viernes, 14 de octubre de 2016

Francisco de los Cobos y Molina. Secretario Universal de Carlos V

Francisco de los Cobos fue uno de los hombres más poderosos de la primera mitad del siglo XVI, quien, tras una dilatada carrera y la acumulación de numerosos títulos, alcanzó el importante cargo de secretario del Emperador Carlos V, controlando durante muchos años los asuntos del gobierno de España, las Indias e Italia.

Además de una gran capacidad de trabajo, poseyó un notable afán de ennoblecimiento, junto a un deseo por acumular una gran fortuna personal.

Francisco de los Cobos nació en Úbeda (Jaén) en torno a 1477. Hijo de Diego de los Cobos (el viejo) de la Tovilla, regidor de la cuidad que había participado en la campaña final de la guerra de Granada, y de Catalina de Molina y Arquellada. Su familia, de notoria hidalguía, pertenecía a un modesto linaje andaluz con residencia en Úbeda.

Retrato de F. de los Cobos, atribuido a Jan Gossaert (1530)
Su tío, Diego Vela Allide, que obtuvo los cargos de contador y secretario de la reina Isabel, fue la persona responsable de que el joven Francisco llegara a la corte, formando parte de su servicio. Poco después, Francisco pasó a la casa de don Hernando de Zafra, siendo su criado y recibiendo su confianza, lo que permitió el ascenso a escribano de cámara y público en 1503 Muerto don Hernando, Cobos pasaba al servicio de Lope Conchillos, ocupando el cargo de oficial de la Secretaría de Indias.

Lentamente iba consolidando su posición administrativa al ser nombrado Contador mayor de Granada (1508), regidor de Úbeda ese mismo año, encargado del registro de concesiones, pagos y mercedes directamente por Fernando el Católico (1510) y regidor de Granada (1511). El fallecimiento de don Fernando provocó un viaje de Francisco a Flandes con el fin de cortejar a los consejeros del nuevo rey, Carlos I. El viaje cumplió sus expectativas y Cobos consiguió el apoyo de Guillermo de Croy, señor de Chievres, siendo nombrado secretario del rey el 12 de diciembre de 1516.

La escalada de Cobos continuaría a su regreso a Castilla ya que pronto sustituyó al caído en desgracia Conchillos como presidente de la Secretaría de Indias al tiempo que aumentaba su confianza con Carlos, acompañando al rey en su viaje a Flandes y Alemania del año 1520 y convirtiéndose en el principal asesor de las cuestiones españolas.
Escudo de Armas de F. de los Cobos



En 1521 Francisco, que había recibido el hábito de Santiago dos años antes, es nombrado Comendador de los Bastimentos de León de esta orden militar. Al año siguiente, en octubre de 1522, el ya secretario y miembro del consejo de su majestad, que contaba con cuarenta años de edad, contrae matrimonio con doña María de Mendoza y Pimentel, hija de los Condes de Rivadavia, mucho más joven, pues solamente tenía catorce años. Su posición mejoró tras su matrimonio con María de Mendoza, al emparentar con una de las familias de mayor prestigio en el panorama castellano, aliada tradicional de los monarcas.


De su matrimonio tuvo dos hijos y, en 1541, Francisco establece un Mayorazgo, a favor de su primogénito, su hijo Diego de los Cobos, que obtuvo el título de marqués al casar con doña Francisca de Luna, marquesa de Camarasa, así como baronesa de Ricla, Villaheliche y Alhamen.. Por su parte, su hija María Sarmiento de Mendoza casó, nada menos, que con el III duque de Sesa, nieto del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, un hombre de gran fortuna.

Con la caída en desgracia del canciller Gattinara en 1528, su protagonismo político alcanza el máximo grado de privanza ante el Emperador. De hecho no es ya solo el responsable de los asuntos castellanos en la corte, sino que su influencia en la política externa es cada vez es mas firme e influyente, siendo el hombre imprescindible de la política financiera imperial.

No exento de intrigas políticas, Cobos, junto a Nicolás Perrenot de Gravella, alcanzaba su techo cuando fue nombrado Consejero de Estado en 1529, acudiendo como tal a la coronación de Carlos como emperador en Bolonia al año siguiente. Su papel como colaborador del emperador motivará sus continuos viajes acompañándole, participando incluso en la expedición a Túnez del año 1535. Las recompensas llegaron de la mano de nuevos nombramientos como comendador mayor de León, adelantado de Cazorla, señor de Sabiote y contador mayor de Castilla.

