domingo, 14 de septiembre de 2025

Ruy González de Clavijo. “El Marco Polo español”

 

Ruy González de Clavijo fue un embajador del rey de Castilla y León Enrique III, ante la corte del Gran Kan Tamerlán, en Samarcanda, capital del imperio Mongol, con la intención de entablar relaciones diplomáticas y crear una alianza para guerrear contra los turcos otomanos, al que se le atribuye el relato del viaje: Embajada a Tamorlán.

El libro es una de las joyas de la literatura medieval castellana, y es en muchos aspectos comparable al célebre Libro de las Maravillas del italiano Marco Polo escrito casi un siglo antes.


Ruy González de Clavijo nació en Madrid, de familia noble, y fue educado en un ambiente refinado y de elevada cultura que hizo que el joven fuese pronto requerido en la Corte de los Trastamara, como camarero real de Enrique III y después del príncipe heredero Juan, luego Juan II de Castilla.

Fue Enrique III, gran conocedor de la situación política del Mediterráneo en aquellos momentos, quien mandó a Don Ruy que emprendiese viaje en embajada hasta Samarcanda para estrechar lazos de amistad con el caudillo tártaro Timur-i Lang, más conocido como Tamorlán, ante el temor de que la rápida expansión del Imperio Turco hiciera peligrar las fronteras del Reino de Castilla. Tras su decisiva victoria en la batalla de Ankara contra los otomanos en 1402, el poder de Tamorlan abarcaba desde el mar Egeo hasta el río Indo, y se le podía considerar, sin lugar a dudas, el señor de Asia.

Su verdadero nombre era Temur, o Timur, que significaba “el hierro”, aunque sus enemigos le llamaron Temur-i-lang, “el cojo”, pues arrastraba ese achaque provocado por una herida de una flecha en su pierna derecha cuando reñía sus primeros combates. Los occidentales deformaron su nombre hasta convertirlo en el conocido por nosotros como Tamerlán.

La embajada zarpó desde El Puerto de Santa María un 22 de mayo de 1403 y regresó a Madrid el 24 de marzo de 1406, trasladando a Enrique III los saludos del líder tártaro y los valiosos regalos orientales con los que obsequiaba al monarca castellano.

Los tres miembros principales de la misión fueron: Ruy González de Clavijo, camarero real; fray Alonso Páez, maestro de Teología de la orden de los Predicadores; y Gómez de Salazar, guarda real y jefe de la escolta (compuesta por catorce hombres) que custodiaba las ofrendas para Tamerlán, tales como telas de escarlata, objetos de plata y los muy apreciados halcones gerifaltes. Les acompañaba, de vuelta a sus tierras, Alcagi, hombre que había impresionado por su vasta cultura.

La comitiva, que parte desde El Puerto de Santamaría, como se ha comentado, pasa por Cádiz y Málaga hasta llegar a las costas de las islas Baleares. De allí se dirigen al mar Tirreno, navegando por el estrecho de Mesina, donde casi naufragaron a causa de una tormenta. Los peligros del mar no les abandonaron, y cerca estuvieron de perecer en los acantilados de las costas de Morea, ya en la península del Peloponeso. Más de un año después de partir de Cádiz llegarían a la gran urbe de Tabriz, antigua capital de los once kanes mongoles, situada en Persia. Y de allí proseguirían hasta Sultania, donde les recibió de manera amistosa uno de los hijos de Temur llamado Miran Shah, y llegarían a Teherán. En septiembre divisan la capital del imperio más poderoso de Asia, Samarcanda, objetivo de todo el viaje. Habían tardado un año, tres meses y un día en llegar hasta allí.

Ruta seguida por González de Clavijo

Samarcanda
era una de las maravillas de su tiempo; el color azul, el favorito de los tártaros, aparecía en muchas fachadas de palacetes y casas señoriales. Las mezquitas y sus cúpulas eran grandiosas, y algunos jardines rivalizaban con los de la antigua Mesopotamia.

Al poco de llegar, los embajadores fueron recibidos por el gran Temur, que no les prestó mucha atención, pero al que agradaron mucho los regalos de los castellanos. Temur, a pesar de algún otro intento castellano, no les volvió a conceder audiencia, pues estaba preparando en secreto la inminente campaña contra China, su objetivo final y más deseado. Por ese motivo, todos los embajadores extranjeros recibieron el 17 de noviembre de 1404 un mensaje en el que se les pedía que abandonaran Samarcanda al día siguiente.


Este brusco final a la embajada de Clavijo –los tártaros adujeron mala salud de su señor– sorprendió a todos, e impidió que se consiguiera un tratado o alianza práctica con Temur, algo, por otro lado, casi imposible, por cultura, lejanía y objetivos divergentes de ambos poderes.

En su vuelta hacia Castilla, los embajadores tuvieron un grave problema: la muerte de Temur en marzo de 1405. Eso llevó al desmembramiento de su imperio y a luchas sucesorias entre sus herederos. Al final, y tras muchas dificultades y destinos visitados –entre los que destaca su reunión con el papa Luna, Benedicto XIII, en Savona–, llegaron a Sanlúcar de Barrameda, y desde allí fueron a encontrarse con su rey en Alcalá de Henares el 24 de marzo de 1406, es decir, dos años y diez meses desde su partida.

