Alcalde de Santiago (Chile)



Conquistador que participó en la expedición de Pedro de Valdivia a Chile. Fue el primer alcalde de Santiago (en 1541) y ocupó el cargo de Teniente Gobernador de Cuyo, en donde fundó la Ciudad de San Juan, denominándola como San Juan de la Frontera, en la actual Argentina.

Estatua de Juan Jufré en Concepción
Juan Jufré de Loayza Montesa nació en Medina de Rioseco (Valladolid) hacia 1516. Fue hijo del hidalgo Francisco Jufré Niño de Guevara y de Cándida de Montesa, con la qeu había casado hacia 1490. Desposó en España a Constanza de Meneses (hija de Francisco de Aguirre) por medio de poder notarial dado en Santiago de Chile en 1552 –siendo ya capitán– a Jerónimo de Alderete, Diego Jufré y Diego Nieto, y contrajo matrimonio con ella en Chile en 1559, con la que tuvo al menos ocho hijos.

Fue padre de Luis Jufré de Loaysa y Meneses quien fue Corregidor de Cuyo desde 1593 hasta 1595, fundando, en busca d euna salida al Atlántico, la actual Ciudad de San Luis el 25 de agosto de 1584, la cual llamó San Luis De Loyola Nueva Medina De RíoSeco.

Se formó y educó como criado en la casa del conde don Pedro de Toledo, y a los 21 años se embarcó para América, llegando al Perú en 1538, junto a Juan Martín de Candia. A las órdenes de don Francisco de Aguirre se unió a la primera expedición de don Pedro de Valdivia en territorio chileno, juntándose con éste en el poblado de Atacama la Grande, que hoy se conoce como San Pedro de Atacama. Llegó a emparentarse con Aguirre y Valdivia.

Estuvo presente en la fundación de Santiago y en las primeras campañas contra los indígenas. En 1554 machacó una rebelión de los indígenas en Gualemo, en el río Lontué, en cual ahora es la provincia de Curicó. Acompañó a don Pedro de Valdivia en su largo viaje al Perú, a luchar contra el sublevado Gonzalo Pizarro, participando en la victoria de Sacsahuamán (1548) junto a las tropas leales al Emperador, y participó del jubiloso recibimiento que La Gasca dispensó a Valdivia, hasta ese momento simple capitán, saludado como gobernador de Chile en reconocimiento a su actuación decisiva en aquel hecho de armas.

Plano de la fundación de San Juan
En el cabildo de Santiago ocupó diversos cargos, tales como el de alcalde y regidor en las décadas de 1550 y 1570. Además, en 1556, fue alférez real de la misma institución y en 1568 la representó ante la Real Audiencia establecida en Concepción (Chile).

Juan Jufré se destacó también por desarrollar importantes actividades económicas, estableció un molino y fue propietario de algunos barcos, que le permitieron amasar una fortuna personal. Además es considerado, junto a Francisco de Aguirre, como padre de la vitivinicultura chilena. Algunas de las parras que plantó en su encomienda de Peñalolén aún existen en la destacada viña chilena Cousiño Macul. Por las numerosas encomiendas y tierras que poseía Juan Jufré fue una especie de señor feudal con jurisdicción política y judicial, y con poder de vida o muerte, entre Santiago y el Maule.

En 1576 realizó una expedición al Pacífico Sur junto a Juan Fernández, aportando un navío de 6.000 arrobas por él construida. Se considera que esta expedición descubrió el archipiélago de Nueva Zelanda y es posible que también explorase Australia. De vuelta al virreinato del Perú, se envió una carta al rey Felipe II para informarle del descubrimiento de nuevas tierras, pero esta carta nunca fue contestada por el rey y la expedición quedó en el olvido.


Escudo de armas de Jufré: Partido, orlado por el lema Superbus gladio fidelis premio (Al soberbio el castigo, al fiel el premio).
 

Murió en Santiago de Chile en 1578 y sus restos fueron enterrados en la Iglesia de Santo Domingo.

miércoles, 10 de junio de 2020

Luis Francisco de la Cruz Mesía. Marqués de Dos Fuentes. Importante hombre de negocios



Compaginó la práctica del comercio a escala local y regional con el arrendamiento de rentas y el préstamo, aunque sin llegar a convertirse en un tan importante hombre de negocios como lo fueron los asentistas o prestamistas de la Corona. En 1741 Felipe V le hizo marqués de Dos Fuentes.

