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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Buenaventura Marcó del Pont. Armador de barcos de corso y pionero del salazón en Vigo

Catalán que en la segunda mitad del Siglo XVIII llegó a Vigo para dedicarse, entre otras actividades, al negocio del corso, y que terminó por ser alcalde de la ciudad. Promotor de la gran industria salazonera origen del Vigo sobre el que se sustentó la vocación empresarial de la ciudad y el consiguiente desarrollo e imparable crecimiento económico y poblacional que experimentó en el siglo XIX.

Buenaventura Marcó del Pont i Bori nació en Calella (Obispado de Gerona) el 29 de setiembre de 1738. Sus padres: Buenanventura Marcó del Pont y Mallol y Catalina Bori y Llorens.


En 1758, a la temprana edad de 20 años, llegó a Vigo (Pontevedra), villa marinera que apenas contaba con unos cientos de vecinos pero que estaba estratégicamente situada sobre el Atlántico y favorecida por una magnífica bahía, donde decidió quedarse. Un hombre emprendedor que con sus iniciativas puso, en la segunda mitad del Siglo XVIII, las bases para el posterior imparable desarrollo de una futura ciudad, la que hoy es la primera en tamaño de Galicia.

Dicen las referencias históricas que Marcó del Pont procedía de familia hidalga (su padre fue caballero de la Orden de Alcántara y él obtuvo una Ejecutoria de Hidalguía en 1783), que disponía de capital inicial y que pronto hizo considerable fortuna comerciando con las mercancías compradas a barcos franceses que se dedicaban al corso y que descargaban en Vigo los botines procedentes de barcos ingleses capturados cuando navegaban rumbo las Islas Británicas desde Portugal. El joven y ambicioso Buenaventura adquiría aquellos productos – aceite, vino, grano – para después venderlos a un buen precio a naves que los transportaban a otros destinos.

Habiéndose convertido al poco tiempo él mismo en armador, llegó a ser uno de los principales del norte peninsular, por lo que el monarca Carlos III le concedió autorización para comerciar con las Antillas.

Cuando en 1779 estalló la Guerra de Secesión de Estados Unidos y España se alió con Francia contra Inglaterra y Portugal, Buenaventura Marcó de Pont obtuvo permiso de la Corona para dotar de armamento a sus barcos y dedicarlos a la industria del corso, que aunque siempre arriesgada  potencialmente muy rentable en tiempos de conflictos bélicos.

Barco corsario

En los cuatro años que duró la confrontación, hasta 1783, su flota corsaria consiguió numerosas capturas de buques ingleses y lusos. Unos éxitos bélicos y comerciales gracias a los cuales Marcó recibió honores y obtuvo un gran logro para Vigo: por fin, debido a sus influencias ante la Corte, se pudo abrir el puerto al tráfico con Montevideo y Buenos Aires; y posteriormente, en 1794, reinando ya Carlos IV, recibió permiso para traficar libremente con todos los países de América.

Pero no sólo eso: montó la primera industria de salazón de las Rías Baixas al modo de las que funcionaban en el Mediterráneo, importando unas técnicas hasta entonces ahí desconocidas.

Después comenzó a enviar sus salazones por mar a Cataluña, con un éxito tan inmediato que pronto aparecieron –aproximadamente a partir de 1770– decenas de paisanos suyos para emplearse en la fábrica de Marcó del Pont. Allí descargaban los barcos el pescado y pronto fueron llegando más catalanes de la Costa Brava, ya para establecerse por su cuenta con pequeñas factorías salazoneras. Fueron los primeros famosos «fomentadores» tocados de barretina, que bastante más tarde se convertirían en conserveros.

Convertido en un hombre de enorme riqueza, financió proyectos de los monarcas Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, obteniendo a cambio no pocos privilegios. Gracias a sus gestiones, en 1783, y después en 1794 el puerto de Vigo consiguió por fin el derecho –que tanto había reclamado sin éxito anteriormente– de traficar libremente con todos los países americanos.

Marcó del Pont, el 9 de diciembre de 1760, casó con la viguesa Juana Ángel Méndez de Gondar, hija del sargento mayor del regimiento de Lisboa Francisco Ángel y de Catalina Méndez, con la que tuvo diez hijos, de los cuales el mayor, Ventura Miguel, fue enviado a Buenos Aires, al entonces Virreinato de Río de la Plata, para dirigir los negocios familiares que su padre había establecido allí. Otros vástagos siguieron con brillantez la carrera militar, destacando entre ellos Francisco Casimiro, último gobernador español en Chile hasta 1810, año de la independencia del país andino.

