domingo, 11 de enero de 2015

Los hidalgos. Nobleza no titulada

La hidalguía, según las Partidas, es "la nobleza que viene a los hombres por su linaje". En Castilla, la hidalguía, en contraste con las costumbres francesas, sólo se trasmitía por linaje de varón (línea agnada). Los hidalgos eran conocidos por diversas clases, siendo los más importantes aquellos de "solar reconocido", o de casa solariega" que pregonaba la nobleza e importancia de sus ascendientes.
 
Los hidalgos constituían la capa inferior de la nobleza, por debajo de los caballeros. Estos se dividen a su vez en caballeros de hábito, es decir, miembros de las Órdenes de Caballería, y los caballeros simples. Pero la hidalguía representaba nada menos que un 90% del estamento nobiliario. El porcentaje de nobles en España era grande, y en algunos lugares los hidalgos constituían la mayor parte de la población: en Asturias en 1773 los hidalgos censados eran el 86 % de los habitantes, y en Cantabria también representaban una amplia mayoría. Cuando los Borbones alcanzaron el trono había en España unos 600.000 entre un total de nueve millones de habitantes.

El hidalgo más famoso, mundialmente
La hidalguía se originó durante la Reconquista, y podía acceder a ella cualquier plebeyo que pudiera costear su propio servicio en la caballería. A partir del siglo XII se cierra el acceso a quien no fuera a su vez hijo de hidalgo. Es durante dicha época cuando en Castilla y León se empieza a utilizar el término hidalgo en lugar de infanzón. Designaba a aquellos que, aunque sin título ni fortuna, descendían de algún noble o de antepasados que se hubieran distinguido por sus hechos y posición. Aquellos que obtuvieron la hidalguía en tiempos de la Reconquista, eran considerados hidalgos primarios, mientras que los que se establecieron en tierras ya conquistadas y alcanzaron posteriormente el rango fueron secundarios

Uno de los rasgos que caracterizan a los hidalgos es la exención fiscal. No contribuían al pago de impuestos, a cambio de lo cual hacían una prestación militar, debían mantener caballo y armas y acudir a la guerra cuando el rey los llamase. Como eran tan numerosos e improductivos, esto resultaba gravoso para la hacienda pública, de modo que los Borbones estimaron necesario reducir considerablemente el número de nombramientos. 

El hidalgo español gozaba, además, de otros privilegios, como el de no poder ser sometidos a tormento ni encarcelados por deudas. Tampoco podían ser embargados sus bienes, a menos que la deuda fuera con el rey. Su domicilio era inviolable, solo podía ser juzgado por sus pares y, si era sentenciado a muerte, tenía la prerrogativa de ser decapitado en lugar de morir ahorcado. Pero todos estos beneficios fueron suprimidos durante el primer tercio del siglo XIX

Un hidalgo podía dedicarse a actividades muy diversas: aspirar a cargos públicos, seguir la carrera de las armas, entrar en religión o practicar una de las profesiones consideradas honrosas, como por ejemplo las leyes. Pero no trabajaba con sus manos ni aunque fuera pobre. Sin embargo, si alguno lo hacía, no ponía con ello fin a su hidalguía. Esta persistía aunque el hombre fuera labrador, comerciante o zapatero, que los había. O incluso “pobre de solemnidad”, es decir, obligado a vivir de la mendicidad. 

Ahora bien, si el hidalgo lo deseaba, podía tornarse villano mediante una ceremonia que tenía lugar ante el Concejo, y en la que debía pronunciar las palabras: "Dejo nobleza y tórnome villano". Si luego quería recuperar su hidalguía, otra ceremonia lo permitía diciendo: "Dejo villanía y tomo nobleza"

La hija de hidalgo que se casara con un villano perdía su hidalguía. Si enviudaba podía recuperar su estado, pero para ello debía realizar el rito de la albarda. Con una albarda en la espalda acudía a la tumba de su difunto y Decía: "Villano, toma tu villanía, da a mí mía fidalguía", tras lo cual arrojaba la albarda sobre la tumba. 

Cabe distinguir varias clases de hidalgos: la primera sería la de aquellos de solar conocido, es decir, los que tienen casa solariega o descienden de una familia que la ha tenido o la tiene. 

Luego se situarían los notorios de sangre, la clase con más prestigio, y su nobleza nunca puede ser puesta en tela de juicio por representantes de categorías superiores. Aquellos cuyos cuatro abuelos fueran hidalgos se llamaban hidalgo de cuatro costados

Los hidalgos de ejecutoria son los que han litigado para poder probar su hidalguía. La mayoría de estos pleitos se litigaban en la Real Chancillería de Valladolid

Los hidalgos de privilegio son los que resultan nombrados en virtud de algún servicio. Puede ser transmisible o solamente personal. Son menospreciados por los hidalgos de sangre, que les vedan muchas veces la participación en determinadas actividades. 

Era hidalgo de beneficio quien compraba la hidalguía que los reyes ponían a la venta para beneficiar a algún convento o para recaudar dinero de cara a una campaña bélica. 

Hidalgo de Indias es quien demuestra descender de los descubridores y conquistadores de tierras, pobladores de villas, encomenderos y cargos en cabildos. 

Otra curiosa categoría es la denominada hidalgo de bragueta, reservada al hombre que engendraba siete hijos varones consecutivos dentro del matrimonio. Esto dio lugar a sospechas de que algunos ocultaban a sus hijas para reconocer solo a los hijos varones. 

Los hidalgos de gotera, que solo lo eran bajo su propio techo, es decir, se reconocían como tales en una determinada localidad, pero perdían el privilegio si se trasladaban a otra. 

Y por último existía en Castilla una categoría llamada hidalgo de devengar quinientos sueldos, por tener derecho a percibir esta cantidad como satisfacción a cualquier injuria que les fuere hecha. Incurría en tal delito quien llamara a un hidalgo "gafo, sodomítico, cornudo, traidor o hereje".

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