miércoles, 4 de mayo de 2022

Eugenio Gerardo Lobo. El “capitán coplero”. Militar y escritor

 

Conocido con el sobrenombre de “capitán coplero”, fue heredero intelectual del Siglo de Oro. Al igual que muchos autores de aquella época siguió la carrera militar, uniendo las armas a su vocación literaria.


Eugenio Gerardo Lobo Huerta nació en la localidad toledana de Cuerva el 24 de noviembre de 1679, en el seno de una familia hidalga sin demasiados recursos económicos. Era hijo de Eugenio Lobo, familiar del Santo Oficio, natural de Toledo y vecino de Cuerva, y de María Rodríguez, natural y vecina de dicha localidad toledana. Pasó sus primeros años en la villa natal. En su juventud optó por ingresar en el ejército, tomando parte en la Guerra de Sucesión a favor del bando borbónico, con el rango de capitán de coraceros del Regimiento Viejo de Granada y, posteriormente, como oficial de las Reales Guardias Españolas de Infantería, creadas en 1704 en la reorganización del ejército llevada a cabo por el francés Juan Orry, ministro de Felipe V. En 1746 fue nombrado gobernador militar y civil de Barcelona, llegando a ser Teniente General en tiempos de Fernando VI.

El poeta toledano se enmarca en esa mitad del siglo que estuvo dominada, en lo político, por los nuevos aires de la recién implantada dinastía borbónica y, en lo cultural, por la figura de fray Benito Jerónimo Feijoo y su revolucionario Teatro Crítico Universal. El fructífero reinado de Felipe V supuso cincuenta años de cambios y modernización que Lobo pudo contemplar en primera persona.


Fue un poeta muy leído en la primera mitad del XVIII
y desde luego el más editado. Entre 1713 y 1769 se imprimieron varias ediciones de su poesía en Cádiz, Pamplona y Madrid. Asimismo, Lobo fue un personaje popular entre la sociedad más selecta de su tiempo, lo que seguramente incidió en la buena acogida que tuvieron casi siempre sus poesías. Sin embargo, Lobo dio mucha más importancia a su carrera militar que a su dedicación a la poesía. Como poeta fue un autor que escribía en sus momentos de ocio. Nunca empleó demasiado esfuerzo en corregir lo que salía de su pluma.

Eugenio Gerardo Lobo no prestó excesiva atención o inquietud por conservar todo lo que salía de su inspiración poética, ya que en ocasiones enviaba por correo sus poemas sin preocuparse por guardar una copia. Con el paso de los años todo indica que Lobo fue abandonando su apego por la poesía. Al ir asumiendo, con el paso de la edad, cargos más relevantes en la milicia su dedicación a la poesía retrocede hasta casi desaparecer.


Desarrolló una obra importante, destacó con sonetos de excelente factura y escribió dos comedias. A lo largo de su obra tocó temas muy distintos. Uno de ellos fue el costumbrismo. También el tema amoroso mezclado con un tenue erotismo estuvo presente en su poesía. Aunque practicó la épica culta, sus poemas más apreciados por el público de la época fueron los de tono divertido y satírico. Como otros poetas del bajo Barroco, fue inconstante, algo frívolo y un poco superficial. Tampoco se adscribió a ningún movimiento estético. Sin embargo, no puede pensarse que fuera indiferente ante las nuevas ideas de la Ilustración o frente a los adelantos de la ciencia.

En agosto de 1750, como resultado de una caída del caballo, falleció en Barcelona.

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