martes, 12 de septiembre de 2017

Escudo e hidalguía en el valle de Roncal. La batalla de Olast.


La batalla de Olast u Ollate se produjo en el año 732 (algunos historiadores la sitúan en el año 785) y fue un importante hito histórico para los habitantes del Valle de Roncal, de la que se derivaron diferentes privilegios y prerrogativas.

En su escudo (Valle de Roncal), la cabeza cercenada del moro sobre el puente, con el río y las montañas, surgió en el siglo VIII. El 13 de marzo de 1798 Carlos IV añadió el castillo y el lebrel, tras la guerra contra la Convención.

Representación de la batalla de Olast_ Ayuntamiento de Urzainqui (Navarra)
Esta batalla se produjo, supuestamente, durante la incursión de los musulmanes por los Pirineos y tras la batalla de Poitiers, cuando las fuerzas de Abd-alRahman-el-Gafequi caudillo del Califato de Córdoba presentaron batalla a las fuerzas del Valle el Roncal en el sitio conocido por Olast, cerca de Yesa. En el enfrentamiento cayó prisionero el caudillo Abderramán y, según la leyenda, una guerrera roncalesa le cortó la cabeza.

Según otras  versiones de la leyenda, cuando Abderramán, el gran rey de Córdoba, con su ejército atravesó el Pirineo llegando hasta Tolosa (Toulouse), a la vuelta decidió hacerlo por el Valle de Roncal, arrasando a sangre y fuego todo lo que encontraban, huyendo hombres y mujeres hacia los montes. Acudió en ayuda de los roncaleses el entonces rey de Pamplona Fortún García y en las “landas de Olast”, entre Burgui y el actual monasterio de Leyre, emprendieron un desigual combate.

Los musulmanes al ver lo que se les avecinaba emprendieron la huida por la margen del Ezca, mientras los navarros, atravesaron por la sierra de Leyre y les cerraron el paso en el puente de Yesa, sobre el río Aragón. Allí lograron llegar hasta el propio cuartel real y hacer peso al rey moro. Cuéntase que mientras los hombres deliberaban sobre qué suerte debían dar al Emir, una mujer, de nombre Sara, se adelantó con un cuchillo y segó la cabeza del moro.


Este hecho hizo que en todos los escudos de los pueblos y del valle figure una cabeza con rasgos árabes en conmemoración y recuerdo del mismo. Así, en uno de los cuarteles del escudo del valle de Roncal aparece la cabeza de quien se dice es Abderramán I (¿?), pero cada una de las siete villas que configuran la comunidad, posee su cabeza mora dispuesta en diferente posición que la del pueblo de al lado, como señal distintiva ya que cada uno puede utilizarlo como propio.

Escudo de armas del Valle de Roncal, según el ‘Armorial navarro’ de Vicente Aóiz de Zuza

Hasta mediados del siglo XIX todos los vecinos del valle de Roncal (entendiendo por vecino aquel que tenía derechos como tal y no era un mero residente) eran nobles a resultas del privilegio de hidalguía colectiva concedido en 1412 por el rey Carlos III de Navarra (concede al valle de Roncal el Fuero General, en el cual reconocía y confirmaba a los roncaleses como caballeros, hidalgos e infanzones, y les permitió tomar como propio el escudo del valle; un instrumento de los monarcas durante el siglo XV para fortalecer las estructuras vecinales frente al poder de los linajes nobiliarios), privilegio que se apoya en los concedidos en tiempos de las guerras contra los musulmanes por el rey Fortún García (entre los años 783 y 804) y por Sancho I (822), tiempos en los que los roncaleses ganaron también el derecho a goce de las Bardenas Reales de Navarra.

Así pues, todos los roncaleses eran nobles pero, ¿qué escudo les correspondería si eran familias muy diversas? Pues, a efectos de esta nobleza y tal y como indica el Libro de Armería del Reino de Navarra, el Valle de Roncal se comporta como una única casa solariega, y su escudo es uno para todos sus vecinos.


El valle de Roncal se sitúa en la Comunidad Foral de Navarra, concretamente, en la Merindad de Sangüesa. Comprende siete villas: Burgui, Garde, Isaba, Roncal, Urzainqui, Uztárroz y Vidángoz y administrativamente está constituido en una mancomunidad una entidad local de carácter tradicional.

A lo largo de su historia el valle de Roncal ha tenido dos escudos diferenciados para manifestar la condición de hidalguía colectiva. A diferencia de los títulos nobiliarios individuales, en los que cada señor representa sus armas de manera única y diferenciada, dicha hidalguía colectiva propia sobre todo de la Navarra pirenaica, establecía unos blasones comunes únicos para todos los habitantes del territorio.