Armas de Casimiro

La proclamación de independencia de Argentina tuvo lugar en 1816; pero las actividades comerciales de los Marcó del Pont prosiguieron en la nueva república. De hecho, sus negocios prosperaron todavía en mayor medida, de modo que se convirtieron en familia patricia situada en la cúpula de la élite criolla. La antigua casa de los Marcó del Pont es hoy día monumento nacional que alberga un centro cultural y un museo de referencia en Buenos Aires.

Mientras tanto en Vigo, a donde ya había arribado cientos de emprendedores catalanes y funcionaban numerosas plantas de salazón, Buenaventura Marcó del Pont ejercía como principal personaje y Regidor Perpetuo de la ciudad. Como tal, ordenó construir la Colegiata de Santa María o Concatedral de Vigo y donó personalmente la talla del Cristo de la Victoria. Junto con otros empresarios creó la Real Compañía de Seguros Terrestres y Marítimos, por Real Cédula de 23 de diciembre de 1789, que también se expandió por América.

En 1806 Carlos IV le nombró marqués de Giro Real, dejando claro un hecho, el reconocimiento implícito de banquero del rey.

Gracias a su inmensa fortuna, financió al ejército español contra los invasores franceses en la Guerra de la Independencia (1808-1814) y, más tarde, la lucha contra las revueltas en las colonias, además de la restauración de la Corona con la financiación de los Cien Mil Hijos de San Luís en 1823.

Don Buenaventura falleció en vigo el 18 de setiembre de 1818, a la edad de 80 años.

Por todo lo anterior, se puede afirmar que Marcó del Pont i Bori fue el fundador de Vigo como ciudad industrial.

Fuente: https://www.vigoempresa.com/marco-del-pont/

Para saber más

https://vigopedia.com/biografias-buenaventura-marco-del-pont-y-bori/

https://es.wikipedia.org/wiki/Buenaventura_Marc%C3%B3_del_Pont

viernes, 3 de octubre de 2025

Miguel José de Azanza. Alcanzó importantes puestos como diplomático y político. Duque de Santa Fe

 

Militar, diplomático y político español, secretario del Despacho de la Guerra y virrey de Nueva España, ministro de Indias y de Asuntos Eclesiásticos. Como militar luchó contra los franceses en 1795 y participó a su lado en la Guerra de la Independencia y, al finalizar la misma, tuvo que marchar al exilio en la localidad francesa de Burdeos, donde fallecería.

Miguel José de Azanza nació en Aoiz (Navarra) el 20 de diciembre de 1746, en el seno de una familia hidalga. Hijo de Pedro de Azanza y Nabarlaz, natural de Burguete, y de Juana María de Alegría y Egüés.

Comenzó su carrera administrativa en 1768, como ayudante de su tío, José Martín de Alegria, administrador general de rentas de Veracruz, en Nueva España. Por recomendación de este familiar pasó al servicio de José de Gálvez, entonces visitador del virreinato. Tras sufrir prisión por denunciar la pérdida de facultades mentales de Gálvez en su viaje por Sonora (1769), pasó a Cuba (1771). 

Ingresó en los Reales Ejércitos en 1772. Alcanzó el grado de capitán, prestando sus servicios en La Habana al menos hasta 1779. Participó en el sitio de Gibraltar (1779-1783). Con posterioridad pasó al servicio diplomático, siendo sucesivamente encargado de negocios de España en San Petersburgo (1783-1784) y Berlín (1784-1786).

A su regreso a España, fue nombrado intendente de las provincias de Toro y Salamanca (1787). En 1789 pasó a ser intendente del Reino de Valencia, y subdelegado de la Junta General de Comercio, Moneda y Minas, así como conservador de sus Fábricas. Desempeñó similar función en el Reino de Murcia. Durante la Guerra de la Convención contra Francia (1793-1795) fue intendente del Ejército del Rosellón. En 1795 es nombrado secretario de Estado y del Despacho de Guerra. En octubre del año siguiente recibe su nombramiento como virrey de Nueva España, aunque no pudo partir a su puesto hasta enero de 1798. En 1799 se le señaló un sustituto, y fue designado consejero de Estado. 