En 1529 es nombrado Comendador Mayor de León de la orden de Santiago, la más alta distinción que podía recibir, dada su condición de hidalgo, una patente de nobleza capaz de equipararle a la de su mujer. En este aspecto es de reseñar el innegable afán de acumular riqueza y títulos nobiliarios de Francisco, que consigue ser nombrado de forma vitalicia y hereditaria como Adelantado de Cazorla, y compra las villas de Sabiote en 1537 y Torres en 1538 por un importe aproximado de 100 000 ducados y con unos privilegios y potestades realmente ventajosas. Igualmente consigue como donación la explotación salinera de Nicaragua y adquiere los yacimientos y explotaciones mineras de Vera, Azuaga, Toledo, Navarra, Cartagena y Lorca, además de recibir una prebenda que será el espaldarazo definitivo a sus finanzas: Ensayador mayor de los metales preciosos de la Casa de Contratación de la Indias, un título que le proporcionará una riqueza incalculable.

Como hicieran otros nobles, Francisco no sólo edificó palacios (Úbeda y Valladolid) sino que edificó también capillas, y hay otra faceta en la que Francisco de los Cobos se destaca especialmente: El mecenazgo y apoyo al arte. Si bien detrás del mismo no existe verdadera devoción artística, sino una clara intención de acumular obras valiosas, lo que se verá favorecido gracias a su contacto con Italia, fruto de su cargo. De todas las obras acumuladas, la más preciada, la auténtica joya del legado, será la mítica escultura en mármol de Carrara de San Juan Bautista, (San Juanito) atribuida en 1930 por Gómez Moreno a Miguel Ángel, que la esculpió en 1493 para Lorenzo de Médicis.

Capilla de El Salvador (Úbeda), fundada por Francisco de los Cobos
Su escudo, situado en el Altar Mayor (El Salvador)

En 1540 estableció un archivo de documentos oficiales en Simancas. A finales de 1543 supervisó todos los aspectos de la boda de Felipe y cuando nació su hijo Carlos, lo hizo en el palacio de Francisco en Valladolid. Sus últimos años pasaron en intentar sacar la economía castellana de las primeras dificultades que empezaba a padecer por las continuas campañas militares llevadas a cabo en Europa para mantener su puesto hegemónico. El propio Felipe II recibiría de su padre las instrucciones pertinentes durante su regencia para el gobierno de la nación, incluyendo en ellas el seguir el sabio consejo de don Francisco. El 10 de mayo de 1547 fallecía este insigne político andaluz en su localidad natal de Úbeda.

Para saber más: Portal de Archivos Españoles (PARES)

martes, 11 de octubre de 2016

El papel de los hidalgos en el descubrimiento y conquista de América


En el año 1474 el matrimonio de Isabel de Castilla con Fernando de Aragón selló la unificación de los dos principales reinos españoles y poco tiempo más tarde, en 1492, se conquistó el Reino de Granada, expulsando a los musulmanes de su territorio. 

El 12 de octubre de 1492, se produjo el descubrimiento de un Nuevo Mundo (llamado más tarde América), y a partir de entonces se llevó a cabo una ingente tarea de descubrimiento, conquista y colonización, que perduraría hasta finales del siglo XIX.

Carta (mapa) de Juan de la Cosa / año 1500

Fernando II de Aragón
Isabel I de Castilla
Al iniciarse en la época de los grandes descubrimientos, España emergía como un estado centralizado. La unificación interna había sido un largo proceso conocido como la Reconquista y había significado una guerra persistente contra los invasores árabes. Desde el siglo séptimo diferentes reinos cristianos habían emprendido tal tarea: León, Aragón, Castilla, Navarra, cada uno con personalidad cultural propia.

En el año 1474 el matrimonio de Isabel de Castilla con Fernando de Aragón selló la unificación de los reinos españoles y poco tiempo más tarde -1492- se expulsó definitivamente a los moros de su territorio: España era ahora una nación. La unidad fue, sin embargo, un proceso más complejo. Era necesario lograrla desde diferentes ángulos: el político administrativo, el religioso, el cultural, el judicial.

A lo largo del reinado de los Reyes Católicos, tal propósito empezó a cristalizarse. Así, por ejemplo, la Santa Hermandad, curioso sistema de justicia ambulante recorrió el país en enormes carros y aplicó la ley judicial a nombre de la corona; el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición estableció la uniformidad de la fe, con la exclusión absoluta de otros credos, produciéndose la expulsión masiva de los musulmanes y judíos, con evidente menoscabo las actividades económicas y culturales; paulatinamente se fue anulando el poder de las órdenes de caballería, bastiones de la nobleza, que pasaron a depender de la corona, y sistemáticamente se debilitaron los fueros municipales, que invadió cada vez más el poder real.

