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sábado, 21 de diciembre de 2019

Pablo Morillo y Morillo. Militar. Conde de Cartagena y marqués de la Puerta


Llamado a veces “el Pacificador” por cumplir el encargo de Fernando VII de poner orden en los territorios sublevados de América. Mantuvo continuos enfrentamiento en Venezuela y Colombia, luchando contra Bolívar, Arizmendi, Marino y otros caudillos americanos. Tras firmar la tregua de Trujillo, regresó a España en 1820, donde fue distinguido con diversos títulos nobiliarios.


Pablo Morillo nació en Fuentesecas  (Zamora)  en mayo de 1775, siendo sus padres Lorenzo Morillo y María Morillo, campesinos gallegos, probablemente hidalgos. Contrajo nupcias en dos ocasiones: la primera en 1795 con Joaquina Rodríguez, y la segunda en 1815, tras la muerte de Joaquina sucedida en 1805, con María Josefa del Villar, natural de Cádiz.

Dedicado en su juventud al pastoreo de ovejas, en 1786, por iniciativa de un amigo de su padre, fue enviado a Salamanca a realizar algunos estudios, que pronto dejó para ingresar, en marzo de 1791, al servicio de las tropas de la Marina Real, donde fue escalando posiciones rápidamente. Luchó en Trafalgar (1805), en Bailén (1808) a las órdenes del General Castaños y alcanzó el grado de teniente general tras la batalla de Vitoria (1813). En 1815 fue destinado a América al mando del ejército expedicionario para reprimir el movimiento independentista.

Fernando VII lo nombró comandante de las tropas que envió a las colonias americanas para sofocar el levantamiento independentista (finales de 1814), y con gran contundencia se apoderó de Cartagena de Indias y Santa Fé, tras vencer en diversas ocasiones a Santiago Mariño y a Simón Bolívar. Posteriormente, en 1819, recibiría los títulos de Conde de Cartagena y Marqués de La Puerta como reconocimiento a sus victorias. Caballero Gran Cruz de Carlos III, de Isabel la Católica y Regidor Perpétuo de La Coruña. 

Pasaporte militar de Pablo Morillo

Salió de Cádiz el 17 de febrero de 1815 con 15.000 hombres en 75 buques, anclando frente a las playas de Carúpano (Venezuela) el día 15 del mes siguiente. El 7 de abril tomó la isla Margarita indultando al líder patriota Juan Bautista Arismendi y generando la huída del general Francisco Bermúdez hacia las Antillas y Cartagena. La rebelión de Arismendi, quien retomó el control de la isla, es catalogada por la mayoría de los historiadores como el hecho que alteró el carácter del general Morillo, haciéndolo implacable y cruel con los patriotas.
 

Pablo Morillo destacó por emprender la más grande represión contra el pueblo granadino (Nueva Granada), conocida como el Régimen del Terror*; ofreció la libertad a los esclavos que denunciaran o presentaran a algún cabecilla revolucionario, lo cual atrajo a muchos negros, que se unieron a la defensa del rey Fernando VII. De esta forma llevó al patíbulo a algunos personajes colombianos tales como Camilo Torres Tenorio, Francisco José de Caldas, Liborio Mejía y Jorge Tadeo Lozano, entre otros.

Con uniforme de Capitán
*A mediados de febrero de 1816 salió de esa ciudad rumbo a Santa Fé, a donde llegó el 26 de mayo. En su marcha a la capital neogranadina, y como medida para reclutar hombres para sus tropas, expidió desde Ocaña (24 de abril de 1816) un decreto que ofrecía la libertad a los esclavos que denunciaran o presentaran a algún jefe patriota. 

Bajo sus órdenes fueron ejecutados más de un centenar de patriotas, confiscados sus bienes y desterradas sus esposas e hijas, en lo que se denomina en la historia colombiana como “El Régimen del Terror”. 


En 1819 fue vencido por Simón Bolívar en Bocayá, derrota que tuvo como consecuencia la declaración de independencia de la Gran Colombia y la firma del armisticio de Trujillo (1820). A su regreso a España,  entre 1826 y 1830, escribió sus Memorias relativas a los principales acontecimientos de las campañas de América y Táctica militar, y escribió para varios diarios


Favorable a los absolutistas tras la revolución de 1820, se declaró partidario después de los constitucionalistas y fue nombrado capitán general de Castilla la Nueva en 1821. Cuando Fernando VII recuperó el poder, lo destituyó de todos los cargos y, en 1824, se exilió en Francia, de donde no regresó hasta 1832, cuando fue nombrado capitán general de Galicia. Participó en la Primera Guerra Carlista con el bando liberal, en apoyo de la reina Cristina, pero no tardó en retirarse por problemas de salud. Murió exiliado en Barèges (Francia), en julio de 1837. Morillo murió pobre, por lo que después de su muerte, su viuda se vio obligada a solicitar la ayuda real para mantener a sus cinco hijos menores.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Miguel Ricardo de Álava. Héroe de Guerra de la Independencia y de Waterloo


Militar y diplomático liberal, el general Álava conoció el poder y la gloria pero también la impotencia y el exilio. Se ganó el respeto y el afecto de cuantos le trataron. Entre sus amigos se contaban personalidades tan destacadas como Lord Wellington, Talleyrand o el rey Guillermo I de Holanda. 

Combatió como “segundo” del Duque de Wellington en la batalla de Warterloo, que acabaría con las ideas expansionistas de Napoleón Bonaparte.