Azanza, retratado como virrey acompañado de Atenea,
diosa de la Sabiduría, la Justicia y la Fama.

Regresó a España en 1800, instalándose en Granada, donde vivió alejado de la política hasta 1808. A los pocos días de haber sido reconocido el rey Fernando VII, fue llamado para servir el ministerio de Hacienda. Tras la salida de Fernando VII a Bayona, formó parte de la Junta Suprema de Gobierno, presidida por el infante don Antonio, hasta el 6 de mayo de 1808, momento en que dimitió de su cargo tras atribuirse el Gran Duque de Berg la presidencia de la Junta. El 28 de mayo de 1808 llegaba a Bayona, requerido por Murat “para informar a aquél del estado en que se hallaba la Real Hacienda de España. Fue testigo de las abdicaciones de Bayona, y aceptó la Constitución otorgada por Napoleón. Desde ese momento, formó parte del gobierno de José I en distintas carteras: Indias, Culto, Asuntos Extranjeros, etc. Caballero Gran Cruz de la Real Orden de España, el rey José I le nombró Duque de Santa Fe.

También fue embajador extraordinario de España en la boda de Napoleón con María Luisa de Austria (1810). En 1814, tras la restauración borbónica, marchó a Francia, y vivió muchos años en París, trabajando en el apoyo a los refugiados españoles. Intentó justificar, junto a Gonzalo O'Farrill, su comportamiento durante la Guerra de la Independencia, en una Memoria que publicó en París en 1815, pero nunca consiguió el perdón real. Murió en Burdeos el 20 de junio de 1826.

jueves, 26 de junio de 2025

Francisco Tadeo Calomarde. Ministro de Gracia y Justicia de Fernando VII

 

Político destacado en la crisis final del Antiguo Régimen. Conde de Almeida y duque de Santa Isabel.

En septiembre de 1832 consiguió que el enfermo rey Fernando VII firmase un documento que restauraba la Ley Sálica y subiese al trono su hermano Carlos María Isidro de Borbón, en lugar de su hija Isabel. Meses después la infanta Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, hermana de la reina Maria Cristina de Borbón, aprovechó una breve mejoría del agonizante rey para conseguir que firmase un real decreto que abolía definitivamente la Ley Sálica.

Calomarde retratado por Vicente López Portaña, 1831

Perteneciente a la hidalguía bajoaragonesa, Calomarde nació en Villel (Teruel) el 10 de febrero de 1773, una localidad de la que posiblemente su padre era alcalde. Hijo de labradores, Esteban Juan Calomarde de Retascón y Rosa Arria, estudió en Zaragoza Filosofía y en Leyes. Trabajó a la vez como paje de un caballero, quien le aconsejó no descuidar los estudios académicos y, en la Sociedad Económica de Zaragoza leyó una Memoria titulada Discurso económico-político, publicada en Madrid en 1800. Se le atribuye una Historia política de Aragón, de finales del siglo XVIII. Se colocó en Madrid como secretario de Antonio Beltrán, médico de cámara de Godoy, con cuya hija, Juana Beltrán, se casó en enero de 1808. La caída de Godoy fue la ocasión para abandonarlo, así como a Juana, ya que el suyo no había pasado de ser un matrimonio de conveniencia.

Entre otros cargos administrativos, ocupó el cargo de Oficial mayor de la Secretaría de Gracia y Justicia, entró como secretario de Miguel Lardizábal y Uribe, Ministro de Indias y Regente hasta el 28 de octubre de 1810, y fue nombrado Secretario de la comisión de verificación de poderes de los diputados, el 15 de septiembre de 1810.

Desde Cádiz, Calomarde intentó ser diputado por Aragón, sin conseguirlo. Fue nombrado fiscal del Tribunal especial de las órdenes (septiembre de 1813). Con la reacción de 1814, al ser nombrado Lardizábal Secretario de Gobernación de la Península y de Ultramar, fue subsecretario; pasó en 1815 al Ministerio de Gracia y Justicia, al mismo tiempo que era nombrado Secretario perpetuo de la Real Orden Americana de Isabel La Católica, recién creada. A finales de ese año fue nombrado Secretario del Consejo de Castilla, pero cayó en desgracia y fue confinado en Pamplona, siendo liberado con la Revolución de 1820.

