viernes, 29 de septiembre de 2017

Domingo Martínez de Irala. Conquistador, explorador y colonizador. Gobernador del Río de la Plata y del Paraguay


Considerado el "padre del Paraguay", por su papel decisivo como impulsor del proceso de mezcla de razas entre los primeros conquistadores españoles y la población guaraní.

Ocupó tres veces el cargo de gobernador interino del Río de la Plata y del Paraguay. El emperador Carlos V lo nombraría definitivamente como titular en el cargo en el año 1555, que lo ostentaría hasta su fallecimiento.

Martínez de Irala era hijo de un escribano real, el hidalgo Martín Pérez de Irala, y de María de Albisúa Toledo. Nació en la villa de Vergara (Guipúzcoa) hacia 1509, y falleció en Asunción, en el actual Paraguay en 1556. Era el primogénito de una familia de hidalgos típicamente vasco-españoles, y eran sus hermanos; Pedro, María, Gracia, Marina y Dominga. El 30 de mayo de 1529 sus padres otorgaron testamento conjunto: instituyeron mayorazgo con todos los bienes raíces a favor de su hijo Domingo de Irala «porque la memoria de su casa quedase entera y sin disminución alguna”. Posteriormente, Domingo (Chomín) vendió el mayorazgo a un pariente para sentirse libre de ataduras.

En 1534 le llamó su amigo Juan de Ayolas, burgalés de Briviesca y mayordomo de Mendoza, para integrar una gran expedición a Indias y, con éste y Juan de Salazar, acudieron a Sevilla para alistarse en la armada de don Pedro de Mendoza, primer adelantado del Río de la Plata. Llegó en la expedición más de mil quinientas personas embarcadas en trece navíos participaron de una aventura– del primer adelantado, que partió el 24 de agosto de1535 desde Sanlucar de Barrameda y llegaron al Rio de la Plata en febrero de 1536, que llevó a cabo la primera fundación de Buenos Aires. En febrero de 1537 pasó con Ayolas al puerto de la Candelaria, en Paraguay, y participó en la fundación del puerto y la ciudad de Asunción (el 15 de agosto de 1537 por el capitán Juan de Salazar y Espinosa).

Ciudad de Buenos Aires (1536)
Poco después, exploró junto a Juan de Ayolas los ríos Paraná y Paraguay y fundó la ciudad de Candelaria, de la que fue nombrado lugarteniente. Irala asumió la gobernación interina de Paraguay y del Río de la Plata en 1539 después de haber establecido sus derechos al cargo según el mandato dejado por Juan de Ayolas. Tras la muerte de Ayolas en una expedición a la región de los Charcas, partió hacia Asunción, donde constituyó en 1541 el primer ayuntamiento de la ciudad y, desde entonces, se concentró el proceso colonizador

En el año 1542 había llegado Álvar Núñez Cabeza de Vaca, segundo adelantado y gobernador del Río de la Plata, que organiza una expedición a El Chaco, en busca de la sierra de la Plata, poniendo al frente a Irala, que partió desde Asunción, con 400 españoles y 1.000 indios amigos, y fundó la ciudad de los Reyes en 1543 y llegó hasta el Alto Perú. Durante la misma, Martínez de Irala conspiró contra el adelantado en varias ocasiones, hasta que en 1544 consiguió enviarlo prisionero a España y quedar como teniente de gobernador.

Asi pues, tras la breve gestión del segundo adelantado, Álvar Núñez Cabeza de Vaca (que fue depuesto por los conquistadores y enviado preso a España), donde fue juzgado y sentenciado, privado de oficio y desterrado a Orán, aunque más tarde sería liberado, Irala volvió a ser nombrado gobernador*.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca en Comentarios (1555) describe a Domingo de Irala como traidor y causante con su falta de disciplina de la muerte de Juan de Ayolas y su gente, en el capítulo IV. En varias ocasiones añade la aposición "vizcaíno" al nombre de Irala, que, pese a la ambigüedad del término en la época, en numerosas ocasiones en la literatura colonial viene a significar "traidor". Sin embargo, como se demostró posteriormente en los juicios llevados a cabo por el Consejo de Indias, fue Cabeza de Vaca el culpable de la mayor parte de los atropellos cometidos contra indígenas y españoles. Por esa razón, se le devolvió a Irala la gobernación de esas tierra
Así pues, cuando Cabeza de Vaca regresa a España, desde 1544 y hasta 1548,  Irala se hizo cargo del gobierno e inició una nueva expedición al Alto Perú, aunque ésta no pudo seguir adelante porque el presidente de la Audiencia, Pedro de La Gasca, reconoció el derecho de exploración a los españoles de Lima y, por otra parte, en Asunción los leales, partidarios de Cabeza de Vaca, habían decapitado al gobernador Gonzalo de Mendoza. Irala volvió a ser nombrado gobernador interino en marzo de 1549 y hasta 1555, en que fue confirmado en el cargo*.

Aprovechó ese segundo mandato para organizar expediciones a diversos puntos de los nuevos territorios, ampliando las fronteras conocidas. En 1547 organizó una expedición formada por 280 españoles y 3.000 indios amigos cuyo objetivo era la sierra de la Plata y el país de las Amazonas. Llegó a los confines del Chaco y allí se enteró de que la famosa sierra de la Plata (el Potosí) había sido ya ocupada por otros españoles, los hombres de Francisco Pizarro. La carrera hacia las más ricas minas de plata del mundo había sido ganada por los conquistadores de la costa del Pacífico. En 1549 regresó a Asunción y hubo que hacer frente a varias rebeliones.


*Sería confirmado por Real cédula portada por el obispo Pedro Fernández de la Torre en 1555, la cual por mandato del emperador Carlos V ocuparía como titular en el cargo de gobernador-propietario del Río de la Plata y del Paraguay, después de haber fracasado la Corona en todos sus intentos de enviar a un adelantado para ocupar el cargo vacante, ya que Juan de Sanabria había fallecido en la península y su hijo heredero Diego de Sanabria no logró llegar a destino, aunque sí pudiera hacerlo su madrastra Mencia Calderón que traía a la primeras mujeres hidalgas al Nuevo Mundo para iniciar una aristocracia colonial americana.

