viernes, 17 de marzo de 2017

Juan de Grijalva. Descubridor del imperio azteca

Participó en la exploración y conquista de Cuba (Fernandina) con el adelantado Diego Velázquez de Cuéllar, de quien fue capitán. 

Participó en la exploración a las costas mexicanas en la que destacaron la exploración de Yucatán y de Tabasco; en la exploración de Francisco de Garay de las costas y territorios del Norte en el actual Estado de Veracruz y golfo de México y en la conquista de Honduras con Pedrarias Dávila. Gracias a su testimonio los españoles conocieron la existencia del Imperio azteca. 

Juan de Grijalba o Grijalva, de origen hidalgo, nació en Cuellar (Segovia) en 1490.

Acompañó, en su juventud, a su tío Pánfilo de Narváez a La Española (Santo Doningo), desde donde partió en la expedición de su paisano Diego Velázquez de Cuellar a Cuba, que algunas fuentes citan como su tío. Intervino en el proceso de conquista y colonización de la isla desde 1511 y, dos años después, a las órdenes de Narváez, recorrió y sometió el interior del territorio. Según la crónica de Herrera, cuando Velázquez partió para celebrar su boda le dejó a cargo de la colonia de Santiago de Cuba, donde residían fray Bartolomé de Las Casas y cincuenta españoles.

En 1514 participó en la fundación de la villa Trinidad, en la que permaneció en calidad de poblador y encomendero hasta que Diego Velázquez le puso al frente de una expedición que tenía la misión de completar las exploraciones que, a lo largo del Golfo de México, entre la Península del Yucatán y la de Florida, había realizado infructuosamente Francisco Hernández de Córdoba* (1517).

*En 1517, Diego Velázquez del Cuellar, gobernador de la isla de Cuba, patrocinó la desafortunada expedición de Hernández de Córdoba que llegara a la península de Yucatán; los pocos sobrevivientes que regresaron relataron que se trataba de una región densamente poblada donde abundaban los objetos de oro. Entusiasmado, el gobernador se dispuso a organizar inmediatamente otra expedición.

Así, el 25 de enero de 1518, una expedición comandada por Grijalva partió de Santiago de Cuba para explorar la costa del Golfo de México.

Entre los integrantes de la expedición figuraron Pedro de Alvarado, Francisco Montejo, Alonso Dávila y un futuro historiador de la conquista de México: Bernal Díaz del Castillo. Antón de Alaminos que había integrado la expedición de Hernández de Córdoba era el piloto mayor, Juan Díaz el capellán, y los acompañaban unos 200 hombres, cañones ligeros y perros de guerra en 4 navíos.

Inician el viaje bordeando la costa norte de la isla, en el puerto más tarde conocido como Matanzas tienen una parada prolongada durante la cual sustituyen una de las naves. Parten hacia el cabo San Antonio-, cruzan el Canal de Yucatán** y el 3 de mayo desembarcan en la isla de las Golondrinas o Cozumel, a la que Grijalva dio el nombre de Santa Cruz, antes de avistar el continente americano.

**La necesidad de reparar algunos desperfectos de las naves obligó a la flota a cruzar un estrecho situado entre tierra firme y una “isla” que antes les había pasado desapercibida. El piloto mayor de la escuadra, Antón de Alaminos, creyó que Yucatán era una isla y la llamó Isla Rica.

Posteriormente recorrieron la costa este del Yucatán y entraron en contacto con distintas poblaciones de origen maya y nahua, herederas de la antigua magnificencia de la cultura maya, en decadencia desde el siglo anterior. Hallaron las bocas de los ríos Usumacinta, Tabasco, Coatzacoalcos y Papaloapan, y establecieron relaciones con los indígenas que poblaban sus márgenes.

Más tarde alcanzaron la desembocadura de otro río, denominado Banderas por Grijalva, donde tuvieron la primera noticia de la existencia del imperio azteca, al recibir a una embajada enviada por Moctezuma II. El 19 de junio los españoles desembarcaron en las cercanías de la actual Veracruz, en las playas de San Juan de Ulúa, y tomaron posesión de aquel puerto, al que dieron el nombre de Santa María de las Nieves. Pese a la insistencia y presión de algunos de sus capitanes, Grijalva no se atrevió a fundar una colonia, debido a que no tenía instrucciones específicas de Diego de Velázquez

Después de enviar a Alvarado a Cuba con parte del botín obtenido para informar al Gobernador y en busca de refuerzos, Juan de Grijalva continuó su exploración costera hacia el norte, pero, al verse acosado por nativos hostiles en las cercanías de la desembocadura del río Panuco, tras más de cinco meses de viaje y con las provisiones escaseando, siguió el consejo del piloto Antón de Alaminos, decidió regresar, ante la oposición, entre otros, de Montejo y Dávila, llegando a Santiago de Cuba el 21 de septiembre de 1518. Cristóbal de Olid, ante su tardanza, había salido en su busca sin conseguir hallarlo.  Tras su regreso a Cuba, fue destituido por Diego Velázquez***, que, condicionado por el informe de Pedro de Alvarado, criticó su falta de decisión colonizadora y envió a Hernán Cortés a conquistar las nuevas tierras descubiertas (1519), circunstancia que lo llevó a ponerse a las órdenes del gobernador Pedrarias Dávila.

*** " ... nos embarcamos y vamos la vuelta a Cuba, y en 45 días, unas veces con buen tiempo y otras en contrario, llegamos a Santiago de Cuba. donde estaba Diego Velázquez, y él nos hizo buen recibimiento: y desde que vió el oro que traíamos, que serían cuatro mil pesos, y lo que trajo primero Pedro de Alvarado, sería por todo veinte mil; otros decían que era más ..." (Bernal Díaz del Castillo). Sin embargo el Gobernador, descontento con la actuación de Grijalva, según los informes recibidos por Alvarado, había dispuesto ya sustituirlo por Hernán Cortés, que saldría de Cuba al año siguiente y conquistaría México-Tenochtitlan.

En 1523 participó como jefe de escuadra, a las órdenes de Francisco de Garay, en un fallido intento de conquistar el Pánuco, que no fructificó al enviar Cortés varios de sus hombres para impedirlo. Firme partidario de la sumisión pacífica de los indios, murió víctima de un ataque indígena en el transcurso de una exploración que dirigió Pedrarias Dávila por América Central, en Olancho (Honduras), el 21 de enero de 1527, en que fue capturado y sacrificado por los indios, junto con el capitán Hurtado. 

