viernes, 8 de abril de 2016

Félix María Samaniego. Escritor famoso por sus fábulas morales


Félix María de Samaniego fue un personaje destacado en las letras del Siglo de las Luces (Ilustración), un escritor famoso, sobre todo, por su “Fábulas morales” y, junto con Tomás de Iriarte, es considerado el mejor de los fabulistas españoles.

Fue músico, ensayista y dramaturgo. Como poeta, fue autor de fábulas y de un manual educativo, obras que se convirtieron en un excelente vehículo para la transmisión de su ideario reformista de la sociedad, la política, la moral y la literatura de su tiempo. Contrasta este afán formativo con la escritura de poesía erótica, como “El Jardín de Venus”, libro que fue prohibido por la Inquisición.

Retrato de Félix de Samaniego
Félix Serafín Sánchez de Samaniego y Zabala nació en Laguardia (Álava), el 12 de octubre de 1745, y falleció en esa misma ciudad en agosto de 1801. Sus padres fueron Félix Ignacio Sánchez de Samaniego y Munibe y Juana María Teresa Zabala y Arteaga. El palacio de los Samaniego, en Laguardia, fue construido en el siglo anterior, aunque su padre lo había mejorado y había añadido el escudo de armas en su fachada. Los Samaniego eran propietarios, asimismo, del señorío de Arraya, y él, heredó de su tío Bernardo de Zabala y Arteaga, los señoríos de Yurreamendi, Idiáquez e Irala.

Casa natal de Félix de Samaniego en Laguardia, dibujo del s. XIX
Perteneciente a una familia noble (hidalga) y rica, oriunda del lugar alavés de Samaniego, contaba entre sus parientes al Conde de Peñaflorida; tras los primeros estudios su familia le envió a cursar derecho a la Universidad de Valladolid, donde permaneció dos años sin llegar a concluir la carrera. En un viaje a Francia se entusiasmó con los enciclopedistas: allí se le contagió la inclinación a la crítica mordaz contra la política y la religión tan grata a los hombres del siglo, y cierto espíritu libertino y escéptico que le indujo a burlarse de los privilegios y a rechazar, incluso, un alto empleo en la corte que le ofreció el conde de Floridablanca.

A su regreso a España contrajo matrimonio con Manuela de Salcedo, hija de una renombrada familia bilbaína, y se estableció primeramente en Vergara, donde fue director del Seminario de Nobles de Vergara y participó en la Sociedad Vascongada de Amigos del País, tendente a la difusión de la cultura en los medios populares, y de la cual llegó a ser presidente. Las fábulas escritas para que sirvieran de lectura a los alumnos del Real Seminario de Nobles son su obra más conocida. En 1781 se publicaron en Valencia -en cuya ciudad estaba por enfermedad de su mujer- los cinco primeros libros con el título de Fábulas en verso castellano, y en 1784 apareció en Madrid la versión definitiva, titulada Fábulas morales y formada por nueve libros con 157 fábulas.

Las fábulas de Samaniego se inspiran en las obras de los fabulistas clásicos Esopo y Fedro, y también del francés La Fontaine y del inglés J. Gay; todas ellas tienen una finalidad didáctica. De estilo bastante sencillo y métrica variada, muchas fábulas destacan por su espontaneidad y gracia: La lechera, Las ranas que pedían rey, El parto de los montes, La cigarra y la hormiga, La codorniz, Las moscas, El asno y el cochino, La zorra y el busto o El camello y la pulga.

La publicación de las fábulas de Tomás de Iriarte (que había sido su amigo) un año después que las suyas, con un prólogo en el que afirmaba que eran "las primeras fábulas originales en lengua castellana", irritó a Samaniego y desató una rivalidad entre ambos escritores que duraría toda su vida.

Con la subida de los Borbones al poder se produjo un proceso centralizador que entró en litigio con las instituciones forales del País Vasco. Al complicarse la situación, en 1783, Samaniego fue comisionado por la provincia de Álava para que de una manera directa gestionara los problemas provinciales en la Corte, aunque también tramitó otros asuntos regionales y de la Vascongada. En la capital, su actividad literaria fue intensa; asistió a reuniones y tertulias y gozó de la amistad de nobles y escritores. Participó en las polémicas teatrales de la época defendiendo el teatro neoclásico y la ideología ilustrada. Esta actividad cultural fue más exitosa que los progresos de las gestiones que le habían encargado y tampoco llegó a buen puerto el plan de un Seminario para señoritas, que la Vascongada pretendía establecer en la ciudad de Vitoria. En 1790 el autor, que no había conseguido descendencia de su mujer legítima, tuvo un hijo natural que fue bautizado en el pueblo guipuzcoano de Lizarza con el nombre de Félix María de Paula.

El jardín de Venus
De nuevo en Bilbao, volvió a llevar las riendas de su hacienda, bastante olvidada, y a frecuentar las antiguas amistades. En 1792 decidió llevar una vida más tranquila y se retiró a su villa natal, Laguardia. Dos sucesos rompieron su tranquilidad: por un lado, la invasión francesa del año 1793, que dejó malparadas sus posesiones guipuzcoanas, en especial en Tolosa, cuyo palacio de Yurreamendi quedó desmantelado; por otro, algunas poesías satíricas y licenciosas le valieron el principio de un proceso inquisitorial en 1793. El tribunal de Logroño llegó incluso a decretar la detención del autor, pero Samaniego se libró gracias a la influencia de sus amistades en los altos niveles.





Publicadas en 1784, la Fábulas morales recogen un total de 157 composiciones, distribuidas en nueve libros y precedidas de un prólogo. Fueron compuestas para los alumnos del Colegio de Vergara, en cuya labor pedagógica colaboraba. Su intención está dentro del carácter didáctico de la literatura neoclásica e ilustrada y respondía a la máxima estética de instruir deleitando. Debieron de influir en la elección del género sus conocimientos de la literatura francesa, en especial de La Fontaine, aunque Samaniego no es un mero traductor, sino que actualiza la materia tradicional desde las fuentes clásicas (Esopo y Fedro), aumenta los datos explicativos y dramatiza las escenas en relación con la función didáctica que pretende.



En el desarrollo de las fábulas, el escritor alavés sigue la estructura convencional, aunque procura plantear claramente la oposición entre los personajes-animales por medio de adjetivos antitéticos, para que de ella se desprenda clara la moraleja. La formulación de la moralidad suele ir al final de la fábula, como consecuencia aleccionadora de lo sucedido en el episodio que la precede. Quizá sea la moraleja, desde el punto de vista de la estructura, el aspecto menos conseguido en Samaniego, por culpa de su excesiva extensión. Se exige que sea concisa y breve, de forma que pueda quedar grabada con facilidad en la mente infantil.

1 comentario :

  1. Samaniego, nacido en 1745, de familia vasca noble, recibió instrucción en instituciones de elevado prestigio, de ahí su productividad en materia literaria. A diferencia de la mayoría de sus coterráneos, algunos ricos también, que no superaron su condición de campesinos o militares, sin ninguna educación.

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