viernes, 7 de octubre de 2016

Pedro de Estopiñán y Virués. Conquistador de Melilla


Vinculado desde su juventud al servicio de la casa ducal de Medina-Sidonia, debe su fama a ser el comandante en jefe del ejército del duque, Juan Pérez de Guzmán, que conquistó la ciudad de Melilla (la antigua ciudad fenicia de RUSSADIR) en el año 1497.

Capitán General de la Armada, Adelantado de las Indias, Capitán General de la Isla de Santo Domingo, Contador de don Juan de Guzmán el Bueno, Duque de Medina Sidonia, Conde de Niebla, gestionando las rentas ducales.

Pedro de Estopiñán y Virués nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) alrededor de 1470, del matrimonio de don Ramón de Estopiñán Vargas (Caballero Hijosdalgo, Jurado de jerez de la Frontera), y doña Mayor de Virués de Segovia. Tuvo un hermano, llamado Bartolomé, que participó en la conquista de las Islas Canarias junto con Pedro de Vera, y otro: Francisco.

Aunque jerezano de nacimiento, el linaje Estopiñán procedía del Alto Aragón, desde donde una rama pasó a establecerse en Andalucía durante la primera mitad del siglo XIV. Es frecuente que varios caballeros con ese apellido aparezcan en las narraciones de la época, sobre todo vinculados a otro linaje autóctono, los Guzmanes, condes de Niebla y posteriores duques de Medina-Sidonia. Uno de estos miembros, Ramón o Remón de Estopiñán, avecindado en el concejo de Fortún de Torres, se casó en 1470 con doña Mayor de Virués, que pertenecía a uno de los más antiguos linajes jerezanos, y fueron los progenitores de don Pedro.

Su primera acción destacable parece haber sido contra una incursión pirata, acontecida en junio de 1496 y al año siguiente, cuando los Reyes Católicos autorizaron a la Santa Hermandad la dotación de un ejército para la conquista de Melilla, bajo la dirección del III duque de Medina Sidonia, don Juan Alonso Pérez de Guzmán, éste eligió al valiente comendador para dirigirlo. Es posible también que facilitase su elección el hecho de que las tropas, suministradas por los concejos de Jerez, Medina, Arcos y Sanlúcar de Barrameda, estuviesen organizadas por tres ilustres jerezanos como él: el corregidor Juan Sánchez Montiel, Francisco de Vera (Provincial de la Santa Hermandad), y Manuel Riquelme (veinticuatro -regidor- de Jerez y capitán de la Hermandad concejil). 


Razones políticas y estratégicas junto con el deseo de impedir nuevas invasiones musulmanas fue lo que movió a los Reyes Católicos a apoderarse de cierto número de bases en la costa norteafricana que sirvieran de centinelas avanzados de la seguridad nacional. Los Reyes Católicos iniciaron por tanto, a través de su secretario, Hernando de Zafra el estudio de una posible ocupación de Melilla, sabedores del estado de despoblamiento en que se encontraba la ciudad.

Así pues, Pedro de Estopiñán, al frente de 5.000 infantes veteranos y 250 jinetes y una pequeña flota bien aprovisionada con víveres, cal y madera, desembarcó en el norte de África y puso cerco a Melilla, que fue conquistada muy fácilmente, pues se hallaba casi desocupada, sin ejército propio, y sus murallas deterioradas*, el 17 de septiembre de 1497. Tras la conquista, Estopiñán regresó a la península, dejando una guarnición de 1.500 hombres para la defensa de la plaza, y por alcaide de ella al Capitán Gómez Suárez, así como ingenieros y un ingente número de canteros, carpinteros y albañiles con el expreso mandato de reparar las fortificaciones de la ciudad y construir nuevas murallas defensivas. 

*Melilla, estando en una época de desarrollo y florecimiento, sufre las consecuencias de las guerras entre Fez y Tlemecén (Argelia), lo que supuso la ruina y el abandono de la ciudad.

Casco histórico de Melilla y puerto
Según la crónica de Pedro de Barrantes:  “Juan de Guzmán envió una armada a África para ganar, reedificar y poblar la ciudad de Melilla, que era de moros.


