lunes, 2 de enero de 2017

Los Monteros de Cámara (Espinosa). Hidalgos, guardianes de los reyes


El Cuerpo de Monteros de Cámara era una corporación antiquísima, fundada por el conde de Castilla D. Sancho García en el año 1006. Su existencia se prolongó hasta 1931, en que la abdicación del rey Alfonso XIII y la instauración de la Segunda República acabaron con el mismo.

La existencia de Los Monteros de Cámara ha desembocado hoy en día, en que una de las Compañías de la Guardia Real, dentro del Grupo de Honores, es la denominada Compañía Monteros de Espinosa.

Sancho García, el de “los Buenos Fueros”, fue Conde de Castilla aún no tenía condición de reino desde 995 hasta 1017, año en que murió y está enterrado en el monasterio de San Salvador de Oña (Burgos). Casó  hacia 994 con Urraca, fallecida en 1025, hija del conde de la Bureba, Salvador álvarez, de Castilla. 

Era hijo de Garci Fernández el de "las Manos Blancas" y nieto de Fernán González, el que independizó el condado del reino de León. Alrededor del año 1006 fue cuando el conde Sancho García instituyó un cuerpo de guardia de escolta personal con la característica de que sus componentes fuesen originarios de Espinosa (una villa situada al norte de la provincia de Burgos, perteneciente a la comarca de Las Merindades).

Según la leyenda, la esposa de éste y madre de Sancho, Doña Aba (...otros nombres según autores), se confabuló con un caudillo musulmán, para acabar con su hijo. Una de las damas que acompañaban a la condesa, Cobigera, se enteró de los aviesos planes y se los contó a su marido, escudero y mayordomo real del conde Sancho García. Este escudero, hidalgo, de nombre Sancho Peláez, con la lealtad hacia su señor que le faltaba a la madre, le avisó del peligro que corría y de los planes que se habían trazado contra su persona. El conde tomó medidas y evitó su asesinato, acabando además con sus enemigos. El escudero era oriundo de Espinosa y por esto estableció el conde que: “Leal me fuiste, Sancho Peláez. Desde ahora guardarás mi sueño. Y que guarden también los hijos de Espinosa en los siglos venideros el sueño de todos los monarcas que Castilla tenga”.

Este hecho daría pié a la creación de los Monteros de Cámara (Espinosa), una unidad destinada a proteger al rey de Castilla y familia directa mientras dormían. El montero, también conocido como montero de cámara, debía ser hidalgo y natural de la villa de Espinosa, tal y como había determinado el conde a comienzos del siglo XI.  

Más creíble sería la versión, aceptada por el P, Bamba, en su Disertación sobre el verdadero origen de los Monteros de Espinosa, 1828, al indicar que el conde Sancho, agradecido al auxilio prestado por algunos nobles de Espinosa a su padre en sus luchas con los árabes, les concedió ciertas tierras (solares) que poseía en la jurisdicción de aquella villa, concediéndoles, además, el honor de guardar su persona y la de sus sucesores.

Aunque los monteros existían como tales, parece ser que no fue hasta 1208, en el que se reconoce formalmente la institución del Cuerpo de los Monteros y se vincula la pertenencia al Cuerpo a los titulares de cada solar y no a los monteros que en ese momento ejercen el cargo por cada unidad solariega. El "Privilegio de 1208" fue expedido por Alfonso VIII el 28 de agosto de 1208 y en él el monarca determina el número de solares radicados en Espinosa de los Monteros cuyos titulares podían ser sus monteros.


Así, desde esa fecha (1006) hasta 1931, en que se proclamó la Segunda República, siempre existió el Cuerpo de los Monteros de Cámara. Esta guardia o tradición puede ser tomada como el origen de la Guardia Real actual, salvando las distancias. En 1975 Juan Carlos I, haciendo honor a los Monteros, instauró la Compañía Monteros de Espinosa.

La compañía "Monteros de Espinosa" durante una parada militar en Málaga
El Cuerpo de Monteros de Cámara era la corporación que tenía el privilegio de guardar a las personas de la Familia Real, por lo que sus miembros eran las personas que más relación tenían con los reyes y su familia, a las que guardaban junto a sus cámaras. Para formar parte del mismo se requería “que sean hidalgos de solar conocido de padre y abuelo, y que así desde que los dichos oficios se fundaron hasta agora, han estado siempre y están en personas honradas hijosdalgo y que han vivido y tratándose honradamente como tales, sin haber tenido ni servido oficios viles, ni baxos, ni tener raza de Moros, Judios ni confesos, ni penitenciados por el Santo Oficio por cosas tocantes a la Fé, ni hayan sido traidores a la Corona Real”; además de la hidalguía, a sus miembros se les requería el ser naturales de la villa de Espinosa (ubicada en el norte de la provincia de Burgos) o de sus tres feligresías pasiegas en Cantabria: San Pedro del Romeral, Nuestra Señora de la Vega y San Roque de Riomiera, y estar en posesión del Real Título de Montero, que se transmitía por herencia o por cesión, habitualmente procedente de un familiar. Además, si el aspirante, que debía ser mayor de 25 años,  estaba casado, debía acreditar la calidad de su esposa, y si estaba soltero, presentar un proyecto de matrimonio. No dependían de ninguna rama militar, solo respondían ante el Rey, y estaban dirigidos por el Condestable de Castilla (famoso por ser la figura de autoridad política y militar en ausencia del Rey).