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 Martínez de Irala destacó por su habilidad política, que le permitió salir airoso de las coyunturas más difíciles. Así, demostró mucha inteligencia en el trato con la población guaraní, particularmente con los carios, con los cuales estableció un "pacto de sangre" que permitió, en pocos años, el surgimiento de una numerosa prole mestiza, los "mancebos de la tierra", tronco inicial de la nación y verdaderos colonizadores del Río de la Plata. El propio Irala contrajo matrimonio con siete jóvenes indias, hijas de caciques principales. De sus diversas esposas indígenas tuvo numerosos hijos, entre ellos Úrsula, la madre del célebre cronista Ruy Díaz de Guzmán, autor de primera historia en prosa del Paraguay y el Río de la Plata. Estableció numerosas encomiendas y reparto de tierras entre los indios.

Falleció en Asunción el 3 de octubre de 1556 como consecuencia de una enfermedad contraída en Itá, donde trabajaba en la construcción de un templo.


martes, 26 de septiembre de 2017

Cuando llegó un día el marqués de Huidobro... o la historia de Volkswagen



Authi fue el constructor bajo licencia de BMC (British Motor Corporation) de los Morris , los MG y los Mini, esto se llevó a cabo gracias a la empresa Nueva Montaña Quijano la cual comenzó fabricando motores para Fasa Renault , pero en 1966 su Presidente, el Marques de Huidobro, hacia su sueño realidad , BMC únicamente aportaba el diseño y la tecnología, mientras el capital era español así como sus instalaciones. El Authi se fabricaba en la zona industrial de Lanbanen (Navarra).

Hasta la llegada del Seat 124 el Morris 1100 superaba a sus rivales como el Renault 8 o el Simca 1000 tanto en diseño como en modernidad, pero superaba en precio a sus rivales.

Hace algunos años, en el Diario de Navarra, apareció un artículo a propósito del 50º aniversario del PPI (Programa de Promoción Industrial) que transformó Navarra en los años '60, pasando de ser una sociedad agrícola a otra eminentemente industrial. Javier Gortari, que formó parte del equipo que puso en marcha ese plan, recuerda aquellos años.

Joaquín Gortari se alegra de tener la oportunidad de volver a contar cómo llegó a Navarra Authi (Automóviles de Turismo Hispano Ingleses), fabricante de los 'minis' y germen de lo que hoy es Volkswagen. "Porque muchos no saben que, como otras empresas, VW es hijo del PPI. Por eso me alegra que no se olvide", dice. "Es la joya de la corona", añade, algo que la historia se ha encargado de demostrar.

El coche más grande por dentro que por fuera
Todo comenzó cuando el marqués vallisoletano Eduardo Ruiz de Huidobro* se presentó un día en la dirección de industria de la Diputación. Era presidente de la firma cántabra Nueva Montaña Quijano, además de consejero del Banco de Santander. Nueva Montaña fabricaba motores para Renault hasta que un día esta empresa empezó a asumir la propia producción. Fue entonces cuando Nueva Montaña se quedó sin cliente.

*Eduardo Ruíz de Huidobro y Alzurena. III Marqués de Huidobro (Carta de sucesión 23 de Abril de 1954) Nació en Valladolid el 2 de mayo de 1903; y falleció en Santander el 25 de marzo de 1979


Huidobro, Marqués de [Es1872]
Felipe Ruiz de Huidobro y Huidobro-Torres [etc], 1. Marqués de Huidobro [Es1872].
├─Manuel Ruiz de Huidobro y García de los Ríos, 2. Marqués de Huidobro [Es1872].
└─Ángel Ruiz de Huidobro y García de los Ríos.
  ├─Eduardo Ruiz de Huidobro y Alzurena, 3. Marqués de Huidobro [Es1872, rehab1953m/1954c].
  └─Juan Ruiz de Huidobro Alzurena.
    └─Victor Ruiz de Huidobro y Lobo, Marqués de Huidobro [Es1872, succ1982mc], b1932.

Pero el marqués de Huidobro quería seguir en el sector del automóvil y montar una fábrica de ensamblaje. Empezó a buscar un emplazamiento y, después de varios estudios, vio que el lugar con más consumo y proveedores de automóvil se centraba entre Zaragoza y Vitoria. Pensó, entonces, que entre ambos sitios Pamplona podía ser el lugar idóneo, según relata con precisión Gortari. "El marqués ya sabía quién iba a ser el director de la fábrica: José Mir", añade.


"Marqués, ¡qué más queremos!", le contestaron desde la Diputación cuando acudió a preguntar las posibilidades para su proyecto. "¡Adelante!", añadieron. Después de reuniones y reuniones se formalizó el contrato con los pequeños propietarios que iban a vender los 466.000 metros cuadrados sobre los que se levantó Authi.

Recuerda Gortari, con emoción y satisfacción, el día en que se reunieron en el ayuntamiento de Ororbia con los representantes de todos los bancos y con los vendedores, para darles su dinero. Se compró el terreno a 30 pesetas el metro cuadrado. "Fue una lluvia de millones", recuerda. Navarra les dio los terrenos gratis, además de diferentes ayudas. "Intentábamos defender a los trabajadores navarros, que las compras fueran a empresas locales", añade. "Si un año estábamos indemnizando por las cosechas que no se recogieron, al siguiente estaba saliendo ya el primer coche.

