lunes, 24 de agosto de 2026

Santa Rosa de Lima. La primera santa de América

 

Una santa americana de ascendencia hidalga extremeña. Su festividad se celebra en España el 23 de agosto y para los países hispanoamericanos de los que es patrona, como en el Perú, el 30 de agosto.

Santa Rosa de Lima, cuyo nombre de bautismo fue Isabel Flores de Oliva, nació en Lima el 20 de abril de 1586 y murió de tuberculosis en la misma ciudad el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años. Fue la primera persona nacida en América que alcanzó la canonización por la Iglesia católica y se convirtió en una de las figuras religiosas más importantes del mundo hispánico. Fue beatificada en 1668 y canonizada por Clemente X el 12 de abril de 1671.


Su vida, sin embargo, puede contemplarse desde una perspectiva que suele quedar relegada en las biografías tradicionales: la de sus orígenes familiares. La investigación genealógica permite situar a su padre, Gaspar Flores, dentro de una familia de Baños de Montemayor, en Extremadura, que había acreditado judicialmente su condición de hidalga ante la Real Chancillería de Valladolid.

Si aceptamos como identidad cierta que el Luis Flores que pleiteó por su hidalguía en 1559 es el mismo Luis Flores que otorgó testamento en 1584, la ascendencia paterna de Santa Rosa puede reconstruirse hasta Gonzalo Flores e Isabel Téllez, cuya descendencia pertenecía al linaje de los Flores de Tórtoles.

Gonzalo Flores e Isabel Téllez → Pedro Flores y Guiomar de Tórtoles → Luis Flores de Tórtoles → Gaspar Flores → Isabel Flores de Oliva.

De este modo, la primera santa de América aparece también como descendiente de un linaje hidalgo extremeño acreditado judicialmente en Castilla.

Vista de Lima_siglo XVIII

Una familia extremeña en el origen de Santa Rosa

El padre de Santa Rosa fue Gaspar Flores, nacido en Baños de Montemayor, en la actual provincia de Cáceres, y posteriormente emigrado a América. La tradición biográfica llegó a situar su nacimiento en Puerto Rico, probablemente debido a los años que pasó allí antes de trasladarse al Perú. Investigaciones posteriores, especialmente las realizadas a partir de documentación conservada en España, han defendido su nacimiento en Baños de Montemayor.

La pieza fundamental para reconstruir la ascendencia paterna es el pleito de hidalguía de Luis de Flores y sus hermanos Esteban y Martín de Tórtoles, conservado en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid con la signatura:

Sala de Hijosdalgo, Caja 177, expediente 11, año 1559.



El motivo inmediato del pleito estuvo relacionado con su negativa a recibir en su casa soldados de Juan Rodrigo que debían alojarse en la localidad. Luis alegaba su condición de hidalgo y, por consiguiente, su exención de determinadas cargas. Según la información testifical incorporada al pleito, Gonzalo Flores estaba casado con Isabel Téllez. Un testigo declaró que los había conocido como marido y mujer legítimos y que había visto a ambos tener como hijo legítimo y natural a: Pedro Flores, heredero de los bienes y hacienda de sus padres. Pedro Flores, hermano de Hernán Flores-Rengifo, contrajo matrimonio con Guiomar de Tórtoles y tuvieron, entre otros hijos, a: Luis Flores, Martín y Esteban de Tórtoles.

En el testamento otorgado por Luis Flores en 1584, aparecen sus hijos, entre los cuales se encuentra Gaspar Flores, que ya había marchado a las Indias. La existencia de este testamento es conocida por las investigaciones sobre la familia de Santa Rosa y ha sido utilizada para demostrar la conexión de Gaspar con Baños de Montemayor. Una tradición documental posterior conservó precisamente este testamento como el del abuelo paterno de Santa Rosa.

Gaspar Flores no sería simplemente un soldado español de origen extremeño, sino hijo de un hidalgo cuya familia había obtenido reconocimiento judicial de su condición en la Chancillería de Valladolid. Las fuentes sobre su vida señalan su presencia en Puerto Rico y posteriormente en Panamá y el Perú. Llegó al virreinato peruano en el contexto de las campañas posteriores a las guerras civiles del Perú y desarrolló una carrera militar y de servicio en la administración virreinal. Fue arcabucero y estuvo relacionado con la guardia virreinal.  (el mejor “Gentilhombre de la Compañía de Arcabuzes de la Guarda deste Reyno”, que sobresalió tanto por sus hechos de armas como por su cultura yfue intérprete general del quechua para la Real Audiencia). Su trayectoria muestra que no fue un simple aventurero anónimo: participó en acontecimientos importantes de la historia temprana del virreinato. Con el tiempo se estableció en Lima, donde contrajo matrimonio con la criolla María de Oliva y Herrera, natural de Huánuco.

