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martes, 22 de noviembre de 2016

Isabel de Bobadilla. Esposa de Hernando de Soto y Gobernadora de Cuba


Dama de la nobleza española, esposa de Hernando de Soto, a quién sustituyó como gobernadora de Cuba cuando éste partió a la conquista de la Florida. Tal matrimonio influyó de manera poderosa en la rápida y feliz organización de la empresa conquistadora acometida por de Soto en tierras de La Florida.

Isabel, o Inés, de Bobadilla, nacida probablemente hacia 1505, fue hija de Pedro Arias de Ávila (o Dávila) e Isabel de Bobadilla y Peñalosa. Su padre, conocido también como Pedrarias fue un noble, político y militar castellano destacado por su participación en América, donde alcanzó los cargos de gobernador y capitán general de Castilla del Oro (actuales Panamá y Colombia), y gobernador de Nicaragua. Su madre, Isabel de Bobadilla y Peñalosa era hija de María de Peñalosa y de Francisco de Bobadilla, conquistador de Granada y comendador de Calatrava. La familia Bobadilla tenía una gran ascendencia en la corte española.      

La Giraldilla ( Isabel de Bobadilla)
El padre de Isabel lo era Pedrarias Dávilas, apellidado El Galán y El Justador, por su gracia y destreza en los torneos; natural de Segovia, que se había distinguido en las guerras de Granada y África; gobernador de Castilla del Oro, como en 1514 se llamaba al Darién, del Darién en 1520, de Nicaragua hasta 1530; fundador de las ciudades de Panamá, Granada y León, estas dos últimas en Nicaragua.

Isabel tuvo, al menos, cuatro hermanos: Arias Gonzalo Dávilas, Elvira de Bobadilla, fray Francisco de Bobadilla (que vivió en el monasterio de Santo Domingo y viajó junto a su hermana y Hernando de Soto a Cuba, residiendo en La Habana) y María Arias de Peñalosa.

Hernando de Soto
Isabel de Bobadilla se casó en 1537 con Hernando de Soto y Arias de Tinoco, que era ya un reputado y rico conquistador español, protegido de su padre, que había participado en la conquista del Perú con Pizarro. Gracias a su fama, de Soto logró entrevistarse en 1538 con el emperador Carlos V, a quien solicitó autorización para realizar una nueva expedición a La Florida, que costearía con sus propios medios y ofreciendo a la Corona la mitad de las ganancias de la empresa. La dote de Isabel, firmada en Valladolid el 14 de noviembre de 1536, consistía en todo el ganado que poseía su padre en Panamá, sus esclavos y caballos. No tuvieron hijos en común, pero de Soto fue padre de dos hijas de madres indias en América.

El emperador Carlos V le nombró adelantado, capitán general de todas las tierras descubiertas y gobernador de Cuba. De Soto vendió gran parte de sus bienes y se equipó para realizar la expedición en aquellas tierras inexploradas. Su misión sería conquistar, situarse, y «pacificar» los territorios desconocidos. Comprometía toda su fortuna, pero en caso de éxito, sería dueño de un inmenso territorio, prácticamente todo lo que había al norte del entonces virreinato de la Nueva España.

La nobleza de Isabel, su fortuna, la protección que desde muy niño le había prestado su padre a de Soto, la riqueza de su familia y las amplias y valiosas relaciones que poseía con personajes de la época, así como la belleza, inteligencia y discreción que adornaban su persona, han hecho de esta mujer una figura que se destaca con caracteres propios y relevantes junto a su marido, siendo imposible hablar de éste ni de su gobierno en Cuba ni de su expedición a La Florida, sin mencionar, también, de manera muy singular, a doña Isabel de Bobadilla.

Tras ese nombramiento Isabel y Hernando, con la expedición que este había organizado, se trasladaron a Cuba, llegando a Santiago de Cuba el 7 de junio de 1538, y en el mes de agosto partió Isabel con su familia y la infantería, en los cinco barcos que constituían la flota, rumbo a la villa de La Habana, mientras Soto, sus oficiales y caballerías, hacían el viaje por tierra. En las Navidades de aquel año ya se encontraba reunida en La Habana toda la familia.

La Habana en esa época era solo una aldea: en 1540 su población se contaba en 40 vecinos blancos, 120 indios naborías (de servicio doméstico), 200 esclavos negros e indios, un clérigo y un sacristán.

Fue Hernando de Soto el iniciador de las obras de la primitiva fortaleza habanera. Más tarde, y al mismo tiempo que se construía la fortaleza, edificó Inés una casa (en la que aún residía en marzo de 1544, un año y nueve meses después de fallecido su marido, y cuando se preparaba ella para regresar a España.)