Cristobal Colón
La monarquía se organizó sobre la base de consejos, cuerpos consultivos, directamente ligados a la autoridad del Rey. La lengua castellana, por último, se impuso como idioma oficial. Al finalizar el siglo XV, España sin perjuicio de sus peculiaridades regionales, aparecía como una potencia centralizada, burocrática, y uniformemente estructurada en torno a una religión y a una cultura.

La sociedad española, dada su secular lucha contra el islam, había creado un arquetipo que representaba todos sus ideales: el hidalgo, modelo de virtudes y valor, cuya tarea esencial consistía en el guerrear. El hidalgo debía vivir con honra y ser de linaje limpio, es decir, no tener en sus venas sangre de moros o judíos. A su lado, el religioso tuvo también un papel fundamental. La guerra contra los musulmanes fue una cruzada y junto a espada, la Cruz infundió una mística religiosa, elemento esencial para entender los valores en los cuales se movió la vida española.

La sociedad estaba organizada sobre base jerárquica. En primer lugar estaba la alta nobleza, la grandeza de España formada por poderosos señores, cabezas de sus casas y familias que ostentaban antiguos blasones y vivían rodeados de pequeñas cortes en palacios y castillos. Disfrutaban de enormes privilegios y llevaban con orgullo altisonantes títulos de duques, condes y marqueses. En general, estuvieron ausentes en la conquista de América y su acción política y guerrera se centró en Europa en donde fueron piezas claves de la política internacional del imperio español. A este nivel se situaba lo más alto del clero.


Venían luego los "hidalgos", que no eran sólo un arquetipo caballeresco sino también una categoría social, constituían la nobleza no titulada o baja nobleza, de grandes pretensiones pero muchos de ellos de escasos medios de fortuna: hombres hechos para la guerra, acostumbrados al ocio y la aventura, esperaban con ansias las empresas militares o los favores de los grandes señores y del rey viviendo entre tanto sin destino fijo. Elemento inestable y orgulloso, ajeno a la vida económica y al trabajo, que su honra le prohibía, estaban siempre dispuestos para ir donde quiera que la lucha ofreciese aventura, prestigio o botín. Para ellos América se abría como una nueva posibilidad, ofreciéndoles el cumplimiento de sus sueños, por sobre toda la riqueza que como realidad o fantasía surgida en las nuevas tierras para darle la calidad de grandes señores que su propio suelo les negaba.

Estaban por último los villanos y plebeyos, que entre variadas ocupaciones acostumbrados a ganarse la vida como labriegos y pastores en los campos o artesanos y mercaderes en las ciudades. En ellos descansaba toda la actividad económica y su existencia estaba alejada de honores y halagos.


América también fue para ellos un vasto campo que les permitió alcanzar mejor situación y albergar deseos señoriales, obtener acaso la categoría de Hidalgo y anteponer a su nombre un sonoro "don", que en España jamás lograrían.

Los villanos y plebeyos más esforzados y afortunados dieron origen a una burguesía pujante de labriegos enriquecidos, mercaderes, prestamistas, dueños de talleres y armadores de naves, que representaban el nuevo poder económico y que como elemento dinámico fueron impulsores de empresas comerciales que se confundían con las expediciones militares de exploración y conquista.

El conquistador

El español que pasó a América fue principalmente el súbdito castellano, pues fue la corona de Castilla y sus posiciones naturales las que recibieron la donación papal de las nuevas tierras. Pertenecía principalmente a las categorías de Hidalgo y villano; pero las diferencias sociales tendían a desaparecer en América, donde los sufrimientos y peligros emanaban a los hombres y sólo el valor, el esfuerzo y la audacia contaban para destacarse sobre los demás.

El conquistador fue un hombre de dos mundos: medievo y renacimiento. Tuvo sed de gloria, deseos de "dejar fama y memoria de sí". Lo inundó de orgullo la expansión de España y una de sus motivaciones fue acrecentar el imperio. Pero también fue hombre de profundas convicciones religiosas y el clima beligerante de la contrarreforma católica terminó por envolverle: la conquista tuvo también fisonomía de cruzada y hubo momentos en que toda la vieja tradición de lucha contra el infiel pareció revivir.