Nacido en el seno de una familia noble con larga tradición de servicio en la milicia y en la burocracia real, Miguel Ricardo de Álava y Esquível vio la luz en Vitoria en febrero de 1772. Pedro Jacinto de Álava y Saénz de Navarrete, su padre, fue titular del mayorazgo de los Álava y señor de Quintana, Urturi y Rituerto y miembro del Consejo de Hacienda de S.M. por su empleo como gobernador de rentas reales y subdelegado de correos para Vitoria y su partido; María Manuela de Esquivel y Peralta, su madre, también pertenecía a uno de los linajes alaveses más ilustres. Se casó con su prima, Loreto de Arriola y Esquivel, nacida en 1785, descendiente de los Marqueses de Legarda.

Retrato del General Álava
 
 Era sobrino de Ignacio María de Álava capitán general de la Real Armada Española


Con nueve años recién cumplidos ingresó en el Seminario de Nobles que la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País regentaba en Vergara. Este centro, creado para educar a los hijos de la aristocracia vasca, destacó por la modernidad de su proyecto docente. El plan de estudios combinaba las humanidades (gramática, latín, filosofía, historia, etc.) con las ciencias puras (matemáticas, física, química, etc.) sin descuidar ni el dibujo ni las lenguas modernas (francés e inglés). Música, esgrima y baile completaban un programa de formación integral, que buscaba la plenitud física, intelectual y moral de los internos. Éstos eran educados en un estricto código moral basado en la dignidad personal, el amor al trabajo y una serie de virtudes como el respeto a la ley, la vocación de servicio o el amor a la patria.

Posteriormente, Álava ingresó como cadete en el ejército real. Pero poco después se pasó a la armada aconsejado por su tío, el almirante Ignacio María de Álava. Durante los dieciséis años que sirvió en la marina real, dio varias veces la vuelta al mundo y fue apresado por los ingleses después de un combate naval frente a las costas filipinas. En su hoja de servicios consta también que se distinguió en el sitio de Tolon (1793) y en la batalla de Trafalgar (1805), que a la postre acabó con la hegemonía marítima española. En 1807 fue licenciado con el grado de teniente de navío y pasó a residir en su ciudad natal. Cuando en 1808 se produjo la invasión napoleónica era concejal del ayuntamiento vitoriano y procurador de la Junta General de Álava. Pero por poco tiempo, por su hoja de servicios, su prestigio personal y su dominio del francés, el representante de Napoleón en España lo envió a Bayona para representar a la marina en lo que luego resultó ser un simulacro de debate constitucional convocado para arropar la proclamación de José Bonaparte como rey de España.

Consciente de la gravedad de aquel hecho, Álava retornó a la península y buscó al general Castaños para ponerse a sus órdenes. Estuvo al lado del vencedor de Bailén hasta que la Junta Central le destinó al estado mayor de Wellington, generalísimo de las tropas aliadas anglo-hispano-portuguesas, donde pasó el resto de la contienda. Luchó contra los franceses a las órdenes del mariscal inglés en Busaço (1810), Arapiles (1812) y Vitoria (1813), alcanzando el grado de general al término de la contienda. También acompañó a Wellington en la decisiva batalla de Waterloo (1815). El general Álava destacó tanto por sus habilidades castrenses como sus virtudes humanitarias. 

El Duque de Wellington en Waterloo
En agosto de 1812, poco después proclamar la constitución en Madrid siguiendo el mandato de las Cortes, ofreció una amnistía para los españoles enrolados en las filas bonapartistas que entregaran las armas. Ese deseo de humanizar la guerra y evitar la violencia gratuita volvió a aflorar en el general Álava muchos años después, en plena guerra civil, cuando promovió el convenio Elliot (1835) por el cual los jefes liberales y carlistas se avinieron a intercambiar los prisioneros de guerra.
Aunque pasó gran parte de su vida lejos de su Vitoria natal, también representó a sus paisanos como concejal (1808), como diputado general (1812-5) y como diputado en cortes (1822-3). Pero los vitorianos le recordaron siempre por su valerosa actitud del 21 de junio de 1813 cuando se adelantó al frente de la caballería inglesa, cerró las puertas de la ciudad a los franceses que derrotados se retiraban en desbandada y salvó a sus paisanos de un saqueo casi seguro. Tras la batalla de Vitoria el general apenas permaneció unas semanas en la ciudad: el tiempo justo para sanar de sus heridas y contraer matrimonio con Loreto Arriola el 22 de noviembre 1813. Una semana después salió para Bayona con el fin de reincorporarse al estado mayor de Wellington.
Monumento a Álava en Vitoria
La filiación liberal del general Álava le ocasionó algunos roces con Fernando VII quien, finalmente, le envió como embajador ante Guillermo I de Holanda (1815). En 1812 recibió el Toisón de Oro y, en octubre de 1815, fue nombrado Caballero Comendador extraordinario de la Orden del Baño, y en 1816 ingresó como caballero de la Orden de Santiago.

Durante el trienio constitucional Álava fue nombrado capitán general de Aragón (1821) y elegido diputado en cortes por el distrito de Vitoria (1822). Condenado a muerte tras la caída del gobierno constitucional, Miguel Ricardo se exilió primero a Inglaterra y después a Francia. Privado de honores y bienes, llevó una existencia incierta y apurada. Amnistiado en octubre de 1833 tras la muerte de Fernando VII, fue nombrado vocal del Consejo de Estado, Prócer (seandor) del Reino.