Luis Francisco de la Cruz Mesía nació en Baza (Granada) el 10 de octubre de 1692, siendo hijo de Pedro de la Cruz Mesía, regidor de Guadix, y de María Moreno de Bastia. Se casa, en 1716, por poderes con Claudia Berbel y Lizcano, hija de Pablo Berbel, descendiente de una familia de linaje hidalgo oriunda del término de Tabernas, en Almería.

Tabernas (Almería)
Aun así, Luis Francisco de la Cruz Mesía, que también desempeñaba una regiduría en el cabildo almeriense –por vía matrimonial–, era capitán de milicias de la compañía de naturales de la villa de Tabernas, poseía una regiduría perpetua en Guadix, y logró acumular cuantiosos beneficios económicos que invirtió en la compra de un título nobiliario, el de marqués de Dos Fuentes. Para defender la costa equipó a sus expensas dos batallones de infantería.

Ejerció como administrador y arrendador de rentas, pues en 1734 administró la renta de la lana de la ciudad de Almería; en 1740 encabezó el subarriendo de la renta del aguardiente de Granada, y tuvo además a su cargo la renta de las salinas. Fue comisionado en 1733 para administrar las rentas de la marquesa del Carpio en tierras almerienses, y años más tarde, en 1741, las haciendas del mayorazgo de Félix Enciso, un caballero veinticuatro de Granada.

Participó en el suministro de municiones y víveres –fundamentalmente trigo– a los presidios de África, actividad que desempeñó como factor o dependiente de Pedro de Astrearena, asentista principal de esta provisión. Estar al cargo del abastecimiento de grano le permitió disponer en ocasiones de excedente, al cual daba salida mediante su venta a particulares. Siguiendo con la diversificación de sus negocios, Luis Francisco estuvo dedicado además al préstamo y actuó como intermediario de importantes hombres de negocios, entre ellos, Juan Evangelista Giraldeli, uno de los principales prestamistas de la Corona.

Propietario de un cuantioso caudal y enterado –seguramente a través de sus contactos en la Corte– de que el convento de Nuestra Señora del Carmen de la villa de Sádaba, en Aragón, tenía dos títulos de Castilla desde octubre de 1738 para sufragar con el producto de su venta gastos de obras, invirtió parte de su capital en adquirir una de aquellas mercedes a través de fray Vicente Elías Ibero y Cortés, apoderado del convento para vender el título, a quien abonó 22.000 ducados. Tras la realización de los trámites necesarios para confirmar la venta, entre los que estuvieron incluidos los “informes reservados” solicitados al entonces gobernador político-militar de Almería, Diego Vela Alemán Descallar, Luis Francisco de la Cruz Mesía se intituló como marqués de Dos Fuentes por despacho de 24 de septiembre de 1741, honor que le fue otorgado sobre unas tierras situadas en Tabernas.

A la compra del honor debía ir aparejado un modo de vida noble que recubriera en la medida de lo posible tan rápido ascenso, y por ello los nuevos titulados como el marqués de Dos Fuentes se valieron de una serie de estrategias para asemejarse a las Casas nobiliarias de más rancio abolengo, por ello el nuevo marqués mandó fabricar uno para colocarlo en la portada de la casa que poseía en el Marchal de Dos Fuentes, del vecino pueblo de Tabernas. Otro símbolo característico de la nobleza fue la financiación de obras pías o benéficas, que les convertían en patrones de las iglesias o capillas..

Armas: En oro, una cruz llana, de gules, y en punta, una cabeza de serpiente de sinople; bordura de gules con ocho estrellas de oro.

El proceso de ennoblecimiento no implicó un abandono de sus negocios mercantiles, sino que hubo una continuidad en el ejercicio de estas actividades económicas, por lo que Luis Francisco continuó a cargo de la real provisión de granos y realizando ventas al fiado, préstamos e inversiones en propiedades rústicas para su posterior arriendo.

Luis Francisco falleció el 2 de octubre de 1744 sin descendencia directa, sucediéndole su sobrino Pedro de la Cruz y Rienda, natural de Guadix y vecino de Almería, quien, además de heredar el título, continuó con sus negocios y casó con Luisa Segura y Rodríguez, natural de Orce, hija del alcaide del castillo de las Siete Torres.