Con la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823, para poner fin al régimen constitucional instaurado tras el triunfo de la Revolución de 1820 (Trienio Liberal), se ofreció a Angulema, quien lo nombró secretario de la Regencia. En 1824 Calomarde fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia, puesto que haría famoso con sus métodos de represión inquisitorial. Suyo es el Plan literario de estudios y arreglo general de Universidades del Reino, 1824. Conservó el favor de Fernando VII gracias al reaccionarismo de ambos, pero también a que supo cultivar a la camarilla  y también a sus ramificaciones policíacas por todo el país. 

Por conspirar contra la futura Isabel II recibió de su tía, la infanta Carlota, una bofetada que motivó su frase
«Manos blancas no ofenden».

En 1827 contribuyó eficazmente a la represión de la revuelta catalana de los Agraviados. Su inclinación en contra de la derogación de la Ley Sálica, y la fuerza que en este sentido ejerció sobre el monarca enfermo, le valieron, al perder, una orden de destierro en 1832, a la que Calomarde se anticipó trasladándose a Olba, y de allí a Híjar, de donde el 12 de noviembre salió disfrazado de monje de San Bernardo; logró pasar poco después la frontera de Francia. 

Escudo de armas de D. Tadeo Calomarde (BN)

 
  Su tumba fue profanada en la pasada Guerra Civil (36-39).
Por ello el escudo heráldico permanece "picado".

Se ofreció a Don Carlos, pero éste no le aceptó. Aún intentó en Roma ser hecho Cardenal, sin éxito. Se dice que en sus últimos años protegió a toda clase de refugiados, especialmente si se trataba de aragoneses. Falleció en Toulouse (Francia) el 19 de junio de 1842. Sus restos mortales se trasladaron a un panteón en Olba (Teruel) en 1853.

Calomarde redactó la primera reforma educativa. Su primera orden fue anular los títulos universitarios concedidos por el régimen liberal, con lo que cientos de abogados y médicos se encontraron, de repente, que ya no eran ni abogados ni médicos. Eliminó todos las planes de estudios por liberales. “Patria y religión serían las consignas del nuevo sistema. Mucha teología y nada de filosofía”. Sin embargo, a él se deben las primeras escuelas de tauromaquia y la escolarización universal, así como la prohibición del castigo físico.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Dionisio Inca Yupanqui. Militar y político descendiente de la antigua nobleza Inca

 

Reconocido por ser uno de los diputados del Perú ante las Cortes de Cádiz durante la redacción de la Constitución de 1812, siendo el único representante de un pueblo originario americano durante esa instancia. Logró el reconocimiento de los derechos de indígenas y mestizos en las Cortes de Cádiz.

Dionisio Uchu Inca Yupanqui y Bernal, también conocido como Dionisio Ampuero Bernal, nació en Lima (Perú), el 9 de octubre de 1760, siendo hijo de Domingo Uchu Inca Ampuero (nombrado alférez de una compañía de infantería del presidio del Callao por el virrey Conde de Superunda) y de Isabel Bernal de Espinoza. Era un descendiente del sapa inca (emperador) Huayna Cápac (duodécimo inca) por la línea de Gonzalo Uchu Hualipa. Su familia había pretendido sin éxito el Marquesado de Santiago de Oropesa al morir la última descendiente del monarca Diego Sayre Túpac Inca en Europa, Doña María de la Almudena Enríquez de Cabrera y Almansa.

Se trasladó a España (por una orden de Su Majestad sin permitirle su regreso a América bajo sospecha de rebelión) junto a su padre y su hermano Manuel en 1767 a la edad de siete años, a los fines de hacer valer los efectos económicos de su nobleza, y donde tuvo una mejor calidad de vida, económica y social. Su padre había intentado la convalidación de su título de nobleza como descendiente de la dinastía Inca, pero no logra obtener el marquesado de Oropesa (la primera marquesa fue Ana Mª Lorenza de Loyola Coya) que pretendía, aunque sí se le concede una pensión y privilegios para sus hijos.

Su hermano Manuel, casado con una aragonesa, trabajó como juez del Real Cuerpo de Maestranza y de Reos, fue Presidente de la Real Junta de Comercio e Intendente General del ejército. Al ser un descendiente legitimado de los incas recibía una renta de 12 000 reales, de las que tras su muerte gozó su hijo Andrés.

