domingo, 9 de agosto de 2026

El origen asturiano de Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia

 

El actual presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, puede ser vinculado genealógicamente a una antigua rama asturiana e hidalga del apellido De la Espriella establecida en San Julián de Somió (Gijón), no en Villahormes/concejo de Llanes, en donde se ubica otro célebre linaje del mismo apellido.

Esta familia figura en los padrones de hidalgos de Gijón y uno de sus miembros, Manuel de la Espriella Argüelles, fue padre de Hilario de la Espriella Argüelles y de Lavandera, nacido en 1746 y emigrado a Cartagena de Indias. De este Hilario desciende, por línea masculina documentada en genealogías colombianas, la rama que conduce hasta Abelardo de la Espriella.

Nota: El Palacio de La Espriella de Villahormes, en Llanes, construido por iniciativa de Domingo Llanes Espriella (c. 1541–1620), que fue inquisidor del Reino de Sicilia.

El árbol genealógico podemos representarlo de esta manera:

Manuel de la Espriella Argüelles

📍 San Julián de Somió, Gijón (Asturias)

Hidalgo — padrón de Gijón de 1744

El antepasado que conecta la rama colombiana con Asturias es Hilario de la Espriella Argüelles y de Lavandera, que nació en San Julián de Somió, Gijón (Asturias), el 16 de febrero de 1746 y se casó con Juana de la Cruz Santurrio e Hidalgo.

Hilario de la Espriella Argüelles y de Lavandera casado con Juana de la Cruz Santurrio e Hidalgo

📍 Somió, Gijón, 1746 → emigrado a Cartagena de Indias (Colombia)

Hilario Toribio José del Rosario de la Espriella Santurrio casado con Ventura Aguirre y Ciado

📍 Cartagena/Mompox, 27/04/1789

Félix María de la Espriella Aguirre casado con Ramona de la Barrera Aguirre Vázquez

📍 Mompox, 14/08/1820

Abelardo Avelino de la Espriella de la Barrera

📍 Colombia, 1858

Diógenes de la Espriella Villalba casado con Victoria Yepes León

📍 Sampués, ca. 1885

Abelardo Andrés de la Espriella Yepes casado con Helena Juris Marsiglia

📍 San Andrés de Sotavento, 30/11/1911–1989

Abelardo Gabriel de la Espriella Juris casado con María Eugenia Otero Aldana

📍 Sahagún, 1953– padre del presidente

Abelardo Gabriel de la Espriella Otero casado con Ana Lucía Pineda

📍 Bogotá, 1978

Presidente de Colombia desde 7 de agosto de 2026.

Su padre, Abelardo de la Espriella Juris, nacido en Sahagún (Córdoba), abogado, exmagistrado y político regional. Su madre es María Eugenia Otero Aldana, perteneciente a una familia ganadera de Córdoba. 

Fuente: Casa Real (EFE)

Los investigadores de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía señalan que los De la Espriella de Somió y Quintés enlazaron con importantes casas asturianas, entre ellas: Peón, Hevia, Jové y Menéndez Valdés de Cornellana y que algunos miembros ocuparon cargos destacados en Indias.

Esto da bastante contexto a la emigración de los antepasados del presidente: no estamos ante un emigrante asturiano aislado que casualmente llevaba el apellido De la Espriella, sino ante una familia perteneciente a una red social de hidalgos y comerciantes asturianos que participó en las estructuras económicas de Cartagena de Indias.

Además, mi investigación ha reconstruido los padrones anteriores de Somió, llegando hasta los De la Espriella Argüelles de finales del siglo XVII y principios del XVIII. En el padrón de 1704 aparecen Juan y Antonio de la Espriella Argüelles como “ausentes hidalgos”, hijos de Toribio de la Espriella Argüelles.

Por tanto, tenemos indicios de una hidalguía continuada de la familia en Somió durante varias generaciones.

El linaje asturiano de Espriella tiene armas atribuidas por Francisco Sarandeses:

campo de azur, castillo de piedra, águila de oro y árbol de sinople.

La tradición heráldica señala además una piedra armera en Cardoso (Llanes) con las armas de los Espriella.