En la capital inglesa Álava trabajó en favor del convenio Elliot y consiguió que Portugal, Inglaterra y Francia ayudaran militarmente al gobierno español en su lucha contra los carlistas. Volvió a la Península acompañando a la Legión Británica en el verano de 1835 para hacerse cargo del ministerio de Marina en el gabinete moderado de Toreno. Pero en aquel Madrid minado por la lucha política descarnada entre las dos fracciones liberales las cosas cambiaban de un día para otro. Después de haber rechazado la presidencia del consejo de ministros que le ofreció el progresista Mendizábal, aceptó en noviembre la embajada en París. Su ruptura con los progresistas fue sonada: en el verano de 1836 dimitió de sus cargos como protesta contra el golpe de estado instigado por los progresistas y ejecutado por los sargentos de la guardia real. Los moderados repescaron a álava dos años después y le confiaron la embajada española en Londres (1838-41). Ése fue su último destino oficial. Poco después se estableció en Vitoria, si bien murió en el balneario francés de Barèges en julio de 1843.

Para saber más

viernes, 1 de septiembre de 2017

Luis Vicente de Velasco. Héroe olvidado en la defensa del castillo del Morro


Marino y comandante de la Armada Real Española. A lo largo de su carrera militar destacó por su valentía y destreza al mando de varios buques. Alcanzó su mayor gloria defendiendo La Habana de la invasión inglesa de 1762, y al igual que otros héroes, como Blas de Lezo (el héroe de Cartagena de Indias) o Bernardo de Gálvez. (el héroe de la Guerra de Independencia de EE. UU.), sus méritos han sido poco reconocidos y valorados  hasta ahora. 
 
Por todos sus méritos y en recuerdo suyo, en 1763, e creó el Marquesado de Velasco para su hermano mayor Ïñigo José de Velasco de Isla, con la denominación de "Velasco del Morro", con cuatro mil pesos de renta anuales.

Luis Vicente de Velasco e Isla nació en la villa cántabra de Noja, el 9 de febrero de 1711, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol, en la que fundaron una capilla sus antepasados. Sus padres pertenecían a la nobleza rural de la montaña y eran descendientes de guerreros, nobles y cortesanos destacados a los largo de toda la Reconquista. Hijo de don Pedro de Velasco Castillo Santelices, natural de Noja y Caballero del Hábito de Santiago, y de doña María Antonia (Fdez.) de Isla y Poves, natural de la villa de Isla. Falleció en combate en La Habana (Cuba), el 31 de julio de 1762.

Luís Vicente de Velasco (Museo Naval)

A la edad de quince años, en 1726, sentó plaza de guardiamarina en la compañía del departamento de Cádiz. Con su paisano Antonio de la Colina, recibió el bautismo de fuego en los ataques a Gibraltar. También coincidieron los dos en su destino en la escuadra del general Cornejo, que llevó a la conquista de Orán al ejército del duque de Montemar.

Velasco prestó servicios en aguas de América y en las del Mediterráneo, combatiendo contra los berberiscos; con el grado de teniente de navío en 1739 al romperse las hostilidades contra el Reino Unido; al principio de la guerra tomó parte en algunos encuentros, ascendiendo a capitán de fragata hacía el año de 1741. Al mando de una fragata, pasó a América con los refuerzos que en el año siguiente se enviaron a las Antillas.

En marzo de 1754 fue ascendido a capitán de navío el rey Fernando VI le concede el mando del navío de línea "La Reina". Durante la paz que siguió, continuó Velasco navegando e hizo viajes entre América y Europa, en las escuadra de los generales Regio y Spínola. En junio de 1762 seguía Velasco con el navío Reina, formando parte de la escuadra del general Gutierre de Hevia, marqués del Real Transporte.

Tras el Pacto de Familia entre España y Francia de 1762, los ingleses, en el marco de la Guerra de los siete años, atacan Cuba con una escuadra de 23 navíos, 24 fragatas y 150 barcos menores y de transporte llevando 14.000 hombres de asalto (que después reforzaron con otros 4.000), al mando del almirante George Pocock, quien se presentó en La Habana el amanece del 6 de junio de dicho año. El intrépido Velasco, al que la junta de guerra le encargó su mando, tuvo un papel muy destacado en la defensa del Castillo del Morro, antiguamente llamado “de los Tres Reyes”, que cerraba el puerto de La Habana. A los otros comandantes de los buques sw les adjudicaron otros castillos con el mismo objeto, ya que se desistió de efectuar una salida por ser las fuerzas navales enemigas muy superiores a las españolas, que sólo consistían en ocho navíos de línea a flote más otros menores.

Castillo del Morro, en la Habana
 La flota atacante embocó el Canal Viejo de Bahama, lleno de bajerío, por donde no se esperaba se atreviese tan nutrido convoy, de unas doscientas velas: con veintisiete navíos de línea, quince fragatas, nueve avisos, tres bombardas y ciento cincuenta transportes.2 Aún se dudaba de su actitud hostil, suponiendo fuese un convoy mercante anual entre Jamaica y el Reino Unido. La entrada del puerto de La Habana estaba guarnecida por el castillo del Morro, y la junta de guerra encargó de su mando al intrépido Velasco.

