martes, 25 de julio de 2017

Felipe de Neve Padilla. Fundó la ciudad de Los Ángeles (California / EE. UU.)


Toda su vida la dedicó a servir al ejército en diferentes frentes en la Península y Europa, hasta que se trasladó a América a entrenar a las milicias de la zona.

Tras demostrar su buenas dotes para la administración de bienes y su experiencia militar en la Nueva España, en 1774 alcanzó el cargo de teniente coronel de caballería y, el 18 de octubre de 1775, se convirtió en el cuarto  Gobernador de Las Californias. En el año 1781 y con 44 personas fundó Los Ángeles, la mayor ciudad de la actual California.

Su estatua en Los Ángeles
Felipe de Neve Padilla nació en Bailén (Jaén) en 1724, en el seno de una familia acomodada, supuestamente hidalga. Hijo de Doña. María Padilla y Costilla y D. Felipe de Neve Noguera Castro y Figueroa; capitán de caballería, que despertó pronto en él la vocación, y con tan sólo 20 años comenzará su carrera como cadete en el Regimiento de Infantería de Cantabria.

Padres de Felipe de Neve y su árbol genealógico
Posteriormente se convertiría en Guardia de Corps en Madrid y dos años después desde su inicio, alcanzaría el grado de Teniente en el Regimiento de Flandes, para más tarde sentar plaza en los de Milán y el Rey, llegando a alcanzar el grado de sargento mayor. También, combatió en La Guerra de los Siete Años contra Portugal Tras un largo periodo en el se curte en batallas y demuestra su destacable ímpetu y valentía, el 1 de noviembre de 1764, con 40 años, por orden de Carlos III y para la defensa de la Nueva España, desembarcará en el Puerto de Veracruz; México, con un selecto grupo de tropas veteranas y oficiales destacados, iniciando así una nueva etapa que le llevará el resto de su vida.

Así, tras y servir al ejército durante un largo periodo, Felipe de Neve, partió hacia Nueva España, dejando en Sevilla a su esposa, María Nicolasa Pereira y Soria, a la que nunca más volvería a verla, y jamás dejó descendencia reconocida.

Sus dotes de mando y administrativas le hicieron ascender rápidamente una vez instalado en América y ganarse la confianza del rey Carlos III. Cuando Felipe llegó a Monterrey (México) se encontró con una armada indisciplinada, mal vestida y con recursos inadecuados e insuficientes. Por entonces existían siete misiones en la Alta California, con una escolta militar asignada a cada una de ellas.

El 18 de octubre de 1774, el virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa lo nombraría Gobernador de Las Californias (el territorio que comprendía las actuales California (EE.UU.), Baja California y Baja California Sur (México), por su gran valía que quedó reflejada en los informes que lo tachaban “como hombre correcto y oficial completo”, hasta el punto de que el propio virrey rechazara su petición de ser relevado del cargo, al tratarse de un puesto arduo e ingrato al estar permanentemente vigilado por las órdenes eclesiásticas. Las tareas encomendadas a los españoles que se encontraban en Nueva España eran dos: velar por la evangelización de los indígenas, junto a las órdenes religiosas y el control y defensa del territorio frente a los intereses de otras potencias coloniales.

Como gobernador se dedicó a gestionar de manera eficaz los recursos disponibles, formar a los pobladores y crear nuevos pueblos; así, en 1777, firmó dos solicitudes para la fundación de dos pueblos: San José (en el río Guadalupe) y Nuestra Señora de Los Ángeles (en el río Porciúncula). Una vez establecida la primera población (29 de noviembre de 1777), con el objetivo de abastecer a los presidios de San Francisco y Monterrey, el virrey y el Comandante General, en diciembre de 1779, aprobaron su propuesta y ejecutaron la orden de crear el pueblo de Los Ángeles. También, y durante su administración, el teniente José Joaquín Moraga había construido el presidio de San Francisco, después de que Juan Bautista de Anza hubiese elegido el lugar en 1776.

Centrado en esta labor, en 1781, con la aprobación del rey Carlos III, fundó en la costa El Pueblo de Nuestra Señora de la Reina de Los Ángeles de Porciúncula, con 44 personas españolas, indígenas y mestizas. Un total de catorce familias que formarían los inicios de Los Ángeles, la que hoy en día es la segunda ciudad más poblada del país, después de Nueva York, con 4 millones de habitantes.

El plan de Neve para abastecer a la población era la plantación de nuevos cereales y establecimiento de ganados. Fernando Rivera fue el general encomendado de la difícil tarea de reclutar a los colonos y soldados. Los primeros pobladores de la ciudad fueron 14 familias, un total de 44 miembros españoles -once hombres, once mujeres y 22 niños-. El 4 de septiembre de 1781 tuvieron lugar las ceremonias de fundación, y finalmente Felipe de Neve, utilizó oficialmente el nombre de «El Pueblo de Nuestra Señora de la Reina de Los Ángeles de Porciúncula» que, con el paso de los años, se acortaría a Los Ángeles, o LA abreviadamente. El nombre de “pueblo” estaba reservado para las poblaciones blancas, a diferencia de los “presidios”, donde radicaba el poder militar, y de las “misiones”, asentamientos con población indígena en proceso de catequización. Durante su permanencia en la ciudad, tuvo varios desacuerdos con fray Junípero Serra en relación a la secularización de las misiones y la redistribución de tierra a neófitos y soldados.

En 1769 Gaspar de Portolà llegó a la zona acompañado por dos franciscanos, Junípero Serra y Juan Crespí. Al río que encontraron le dieron el nombre de El Río de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles de Porciúncula. Este nombre tan extraño provenía de Santa Maria degli Angeli, la pequeña ciudad italiana donde está la Porciúncula, una iglesia donde San Francisco de Asís estuvo de religioso.

 
Su carrera política alcanzaría su máximo nivel cuando fuese puesto al frente de la Comandancia General de las Provincias Internas, ascendiendo al grado de brigadier de los Reales Ejércitos en 1783.

Felipe Neve murió el 17 de junio de 1784, a los sesenta años de edad, en Coahuila de Zaragoza, Nueva España y su desaparición sería uno de los factores que causará la crisis que rápidamente afectaría a las Provincias Internas y a los proyectos de expansión de España por el oeste americano. Sus restos mortales descansaron hasta los años ochenta del siglo XX en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Flores pero tras un acuerdo entre el alcalde de Los Ángeles y el gobernador de Chiuahua (México) se exhumaron y se trasladaron hasta LA; sin embargo, se desconoce donde se encuentran actualmente.

Los Ángeles fue una ciudad española hasta 1821, cuando México se independizó de la Corona española y California quedó bajo control de la nación mexicana recién creada. No fue hasta 1848 cuando se adhirió a Estados Unidos tras la guerra que enfrentó a ambos países. Su legado se aprecia aún hoy en el escudo de la ciudad ya que, abajo a la derecha, podemos ver en él los escudos de Castilla y León.

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