Fue considerado uno de los mejores retratistas de la época, recibió
encargos de la Corona y de familias aristócratas, financieras e
intelectuales. Sus paisajes se caracterizan por una pincelada empastada y
un colorido vibrante. Director del Museo del Prado en varias ocasiones. Académico de honor de la Real Academia Gallega.
Fernando nació en El Ferrol (La Coruña), el
25 de septiembre de 1875 y falleció en Madrid, el 17 de marzo de 1960). Sus
padres fueron Pedro Álvarez de Sotomayor Flores, marino de guerra, que se encontraba en el momento del nacimiento
del artista destinado en la ciudad gallega como profesor de la Escuela Naval, y Asunción
Zaragoza Núñez del Pino, hija de José de Zaragoza, quien ocuparía importantes cargos políticos.
Era tradición familiar el desempeñar puestos de militares y marinos, de
una antigua y noble descendencia según se relata en el libro
“Sotomayor”, e incluso era algo comentado por el artista en sus
memorias.
De ascendencia noble gallega, sus abuelos paternos
fueron José Álvarez de Sotomayor Domenech (Cabra, 1825-Cuevas de Almanzora, 1902),
Caballero profeso de la Orden de Santiago, Mayordomo de Semana de Alfonso XII, y su
esposa María Teresa Flores Márquez.
El hermano mayor de su padre fue el general e
inventor Fernando Álvarez de Sotomayor y Flores (1844-1912).
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| Pedro Álvarez de Sotomayor Flores |
Su padre murió siendo Fernando un
niño. En 1885, cuando aún no cumplía diez años de edad, ingresó al colegio agustino de San
Lorenzo de El Escorial. Y, más tarde, la familia trasladó su residencia a
Toledo, y en esta ciudad desarrolló su vocación al lado del profesor de dibujo
José Gutiérrez y del paisajista José Vera. En 1893 inició en Madrid sus
estudios universitarios; allí conoció al pintor e ilustrador Manuel Domínguez Sánchez, quien le
orientó definitivamente hacia la pintura.
Tras su aprendizaje en el taller
de Manuel Domínguez, en 1899 ganó una pensión artística de la Escuela de San Fernando
para estudiar durante cuatro años en la Academia de Bellas Artes de Roma. Desde allí viajó a París, Holanda y
Bélgica. Ello le permitió conocer a los impresionistas franceses y la pintura
flamenca y holandesa, que tuvieron una gran influencia en su obra. En 1905
regresó a Galicia, donde fue seducido por el ambiente sencillo de la vida
aldeana y preparó su serie de temas galaicos. En esta etapa figuran cuadros
como El segador, Saliendo de misa en el pazo de Mende y Comida de boda en
Bergantiños. En la Exposición Nacional de 1906 recibe la primera medalla por su obra Los abuelos.
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Abuela y nietos
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En 1908 se instaló en Santiago de
Chile, de cuya Escuela Superior de Bellas Artes fue director hasta su regreso a
España en 1918 tras ser nombrado subdirector del Museo del Prado. En España desarrolló una importante carrera artística que le
convirtió en uno de los más importantes e influyentes personajes del medio
artístico "oficial". Puede ser considerado el pintor de la Corte de
Alfonso XIII, y llegó a dirigir el Museo del Prado en diversos periodos (de 1921/2 a 1931 y de 1939 a 1960) y la
Academia de Bellas Artes de San Fernando a partir de 1953.


Su obra entronca con la de
pintores como Eduardo Rosales, Francisco Pradilla o Antonio Muñoz Degrain.
Mediante el uso de colores puros y luminosos y una temática campesina o
folklórica persigue una exaltación de la intrahistoria española. En su catálogo
abundan los retratos de personajes de la vida política y económica del país. En
1922, cuando fue nombrado director del Museo del Prado, su evolución artística
se abrió a una nueva etapa caracterizada por los retratos con paisajes
velazqueños, como en el de Alfonso XIII y la Duquesa de Santoña, o el de Francisco Franco. Algunos
cuadros mitológicos, como Leda o Sátiro y ninfas, pertenecen también a este
momento.
Con la caída de la monarquía, se
estableció en Inglaterra y no regresó a España hasta finalizada la Guerra
Civil.
Tuvo un importante papel en la recuperación de los cuadros que se
habían depositado en Ginebra durante la Guerra Civil y participó en la
organización de la exposición que en dicha ciudad se celebró, y que
contribuyó a despertar un gran interés por la pintura española en toda
Europa. Compaginó sus labores docentes e institucionales con las de
pintor, participando asiduamente en muestras y certámenes artísticos.
Las exposiciones de pintura española realizadas en Ginebra y Buenos
Aires aumentaron el carácter tradicional de su pintura, como lo demuestran los
retratos de la Duquesa de Alba y del Duque de Híjar. En los últimos doce años
de su vida produjo obras de amplia factura como Ceres, San Agustín, San Vicente
Ferrer o El infortunio (1951).
Fue galardonado con la gran cruz de Alfonso X el Sabio, de
Isabel la Católica, de Alfonso XII, de la Corona de Italia y con la
encomienda de la Legión de Honor y del Mérito de Chile.
Para saber más: https://dbe.rah.es/biografias/6974/fernando-alvarez-de-sotomayor-y-zaragoza
y https://www.galantiqua.com/2014/06/fernando-alvarez-de-sotomayor.html
Fuente
principal: Fernández,
Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de Fernando Álvarez de Sotomayor». En Biografías
y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España,
2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com