Los atacantes toman con facilidad las alturas dominantes, pese a que antes el gobernador de La Habana, Juan de Prado, hizo transportar a mano piezas de artillería para defenderlas. Pero Velasco resiste en el Castillo del Morro e intenta salidas. Deja al mando de las baterías a Bartolomé Montes y se va a dirigir en persona el fuego de los 30 cañones de las fortificaciones de Santiago, contra las 286 piezas que barrían las posiciones españolas desde los buques Stirling, Dragon, Marlborough y Cambridge. Tras seis horas de combate se retiraron los barcos británicos. Sólo el Stirling lo hizo ileso, y el Cambridge resultó muy averiado. Mientras, las baterías dirigidas por Montes también rechazaron a los ingleses.
Escudo de Armas en su ciudad natal (NOJA)
Armas del marquesado de Velasco del Morro, por Carlos Vidriales
El castillo, al mando de Luis Vicente de Velasco, resistió heroicamente dos meses en unas notorias condiciones de inferioridad. Se contó que el fuego que cayó sobre el castillo, le hacía parecer un volcán y que en esos últimos días de resistencia, Velasco parecía un espectro por su delgadez y cansancio, pero que desplegaba una energía sobrehumana y dormía unas pocas horas antes del amanecer con su sable en la mano. Los fuegos de los atacantes eran seis veces superiores a los de la defensa; Velasco llevaba 37 noches sin desnudarse y sin apenas dormir, era incansable y daba a todos el aliento de su elevado espíritu.

Asalto al castillo del Morro, tras la explosión de una mina que abre un boquete
Recibió una fuerte contusión y, por orden terminante del marques del Real Transporte, hubo de retirarse a la plaza el día quince de julio, acompañado del capitán de fragata Ponce y del sargento mayor de la fortaleza Montes, siendo sustituidos por Francisco de Medina y Diego de Argote, comandantes del navío “Infante” y de la fragata “Venganza”.

La feroz resistencia termina cuando Velasco es abatido por un balazo en el pecho. El jefe de las fuerzas de asalto, sir Reppel, permite el traslado de Velasco a La Habana. Los médicos ingleses intentan salvarle la vida, pero todo resulta inútil y muere a consecuencia de la herida el 31 de julio de 1762, rodeado del marqués del Real Transporte, del de la Colina, de su sobrino el alférez de navío Muñoz de Velasco, herido antes en el Morro, y de otros amigos.

Navíos ingleses, frente a El Morro, maltrechos y desarbolados

Ingleses y españoles pactan un alto el fuego de 24 horas para enterrar al héroe. El día doce, conquistados la Cabaña, el Morro y la loma de Arostegui, privada la ciudad de agua potable y alegando falta de pólvora, la junta se vio en precisión de rendirse y los ingleses se apoderaron de La Habana (la cual volvería a la Corona española por el tratado de París del 10 de febrero de 1763, a cambio de la península de La Florida).

Nota. Los ingleses le rindieron honores, levantaron un monumento en su memoria en la abadía de Westminster y en la Torre de Londres se guardó un estandarte hispánico capturado en El Morro. Hasta principios del siglo XX la marina de guerra británica disparaba salvas de honor en su nombre al pasar ante su villa natal.

Sir Rippel, el general británico, en su informe de lo ocurrido habla de Velasco como

El capitán más bravo del rey católico
Estatua de Velasco en Meruelo
El Rey Carlos III concedió a su hermano mayor, Iñigo José de Velasco, el título nobiliario de Marqués del Morro de La Habana, después Marqués de Velasco, y vizcondado de Torre Castillo. 

El rey también mandó erigir una estatua del primero en el pueblo de Meruelo*, cercano a Noja, y en ella se le representa como cayó: con la espada en la diestra y llevándose la otra mano al costado izquierdo. Mandó también el rey que hubiera siempre en la real armada un navío llamado "Velasco".


*La Villa de Noja, junto a los lugares de Ajo, Arnuero, Bareyo, Castillo, Güemes, Isla, Meruelo y Soano, formaba la Junta de Siete Villas, una de las que componía con las Juntas de Cudeyo, Ribamontán, Cesto, Voto, y las Dos Villas (Argoños y Escalante), la Muy Noble y Siempre Leal Merindad de Trasmiera, parte importante del Distrito de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar de Cantabria, hoy Comunidad Autónoma de Cantabria. La Casa Consistorial y de Audiencia de la Junta de Siete Villas estaba situada en el actual barrio de la Audiencia, perteneciente al Valle de Meruelo, desde donde un Alcalde Mayor administraba justicia y gobernaba la Junta.

viernes, 19 de febrero de 2016

Hernán Pérez del Pulgar. Llamado el de las Hazañas


Los hombres de Carlos V hallaron a Hernán Pérez del Pulgar, viejo hidalgo que dejó su cortijo para acudir a la corte en Granada. Allí redactaría, para el emperador, “Breve parte de las hazañas del excelente nombrado Gran Capitán”. Debido al título de su obra más destacada, es conocido como "el de las hazañas".

Hernán (o Hernando) Pérez del Pulgar y García Osorio fue un hidalgo y militar al servicio de los Reyes Católicos, además de historiador y escritor, nacido, casi con toda probabilidad, en Ciudad Real el 27de julio de 1451 y fallecido el 11 de agosto de 1531 en Granada. Casó tres veces (con Doña Francisca Monte de Isla, con Doña Elvira de Sandoval y con lvira Pérez del Arca) y de sus matrimonios tuvo varios hijos, varones y hembras, siendo en su hijo Hernando, tras la muerte temprana de su hermano Rodrigo, en quién recayó los sendos mayorazgos fundados por su padre, tras refundirlos en uno.

