viernes, 14 de julio de 2017

Pablo de Olavide, Superintendente de las Nuevas Poblaciones de Andalucía y reformador de la Universidad de Sevilla



Su actuación más sobresaliente la realizó al frente de la colonización de Sierra Morena, proyecto del que fue su máximo impulsor y valedor, pese a las grandes dificultades, de todo tipo, que tuvo que sortear. En el año 1771, había logrado fundar más de cuarenta nuevos núcleos de población y colonizar una gran extensión de tierras baldías. 

Víctima del absolutismo, fue procesado y condenado por la Inquisición en 1778 (el autillo, un auto de fe a puerta cerrada), pero logró evadirse exiliándose en Francia.

Pablo de Olavide y Jáuregui nació el 25 de enero de 1725 en Lima, la capital del Perú, siendo el primogénito de la familia del hidalgo navarro Martín de Olavide y Albizu -contador mayor del Tribunal de Cuentas de Lima- y María Ana de Jáuregui, criolla, hija del capitán sevillano Antonio de Jáuregui, avencidado en Lima, que había casado con una joven limeña, María Josefa. Pablo tuvo dos hermanas: Micaela y Josefa y fue bautizado en la iglesia del Sagrario el 7 de mayo con el nombre de Pablo Antonio José, siendo apadrinado por su tío materno Domingo, que habría de jugar un papel importante en su vida.

Antes de cumplir los diez años estaba estudiando en el Real Colegio de San Martin, de Lima, dirigido por los jesuitas, y a los quince años se graduó como Licenciado y Doctor en Teología por la Universidad de San Marcos, en la que dos años más tarde  era catedrático, por oposición, en la Facultad de Teología.

A este meteórico ascenso en la carrera universitaria hay que añadir su participación en la vida jurídica del país, pues fue recibido como abogado en la Real Audiencia de Lima en 1741, de la que llegó a ser nombrado Oidor en 1745, tras unas oposiciones y después de haber jurado el cargo de asesor del Tribunal del Consulado.

Pero su rápida ascensión se vio de repente truncada por su actuación algo más que dudosa tras el terremoto que asoló Lima, en octubre de 1746, en el que falleció su padre. Olavide fue acusado de ocultación de la herencia paterna y de malversación, lo que provocó su caída en desgracia dentro de la administración colonial. Pablo de Olavide marchó hacia España, en 1750, para justificar su conducta ante las autoridades del Consejo de Indias. En el año 1754 fue encarcelado y se confiscaron todos sus bienes, pero poco después pudo conseguir la libertad bajo fianza.

Una vez libre de todo cargo, se casó con Isabel de los Ríos, rica viuda que le donó toda su fortuna. Gracias a este matrimonio, al parecer de conveniencia, empezó a recuperar su deteriorada posición social y saldar sus cuentas con la justicia, mediante el pago de una multa y una breve inhabilitación para desempeñar cargos públicos. En el año 1756 fue nombrado Caballero de la Orden de Santiago, mediante el pago de altas tasas.

Entre los años 1757 y 1765 realizó tres largos viajes por Francia e Italia, que le dieron la oportunidad de conocer a las figuras más importantes de la Ilustración europea. En Madrid, su casa fue uno de los centros de reunión de la elite ilustrada y supo aprovecharse de los influyentes personajes que iba conociendo en la Corte, gracias a los cuales pudo reanudar su truncada carrera en la administración. En 1776 fue nombrado director de los Reales Hospicios de San Fernando y de Madrid, y en el año 1767 fue designado síndico personero del Ayuntamiento de Madrid.

Olavide siempre apoyó y defendió la política reformista llevada a cabo por Campomanes y el conde de Aranda, el cual lo tomaría bajo su protección directa, ofreciéndole, en 1767, el cargo de superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, para dirigir la realización del mayor proyecto de colonización agraria llevado a cabo en el reinado de Carlos III. Para reforzar sus atribuciones y mejorar el control sobre el proyecto, también fue nombrado asistente corregidor de Sevilla e intendente del ejército de Andalucía.



Fundación de La Carolina. Reparto de tierras por Carlos III


Nuevas poblaciones de Andalucía y de Sierra Morena
Durante este periodo y hasta el año 1775, Olavide elaboró dos de los proyectos más representativos e importantes del reformismo ilustrado: el Plan de Estudios para la Universidad de Sevilla, del año 1767, y el Informe sobre la Ley Agraria, del año 1768. La actuación de Pablo de Olavide en Sevilla se extendió hacia ámbitos y esferas muy diversas: el saneamiento de la hacienda municipal y la mejora del abastecimiento de la población; la reforma y secularización de la asistencia social; las obras públicas y el urbanismo; la animación cultural, etc.

La actividad reformista y modernizadora que desplegó Pablo de Olavide suscitó pronto la oposición de los poderosos sectores reaccionarios y conservadores de la Corte, los cuales trataron de provocar su caída en desgracia mediante campañas difamatorias de todo tipo y denuncias ante el Santo Oficio. El inquisidor general solicitó y obtuvo de Carlos III el procesamiento de Olavide, a finales del año 1775, que intentó defenderse de las falsas acusaciones que se vertieron contra él, pero no logró salvar su persona, y en 1776 se decretó su encarcelamiento y la confiscación cautelar de todos sus bienes. Olavide pasó dos largos años preso por la Inquisición, hasta el año 1778, cuando fue procesado y se hizo pública su sentencia por la que fue condenado a ocho años de reclusión en un monasterio. Durante su reclusión, en uno de los traslados, Olavide aprovechó su proximidad con la frontera francesa para huir al país vecino.

En París, Olavide llevó una vida cómoda, recuperando sus antiguas relaciones sociales, pero ya alejado de la política activa. El estallido de la Revolución Francesa fue bien recibido por el ilustrado español, pero debido a la creciente radicalización del proceso, Olavide optó por marcharse de la capital francesa e instalarse en el campo, en el castillo de Menug-sur-Loire. En abril del año 1794 fue detenido acusado de extranjero sospechoso de colaborar con la aristocracia (en Francia vivió bajo el seudónimo de conde de Pilos), motivo por el que pasó nueve meses en prisión hasta que, con la caída del régimen de terror impuesto por los jacobinos, fue liberado.

Las angustias y privaciones que pasó en el presidio le causaron una profunda impresión en el ánimo, que le supuso una vuelta a las prácticas religiosas con un fervor renovado. Fruto de su nuevo estado religioso, publicó en 1797, en la ciudad de Valencia y de forma anónima, el libro El Evangelio en triunfo. La obra alcanzó un éxito fulgurante, lo que sirvió para facilitar su regreso a España, a la vez que se le rehabilitaba públicamente y se le concedía una pensión vitalicia de 90.000 reales.

Así, en el año 1798 volvió a España, consiguiendo que se le anulase la sentencia inquisitorial, marchando a vivir a Baeza (Jaén), completamente al margen de la política y de la vida social, donde murió en febrero de 1803.

Para saber más

1 comentario :

  1. Magnifico trabajo sobre un gran Español, D. Pedro de Olavide, injustamente olvidado

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