Los De la Espriella de esta rama llegaron a Cartagena de Indias y Mompox durante el siglo XVIII. Hilario de la Espriella Argüelles aparece como comerciante en Cartagena y la documentación histórica sobre el comercio cartagenero confirma la presencia de:

Hilario de la Espriella de Lavandera y Juan de la Espriella Argüelles entre los comerciantes vinculados al Consulado de Comercio de Cartagena.

Incluso una fuente histórica sobre la restauración del régimen colonial en Cartagena menciona expresamente a D. Hilario de la Espriella La Vandera entre los contribuyentes de la ciudad.

lunes, 3 de agosto de 2026

Hidalgos que alcanzaron títulos del Reino

 

La hidalguía constituyó durante siglos la base de la nobleza española

Un estudio sobre hidalgos que alcanzaron títulos del Reino debe centrarse en aquellas familias cuyo origen fue la hidalguía —a veces modesta— y que, posteriormente, ascendieron a la nobleza titulada.

El hidalgo era noble por sangre o por privilegio, gozaba de determinadas exenciones fiscales y de un reconocido prestigio social, pero no necesariamente poseía grandes riquezas ni títulos nobiliarios. De hecho, la inmensa mayoría de los hidalgos nunca llegaron a ostentar un título del Reino.

Sin embargo, la historia de España ofrece numerosos ejemplos de hidalgos que, gracias a sus servicios militares, políticos, administrativos o económicos, ascendieron socialmente hasta convertirse en condes, marqueses, duques e incluso grandes de España. Estos casos ilustran la relativa permeabilidad de la nobleza española y muestran cómo el mérito, la  lealtad a la Corona o el éxito económico podían transformar el destino de una familia. Véanse algunos ejemplos:

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Duque de Santángelo y Duque de Terranova

Uno de los ejemplos más célebres es Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), conocido universalmente como el Gran Capitán. Nacido en una rama secundaria de la Casa de Aguilar, pertenecía a una familia noble, pero no era heredero de grandes estados señoriales.

Sus extraordinarias victorias en las guerras de Italia al servicio de los Reyes Católicos revolucionaron el arte militar europeo. Como recompensa recibió numerosos señoríos y títulos, entre ellos los de Duque de Santángelo y Duque de Terranova. Su trayectoria simboliza la posibilidad de que un hidalgo, mediante el servicio militar excepcional, alcanzara las más altas cumbres de la aristocracia.

Álvaro de Bazán. Marqués de Santa Cruz

Álvaro de Bazán (1526-1588) pertenecía a una familia hidalga de origen navarro que había ascendido progresivamente al servicio de la Monarquía.

Considerado uno de los mayores marinos de la historia de España, participó en numerosas campañas navales y desempeñó un papel esencial en la victoria de Lepanto en 1571. Felipe II le concedió en 1569 el marquesado de Santa Cruz.

Su familia se convertiría en una de las más prestigiosas de la nobleza española, ejemplo de cómo la excelencia militar podía ser recompensada con la dignidad titulada.

José Patiño Rosales. Marqués de Castelar

La España borbónica favoreció el ascenso de servidores del Estado procedentes de la hidalguía.

José Patiño (1666-1736), hijo de una familia hidalga gallega, fue uno de los principales reformadores de la administración española durante el reinado de Felipe V. Desempeñó cargos equivalentes a los de primer ministro y reorganizó la Marina y la Hacienda.

Su familia recibió el marquesado de Castelar, reflejando el reconocimiento de la Corona a sus servicios.

Zenón de Somodevilla y Bengoechea. Marqués de la Ensenada

Probablemente ningún caso ilustra mejor la movilidad social dentro de la nobleza española del siglo XVIII que el de Zenón de Somodevilla (1702-1781).

Nacido en una familia hidalga de modesta posición en La Rioja, desarrolló una brillante carrera administrativa bajo Felipe V y Fernando VI. Impulsó profundas reformas fiscales, militares y navales.

En 1736 recibió el título de Marqués de la Ensenada. Llegó a convertirse en el hombre más poderoso de España durante buena parte del reinado de Fernando VI.

Pedro Rodríguez de Campomanes. Conde de Campomanes

Pedro Rodríguez de Campomanes (1723-1802) procedía de una familia hidalga asturiana.