Hernán Pérez del Pulgar

Dedicado desde muy joven a la carrera de las armas (en su juventud, en 1475, junto a su padre, destacó por defender Ciudad Real cuando la invasión del Maestre de Calatrava), combatió contra las fuerzas portuguesas de Alfonso V durante la guerra de Sucesión de Castilla (1474-1479). En 1481 fue nombrado gentilhombre por los Reyes Católicos, tras lo cual se trasladó a Andalucía para luchar contra los nazaríes granadinos. Destacó en las campañas de Granada(1481-1492), logrando importantes éxitos militares en Alhama, el castillo de Salar, el sitio de Baza y Salobreña.

Su primera gran hazaña tuvo lugar en 1486, durante el cerco de Loja (Granada), cuando conquistó el castillo del Salar con sólo ochenta hombres. En recompensa, los reyes lo nombraron alcalde de la fortaleza y, más tarde, a sus herederos, se les nombré marqueses del Salar. En 1487 participó en el asedio de Vélez-Málaga, y dos años después en el sitio de Baza (Granada), durante el cual dio muerte a Ibn Za’id, caudillo del ejército musulmán.

En 1490, durante el asedio de Salobreña por parte de Boabdil el Chico, último emir nazarí, Hernán Pérez del Pulgar precipitó el ataque de los musulmanes (que esperaban que la ciudad se rindiese por falta de agua y alimento) arrojando un cántaro de agua por la muralla como muestra del abastecimiento de la plaza. Sin embargo, su acción más recordada fue la entrada en Granada en diciembre de 1490 junto a quince caballeros: logró llegar a la mezquita mayor y clavó en su puerta un cartel donde se leía “Ave María”.

Escudo de Armas de Hernán Pérez del Pulgar
Curiosamente, tras haber contribuido tanto a la victoria final, no formó parte de las tropas que tomaron definitivamente la ciudad de Granada en 1492. En 1494 ayudó a sofocar la sublevación de los moriscos en Las Alpujarras.

Más tarde en Italia junto con Gonzalo Fernández de Córdoba, “el Gran Capitán”, y siendo su lugarteniente reformaron las tácticas de la infantería española en Ceriñola, las cuales darían lugar a los celebres Tercios Españoles invictos, gracias a sus enseñanzas, durante más de 150 años.

Cuadro en Casa del Marqués del Salar
En sus últimos años, cuando contaba 74, recibió el encargo, por parte del emperador Carlos I, de poner por escrito los principales episodios bélicos protagonizados por Gonzalo Fernández de Córdoba ("El Gran Capitán"), tanto en la Guerra de Granada como en el transcurso de sus célebres campañas en Nápoles. Fruto de este encargo fue la magnífica crónica de Pérez del Pulgar titulada Breve parte de las hazañas del excelente nombrado Gran Capitán, (publicado en 1527 por un editor alemán, Jacobo Cromberg, que vivía en Sevilla) obra que recoge no sólo los méritos militares del protagonista, sino también la relación de sus títulos y privilegios. La redacción de esta obra por parte de Pérez del Pulgar ha dado lugar a que se le confunda con el cronista de los Reyes Católicos, Hernando del Pulgar.

Por sus hazañas y en especial por la de Granada, los Reyes Católicos le concedieron el privilegio de estar enterrado junto a ellos en la Capilla Real de la Catedral de Granada, privilegio muy de destacar, pues no se ha repetido en la Historia de España y no era un miembro de la Casa Real.

En la Guerra de Granada sería la hazaña del Ave María la que le daría inmortalidad; partiendo de Alhama, en un asalto nocturno a Granada acompañado de otros 15 caballeros, y guiado por un moro renegado, llegó hasta la puerta de la Mezquita Mayor y clavó con su daga la oración del Ave María en la misma puerta de la mezquita.

Para perpetuar la memoria de aquellos hidalgos, mandaron los Reyes Católicos extender una real cédula en que se les menciona uno por uno, prometiéndoles grandes mercedes para cuando se tomase Granada. El documento está firmado a "treinta días del mes de diciembre de mil e quatrocientos e noventa años", y se dirige a Pulgar, y a sus quince compañeros, cuyos nombres son: Gerónymo de Aguilera, Francisco de Bedmar, Diego de Jaén, Álvaro de Peñalver, Diego Ximénez, Pedro de Pulgar, Montesino de Ávila, Ramiro de Guzmán, Cristóbal de Castro, Tristán de Montemayor, Diego de Baena, Alfonso de Almería, Luis de Quero, Rodrigo de Velázquez, y Torre.

viernes, 16 de octubre de 2015

Álvaro de Bazán y Guzmán. El héroe de Lepanto y primer Marqués de Santa Cruz


Almirante y primer marqués de Santa Cruz de Mudela, dicen que jamás sufrió derrota alguna. De familia ilustre de soldados y marinos, fue el más importante hombre de mar del rey Felipe II de España y el primero en usar los galeones en un gran combate naval y, también, el creador de la infantería de marina.

Tuvo un papel muy destacado en una las mayores (si no la mayor) victoria de España a lo largo de los siglos, la batalla de Lepanto, donde los españoles, ayudados por otras naciones europeas coaligadas, derrotaron a los turcos.

