martes, 21 de noviembre de 2017

Pedro de Zubiaurre Ibarguren. Capitán de la Escuadra del Mar Océano. Inventor


Militar español y marino vasco del siglo XVI. Inició su actividad como marinero en 1568. Luchó en la Guerra Anglo-Española (1585-1604) bajo las órdenes del rey Felipe II, donde consiguió sonadas victorias contra los ingleses. Llegó, además, a ganarse un gran prestigio como espía, que se extendió incluso hasta los servicios secretos filipinos. Es menos conocido, sin embargo, el hecho de que protagonizó uno de los primeros episodios de espionaje industrial.

Pedro de Zubiaurre
Natural de Zenarruzabeitia, Vizcaya, donde nació hacia 1541; hijo de Martín de Zenarruzabeitia, señor de la casa solar de Zubiaur, y de Teresa de Ibarguren. Segundón de una familia hidalga muy vinculada al mar, no es extraño que Pedro se sintiese atraído por la marina, ofreciendo, una vez formado, sus servicios a la Corona, al igual que lo hicieron otros muchos, con deseos de gloria y fortuna.  Casó con María Ruiz de Zurco (hija de León de Zurco y de María de Aramburu, naturales de Rentería), a la edad de cincuenta y cuatro años, según la dote matrimonial fechada en 5 de junio de 1595. Falleció en Dover, Inglaterra, en agosto de 1605.

Zubiaurre. Sus armas: En campo de oro, un puente de piedra, de dos ojos, sobre ondas de agua de azur y plata y superado de un castillo de piedra; en jefe, tres panelas de sinople, puestas en faja.

Entró en la Armada en 1568, interviniendo en misiones arriesgadas en Flandes y luchando contra franceses e ingleses. En la década de los setenta trabajó de comerciante en Londres, pero eso parecía ser una tapadera, puesto que pronto se convirtió en uno de los espías más preciados de Felipe II. Su labor consistió en determinar la posición y el valor estratégico de las defensas inglesas, con el fin de allanar el camino para flota de invasión, la Grande y Feliz Armada.

Torre de Londres
La siguiente misión que le encomendó el embajador en Londres, Bernardino de Mendoza, fue planear la toma de Flessinga, puerto estratégico en el tráfico naval hacia Amberes. Como no tenía flota, adquirió, por su cuenta, dos navíos y en 1584 pidió 300 soldados al duque de Lerma. Mas enterados los ingleses, fue encarcelado durante dos años en la Torre de Londres. Allí vivió en condiciones severas, sufriendo tormentos y torturas, pero también pudo "espiar" las técnicas hidráulicas inglesas: observó, a orillas del Támesis, el ingenio del alemán Peter Morice, que era capaz de bombear agua a la ciudad. Una vez memorizada, pieza a pieza, la máquina, Zubiaur preparó unas maquetas que envió, de forma clandestina, a Felipe II, para que las examinase y probase, en alguna ciudad española.

Durante las dos décadas siguientes a la acción del "espionaje industrial", Zubiaur participó en secreto en misiones marinas, primero en Flandes, en donde ayudó a rescatar a prisioneros españoles, y a partir de entonces (1588) en las costas de Baiona, Bretaña, Lisboa y Gibraltar, combatiendo contra franceses, ingleses, holandeses y corsarios, siendo herido en varias ocasiones.

En 1603, en la nueva sede de la Corte real en Valladolid, pudo materializar la que terminaría siendo su única incursión en el campo de la ingeniería: la construcción de una máquina para elevar las aguas del Pisuerga, el llamado "ingenio de Zubiaurre" (aunque durante siglos fue atribuido a Juanelo Turriano). En versión simplificada, consistía en unas bombas de émbolo que eran movidas mediante cadenas, ruedas y baquetones que, a su vez, eran impulsadas por dos ruedas hidráulicas que eran empujadas por la corriente del río. Tanto el mecanismo de aspiración, como el dispositivo de los émbolos, se basan en experiencias marinas; y es que Zubiaur conoció, en sus numerosas singladuras, las bombas de achique de los barcos, que no eran otra cosa que bombas movidas a brazo (tal como las había adaptado Diego de Ribeiro a los navíos españoles).

Artificio de Juanelo, basado en el ingenio de Pedro de Zubiaurre
A pesar del éxito en su funcionamiento, el ingenio de Zubiaur no fue explotado ni comercializado como un servicio social. Tan solo el codicioso duque de Lerma sacó partido de ello regando las huertas y jardines de su palacio, mientras que los vallisoletanos (los auténticos propietarios de la máquina) no llegaron a obtener ni una sola gota de agua y vieron como aquél les arrancaba, en 1604, una concesión del agua a perpetuidad. Detrás de todo esto se encuentra la incapacidad de las autoridades y monarcas españoles en advertir que el ingenio de elevación de agua era un dispositivo ideal para impulsar el desarrollo social e industrial del país. Y es que Zubiaur no contó con ninguna protección oficial para su invención, ni pudo desarrollar más bombas, ni recibió compensación alguna (sólo tras su muerte, el rey resarciría a su viuda con 2.000 ducados). 

Nota: Texto extraido de: Patriotas Vascongados

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