Fue un hombre audaz y mezcló en sus concepciones conceptos de la teología medieval e ideas capitalistas: arriesgó su hacienda por lo imprevisto, y aún cuando quiso salvar de la idolatría a los indios, cometió con ellos las mayores crueldades y tropelías. Lo animó sin embargo, una ambición superior que le llevó a recorrer bases quisimos territorios de climas y paisajes diferentes.

En los años iniciales de la conquista vivió peligrosamente, en lucha diaria por su existencia. El incentivo fue siempre la extensión de nuevas tierras, que ante sus ojos no sólo aparecían cubiertas de oro, sino de seres mitológicos que imaginaba en su mente afiebrado de aventuras. Ante ello cualquier sacrificio fue válido y todas las seguridades se abandonaron.

La empresa de la conquista

La tarea de ocupar las nuevas tierras no fue una actividad organizada por el estado, salvo por excepción, hubo una que otra expedición equipada por la corona y confiada a servidores de la corte. Por regla general, el rey no incurría en gastos y dejaba entregada la organización y realización de la empresa a los capitanes de conquista, que se comprometían a correr con su financiamiento, reunir soldados, armar naves y en fin lograr éxito en ella.

El estado señalaba el territorio que debía conquistarse y delegada del capitán algunos de sus atributos: gobernar la nueva jurisdicción, administrar justicia, repartir tierras y encomiendas. Al mismo tiempo les otorgaba privilegios tales como sueldo, participación en las ganancias y distinciones honoríficas, todo lo cual se ponía en práctica siempre que la conquista se llevase a buen término.
Aunque la conquista fue concebida como una empresa privada, el Estado se reservó el derecho de dictar normas para qué se realizará de acuerdo con sus intereses y obtener también el logro de algunos altos ideales. Entre los primeros debe mencionarse la manifestación de la soberanía real en los nuevos territorios y la adecuada percepción de los tributos, y entre los segundos, la difusión de la fe cristiana y la protección de los indígenas, cuya vida y adoctrinamiento eran fines importantes para la corona y la Iglesia. En este sentido, la legislación federal y las instrucciones dadas a los capitanes, formaron un amplio y generoso cuadro de disposiciones protectoras.


Las diversas estipulaciones entre el estado y el jefe conquistador, quedaron consagradas mediante un contrato o capitulación, que ambas partes se comprometían a respetar. Sin embargo, no todos los territorios fueron incorporados sobre la base de capitulaciones, sino que muchos de ellos fueron conquistados por capitanes que habían alcanzado algún prestigio y poder en América y que realizaron sus empresas con autorización de otros jefes conquistadores que ya habían sometido un territorio y sus habitantes. Éstos fueron los casos entre otros de Hernán Cortés en México y de Pedro de Valdivia en Chile.

El hecho de ser la conquista una empresa llevada a efecto por el esfuerzo de los conquistadores y con sus propios recursos, hizo surgir entre ellos la conciencia de sus derechos, los que hicieron valer ante las autoridades y la corona. Si habían hecho la conquista, el rey les era deudor de toda clase de recompensas y debía entregarles el goce de la tierra y de las encomiendas, de los oficios públicos y de los honores. Eran los Beneméritos de Indias y, como tales, exigían ser tratados y respetados.