Don Álvaro de Bazán y Guzmán, de noble linaje de Navarra, nació en la ciudad de Granada el 12 de diciembre de 1526. Hijo de Don Álvaro de Bazán “el Viejo”, señor del Viso del Puerto y de Santa Cruz de Mudela, marino de prestigio que llegó a ser Capitán General de las Galeras de del emperador Carlos V, y de doña Ana Guzmán, hija de Diego Ramírez de Guzmán, primer conde de Teba y marqués de Ardales.

Don Álvaro de Bazán y Guzmán
 Pertenecía por tanto a una familia originaria del valle de Baztán, en Navarra, de donde tomó el apellido. Su abuelo, también llamado Álvaro de Bazán, había participado en la conquista de Granada en 1492, y desde entonces la familia vivía en esta ciudad. En 1528 su padre solicitó para él (Exp.914) el hábito de Caballero de Santiago, siendo armado como tal el año siguiente en Guadix (dada su corta edad, su profesión quedaba para más adelante, lo que no haría hasta 1568).

Muy pronto dio muestras de vocación marinera, aprendiendo junto a su ayo, Pedro González de Simancas, el arte de la navegación. En 1544, con diecisiete años, le hacía compañía cuando por primera vez combatió victoriosamente contra unos corsarios franceses cerca de Galicia: el 25 de julio, frente a la ría de Muros, su padre abordó a un buque enemigo que había capturado dos naves vizcaínas, venciendo también a otra que acudió en su auxilio. Álvaro de Bazán hijo participó activamente en la lucha y en las maniobras marineras.

Escudo de Armas


El escudo familiar es un “jaquelado” de plata y sable (tablero de ajedrez), según la leyenda, por hallarse jugando a este juego antes de la batalla, aunque lo más lógico sea que proceda del valle navarro de Baztán. En el de los marqueses de Santa Cruz se han añadido las ocho cruces de San Andrés que rodean al tablero de ajedrez (bordura), además la corona de marqués y de acolar la cruz de la Orden de Santiago
 



Todavía en el reinado de Carlos I, consigue el mando de una armada independiente, cuya misión es guardar las costas meridionales de España y proteger la llegada de la Flota de las Indias frente a los corsarios franceses e ingleses y a los piratas berberiscos que operan desde sus bases atlánticas. En 1554 es nombrado capitán general de la Armada con solo 28 años. Unos años más tarde, en 1568, fue nombrado Capitán General de las Galeras de Nápoles, en sustitución de Sancho de Leiva, que había sido trasladado al mando de las de España, y poco después, en octubre de 1569, Felipe II le concede el título de Marqués de Santa Cruz. Durante estos años patrulló las costas italianas, reduciendo los ataques corsarios.

Habiendo propuesto el papa Pío V la creación de una Liga Santa que fuese capaz de enfrentarse a los turcos (Otoanos), en tanto se negociaban los pormenores entre los representantes españoles, pontificios y venecianos, el marqués se dedicó a construir y dotar una escuadra de 38 galeras. Habiendo llegado aquellos a un acuerdo, Santa Cruz recogió en Génova los barcos genoveses y saboyanos; condujo a Don Juan de Austria, almirante supremo de la armada de la Liga Santa, a Italia; embarcó a unos 2.500 hombres en Almería y, por fin, en septiembre de 1571 llevó su flota a Mesina, punto de reunión general. Se distribuyeron todos los barcos reunidos en cuatro escuadras, recibiendo él el mando de los 30 barcos de la retaguardia, con la misión de proteger la flota y acudir en socorro de los puntos más amenazados: se trataba de un cargo de alta responsabilidad, pues una vez comenzado el combate no podría recibir instrucciones de Don Juan de Austria.

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la batalla de Lepanto (Grecia). Su escuadra queda a media milla, por la popa, de la línea de frente. En el centro de la batalla, la galera La Real, nave capitana de Don Juan de Austria, se abalanza contra la nave capitana turca de Alí Bajá, La Sultana, y ambas naves se enzarzaron en un combate cerrado. Marco Antonio Colonna apoya a la nave de Don Juan de Austria, situándose a la retaguardia de La Sultana y aislándola de socorro y refuerzo.


Álvaro de Bazán envía diez galeras y un grupo de fragatas y bergantines para apoyar el éxito que puede suponer la captura de la nave capitana otomana. Como resultado de este refuerzo, el centro otomano queda totalmente deshecho. Una vez lograda la victoria total, la victoriosa armada de la Liga Santa volvió a Italia y Santa Cruz, uno de los principales artífices del éxito, llevó sus buques a Nápoles, donde fue recibido con gran entusiasmo. Fue recompensado con la concesión de la encomienda santiaguista de Solana (en sustitución de la de Villamayor).

En diciembre de 1576 fue trasladado al mando de las galeras de España, organizó la flota de Cartagena y reforzó la de Orán. Al tener en agosto noticia de la muerte del rey portugués Sebastián I en Alcazarquivir, combatiendo a los musulmanes, marchó inmediatamente con considerables fuerzas para proteger las importantes plazas portuguesas del norte de África (Arcila, Ceuta y Tánger) y evitar que se perdieran.