Para saber más:
FELICES DE LA FUENTE, María del Mar, “Del comercio a la nobleza titulada: la compra del título nobiliario de marqués de Dos Fuentes”, en REY CASTELAO, O., LÓPEZ, R. J. (eds.), El mundo urbano en el siglo de la Ilustración, II, Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, 2009, pp. 515-527.

sábado, 6 de junio de 2020

Ignacio Mª de Álava. Capitán General de la Armada. Dio la 2ª vuelta al Mundo

Héroe de Trafalgar. Teniente General de la Armada y Jefe de la Escuadra del Mar del Sur, que contribuyó a la defensa de nuestro Imperio contra los ingleses a finales del siglo XVIII.


Ignacio María de Álava  y Saenz de Navarrete nació en Vitoria (Álava) en 1750, siendo sus padres don Gaspar de Álava y Aranguren, Diputado General de Álava y Procurador General de Vitoria, y doña Joaquina Saenz de Navarrete Ladrón de Guevara. De familia noble riojana, tras finalizar sus estudios en la Escuela Patriótica (La Bascongada), proyecto educativo germen del futuro Seminario de Nobles de Vergara, sentó plaza de guardiamarina el 23 de junio de 1766, y dos años después se hizo a la mar, al mando del jabeque San Luis, destinado al corso contra los moros y berberiscos.

En 1779 pasó a prestar sus servicios en el navío Santísima Trinidad, participando en la exitosa victoria del 9 de agosto de 1780 a la altura del cabo de Santa María que supuso la captura de 55 navíos y cuatro fragatas que fueron incorporadas a la armada española, además de una gran cantidad de armamento, munición y efectos y provisiones navales.

En 1781 al mando de la fragata Rosa y bajo las órdenes de Luis de Córdova y su segundo José de Mazarredo participó en el apresamiento del buque Ardent en el Canal de la Mancha. Poco más tare, en 1782, al mando de la fragata Rosa asistió al sitio de Gibraltar con las baterías flotantes y al combate contra la escuadra inglesa del 20 de octubre de 1782. Herido en esa ocasión, Carlos IV, en reconocimiento por este valeroso comportamiento, le ascendió el mes siguiente a capitán de navío, con solo treinta y dos años y expresó su deseo de conocerle personalmente, por lo que Ignacio María de Álava se trasladó a la Corte. Tras un periodo de licencia y de permanencia en la Corte, que aprovechó para contraer matrimonio, se incorporó en 1787, como Mayor General, a la escuadra de evoluciones de Juan de Lángara en el Mediterráneo.

En 1791 acude en socorro de la plaza de Orán, al mando del navío San Francisco de Paula y fue nombrado brigadier el 1 de marzo de 1792, y luego mayor general de la escuadra mandada por Juan de Lángara, asistiendo a toda la campaña que en las costas francesas hicieron contra los convencionales las escuadras combinadas de España e Inglaterra a principios de 1793, y ascendió a jefe de escuadra el 25 de enero de 1794.

La confianza de Godoy en Álava le llevó a designarle Jefe de la Escuadra de Asia, o del Mar del Sur, en septiembre de 1795. Así, el 7 de septiembre de 1795 se le confirió el mando de una escuadra compuesta de tres navíos y dos fragatasdestinada a dar la vuelta al mundo, con la que salió de Cádiz el 30 de noviembre, tocó en Lima y en Manila, y tras la firma de la Paz de Amiens (1802), de regreso a España llegó a Cádiz el 1 junio de 1803. Entretanto había sido ascendido a teniente general (5 de noviembre de 1802). Dio la segunda vuelta al Mundo.

Este viaje de regreso, que realizó a través del Cabo de Buena Esperanza, hace que podamos hablar de una Vuelta al Mundo de una escuadra española, mandada por Ignacio María de Álava, la segunda después de la hazaña de la expedición promovida por Fernando de Magallanes y finalizada por Juan Sebastián Elcano.

El 15 de febrero de 1805 fue nombrado segundo jefe de la escuadra, a las órdenes de Federico Gravina. Luchó en Trafalgar, en la que combate en el Santa Ana y dirige la vanguardia de la escuadra combinada de los dos países aliados. Sostiene la batalla durante 6 horas, al cabo de las cuales cae gravemente herido. El navío se rinde, pero merced a un temporal, consigue liberarse.