Toma de Melilla, en 1497

Los reyes, muy agradados por la noticia, le premiaron con una encomienda de la Orden de Santiago, mientras que a su señor el duque de Medina-Sidonia se le concedió un señorío sobre la ciudad norteafricana. La casa ducal mantuvo la tenencia de la plaza hasta el 7 de junio de 1556 en que la cedió a la Corona. El legado del origen ducal de la ciudad se observa en su escudo, que está compuesto por las armas de Medina-Sidonia, e incluso en la torre que  lo corona aparece  Guzmán “el Bueno”, fundador de la casa, arrojando sus llaves.

Comparativa de los escudos de Medina-Sidonia y Melilla
La ausencia norteafricana de Estopiñán fue breve, puesto que al año siguiente los musulmanes redoblaron sus esfuerzos por recuperar la plaza perdida y ante los ataques sufridos por la guarnición de Melilla, el duque don Juan, de acuerdo con los Reyes Católicos, decidió enviar nuevas tropas de refresco, encabezadas por Estopiñán, a quien esta vez acompañaba otro destacado caballero de la casa ducal, García León. Al dejar a los sitiadores entre dos fuegos, el triunfo fue total ya que, a instancias del comendador, se persiguió a todos los fugitivos hasta obligarlos a asentarse en la región de Orán, más lejana y con menos medios; igualmente, un número de musulmanes no inferior a 250 fueron apresados, como posible moneda de cambio en el futuro. Aunque en el  año 1498 aún tuvo Estopiñán que regresar por dos veces a Melilla, se puede dar esta fecha como el inicio de la estabilidad de los cristianos en la plaza norteafricana.

Escudo de Melilla
Ante la ausencia de noticias referentes a conflictos bélicos, la biografía del caballero jerezano vuelve a ser difícil en el período 1499-1503, del que no se sabe prácticamente nada aunque se puede suponer una estancia desahogada en Andalucía, dentro de la corte ducal o en su habitual residencia sevillana, donde se puede ver el escudo de armas de la familia y su lema In soli Deo honor et Gloria. Casó con doña Beatriz Cabeza de Vaca, con la que tuvo seis hijos y una hija, emparentada con la familia del que sería explorador de las Américas, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, sobrino de don Pedro y doña Beatriz.

En 1503, sus servicios militares fueron de nuevo requeridos por el propio Rey Católico, Fernando de Aragón, con objeto de que acudiese a Salces (Rosellón), puesto que las tropas del monarca francés Luis XII sometían a un severo cerco esta ciudad. De nuevo demostró su valía militar, puesto que dividió a sus tropas en dos grupos: el primero hostigaba la retaguardia de los sitiadores sin cesar, mientras que el segundo fue enviado al puerto para evitar que los refuerzos franceses, que habían embarcado en Colliure con destino al Rosellón catalán, pudiesen desembarcar y sumarse al resto. La maniobra fue efectiva, ya que la retirada de los invasores se produjo a finales del citado año. El rey Fernando, en recompensa a la efectiva labor de Pedro de Estopiñán, le nombró a primeros de 1504 Adelantado de Indias y Capitán General de la Isla de Santo Domingo, con lo que parecía ponerse el colofón a su carrera militar si se tiene en cuenta al prestigio y valía de los citados puestos en el organigrama político-militar de la dominación española de América.

Durante ese mismo año, Estopiñán comenzó los preparativos del viaje al Nuevo Continente, adonde se iba a establecer con toda su progenie y familia, aunque también participó activamente en la preparación de una expedición a Mazalquivir en 1505, en la que, sin embargo, declinó participar por los citados preparativos. Pocos días más tarde, en el transcurso de una visita al monasterio de Guadalupe, el comendador Estopiñán falleció súbitamente el 3 de septiembre de 1505, y fue enterrado dos días más tarde en el propio monasterio. A pesar de su muerte, la presencia de miembros del linaje Estopiñán en América no se frustró: dos de los hijos varones del matrimonio, Pedro de Estopiñán Cabeza de Vaca y Lorenzo Estopiñán de Figueroa, acompañaron a su primo Alvar Núñez Cabeza de Vaca en la conquista del Perú, en un intento de resarcir la memoria de su padre de la afrenta por la que no pudo disfrutar de nuevas andanzas en América.

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