Manuel Ruiz de Huidobro
La construcción de la fábrica fue una operación vertiginosa", apunta, que fue seguida al detalle por el marqués, quien, austero como era, se levantó una pequeña caseta donde se hospedaba allí mismo mientras avanzaba la obra. El primer Authi salió de la cadena en 1966, un Morris 1.100 que fue bendecido por el Obispo de la diócesis. Posiblemente en la decisión final del marqués influyera descubrir que su hermano Manuel Ruiz deHuidobro y Alzurena, que había muerto en la División Azul en Rusia, lo hizo en manos de Miguel Javier Urmeneta. Sólo sabía que lo hizo en brazos de un navarro. Cuando llegó a Pamplona descubrió a quién correspondían, relata Gortari.

Authi sufrió un incendio en 1974y en 1975 presentó la quiebra para posteriormente ser adquirida por Seat. "Authi fracasó por falta de capital. Seat la adquirió porque era la fábrica más moderna de ensamblaje de coches y mejor montada", añade. Cuando Volkswagen compra parte de Seat decide que la navarra sea una fábrica propia, separándola de Seat de Barcelona, precisamente porque estaba muy bien dotada.

Para saber más:  La fábrica que hace 50 años pudo cambiar la historia de la región

viernes, 22 de septiembre de 2017

Alonso Fernández de Lugo. Conquistador de las Canarias


Participó en la conquista de Gran Canaria (1478) y capitaneó las de La Palma (1492) y Tenerife (1495), de las que sería gobernador hasta su muerte. Fue nombrado por los Reyes Católicos capitán general de Berbería y Primer Adelantado Mayor de las islas Canarias. Se estableció en San Cristóbal de La Laguna, conocida popularmente como la Ciudad de los Adelantados.

Alonso Fernández de Lugo y de las Casas nació en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) hacia 1456, durante el reinado del rey de Castilla Enrique IV, y falleció en La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, en mayo de 1525, en cuya catedral reposan sus restos. Era hijo segundo de Pedro Fernández de Lugo, hidalgo y comerciante de ascendencia gallega, y de Inés de las Casas.

Armas de los Lugo
Hacia 1475 se casa con su primera esposa, Violante de Valdés y de Gallinato (otros dicen que Calatina Xuárez de Galllinato), con la que tiene a sus hijos Fernando, Pedro y Beatriz. Violante fallece en 1490 y unos años más tarde, en 1498. Alonso de Lugo contrae segundas nupcias con Beatriz de Bobadilla, señora de La Gomera. También enviuda Lugo de doña Beatriz, no quedando descendencia de su unión. Por último, Lugo se casa por tercera vez en 1514 con Juana de Massiéres, dama de la corte de Germana de Foix, de quien tiene dos hijas: Luisa y Constanza.

Junto al capitán Juan Rejón, el obispo de Rubicón Juan de Frías, y el deán Juan Bermúdez, intervino, como caballero, en 1478 en la toma de Gran Canaria y en la derrota de Doramas y otros jefes guanches. Por orden de Pedro de Vera le fue encomendado el mando del castillo de Agaete, desde el cual saldría la expedición que en 1482 prendió al jefe indígena Tenesor Semidan en Gaidar.

Sello conmemorativo
Concluida la conquista de Gran Canaria, Alonso Fernández de Lugo regresó a la Península Ibérica y solicitó a los Reyes Católicos el permiso para intentar la toma de las islas de Tenerife y La Palma. En respuesta a sus demandas, los monarcas confirmaron las concesiones que Pedro de Vera le había otorgado, le nombraron gobernador de Las Palmas y le concedieron el quinto de los cautivos y botín, la mitad de los quintos de Berbería y Santa Cruz de Tenerife, y la suma de 700.000 maravedíes si la conquista era efectuada en el transcurso de un año.

Para sufragar los gastos de la campaña, Fernández de Lugo entró en sociedad mercantil con los banqueros italianos afincados en Sevilla Juanoto Berardi y Francisco Ribarol, a quienes ofreció compartir gastos y beneficios en tres partes iguales, ofrecimiento que no cumpliría a la hora de repartir las ganancias. El contingente militar que consiguió reunir constaba de novecientos hombres, que habían sido reclutados en Sevilla y Gran Canaria.

El 29 de septiembre 1492, la expedición de Alonso Fernández de Lugo desembarcó en La Palma; y en los primeros poblados indígenas que encontraron apenas hubo resistencia, pues estos lugares habían sido convertidos al cristianismo y sometidos a los Reyes Católicos previamente, gracias a las gestiones efectuadas por la indígena Francisca de Gazmira. A pesar de la resistencia ofrecida por el resto de los poblados guanches, en abril de 1493 sólo permanecía insumiso el jefe Tanausú del bando  Aceró. Tras varios intentos infructuosos de penetrar en la Caldera de Taburiente donde se habían hecho fuertes los palmeros, el 3 de mayo de 1493 Fernández de Lugo logra apresar a Tanausú (éste se suicida por inanición cuando era llevado prisionero a la Península, para no ser esclavizado), con lo que se da por concluida la conquista de la isla. Así, finalizada la conquista de La Palma, Fernández de Lugo dejó como administrador de los repartos a su sobrino

Culminada la incorporación de La Palma a la Corona de Castilla, Fernández de Lugo parte de nuevo hacia la Corte para capitular la conquista de Tenerife. Los Reyes le conceden los derechos en diciembre de 1493 y Fernández de Lugo, agradecido por los privilegios otorgados, renuncia a los 700.000 maravedíes que los monarcas le debían por la conquista de La Palma, lo que provoca las quejas de sus socios de la empresa palmera.

El 30 de abril de 1494, al mando más de mil infantes y 125 jinetes, partió de Gran Canaria hacia la isla de Tenerife; desembarcó en la rada de Añaza, donde fundó Santa Cruz de Tenerife. Cerca de este poblado, en el mes de mayo, Bencomo, jefe de Taoro, y los jefes de Anaga y Tacoronte se enfrentaron a los españoles; sin embargo, el indígena Añaterve de Güímar se alió con los conquistadores. Lugo y sus hombres fueron sorprendidos por Bencomo en el barranco de Acentejo (primera batalla de Acentejo), donde fueron derrotados, sufriendo un gran masacre y hubieron de retirarse a Gran Canaria.