Sus armas: de oro, cinco claderas de sable puestas en sotuer

martes, 14 de marzo de 2017

José María Pemán. Novelista, poeta, dramaturgo, guionista y ensayista



Cultivador de todos los géneros literarios, destacó por su teatro poético y sus comedias de ambiente andaluz. Su tradicionalismo religioso y sus convicciones monárquicas lo convirtieron en representante de los sectores conservadores. Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro*

José María Pemán y Pemartín, de origen hidalgo, nació en Cádiz, el 8 de mayo de 1897, y falleció en la misma ciudad el 19 de julio de 1981. Creció en el seno de una familia acomodada; su padre fue el abogado en ejercicio y diputado conservador gaditano Juan Gualberto Pemán y Maestre, y su madre María Pemartín y Carrera Laborde Aramburu, de entronque jerezano. Tuvo un hermano: César y se casó, en 1922, con Carmen Domecq y Rivero, hija de Pedro de Domecq y Nuñez de Villavicencio, marqués de Casa Domecq y de doña María Rivero y González, con la que tuvo nueve hijos de su matrimonio. Estudió Derecho en la Universidad de Sevilla y se Doctoró en la de Madrid.


Pemán entró desde joven a formar parte de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas de Cádiz y, en 1928, llegó ser su presidente. Su militancia religiosa parecía superar en un principio a su interés político. Siempre decía que no se consideraba un político aunque realmente, aun expresándose como solía en el versátil "lenguaje del alma", se aprestase a un apoyo apasionado al regeneracionismo pretendido por la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1929) y a su régimen autoritario.

Realmente, comenzó su dilatada andadura literaria durante la Segunda República (1931-1936). José María Pemán, que años más tarde pasaría a ser una de las figuras míticas del régimen franquista, se dio a conocer con una serie de artículos incendiarios publicados en el rotativo madrileño ABC, desde donde llamaba con vehemencia a la insurrección militar contra la legalidad republicana.

Al estallar el Alzamiento del 18 de julio, se adhirió desde el primer momento al Bando Nacional, desempeñando el cargo de Presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza, con categoría de Ministro, de la Junta Técnica del Estado, desde octubre de 1936, hasta que se constituyó el primer Gobierno Nacional, en enero de 1938. Nunca luchó en los frentes.


Poema de la Bestia y el Ángel (1938), una epopeya propagandística que ensalza los valores de la cruzada por Dios y por España frente a los valores antiespañoles de la República. Tradó un año es escribirlo.
Nombrado Alférez Provisional Honorífico, Pemán en su Jura de Bandera como Alférez Provisional, vistió Boina Roja, Camisa Azul, Yugo y Flechas y Estrella. Lo que más gustó a Pemán durante esta época fue recorrer los frentes, pronunciar discursos y visitar a los Generales en sus Puestos de Mando. También visitó al Coronel falangista Juan Yagüe Blanco. Se paseaba con Uniforme de Falange por las ciudades de la retaguardia, deleitaba dando conferencias y visitaba en los hospitales a los heridos.

Al finalizar la guerra civil, fue nombrado directorde la Real Academia Española (de 1939 a 1940, y de 1944 a 1947), a la que pertenecía como miembro electo desde marzo de 1936,  cargo al que renunció pocos años después. Pemán, entonces, se dedicó por completo a la actividad literaria. Colaboró con asiduidad en prensa, y redactó comedias costumbristas y de corte castizo, que fueron representadas en algunos teatros de Madrid. La casa (1946), Callados como muertos (1952), Los tres etcéteras de Don Simón (1958) y La viudita naviera (1960) son algunas de las obras más exitosas del literato.

Anteriormente, el intelectual derechista había escrito los dramas históricos El divino impaciente, de 1933 -dedicado a la figura de San Francisco Javier-, Cuando las Cortes de Cádiz (1934) y Cisneros (1934). Pemán fue, además, el guionista de varias películas representativas del nacional-catolicismo. Como narrador, destacó por las novelas de humor ligero, como Romance del fantasma y Doña Juanita (1927), Volaterías (1932), De Madrid a Oviedo (1932), Señor de su ánimo (1943), La novela de San Martín (1955) y De Madrid a Oviedo pasando por las Azores (1964).

La obra poética, con títulos como De la vida sencilla (1923), Señorita del mar (1934) y Poema de la Bestia y el Ángel (1938), se caracteriza por su sencillez en las formas y por el estilo épico de algunos de los versos, a menudo en clara sintonía con los tópicos de su ideario político. Cabe mencionar también, entre otras obras, Metternich. El ministro mariposa, La atareada del paraíso, El viejo y las niñas y El Séneca.

Pemán, que era considerado un gran orador, pronunció conferencias en numerosas instituciones de toda España y parte de Latinoamérica. El tono arengatorio de sus discursos, traducido en escritos como De hombre a hombre o en sonadas declaraciones como "¡Soy cristiano y español, que es ser dos veces cristiano!", le convirtió en uno de los autores oficiales de la dictadura.


No obstante ser un celoso propagandista de Franco y de su obra, pasados los años, igual que ocurrió con el General Primo de Rivera, escribió un tanto irónicamente sobre la persona a la que había dedicado tantos elogios.

* En los últimos años de su vida, su actividad más destacada es la Presidencia del Consejo Privado del conde de Barcelona, el padre del futuro Rey Juan Carlos I. Entre 1957 y 1969, año de la disolución del Consejo ante el nombramiento del príncipe Juan Carlos como heredero de la Jefatura del Estado a la muerte de Franco, Pemán participa de numerosas acciones, como el intento de unificación de las dos ramas borbónicas (la alfonsina y la carlista) en la figura de Don Juan. Por todo ello, la Casa Real le concede el Toisón de Oro en mayo de 1981. Dos meses más tarde, el 19 de julio, muere en su casa de Cádiz el portavoz intelectual del franquismo.

Para saber más:

viernes, 10 de marzo de 2017

Juan del Águila (Juan "sin miedo"). De soldado a Maestre de Campo


Un capitán llegado de la guerra de Flandes fue presentado en la corte de Felipe II como un hombre fuera de lo común: «Señor, conozca Vuestra Majestad, a un hombre que nació sin miedo». Tan descuidado de temor que en ocasiones rozó la temeridad; la carrera militar del abulense destacó en su afán por ir a combatir al enemigo a su propia tierra: Flandes, Francia, Inglaterra e Irlanda.


Juan del Águila y Arellano, nació en Ávila en 1545 y se crió en la localidad de donde era natural su familia materna, El Barraco, Juan era el cuarto hijo de Miguel del Águila y Velasco, nieto del señor de Villaviciosa, perteneciente a la nobleza local y de Sancha de Arellano.