Batalla Naval de Trsafalgar
 Se le concedió la gran cruz de Carlos III el 21 de octubre de 1805 y, a la muerte de Gravina, recibió el mando de la escuadra (9 de abril de 1806). Así, una vez repuesto de sus heridas pasó a Madrid y se le confió el mando de lo que quedaba de la escuadra española, sucediendo al difunto Gravina y arbolando también su insignia en el navío Príncipe de Asturias.

Luchó en la Guerra de la Independencia; fue nombrado gobernador de Cádiz el 6 de diciembre de 1808 y organizó la defensa naval de esa ciudad por encargo de la Junta Central. El 18 de febrero de 1810, en la bahía de Cádiz y a bordo del Santa Ana, firmó su respuesta a los comisionados de Bonaparte que le habían instado a que cambiase de bando: su posición fue de lealtad a Fernando VII y al Consejo de Regencia como autoridad legítima, y de confianza en la Nación Británica.

Vocal del Almirantazgo, fue comandante general del Apostadero de La Habana (26 febrero/1810. Asistió en La Habana a la procesión cívica de la jura de la Constitución el 21 de julio de 1812, aunque ya había cesado en el Apostadero, pues el 5 de febrero de 1812 había sido nombrado capitán general del departamento de Cádiz.

Tras un periodo de dos años como Comandante del Apostadero de La Habana (26 de febrero de 1810), donde dejó un feliz e imborrable recuerdo, regresó de nuevo a Cádiz por disposición de la Regencia como Director del Departamento para la organización de la defensa de la ciudad. En 1814 fue nombrado de nuevo Miembro del Consejo supremo del Almirantazgo. En estos años fue también galardonado con las órdenes, recién creadas, Laureada de San Fernando y de San Hermenegildo, que se añadían a su condición de Caballero profeso de la Militar Orden de Santiago (1793) y de Caballero de la Orden de Calatrava.

Panteón de Marinos Ilustres (San Fernando / Cádiz)
En 1815, siguiendo la tradición de un destacado número de ilustrados de origen norteño, Ignacio recibió el honor de ser nombrado académico, y posteriormente consiliario, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Antes de morir, todavía ascendió a capitán general de la Armada* (24 de febrero de 1817) y fue decano del mismo Consejo. Falleció en Chiclana (Cádiz) el 26 de mayo de 1817 y fue sepultado en el Panteón de ;arinos Ilustres de San Carlos en San Fernando de Cádiz.

* Tras la muerte, el día 20 de febrero de 1817, del Almirante don Félix de Tejada, la Real Armada Española se había quedado huérfana de Capitanes Generales, por lo que el día 3 de abril de ese mismo año, el Rey Fernando VII decide recompensar con la máxima dignidad a don Ignacio María de Álava.

martes, 2 de junio de 2020

Juan Pérez Villamil. Elaboró el Bando de los alcaldes de Móstoles, en 1808



Destaca por haber sido el instigador y autor intelectual del célebre Bando de Independencia o Bando de los alcaldes de Móstoles, que ha trascendido históricamente como el documento que inició Guerra de la Independencia.

Jurista ilustrado que hizo una importante carrera política en el reinado de Carlos IV, participó activamente el convulso periodo de las Cortes de Cádiz, y terminó ocupando altos cargos de gobierno con Fernando VII.


Juan Pérez Villamil  nació en Puerto de Vega (Navia / Asturias) el 1 de mayo de 1754. Hijo de Agustín Pérez Villamil, natural de Villaoril (Navia) y de Francisca Cayetana de Paredes y Cascos de Villademoros, originaria de Luarca, que habían contraído matrimonio en Luarca, ambos de familias hidalgas de Asturias. Su padre falleció el mismo año de su nacimiento. El 13 de diciembre de 1780 Juan contrajo matrimonio en Madrid, con María Teresa de la Vega Ordóñez.