Batalla de Acentejo
Desde aquí, y con la ayuda del duque de Medina-Sidonia, Juan de Guzmán, quien reclutó a unos seiscientos veteranos de la Guerra de Granada, Fernández de Lugo volvió de nuevo a Santa Cruz de Tenerife. Desembarcó en noviembre de 1495 y a mediados de ese mismo mes derrotó a Bencomo en La Laguna y al mencey de Tacoronte (batalla de Aguere) y a su hijo y sucesor Bentor (que se suicida, siguiendo el ritual guanche) junto con sus aliados, un mes mas tarde, en lo que se conoce como la Victoria de Acentejo. Regresó entonces a Santa Cruz de Tenerife, desde donde reemprendió las escaramuzas para acabar con los últimos focos rebeldes, y en julio de 1496 sometió definitivamente a los menceyes, firmando la "Paz de los Realejos"con lo que se dió por finalizada la conquista del archipiélago.

Inicio de la conquista de Tenerife

En 1496 los Reyes Católicos, en reconocimiento a sus conquistas, nombraron a Fernández de Lugo gobernador de Santa Cruz de Tenerife y La Palma. En 1500, habiendo recibido la orden de construir tres fortalezas en las costas africanas, fue derrotado en San Miguel de Saca. Regresó a España y combatió contra las tropas francesas en el Rosellón. En 1503 le fue concedido el título de adelantado (oficial de la Corona de Castilla que tenía competencias judiciales y gubernamentales sobre un territorio determinado) de las Canarias y de capitán general de la costa de África del cabo de Guer al Bojador. A su muerte fue sucedido en sus cargos por su hijo Pedro Fernández de Lugo, reinando Carlos V

Los menceyes de rinden ante Fernández de Lugo tras la victoria de Acentejo
Alonso Fernández de Lugo fallece el 20 de mayo de 1525 en su casa de San Cristóbal de La Laguna, considerando algunos que fue envenenado por sus hijos para poder heredar el título de Adelantado.

Nota: Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, fueron los propulsores de la segunda parte de la Conquista de las Islas Canarias, iniciada por Juan de Bethencourt

 

















En 1477, los Reyes Católicos, vistos los informes oportunos y considerando el peligro que suponía para Canarias la amenaza portuguesa, negocian con Diego de Herrera la cesión del derecho de conquista sobre las tres islas aún por conquistar: Gran Canaria, La Palma, y Tenerife. A cambio, los Herrera-Peraza recibirán una suma de dinero y la investidura del título de Conde de La Gomera para sus descendientes. También influyeron en la decisión real las quejas recibidas en la Corte de los vecinos lanzaroteños por los malos tratos a que se veían sometidos por los señores de la isla. A partir de este momento la conquista de las Canarias tomará un carácter distinto a la etapa anterior.


Para saber más: Genealogía del Capitán D. Alonso Fernández de Lugo y de la Casas Conquistador de Sta. Cruz de Tenerife y Adelantado Mayor de las Islas Canarias

Cuenta el estudioso e historiador Núñez de la Peña:

«Conseguida esta merced por Don. Alonso Fernández de Lugo, habló a algunos caballeros poderosos de España si querían ayudarle en la conquista, que partiría con ellos de las presas de ganado y cautivos que se hiciese y entrarían en parte según el caudal con que cada uno entrase»

De esta forma, con promesas de regalar tierras y saqueo, conseguiría formar un gran ejercito que saldría desde Cádiz para invadir y conquistar las islas de Tamarán (actual Gran Canaria), Benahoare (actual La Palma) y Achinech (actual Tenerife), para anexionarlas a la corona de Castilla.

martes, 19 de septiembre de 2017

II Coloquio Internacional sobre la Nobleza


Organizado por la Fundación Cultural Hidalgos de España, International Commission for Orders of Chivalry, Famiglie Storiche d’Italia y el Instituto Internacional de Genealogía y Heráldica, tendrá lugar en Madrid el II Coloquio Internacional sobre la Nobleza.
 

Los temas a tratar estarán relacionados con:

·        La Nobleza y la Heráldica y los heraldos en los países monárquicos y republicanos.

·        Evolución histórica e interpretación del concepto de nobleza en la sociedad multimedia.

·        Nueva visión del asociacionismo nobiliario.

·        Validez y fiabilidad científicas de las publicaciones, almanaques, nobiliarios y  elencos de nobles.

Descarga del Programa detallado con ponentes y conferencias


Fecha: Madrid, 20 - 21 octubre, 2017
Lugar: CMU Marqués de la Ensenada
Inscripción: Gratuita

ORGANIZACIÓN Y CONTACTO
C/ Jenner, 6.  28010 Madrid
91 542 81 46 / 91 542 83 96

viernes, 15 de septiembre de 2017

Miguel Ricardo de Álava. Héroe de Guerra de la Independencia y de Waterloo


Militar y diplomático liberal, el general Álava conoció el poder y la gloria pero también la impotencia y el exilio. Se ganó el respeto y el afecto de cuantos le trataron. Entre sus amigos se contaban personalidades tan destacadas como Lord Wellington, Talleyrand o el rey Guillermo I de Holanda. 

Combatió como “segundo” del Duque de Wellington en la batalla de Warterloo, que acabaría con las ideas expansionistas de Napoleón Bonaparte.

Nacido en el seno de una familia noble con larga tradición de servicio en la milicia y en la burocracia real, Miguel Ricardo de Álava y Esquível vio la luz en Vitoria en febrero de 1772. Pedro Jacinto de Álava y Saénz de Navarrete, su padre, fue titular del mayorazgo de los Álava y señor de Quintana, Urturi y Rituerto y miembro del Consejo de Hacienda de S.M. por su empleo como gobernador de rentas reales y subdelegado de correos para Vitoria y su partido; María Manuela de Esquivel y Peralta, su madre, también pertenecía a uno de los linajes alaveses más ilustres. Se casó con su prima, Loreto de Arriola y Esquiver, descendiente de los Marqueses de Legarda.