Juan del Águila y Arellano (Juan "sin miedo")
Al tener tantos hermanos por delante, poco o nada podía heredar el joven Juan, así que como muchos hijosdalgos de la época decidió labrarse un futuro en los famosos Tercios. Con 18 años se alista en la Compañía de Pedro González de Mendoza, hermano del MdC Gonzalo de Bracamonte. Su primera acción integrada su Compañía en el Tercio de Cerdeña según unos autores, en el de Sicilia, según otros será en 1564 la toma del peñón de Vélez de la Gomera, refugio de piratas. Al año siguiente participa en el socorro de Malta, salvándola del asedio de los turcos; y en 1566 en la ayuda a los genoveses en Córcega contra el rebelde Sampiero Corso.

En 1567 llega a Flandes. Allí participa en la batalla de Heiligerlee y la Compañía de Juan se integra en el Tercio de Flandes y su capitán le designa como alférez de la misma. En 1574 participa en la victoriosa Batalla de Mook. Dos años después es enviado a socorrer el castillo de Gante.
  
Muerto el gobernador Luis de Requesens, Guillermo de Orange aprovecha para instar a la revuelta. Las tropas imperiales estaban faltas de pago, y los alemanes y valones aprovechan la revuelta para cambiar de bando y dejar entrar a los rebeldes holandeses en Amberes, donde Sancho Dávila queda sitiado en la ciudadela. Aquí Juan del Águila da grandes muestras de liderazgo pues en Alost, donde los soldados españoles se habían amotinado por la falta de pagas, convence a estos para que depongan su actitud y le ayuden a salvar a sus compatriotas de Amberes. Los soldados de los Tercios, como tantas otras veces, anteponen su deber al dinero y toman la ciudad, eso sí cometiendo grandes saqueos y llevándose todo lo de valor. Juan del Águila es nombrado capitán y obtiene su propia Compañía.

Con la paz del Edicto Perpetuo, eb 1577, marcha con el Tercio Viejo de Sicilia a Lombardía, pero enseguida es reclamado de nuevo por Don Juan de Austria, siendo repatriado en 1580 por Alejandro Farnesio, ya que se les adeudaban 24 pagas. Vuelve a Flandes en 1582 y al año siguiente es elegido para el cargo maestre de campo, con tan solo 38 años. En veinte años había pasado de soldado bisoño a mandar todo un Tercio Viejo. En 1584 participa en el asedio de Amberes, donde se destaca su Tercio, especialmente en la batalla del dique de Covenstein.


Rendida Amberes el 17 de Julio, los soldados reciben las 37 pagas que se les debían desde su retorno a Flandes. Son destinados a la Isla de Bommel, donde vivirán el famoso Milagro de Empel y. posteriormente, en 1586, participa en las conquistas Grave, Neuss, Alpen y el socorro de Zutpehn, expulsando de allí al ejército inglés que asediaba la ciudad. En 1587 es herido gravemente en el asedio de la Esclusa y es llamado a la Corte. Una vez allí, es presentado al rey Felipe II como “un hombre que nació sin miedo”. El monarca le concede crear un Tercio en Santander para la invasión de Inglaterra, pero ante el fracaso de la Invencible, se paraliza el proyecto.

Parte a Francia, en 1590, para ayudar a los católicos en las luchas religiosas de este país. Desembarca en Nantes y la Bretaña durante 8 años será su dominio. En Port Louis construye la fortaleza conocida como “Fuerte del Águila”. Toma en 1591 el castillo de Blain. En 1592 derrota aun ejército anglo-francés en Craon y persigue a los ingleses hasta destrozarlos en Ambrières. Este mismo año toma Brest, donde construirá la fortaleza del “puente de los españoles”, que ante la conversión al catolicismo de Enrique IV, con su aumento de fuerzas, se ve asediada, no pudiendo llegar a tiempo Juan del Águila para su socorro. La fortaleza resistió heroicamente y solo tuvo 13 superviviente, el resto fueron masacrados. Por suerte, las victorias españolas en el norte de Francia, obligan a Enrique IV a dejar casi abandonada la Bretaña, lo que permite a Juan del Águila rehacerse y organizar la expedición de Carlos de Amézquita contra suelo inglés. Nantes era una excelente plataforma para atacar Inglaterra, pero Felipe II, viejo y enfermo, harto de guerras, forma la paz de Vervins con Enrique IV y le devuelve todas las plazas de Bretaña.

De vuelta a España, Juan del Águila y su Tercio se dedican a escoltar galeones españoles que venían de América, hasta que en 1600 es encarcelada acusado de estafar a la Hacienda española. Es absuelto y para compensarle se le entrega la organización de la expedición a Irlanda, como base para atacar Inglaterra, así que en 1601 zarpa de Lisboa, junto a Francisco de Toledo, con 33 barcos y dos Tercios con 4.400 hombres en total, con el objetivo de conquistar el puerto de Cork.

Tras diversas inclemencias meteorológicas, Juan del Águila queda aislado en la localidad irlandesa de Kinslale con 3.000 hombres y los irlandeses apenas le aportan 900 hombres sin experiencia. Los ingleses les asedian con más de 12.000 al mando de Charles Blount, y no cesa de pedir refuerzos a España, siendo el más destacado el de Pedro de Zabiaur, que zarpó el 7 de diciembre de La Coruña con 829 soldados, además de numerosas provisiones y municiones, pero de los diez barcos que traía, cuatro los perdió en una tempestad, y el resto llegó el día 17 a 48 km de Kinslale, en Castleheaven. En la madrugada de ese día, 1.500 hombres para acabar con 700 ingleses y destruirles 20 cañones, acción que anima a los irlandeses a jurar fidelidad al ya rey Felipe III y entregar dos castillos y 500 hombres a los españoles.

El 24 de diciembre se produce la batalla de Kinslale, en que los ingleses aprovechan la dispersión de las tropas hispano-irlandesas y la ganan sobradamente, perdiendo los irlandeses 1.200 hombres. Juan del Águila pacta una capitulación honrosa y cede las plazas de la zona a cambio de salir con todas sus banderas y pertenencias de Kinslale. Además se les tenía que asegurar el viaje a España a los 1.800 hombres que le quedaban, más todos los irlandeses que se le quisieran unir.