El primer escudo, que representa la cabeza cercenada del moro sobre el puente de Yesa con el río y las montañas, es originario de finales del siglo VIII y fue obtenido tras la batalla de Olast u Ollate.

Los roncaleses tienen a gala por tradición que la cabeza corresponde al emir cordobés Abderramán I (731-788) pero la afirmación no es rigurosa. La vida de Abderramán -“el que entra” o “el inmigrado”- estuvo llena de asesinatos, conjuras y traiciones pero él se murió en la cama tras nombrar heredero a su hijo Hisham.

¿A quien degollaron entonces los roncaleses? Pues no se sabe con certeza. Hay quien afirma que se trató del valí -gobernador provincial- Abderramán el Gafequi en la retirada tras la derrota en la batalla de Poitiers (octubre del 732), pero también los hay que sostienen que en Ollate se combatió durante el reinado de Fortún Garcés (845-905), de modo que el asunto se queda entre la nebulosa densa de las tradiciones y la historia.

Lo que sí es historiográfico es que el valle de Roncal constituyó un núcleo de resistencia frente al dominio musulmán y sus aceifas o expediciones militares para obtener trigo y tributos. En el prefacio del Fuero viejo de Sobrarbe se recoge que “ entonces se perdió España, entroa los puertos sino en Galicia, et las Asturias, et daca Alava, Bizcaya, et dotra part Bastan, et la Berrueza, Deyerri, et en Anso, et sobre Jaca, et encara en Roncal, et en Sarazaz, et en Sobrarbe, et en Anso”.

Hasta finales del siglo XVIII el escudo roncalés se mantuvo inalterado. Sin embargo, el lunes 20 de enero de 1793 se produjo un hecho con graves repercusiones internacionales: la muerte en la guillotina del rey francés Luis XVI. La Revolución francesa daba un paso más y constituía el régimen de la Convención, en cuyo desarrollo se dio el periodo de El Terror a cargo de Robespierre.

Carlos IV quedaba al frente de los intereses dinásticos de la casa de Borbón y Francia luchaba de manera activa contra todos sus enemigos terrestres. Inglaterra quedaba a la espera del desarrollo de los acontecimientos con la idea pragmática del “dejemos que se maten los demás entre sí”. Para sorpresa general, los revolucionarios batieron al ejército tradicional de Austria y, en marzo de 1793, declaraban la guerra a España.

En el valle de Roncal se constituyó la Milicia provincial, mandada por el alcaide y capitán a guerra Pedro Vicente Gambra, destacado empresario ganadero y promotor del desarrollo almadiero. Carlos IV envió de refuerzo a los Tiradores de Sigüenza. Gambra recibió el grado de teniente coronel y va a ser la bisagra entre el frente aragonés, mandado por Pablo Sangro Merode -príncipe de Castelfranco-, y el teniente general Ventura Caro Fontes, responsable de la defensa navarra y de Guipúzcoa.

La movilización roncalesa fue unánime y eficaz y, como en el caso de Olast, las mujeres tomaron parte activa en la lucha formando una segunda línea de combate provistas de cuchillos y bayonetas.

Los franceses no pasaron más allá de incendiar la ermita de Arrako y robar su plata. Los hombres de Gambra les desalojaron del pico Bimbalet, incendiaron Santa Engracia y se apoderaron de un número importante de cabezas de ganado. Por contra, los franceses arrasaron las Reales fábricas de armas de Eugui y Orbaiceta, incendiaron Ochagavía y ocuparon físicamente el valle de Baztán y toda la comarca del Bidasoa. En enero de 1795 Carlos IV consentía, tras peticiones reiteradas de la Diputación, convocar Cortes estamentales el 11 de enero de 1795 para que se llamase al apellido (decreto de movilización general) y aprobase una aportación económica de Navarra a la guerra por importe de 170.000 pesos, de los que al valle de Roncal correspondió pagar 12.896.

El valido Manuel Godoy había comenzado pocos meses antes unas negociaciones secretas con Francia que condujeron a la Paz de Basilea (22 de julio de 1795), en la que una Francia exhausta por el esfuerzo bélico abandonaba Guipúzcoa y la parte ocupada de Navarra y recibía como compensación territorial la mitad occidental de la isla de La Española, lo que en la actualidad es Haití.

 
La defensa eficaz del valle de Roncal por sus moradores mereció el agrado de Carlos IV, quien el 13 de marzo de 1798, desde Aranjuez, firmaba una real cédula que concedía a los roncaleses añadir a su escudo un castillo, símbolo de la fortaleza, y el lebrel, que representa la rapidez en la acción; elemento incorporados desde entonces al escudo del valle, que pasó así a ser cuartelado.

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