Retrato del General Álava
Con nueve años recién cumplidos ingresó en el Seminario de Nobles que la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País regentaba en Vergara. Este centro, creado para educar a los hijos de la aristocracia vasca, destacó por la modernidad de su proyecto docente. El plan de estudios combinaba las humanidades (gramática, latín, filosofía, historia, etc.) con las ciencias puras (matemáticas, física, química, etc.) sin descuidar ni el dibujo ni las lenguas modernas (francés e inglés). Música, esgrima y baile completaban un programa de formación integral, que buscaba la plenitud física, intelectual y moral de los internos. Éstos eran educados en un estricto código moral basado en la dignidad personal, el amor al trabajo y una serie de virtudes como el respeto a la ley, la vocación de servicio o el amor a la patria.

Posteriormente, Álava ingresó como cadete en el ejército real. Pero poco después se pasó a la armada aconsejado por su tío, el almirante Ignacio María de Álava. Durante los dieciséis años que sirvió en la marina real, dio varias veces la vuelta al mundo y fue apresado por los ingleses después de un combate naval frente a las costas filipinas. En su hoja de servicios consta también que se distinguió en el sitio de Tolon (1793) y en la batalla de Trafalgar (1805), que a la postre acabó con la hegemonía marítima española. En 1807 fue licenciado con el grado de teniente de navío y pasó a residir en su ciudad natal. Cuando en 1808 se produjo la invasión napoleónica era concejal del ayuntamiento vitoriano y procurador de la Junta General de Álava. Pero por poco tiempo, por su hoja de servicios, su prestigio personal y su dominio del francés, el representante de Napoleón en España lo envió a Bayona para representar a la marina en lo que luego resultó ser un simulacro de debate constitucional convocado para arropar la proclamación de José Bonaparte como rey de España.

Consciente de la gravedad de aquel hecho, Álava retornó a la península y buscó al general Castaños para ponerse a sus órdenes. Estuvo al lado del vencedor de Bailén hasta que la Junta Central le destinó al estado mayor de Wellington, generalísimo de las tropas aliadas anglo-hispano-portuguesas, donde pasó el resto de la contienda. Luchó contra los franceses a las órdenes del mariscal inglés en Busaço (1810), Arapiles (1812) y Vitoria (1813), alcanzando el grado de general al término de la contienda. También acompañó a Wellington en la decisiva batalla de Waterloo (1815). El general Álava destacó tanto por sus habilidades castrenses como sus virtudes humanitarias. 

El Duque de Wellington en Waterloo
En agosto de 1812, poco después proclamar la constitución en Madrid siguiendo el mandato de las Cortes, ofreció una amnistía para los españoles enrolados en las filas bonapartistas que entregaran las armas. Ese deseo de humanizar la guerra y evitar la violencia gratuita volvió a aflorar en el general Álava muchos años después, en plena guerra civil, cuando promovió el convenio Elliot (1835) por el cual los jefes liberales y carlistas se avinieron a intercambiar los prisioneros de guerra.
Aunque pasó gran parte de su vida lejos de su Vitoria natal, también representó a sus paisanos como concejal (1808), como diputado general (1812-5) y como diputado en cortes (1822-3). Pero los vitorianos le recordaron siempre por su valerosa actitud del 21 de junio de 1813 cuando se adelantó al frente de la caballería inglesa, cerró las puertas de la ciudad a los franceses que derrotados se retiraban en desbandada y salvó a sus paisanos de un saqueo casi seguro. Tras la batalla de Vitoria el general apenas permaneció unas semanas en la ciudad: el tiempo justo para sanar de sus heridas y contraer matrimonio con Loreto Arriola el 22 de noviembre 1813. Una semana después salió para Bayona con el fin de reincorporarse al estado mayor de Wellington.
Monumento a Álava en Vitoria
La filiación liberal del general Álava le ocasionó algunos roces con Fernando VII quien, finalmente, le envió como embajador ante Guillermo I de Holanda (1815). En 1812 recibió el Toisón de Oro y, en octubre de 1815, fue nombrado Caballero Comendador extraordinario de la Orden del Baño, y en 1816 ingresó como caballero de la Orden de Santiago.

Durante el trienio constitucional Álava fue nombrado capitán general de Aragón (1821) y elegido diputado en cortes por el distrito de Vitoria (1822). Condenado a muerte tras la caída del gobierno constitucional, Miguel Ricardo se exilió primero a Inglaterra y después a Francia. Privado de honores y bienes, llevó una existencia incierta y apurada. Amnistiado en octubre de 1833 tras la muerte de Fernando VII, fue nombrado vocal del Consejo de Estado, Prócer (seandor) del Reino.

En la capital inglesa Álava trabajó en favor del convenio Elliot y consiguió que Portugal, Inglaterra y Francia ayudaran militarmente al gobierno español en su lucha contra los carlistas. Volvió a la Península acompañando a la Legión Británica en el verano de 1835 para hacerse cargo del ministerio de Marina en el gabinete moderado de Toreno. Pero en aquel Madrid minado por la lucha política descarnada entre las dos fracciones liberales las cosas cambiaban de un día para otro. Después de haber rechazado la presidencia del consejo de ministros que le ofreció el progresista Mendizábal, aceptó en noviembre la embajada en París. Su ruptura con los progresistas fue sonada: en el verano de 1836 dimitió de sus cargos como protesta contra el golpe de estado instigado por los progresistas y ejecutado por los sargentos de la guardia real. Los moderados repescaron a álava dos años después y le confiaron la embajada española en Londres (1838-41). Ése fue su último destino oficial. Poco después se estableció en Vitoria, si bien murió en el balneario francés de Barèges en julio de 1843.