Estatua de Don Álvaro de Bazán, en la Plaza de la Villa, en Madrid
Galeón San Martín, nave almiranta de España
Durante la guerra de Portugal (Felipe II conquista el Reino ) dirigió las operaciones navales y, a su regreso en 1583, en el aniversario de la victoria naval de la isla de San Miguel y del ataque a la isla de Tercera, la recompensa a los buenos servicios de Santa Cruz fue la encomienda mayor de León, el título de Grande de España, y el nombramiento de Capitán General del Mar Océano (Atlántico). Tras esto, Santa Cruz sugirió al rey la invasión de Inglaterra, país que veía como el principal enemigo de España por su apoyo a los rebeldes holandeses, sus constantes ataque al comercio americano y a las mismas costas españolas. En 1584, dada su experiencia en los asuntos portugueses, fue nombrado capitán general de todos las fuerzas, marítimas y terrestres, estacionadas en este país. Felipe II le encargó la preparación de un plan con ese objetivo, que él redactó en sólo dos semanas.

Vidriera en el Palacio del Marqués de Santa Cruz, con su escudo de armas
Decidida por fin la invasión, se nombró generalísimo de las fuerzas españolas al duque Alejandro Farnesio, quedando el duque subordinado a él con el mando de la armada (Grande y Felicísima Armada, llamada "La Invenciable" por los ingleses). Pero los preparativos sufrieron muchos retrasos y, en febrero de 1t89 murió, en Lisboa, tras enfermar un mes antes, sin haber podido zarpar. Fue sustituido por Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia, mucho menos capaz que él. Su cuerpo fue enterrado en la iglesia de la Asunción de El Viso “del Marqués” (Ciudad Real), en donde tenía su palacio*, hasta 1643, cuando fue trasladado al convento de San Francisco, junto con los de su esposa, María Manuela de Benavides.

Su hijo, de igual nombre que él (1571-1646), siguió la tradición familiar y fue otro prominente marino de la Monarquía. En su honor, desde 1841, varios buques de la Armada Española llevan el nombre de Álvaro de Bazán.

* El palacio fue declarado Monumento en 1931 y sus paredes albergan desde 1848 el Museo de la Marina Española y el Archivo Histórico Don Álvaro de Bazán.

Sus Títulos: Marqués de Santa Cruz, Grande de España, Señor de las villas del Viso y Valdepeñas, Comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de Felipe II, Capitán General de la Mar Océana y de la gente de guerra del reino de Portugal.


sábado, 1 de agosto de 2015

Emeterio Huidobro. Un Guardia Civil que combatió al bandolerismo en Cuba


La Guardia Civil, fundada en 1844 durante el reinado de Isabel II, comenzó su despliegue extrapeninsular en la segunda mitad del siglo XIX (en Cuba, pocos años más tarde de su creación, entre 1851 y 1854), llegando a tener desplegados solamente en Cuba, 5.280 efectivos ya en 1895,... y entre ellos se encontraba mi abuelo paterno Emeterio. 

Destinado en Cuba desde muy joven, con tan solo 22 años, persiguió el bandolerismo que merodeaba por varias jurisdicciones de la Isla con gran eficacia, recibiendo diversas condecoraciones por su valor y arrojo. En 1898, tras doce años de lucha, regresó a España tras la derrota ante Estados Unidos, por la que perdimos Cuba y se independizó de España.

Emeterio, luciendo uniforme de 2º Tte. y condecoraciones
Mi abuelo Emeterio (Celedonio) Huidobro Huidobro, de familia hidalga, hijo de José Ildefonso Huidobro del Campillo (Guardia Civil) y María Huidobro Hidalgo (de la línea de los Señores de Huidobro) vino al mundo en Sotopalacios (Burgos) el 30 de agosto de 1864. A los 15 años ingresó en la comandancia de Guardias Jóvenes de la Guardia Civil por tiempo de ocho años. Tras prestar sus servicios en Cataluña, regresó a la comandancia de Burgos donde fue destinado a los puestos de Sedano, de dónde eran originarios sus padres, Medina de Pomar y Burgos. En 1885 pasó de nuevo a Cataluña, donde permaneció hasta el año siguiente que embarcó en Cádiz para Cuba. Ya en la isla, estuvo destacado en varios puntos de la comandancia de Holguín, pero, al ascender a cabo segundo, fue nombrado comandante del puesto de San Agustín en 1887. Después de haber prestado sus servicios en esta jurisdicción, en 1893 fue ascendido a sargento, de modo que fue trasladado a la comandancia de Santa Clara, encomendándosele el mando del puesto de San Gil, desde el cual persiguió el bandolerismo que merodeaba por la jurisdicción de Matanzas (en el occidente de Cuba).

Genealogía del autor de este Blog hasta sus bisabuelos

En 1895, esta provincia fue declarada en estado de sitio. Emeterio no cesó en la persecución y en la destrucción de la partida del cabecilla Menjícar hasta que este cayó prisionero el día 17 de agosto en el lugar de Realengo. Por esta hazaña, le fue concedida la cruz roja al mérito militar. Desde 1896 estuvo de operaciones examinando las líneas telegráficas y telefónicas de Unión de Reyes a Bolondrón y La Reforma. En una ocasión, cuando regresaba por La Loma del Cangrejo, se encontró con el rastro de una partida insurrecta a la que luego dio alcance en La Reforma. En este punto, se sostuvo un tiroteo hasta lograr la dispersión del adversario. La refriega se saldó con dos muertos, amén de la captura de dos caballos con sus monturas y diverso material, en especial varios cartuchos de fusil Rémington y de revólver. A esto, se añadieron posteriormente otros dos caballos con montura, alambre para explosivos y otros efectos arrebatados al enemigo en su huida.

