viernes, 15 de mayo de 2015

Manuel Godoy. Príncipe de la Paz


Nacido en el seno de una familia noble  (Hidalga) aunque sin mucha fortuna, a los diecisiete años acompañó a su hermano a Madrid, y ambos ingresaron en la Guardia de Corps. Allí inició una fulgurante carrera gracias, en parte, al apoyo de la entonces princesa de Asturias. Fue amante de la esposa del futuro rey Carlos IV, pero no fue ésa la única razón de su ascenso; también supo ganarse la confianza de ambos soberanos, gracias a sus dotes de político.

Manuel Godoy y Alvarez de Faria nació en Badajoz en 1767 y falleció en París en 1851. Sus padres fueron Don José Godoy y Sánchez de los Rios, Regidor perpetuo de Badajoz, Alcalde de la Santa Hermandad por el Estamento Nobiliario, Alcalde de los Hijosdalgos, Gobernador del Consejo de Hacienda, Caballero de Carlos III, y Doña Antonia Justa Álvarez Serrano de la Faria y Sánchez Sarzosa, Dama de la Reina.

En diciembre de 1788 murió Carlos III. Tres meses antes había ocurrido algo inesperado. Los príncipes de Asturias viajaban de Segovia a La Granja y en el camino, a uno de sus guardias el caballo le hizo una cabriola y cayó. La princesa Maria Luisa de Parma, que lo había visto desde la ventanilla de su carroza, descendió alarmada para interesarse por la salud del jinete. Le vio entonces levantarse intacto, con una amplia sonrisa y radiando galantería. El accidentado se llamaba Manuel Godoy, un hidalgo extremeño de unos veinte años que servía en la Guardia de Corps.

La afición de la reina por los guardias jóvenes y apuestos era la comidilla de la Corte. El flechazo con Godoy fue inmediato y pronto fue promovido dentro de la Guardia; en apenas un año ya era Caballero de la Orden de Santiago y titular de una encomienda que le reportaba jugosas rentas. Recibió el título de duque de Alcudia y de Sueca. Se le conoce como el amante de la esposa del rey Carlos IV, hasta el punto de atribuir a Godoy la paternidad de los infantes Francisco Paula e Isabel, futura reina de Nápoles, pero no fue ésa la única razón de su ascenso; también supo ganarse la confianza de ambos soberanos, gracias a sus dotes como político.

A los honores le siguieron enormes riquezas. De ganar 210 reales mensuales como guardia  en 1788, pasó, cinco años después, a percibir 800.000 reales y a tener un enorme patrimonio: palacios, fincas y obras de arte, que le fueron incautadas cuando su estrella se apagó, en 1808. Fue conocido como El Favorito o El Valido

A los 24 fue nombrado Mariscal de Campo, Gentilhombre de Cámara y Teniente General. A los 25 es nombrado Primer Ministro y agraciado el Toisón de Oro. A los 26, Capitan general de los Ejércitos, otro ducado, un marquesado y un señorío. Una vez en el poder, su primera intervención consistió en intentar salvar al rey Luis XVI de la guillotina. Finalmente, la ejecución del monarca francés llevó a España a declarar la guerra a Francia. Dos años después, el curso desfavorable del conflicto obligó a Godoy a negociar y a firmar el tratado de Basilea (22 de julio de 1795), lo que le valió el apelativo de “Príncipe de la Paz” y la Grandeza de España. Más tarde Francia y España firmaron el tratado de San Ildefonso en contra de Gran Bretaña. La alianza con Francia nos llevó al desastre naval del cabo de San Vicente y a los asedios de Cádiz, Puerto Rico y Tenerife, donde Nelson perdió el brazo, tomándose cumplida venganza ocho años después en la batalla de Trafalgar, que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805.

En 1798 se vio obligado a abandonar su cargo, debido a las presiones del Directorio francés, que dudaba de su lealtad; fue sustituido por Saavedra y más tarde por Urquijo, pero siguió contando con la confianza de Carlos IV. Prueba de ello es que apenas dos años después, tras una actuación desafortunada de Urquijo, volvió a empuñar las riendas del gobierno. Fue por aquel entonces cuando, ayudado por los franceses, logró ganar la “Guerra de las Naranjas” contra Portugal.

Poco después Francia firmó la "Paz de Amiens" con el Reino Unido (marzo de 1802), por el que España obtuvo de Gran Bretaña la isla de Menorca a cambio de Trinidad, pero la calma duró sólo un año: España, junto a Francia, declaró de nuevo la guerra al Reino Unido. La política de Godoy empezó a provocar animadversiones, y se fraguó una conspiración contra él dirigida por el príncipe de Asturias (el futuro rey Fernando VII), que culminó con la invasión del palacio de Aranjuez la noche del 19 de marzo de 1808, el llamado “Motín de Aranjuez”. Manuel Godoy fue hecho prisionero y sus palacios y posesiones fueron objeto de rapiña, si bien, liberado poco después por orden de Napoleón, se dirigió hacia Bayona, donde se reunió con el príncipe Fernando y los reyes. Estos últimos abdicaron dejando el trono de España en manos de Napoleón, y dando comienzo la Guerra de la Independencia.

Su escudo: jaquelado de quince, ocho de oro y siete de azur
Escudo de Godoy, Morillo, Ovando, Mogollón y Blázquez en calle Santa Lucía, 18 (Badajoz), la casa donde nació.
Su esposa, María Teresa de Borbón y Vallabriga (prima de Carlos IV), condesa de Chinchón, con quien casó en 1797, lo abandonó cansada ya de su constante infidelidad con Pepita Tudó Catalán Aleman y Luesia, nacida en Cádiz en 1779, para la que Godoy había solicitado los títulos de condesa de Castillofiel y vizcondesa de Rocafuerte con el fin de que pudieran ser transmitidos a los dos hijos bastardos que había tenido con ella. Cuando, en 1828, se quedó viudo, pudo por fin casarse, en Roma, con su amante de siempre.
Armas grandes de Manuel Godoy
Fernando VII, ya rey de España, persiguió a Godoy constantemente. Le obligó a renunciar a los títulos de Príncipe de la Paz y príncipe de Bassano, éste concedido por el Papa, e invalidó el testamento que la reina hizo en su favor para compensar enormes pérdidas que le llevarían a la miseria, las que supuso un destierro que fue acompañado de la confiscación de todos sus bienes sin formación de causa alguna.

Instalado en París en 1832, Luis Felipe de Orleans le concedió una modesta pensión, con la que pudo dedicarse a escribir sus Memorias, traducidas al francés por el coronel Esménard y publicadas en París entre 1836 y 1838 y luego en Madrid en versión española. Éstas con un documento indispensable para conocer las acciones de gobierno y los principios que las impulsaron.

Dos decretos de 1844 y 1847 de Isabel II devolvieron sobre el papel a Godoy todos sus bienes. Le fueron reintegrados los honores, cargos militares y títulos, salvo los de "Príncipe de la Paz", "Generalísimo" y "Gran Almirante”.

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