Para saber más

martes, 12 de septiembre de 2017

Escudo e hidalguía en el valle de Roncal. La batalla de Olast.


La batalla de Olast u Ollate se produjo en el año 732 (algunos historiadores la sitúan en el año 785) y fue un importante hito histórico para los habitantes del Valle de Roncal, de la que se derivaron diferentes privilegios y prerrogativas.

En su escudo (Valle de Roncal), la cabeza cercenada del moro sobre el puente, con el río y las montañas, surgió en el siglo VIII. El 13 de marzo de 1798 Carlos IV añadió el castillo y el lebrel, tras la guerra contra la Convención.

Representación de la batalla de Olast_ Ayuntamiento de Urzainqui (Navarra)
Esta batalla se produjo, supuestamente, durante la incursión de los musulmanes por los Pirineos y tras la batalla de Poitiers, cuando las fuerzas de Abd-alRahman-el-Gafequi caudillo del Califato de Córdoba presentaron batalla a las fuerzas del Valle el Roncal en el sitio conocido por Olast, cerca de Yesa. En el enfrentamiento cayó prisionero el caudillo Abderramán y, según la leyenda, una guerrera roncalesa le cortó la cabeza.

Según otras  versiones de la leyenda, cuando Abderramán, el gran rey de Córdoba, con su ejército atravesó el Pirineo llegando hasta Tolosa (Toulouse), a la vuelta decidió hacerlo por el Valle de Roncal, arrasando a sangre y fuego todo lo que encontraban, huyendo hombres y mujeres hacia los montes. Acudió en ayuda de los roncaleses el entonces rey de Pamplona Fortún García y en las “landas de Olast”, entre Burgui y el actual monasterio de Leyre, emprendieron un desigual combate.

Los musulmanes al ver lo que se les avecinaba emprendieron la huida por la margen del Ezca, mientras los navarros, atravesaron por la sierra de Leyre y les cerraron el paso en el puente de Yesa, sobre el río Aragón. Allí lograron llegar hasta el propio cuartel real y hacer peso al rey moro. Cuéntase que mientras los hombres deliberaban sobre qué suerte debían dar al Emir, una mujer, de nombre Sara, se adelantó con un cuchillo y segó la cabeza del moro.


Este hecho hizo que en todos los escudos de los pueblos y del valle figure una cabeza con rasgos árabes en conmemoración y recuerdo del mismo. Así, en uno de los cuarteles del escudo del valle de Roncal aparece la cabeza de quien se dice es Abderramán I (¿?), pero cada una de las siete villas que configuran la comunidad, posee su cabeza mora dispuesta en diferente posición que la del pueblo de al lado, como señal distintiva ya que cada uno puede utilizarlo como propio.

Escudo de armas del Valle de Roncal, según el ‘Armorial navarro’ de Vicente Aóiz de Zuza

Hasta mediados del siglo XIX todos los vecinos del valle de Roncal (entendiendo por vecino aquel que tenía derechos como tal y no era un mero residente) eran nobles a resultas del privilegio de hidalguía colectiva concedido en 1412 por el rey Carlos III de Navarra (concede al valle de Roncal el Fuero General, en el cual reconocía y confirmaba a los roncaleses como caballeros, hidalgos e infanzones, y les permitió tomar como propio el escudo del valle; un instrumento de los monarcas durante el siglo XV para fortalecer las estructuras vecinales frente al poder de los linajes nobiliarios), privilegio que se apoya en los concedidos en tiempos de las guerras contra los musulmanes por el rey Fortún García (entre los años 783 y 804) y por Sancho I (822), tiempos en los que los roncaleses ganaron también el derecho a goce de las Bardenas Reales de Navarra.

Así pues, todos los roncaleses eran nobles pero, ¿qué escudo les correspondería si eran familias muy diversas? Pues, a efectos de esta nobleza y tal y como indica el Libro de Armería del Reino de Navarra, el Valle de Roncal se comporta como una única casa solariega, y su escudo es uno para todos sus vecinos.


El valle de Roncal se sitúa en la Comunidad Foral de Navarra, concretamente, en la Merindad de Sangüesa. Comprende siete villas: Burgui, Garde, Isaba, Roncal, Urzainqui, Uztárroz y Vidángoz y administrativamente está constituido en una mancomunidad una entidad local de carácter tradicional.

A lo largo de su historia el valle de Roncal ha tenido dos escudos diferenciados para manifestar la condición de hidalguía colectiva. A diferencia de los títulos nobiliarios individuales, en los que cada señor representa sus armas de manera única y diferenciada, dicha hidalguía colectiva propia sobre todo de la Navarra pirenaica, establecía unos blasones comunes únicos para todos los habitantes del territorio.

El primer escudo, que representa la cabeza cercenada del moro sobre el puente de Yesa con el río y las montañas, es originario de finales del siglo VIII y fue obtenido tras la batalla de Olast u Ollate.

Los roncaleses tienen a gala por tradición que la cabeza corresponde al emir cordobés Abderramán I (731-788) pero la afirmación no es rigurosa. La vida de Abderramán -“el que entra” o “el inmigrado”- estuvo llena de asesinatos, conjuras y traiciones pero él se murió en la cama tras nombrar heredero a su hijo Hisham.

¿A quien degollaron entonces los roncaleses? Pues no se sabe con certeza. Hay quien afirma que se trató del valí -gobernador provincial- Abderramán el Gafequi en la retirada tras la derrota en la batalla de Poitiers (octubre del 732), pero también los hay que sostienen que en Ollate se combatió durante el reinado de Fortún Garcés (845-905), de modo que el asunto se queda entre la nebulosa densa de las tradiciones y la historia.

