El antecedente inmediato de la Constitución de Cádiz fue la Constitución de Bayona, jurada por José Bonaparte el 6 de julio de 1808.Tanto el texto constitucional de Bayona como otros texto franceses, en concreto la Constitución francesa de 1791 o la Declaración de derechos del ciudadano de 1799, fueron utilizados como fuente en la elaboración de la Constitución de Cádiz de 1812. Este hecho se explica especialmente porque el autor fue Antonio Ranz Romanillos, un afrancesado, técnico en la redacción de textos constitucionales, que también se había encargado de la redacción de la Constitución de Bayona.
Antonio nace en Barcones (Soria), el 13 de junio de 1759 en el seno de una familia acomodada y de cierto abolengo. Sus padres fueron Manuel Ranz Almería -figura empadronado como hidalgo- y Ana Romanillos Botija, tal y como consta en los expedientes de la Orden de Carlos III, donde fue admitido por RD. de 9 de Octubre de 1807. Fallecería en Madrid, 3 de diciembre de 1830.
Comienza sus estudios en una época de reformas y nuevos planes universitarios (1772) en Sigüenza, donde logra el grado de Bachiller en Artes en el Colegio de San Antonio Portaceli (1775). Posteriormente obtuvo los grados de bachiller en leyes (1778) y en cánones (1780), y de licenciado y doctor en cánones (1780) en la Universidad de Zaragoza, donde fue profesor entre 1780 y 1800. Opositó, con buenos resultados pero sin obtener plaza, a dos canonjías y un cargo de bibliotecario en los Reales Estudios de San Isidro.
| Expediente de ingreso en Carols III de su sobrino |
Participó muy activamente en la vida política de su tiempo, por lo que su dedicación a la traducción fue discontinua. Desempeñó cargos de importancia en la administración pública. Fue diputado de las Cortes de Bayona y consejero de Estado en 1808, lo que le valió ser acusado de afrancesado; participó en la elaboración de la Constitución de Cádiz. Al regreso de Fernando VII sufrió un apartamiento forzoso de la vida política entre 1814 y 1820. Con la subida al poder de Riego se reincorporó al Consejo de Estado, pero renunció nuevamente a la política tras la imposición del absolutismo. Fue miembro de varias de las academias más importantes de su tiempo: la Real Academia Española, la de la Historia y la de Nobles Artes de San Fernando aunque es más conocido por sus traducciones del griego, Como crítico literario orientó a un joven duque de Rivas, que le hizo llegar su tragedia Doña Blanca de Castilla, solicitando su opinión y consejo.