Lápida sepulcral, en El Barraco (Ávila).
El 13 de marzo de 1602 llega la flotilla de Juan del Águila a La Coruña y en un gran gesto, con los 59.000 escudos que llevaba encima crea un hospital de campaña para atender a los soldados heridos. Pese a todas las dificultades de la empresa irlandesa, se le abre un Consejo de Guerra, acusándole de haber perdido la reputación. Antes de ser juzgado, deprimido porque se pusiera en duda su conducta militar y el arresto domiciliario que sufría, moriría a primeros de agosto,exhausto y abatido por negársele la oportunidad de ir a Madrid a defender su honor contra quienes le acusaban del fracaso de la empresa irlandesa.

martes, 7 de marzo de 2017

La Santa Hermandad. La primera “policía nacional” de Europa


La Santa Hermandad fue una institución creada por los Reyes Católicos en 1476 para controlar la seguridad de los caminos en el Reino de Castilla y a los nobles indisciplinados. Fue la primera unidad militar permanente que existió en España y una de las primeras tropas regulares organizadas de Europa.

Tenían jurisdicción en todo el territorio salvo en el interior de las ciudades, que tenían su fuero propio y estuvo en funcionamiento, con diferentes cambios, hasta que fue disuelta por decreto de 7 de mayo de 1835. Unos diez años más tarde, en 1844, se crearía la Guardia Civil como sustituto.

Se conoce como Santa Hermandad  (aunque no tiene caracter religioso alguno) a un grupo de gente armada pagada por los concejos, en teoría, para perseguir y castigar a los malhechores y criminales. Fue instituida en las Cortes de Madrigal de 19 de abril de 1476, unificando las distintas hermandades (Viejas) que habían existido desde el siglo XI en los diferentes reinos cristianos.


Fue creada a propuesta de los procuradores burgaleses, ya que necesitaban proteger el comercio, pacificar el difícil tránsito por los caminos, perseguir el bandolerismo e hicieron posible el que los Reyes, sobre la base preexistente de las hermandades que habían levantado algunas ciudades*, propusiesen la creación de la Santa Hermandad, quedando desde 1498 reducida a niveles locales. Este cuerpo también participó en la toma de Granada, en las expediciones a Nápoles y a las Canarias; efectuó los primeros censos y padrones modernos de España gracias a la información recogida de los municipios a principios del siglo XVI.



*Unos cuantos municipios se asociaban para hacer respetar sus derechos e intereses y se comprometían a socorrerse mutuamente en caso de peligro. Se conoce, por ejemplo, la hermandad de Burgos, creada en 1315 durante el reinado de Alfonso XI para acabar con los salteadores de caminos. También la hermandad vieja de pastores y productores de miel de Toledo, Talavera y Ciudad Real, encargada de disuadir a los malhechores de las zonas montañosas; formada por un cierto número de cuadrillas que practicaban una justicia expeditiva.


Esta institución, que ha sido entendida como un instrumento para garantizar el orden público así como el embrión de un ejército regular y especializado, sobre todo a partir de 1480, se crea inicialmente por un período de tres años, se territorializa su jurisdicción (cinco leguas a la redonda de cada localidad con más de treinta vecinos -hogares-, en las provincias de León, Zamora, Salamanca, Valladolid, Palencia, Ávila, Burgos y Segovia), se organiza su tropa (un jinete por cada cien vecinos y un soldado por cada ciento cincuenta, agrupados en cuadrillas), se estipulan sus ámbitos de actuación legal (robos, crímenes, incendios, secuestros, juicios sumarísimos con aplicación inmediata de la pena), y se dota de una estructura económica, política y administrativa. También se introdujo en la Corona de Aragón, con la idea de unificar instituciones entre Castilla y Aragón, aunque este intento fracasó.

Los capítulos de la Santa Hermandad aprobados por los Reyes Católicos en las Cortes de Madrigal de 1476 tenían, entre otros objetivos, preparar una milicia que pudiera fortalecer el poder real. La política que presidió la creación de esta fuerza militar permanente fue: limitar la jurisdicción de los alcaldes a pocos casos, someter los cuadrilleros a rigurosa disciplina, poniendo a su frente capitanes, y nombrar o hacer que fuese nombrado general de aquella milicia siempre en pie de guerra, al Duque de Villahermosa, Alfonso de Aragón, hermanastro de D. Fernando el Católico. La unidad del cuerpo y la concentración del mando convirtieron a la Santa Hermandad en un auxiliar poderoso de la monarquía, porque los 2.000 hombres de guerra que los concejos pagaban, «estaban prestos para lo que el Rey o la Reina les mandasen».

Hay que remontarse a los comienzos del siglo XII para encontrar los primeros antecedentes de la Santa Hermandad, concretamente en Asturias, en 1115 a iniciativa de sus diputaciones se constituye una Hermandad para la persecución de malhechores y, de paso, poner fin "a las depredaciones, abusos y tropelías de los próceres y magnates". Los titulares de los distintos reinos, con el paso del tiempo, concedieron y aumentaron los fueros de estas Hermandades de carácter local, como recurso para aumentar su autoridad, al tiempo que restaban de esta forma poder y atribuciones a las Órdenes militares y a la nobleza.

Estas milicias municipales, que tenían una organización similar a las Cofradías, eran asociaciones de ciudades o comarcas organizadas para la protección armada del comercio, los privilegios locales o la seguridad pública. La primera fue la de  Hermandad de Sisla Mayor o San Martín de la Montiña, en Toledo, fundada por Alfonso VI de Castilla quien concedió los primeros privilegios. En el principado de Cataluña, tuvo su homólogo en el Somatén, y en Navarra en el Orde.

Cargos tan tradicionales como los de merino, adelantado y pertiguero, se desempeñarían por personas que, aparte de su competencia y honestidad personal ya probada, tenían que depositar en la tesorería de la Hermandad veinte mil maravedís de fianza, "para responder de sus excesos".

A petición de los procuradores, en 1473, Enrique IV de Castilla autorizó en Cortes la formación de la Hermandad nueva general de los reinos de Castilla y León, para asegurar el cumplimiento de la ley y perseguir la delincuencia en poblados y caminos. Este cuerpo se disolvió rápidamente, a la vez que el conflicto sucesorio a la muerte de Enrique agravó la situación de inseguridad en el reino.