Destacamento de la Guardia Civil en Cuba (1893)

El 23 de octubre, Emeterio salió de operaciones al ingenio de Santa Rosa, con el fin de sofocar un incendio. Entonces, la avanzada de la Guardia Civil descubrió 50 hombres montados a los que tiroteó causándoles un muerto. El 1 de noviembre persiguió a un grupo insurrecto, por la línea férrea de La Habana, que llevaba  40 reses. Al internarse estos en el monte Salsipuedes, los guardias civiles se encontraron con el grueso de la partida de Álvarez y de El Gallego, formada por 250 hombres, con quienes se mantuvo media hora de intenso fuego, teniéndoles que atacar finalmente a la bayoneta hasta desalojarlos de sus posiciones y causándoles cinco bajas vistas, varios caballos muertos y algunos heridos. Por estos servicios, Emeterio fue agraciado en 1897 con otra cruz roja del mérito militar.

Uniforme y armamento de la Guardia Civil con destino en Cuba

GC (rayadillo)_Cuba 1898 PLAYMOBIL













Los días 3 y 18 de febrero de dicho año, la Guardia Civil sostuvo un tiroteo con el enemigo en los montes del ingenio Atrevido y en los potreros de San José y de La Margarita, infligiéndoles varias bajas. Fruto de ello, fue la incautación de municiones y de ropa, así como la ocupación de su campamento. Por su participación, Emeterio fue recompensado con una cruz sencilla al mérito militar con distintivo rojo, especialmente por el combate librado el 18 de julio de 1896 en la finca de Ibarra (Matanzas). También, recibió como regalo y recompensa, por parte de las Autoridades de la Isla, un reloj de oro, según consta en su expediente militar.

En 1898 le fue concedido el empleo de segundo teniente de la escala de reserva retribuida, pasando por ello a Trinidad y Cienfuegos. Al año siguiente, tras la derrota ante Estados Unidos, Emeterio embarcó para España, desembarcando en el puerto de Santander, desde donde pasó a Sedano. Estando destinado en este puesto como segundo teniente de la Guardia Civil, cobrando un sueldo de 122,85 pesetas al mes, contrajo matrimonio en 1901 con Clementina Gallo Cuadrao, dama perteneciente a la principal familia de la Villa, propietaria del Palacio de los Bustillo. 

Casa de  Sedano (Burgos) propiedad familiar

Escudo de Huidobro (con Bustillo)
 














Tras su retiro del servicio activo en 1912, falleció en Sedano el 1 de septiembre de 1914, a consecuencia de una pulmonía. De los cinco hijos que tuvo, los dos varones siguieron la tradición militar: José Ramón (teniente de la GC) y Francisco Huidobro Gallo, mi padre, que alcanzó el grado de Comandante de la Guardia Civil y fue condecorado con la Placa de San Hermenegildo.
Plaza Mayor de Sedano. Principios del siglo XX
 
Cartera militar del Tte. de la G.C. Emeterio Huidobro Huidobro y esposa Clementina Gallo Cuadrao, mis abuelos















Nombramiento de 2º teniente de la Guardia Civil (Reina Regente del Reino y por Don Alfonso XIII en 1899)

Honradez y Nobleza 
La voz de Castilla : diario independiente de la mañana: Año III Número 211 - 1912 octubre 13  Pág. 2
Emeterio Huidobro Huidobro, residente en Sedano, devolvió 15.300 pesetas (toda una fortuna para la época) y documentación que se encontró, a la persona que poco antes las había perdido, sin aceptar ninguna gratificación por ello.


Emeterio fue primo segundo de Emilio Huidobro de la Iglesia, insigne linguista, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Murcia, y catedrático de la de Barcelona.

También obtuvo la medalla a la Campaña de Cuba (Izqa.) y la Cruz de Plata al  Mérito Militar con distintivo rojo en 1901 (en su expediente militar pone: se dispone se le anote en este documento la Cruz de Plata del Mérito Militar con distintivo rojo que le fue concedida por sus servicios en la Campaña de Cuba según R.O. de 20 de Junio de 1898 Boletín Oficial de la Isla número 61 de dicho mes) y la concesión de retiro con sueldo y empleo honorífico de primer teniente en 1906.



Uniformidad de la Guardia Civil en Cuba


Guardias Civiles en Cuba, a pié y a caballo (1892)
El uniforme de la Guardia Civil en Cuba fue el clásico dril de "rayadillo” o “de mil rayas”, (mezclilla azul a partir de 1881) con cuello y bocamangas de color encarnado, por esto le llamaron, sobre todo los bandoleros y maleantes, pero también popularmente "mangas coloradas", "mangas punzó" y "carpinteros", esto último por recordar la similitud al plumaje de los pájaros carpinteros.

Como prenda de cabeza llevaban el "chambergo" o "jipi-japa", con galón blanco y fieltro gris, y "escarapela”, con la Bandera Nacional en el borde alzado del ala.


El cinturón era de cuero amarillo con chapa metálica de latón. En el uniforme de paseo, las “mil rayas" eran grisáceas. Para gala, el vestuario era de tejido fino -no dril-, azul oscuro. La oficialidad llevaba galones plateados en el "chambergo” y bocamangas.