viernes, 24 de marzo de 2017

Emilia Pardo Bazán. Condesa, escritora e intelectual

Emilia Pardo Bazán, condesa de Pardo Bazán, fue una noble y aristócrata novelista, periodista, ensayista, crítica literaria, poeta, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante introductora del naturalismo en España.

Fue una precursora en sus ideas acerca de los derechos de las mujeres y el feminismo. Reivindicó la instrucción de las mujeres como algo fundamental y dedicó una parte importante de su actuación pública a defenderlo. Pertenecía a una familia aristocrática gallega y heredó de su padre el título de "Condesa de Pardo Bazán”.

 

Emilia Antonia Socorro Josefa Amalia Vicenta Eufemia Pardo Bazán y de la Rúa-Figueroa nació el 16 de septiembre de 1851 en A Coruña en el seno de una familia noble y pudiente, hija única de don José Pardo Bazán y Mosquera (conde pontificio de Pardo-Bazán, título que Alfonso XIII le concedió a ella en 1908), político liberal que le legó su gran afición por la lectura y los estudios y de doña Amalia María de la Rúa-Figueroa y Somoza, de quien heredó el carácter abierto e independiente. Poco después del nacimiento de Emilia la familia se mudó a una casa en un barrio aristocrático y tranquilo en la Calle de las Tabernas.

Joaquina Mosquera, la abuela de doña Emilia, casó en 1821 con Miguel Pardo Bazán, de probada hidalguía, también liberal, miembro de la Sociedad Patriótica coruñesa y diputado en Cortes por Pontevedra, donde tenía tierras y hacienda, y que fallecería en 1839 dejándola viuda a los 34 años y con un hijo de 12, José Pardo Bazán, heredero de sus bienes y rentas, que su madre se encargaría de administrar.

Emilia, de niña
A los nueve años Emilia Pardo Bazán comenzó a demostrar interés en la escritura, durante los inviernos asistía a un colegio francés protegido por la Real Casa, donde fue introducida a la obra literaria de La Fontaine y Racine y ya de adolescente publicó algunos versos en el Almanaque de Soto Freire.

Se casó en 1868 en el pazo de Meirás, a los diecisiete años, con Don José Quiroga y Pérez Deza, también de familia hidalga, de 19 años de edad y estudiante de Derecho, y se trasladaron a Santiago de Compostela, donde estudiaba el joven Pérez de Deza, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos. Cuando el padre de Emilia fue nombrado Diputado de Cortes, en 1869 tras la revolución Gloriosa, toda la familia se trasladó a Madrid, incluso el joven matrimonio. En Madrid tuvieron contacto con la vida cultural de la capital. Tras la entrada de Amadeo de Saboya y la guerra carlista, toda la familia se marchó a Francia. Viajaron por Europa donde Emilia aprendió inglés y alemán y le permitió descubrir la literatura francesa que dejaría un gran impacto en ella.

Con sólo veinticinco años derrotó, en un certamen de ensayo, a Concepción Arenal, con una obra sobre el Teatro del Padre Feijoo. Este mismo año dio a luz a su primer hijo, a quien le dedicó su único libro de poemas. Escribió su primera novela, Pascual López, el año en que nació su segundo hijo. Una dolencia hepática en 1880 obligó a la escritora a pasar algún tiempo en el balneario de Vichy (Francia). Durante este período descubrió el naturalismo de Zola, conoció personalmente a Victor Hugo, y empezó a interesarse por esta nueva tendencia literaria. En el periódico madrileño “La Época” publicó Un viaje de novios, que era un relato novelesco de sus propias memorias del viaje a Vichy. Su última hija, Carmen, nació en 1881.

Los artículos publicados con anterioridad que fueron compilados en el libro La cuestión palpitante, que tenían como fin tratar el movimiento del naturalismo de forma directa pero profunda, tuvo un gran impacto social, y el escándalo originado llevó a su marido a pedirle que cesara de escribir, lo que provoco la ruptura deñ matrimonio en 1884. En 1886 conoció a Zola y en ese viaje a Francia descubrió la moderna novela rusa. Esas lecturas la impulsaron a presentar en el Ateneo de Madrid un trabajo sobre La revolución y la novela en Rusia, en 1887.

Continuó escribiendo y revitalizando la vida cultural del país de manera terca e incansable, a pesar de las dificultades. En 1890 murió su padre y aprovechó la herencia para crear una revista escrita por ella sola, El Nuevo Teatro Crítico. Asistió al Congreso Pedagógico en donde denunció la desigualdad educativa entre el hombre y la mujer. Propuso a Concepción Arenal a la Academia Real de la Lengua, pero fue rechazada. La Academia tampoco aceptaría a Gertrudis Gómez Avellaneda, ni a ella a pesar de que actualmente se considera a Pardo Bazán el máximo exponente del realismo junto con Clarín y Galdós. Con este último mantuvo la escritora una relación amorosa conocida.

En 1906 llegó a ser la primera mujer en presidir la Sección de literatura del Ateneo de Madrid y la primera en ocupar una cátedra de literatura en la Universidad Central de Madrid, aunque solo asistió un estudiante a clase. Cuando murió, el 12 de mayo de 1921, de una gripe que se complicó con su diabetes crónica, había conseguido el título de Catedrática de Literaturas Neolatinas (1916) de la Universidad Central, una experiencia que no le fue nada bien.


Considerada una gloria de la literatura española, los diarios consideraron su muerte motivo de "Duelo nacional". Fue sepultada en la Iglesia de la Concepción de Madrid y cinco años después fue erigida en su honor una estatua en la calle Princesa, muy cerca de su domicilio familiar. Emilia Pardo Bazán fue quizá la escritora española más grande de todos los tiempos. Sus obras La literatura francesa moderna, Vol. IV, Cuentos de la tierra y Cuadros religiosos se publicaron, póstumamente, entre 1923 y 1825. La casa de Pardo Bazán en La Coruña hoy es la sede de la Real Academia Gallega y la Casa Museo de la escritora.

Su obra más conocida es, quizá, “Los pazos de Ulloa”. 

 La historia iniciada en esta obra continuaba en La madre naturaleza (1888), en la que el mundo rural adquiría una dimensión mayor, al contar la autora el desplome moral y físico del personaje principal, Gabriel Pardo, un señorito aristócrata venido a menos. Esta vez la pareja de la novela, Manuela-Perucho, adolescentes e hijos de los primitivos personajes de la novela anterior, llevaban una tormentosa relación vivida bajo el amparo de la naturaleza terrible y su fuerza descomunal, muy por encima de los personajes, que se hallan siempre a su merced. El prestigio obtenido con la publicación de estas novelas, esenciales en el naturalismo español, le permitió colaborar con una de las revistas más importantes e influyentes de ese tiempo: La España Moderna, dirigida por su amigo Lázaro Galdiano

Para saber más: Obras de Pardo Bazán 

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