Lo que sí es historiográfico es que el valle de Roncal constituyó un núcleo de resistencia frente al dominio musulmán y sus aceifas o expediciones militares para obtener trigo y tributos. En el prefacio del Fuero viejo de Sobrarbe se recoge que “ entonces se perdió España, entroa los puertos sino en Galicia, et las Asturias, et daca Alava, Bizcaya, et dotra part Bastan, et la Berrueza, Deyerri, et en Anso, et sobre Jaca, et encara en Roncal, et en Sarazaz, et en Sobrarbe, et en Anso”.

Hasta finales del siglo XVIII el escudo roncalés se mantuvo inalterado. Sin embargo, el lunes 20 de enero de 1793 se produjo un hecho con graves repercusiones internacionales: la muerte en la guillotina del rey francés Luis XVI. La Revolución francesa daba un paso más y constituía el régimen de la Convención, en cuyo desarrollo se dio el periodo de El Terror a cargo de Robespierre.

Carlos IV quedaba al frente de los intereses dinásticos de la casa de Borbón y Francia luchaba de manera activa contra todos sus enemigos terrestres. Inglaterra quedaba a la espera del desarrollo de los acontecimientos con la idea pragmática del “dejemos que se maten los demás entre sí”. Para sorpresa general, los revolucionarios batieron al ejército tradicional de Austria y, en marzo de 1793, declaraban la guerra a España.

En el valle de Roncal se constituyó la Milicia provincial, mandada por el alcaide y capitán a guerra Pedro Vicente Gambra, destacado empresario ganadero y promotor del desarrollo almadiero. Carlos IV envió de refuerzo a los Tiradores de Sigüenza. Gambra recibió el grado de teniente coronel y va a ser la bisagra entre el frente aragonés, mandado por Pablo Sangro Merode -príncipe de Castelfranco-, y el teniente general Ventura Caro Fontes, responsable de la defensa navarra y de Guipúzcoa.

La movilización roncalesa fue unánime y eficaz y, como en el caso de Olast, las mujeres tomaron parte activa en la lucha formando una segunda línea de combate provistas de cuchillos y bayonetas.

Los franceses no pasaron más allá de incendiar la ermita de Arrako y robar su plata. Los hombres de Gambra les desalojaron del pico Bimbalet, incendiaron Santa Engracia y se apoderaron de un número importante de cabezas de ganado. Por contra, los franceses arrasaron las Reales fábricas de armas de Eugui y Orbaiceta, incendiaron Ochagavía y ocuparon físicamente el valle de Baztán y toda la comarca del Bidasoa. En enero de 1795 Carlos IV consentía, tras peticiones reiteradas de la Diputación, convocar Cortes estamentales el 11 de enero de 1795 para que se llamase al apellido (decreto de movilización general) y aprobase una aportación económica de Navarra a la guerra por importe de 170.000 pesos, de los que al valle de Roncal correspondió pagar 12.896.

El valido Manuel Godoy había comenzado pocos meses antes unas negociaciones secretas con Francia que condujeron a la Paz de Basilea (22 de julio de 1795), en la que una Francia exhausta por el esfuerzo bélico abandonaba Guipúzcoa y la parte ocupada de Navarra y recibía como compensación territorial la mitad occidental de la isla de La Española, lo que en la actualidad es Haití.

 
La defensa eficaz del valle de Roncal por sus moradores mereció el agrado de Carlos IV, quien el 13 de marzo de 1798, desde Aranjuez, firmaba una real cédula que concedía a los roncaleses añadir a su escudo un castillo, símbolo de la fortaleza, y el lebrel, que representa la rapidez en la acción; elemento incorporados desde entonces al escudo del valle, que pasó así a ser cuartelado.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Tristán de Luna y Arellano. Colonizador de la Florida, fundó su primer asentamiento


El asentamiento de Tristán de Luna estuvo habitado en Pensacola (Florida) desde 1559 hasta 1561, lo que supone que aventaja en seis años al asentamiento de San Agustín, en 1565, por Pedro Menéndez de Avilés ¡Y al asentamiento inglés de Jamestown (Virginia) en 48 años y a Plymouth (Massachusetts) en 61!

Pensacola* es el asentamiento más antiguo de los Estados Unidos, fundado no por los puritanos del Myflower, desembarcados sesenta años después, sino que se debe a otros pioneros, españoles, y a un personaje maltratado por la Historia, completamente olvidado en su país, pero no así en los Estados Unidos. Si no hubiese sido destruido por un huracán, la historia hubiera sido, probablemente, muy distinta y los dominios españoles en Norteamérica mucho más extensos.

Estatua de Tristán de Luna en Luna Park, Pensacola
Tristán de Luna y Arellano, nacido en. Borobia (Soria) en 1510, también conocido como Tristán de Arellano, fue un explorador y conquistador español de la familia de Luna. Descendiente de una familia castellana establecida en las localidades de Ciria y Borobia, y primo de Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España, y de Juana de Zuñiga, esposa de Hernán Cortés, poco se sabe de él hasta que llegó, alrededor de 1530, a la Nueva España. En 1545 contrajo matrimonio con Isabel de Rojas, viuda de Juan Velázquez y Francisco Maldonado y heredera de sus fortunas, con la que tendría dos hijos, y tres años después, en 1548, fue enviado a Oaxaca para sofocar un levantamiento de nativos. Fue padre de Carlos de Luna y Arellano, capitán general y gobernador de Yucatán en 1604.

Acompañó a Francisco Vázquez de Coronado en la expedición que éste emprendió, en 1540, al norte de México en busca de Cíbola y las siete ciudades de oro. Al inicio del viaje tuvo el grado de capitán de caballería (maestre de campo) y al final de la expedición fue ascendido a Teniente General. La expedición partió de la población de Compostela (Nayarit) y en la población de Culiacán (Sinaloa) fue dividida en dos, la más lenta viajaba con indios a pie, ganado y abastecimientos, en tanto la otra, más ligera, viajaba a caballo. Tristán de Luna fue nombrado segundo al mando de la avanzada, que dirigía Vázquez de Coronado. La expedición terminó en fracaso.