Son los Reyes Católicos los que crearon la Santa Hermandad Nueva, cuya existencia de 1476 a 1498, marcó el comienzo del Ejército Real (hasta entonces eran los nobles los que disponían de sus propias mesnadas y disponían del mayor número de tropas) que en los años siguientes asombró en los campos de Europa. Ésta constituyó un eficaz instrumento, contribuyendo al fortalecimiento de la autoridad real y al mantenimiento de la justicia y el orden público, llegando su poder hasta el último rincón del reino. Fue en el asturiano Alonso de Quintanilla, contador mayor de cuentas del Reino, y Juan de Ortega, sacristán del rey, a quienes los Reyes Católicos confiaron la reorganización de la Santa Hermandad, y como resultado de la junta general de la misma, celebrada el 15 de enero de 1488, organizó levas cuya fuerza se elevó a 10.000 infantes, y entre ellos se eligieron 300 espingarderos y 700 piqueros. Se dividió este cuerpo en doce capitanías. Al propio tiempo, y a solicitud de D. Fernando y Doña Isabel, el 15 de octubre, la Hermandad de Vizcaya organizó otra fuerza compuesta de 2.500 peones y otros tantos ballesteros. La financiación se consiguió mediante el establecimiento del impuesto de la sisa sobre todas las mercancías corriente, menos la carne. Al principio todo el mundo está sometido a ese impuesto, pero después los hidalgos y el clero se hacen eximir.

Entre 1478 y 1498 las juntas se reúnen cada tres años y votan cada vez importantes contribuciones: 17,8 millones de maravedíes al año entre 1478 y 1485; de 32 millones a 34,5 millones entre 1485 y 1498, debido a la guerra de Granada. De hecho, la Hermandad permitía a los Reyes Católicos percibir impuestos directos sin tener que solicitar la autorización de las Cortes.

No dependía este ejército enteramente del gobierno, debido a sus fueros, pero nada tenia que ver con los prelados, ni con la gran nobleza, dotando a los Reyes de una superioridad decidida sobre las clases privilegiadas. Cada compañía constaba de setecientos veinte lanceros, ochenta espingarderos, veinte y cuatro cuadrilleros, ocho tambores, y un abanderado, contando cada compañía con 833 plazas. Había además un capitán general, un alcaide, un contador y un tesorero que junto con las plazas de las 12 compañías constituían las 10.000 plazas aprobadas.


Inicialmente, el traje de los soldados de la Hermandad era muy sencillo. Consistía en calzas de paño encarnado, en un sayo de lana blanca con manga ancha, y una cruz roja en el pecho y espalda; cubrían la cabeza con un casco de hierro ligero, y su armamento se reducía a la lanza y a la espada pendiente del talabarte.

La expresión ¡A buenas horas mangas verdes! se emplea cuando algo llega tarde.


Su origen se remonta a finales de la Edad Media, y era un comentario popular cuando la Santa Hermandad, que se dedicaba  a preservar el orden y perseguir a los malhechores fuera de las ciudades en el Reino de Castilla.  Los cuadrilleros de este cuerpo policial solían llegar tarde al lugar del delito, cuando los malhechores ya se habían marchado. Como su uniforme dejaba ver las mangas verdes de la camisa,  de ahí que ante su tardanza, cuando finalmente aparecían se acuñara la expresión ¡A buenas horas mangas verdes!

viernes, 3 de marzo de 2017

Luis Hernández-Pinzón. Capitán General de la Armada Española

Vigésimo octavo Capitán General y Almirante de la Real Armada Española en la época de Isabel II, dirigió la escuadra del Pacífico en la guerra contra Perú por el control del guano. Desciende de Martín Alonso Pinzón, codescubridor de América, formando parte del Linaje Hernández-Pinzón.

Perteneció a una familia muy vinculada a la Marina; de hecho su padre fue capitán de fragata y teniente de navío de la Armada Española y capitán de Moguer.
 
Retrato del Almirante en el Ayuntamiento de Moguer

Los hermanos Pinzón, descubridores con Cristóbal Colón de La Española en 1492. Habitualmente son dos los hermanos conocidos, Martín Alonso Pinzón y Vicente Yañez Punzón, capitanes de las carabelas la Pinta y la Niña. Pero había un tercer hermano también a bordo, Francisco Martín Pinzón, maestre de la Pinta, bajo las ordenes de su hermano. Eran marinos avezados de Huelva y su apoyo a la empresa de Colón, posibilitó el descubrimiento. Nacieron en Palos de la Frontera, Huelva donde tienen un monumento por su gran gesta.
Los hermanos Pinzón

Blasón de los hermanos Pinzón
El emperador Carlos V concedió el 25 de septiembre de 1519 a los Pinzón, a sus descendientes y familiares, y otros marinos de Palos las siguientes armas: (...) por la presente vos hacemos merced e queremos que podáis tener e traer por vuestras armas conocidas tres carauelas al natural en la mar e de cada una ellas salga una mano mostrando la primera tierra que así fallaron e descubrieron en un escudo tal como este ... . e por orla del dicho escudo podays traer e trayays unas ancoras e unos coraçones las quales dichas armas vos damos …

Luis Hernández-Pinzón y Álvarez de Vides nació el 23 de diciembre de 1816 en la casa familiar de Moguer (Huelva); casado con la gaditana María Teresa Balleras y Monroy, con la que tuvo dos hijos, falleció en la misma localidad en febrero de 1891. Fue el menor de cinco hermanos del matrimonio celebrado el 27 de mayo de 1804, de Luis Ignacio Hernández-Pinzón y Prieto con María Teresa Álvarez y Muñoz, Ruiz de Vides y de Mora. Su abuelo José Hernández Pinzón Benítez, Alférez Mayor y Regidor Perpetuo de la Ciudad de Moguer, obtuvo el Real Privilegio de Hidalguía y el reconocimiento oficial de ser descendiente de los descubridores de América, en 1777, dado por Carlos III en Aranjuez.
Nota. El linaje Hernández-Pinzón lo conforma una estirpe de destacados marinos, ligada durante años al servicio de la corona, y residentes en el municipio de Moguer. Tiene su origen en los Hermanos Pinzón, codescubridores de América. Según apunta el “Libro que contiene las probanzas de la genealogía del apellido "Hernández-Pinzón" y entronque con Martín Alonso” de 1777, e incluso diversos estudios posteriores, el árbol genealógico comienza en la persona de Martín Alonso Pinzón, casado con María Álvarez, continuando con el matrimonio de su hija Catalina Pinzón Álvarez y Diego Hernández Colmenero. En el año 1777, el rey Carlos III le concede a José Hernández-Pinzón Benítez la Real Carta de Privilegio de Hidalguía y el reconocimiento oficial de ser descendiente de los Hermanos Pinzón.
En el transcurso del reinado de Isabel II, fue diputado a Cortes por varios distritos (Ayamonte, Huelva y Barcelona), y en casi todas las legislaturas, siendo al final senador por derecho propio al ser ascendido a Almirante.