El origen de su familia está en Puerto de Vega, Concejo de Navia, tal y como demuestra el pleito de Hidalguía (con motivo de su cambio de domicilio a Orense) fue ventilado por mi sexto abuelo, Don Domingo Pérez Villamil y Fernández de Talaya, (primo hermano de Don Juan Pérez Villamil y de Paredes), en la Real Chancillería de Valladolid, (Sala de Hijosdalgo, legajo 1286, Expediente 52, que terminó por la Real Provisión de Carlos III de 10 de junio de 1776. Y es que el padre de Don Domingo fue Don Domingo Pérez Villamil y Pérez Villamil hermano de Don Agustín Pérez Villamil y Pérez Villamil, que estaba casado con Doña Francisca-Cayetana de Paredes, padres de Don Juan,

Estudió leyes entre Oviedo y Madrid, donde comenzó ejerciendo como abogado, gozando de la protección de Campomanes. Nombrado Fiscal de la Real Audiencia de Palma de Mallorca, vuelve a Madrid en 1797, para ocupar los cargos de Alcalde de la Casa y Corte, y después Fiscal de Consejo Supremo de Guerra. Fue auditor general y secretario del Almirantazgo, en cuyo cargo le sorprendió la invasión francesa.

Perteneció a la camarilla palaciega del infante Luis María de Borbón, y se manifestó a favor del reformismo ilustrado. Gozó de la confianza de Godoy, lo que le llevó a ocupar importantes cargos de gobierno, como el de Auditor General. Escribió varias obras jurídicas e históricas, que le  valieron el nombramiento como académico en las Reales Academias de la Historia, Española y de Bellas Artes.

En la noche del 1 al 2 de mayo de 1808, Pérez de Villamil fue nombrado, junto con otros 2 juristas y 3 tenientes generales, miembro de la Junta Clandestina de Sustitución. Organizada por la Junta Suprema de Gobierno para reemplazarla en caso de que fuese suprimida y encarcelada por los invasores franceses. Así que, conocedor por sus cargos de las intenciones de Murat, salió de Madrid el fin de semana y se retiró a su casa de Móstoles.

Enterado, por su amigo  Esteban Fernández de León, de lo ocurrido en Madrid el 2 de Mayo, se dirigió a los alcaldes de Móstoles y les instó a que publicasen un bando, redactado por él mismo, texto que dictó al escribano Manuel de Valle Espino, en que pedía socorro armado para los madrileños, y que fue firmado por los dos alcaldes ordinarios del momento, Andrés Diego Torrejón García (por el Estado Noble)  y Simón Hernández Orgaz (por el Estado General), refrendado por el notario local.



Con este bando se iniciaba la Guerra de la Independencia. Villamil, habiéndose negado a prestar juramento de fidelidad y obediencia a José I, fue arrestado y deportado a Francia, más logró fugarse y pudo unirse a la resistencia patriota, siendo nombrado en Cádiz Consejero de Estado.

Con la radicalización de los liberales, las ideas reformistas de Pérez Villamil, que abogaba por dar a la nación una constitución moderada, fueron tachadas de reaccionarias. En 1813, con la vuelta de Fernando VII, Villamil liderará la facción realista o absolutista, siendo uno de los firmantes del Manifiesto de los Persas. En 1814 Villamil redactó, junto con Miguel de Lardizábal, el decreto por el que se anulaba la Constitución de 1812 y quedaba restaurado el absolutismo. Por su fidelidad al rey fue nombrado secretario del Consejo de Estado, ministro de Hacienda, siendo conocido como "el Curandero de la Hacienda", y consejero de Estado, aunque en 1815 fue cesado y sufrió el ostracismo y el destierro de la corte. Pero tras el Trienio Liberal recuperó la confianza del rey y fue repuesto en sus cargos, que ocupó hasta el 20 de febrero de 1824, fecha de su muerte.

Fue designado académico honorario de la Real Academia de la Historia el 1 de abril de 1803 y ascendido a supernumerario el día 22 siguiente. El 9 de noviembre de 1805 fue elegido para la clase de numerario. Fue director de la corporación desde el 27 de noviembre de 1807 al mismo día de 1810.

La destitución del arabista José Antonio Conde, expulsado por colaborador de José I el 8 de noviembre de 1814, abrió a Pérez Villamil las puertas de la Real Academia Española, de la que era honorario y supernumerario desde 1804. El 14 de noviembre de 1814 fue nombrado numerario.

Asimismo, fue académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y miembro honorario y de mérito de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, de la que formó parte desde 1781 como socio de la clase de Agricultura, bajo la dirección del Pedro Rodríguez Campomanes. Entre 1816 y 1820 fue director de la Sociedad Económica de Oviedo, y luego su director perpétuo.

Estuvo en posesión de condecoraciones nacionales y extranjeras: fue caballero pensionista de la Real y Distinguida Orden de Carlos III (26 de abril de 1800).