sábado, 6 de marzo de 2021

Mariano Pardo de Figueroa. El excéntico y sabio Doctor Thebussem. Escritor, periodista, gastrónomo y crítico taurino

 

El seudónimo de Doctor Thebussem, anagrama de embustes, invirtiendo en él las sílabas y colocando una h tras la inicial, que utilizaba en sus escritos, fomentó el enigma sobre su personalidad y le permitió ciertas extravagancias literarias, llegando a ser más conocido por él que por su nombre verdadero.

Descendiente de una noble y acomodada familia, fue nombrado Caballero de Santiago, junto con sus hermanos, tras presentar una publicación en la que mostraba los méritos de sus ancestros, de él y de sus hermanos.

Nace Mariano Pardo de Figueroa y de la Serna en Medina Sidonia (Cádiz) el 18 de noviembre de 1828, en la casa solariega de su abuelo materno, Francisco de la Serna y Montes de Oca. Es hijo de José María Pardo de Figueroa Manso de Andrade, regidor perpetuo de Cádiz, y de María Luisa de la Serna y Pareja. Tuvo tres hermanos: Francisco de Paula, Rafael y José Emilio, que se enrolaron en la Armada; y una hermana, Josefa.

Estudió Latín, Inglés, Francés e Italiano. Cursó la carrera de Derecho en Sevilla, Granada y Madrid, donde se graduó como doctor en 1854 defendiendo una tesina sobre: Influencia del renacimiento del Derecho en los pueblos de Europa. 

Viajó por varios países de Europa, África y Oceanía, adquiriendo conocimientos de sus culturas y de sus gentes. Contando ya con 35 años, se refugió en Medina Sidonia, y se dedicó a la administración de los bienes familiares, además de a la Abogacía. Cuenta el Conde de las Navas que, tras un juicio en que le tocó por turno de pobres, defender a un asesino de su propia mujer y de su suegra en circunstancias horribles consiguiendo tras actuación excelsa librar al reo de la muerte, decidió colgar la toga, disconforme con los resultados de las intrigas y falacias con las que tenía que vivir en esa profesión

A partir de entonces, se dedicó a la lectura y a la escritura, principalmente a la epistolar, de la que fue un verdadero artista. En su biblioteca disponía, encuadernadas, de más de 12.000 copias de cartas escritas por él. Eligió la vida sedentaria y monótona de su pueblo, y fue muy querido por todos sus paisanos.

Fue Académico correspondiente de la Historia, en 1861, de la Real Academia Española, y de la de Sevilla de las Buenas Letras. Era tan corta ya su afición al viaje, que por medio de su gran amigo y compañero de Academia, Francisco Rafael de Huagón, hizo llegar a la Academia sevillana un retrato suyo que le hizo el pintor alemán Franz Buschen tras su regreso de la campaña de África en 1860; Ya que no estaré en cuerpo, que esté al menos en imagen. Su inmenso humor, uno de sus destacados rasgos personales. Entre los vecinos es recordado por su carácter excéntrico quedando reflejado el mismo en las numerosas anécdotas que de él se cuentan. Entre las más llamativas su afición por coleccionar platos de las casas donde era invitado a comer (incluso el rey Alfonso XII le regaló personalmente un plato de la vajilla real).

Escribió sobre: Tauromaquia, Gastronomía, Heráldica, Música, Teatro, Bibliografía pura, Derecho, Ex-libris, Filología, Gramática, Lexicología, de Comedor y Cocina, Yantares y Condumios, Caza y Pesca, Arcos de la Frontera, Cervantes, Usos y Costumbres, Cortesía, Genealogía, Jurisprudencia, Biblioteca, Correos, Fruslerías postales, Administración, Política, Arqueología, Poesía, Cartas postales, Filatelia, Comercio...; hasta 79 obras, más otras 24 que fueron compartidas con otros autores.

  

Thebussem, que publicó en 1888 el libro La mesa moderna escrita a modo de correspondencia cruzada con José Castro y Serrano, un cocinero de su Majestad, abogaba por incluir en las comidas oficiales de palacio un plato muy español, la olla podrida, ya que en los banquetes ingleses se servía rosbif; en los alemanes, el chucrut; en los italianos, la polenta y en los rusos, el caviar.

Cultivó la amistad de los más preclaros intelectuales de España y del extranjero; Marcelino Menéndez Pelayo, Mariano de Cavia, Juan Valera, Antonio Peña y Goñi, Romero Robledo, José García Serrano, Fermín Caballero, Francisco R. de Huagón, Asenjo Barbieri, y un largo etcétera que llenaron su vida junto a sus amplísimas relaciones epistolares.

En lo que se refiere a la filatelia, fomentó el uso de la tarjeta postal y el coleccionismo de sellos destacándose obras como "Literatura Philatélica en España. Apuntes para la redacción de un catálogo", publicada en 1876. Sus estudios filatélicos le permitirían ser nombrado Cartero honorario de España y sus Indias; sus trabajos sobre correos, asuntos postales, historias de la filatelia, etc., le hicieron acreedor a tan alta distinción, titulo que le reportó el goce de la franquicia absoluta tanto para el envío como para la recepción de cartas. Fue el introductor también de las tarjetas postales en el correo hispano.

Él y sus hermanos recibieron la merced del Hábito de Santiago el 10 de octubre de 1888, y se cruzaron en la iglesia de Medina Sidonia el 13 de enero de 1889. Mariano falleció soltero en Medina Sidonia —de debilidad senil— el 11 de febrero de 1918, cuando contaba ochenta y nueve años de edad.

Para saber más: 
Monner Sans, R. (1918). El doctor Thebussem (D. Mariano Pardo de Figueroa): notas biográficas y apuntes críticos. Buenos Aires: 1918, Imp. Mercatali.

Buena parte de los escritos del Doctor Thebussem fue publicada en las Raciones de artículos, donde reunió la obra dispersa en monografías editadas en tiradas muy cortas o en publicaciones periódicas españolas y extranjeras. Acuñó el término "cervantófilo" ("devoto de Miguel de Cervantes o coleccionista de ediciones de las obras del escritor"). Y es que Mariano Pardo (junto a su amigo Adolfo de Castro) provocaron un renacimiento del cervantismo.

Según Pardo de Figueroa le imagina una biografía y un escenario, el castillo de Thirmenth en Wurtzbourg (Alemania). El doctor Thebussem es un bibliómano que adquirió las ediciones de las obras de Cervantes y todo lo que tenía relación con el escritor. «Del doctor Jacobo W. Thebussem puede decirse que para él era todo lo relativo a Don Quijote, lo que para Don Quijote eran los libros de caballería», escribía.

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