Ejerció el cargo de presidente de la Comisión de Marina en Londres; segundo jefe del Apostadero de La Habana; vocal del Supremo de Guerra y Marina; presidente de la Junta Superior Consultiva de la Armada; presidente del Centro Técnico de la Armada; presidente del Consejo de Enganches y Redenciones, y capitán general del Departamento de Cádiz.

Cuando se celebraron en Huelva las solemnes fiestas del IV Centenario del Descubrimiento de América, tuvo un papel relevante en la organización del mismo. Participó activamente en la organización de los actos conmemorativos, logrando la visita de diversas personalidades a la provincia de Huelva y que asistieran buques de muy diversos países. Fue socio fundador y presidente, de la Real Sociedad Colombina Onubense, que le homenajeó con una placa en homenaje póstumo, entre las actividades celebradas en el IV Centenario.

Escudo del Linaje Hernández-Pinzón. Fachada de la casa de sus descendientes en Moguer (Huelva)

Luis Hernández-Pinzón se distinguió en cuantas acciones de guerra pudo estar presente, por su esfuerzo personal y valor rayando en la temeridad. Pero el cargo que más ilustró su nombre fue el mando de la escuadra del Pacífico entre 1862 y 1865, donde se nos presenta como consumado hombre de mar y de guerra, rodeado de todos los prestigios que despertaba la figura de un hombre de 40 años, dotado de sus cualidades, el cual, en más de una ocasión, resolvió situaciones difíciles por el sólo imperio de su presencia.

En 1833, sentó plaza de guardiamarina en la compañía del Departamento de Cádiz. En la Primera Guerra Carlista, al mando de una escuadrilla se apoderó de las islas Medas, Rosas y Cadaqués, haciéndose con numerosos prisioneros, a los que les apresó numerosas piezas de artillería y más de quince mil fusiles.

Al mando del vapor Isabel II, cuando se declaró la rebelión de Levante, bloqueó la ciudad y puerto de Alicante, teniendo que batirse con la artillería del castillo de Santa Bárbara. Apresó al falucho África y después de un duro combate, puso en fuga a los buques Plutón y Proserpina, que estaban tripulados por rebeldes. El 9 de julio de 1836, fue ascendido a alférez de navío por méritos de guerra, al ser su comportamiento muy valeroso en la toma de Pasajes. Participó también en el ataque a Fuenterrabía, en el que fue herido. Una vez recuperado, entró de nuevo en combate en la Batalla de Luchana, el 24 de diciembre de 1836. En este combate tenía el mando de la lancha Constitución, siendo la primera que llegó al puente después de un sangriento combate.

Sus méritos le hicieron ganar la antigüedad en su empleo, la Cruz de San Fernando y el grado de capitán de Infantería de marina, antes de haber cumplido los 20 años. El 30 de mayo de 1860, fue ascendido a jefe de escuadra; y el 11 de octubre de 1868, se le otorgó el grado de teniente general.

Se le nombró comandante general de la escuadra del Pacífico en 1862, y el 18 de abril de 1881, ascendió a la más alta distinción de la Real Armada, Almirante, que en esos momentos era el equivalente a Capitán General de la Real Armada.

Recibió numerosas condecoraciones españolas y extranjeras, entre otras: bandas y placas de las Grandes Cruces de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III de España, de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y de la Orden del Mérito Naval con distintivo blanco.

Su mausoleo en el Panteón de Marinos Ilustre

En 1891 falleció y más tarde sus restos fueron trasladados al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz), donde reposan actualmente.

martes, 28 de febrero de 2017

Andrés Piquer Arrufat. Médico de Cámara de su Magestad Fernando VI

Certificación de hidalguía de sangre dada por Diego de Urbina, Rey de Armas del Rey Felipe Segundo, en el año 1584, a favor de Don  Miguel Piquer, natural de Maella (Aragón), Doctor en Medicina, ascendiente de Don Andrés Piquer, nacido el 6 de noviembre de 1711 en Fornoles (Teruel / Aragón), hijo de Jacinto Jose Piquer y de María Arrufat. 

Andrés Piquer es una de las personalidades claves para entender la situación de la Medicina española del siglo XVIII y los intentos más serios de renovación.




Escudo de Armas de los Piquer

Diego de Vrbina llamado "Castilla, Rey de Armas" del Rey Don Filippe




Médico, filósofo y físico español, nacido en Fórnoles, Teruel, en 1711, y fallecido en Madrid en 1772. Tras aprender las primeras letras en su pueblo natal, cursó estudios secundarios desde 1721 a 1727 en la vecina localidad de Fresneda. En 1727 se trasladó a Valencia, en cuya universidad estudió filosofía y medicina hasta graduarse en 1734. Los profesores que más le influyeron fueron el catedrático de anatomía Juan Bautista Longás y, sobre todo, Antonio García Cervera, titular de la cátedra médica primaria y antes de la de práctica. Piquer lo llamó "García el grande" y lo consideró cabeza destacada de la renovación de la enseñanza médica en la Universidad de Valencia. Había sido, en 1721, uno de los firmantes de un memorial en el que se solicitaba autorización para enseñar la "medicina moderna", y era partidario del sistema iatromecánico, como se refleja en sus "aprobaciones" o prólogos a obras de José Arnau y del propio Piquer.

Recién graduado, Piquer participó en varias oposiciones a plazas del Hospital General de Valencia y a cátedras médicas de su universidad. No tuvo éxito de momento, aunque la brillantez de sus ejercicios contribuyó a ir afianzando su prestigio profesional, lo que también acrecentó la publicación de su primer libro, titulado Medicina vetus et nova (1735). En consecuencia, consiguió una excelente clientela y fue comisionado oficialmente para estudiar diversos problemas sanitarios. Los informes que redactó con este motivo reflejan la orientación que entonces tenían sus prácticas.


Estatua de Andrés Piquer. (Paraninfo de la Universidad de Zaragoza / Antigua Facultad de Medicina)
En 1741, Piquer entabló relación con Gregorio Mayáns Síscar, una de las figuras centrales de la Ilustración valenciana. La amistad entre ambos que entonces se inició, se mantuvo, con algunos altibajos, hasta la muerte del primero. Mayáns influyó notablemente en Piquer, sobre todo en su formación humanística y filosófica, y también le ayudó de modo importante en su carrera. A la intervención de Mayáns se debió en parte que Piquer ganara en 1742 las oposiciones a la cátedra de anatomía de la Universidad de Valencia, poco después de resultar también vencedor en las de médico titular del Hospital General.