Virrey de Nueva España Don Luis de Velasco

En 1557 el segundo virrey de Nueva España, Luis de Velasco, le encarga una expedición a Santa Elena, en la actualidad Tybee (Georgia), en la costa atlántica de los actuales Estados Unidos para establecer un puesto avanzado. Partió hacia el destino con el título de gobernador de la Florida, al mando de 500 soldados y 1.000 colonos. En agosto de 1559 llegó a la bahía de Pensacola, donde fundó la ciudad de Santa María, que fue al poco tiempo destruida por un huracán. Relevado del cargo, se le ordenó volver a España a dar cuenta de sus actos. Regresó a América y murió en Ciudad de México el 16 de septiembre de 1573.

El poblado fundado por Tristán de Luna se inscribe en una página fundamental de la colonización de Norteamérica por los españoles. Al descubrimiento de Florida por Juan Ponce de León en 1513 y su segundo viaje en 1521, le siguió una serie de trágicas expediciones, como la de Lucas Vázquez de Ayllón en 1526, que llegó a establecer un precario asentamiento en lo que ahora es Georgia, o las de Pánfilo de Narváez en 1528, y Hernando de Soto, entre en 1539 y 1540. Pero ninguna logró fijar un núcleo de población que permaneciera más allá de unos meses.


En cambio, el de Tristán de Luna sobrevivió entre 1559 y 1561 pese a las dificultades. Su expedición había partido de Veracruz (México) con once naves y 1.500 personas a bordo, entre soldados, colonos, esclavos e indios. Bautizado como Santa María, el nuevo poblamiento suponía el primer intento serio por España de adueñarse de la costa norte del Golfo de México. Pero al mes de llegar, un devastador huracán hundió parte de la flota y acabó con los víveres. Dos años después, aquel incipiente poblado se acabó desmantelando. 

*Pensacola es un lugar relevante para la historia española en Norteamérica por otro motivo. Aquí se libró de marzo a mayo de 1781 una batalla decisiva para que España recuperase la Florida de manos inglesas, pero también para la independencia de Estados Unidos, ya que fortaleció a los rebeldes, quienes a través del rió Misisippí y del puerto de Nueva Orleans pudieron abastecerse. El autor de esa victoria fue Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana española,



La expedición de Tristán de Luna y Arellano parte, el 11 de junio de 1559, desde San Juan de Ulúa (Veracruz) para llegar a las costas de Florida un mes más tarde, el 12 de julio de 1559, cerca de la isla de Santa Rosa. A finales de ese mes, al pasar por la bahía de Pensacola, la flota llega a la bahía Filipina, en la que descargan los caballos que sobrevivieron a la travesía para viajar por tierra de vuelta a Pensacola, a la que llegan el 14 de agosto de 1559 y se reencuentran con la flota. Una vez allí, seleccionan un lugar para construir el asentamiento (Santa María de Ochuse) y descargaron el contenido de los barcos, proceso que les llevó cinco semanas.

 
En septiembre de 1559, un destacamento de exploración de 200 hombres enviados tierra adentro descubre una gran ciudad indígena llamada Nanipacana siguiendo el curso del río Alabama unas cuarenta leguas tierra adentro. Permanecieron allí y enviaron la noticia a Santa María de Ochuse.

En diciembre de 1559, llegó la primera flota de suministros desde San Juan de Ulúa. A mediados de febrero de 1560, Luna y la mayor parte de los colonos restantes de mueven tierra adentro por rutas terrestres y fluviales hacia Nanipacana, dejando cerca de un centenar de hombres en Santa María de Ochuse.

A principios de abril de 1560, de Luna envió una flotilla de cuatro barcos, desde Nanipacana, río Alabama arriba, que regresó a los 22 días tras haber viajado entre 60 y 70 leguas. La siguiente misión se asignó al sargento mayor Mateo del Sauz el 15 de abril de 1560: con 200 hombres bajo su mando abandonó Nanipacana y se dirigió hasta llegar a la provincia de Coosa (Georgia) en busca de suministros. La falta de éstos llevó a los colonos a abandonar Nanipacana y regresar al abrigo de la bahía el 24 de junio de 1560. A finales de julio de 1560, los colonos regresan a Santa María de Ochuse. Una segunda flota de suministros llega ocho días más tarde, ocasión que algunos colonos aprovechan para regresar a San Juan de Ulua.

Pero estos reveses no desalentaron a Tristán de Luna, que envió a 50 hombres el 10 de agosto de 1560 en dos fragatas hacia La Habana, con objeto de establecer un asentamiento temporal en la Punta de Santa Elena (Isla de Parris, Carolina del Sur).

A finales de agosto de 1560, el destacamento de Sauz acompaña a un grupo de guerreros Coosa en una incursión contra una provincia rebelde, la de Napochin (cerca de Chatanooga, Tennessee). El destacamento del sargento mayor regresa a Santa María de Ochuse desde el territorio de los Coosa en noviembre de 1560.


En diciembre de 1560 llega una tercera flota desde San Juan de Ulua, así como una cuarta a principios de abril de 1561. En ambos casos, muchos colonos optaron por abandonar Santa María de Ochuse, a lo que se suma la llegada en esa cuarta flota del capitán Ángel de Villafañe con orden de reemplazar a Tristán de Luna como gobernador de la colonia. De Luna recibe su licencia y permiso para regresar a España junto a la mayor parte de los colonos restantes llevados por la flota de Villafañe a La Habana, y sólo quedaron unos 50 o 60 hombres en Ochuse, bajo el mando del capitán Biedma. 

En mayo de 1561, las fuertes tormentas destruyen el asentamiento y hunden dos fragatas, forzando a Ángel de Villafañe a evacuar y abandonar el asentamiento. A finales de agosto del mismo año, tras desembarcar a los evacuados en La Española y Cuba, regresa a Santa María de Ochuse a recoger a los últimos soldados restantes para llevarlos de vuelta a San Juan de Ulua.