Relación d principales personajes del descubrimiento y conquista de América
 
Costa Rica, 1568-1573
Chile, 1540-1581
Chile, 1540-1556
Perú, 1524-1535, Chile, 1535-1537
Cuba, 1511, México, 1518-1521, Guatemala 1523-1527, Perú, 1533-1535, México, 1540-1541
México, 1519-1521, Guatemala 1523 -1527, Perú, 1533-1535, México, 1540-1541
Argentina, conquistador de Tucumán
Costa Rica 1577-1589
Panamá y Colombia, 1468-1527
Ecuador y Colombia, 1533-1536
Chile, 1549-1596
Chile, 1540-1585
Chile, 1557-1575
Chile, 1533-1537
Norte y Centroamérica
Costa Rica, 1560-1562
Yucatán, 1527-1546
México, 1518-1522, Honduras, 1524, Baja California, 1532-1536
Chile, 1555-1598
México, 1520-1533
Costa Rica, Nicaragua y Panamá, 1514-1531
Venezuela y Colombia, 1537-1539
Manila, Filipinas, 1570-1571
Yucatán, 1518
Costa Rica, 1543-1544
Panamá, 1535-1536
Colombia
Yucatán, 1517
Venezuela, 1524-1570
Colombia, 1536-1537, Venezuela, 1569-1572
Chile, 1541-1579, Argentina 1562
Filipinas, 1565-1571
Argentina, Paraguay 1535 - 1556
Argentina, Paraguay 1534 - 1537
La Florida, 1565 - 1567
Yucatán, 1527-1546
La Florida, 1527-1528
Panamá, 1506-1511
Panamá, 1510-1519
Estados Unidos, 1527-1536, Paraguay, 1540-1542
Venezuela, Colombia, Guyana, Aruba
Honduras, 1523-1524
Río Amazonas, 1541-1543
Perú, 1509-1535
Perú, 1532-1542
Perú, 1532-1560
Perú, 1532-1536
Puerto Rico, 1508, Florida, 1513 y 1521
Honduras y México 1536-1548, Perú 1549-50 y Chile, 1551-1567
Chile, 1540-1580
Colombia, Guatemala, Perú
California
Norte de Filipinas, 1570-1576
Costa Rica, 1540-1541
Costa Rica, 1560-1565
Estados Unidos, 1539-1542
Chile, 1541
Petén, región de Guatemala, 1696-1697
Chile, 1540-1552
Estados Unidos, 1524-1527
Estados Unidos, 1540-1542
Costa Rica, 1562-1565
Cuba, 1511-1519
México, Filipinas, California
Chile, 1557-1596
Nota. Esta  información ha sido extraida de documentos de Internet.

viernes, 7 de octubre de 2016

Pedro de Estopiñán y Virués. Conquistador de Melilla


Vinculado desde su juventud al servicio de la casa ducal de Medina-Sidonia, debe su fama a ser el comandante en jefe del ejército del duque, Juan Pérez de Guzmán, que conquistó la ciudad de Melilla (la antigua ciudad fenicia de RUSSADIR) en el año 1497.

Capitán General de la Armada, Adelantado de las Indias, Capitán General de la Isla de Santo Domingo, Contador de don Juan de Guzmán el Bueno, Duque de Medina Sidonia, Conde de Niebla, gestionando las rentas ducales.

Pedro de Estopiñán y Virués nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) alrededor de 1470, del matrimonio de don Ramón de Estopiñán Vargas (Caballero Hijosdalgo, Jurado de jerez de la Frontera), y doña Mayor de Virués de Segovia. Tuvo un hermano, llamado Bartolomé, que participó en la conquista de las Islas Canarias junto con Pedro de Vera, y otro: Francisco.

Aunque jerezano de nacimiento, el linaje Estopiñán procedía del Alto Aragón, desde donde una rama pasó a establecerse en Andalucía durante la primera mitad del siglo XIV. Es frecuente que varios caballeros con ese apellido aparezcan en las narraciones de la época, sobre todo vinculados a otro linaje autóctono, los Guzmanes, condes de Niebla y posteriores duques de Medina-Sidonia. Uno de estos miembros, Ramón o Remón de Estopiñán, avecindado en el concejo de Fortún de Torres, se casó en 1470 con doña Mayor de Virués, que pertenecía a uno de los más antiguos linajes jerezanos, y fueron los progenitores de don Pedro.

Su primera acción destacable parece haber sido contra una incursión pirata, acontecida en junio de 1496 y al año siguiente, cuando los Reyes Católicos autorizaron a la Santa Hermandad la dotación de un ejército para la conquista de Melilla, bajo la dirección del III duque de Medina Sidonia, don Juan Alonso Pérez de Guzmán, éste eligió al valiente comendador para dirigirlo. Es posible también que facilitase su elección el hecho de que las tropas, suministradas por los concejos de Jerez, Medina, Arcos y Sanlúcar de Barrameda, estuviesen organizadas por tres ilustres jerezanos como él: el corregidor Juan Sánchez Montiel, Francisco de Vera (Provincial de la Santa Hermandad), y Manuel Riquelme (veinticuatro -regidor- de Jerez y capitán de la Hermandad concejil). 


Razones políticas y estratégicas junto con el deseo de impedir nuevas invasiones musulmanas fue lo que movió a los Reyes Católicos a apoderarse de cierto número de bases en la costa norteafricana que sirvieran de centinelas avanzados de la seguridad nacional. Los Reyes Católicos iniciaron por tanto, a través de su secretario, Hernando de Zafra el estudio de una posible ocupación de Melilla, sabedores del estado de despoblamiento en que se encontraba la ciudad.