Más tarde, Ruy González de Clavijo decidió plasmar por escrito todas las experiencias vividas en el largo viaje que le había llevado hasta tierras asiáticas en “Vida y hazañas del Gran Tamorlán”, publicado en 1582 por el erudito sevillano Argote de Molina y que aún hoy es una fuente de información esencial para el conocimiento de ciudades y monumentos artísticos de las ciudades y enclaves que fue visitando hasta llegar a su destino.

Ruy González de Clavijo murió en Madrid el 2 de abril de 1412, y fue enterrado en la Capilla de San Francisco, desaparecida en el siglo XVIII.

lunes, 8 de septiembre de 2025

Industriales y Telecos. 70 años de distancia marcan la diferencia

 

Hoy, 8 de septiembre, se cumplen 175 años de la publicación en la Gaceta de Madrid del Real Decreto del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas firmado por D. Manuel Seijas Lozano el 4 de septiembre de 1850, creando los estudios de ingeniero industrial, dentro de la enseñanza industrial, clasificada en tres niveles:

    

1) Elemental, al que los alumnos tendrían que acceder con 11 años cumplidos y se les otorgaba el título de maestro industrial.

2) Ampliación, al que se accedería con el nivel elemental y con 14 años cumplidos, obteniendo a la finalización de sus estudios el título de profesor industrial.

3) Superior, con dos especialidades, mecánicos y químicos. Siendo requisito para acceder el tener finalizados y aprobados los estudios de ampliación. Aquel que finalizase y aprobase los estudios superiores de ambas especialidades obtendría el título de Ingeniero Industrial.

Es su emblema heráldico, sello que representa al Organismo y distintivo honorífico que vincula a los profesionales con su Institución. La Heráldica es el arte de explicar y descubrir los escudos, ya sean de armas o de cualquier otra actividad. Los objetos que compone este Escudo, son:

El Regulador de Velocidad, mecanismo que ordena y normaliza el movimiento de una máquina o algunos de lo órganos de ella. Lo adoptaron como símbolo de su profesión.

También aparece un Electroimán, un imán artificial que consta de un núcleo de hierro dulce, rodeado de una bobina de hilo de cobre, por la que pasa una corriente eléctrica; del mismo parecen escaparse las líneas de fuerza magnética en forma de flechas; es la energía que se induce en los generadores de corriente eléctrica, que luego se transforma, y más tarde nos da luz y calor.

Los símbolos descritos se presentan orlados por dos ramas de Laurel, ambas unidas en la base de escudo mediante Lazo de Seda, distintivo de la bandera nacional.

Todo ello queda al amparo de la Corona Real, símbolo del Reino de España.

El uniforme de los Ingenieros Industriales

Una de las peculiaridades de la Ingeniería Industrial en España fue que, en sus orígenes, y a diferencia de las de Caminos, Minas, Montes y Agrónomos, la titulación no suponía el ingreso automático en un Cuerpo de Ingenieros de la Administración Civil del Estado, para los que existía una tradición de uso de uniformes tanto estudiantiles como profesionales en sus versiones de servicio diario -en residencia o campo- y gala.

Tuvieron que pasar 70 años hasta la creación de los estudios que llevaban a ser ingeniero de telecomunicación.


El 22 de abril de 1920, el Rey Alfonso XIII, a propuesta del ministro de la Gobernación, Joaquín Fernández Prida, sancionaba el nuevo Reglamento de la Escuela Oficial de Telegrafía, por el cual se transformaban los estudios de ampliación ya existentes en unos estudios superiores conducentes a la obtención del título de Ingeniero de Telecomunicación.

 


La Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación (ETSIT) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), ubicada en el Campus de Excelencia Internacional Moncloa, constituye una referencia tanto en la docencia como en la investigación, el desarrollo y la innovación en el campo de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

Con más de 100 años de historia, es el centro decano en la formación de ingenieros de telecomunicación en España. Pero las nuevas promociones de estos profesionales no son ya las únicas que salen de sus aulas,pues  forma también a ingenieros biomédicos e ingenieros de datos.

sábado, 6 de septiembre de 2025

Cómo la heráldica se manifiesta en la identidad visual de las marcas de lujo

 

La heráldica, entendida como el sistema de símbolos, escudos y blasones utilizado históricamente para identificar a familias nobles, linajes y corporaciones, ha trascendido su función medieval para convertirse en una fuente de inspiración en la cultura visual moderna. Uno de los ámbitos donde su influencia resulta más notoria es en el diseño de logotipos de empresas de artículos de lujo, donde el prestigio, la exclusividad y la tradición son valores esenciales.

 

La heráldica nació en la Edad Media como un código visual cargado de símbolos que comunicaban estatus, poder y pertenencia a un linaje o corporación. Escudos, coronas, castillos, leones rampantes, lobos, águilas bicéfalas, árboles o laureles no eran simples ornamentos, sino signos reconocibles que garantizaban autoridad y nobleza.