El matrimonio tuvo una numerosa descendencia. Entre sus hijos se encontraba Isabel Flores de Oliva, nacida en Lima el 20 de abril de 1586 y bautizada el 25 de mayo de aquel año. Más tarde adoptaría el nombre religioso de Rosa de Santa María -según la tradición, recibió el nombre de Rosa debido a la belleza de su rostro-, aunque la posteridad la conocería universalmente como Santa Rosa de Lima.

Desde muy joven, Isabel mostró una extraordinaria inclinación hacia la oración y la penitencia. Admiraba especialmente a Santa Catalina de Siena, cuya vida espiritual ejerció una profunda influencia sobre ella. Durante su adolescencia comenzó a llevar una existencia marcada por la austeridad, la oración y el deseo de consagrarse completamente a Dios.

Su familia, sin embargo, tenía otras expectativas para ella. Como era habitual en la sociedad de su tiempo, se contemplaba la posibilidad de un matrimonio conveniente. Isabel rechazó esta perspectiva y decidió mantener su virginidad y dedicar su vida a Dios. En 1606, a los veinte años, ingresó en la Orden Tercera de Santo Domingo como laica dominica. No ingresó en un convento de clausura, sino que desarrolló su vocación religiosa dentro de la propia sociedad limeña y en su casa familiar.

Muchos milagros siguieron a su muerte. Su canonización en 1671 significó que la América hispánica podía presentar a la Iglesia universal una figura de santidad nacida en su propio territorio. Su culto se extendió por Perú, América, Filipinas y España. Su figura quedó asociada a Lima y al Perú, pero también a la identidad religiosa de todo el mundo americano.

Para saber más 

lunes, 17 de agosto de 2026

Los marqueses de Paterna del Campo. Familia florentina en la nobleza sevillana


La adquisición de jurisdicciones por particulares fue uno de los mecanismos utilizados por la Monarquía para obtener recursos, y permitió que determinadas familias económicamente poderosas transformaran su riqueza en poder jurisdiccional, prestigio social y, posteriormente, nobleza titulada.

Un estudio sobre la formación de las élites sevillanas destaca precisamente que la compra de Paterna por Luis Federighi en 1660 constituyó la base del posterior ascenso de la familia a la nobleza titulada con el marquesado de 1694.

 El marquesado de Paterna del Campo (hoy un pueblo en Huelva en la comarca de El Condado) constituye uno de los ejemplos más ilustrativos del proceso de integración de familias extranjeras en las élites urbanas españolas durante la Edad Moderna. Su origen no se encuentra en una antigua casa nobiliaria de Paterna del Campo, sino en los Federigui o Federighi, linaje de origen florentino que se estableció primero en Cádiz y, más tarde, en Sevilla.

Los Federigui pertenecían a un grupo de familias italianas que, atraídas por las extraordinarias posibilidades comerciales y financieras de la Sevilla vinculada al comercio americano, se instalaron en la ciudad y fueron progresivamente incorporándose a sus círculos privilegiados.

La documentación genealógica señala a Luis Federighi y Fantoni, bautizado en Sevilla en 1613, como una figura decisiva en la consolidación sevillana del linaje. Fue caballero de Calatrava, alguacil mayor de Sevilla y, posteriormente, adquirió a la Corona el señorío jurisdiccional de Paterna del Campo.

Sus padres fueron Luigi Federighi y Canigiani, natural de Florencia, sobrino del papa Urbano VIII (Cardenal Barberini), que casó con Lucrecia Fantoni y Peri, natural de Cádiz. Este matrimonio fijó su residencia en Sevilla.

Vista aérea de Paterna del Campo

La Corona, necesitada de recursos económicos, procedió a enajenar diversas jurisdicciones. En este contexto, el 31 de marzo de 1660 Luis Federighi y Fantoni adquirió la jurisdicción, señorío y vasallaje de Paterna del Campo, localidad que hasta entonces pertenecía a la tierra realenga* de Sevilla. El comprador era alguacil mayor de Sevilla y caballero de la Orden de Calatrava. Luis Federighi no era simplemente un comerciante extranjero enriquecido que compraba una propiedad rural; para entonces la familia ya estaba plenamente integrada en la sociedad privilegiada sevillana. El señorío le proporcionó además un instrumento extraordinariamente eficaz para consolidar su posición social.

*En 1291 Paterna consiguió el título de villa de manos del rey Sancho IV "el Bravo", adquiriendo identidad y personalidad jurídica.

Iglesia de San Bartolomé

Luis Federighi contrajo matrimonio con Francisca de Solís y Cerón, perteneciente a una importante familia sevillana. De este matrimonio nació Antonio José Federigui y Solís, futuro primer marqués de Paterna del Campo. Antonio fue bautizado en la parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla el 16 de febrero de 1651. Desde muy joven quedó incorporado al mundo de las órdenes militares y de la élite municipal sevillana: recibió el hábito de Alcántara en 1656 y posteriormente desempeñó los cargos de veinticuatro y alcalde mayor de Sevilla. Recibió la merced de marqués de Paterna del Campo por Carlos II, con el vizcondado previo del Cascajar.