Durante los nueve años que ocupó la cátedra de anatomía valenciana, Piquer prestó gran atención a la enseñanza práctica, de acuerdo con la tradición de la escuela valenciana. Publicó algunos textos de tema anatómico y dejó otros inéditos, pero el objeto fundamental de su obra escrita fue ofrecer "a la juventud española" una síntesis amplia "moderna" de los saberes médicos y de sus disciplinas básicas.

A finales de 1751, nombrado por el Marqués de la Ensenada, Piquer marchó a Madrid como médico de cámara supernumerario de Fernando VI. El ascenso de Piquer fue muy rápido y en 1752 fue designado vicepresidente de la Real Academia Médico-Matritense (a la que pertenecía desde 1739) y entró a formar parte del tribunal del Protomedicato. Murió el 3 de febrero de 1772 en Madrid.

 Para saber más: Homenaje al Dr. Andrés Piquer y Arrufat (1711-1772) en el tercer centenario de su nacimiento

sábado, 25 de febrero de 2017

José de San Martín. Héroe de la independencia, libertador de Chile y Perú


Sus campañas militares cambiaron el signo de la historia americana durante el proceso de descolonización a principios del siglo XIX, tras las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. A su estrategia se deben los planteamientos militares que llevarían a la independencia de Chile y de Perú, centro neurálgico del poderío español cuya caída conduciría a la de todo el continente. 

El artículo 1° de la Constitución de 1812 señala que “La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. Con este enunciado se comenzaba a modificar radicalmente el entramado institucional del imperio americano, al situar en pie de igualdad a la metrópoli y sus colonias.


José Francisco de San Martín y Matorras nació, posiblemente, en 1777 (En la carta al mariscal Castilla del 11 de septiembre de 1848 se refiere a sus setenta y un años. Algunas fuentes indican que fue el 25 de febrero de 1778, ya que en su acta de defunción figura que tenía setenta y dos años, cinco meses y veintitrés días, mientras que otras la fijan en uno,  dos y hasta tres años mas tarde), en la aldea jesuita de Yapeyú, hoy provincia de Corrientes (Argentina), hijo benjamín de Juan de San Martín y Gómez (1728), un hidalgo palentino de clase media, que tras largos años de carrera militar llegó a ostentar el cargo teniente gobernador de Corrientes, y de Gregoria Matorras del Ser (1738), prima hermana del gobernador y capitán general del Tucumán y explorador del Chaco Jerónimo Matorras, con la que contrajo matrimonio por poderes el 1 de octubre de 1770. En 1784 pasó con su familia a España (Málaga) y en 1787 ingresó en el Seminario de Nobles de Madrid (...para entrar era necesario «constar ser hijosdalgo notorios según las leyes de Castilla, limpios de sangre y de oficios mecánicos por ambas líneas»...), donde estudió retórica, matemáticas, geografía, ciencias naturales, francés, latín, dibujo y esgrima.

Dos años después pidió y obtuvo el ingreso como cadete en el Regimiento de Murcia. Fue éste el origen de una brillante y vertiginosa carrera militar que tendría su bautismo de fuego en el sitio de Orán (1791) y en la campaña de Melilla. Más tarde intervino en las guerras del Rosellón (1793) y de las Naranjas (1801), mereciendo sucesivos ascensos por su actuación; alcanzando el grado de capitán de infantería en el regimiento de voluntarios de Campo Mayor en 1803. Cuando la invasión napoleónica dio lugar a la Guerra de la Independencia (1808-1814), con Fernando VII en el exilio, su arrojo contra los franceses en la batalla de Bailén (19 de julio de 1808) le valdría ser nombrado teniente coronel de caballería y fue condecorado con la medalla de oro.

Tras esta fulgurante carrera en el ejército, y poco después de estallar la revolución emancipadora en América, San Martín se propuso contribuir a la libertad de su "patria", traicionando a la Corona española y apoyado por la política del Reino Unido. Inició así una nueva etapa de su vida que lo convertiría, junto con Simón Bolívar, en una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación americana. En Cádiz conoce a algunos militares de América del Sur y se enrola en las logias qeu defendían la indepencia; solicita la baja en el ejército español y marcha a Londres (1811)*, donde estuvo maquinando un plan para la independencia de las colonias, y desde allí se embarcó, junto a otros oficiales, tales como Carlos María de Alvear, y Martiniano Chilavert, en la fragata George Canning hacia Buenos Aires, a donde llegó el 9 de marzo de 1812. Confiaba en que su experiencia militar le permitiese rendir excelentes servicios al ideal que animaba a su país, pero a causa de sus veintidós años de servicio en el ejército realista no fue recibido con entusiasmo por los dirigentes; pero, ante la debilidad militar del movimiento patriota, la Junta gubernativa (Triunvirato) le confirmó en su rango de teniente coronel de caballería y le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, al frente del cual obtuvo la victoria en el combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813).

En 1804, Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, domina toda Europa y cierra los puertos del continente europeo al tráfico comercial con Gran Bretaña. A raíz de esto la industria y el comercio exterior británico cae en una paralización que lo lleva inexorablemente a la quiebra. William Pitt, Primer Ministro de Gran Bretaña, reinando Jorge IV, le encomienda al general escoces Thomas Maitland la elaboración de un plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego emancipar Perú y Quito. El plan consistía en lo siguiente: 

Asaltar Buenos Aires. Formar un ejército con hijos de españoles, mestizos, autóctonos o indios y negros esclavos. Que ese ejército formado en Buenos Aires acampe en Mendoza y se refuerce con personas de la misma etnia que las nombradas. Con este ejército asaltar Chile. Dominado Chile, con la flota británica, transportar ese ejército para la toma de Perú, y de Guayaquil (Audiencia de Quito) hoy Ecuador.

* El Plan Maitland, que permaneció oculto durante 184 años en archivos británicos, es el plan operativo de 1800 para desarrollar el plan estratégico de 1811. San Martín habría conocido ese plan durante su estancia en Inglaterra, y  decidió ponerlo en práctica.

 
José de San Martín y su esposa Remedios Escalada


El mismo año de su llegada había conocido en una tertulia política a la que sería su esposa, doña María de los Remedios Escalada de la Quintana, de 14 años, perteneciente a una distinguida familia del país, con quien contrajo matrimonio en septiembre, en la catedral de Buenos Aires. Crea la logia Lautaro, cuyo objetivo era liberar América del Sur y, en octubre de 1812, los miembros de la logia encabezan un movimiento que tiene por objeto remover algunos miembros del Primer Triunvirato. Entonces, pacíficamente, el Cabildo nombra al Segundo Triunvirato, quienes, al poco tiempo, llaman a una asamblea de delegados de las provincias con el fin de dictar una constitución.