Jurista, economista e ilustrado, fue una de las figuras intelectuales más relevantes del siglo XVIII. Presidió el Consejo de Castilla y promovió numerosas reformas económicas inspiradas por la Ilustración.

Carlos III le concedió el condado de Campomanes en reconocimiento a sus servicios al Estado.

José Moñino y Redondo. Conde de Floridablanca

Otro gran ejemplo del reformismo ilustrado fue José Moñino (1728-1808), nacido en una familia hidalga murciana.

Su carrera administrativa culminó con el cargo de primer secretario de Estado, equivalente al de jefe del Gobierno. Impulsó importantes reformas y fortaleció la posición internacional de España.

En 1773 recibió el título de Conde de Floridablanca, convirtiéndose en uno de los principales estadistas españoles de la época moderna.

Manuel Godoy. Príncipe de laPaz y Duque de Alcudia

Manuel Godoy (1767-1851) constituye uno de los casos más extraordinarios de ascenso social en la historia de España.

Procedía de una familia de hidalgos extremeños sin gran fortuna. Gracias a su proximidad a Carlos IV y María Luisa de Parma alcanzó un poder inmenso.

Recibió sucesivamente los títulos de Duque de Alcudia, Duque de Sueca y el singular tratamiento de Príncipe de la Paz.

Su meteórica carrera demuestra cómo la hidalguía podía servir como punto de partida para alcanzar la cúspide del poder político y nobiliario.

Antonio López y López. Marqués de Comillas

El siglo XIX aportó nuevos ejemplos de ascenso social vinculados al éxito económico. Antonio López y López (1817-1883), nacido en una familia hidalga montañesa de Cantabria, emigró a Cuba y construyó un poderoso imperio empresarial basado en el comercio marítimo, la banca y las inversiones ferroviarias.

Al regresar a España se convirtió en uno de los principales empresarios del país. Alfonso XII le concedió en 1878 el marquesado de Comillas.

Su figura representa la transición desde una nobleza basada en el servicio militar hacia otra en la que el éxito económico también podía conducir al reconocimiento nobiliario.

Las grandes casas nacidas de la hidalguía

Conviene hacer una precisión histórica importante: no todos los grandes títulos nobiliarios españoles proceden de la hidalguía. Muchas de las principales casas ducales (Alba, Medina Sidonia, Medinaceli, Infantado, Osuna, etc.) ya pertenecían a la alta nobleza medieval.

El banquete real (Alonso Sánchez Coello, 1579) con Felipe II y cortesanos

Así, numerosas casas nobiliarias españolas tuvieron un origen hidalgo antes de alcanzar la nobleza titulada:

  • Casa de Santa Cruz
  • Casa de Floridablanca
  • Casa de Campomanes
  • Casa de la Ensenada
  • Casa de Comillas
  • Casa de Alcudia

En todos estos casos, el origen familiar se encontraba en la hidalguía o en niveles intermedios de la nobleza, muy alejados de la alta aristocracia y de los Títulos del Reino.

Conclusión

La historia de la nobleza española demuestra que la hidalguía fue mucho más que una condición estática. A lo largo de los siglos, numerosos hidalgos lograron ascender hasta las más elevadas jerarquías nobiliarias gracias a sus méritos militares, su capacidad política, sus servicios administrativos o su éxito económico.

Figuras como el Gran Capitán, Álvaro de Bazán, el marqués de la Ensenada, Floridablanca, Campomanes, Godoy o Antonio López y López muestran que la nobleza española, aunque profundamente jerárquica, nunca estuvo completamente cerrada. La Corona utilizó los títulos nobiliarios como instrumento para premiar el servicio, reforzar la fidelidad y reconocer a quienes contribuyeron de manera excepcional a la grandeza de España.

Estos personajes constituyen algunos de los ejemplos más destacados de cómo un hidalgo podía convertirse en conde, marqués o duque, dejando una huella permanente en la historia política, militar y social de la nación.

miércoles, 29 de julio de 2026

Relación entre los hierros de las ganaderías de lidia y la heráldica

 

La relación entre las marcas de las ganaderías de lidia y la heráldica es mucho más estrecha de lo que suele pensarse. De hecho, ambos sistemas cumplen una función similar: identificar visualmente un linaje, ya sea humano o ganadero. No es casualidad que muchas de las más antiguas ganaderías españolas hayan adoptado hierros, divisas y emblemas inspirados en escudos familiares o nobiliarios.