Existe una pequeña cuestión documental que conviene precisar. Algunos repertorios indican como fecha de creación el 3 de julio de 1690, mientras que otros consideran como fecha efectiva de concesión o despacho el 11 de mayo de 1694. El expediente de la merced conservado en la documentación de Consejos muestra que la concesión se produjo inicialmente en 1690 y que el título fue finalmente despachado en 1694, tras los correspondientes pagos de la media annata. Contrajo matrimonio con Francisca Jácome de Linden y Bécquer, perteneciente también a una familia extranjera plenamente integrada en la sociedad sevillana. Falleció en julio de 1704.

Antonio reunía las condiciones que favorecían este tipo de promoción nobiliaria:

* señor de una jurisdicción adquirida por su padre;

* miembro de una familia ya integrada en la élite sevillana;

* caballero de Alcántara (1656);

* veinticuatro de Sevilla;

* alcalde de la Santa Hermandad por el estado noble;

* fundador y teniente de Hermano Mayor de la Maestranza de Sevilla;

* alcalde mayor de Sevilla;

* capitán de las milicias sevillanas;

* vinculado matrimonialmente con familias de la nobleza local.

Además, el marquesado no fue una concesión aislada. Formaba parte de un proceso general de ennoblecimiento de las familias poderosas de Sevilla durante el reinado de Carlos II.

Cuando la familia de los Federighi (marqueses de Paterna del Campo) cayó en la ruina a principios del siglo XVIII, el señorío y la jurisdicción de la villa se perdieron en un concurso de acreedores. Por una ejecutoria del Consejo de 18 de marzo de 1720, los derechos de administración pasaron a la Hermandad de las Benditas Ánimas y Señor San Onofre de Sevilla, que administró el señorío hasta que, debido a problemas económicos, los derechos fueron transferidos en 1743 a Diego José de Miranda Yllanos, el segundo marqués de Premio Real, que los mantuvo hasta 1811 en que las Cortes de Cádiz decretaron la abolición de los señoríos jurisdiccionales y territoriales. Esto no afectó a la sucesión del marquesado.

A partir de 1804 María, al casar Josefa Federigui y Tovar con José Juan de Dios de Vargas-Zúñiga Sotomayor y Sánchez-Arjona, comenzó a desaparecer el apellido Federigui de la titularidad del marquesado y entró en escena la familia Vargas-Zúñiga.

 

Este cambio constituye uno de los momentos genealógicamente más interesantes de la historia del título: el marquesado no se extinguió con la familia italiana, sino que pasó por línea femenina a una familia española de antigua raigambre nobiliaria.

La sucesión está perfectamente documentada en el Boletín Oficial del Estado. La Orden de 21 de septiembre de 1978 mandó expedir la Real Carta de Sucesión en el título de XI marqués de Paterna del Campo a favor de Rodrigo Martínez Sánchez-Arjona, por fallecimiento de su padre. Carta de Sucesión de  fecha 21/05/1979.

Paterna del Campo fue el señorío territorial que proporcionó el nombre y el fundamento simbólico del título, mientras que Sevilla fue el verdadero centro de poder, residencia, relaciones sociales y actividad política de la familia. El escudo de la Villa de Paterna del Campo, aprobado en 1992, está formado en su primera mitad por el escudo de los Federighi: en campo de azur (7) ocho bezantes de plata, uno en abismo y los demás a su alrededor.

El segundo cuartel presenta:

  • campo de gules;
  • una torre de oro, de cinco almenas y con ventana central en ajimez;
  • dos ramas de olivo;
  • un puente de un ojo, de plata;
  • y ondas de plata y azur.

La explicación oficial es relativamente sencilla: la torre representa el núcleo urbano y, concretamente, la antigua construcción mudéjar situada junto a la iglesia de San Bartolomé; el puente representa el que cruza el arroyo de Tejada, mientras que las ondas representan el agua y las ramas de olivo la riqueza agrícola de Paterna. Todo ello surmontado de una corona real.

Casa Moya en Paterna del Campo, propiedad de Alfonso Moya Ortega, juez y diputado provincial, primo hermano de mi abuelo Rogelio Moya Arguisjuela, casado con Mª del Carmen del Valle Vergara. En esta localidad onubense nacieron mi madre, Natalia, y mis tres hermanos, Francisco, Rogelio y Mª Carmen. José Manuel Huidobro Moya Gallo del Valle, administrador de este blog.

Rogelio Moya Arguisjuela, entre 1927 y 1935 consta como banquero, cobrador de giros, corresponsal de banca. En 1925 es Corresponsal del Banco Urquijo, en 1933, del Banco Pastor y de la banca García Calamarte y Compañía, absorbida por el Banco Pastor en 1942.