Así pues, Pedro de Estopiñán, al frente de 5.000 infantes veteranos y 250 jinetes y una pequeña flota bien aprovisionada con víveres, cal y madera, desembarcó en el norte de África y puso cerco a Melilla, que fue conquistada muy fácilmente, pues se hallaba casi desocupada, sin ejército propio, y sus murallas deterioradas*, el 17 de septiembre de 1497. Tras la conquista, Estopiñán regresó a la península, dejando una guarnición de 1.500 hombres para la defensa de la plaza, y por alcaide de ella al Capitán Gómez Suárez, así como ingenieros y un ingente número de canteros, carpinteros y albañiles con el expreso mandato de reparar las fortificaciones de la ciudad y construir nuevas murallas defensivas. 

*Melilla, estando en una época de desarrollo y florecimiento, sufre las consecuencias de las guerras entre Fez y Tlemecén (Argelia), lo que supuso la ruina y el abandono de la ciudad.

Casco histórico de Melilla y puerto
Según la crónica de Pedro de Barrantes:  “Juan de Guzmán envió una armada a África para ganar, reedificar y poblar la ciudad de Melilla, que era de moros”.


Toma de Melilla, en 1497

Los reyes, muy agradados por la noticia, le premiaron con una encomienda de la Orden de Santiago, mientras que a su señor el duque de Medina-Sidonia se le concedió un señorío sobre la ciudad norteafricana. La casa ducal mantuvo la tenencia de la plaza hasta el 7 de junio de 1556 en que la cedió a la Corona. El legado del origen ducal de la ciudad se observa en su escudo, que está compuesto por las armas de Medina-Sidonia, e incluso en la torre que  lo corona aparece  Guzmán “el Bueno”, fundador de la casa, arrojando sus llaves.

Comparativa de los escudos de Medina-Sidonia y Melilla
La ausencia norteafricana de Estopiñán fue breve, puesto que al año siguiente los musulmanes redoblaron sus esfuerzos por recuperar la plaza perdida y ante los ataques sufridos por la guarnición de Melilla, el duque don Juan, de acuerdo con los Reyes Católicos, decidió enviar nuevas tropas de refresco, encabezadas por Estopiñán, a quien esta vez acompañaba otro destacado caballero de la casa ducal, García León. Al dejar a los sitiadores entre dos fuegos, el triunfo fue total ya que, a instancias del comendador, se persiguió a todos los fugitivos hasta obligarlos a asentarse en la región de Orán, más lejana y con menos medios; igualmente, un número de musulmanes no inferior a 250 fueron apresados, como posible moneda de cambio en el futuro. Aunque en el  año 1498 aún tuvo Estopiñán que regresar por dos veces a Melilla, se puede dar esta fecha como el inicio de la estabilidad de los cristianos en la plaza norteafricana.

Escudo de Melilla
Ante la ausencia de noticias referentes a conflictos bélicos, la biografía del caballero jerezano vuelve a ser difícil en el período 1499-1503, del que no se sabe prácticamente nada aunque se puede suponer una estancia desahogada en Andalucía, dentro de la corte ducal o en su habitual residencia sevillana, donde se puede ver el escudo de armas de la familia y su lema In soli Deo honor et Gloria. Casó con doña Beatriz Cabeza de Vaca, con la que tuvo seis hijos y una hija, emparentada con la familia del que sería explorador de las Américas, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, sobrino de don Pedro y doña Beatriz.

En 1503, sus servicios militares fueron de nuevo requeridos por el propio Rey Católico, Fernando de Aragón, con objeto de que acudiese a Salces (Rosellón), puesto que las tropas del monarca francés Luis XII sometían a un severo cerco esta ciudad. De nuevo demostró su valía militar, puesto que dividió a sus tropas en dos grupos: el primero hostigaba la retaguardia de los sitiadores sin cesar, mientras que el segundo fue enviado al puerto para evitar que los refuerzos franceses, que habían embarcado en Colliure con destino al Rosellón catalán, pudiesen desembarcar y sumarse al resto. La maniobra fue efectiva, ya que la retirada de los invasores se produjo a finales del citado año. El rey Fernando, en recompensa a la efectiva labor de Pedro de Estopiñán, le nombró a primeros de 1504 Adelantado de Indias y Capitán General de la Isla de Santo Domingo, con lo que parecía ponerse el colofón a su carrera militar si se tiene en cuenta al prestigio y valía de los citados puestos en el organigrama político-militar de la dominación española de América.