Genealogía de Ana Mª Lorenza de Loyola Coya

Dionisio, como su hermano Manuel, se educa (1767-1773) en el Real Seminario de Nobles de Madrid, entonces y tras la expulsión de los Jesuitas, dirigido por Jorge Juan, con una beca del rey Carlos III, y como alumno del Real Seminario estaba siendo moldeado para pensar y actuar a favor del rey, su benefactor, en cuyo ejército quería prestar servicios. Por su notoria nobleza, por ser descendiente de los Incas, sin efectuar las inexcusables pruebas de hidalguía, por privilegio especial ingresa en la Real Compañía de Guardiamarinas en 1776 (con 100 doblones de oro para equipamiento, así como 18 pesos mensuales hasta que alcanzara el grado de teniente de navío), siendo enviado durante su instrucción para oficial al Mar Mediterráneo. Actúa en acciones en el norte de África y luego contra los británicos en el bloqueo de Gibraltar. Tras graduarse como Alférez de la Real Armada Española es enviado en 1777 al Mar del Caribe en el Atlántico, allí tuvo sus primeros encuentros con los británicos. En 1782 fue ascendido a Teniente de Fragata.

En 1786, en base a su estirpe Real, pide una pensión al igual que su padre, que le es denegada, pero para que pueda sostenerse se lo designa Teniente Coronel de un regimiento de Dragones; así, en 1787 había ascendido a teniente coronel agregado al Regimiento de Villaviciosa en Asturias. Tras la muerte de su padre, en 1784, había heredado 6.000 reales de vellón. En 1790 se convierte en Teniente Coronel de un Regimiento de Caballería de Dragones del Rey en Madrid, pasando a combatir desde 1808 hasta 1810 en la Guerra de la Independencia contra las tropas francesas.

En 1810 fue uno de los militares indianos que fueron electos como Diputados Suplentes para representar al Virreinato del Perú en las Cortes de Cádiz.

Los diputados americanos formaron su propia fracción parlamentaria, con intereses en común, se inclinaron en precisos momento por la tendencia liberal, que abogaba por la igualdad entre americanos y españoles, y que era vista como inevitable, incluso por los conservadores; no obstante, la igualdad entre los criollos e indígenas, originalmente, no estuvo en ninguna agenda constitucional, criterio que el tiempo se encargaría de incluir dada la gran influencia que las Cortes y la Constitución ejercieron en la emancipación de la América española.

Fue electo diputado suplente de las Cortes de Cádiz reunidas durante la prisión de Fernando VII en diciembre de 1810, en representación del Virreinato del Perú, cargo que juró en la Isla de León el 24 de septiembre de 1810. En ese espacio pronuncia un encendido discurso ante ellas en su condición de “Inca, indio y americano”, reclamando que se haga cesar el mal trato, la discriminación y la desigualdad que sufren los indios americanos de las posesiones españolas, afirmando que “un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”, que en 1864, Karl Marx hace suya la frase para plantearla como postulado ante la I Internacional celebrada en Londres. Pide se proclame la igualdad con los indios, de acuerdo a los principios evangélicos, planteando que las desventuras que sufre España por la ocupación francesa, son una suerte de castigo divino por las injusticias que está cometiendo en América.

Tras un fundamentado discurso*, propuso un decreto, para que se instruya a los Virreyes y Audiencias para: "Que con suma escrupulosidad defiendan a los indios, y cuiden que no sean molestados ni afligidos, en sus personas y propiedades, ni se perjudique en forma alguna a sus personas y privilegios".

El 1 de febrero de 1811, en un discurso más extenso, aboga para que se incluya en el texto constitucional la igualdad entre blancos e indígenas. Sus discursos influyen en los decretos de las Cortes del 13 de marzo de 1811 y el 9 de noviembre de 1812, que eliminan el tributo de los indios y la mita respectivamente (el argumento central fue demostrar que los indios provenían de un imperio, el de los Incas, y que eran los habitantes nativos de esos dominios), consecuencias del sistema de vasallaje, y como consecuencia de ello los caciques, como líderes étnicos, perdían su razón de ser. A partir de este trabajo, se convierte en uno de los firmantes de la Constitución española de 1812

El príncipe Dionisio Túpac Yupanqui suscribió en 1814 el Manifiesto de los Persas que lamentaba los excesos de liberalismo de la Carta de 1812 y exigía la recuperación del régimen de la Constitución española no escrita. Figuró como diputado suplente en las Cortes Ordinarias de 1813.

Dionisio falleció en España en la primera mitad del siglo XIX.