Cuando Soto viajó a Florida en mayo de 1539, el 17 de mayo del mismo año dejó su cargo de administrador del archipiélago a su esposa, quien ejerció como Gobernadora y Capitán General entre 1539 y 1544. Isabel de Bobadilla se convirtió, así, en la primera y única mujer que ostentó la máxima autoridad de la Isla, durante el largo período colonial de cuatro siglos. En esa función estuvo asesorada por civiles y militares, fundamentalmente por Juan de Rojas, quien se ocupó de los problemas de la defensa.

De Soto, antes de partir para La Florida, otorgó en 17 de mayo de 1539 un poder general a favor de su esposa, ante el escribano Francisco de Alcócer. ..."y de esos 300.000 maravedís de renta anual, se hagan dos partes, la una para que su mujer la goce por todo el tiempo de su vida, y la otra para dotar cada año a tres doncellas huérfanas y pobres, hijasdalgos, lo que dará cumplimiento su esposa a quien ella nombrase." En enero de 1544 tenía Isabel a su servicio particular y el de sus fincas, once esclavos.


La leyenda

En La Habana, en lo alto del Castillo de la Real Fuerza, fue construida una estatua de Isabel de Bobadilla, basándose en la leyenda que señala que, tras la ida de De Soto a Florida, Isabel lo estuvo esperando en ese castillo durante años hasta que supo de su muerte, tras lo cual habría fallecido ella también al no ser capaz de sobreponerse al dolor que esta desgracia le produjo. Esta estatua es actualmente conocida como La Giraldilla (a similitud de El Giraldillo que es el nombre popular que recibe la escultura que corona la Giralda de Sevilla), y es considerado el símbolo más importante de La Habana. En la mano izquierda, la cruz de Calatrava, de las armas de su linaje.
 
El almirante Juan de Bitrián y Viamonte, quien gobernó Cuba entre 1630 y 1634, ordenó su fundición en bronce. La estatua original está en el Museo de La Habana para protegerla del deterioro por su exposición al medio ambiente, siendo la del castillo una réplica.

Pero la realidad es que, aunque mucho sufrió por lo sucedido, doña Isabel no murió de amor, como cuenta la leyenda, sino que retornó a España, (probablemente en 1544) junto a algunos de sus familiares, con los cuantiosos bienes heredados de su consorte. Murió dos años después, en 1546.

La doliente esposa no pudo esperar a su amado desde lo alto de la torre del castillo de la Real Fuerza pues este se erigió después de 1555, al ser destruida por el corsario francés Jacques de Sores la antigua Fortaleza, aposento de doña Isabel durante su estancia en Cuba.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Hernando de Soto. Explorador de la Florida y descubridor del gran río Misisipi


Hernando de Soto pasa por ser uno de los conquistadores de origen realmente noble de los que participaron en la conquista de América. Sus antepasados, al menos los de su línea materna, eran hidalgos reconocidos desde tiempo inmemorial y además gozaban de una buena situación económica. Obtuvo el hábito de Caballero de Santiago en 1538 (Exp. 7855). 

Emprendió, en 1539, una expedición de más de 6.000 kilómetros por lo que hoy son diez estados norteamericanos sin hallar los tesoros soñados y con sangrientos conflictos con los nativos.

Se discute si nació en Barcarrota o Jerez de los Caballeros (provincia de Badajoz), pero hay documentos que indican a este último lugar como su cuna en 1500, hijo de Francisco Méndez de Soto, natural de allí, y de la badajocense Leonor Arias Tinoco.

 Al contrario que un gran número de conquistadores, gentes de familias humildes y analfabetos (casos de Francisco Pizarro y Diego de Almagro), Hernando de Soto y Gutierrez Cardeñosa podía presumir de la nobleza de sus ancestros, hidalgos de  fortuna y cultos. Escribía con total soltura, lo que no podían decir los más de sus compañeros. Fue liberal con sus amigos y tenientes, lo que no quiere decir que no persiguiese el oro como el que más, pero sabía como tratar a los hombres y siempre pensaba con suma discreción.

De la juventud de Hernando de Soto poco se sabe. Las primeras noticias fidedignas llegan cuando embarca para las Indias en la nave del que sería gobernador de Panamá,  Pedrarias Dávila, en el año 1514. Participó, en 1522,en la expedición de Gil González de Ávila que descubrió la costa de Nicaragua, y luego, en 1524, en la conquista de este territorio, a las órdenes de Francisco Hernández de Córdoba, fundador de las ciudades de Bruselas, León y Granada en Nicaragua.
Más tarde, y ya por sí solo, exploró la península del Yucatán buscando un estrecho que permitiese el paso del Atlántico al Pacífico En 1532. Fue Gobernador de la isla de Cuba entre 1538 y 1539, año en que parte a la conquista de la Florida.