Durante ese mismo año, Estopiñán comenzó los preparativos del viaje al Nuevo Continente, adonde se iba a establecer con toda su progenie y familia, aunque también participó activamente en la preparación de una expedición a Mazalquivir en 1505, en la que, sin embargo, declinó participar por los citados preparativos. Pocos días más tarde, en el transcurso de una visita al monasterio de Guadalupe, el comendador Estopiñán falleció súbitamente el 3 de septiembre de 1505, y fue enterrado dos días más tarde en el propio monasterio. A pesar de su muerte, la presencia de miembros del linaje Estopiñán en América no se frustró: dos de los hijos varones del matrimonio, Pedro de Estopiñán Cabeza de Vaca y Lorenzo Estopiñán de Figueroa, acompañaron a su primo Alvar Núñez Cabeza de Vaca en la conquista del Perú, en un intento de resarcir la memoria de su padre de la afrenta por la que no pudo disfrutar de nuevas andanzas en América.

Para saber más:

martes, 4 de octubre de 2016

Gregorio Marañón. Médico, científico, humanista y académico


Marañón se inició en el estudio de la endocrinología, disciplina que en España estaba entonces en sus comienzos. Creó el primer tratado de Medicina Interna en España, para lo que solicitó la aportación entusiasta de todos los clínicos del país, significando el primer “paso de gigante” en el progreso de la medicina española.

El Marquesado de Marañón es un título nobiliario español, con Grandeza de España, creado el 5 de mayo de 1987 por el rey de España Juan Carlos I, y otorgado al jurista y diplomático Gregorio Marañón y Moya, en la memoria de su padre, el médico, científico y humanista Gregorio Marañón y Posadillo, con ocasión del centenario de su nacimiento.


 
Marqués de Marañón (por Manuel Pardo de Vera)


Gregorio (Pérez) Marañón Posadillo nació en Madrid, el día 19 de mayo de 1887, en el seno de una familia burguesa, conservadora e ilustrada, compuesta por D. Manuel (Pérez) Marañón Gómez-Acebo (hijo de Gregorio Marañón Bayo y de Casimira Gómez-Acebo Ginuesio), jurista natural de Santander y Dª. Carmen Posadillo Vernacci (su ascendiente Santiago de Posadillo, figuraba como hidalgo en el padrón de Cérdigo / Castro Urdiales, Cantabria, del año 1650), oriunda de Cádiz, hija de don Manuel Posadillo Bonelli, santanderino, Magistrado del Supremo, que en su juventud había emigrado a Filipinas y del que se tiene noticia que fue Presidente de la Audiencia en Cuba. A su regreso a España vivió algún tiempo en el Puerto de Santa María, donde contrajo matrimonio con doña Guadalupe Vernacci Setgse.

La nobleza de esta familia Marañón fue litigada en 1736, 1760 y 1794 ante la Real Chancillería de Valladolid, que expidió las correspondientes Reales Provisiones de Hidalguía. Más recientemente, en 2009, fue acreditada en el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid y en la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, con motivo del ingreso en dichas corporaciones nobiliarias de don Álvaro Marañón y Bertrán de Lis, actual Conde de Retamoso (desde 1992). Finalmente, ha sido también acreditada en la Real Maestranza de Ronda al ingresar en actual Marqués de Marañón en dicha corporación en 2014.
 
En 1911 Gregorio casa con Dolores Moya y Gastón de Iriarte, hija de Miguel Moya Ojanguren, director de El Liberal, presidente de la Sociedad Editorial de España en 1906, fundador y primer presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, y senador El matrimonio tendrá cuatro hijos. Fallece en Madrid en marzo de 1960.

Hospital Universitario Gregorio Marañón
Estudió en la Facultad de Medicina de Madrid, y obtuvo el grado de licenciado en 1909 y el de doctor en 1910, alumno de Ramón y Cajal. El conjunto de saberes, acumulado durante lo que denominó período de crecimiento explosivo de la endocrinología, lo presentó al público español en La doctrina de las secreciones internas, que fue, en principio, un curso dado en el Ateneo de Madrid en 1915. Marañón desarrolló su versión de la teoría endocrinológica en la siguiente década, fundamentalmente en su libro sobre el climaterio, La edad crítica, publicado en 1919, y en su discurso de recepción en la Academia de Medicina, pronunciado en el año 1922 y titulado Problemas actuales de la doctrina de las secreciones internas.

Tras ingresar con 35 años como académico de número en la Real Academia de Medicina, en 1924, fue elegido presidente del Ateneo de Madrid. Dos años más tarde, y aunque no participó en La Sanjuanada –conspiración cívico-militar–, se le multó con 100.000 pesetas y una pena de cárcel de un mes en la Cárcel Modelo de Madrid. Allí tradujo la obra del inglés Frederick Hardman, sobre el héroe de la Guerra de la Independencia, El Empecinado.