Dibujo de 1861. por el Conde de Clonarda
Los primeros monteros hacían la guardia con espada corta, bracamonte o estoque medieval y escudo ligero, que se superaría después con la rodela o broquel, de más fácil porte, así como armaduras ligeras, o directamente sin armaduras, es decir armas orientadas al cuerpo a cuerpo en espacios reducidos, lo que les daba cierta ventaja. También tenían a su cargo cerrar el palacio y custodiar sus llaves, así como velar que nadie permaneciera en él, incluido el servicio y demás cortesanos que tuviesen acceso diurno, llevar las linternas de turno nocturno o las de mortuorio cuando tenían que velar algún cadáver de la familia real. Así mismo, en estos casos actuaban de notarios, al dar fe de que el cadáver que se enterraba era el que habían estado custodiando los días anteriores. También ejercían como unidad de escolta personal en actos oficiales y domésticos, fuera de campaña.

Siempre fue un cuerpo reducido en cuanto a sus componentes. Por ejemplo, durante el reinado de Isabel I de Castilla fueron 48, a los que su viudo, Fernando II de Aragón, aumentó en otros 12 para que custodiasen a su hija Juana I "La Loca", reina de Castilla*.
*Al comienzo de su historia, al igual que los somatophylakes de Alejandro Magno, o los huscarles de los reinos nórdicos, eran un reducido número de escolta personal, pero a lo largo de los siglos serían aumentados por sucesivos monarcas castellanos hasta alcanzar 48 bajo el reinado de Isabel la Católica, y su nieto Carlos I que, por breve tiempo tras llegar de Flandes, sustituyó su servicio por el de los Archeros de Borgoña que traía bajo el mando del capitán Martín Preboste, de Malinas.

Las Cortes de Castilla exigieron que los usos y costumbres del Reino prevalecieran ante la nueva dinastía, y entre ellos su custodia personal por los monteros, que no usaban capitán otro que el mismo rey, mientras residiese en tierras castellanas, compartiéndose su custodia con la guardia de flamencos que mantuvo, y siendo su teniente el Mayordomo Mayor del reino y durante su ausencia, su regente. El rey Fernando II durante su impuesta regencia, la aumentó a 12 más aún para la guardia diurna y nocturna de su reina hija, Juana I.

En las estipulaciones que para el Cuerpo dejó en Carta el rey Enrique I de Castilla con fecha en 1206, aparte de otras concesiones, estaba el que les sería entregado paño rojo, para la librea de su vestimenta, color con el que serían vestidos todos aquellos pertenecientes al servicio de la casa Real de Castilla, hasta su unificación con la Corona de Aragón, en que el amarillo también sería añadido. Con la llegada de la dinastía de los Borbonen, las tropas de los reinos unificados en la península recibirían su mayor reorganización contemporánea y cambiarían al azul y blanco de la librea francesa.


Durante 10 siglos los espinosiegos han tenido oportunidad de servir a los reyes, de Castilla primero, y después de España, sin olvidar sus orígenes. Por ello, en una villa de sólo 2.000 habitantes proliferan las casonas blasonadas: torre de Pumarejo (s. XI), torre de Cantimplor (s. XIII), torre de los Monteros (s. XIV), Casa del último Montero (s. XIX), Palacio de los Fernández-Villa, Casa de los Saínz de Baranda, Torre de las Herradores, Castillo de los Velasco, Palacio de los Cuevas-Velasco, Palacio del Marqués de Chiloeches, etc.

Palacio de los Cuevas-Velasco

Castillo de los Velasco

Palacio de Chiloeches

Torre de Fernández-Vila
Torre de los Monteros
Espinosa. Plaza de Sancho García
Hoy en día. el Museo de los Monteros comparte documentos históricos de los que formaron parte de la Guardia Real, con otros acontecimientos acaecidos en la villa espinosiega como fueron: la concesión del Mercado Semanal que se realiza todos los martes del año desde 1501, la confección de las lonas de los buques de la Armada Invencible en 1588, y la gran derrota del ejército español ante los franceses en 1808, en la conocida batalla de Espinosa de los Monteros. en la que el derrotado general Acebedo fue auxiliado por el capitán Riego que, unos años más tarde, en 1820, ascendido al grado de General, fue el protagonista del pronunciamiento contra el absolutismo de Fernando VII. 

Gracia Dei se refiere a ellos en esta estrofa:
Castilla publique el loor
Del que mató a Doña Oña,
De fuerte guerreador,
De Hijos-Dalgo una flor
Conde don Sancho, que hizo a Oña.
Estableció los Monteros,
Que guardan la Real Persona,
Limpios claros Escuderos,
Espinosas verdaderos,
Que en leales son corona.

Pedro Gracia Dei formó parte de la corte de los Reyes Católicos, en la que ocupó cargos como el de intérprete o el de cronista, aunque su ocupación principal fue la de rey de armas, a la que debe el sobrenombre con el que lo conocemos. A esta ocupación debemos su Blasón general y nobleza del universo, obra de 1489 que tuvo una extraordinaria difusión en la centuria siguiente, y una serie de poemas en los que explica el linaje de los reyes castellanos. Además, se le atribuye parte de una también célebre Historia del rey don Pedro y su descendencia, que es el linaje de las dos Castillas, crónica panegírica de la Casa de Trastámara en la que intervinieron con seguridad varios autores desde mediados del siglo XIV.

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