En 1813 renunció a la jefatura del Ejército de Buenos Aires, y en 1814 aceptó sustituir a Manuel Belgrano al frente del Ejército del Alto Perú, maltrecho por sus derrotas.

José de San Martín pensaba que todos los esfuerzos debían orientarse hacia la liberación de Perú, principal bastión realista en América. Bloqueada la ruta por tierra del Alto Perú (la actual Bolivia), empezó a madurar su plan de conquista de Perú desde Chile; con este objetivo obtuvo la gobernación de Cuyo, lo que le permitió establecerse en Mendoza (1814) y preparar desde allí su ofensiva.

San Martín decidió apoyarse en Bernardo O'Higgins, que había puesto en marcha una intentona independentista en Chile, con quien preparó el plan de invasión. En Mendoza, durante tres años (1814-1817), organizó el ejército con la ayuda de la población de los Andes e inició la gran campaña que habría de dar un giro nuevo a la guerra, en el momento más difícil para la causa americana, cuando la insurrección estaba vencida en todas partes con excepción de Argentina. Su objetivo era invadir Chile cruzando la cordillera de los Andes, y su realización, en sólo veinticuatro días, constituiría una gran hazaña militar. 

En enero de 1817 comienza el cruce del ejército, de unos 4.000 hombres, la caballería, la artillería de campaña y las provisiones para un mes, divididos en dos columnas por el paso de Los Patos y por el de Uspallata, y se encontraron en Santa Rosa de los Andes.

Superadas las cumbres andinas, el 12 de febrero de 1817 derrotó al ejército realista al mando del general Marcó del Pont en la batalla de Chacabuco, y el 14 entró en Santiago de Chile. La Asamblea constituida proclamó la independencia del país y le nombró director supremo, cargo que declinó en favor de O'Higgins.

Monumento al "Libertador" en Buenos Aires / Argentina
A partir de este momento, los esfuerzos de San Martín se centraron en la organización de la gran escuadra que había de transportar a las tropas libertadoras a Perú. Finalizados los preparativos, la escuadra zarpó de Valparaíso (Chile) el 20 de agosto de 1820, con 24 buques  transportando un ejército de 4.800 hombres, y fondeó frente al puerto de Pisco (Perú) el 12 de septiembre. San Martín intentó negociar con el virrey Pezuela, y luego con su sucesor, José de la Serna, con el que se entrevistó el 2 de junio de 1821: el libertador expuso allí su oferta de un arreglo pacífico, que incluía la independencia de Perú y la implantación de un régimen monárquico con un rey español, ofreciendo a La Serna la regencia interina. Fracasadas las negociaciones, San Martín ocupó Lima y proclamó solemnemente la independencia (28 de julio de 1821), pese a que el ejército realista aún controlaba gran parte del territorio virreinal.

San Martín proclama la independencia del Perú
Tras la toma Lima, San Martín embarcó el tesoro de la Real Hacienda en la Flota del Vicealmirante inglés Lord Thomas Alexander Cochrane, que se hace inmediatamente a la vela a Londres. Ese tesoro era el más grande de todo el continente de América del Sur.

Nombrado Protector de Perú, mientras enviados suyos gestionaban en las Cortes europeas el establecimiento de una monarquía, la incertidumbre de su situación militar contrastaba con la consolidación de Simón Bolívar en la Gran Colombia y la total liberación de Quito tras la Batalla de Pichincha.

Encuentro Bolivar y San Martín

La ocupación de Guayaquil, ciudad reivindicada por Perú, fue el motivo inmediato de una entrevista con Simón Bolívar (26 de julio de 1822), en la que se trató el futuro del continente, lo que debió de desalentar a San Martín, pues tras regresar a Lima, y ante la creciente oposición peruana a su política, convocó el Congreso y presentó la renuncia a su cargo de Protector (20 de septiembre de 1822), dos años antes de que la victoria de Ayacucho pusiera fin definitivamente a la dominación española en Perú y en todo el continente.

San Martín. Óleo pintado en 1824, por F .J. Navez
San Martín había decidido retirarse; consideraba cumplido su deber de liberar a los pueblos y no quiso participar en las luchas intestinas por el poder. En octubre de 1822 llegó a Chile; en verano de 1823 cruzó los Andes y pasó a Mendoza con la idea de establecerse allí, apartado de la vida pública. Pero las muchas críticas adversas que le atribuían aspiraciones de mando y el fallecimiento de su esposa lo determinaron a partir en febrero de 1824 rumbo a Europa, acompañado por su hija única Mercedes.


Residió un tiempo en Gran Bretaña (se dice que fue masón. La masonería era tanto un servicio de inteligencia como un partido político de la época que representaba a la ideología liberal y a la defensa de la Revolución Francesa) y de allí se trasladó a Bruselas, donde vivió modestamente. En 1829 embarcó hacia Buenos Aires, donde se encontró con la revolución del general Juan Lavalle, y tras una breve estancia en Montevideo, regresó a Europa, residiendo en París a partir de 1831. 



José de San Martín fechó su testamento ológrafo en París, el 23 de enero de 1844, dejando como única heredera a su hija Mercedes, casada con Mariano Balcarce que ejercía como embajador argentino en París.

En 1848 se instaló en su definitiva residencia de Boulogne-sur-Mer (Francia), donde moriría, achacoso, postergado y casi ciego por tener cataratas, en agosto de 1850. Sus restos mortales fueron repatriados a Buenos Aires en 1880.
 
Tumba del “Procer” Generalísimo José Francisco de San Martín y Matorras.
Padre de la Patria​ y el "Libertador" de la Argentina

"Maitland & San Martín" es un interesante libro de Rodolfo Terragno, que se refiere al plan secreto concebido a principios de 1800 por el militar escocés Thomas Maitland,  que consistía en "ganar el control de Buenos Aires", "tomar posiciones en Mendoza", "coordinar acciones con un ejercito en Chile", "cruzar los Andes", "derrotar a los españoles y controlar Chile", "continuar por mar a Perú" y "emancipar Perú". No hace falta aclarar que ese plan concebido por Maitland fue el ejecutado en la práctica, poco años después,  por José de San Martín. 

Heráldica de San Martín (algunas dudas)