Típica del acercamiento de Marañón a la endocrinología fue su defensa entusiástica de la organoterapia en los años veinte y su participación en un buen número de aireados trasplantes de cápsulas suprarrenales y gonadas, en colaboración con León Cardenal. Al igual que Cardenal, se interesó en los métodos de rejuvenecimiento de Eugen Steinach y Serge Voronoff. En La edad crítica y en otros escritos posteriores, aseguró que el envejecimiento y el declive de las funciones sexuales estaban muy ligados, y que el primero podía ser descrito perfectamente con la terminología del último. Conservó su interés por el envejecimiento y puede ser considerado como uno de los fundadores de la gerontología en España.

Marañón fue un importante comentador español del psicoanálisis y de las teorías psicosexuales de Freud. Fue el único médico español importante que conoció personalmente a Freud y uno de los pocos biólogos que fue considerado seriamente por los primeros psicoanalistas.

Sigmund Freud
Para Marañón, como para Freud, la libido (a la que Marañón llamaba "hambre sexual") era un impulso primario. Pero para el endocrinólogo esta energía específica era producida, originalmente, por un fenómeno químico: la irrupción en la sangre de las secreciones internas de las gónadas. Freud lo admitió, pero puntualizó que los orígenes químicos de la libido eran irrelevantes para su psicología.

Debido al apoyo biológico que había ofrecido a las teorías de Freud, los trabajos de Marañón sobre la sexualidad fueron muy populares en Italia, donde el movimiento católico de oposición a la psicología freudiana era muy grande. Aceptó el concepto freudiano de sexualidad infantil y creyó que ambos sexos pasaban por etapas de intersexualidad, los hombres en la adolescencia y las mujeres en la menopausia. Pero el interés clínico de Marañón no se limitaba al campo de la sexualidad; llevó a cabo investigaciones sobre la pituitaria, las suprarrenales, las paratiroides y, fundamentalmente, sobre el tiroides, glándula a la cual dedicó más de cuarenta trabajos.

En 1931, Marañón fundó el Instituto de Patología Médica y resultó elegido diputado para las Cortes Constituyentes republicanas. Un año después fue nombrado sin oposición catedrático de Endocrinología. En los últimos días de 1936, a causa de la guerra Civil, hubo de abandonar España, instalándose en París hasta el año 1943, fecha en la que regresó a Madrid. A su vuelta, su reaparición pública tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad, donde pronunció una conferencia.

En 1945 se resolvió la cuestión de su reincorporación para ejercer la docencia de la Endocrinología. En 1946 fue nombrado vocal del Pleno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, organismo creado por las autoridades del nuevo régimen instaurado tras finalizar la guerra, en representación del Patronato "Santiago Ramón y Cajal". En 1948 el Consejo creó, a petición suya, el Instituto de Endocrinología Experimental que, posteriormente, se integró en el Centro de Investigaciones Biológicas.

Se interesó a lo largo de su carrera por la historia y la estructura de la ciencia. En su discurso académico de 1922, señaló que todas las disciplinas científicas pasan por una serie de fases obligadas: precientífica, latencia, crecimiento explosivo, aceptación hiperbólica, movimiento de reacción y período "clásico" de madurez. En el mismo trabajo señaló otro importante factor que afectaba a la ciencia española: la falta de tradición científica y del número suficiente de investigadores para suministrar un mínimo de crítica, rigurosa y personal, al desarrollo de la teoría científica.

Marañon en su biblioteca de el Cigarral de Menores (Toledo)
Como escritor destacó en el campo del ensayo, la biografía y la historiografía. Su estilo, base indudable de su éxito, se caracteriza por su capacidad expositiva, que se sitúa a medio camino entre la prosa científica y la expresión literaria. Por ello está considerado no sólo como uno de los principales ensayistas de nuestro tiempo, sino también como el eslabón entre el ensayo literario y el específicamente científico.


En los años 30 publica sus primeros ensayos históricos de corte biográfico: "Enrique IV de Castilla y su tiempo" (1930), "Amiel. Un estudio sobre la timidez" (1932), o "Tiberio. Historia de un resentimiento" (1939). Ha publicado también importantes ensayos de corte moralista como "Tres ensayos sobre la vida sexual" (1926). Su obra combina de manera magistral divulgación científica y afán literario.