Desde un punto de vista histórico, puede afirmarse que las marcas ganaderas constituyen una especie de "heráldica pecuaria", con reglas y tradiciones propias.


El origen de las marcas ganaderas

La marca o hierro es el signo que se aplica a fuego sobre el animal para acreditar su propiedad (distintivo de cada ganadería), que generalmente suele ponerse a los becerros. Su origen es muy antiguo, documentándose en la península ibérica desde la Edad Media para evitar litigios sobre la propiedad del ganado.

Cuando en los siglos XVII y XVIII comenzaron a consolidarse las primeras ganaderías de reses bravas, muchas pertenecían a familias nobles. Era lógico que el hierro se inspirase en:

  • el escudo familiar;
  • una pieza heráldica;
  • una inicial del apellido;
  • o un símbolo tradicional del linaje.

La raza de lidia se formó precisamente mediante una larga selección desde los siglos XVI al XVIII, desarrollándose posteriormente los distintos encastes y ganaderías históricas.

Heráldica y marca: dos lenguajes de identidad

Puede establecerse un interesante paralelismo.

Heráldica

Ganadería

Escudo

Hierro

Armas

Marca

Linaje

Ganadería

Blasón

Diseño del hierro

Divisa heráldica

Divisa taurina (cintas de colores)

Por ello muchas marcas llevan siglos prácticamente invariables.


Además del hierro, cada ganadería posee una divisa formada por cintas de determinados colores colocadas en el morrillo del toro.

Su función recuerda extraordinariamente a los esmaltes heráldicos, aunque no existe una relación obligatoria con los colores del escudo familiar, aunque en numerosas ocasiones coinciden por tradición.

Algunos ejemplos significativos

1. Miura


Probablemente el hierro más famoso del mundo.

Consiste en una A estilizada atravesada por una barra.

No procede directamente de un escudo de armas sino del apellido y del antiguo hierro familiar. Sin embargo, responde plenamente al concepto heráldico de marca parlante: un símbolo que identifica inmediatamente un linaje.

2. Domecq

Las distintas ramas de la familia Domecq han utilizado hierros derivados de iniciales familiares.

El apellido Domecq posee además armas perfectamente documentadas. Aunque el hierro no reproduce literalmente el escudo, ambos funcionan como emblemas paralelos del linaje.

3. Santa Coloma

El conde de Santa Coloma creó, en 1905, uno de los encastes fundamentales.

Su condición nobiliaria hizo que toda la imagen corporativa de la ganadería estuviese estrechamente ligada a la heráldica familiar.

4. Veragua


Quizá sea el ejemplo más claramente heráldico.

La ganadería perteneció a los duques de Veragua, descendientes de Cristóbal Colón.

Toda su simbología estaba vinculada al prestigio del título nobiliario y de las armas de los Colón.

Los escudos de las propias ganaderías

Durante los siglos XIX y XX muchas ganaderías comenzaron a utilizar auténticos escudos. Algunos incorporan:

  • corona nobiliaria;
  • lambrequines;
  • yelmo;
  • divisas.

Es decir, auténtica heráldica. En ocasiones el hierro aparece colocado en el centro del escudo como si fuera una pieza heráldica más.


Los hierros como marcas hereditarias

Desde el punto de vista jurídico, el hierro funciona de forma muy parecida a unas armas familiares.

Puede:

  • heredarse;
  • transmitirse;
  • modificarse ligeramente;
  • conservar su prestigio aunque cambie el propietario.

Por eso existen hierros con más de doscientos años de antigüedad que siguen siendo reconocibles.

¿Puede hablarse de una "heráldica ganadera"?

Aunque no exista una disciplina formal con ese nombre, reúne muchos de los rasgos característicos de la heráldica: símbolos estables y hereditarios; transmisión entre generaciones; identificación inmediata de un linaje; fuerte carga histórica; prestigio social asociado al emblema; simplificación gráfica para facilitar su reconocimiento. La principal diferencia es que el soporte no es el escudo, sino el propio animal marcado con el hierro.

Hierros y Encastes del Toro de Lidia. Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1998.