Escudo de armas de Soto
Todos ellos obraron por orden de Pedrarias Dávila y, en realidad, no se trataba de una misión de exploración, sino de conquista, ya que en Nicaragua se había instalado Gil González Dávila y lo que se pretendía era contrarrestar su influencia.

De Soto estuvo presente en la fundación de la villa de Bruselas, en el golfo de Nicoyá, en la provincia de Nequecheri: en la de León, a la que se designó como capital. Cuando Fernández de Córdoba pasó a Honduras a la busca de un estrecho que les llevara al Mar del Sur, Hernando de Soto recibió la llamada de Francisco Pizarro, en 1534, y marchó al Perú acompañándole en la entrevista con Atahualpa que finalizó con la captura. del Inca, haciéndole prisionero y obteniendo un cuantioso botín. Hernando de Soto, le agradase o no la forma en que se resolvió aquel asunto, era hombre disciplinado y su jefe era Francisco Pizarro; por lo que lo más que pudo hacer, y lo hizo, era pasar largos ratos en compañía del Emperador cautivo, distrayéndole con su conversación, enseñándole a hablar castellano y a jugar al ajedrez, hasta que fue ejecutado.

Más tarde, siempre formando parte del ejército de Pizarro tomó parte en la marcha contra Cuzco y en el saqueo de dicha población, en la que se apoderó de abundantes riquezas. Ya hemos dejado expuesto que no era ajeno, por generoso y noble que fuera, al ansia de oro, común en todos los conquistadores. Una vez terminada la campaña del Perú, decidió regresar a España y durante su breve estancia en la patria, contrajo matrimonio, en noviembre de 1536, con una hija de Pedrarias Dávila, Isabel de Bobadilla. Aprovechó su estancia para obtener una capitulación de la Corona para la conquista de la Florida, a la que se creía un inmenso y rico país.

Morrión. Casco típico de los conquistador
Los conquistadores, guiados por su sed de oro lo creían todo: de ahí las leyendas fantásticas, de ahí la fábula de "El Dorado", de ahí el buscar en medio de las selvas ciudades que no existían, ciudades quiméricas con paredes y cúpulas de oro, de ahí que, en los Andes, se buscara con frenesí la Casa del Sol donde se decía que los suelos de las casas estaban empedrados con piedras preciosas, de ahí la historia de un fabuloso imperio, el de los Omagas, más rico todavía que el de los incas.

Pero la contemplación del cuarto lleno de oro que ofreció Atahualpa por su libertad, los ídolos de metales preciosos, las minas de oro y plata, las perlas de la isla Margarita, tantas y tantas maravillas vieron los conquistadores, que ya nada los maravillaba y llegaban a creer en las suposiciones más absurdas. Nadie había estado en la Florida, nadie exploró a fondo su territorio y, sin embargo, ya se comentaba que era un país riquísimo. Y todos buscaban el oro, con la excepción del viejo Ponce de León, que no buscó allí el oro, sino una quimera: la Fuente de la Eterna Juventud.

Hernando de Soto, zarpó en abril de 1538, con el título, por Carlos I, de Adelantado de la Florida y Gobernador de Cuba, llevando una flota de diez navíos y seiscientos hombres y dos mujeres, aparte de una docena de religiosos y buen numero de sirvientes, más de 200 caballos, una manada de cerdos y una jauría de perros de presa, costeada por él mismo. Desde La Habana salió la expedición en mayo de 1539. Desembarcaron en la bahía de Espíritu Santo, la actual Tampa, y se internaron por el territorio de la Florida en dirección Oeste y luego hacia el Sur, buscando la costa.

Recorrido de más de 6.000 kilómetros de la expedición de Hernando de Soto
Pero los indios se les enfrentaron en una serie de continuos ataques que fue diezmando a los expedicionarios, hasta que llegó un momento en que durante un combate perdieron todo el bagaje y los víveres que llevaban; ello obligó a los supervivientes a tomar la dirección Noroeste y así llegaron hasta el río Misisipi ("El padre de todas las aguas"), a la altura aproximada de la actual ciudad de Menphis. Fue allí, a la orilla de aquel gran río donde murió Hernando de Soto, el 21 de mayo de 1542, a causa de unas fiebres. Sus compañeros, temerosos de que el cuerpo fuera profanado por los nativos prefirieron arrojarlo al río, atado a una gran piedra o tronco a fin de que se fuera al fondo.

De Soto contemplando por primera vez el Misisipi (William H. Powell )
De los escasos supervivientes que quedaban de la trágica expedición, tomó el mando de ellos Luís Moscoso de Alvarado y tras un calamitoso intento de alcanzar la costa por tierra, construyeron una embarcación para salir al mar por el río.