Las marcas de lujo, cuyo negocio depende de transmitir valores como exclusividad, tradición, legitimidad y distinción, han encontrado en la heráldica un recurso eficaz. Al incorporar símbolos heráldicos en sus logotipos, las casas de moda, relojería o automóviles de alta gama evocan esa aura aristocrática que sus consumidores asocian con prestigio.

Elementos heráldicos en los logotipos de lujo

Los logotipos de lujo que beben de la heráldica suelen presentar ciertos rasgos comunes:

·    Escudos y blasones: estructura central que remite directamente a la heráldica medieval.
·      Animales emblemáticos: leones, caballos, grifos, águilas o unicornios, que simbolizan fuerza, poder o nobleza.
·       Coronas, laureles y estandartes: iconografía de la realeza y la victoria.
·     Monogramas enmarcados: letras iniciales dispuestas en estructuras ornamentales que recuerdan los timbres heráldicos.

·       Simetría y composición rígida: que aportan solemnidad y permanencia, rasgos también presentes en los escudos familiares.


Ejemplos destacados de heráldica en logotipos de lujo

1. Ralph Lauren

El emblema Polo Ralph Lauren suele presentarse con un escudo adornado con coronas, laureles y caballos. Este diseño remite al imaginario aristocrático británico y a la tradición ecuestre, reforzando la idea de un estilo clásico y distinguido.

2. Prada

La firma italiana utiliza en algunas de sus líneas un escudo con elementos decorativos y sogas náuticas, que evocan herencia, solidez y tradición. No es un simple logotipo tipográfico: Prada conserva la idea de insignia, como si se tratara de un sello familiar.

3. Lamborghini

El famoso toro sobre un escudo dorado y negro es un claro ejemplo de heráldica modernizada. Aunque simplificado, mantiene la estructura del blasón medieval y el animal totémico que actúa como símbolo de fuerza y bravura.

4. Porsche

El logotipo de Porsche es prácticamente un escudo heráldico clásico. Combina un escudo cuartelado con el ciervo de Wurtemberg y la bandera de Stuttgart, su ciudad de origen. Esta referencia explícita a la tradición alemana conecta la marca con un linaje territorial de nobleza y excelencia.

5. Cartier

El logotipo tipográfico de Cartier se asocia con su emblema heráldico: un doble “C” entrelazado dentro de un óvalo con ornamentos. Aunque más sobrio que otros, este diseño evoca sellos nobiliarios y monogramas reales.

6. Versace

Aunque no recurre directamente a un escudo, Versace emplea la cabeza de Medusa rodeada de un marco circular ornamentado. Este símbolo funciona como un equivalente heráldico al proyectar poder, fascinación y carácter mítico.

7. Burberry (versión histórica)

Antes de su rediseño minimalista, Burberry usaba el famoso caballero ecuestre con lanza dentro de un escudo. El lema Prorsum (“hacia adelante”) completaba este emblema netamente heráldico, que asociaba la marca a la tradición británica y la caballería.

La heráldica como estrategia de marketing

El uso de símbolos heráldicos en los logotipos de lujo no es casual. Responde a un propósito estratégico:

1. Evocar linaje y continuidad histórica: El lujo se sustenta en la tradición, y nada comunica mejor esa idea que un escudo de armas.

2. Transmitir exclusividad: Los escudos eran propiedad de familias selectas; al apropiarse de esta estética, las marcas refuerzan la idea de pertenencia a un círculo restringido.

3. Aumentar la percepción de valor: Un logotipo heráldico no solo es gráfico, es un símbolo de prestigio. Esto añade peso a los productos, justificando precios elevados.

4. Crear un relato aspiracional: El cliente de lujo no compra solo un producto, sino la idea de nobleza, poder y distinción que este transmite.


Alan Paine es una marca británica con más de 100 años de experiencia 
en ropa elegante para el campo, la agricultura y la caza.

Cabe señalar que muchas casas de lujo han optado en años recientes por simplificar sus logotipos hacia versiones tipográficas más limpias. Sin embargo, los emblemas heráldicos siguen vigentes en ediciones especiales, etiquetas, estuches y piezas de alta relojería o marroquinería. Este doble juego permite a las marcas adaptarse al minimalismo contemporáneo sin renunciar al peso simbólico de la heráldica.


La heráldica, con su carga histórica de nobleza y prestigio, ha sido y sigue siendo una fuente de inspiración clave para las empresas de artículos de lujo. Sus símbolos —escudos, animales, coronas y laureles— no son simples ornamentos, sino códigos de distinción que refuerzan el aura de exclusividad que estas marcas buscan proyectar. Desde los blasones de Porsche hasta el escudo de Ralph Lauren o las versiones ornamentadas de Prada y Cartier, la heráldica se mantiene viva como un lenguaje visual de poder en la identidad corporativa del lujo.

Para saber más: La heráldica desconocida, obra de José Manuel Huidobro